Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro.
Más que un sirviente
"Al final no pudiste golpearlo ni una sola vez… Esto no es un juego, es real, él es un hombre lobo y tú eres un vampiro."
— Soy… un vampiro.
Pip cerró los ojos por reflejo ante las punzadas de dolor. Quizá era el delirio de un pobre agonizante, pero la voz de Seras hacía eco en su cabeza. ¿Qué significaba ser un vampiro? Siempre creyó que eran cuento para asustar a los niños que sí tuvieron una infancia decente, hasta que llegó a Hellsing y vio las leyendas de otra forma. Alucard era un terrible vampiro, lo supo desde la primera vez que lo vio travesando la pared, ¿aspiraba a ser como él? Seras también era un vampiro y era totalmente opuesta a Alucard, opuesta a la definición de esas criaturas.
"Se digno del título, un rey entre demonios"
— Un rey entre demonios…
Podía escuchar los pesados pasos de Hans acercándose lentamente. Él sabía de sus dudas, conocía sus miedos y se valía de ello para sumirlo en una crisis de histeria, pero Pip Bernadotte era un hueso difícil de roer. Atinó a levantarse justo antes de que una certera patada le destrozara el rostro, retrocediendo en el acto para esquivar el gancho que Hans lanzó en respuesta, apoyándose en una pila de cajas de madera apiladas meticulosamente. Por primera vez presó atención a lo que había en su alrededor; cientos de cajones cubrían las paredes de la habitación, algunos estaban rotos por la caída de ambos, dejando ver el valor de su contenido.
— Con que aquí terminó el botín de la SS. Dime, bastardo, ¿cuánto de todo esto te tocó recolectar? ¿Te pagaban bien por cada mujer que golpeaste y cada anciano al que le quitabas la dentadura? ¿Te siguen pagando bien? Para mí no son más que asesinos a sueldo. Sé todo sobre la SS, "¿el escuadrón invencible?", "¿la caballería acorazada?", pura mierda. Tú y yo somos la misma escoria, pero alguien tiene que vengar a todas las víctimas de la Alemania Nazi.
…
— ¡MAYOR!
— Al fin. Es un privilegio, estoy contento de verla personalmente…
Un estruendo interrumpió el discurso del mayor. Sin previo aviso, Integra Hellsing sacó el revólver que siempre llevaba consigo y descargó toda la carga sobre el risueño hombre, quien se mantuvo impasible. Integra cambió el cartucho con un rápido movimiento y repitió su ataque sin éxito alguno.
— Lamentablemente es imposible. Las lágrimas que derramó el director de orquesta…
Hizo eco en la habitación al soltar el arma y sacar la espada de su vaina. Tomó impulso y su puntería perfecta por primera vez fue frustrada por el grueso cristal de protección tras el cual se encontraba el blanco de su ira. La espada se partió, lanzando pequeños fragmentos de metal a su lado, sin dejar ni una sola marca sobre la transparente superficie. Max Montana continuó con su discurso como si no hubiese sido interrumpido.
— Era demasiado bueno para ser cierto. Al final, osaría sentarme en un asiento de primera con mi «Fraülein». ¡Que lástima! Esta noche habrá un gran show.
— ¡No te hagas el idiota!
— ¡Vamos! Tan solo diviértete. Esta obra se repite una noche cada cien años, es un cuento que sucedió después de 1898, porque el nosferatu Alucard está por desaparecer completamente.
— ¡¿Qu-qué?!
Por primera vez se percató de las varias pantallas que tapizaban las paredes. Las que no estaban estrelladas proyectaron la imagen de una niña, sin duda uno de los tantos avatares de Alucard. Seras, que hasta ese momento permaneció atenta en el marco de la entrada, se acercó a Integra con paso tembloroso, viendo fijamente al vampiro que no reconoció en ese momento. La draculina sentía el peligro, pero no podía percibir el origen de esa sensación. ¿Ella e Integra peligraban? No, el riesgo estaba más allá de esa habitación, amenazando a alguien más, alguien cercano, la niña de blanco.
