Bealcaru: Historia Original.
Kohei Horikoshi: Mangaka a quien le pertenece los personajes de Boku No Hero Academy, utilizadas en esta historia.
Izuku y el Dragón I
Había pasado toda la mañana huyendo del dragón, evitando de no ser aplastado, aunque si lo pensaba detenidamente parecían haber estado jugando a las escondidas. Lo más curioso de aquel animal fue su comportamiento y, más aún, su forma de caminar, si sus sentidos no le fallaban, aquella criatura tenía algún tipo de complejo a un conejo.
Subió dos ramas más del árbol en el que se encontraba, sentado, se recostó contra el tronco, debía pensar en un plan de escape y no serviría de nada si aún tenía al dragón en los alrededores. Debía analizar lo sucedido en la mañana para crear un plan...
Muy mala idea del destino si pensaba que Izuku se acercaría a un dragón, porque no lo haría, no importase la razón. Pero por más que se negara hacerlo, lo único que le quedaba en la vida se encontraba entre las garras de aquella inmensa criatura, su bolso guardaba lo que le ayudaría a seguir viviendo, pertenencias de gran valor se guardaban dentro.
Acaso Izuku, ¿Debía arriesgar su vida para recuperarlo?
"¿¡Eres idiota!? ¡Algo insignificante no puede valer más que tu vida!"
— Lo sé, pero... –Dudaba entre huir o rescatar su bolso, dentro tenía lo único que le quedaba como existencia, pero aun así, lo más sensato sería ver por su seguridad, después pensaría cómo se las arreglaría.
Dio media vuelta dispuesto a irse, comenzaría de nuevo, volvería a juntar pistas de los atacantes, aunque eran pocas, pero muy importantes. Las vidas y tiempo perdidos en esas pruebas no volverían, y tampoco encontraría nuevas, eran las únicas que habían quedado de aquel desastre.
Se detuvo, dentro de aquel bolso se encontraban las únicas pruebas de que su aldea un día existió y de que fueron atacados. Apretó los puños con fuerza, negándose a recordar de lo que vieron sus ojos, luego de aquel cobarde ataque.
"Olor ha quemado, cuerpos carbonizados, casas destruidas, mujeres y niños torturados por resistirse a ser llevados, total silencio en una aldea que siempre rebosaba de alegría y que ahora se encontraba en penurias, que jamás volverían... La aldea de los viajeros, había sido destruida"
Volvió a sentir en su pecho sentimientos de ira y frustración, como días anteriores donde sólo podía calmarse golpeando los árboles o el suelo, solamente así podría calmar la desesperación creciente en él. Tocó la espada que se encontraba en su cintura y volteó a ver al dragón que hasta el momento seguía dormido, dudaba entre sacarla o no, aun así avanzo lento con el ceño fruncido, de alguna manera deseaba deshacerse de aquella amarga y dolorosa sensación que lo consumían, haciéndolo vivir horrorosas pesadillas de aquel desafortunado día, donde él no hizo nada, escapando con la culpa por aquellos que dieron su vida para salvarlo. Alguien debía pagar su dolor y aquel dragón estaba ahí, indefenso, sin nadie alrededor que pudiera ayudarlo. Cómo a él.
— ¿Qué estoy haciendo? –Confundido, dejó caer sus brazos adormecidos por la dura tensión en sus músculos, comenzando a sentir un ligero dolor– ¿Qué rayos iba a hacer? –Nervioso, se agarró el rostro con las dos manos, aterrado por los pensamientos que rondaron en su cabeza.
¿Qué era lo que había pasado en esos 10 años perdidos?
¿Qué horrores cometió para que tuviese una mente un tanto perturbada?
Si solamente era un niño.
Bajo su mano hasta su torso, su corazón latía demasiado rápido, debía calmarse. Se dio pequeños movimientos circulares en el pecho para calmar su corazón agitado, una técnica muy buena que le fue enseñado por una bella chica de su aldea. Sonrió melancólico, recordando los bellos momentos que pasaron juntos, pero se lamentó enseguida al recordar que también fue secuestrada.
Suspiro derrotado, ya nada podía hacer.
