Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro. Fire & Ice es una canción del grupo de metal Within Temptation y fue inspiración para este capítulo.
Fuego y hielo
"Y todavía me pregunto porque el paraíso ha muerto, los cielos están cayendo, estoy respirando... pero, ¿por qué en silencio me aferro al «tú y yo»? Más cerca de la locura, entiérrame con vida."
— ¿Es el fin? ¡No! No lo creo, definitivamente no lo es. La tecnología es el combustible de la ciencia física que le hace avanzar. La investigación nos ayuda a dar un paso hacia delante. ¿Qué debo hacer? Aún no he alcanzado mi objetivo… ¿Qué está mal? ¿Qué está faltando?
La inmaculada tela de sus guantes se tiñó de rojo una vez más, consecuencia del viejo habito de morder su propia piel al grado de lacerarla. Todos esos años de investigación, experimentos fallidos y una gloriosa victoria temporal hicieron que lamentara con mayor desesperación ese momento. ¿Por qué a él, estando a nada de lograr la fase final de su plan? De no estar tan ensimismado se hubiese percatado de los ligeros pasos haciendo eco en la estancia, el arrastre de los pies por la fatiga, el constante goteo de una inminente hemorragia; se hubiese percatado de la indeseable compañía y evitado la ironía en esa voz que no hizo más que enloquecerlo.
— ¿Hasta dónde piensas llegar, grandioso profesor? Deberías saber cuando rendirte. No vale la pena, ya no hay esperanza, Doc.
— ¡Wa-Walter! ¡Que patético! Siendo el último que queda de los nazis restantes.
— Esto no es gracioso, aún como una broma.
— Tú. ¡Un perdedor bueno para nada!
— Lo sabes, Doc. Tú también eres un perdedor buen para nada. Tú y todo lo que has creado, incluyéndome. La función terminó. El presentador también debe desaparecer. ¿no le parece grandiosos, profesor?
— ¡¿Qué boca parlotea tanto, siendo de una mercancía defectuosa?
— Esta guerra y este mundo no son más que una obra de un solo acto, de una sola noche. Y yo estoy dentro, solo quise interpretar mi rol lo mejor posible.
El avatar de su ultimo error caía a pedazos frente a sus ojos y ni así perdía esa sonrisa que detestaba. La sonrisa de un malnacido que sabe que ha ganado. La voz apagada de Walter seguía haciendo eco, junto a la respiración agitada y furiosa del nazi de la bata blanca, solo ellos, frente a frente, parodiando al moderno Prometeo.
— Que terrible final. Como dice Alucard, es una maldita vergüenza.
— ¡Maldito! ¿Un trabajo fallido como tú dice que se ríe de nosotros? No soportaré que mi investigación sea llamada farsa por algo como tú. ¡Algún día mostraré a todos como puedo superar a Alucard!
— No es necesario que hables, todos moriremos al final…
Antes de que pudiese tomar el control que guardaba con recelo en el bolsillo, antes de poder accionar el botón de autodestrucción, aquel al que llamó fracaso mostró porque era el ángel de la muerte. Los microfilamentos danzaron en el aire, rebanando en limpios cortes el cuerpo de uno de los últimos nazis que aun permanecía en el mundo. Las manos del Doc sujetaron la fina tela de terciopelo que la cubría antes de que sus miembros cayeran cercenados, dejándola expuesta a la vista del mundo por primera vez en más de cincuenta años.
— Mina Harker. Así que este era su material didáctico. Drácula es el único ser que succionó su sangre y fue absorbido, el comienzo de todo. Se dice que Alucard fue derrocado por Van Helsing y regresó a una persona, pero no fue así, él siguió existiendo dentro de ella. Ni la hostia sagrada, ni el agua bendita, ni la santa cruz pueden ser absorbidos por la sangre de un vampiro, por eso se vieron forzados a empezar desde ahí. La imitación de Alucard. Por eso la exhumaron e hicieron lo imposible por destrozarla hasta dejar sus restos. Si esta farsa no es una comedia, ¿qué lo es? Todo es tan irónico, ¿no estás de acuerdo, vampiro?
En su agonía solo pudo girar el rostro hacia el corredor, donde una pequeña figura tomó forma ante sus ojos, antes de que la bala perforara su cerebro, dándole una muerte piadosa que no merecía. Walter dejó de sonreír por un segundo, torciendo la boca en un gesto molesto.
— ¿Qué fue eso? ¿Compasión, quizá?
— Los monstruos no sentimos compasión, ángel de la muerte.
La pequeña niña de cabello negro y ropas blancas caminó a su lado, ignorándolo como si fuese un viejo títere arrumbado. La humillación de ser nada para aquel que siempre quiso destruir fue más de lo que Walter podía soportar, pero no le daría el lujo a Alucard de verlo suplicar por una muerte rápida ni de cometer un patético suicidio. Tratar de moverse era en vano, su cuerpo se descomponía con rapidez, así que tuvo que observar al nosferatu andar recto en una sola dirección, sin distractores, sin barreras en su camino. ¿Qué era aquel brillo en los iris infernales de su viejo compañero? ¿Esa mueca indiferente? ¿Ese comportamiento tranquilo y resignado? Su pequeña mano enguantada se posó sobre el fémur de "ella", rozándolo con una delicadeza impropia del ímpetu salvaje de Vlad Tepes.