— Ma-maestro. — Susurró.
Integra analizó los movimientos de Alucard, algo debía estar haciendo que supusiera una amenaza para él y, por ende, una ventaja para el mayor. Los ríos de sangre que liberó de su cuerpo comenzaron a regresar a él, esa tenía que ser la clave.
…
— ¿Empezamos? ¿Lo hacemos ya, Walter?
— ¡No todavía! No voy a ganar solo por suerte. Alucard… Ya has perdido.
…
— ¡SERAS, VE!
Integra aún no había terminado de hablar cuando la draculina se impulsó para salir por el techo, atravesando la frágil estructura del Zeppelin.
— Oh, que lástima. Esto ya ha comenzado, es demasiado tarde, me temo.
…
Seras surcó el cielo sin saber la dirección que tomar ni el objetivo al cual dirigirse. Ella solo respondió por inercia a la orden de Integra, pero no tenía ni la menor idea de que hacer, lo único seguro era la creciente sensación de miedo y peligro, presentir que algo grande estaba por ocurrir.
— Piensa como vampiro, piensa como vampiro…
Cerró los ojos un segundo para afinar su vista de midian. La distancia no era problema, hizo un rastreo de prácticamente toda la ciudad mientras se mantenía en movimiento, sin detectar nada peculiar hasta que vislumbró una iglesia, una torre, un cuerpo cayendo...
— ¡No!
…
Pip respiraba con dificultad mientras se sujetaba un costado, cubriendo una enorme herida que manchó aún más su camiseta. El hombre lobo permanecía frente a él, manteniendo su posición de ataque. Aunque era un vampiro, no tenía la fuerza ni una buena estrategia para enfrentarlo. Quiso emplear lo que sabía del folclore popular, pero la plata no parecía tener efecto alguno en esa bestia; tal vez no empleó la fuerza suficiente al momento de golpear y tratar inútilmente de clavar el empaste plateado que encontró, quizá no era como con los vampiros y el pecho a la altura del corazón no era el lugar adecuado, incluso podría ser que el empaste no fuese de plata, después de todo a él no le causaba molestia alguna al sujetarlo… sea cual fuese la razón, ese pequeño error le valió unas costillas rotas que tardaban una eternidad en regenerarse.
Él sabía que solo uno de los dos saldría victorioso de esa habitación. La victoria era la vida y Pip no quería morir ahora que tenía una posibilidad de estar con su mignonette en igualdad de condición. Cada vez que el nombre de la rubia acudía a su mente, el sueño que tuvo antes de despertar tras la muerte venía con ella. Todo ese tiempo dio vueltas a las palabras que la Seras del sueño le dijo, pero no terminaba de hallarles un sentido que fuese coherente para él.
"Alcánzame, se digno del título, un rey entre demonios".
¿A qué título se refería? Ser un rey entre demonios, ¿tendría relación con ser un vampiro? Alcanzarla… Seras era la sirvienta de Alucard, porque, según recordaba de la explicación que Integra le dio, jamás bebió de la sangre de su maestro. Si Seras era solo un siervo, él era el siervo de un siervo, como una dilución de laboratorio. Si la chica no podía aspirar a ser como su maestro porque jamás bebió de Alucard, ¿qué esperanza tenía él? Lo comprendió demasiado tarde, no tenía ninguna posibilidad de salir victorioso. Al menos tenía que ganar tiempo para que su mignonette terminara con eso de una buena vez.
— Terminemos con esto, perro faldero.
…
El pequeño cuerpo caía a una velocidad vertiginosa. Seras lo reconoció al instante, era el mismo que llevó el mensaje del mayor ante su majestad. No sabía si era un vampiro o no, ni de que forma representaba una amenaza en ese momento, lo único que entendía era que tenía que evitar que su sangre se mezclara con la de su maestro. Se lanzó en picada y estando a metros del sangriento rio que se agitaba con brusquedad, logró empujarlo con la fuerza suficiente para que atravesara uno de los ventanales de la iglesia, cayendo lejos. Dio una vuelta en el aire para tomar impulso y fue cuando se percató del bulto que caía como un proyectil.