Se acordó en ese momento de su anillo, de inmediato metió su mano al bolsillo de su pechera, pero se sorprendió al no encontrarlo, y en vez de eso sacar un pequeño papel. No recordaba quien se lo había entregado, debía ser algo importante para estar en aquel bolsillo junto a su anillo. Extrañado, lo desdoblo.
"3.15 - 1.20"
Repitió aquellos números en su mente, tratando de recordar porque lo había dejado ahí, inmediatamente se tapó la boca para suprimir un grito. Aquel pedazo de papel se le había entregado el líder de la aldea, aunque no podía recordar exactamente las palabras que le dijo en el momento que se lo dio, siendo una interacción rápida antes de escapar, esperaba que más adelante pudiese recordarlo. Volvió a meter su mano en el bolsillo de su pecho, depositando aquel papel que estaba seguro debía tener algún significado, sonrió irónico, ahora llevaba tres objetos sin sentido. No había ninguna razón para que tuviese aquel anillo en su vida, ni que hasta ese momento lo siguiera conservando, aun así no había día que no lo viera, no transmitía ningún sentimiento en él, pero incluso así lo protegía con su vida. Siguió rebuscando en aquel diminuto bolsillo, donde solamente se encontraba el pedazo de papel.
— ¿Dónde estará? –Inquieto, comenzó a palmear los bolsillos de su chaleco y pantalón, pero no lo encontraba. Empezó a respirar con dificultad, sentía que el oxígeno se le estaba acabando en ese momento– No... –Angustiado, comenzó a sudar– No puede ser –Se agarró la cabeza aterrado.
¡El anillo estaba en su bolso!
Miro a todos lados esperanzado, tenía la convicción de que alguien viniese a ayudarlo, tal vez algún aldeano debió haber visto a la gigantesca criatura que tenía al frente y fue a pedir ayuda, debía esperarlos, no tardarían mucho en venir, estaba seguro de que lo harían. No, tal vez alguien por curiosidad vendría a verificar si lo que vio era cierto, ¿no? Alguien tenía que hacerlo, nunca faltaban los fisgones, estaba seguro de que uno vendría en cualquier momento, solamente debía esperar. Sí, el tiempo lo ayudaría.
"Cobarde"
Apuño sus manos de impotencia, aquella palabra había sido un puñal en su orgullo, de seguro en sus años olvidados fue amilanado.
Debía hacer algo, no podía esperar más. Si lo consideraba un poco, no era tan difícil, solo debía acercarse sigilosamente y con mucha delicadeza sacar su bolso de aquellas garras, era lo más sensato y factible.
Respiró hondo y apuño su mano en su torso.
"Él era Izuku, el niño encontrado en un árbol, podía hacer cualquier cosa que se propusiera, la naturaleza estaba de su lado"
— Bien, ¡hagámoslo! –Decidido, camino a pasos agigantados y lentos hacia el dragón, cuanto más rápido hiciera el trabajo, su huida de aquel lugar sería rauda. En una de sus manos llevaba una rama gruesa del tamaño de su brazo, por si el dragón despertaba, lo distraería con eso.
No utilizaría su espada por dos razones. La primera, porque no quería lastimar a nadie y segundo, no podría hacerlo incluso si la situación lo requiriese. La espada no servía de nada en la forma como se encontraba.
Mientras la distancia entre ellos se reducía, pensó en otros planes por si el dragón despertaba estando él cerca. Estaba solo en ese enorme bosque, era sabido por la gente de la aldea que eran los únicos humanos en esas tierras. Ellos jamás dejaban de mencionar lo aislados y solitarios que se encontraban. La aldea con las otras diferenciaban de una gran distancia, por lo que se debía hacer un viaje largo para llegar a algunas de ellas, por algo se llamaban a sí mismos "Viajeros de los árboles", aunque no todos lograban llegar con vida ni completos del viaje. Entonces, ayuda externa no iba a tener, analizó su alrededor encontrándose con puros árboles de gran tamaño, pensó en la posibilidad de subirse a uno de ellos, pero enseguida descarto la idea, aquella criatura triplicaba en tamaño a los árboles. El único plan que tenía y debía hacer desde un principio, era uno muy especial.
Correr.