A Walter le tomó unos segundos comprender que presenciaba una silenciosa despedida, la rota promesa de una eternidad en mutua compañía. Poco sabía de la historia de Van Helsing y su procesión en busca del temible Drácula, pero recordaba haber escuchado de Arthur las que se supone fueron las últimas palabras de Mina Harker antes de desaparecer del mundo de los humanos: "No dejen que me alcance, no quiero ser consumida por él".
— ¿Por eso te quedaste con los Hellsing? ¿Para encontrar a Mina?
— Eso va más allá de tu comprensión.
— Siempre supe que eras un bastardo hijo de puta, pero, ¿dejarte esclavizar solo para encontrar a tu presa y reclamarla? Siento que el plan se hiciera mierda. Tu obsesión no es más que un mohoso esqueleto ahora y tú sigues atado a una existencia vacía. ¿Qué se siente haber perdido, Alucard?
La niña se giró para encararlo y responder con una voz que contrastaba con la imagen de pureza e inocencia de la que vestía. Una farsa más, como todo lo que representaba Alucard, o eso creía Walter hasta que observó la amplia sonrisa de su interlocutor, tan sincera y llena de regocijo.
— Debería verlo como una derrota, ¿no es así? Y aun así estoy aquí encarando al perro traidor de mi ama, a un disparo de terminar con el enemigo que me acecha desde hace décadas. ¡Oh, ángel de la muerte! Tanto tiempo muriendo lentamente en una hermosa vejez y aun así no eres capaz de comprender que incluso en las derrotas puede haber una gloriosa victoria. Fui el sirviente de mi peor enemigo y de su descendencia y de la descendencia de su descendencia, pero incluso en un desierto agreste puede haber un oasis que te llene, te revigorice. Sigues atrapado en ese inclemente desierto, pero no importa, porque esas dulces aguas te sacian y ahora ya no tengo que compartir de mi oasis con nadie. Mina fue como la miel que endulza el agua y da una sensación gratificante a una garganta reseca, pero Integra se volvió el vino que te llena en una juerga, el mismo que te envicia y del que quieres vivir eternamente. Todo eso nos llevó a este punto cúspide en el que tú estás a punto de morir por mis manos y yo me llevo el premio mayor. Dicho así, ¿quién es el perdedor? ¿El loco cazador que me aprisionó? ¿El nazi obsesivo? ¿La mujer que fue maldecida por mi mano? Al final todos pierden de alguna forma, excepto yo.
Alucard le dio la espalda a Walter y observó con detenimiento el esqueleto de Mina, rememorando su calidez y esa chispa de vida que lo enloqueció. Él era un devorador de vida y no permitiría que su presa escapara de nuevo solo para repetir el cansino ciclo de esperas y lamentaciones. ¿Cuánto tiempo transcurrió? ¿Minutos, horas? No podría decirlo con certeza, después de todo en la inmortalidad el tiempo carece de importancia y hubiese seguido saboreando su victoria de no ser por la interrupción del joven moribundo.
— Pobre Mina, pobre Integra… Está bien Alucard, deja que todo desaparezca, incluido yo. Sal de aquí y déjanos atrás. Deja que el fuego purifique ese sacrílego cuerpo y dale a la pobre mujer un merecido descanso, después de todo ya no es útil para ti, ni yo, ni nadie en este muladar. Salvo el niño gato, ya no queda nadie de Millenium que quiera seguir los pasos del gordo y Schrödinger desaparecerá por su propia cuenta una vez que se harte de su existencia, basta que deje de creer en si mismo, así que no tienes de que preocuparte.
Permaneció en silencio sin saber por qué. No valía la pena dirigirle una palabra más, ni siquiera una seña. Era hora de dejar todo atrás y avanzar con su preciada ama a su lado. Solo pudo observar el pequeño encendedor entre los deshechos dedos de Walter antes de sentir el abrazante calor de las llamas a sus espaldas. Un solo pensamiento recorrió su mente antes de volver a la turbulencia de todas sus emociones, una sola frase: "polvo al polvo".
Walter se mantuvo sonriente todo el tiempo, incluso cuando el fuego devoró su carne. Todo estaba bien pese al enorme dolor que sentía, pasó años aguardando por ese momento y no quedaba más que mantener la frente en alto, aceptando la derrota como todo un caballero británico.
— Realmente quería ganarle a ese tipo. Adiós, madame…
Una última calada al cigarrillo antes de desaparecer en medio de las llamas. De haberse aferrado por unos segundos más a su existencia hubiese escuchado la voz de su señora pronunciando su nombre por última vez.
…
— Te alcancé.
— Pip…
Sabía que era él, pero algo no estaba bien. El brillo inusual en sus ojos, como si fuese el reflejo de la sed de un asesino que acaba de descubrir su pasión en la vida, su único motivo para existir. Quiso avanzar, pero su cuerpo no respondía. El primitivo instinto de supervivencia que siempre la caracterizó la mandaba a huir de ahí, antes de que esa mirada de hielo apagara el fuego en su corazón.
Nota de la autora:
¡Una enorme disculpa! Este era el capítulo del mes de noviembre, pero pasaron muchas cosas que me imposibilitaron actualizar este fic. Un poco corto porque ya estamos a nada de ver el fin de Anagennao. ¡Gracias a todos los que leen y si todo sale bien verán la parte final en tres días (o un poco antes si no muero en el intento)!