— ¡La cabeza!
Apenas alcanzó a rozarla con el movimiento de su brazo, pero bastó para desviarla de su trayectoria. Seras sonrió satisfecha hasta que se percató de que ella también caía. Quiso tomar impulso de nuevo, pero la distancia era muy corta y cayó en el rio de sangre.
…
— El extrovertido sacerdote, el que de alguna manera pensó que podría ganarme, incluso él tuvo más oportunidades de derrotarme. Anderson no pudo vencerme y me importa una mierda una cara como la tuya, pequeño mocoso. Después de cincuenta años, no, después de quinientos años, tú nunca tendrías posibilidad de vencerme.
Alucard sujetaba a Walter por el cuello, viendo las facciones del familiar rostro ensangrentadas. No sonreía, pese a que su victoria era inminente. Walter lo observó fijamente, antes de esbozar una forzada sonrisa y hablar con dificultad.
— Se suponía que tenías que cerrar los ojos, Alucard, pero algo pasó. Tienes razón, ellas son buenas mujeres.
...
La sonrisa en el rostro de Max Montana desapareció al ver como Alucard destruía el cuerpo de su última adquisición, totalmente intacto. Los planes que perfeccionó durante décadas fueron frustrados y todo por una draculina que, pese a saber que no debía subestimar, jamás consideró una amenaza. Palideció y sus labios temblaron de ira, sus manos por la impotencia y el resto de su cuerpo por una sensación desconocida.
— ¿Qué pasa, mayor? ¿Tienes miedo?
Integra fumaba un habano. No se percató en que momento lo encendió, no supo en que momento comenzó a sonreír de forma provocativa, incitándolo al odio. ¿Miedo? Si, el miedo era el que lo hacía estremecerse.
…
Seras luchaba por salir a flote, yendo contra la corriente. En su desesperación olvidó que no necesitaba oxígeno y en un reflejo meramente humano comenzó a boquear mientras estaba sumergida, bebiendo la sangre como si fuese agua. Algo pasó en su cuerpo, dejó de luchar y solo se dejó llevar; se sintió ligera y una parte de ella se proyectó por encima de su cuerpo, elevándose, alejándose. Ella tenía una misión, un cometido, solo que no podía recordarlo. Tenía algo pendiente, alguien la necesitaba y no era Alucard. ¿Integra? No, sir Hellsing era la única que podía derrotar al mayor, además de ser la mujer más fuerte e inteligente que llegó a conocer. ¿Quién más podría necesitar de su ayuda?
"Pip"
Cerró los ojos, o al menos creyó hacerlo, y comenzó a buscar la fragancia del mercenario. Pip siempre tuvo un olor a almizcle y tabaco que Seras disfrutaba en secreto. No le tomó mucho tiempo encontrarlo y sin ser consciente de como lo hizo, desplazó su etérea presencia hasta él. Percibía su aroma, escuchaba su voz, pero no se veía como él. El aspecto sucio y desaliñado contrastaba bastante con la imagen del vanidoso capitán que se divertía acosándola, la mirada fiera y el verde de su único ojo sustituido por un rojo tan intenso como la sangre que bebió de él. Parecía que le costaba estar de pie, se sujetaba un costado sin poder evitar que parte de su sangre escurriera entre los dedos. No necesitaba leer su mente para saber lo que pretendía, estaba dispuesto a morir en ese momento, morir en batalla, morir ahora que tenían una oportunidad de estar juntos.
— Terminemos con esto, perro faldero.
Le habló a su adversario, estaba dando un ultimátum. Aunque no tenía oportunidad alguna de ganar, Pip Bernadotte no iba a renunciar a su última misión, no huiría como un cobarde. Tomó posición de ataque, listo para arrojarse sobre el hombre lobo, pero antes susurró un nombre con tanta devoción que todas las dudas se derrumbaron en la mente de la draculina.