Ya cerca, su respiración se hizo más intensa, haciendo un sonoro jadeo y transpirando exageradamente, sus manos sudaban por lo que tuvo que dejar la rama a un lado. Por suerte su bolso se encontraba en una garra superior, solamente debía deslizar el bolso y se marcharía sin ningún problema. Pero de inmediato, paro en seco al percatarse de un problema mayor, las patas del dragón estaban rodeadas por su cola y cabeza, lo que significaba que debía entrar a un área totalmente prohibida, donde estaría en total merced de esa enorme criatura. Si por algún motivo el dragón despertaba, él sería comido en seguida. Quiso tener esperanzas de que alguna ayuda llegará, aunque fuese en vano espero unos segundos, sabía que nadie vendría, pero igual no perdería nada.
"El tiempo es valioso"
Lo sabía, pero la situación en la que se encontraba, tiempo era lo que a él menos le importaba.
— Ojalá fueras tú, quien estuviera pasando este mal momento –Ya era una costumbre responder a la voz en su cabeza, aunque todavía no podía identificar el género, las cosas que decía eran muy duras o tristes, algunas veces graciosas, pero no podía negar que lo ayudaban en momentos tensos.
Se adentró sigiloso, con cuidado de no tocarlo, una vez llego donde su bolso, lo saco lo más delicado y despacio posible, conteniendo el aire. Cuando logro hacerlo, pudo respirar, feliz dio media vuelta y salió de aquella área, sintiéndose libre. Sin embargo, cuando paso por la cabeza del dragón, un fuerte destello amarillo atrajo su atención, volteando por curiosidad, cruzando miradas.
¿Cuánto tiempo había estado convertido en piedra? Minutos, horas, no lo sabía. Pero podía confirmar en ese momento, escuchar a sus neuronas explotar. Su mente quedó en blanco, su piel estaba pálida y sus sentidos desactivados. Estaba en peligro y él estando parado frente a la amenaza sin moverse, una vergüenza hacia su aldea y líder, deseando que nadie lo viera en tan vergonzosa situación, porque sería una marca en su vida que llevaría para siempre.
Cuando el dragón parpadeo, sintió su alma regresar, estaba demás decirlo en ese momento, pero si no calculaba mal, aquel penetrante ojo de un intenso amarillo brillante, era del tamaño de la mitad de su cuerpo. Si aquella similitud era increíblemente aterradora, no quería imaginarse a aquel dragón erguido. Estuvo a punto de correr, pero aquel enorme ojo volvió, aunque la dirección de su mirada que en un principio estaba dirigido hacia él, ahora la fijaba en su bolso, lo agarro con fuerza y sin pensárselo dos veces, corrió. Su cerebro no daba señales de vida, mal momento para estar en mala conexión con su cuerpo, cayendo al dar el primer paso de huida.
Con la cara estrellada en la tierra y el bolso lanzado a unos centímetros de su mano, la poca dignidad que quedaba en él como ser vivo, término siendo aplasta por su cuerpo. Estaba seguro de que el dragón a su detrás, estaba retorciéndose de risa por su torpeza, y no lo culpaba, él también lo haría, sólo si no fuese él quien acababa de perder la dignidad.
Estaba a punto de levantarse cuando un fuerte golpe en la tierra lo hizo elevarse, haciéndolo caer a unos centímetros de lado, golpeándose el cuerpo con la tierra de nuevo. Definitivamente aquel dragón estaba burlándose, porque al segundo volvió a repetir el golpe, una y otra vez. Después de cuatro caídas de cara al suelo, se incorporó como pudo y se arrastró hasta su bolso, cuando lo tuvo, los golpes en la tierra cesaron. Volteó a verlo, para asegurarse de que podría huir sin que lo viera, pero quedó anonadado al ver tan inmensa criatura que estaba sentada, mirándolo desde arriba con los ojos abiertos y la cabeza inclinada.
Parecía que el dragón intentaba comprender lo que estaba pasando en su delante, porque al inclinar su cabeza a un lado, destrozada toda imponente amenaza que una majestuosa criatura como él debía dar, y ahora que lo pensaba.
¿Estás criaturas no habían desaparecido?
Que Izuku recuerde, los libros en la biblioteca de su aldea hablaban de las criaturas mitológicas como extintas, además, los seis años que llevaba viviendo en la aldea jamás vio algún animal mitológico que lo hiciera creer en su existencia, mucho menos de que algún aldeano lo comentase. Entonces, ¿Podría haber la posibilidad de que esto sea una ilusión o un sueño? Porque si lo era, deseaba más que fuese un sueño y despertase estando recostado sobre la rama de un árbol.