— Seras…
Se sintió mal por dudar, él era su Pip, era el hombre que amaba. Se acercó aún más a él y lo abrazó por la espalda, deseosa de que pudiera sentirla, de transmitirle la fuerza que él necesitaba y que podía darle, porque ella ya no era un simple siervo, no más. De repente se sintió invencible y quiso transmitirle esa sensación, estaba deseosa de que él se alzara victorioso, añoraba que se reencontraran, así que solo atinó a susurrar lo primero que se le vino a la mente antes de que todo se volviera borroso.
"Alcánzame"
Seras abrió los ojos, sin reconocer al inicio donde se encontraba o quien le devolvía la mirada, hasta que la familiar voz salió del cuerpo de niña que la observaba fijamente.
— Despierta, Seras Victoria. Nuestra ama espera.
…
Fue solo un instante, pero estaba seguro que fue real. Antes de lanzarse sobre su adversario pudo sentir a su chica y escuchar su voz, hablándole como en su sueño. Al fin creía comprender el significado de sus palabras, para alcanzarla tenía que avanzar, triunfar, ser un vampiro, ganarse el título de un demonio de la noche, así como lo tenía Alucard. Se sentía como si un flujo abundante de adrenalina recorriese sus venas, sus músculos se oxigenasen y fortalecieran, dándole una fuerza que no tenía segundos antes. Hans también se abalanzó sobre él, lanzando una patada hacia el costado de Pip, que alcanzó a esquivar por milímetros. El hombre lobo dio un giro sobre su eje y repitió su ataque, pero esta vez el mercenario no esquivó el golpe; alcanzó a cubrirse con el brazo izquierdo que terminó fracturado, pero con la diestra logró sujetarlo del tobillo y torcerlo con la fuerza suficiente para romper el hueso, dejando que la pesada bota colgara en un ángulo extraño por unos segundos, antes de que Hans retrocediera.
El dolor en su brazo apenas si lo percibía. Esa sensación de poder era intoxicante para él, comparable a la heroína que llegó a consumir en su adolescencia. Aquel nazi no mostraba expresión alguna, pero el mercenario había admirado suficientes rostros en su vida para saber que estaba sorprendido, incluso llegó a pensar que logró atemorizarlo. Sin darle tregua se arrojó una vez más sobre él, esta vez le lanzó un gancho que esquivó sin problema al agacharse, quedando a la altura del expuesto torso del albino, Pip imitó su gesto y lanzó un golpe a puño cerrado justo en medio de los pectorales, impulsando su cuerpo hacia atrás hasta que chocó estrepitosamente contra un cumulo de cajas apiladas.
Una nube de polvo se levantó a su alrededor, Hans tenía una visión excepcional y aun así no se percató del momento en que el castaño se puso de pie frente a él. Pip se inclinó y lo sujeto del cuello, levantándolo varios centímetros, apretando sus vertebras con fuerza hasta que sintió como el hueso se rompía por su tacto, atravesando tráquea y esófago. Tuvo una hemorragia nasal por el daño interno a su sistema respiratorio, la sangre manchó su rostro y goteó con abundancia ante los pies del castaño. Ese era el momento de culminar, Pip lo supo cuando vio a su presa a los ojos, indiferente en apariencia, aunque sabía que internamente estaba desesperado por la incapacidad para respirar. Era un ser sobrenatural y no tardaría en regenerarse, tenía que acabarlo totalmente, asegurarse de que no se levantara de nuevo como los monstruos de las leyendas.
— Tú y yo somos iguales, asesinos a sueldo y ahora monstruos insensibles, pero solo uno va a quedar con vida, y ese voy a ser yo.
Sonrió, mostrando sus colmillos en una mueca demente, semejante al característico gesto de Alucard. De haber sido el Pip anterior se hubiese horrorizado ante la pura idea de acercarse tanto a un hombre, jamás fue homofóbico, pero él es francés y ama las tetas grandes. Más en ese momento no era el de antes; el olor de la sangre penetró hondo en sus fosas nasales, embriagando sus sentidos, aumentando su sed. Se relamió los labios, él no estaba frente a un hombre, estaba frente a su presa. Hans no desvió en ningún momento la mirada, manteniendo su postura desafiante, ni siquiera parpadeó cuando trató de quebrar el brazo con el cual Pip lo sujetaba en vano, porque ese monstruo no se inmutó cundo sus huesos se quebraron, dejando una fractura que era perfectamente visible. El único gesto que hizo el hombre lobo fue torcer ligeramente los labios cuando los colmillos atravesaron su cuello con brusquedad, rasgando piel y quebrando hueso sin esfuerzo alguno.
…
— Es tu fin, maldito gordo. Cometiste el gran error de atacar mi país, amenazar a la reina a quien sirvo, meterte con mi organización. Fuiste un idiota al creer que tenías alguna posibilidad contra el vampiro que mi familia ha perfeccionado por décadas. Asesinaste a mis subordinados, a gente inocente e intentaste atentar contra mí. Eres escoria y voy a mostrarte la forma en que los ingleses tratamos a la basura como tú, asqueroso nazi.
— ¿Si? ¿Y cómo piensas hacerlo, «Fraülein»? Somos tú y yo nada más, sin vampiros ni hombres lobo, solo dos mortales con varias limitantes. ¿Vas a golpear el vidrio con tus pequeñas manos? ¡Hazlo! Tengo todo el tiempo del mundo para ser un espectador.
Integra se mantuvo indiferente, pensando la mejor forma de atravesar el grueso cristal. Fueron eternos los segundos que le sostuvo la mirada, mostrando una confianza y seguridad que no sentía realmente, hasta que una ligera brisa removió su cabello.
— ¿Se encuentra bien, sir Integra?
— Si, Seras. Tardaste demasiado.
— Lo siento, es un poco difícil de explicar.
Por el tono de voz que empleó la draculina, Integra la imaginó tras ella, frotando su nuca de forma avergonzada, como solía hacer cuando cometía algún error. Sonrió, esta vez reflejando todo el regocijo que sintió al ver las pupilas dilatas y los labios temblorosos del mayor, ver el reflejo de Seras en las enormes gafas de ese hombre.
— Acabemos con esto.
— ¡Si!
La draculina tomó impulso y se lanzó sobre el cristal, soltando un golpe con el que cuarteó el cristal sin ningún esfuerzo. Como si fuese una daza previamente ensayada, Integra cargó una vez más su revólver y apuntó antes de que Seras tocara el suelo; la bala pasó por encima del hombro de la rubia, justo en la fisura que acaba de hacer en el cristal, atravesando el mismo e impactando entre los ojos del mayor. Las gafas cayeron junto al montón de cristales.
— ¿Eso es lo que eres, mayor? ¿¡Hablas de mortalidad siendo esto!?
— Así es. Esto soy yo.
La bala destrozó su rostro y donde debía fluir sangre emergía un líquido espeso y oscuro, aceite. Los circuitos lanzaban pequeñas chispas, y varios nanochips se mostraban encarnados en la carne y hueso que quedó visible. Seras habló con horror.
— ¡Una maquina!
— Disculpe, no diga groserías, señorita. Soy completamente humano.
— ¡No eres más que un maldito monstruo! — Integra lo interrumpió.
— No, soy un ser humano. Si fuese un humano cualquiera, solo una cosa rodearía la maldita voluntad, pero no soy un simple humano. La sangre es como una divisa para el alma, no podía seguir viviendo sin adoptar la apariencia de una persona. Alucard con su apariencia de miserable monstruo se puede hacer pasar por una frágil persona. Todo lo que tengo es mi voluntad, yo soy un ser humano. El ser humano es una criatura con voluntad en la mente del alma. Él, incluso si sonriera con el aspecto de una niña, o se arrodillara lleno de sentimentalismo en forma de hombre de guerra, es un monstruo. Por esa razón lo odio con todo mi ser. ¡No apruebo al vampiro Alucard! Si yo soy un humano con aspecto de monstruo, él es un monstruo con aspecto humano… Yo soy yo, soy diferente a ti, excepto en este momento. La guerra sigue sobre la mesa y tú, Integra Fairbrook Wingates Hellsing, sabes como terminar con esto de una vez, ¿no es así?