La cabeza del dragón se acercó a él, oliéndolo por todas las direcciones posibles, Izuku cerró los ojos aterrado, pedía que fuera un sueño y despertara de una vez. Todavía sentía a la criatura cerca, no abriría sus ojos, si lo hacía gritaría horrorizado, debía conservar la calma y pensar en un plan de escape sin que el dragón se diera cuenta. Comenzó a sentir leves empujones, era evidente de quien lo estaba haciendo, pero se sintió algo intrigado «Tal vez las cosas muertas no son de su interés», pensó.
¡Una muy buena idea!
Decidió aguantar la respiración hasta que el dragón se alejara. Luego de seis empujones y un fuerte bufido de aire, que por poco lo mandan volando, el dragón se alejó, pudiendo respirar nuevamente. Aliviado de que su plan de último segundo funcionará, haciendo creer al dragón que estaba muerto, abrió los ojos aliviado, pero enseguida fueron opacadas por la oscuridad y para cuando la luz volvió, se encontraba totalmente cubierto de baba.
El dragón había pasado su lengua en todo su cuerpo.
Lo primero que vino a la mente de Izuku en ese momento fue «Va a comerme» Y emprendió carrera a cualquier parte del bosque, que lo mantuviese oculto de su depredador.
Mientras más corría, el alma se le salía, no era buen momento para recordar que no tenía resistencia y que siempre fue el último en ese tipo de pruebas. Qué tipo de divinidad debía odiarlo para hacerlo pasar por momentos tétricos o nada comunes.
Paro cuando sus pulmones comenzaron a gritarle piedad y su estómago lo apuñalaba dolorido, se detuvo, a veces desearía que su cuerpo entendiera por la situación en la que se encontraba. Enormes jadeos hasta el punto de hincarle los pulmones salían de su boca, se agarró el estómago, sentía náuseas, el día anterior solamente comió un plátano, por lo que supuso solo vomitaría aire, algo de no preocuparse.
Se inclinó hacia adelante apoyándose con sus dos manos en sus rodillas, la respiración comenzaba a regularizarse, unos segundos más y volvería a correr.
El alboroto de las aves lo distrajo de sus pensamientos, despavoridas volaban en direcciones opuestas, chocando una con las otras. Se preguntaba que las hacia reaccionar de esa forma, pero enseguida la respuesta vino en estruendos, enormes golpes en la tierra retumbaban, haciéndolo rebotar y caer al suelo sentado, sabía de donde y de quién provenía aquel sonido, por lo que no se quedaría a esperar a confirmarlo.
Comenzó a correr, y mientras más lo hacía, el estrepitoso sonido se intensificaba a cada paso que daba, cerró los ojos, no quería ser comido y mucho menos por una criatura que no debería de existir. Quería despertar de tan horrenda pesadilla, sufría con la pérdida de su aldea y ahora lidiaba con su existencia, ¿Qué más querían de él? Lo tenían todo, pero al parecer el haberle quitado sus diez años de vida, no fueron suficientes.
Ya no correría, poco a poco fue disminuyendo sus pasos hasta detenerse, si había algún salvador en ese momento que lo ayudase, que apareciera, porque él acababa de rendirse. Con el cuerpo temblándole y los puños cerrados, se quedó esperando mientras el sonido de las pisadas se acercaban, cuando ya las sintió cerca, volteó a verlo.
Su quijada se desencajo al instante, incrédulo de lo que sus ojos veían.
¿¡Por qué aquel dragón venía hacia él... SALTANDO!?
¡Debía de ser una broma! Parecía un conejo, a cada salto encogía las patas, una tras otra. Y mientras más se acercaba él comenzaba a rebotar, cayendo al piso sentado, abrazo su bolso hacia su torso, mientras soportaba el dolor en su trasero por cada golpe. Para cuándo termino, abrió los ojos atemorizado, frente a él, a un metro de distancia se encontraba la cabeza del dragón, mirándolo curioso, inclinando su cabeza a cada lado como si tratara de comprender algo.
Contuvo la respiración con los ojos abiertos, la cercanía entre ellos era tediosa, se sentía sofocado y su cuerpo no dejaba de temblar. El dragón comenzó a acercarse a él, hasta que choco contra su cuerpo, Izuku seguía petrificado analizando con detenimiento lo que sucedía. La criatura inhalo, succionando todo a su alrededor incluyéndolo a él, apoyo sus manos en sus fosas nasales para no ser absorbido, unos segundos después se detuvo, dejando todo en silencio. Creyó que todo había terminado, y con mucho cuidado se incorporó, pero una ráfaga descomunal lo lanzo varios metros, haciéndolo rodar. Chocó contra un árbol y se aferró como pudo, mientras esperaba a que la fuerte ráfaga acabase. Para cuándo concluyó, pudo abrir los ojos.
El dragón lo veía desde lejos y luego dirigió su vista hasta su bolso que se encontraba en medio de los dos, volvió a verlo y luego al bolso, tres veces seguidas hizo la misma acción y al final termino eligiendo sus pertenencias.
Se paró dolorido sosteniéndose del árbol, se había golpeado demasiado fuerte la espalda, costándole mantenerse en pie avanzo unos pasos. Para el dragón fue fácil alcanzar el bolso y agarrarlo con su mandíbula, alzándolo sin problemas, pero un peso demás lo detuvo. Ahí parado frente a él, estaba Izuku, sosteniendo la asa contraria del bolso y halándolo hacia él. El dragón lo vio confundido, pero al instante sus ojos brillaron, una de sus patas traseras dio un paso hacia atrás y una de sus patas delanteras dio un paso adelante. Izuku no entendía lo que intentaba hacer, pero cuando sintió el fuerte jalón de parte del dragón, lo comprendió.
Aquella criatura creyó que él estaba jugando.
Comenzando así, un juego de tira y afloja con el bolso de Izuku.
El dragón comenzó a jalonear en un principio despacio, a veces lo hacía fuerte, haciendo que Izuku cayera al suelo de cara, pero sin soltar el bolso. La criatura esperaba a que se levantara y continuar con el juego, porque era así como él lo veía, un juego. Eso lo molesto, halo con fuerza el bolso arrancándolo de su mandíbula, de un solo tirón.
— ¡Es mío, no puedes llevártelo! –Grito con la voz áspera y agitada. Estaba molesto y dolorido, lo que menos quería en ese momento era jugar con un dragón, lo miro desafiante, esperando una señal de que él había ganado, pero al instante se arrepintió.
Fue demasiado rápido, ni siquiera lo vio, para cuándo se dio cuenta en la situación que se encontraba, grito horrorizado. Estaba a más de treinta metros del suelo, lo único de donde se podía sostener era de su bolso.
El dragón había erguido su cuello alzándolo de golpe, y en un parpadeo ya se encontraba colgado en el aire. Izuku se arrepintió de lo que había mencionado hace unos segundos y grito despavorido pidiéndole perdón, aun así la enorme criatura se mantuvo en su posición. Agitado de tanto gritar y tener el rostro empapado de sudor por el nerviosismo, miro al cielo, pensando en todo lo que había hecho en sus 6 años de vida, sabía que de esto no pasaría.
Habrían pasado cinco minutos desde que el dragón lo alzo, para ese tiempo se había calmado, pero de pronto un zamaqueo de arriba hacia abajo lo alarmo. Era leve, por lo que no grito tan alto del susto, pero sí hizo algunos alaridos por el dolor en sus brazos, agarrándose con más fuerza para no caer. Sin embargo, el pequeño zamaqueo se hizo más intenso de izquierda a derecha y sin poder ver nada por la fuerza en la que era agitado, comenzó a sentirse mareado y sin fuerzas, ya nada podía hacer, no pudo aguantar más y se soltó.
¿Cuántas cosas había pasado en esta corta vida que vivió? Tenía tan solo 16 años, había reído, llorado y amado. Conoció lindas personas y hubiese deseado conocer más, vivió encerrado en aquella aldea rodeado de árboles, aprendió a cuidarse por si mismo, a sanarse, a sobrevivir, pero ahora todo eso no tendría ningún fruto. Debió ser una persona valiente, debió decirle a esa chica que le gustaba, tener la oportunidad de tener una familia o conocer al menos a alguien de sangre, pero ya no podría.
Su vida, había terminado.