Sin perder contacto visual con ese hombre, Integra se dirigió a la draculina.
— Seras, sal de aquí.
— Sir Integra.
— Estoy segura que Bernadotte te necesita más que yo.
— Pero…
— ¡Es una orden!
Seras dudó unos segundos antes de dar media vuelta y salir de la habitación. Integra se despojó de la gabardina que llevaba, para que quedase visible la funda de su arma. Max Montana sonrió, resaltando aún más sus deformadas facciones. Apuntó a la sir mientras ella se acercaba a él lentamente, como si estuviesen en un conteo regresivo para dar el primer disparo. Disparó, pero la bala pasó a lado de Integra, quien no se inmutó ni un poco; a cada paso que daba se acortaba el tiempo para él, disparó una vez más y esta vez logró rozar su tersa piel, pero no le hizo más que un rasguño en la mejilla que sangró abundantemente. Si no hubiese ladeado el rostro, seguramente la bala hubiera rosado su cuenca ocular, haciendo quizá que perdiese el ojo, pero Integra no iba a permitir que semejante escoria la marcara de por vida, no ahora que Seras regresaba victoriosa y seguramente Bernadotte danzaba sobre el cadáver de su adversario, después de todo eran extensiones de él.
— No más juegos, mayor.
Apuntó su arma y disparó, acertando justo en el pecho de ese monstruo, dando en el lugar donde debía estar su corazón. EL cuerpo cayó de espaldas por el impacto, manchando el azulejo con esa curiosa mezcla de sangre y aceite.
— Ha sido una gran guerra… Si tan solo, hubiese acertado una sola vez.
— ¿Esto es a lo que llamas una buena guerra? Ni siquiera puede considerarse así. Estando al borde de la muerte durante sesenta años y ahora simplemente das un último respiro. Necesitas morir, eso es lo que realmente mereces.
…
Seras corrió entre los pasillos que poco a poco se llenaban del humo proveniente de un incendio, seguramente ocasionado por el enfrentamiento entre Pip y el hombre lobo. Reconoció los letreros en alemán que había visto antes, cuando cruzó ese mismo pasillo con Integra, ¿cuánto tiempo había pasado? No estaba segura, pero cada segundo podía ser vital para el capitán.
— Un poco más…
Dio una última vuelta antes de llegar al lugar donde se separaron. Hizo un rápido rastreo con la mirada, hasta que divisó un enorme agujero en el suelo. Corrió hacia el montón de escombros y se dejó hacer por la abertura, cayendo suavemente en una habitación que no reconoció. Giró el rostro en varios ángulos, buscando con la vista hasta que lo vio de pie, dándole la espalda. Sintió alivio hasta que se dio la vuelta para verla, Seras contuvo el pequeño grito de sorpresa, se quedó helada y solo pudo pronunciar una palabra apenas audible.
— Pip…
Frente a ella el capitán Bernadotte le sostenía la mirada, sonriendo de una forma que no pudo interpretar. Su rostro adquirió el mismo color que el de ella después de beber sangre, tomando una apariencia vitalizada y poderosa. Seras se sintió intimidada y agachó la mirada solo para toparse con el cuerpo del hombre lobo que les cedió el paso, pisoteado por él, con el cuello desgarrado brutalmente, casi descuartizado.
— Te alcancé.
Nota de la autora:
Esta vez no demoré tanto en actualizar. Tengo que añadir que Octubre es mi mes favorito del año y estoy llena de inspiración.
Dos meses restantes del año, dos capítulos más de Anagennao. Ya saben, sus comentarios son bien recibidos y nos vemos el siguiente mes, si la vida y la inspiración lo permiten~