Un atroz golpe en toda su espalda fue lo único que sintió, después de eso todo se volvió rojo y oscuro.
Para cuando despertó, ya se encontraba en aquel árbol de gran tamaño, parecía estar sobre una colina de mediana altura, posiblemente unos veinticinco metros y el árbol unos quince. Agradecía ser bueno en matemáticas y literatura, eso lo ayudo mucho para unirse a la preparación de ser un viajero de los árboles. Aún era de día, posiblemente la una de la tarde, no habían señales del dragón alrededor, las aves canturreaban sin problemas, por un momento creyó que todo fue un sueño y que aquello había sido producido por los plátanos que les robo a esos monos «Debieron haberme lanzado una maldición», pensó. Pero al final todo eso se derrumbó con los enormes hematomas que tenía en todo el cuerpo, el insoportable dolor en su espalda y lo más importante, la ausencia de su bolso.
— Ha... –Suspiro derrotado, lo único que le quedaba era esperar el atardecer y así bajaría. Iría aquel río al sur, se bañaría y atraparía unos peces para comer, por ahora lo mejor sería deleitarse del enorme paisaje que le daba su actual posición. Desde donde se encontraba, había una gran vista de todo el bosque, a lo lejos enormes montañas se alzaban y detrás de ellas un enorme paisaje azul– ¿Qué será eso? –Intrigado, trataba de recordar si alguna vez lo había visto en los libros que leyó.
Se quedó viéndolo hipnotizado, los hermosos destellos que producía lo tranquilizaban, un hermoso degradado de azul intenso hasta llegar al celeste pálido, aquel color que se perdía con el cielo, eso lo convertía en infinito, deseaba tocarlo, olerlo, estar ahí, correr por todo ese enorme lugar y luego si fuera posible, descansar por siempre ahí.
Así el tiempo pasó, el atardecer llegó y lo más hermoso que pudo ver en su corta vida fue al sol ocultándose, detrás de aquel azulejo paisaje que ahora tenía un tono naranja, era extraño pero agradable.
Supuso serían las cuatro de la tarde, se asomó a la punta extrema de la rama, daría una última vista para asegurarse de que no habría peligro y más importante de verificar si el dragón había vuelto. Al verse totalmente seguro, decidió bajar, para cuándo volvía a su posición anterior, cerca al tronco, un crujido lo alarmo, rápido volteó a ver de dónde provenía, pero no había nada. Se tranquilizó, se giró y con mucho cuidado siguió avanzando, pero de nuevo un crujido más fuerte lo sorprendió, parecía como si estuvieran aplastando árboles, eran demasiado fuertes. Cerró los ojos hasta que el sonido se detuviese, cuando los volvió abrir más tranquilo, reviso su alrededor aun sin encontrar nada, decidió apresurarse y bajar del árbol, pero cuando su vista se posó al frente, se horrorizo.
Frente a él, la rama en la que se encontraba estaba partiéndose, aun iba por la mitad, por lo que alarmado, avanzo lo más rápido posible hacia el tronco, pero mientras más lo hacia esta se quebraba. Pensó en sostenerse de la rama superior, pero al intentarlo, termino partiendolo, cayendo al instante. Golpe tras golpe en todo el cuerpo, el más doloroso y que lo dejo algo inconsciente por unos segundos, fue en la quijada. No quería morir, como pudo se sostuvo de una rama algo delgada y ahí se mantuvo, sin embargo una fuerte ráfaga de viento vino desde abajo, haciendo que las ramas comenzaran a sacudirse con fuerza.
— ¿¡Qué rayos...!? –Sobre exaltado, giro su cabeza para ver que había debajo, pero al instante ahogo un grito de horror al ver al dragón detrás suyo mirándolo fijamente, como si esperase a que cayera– Ni se te ocurra –Amenazo asustado, intuía lo que el dragón intentaba hacer. De nuevo el fuerte aire volvió, pero está vez supo de dónde provenía, aquel malvado dragón inhalaba en su dirección y por la gran cantidad de aire que guardaban sus pulmones, al exhalarla se creaba una intensa ráfaga que sacudía todo el árbol.
Era su fin, la rama no aguanto más su peso y la presión del aire, quebrándose, haciéndolo caer. Por su mente pasaron dos cosas: La primera, que moriría de una horrible forma y la segunda, sería ser devorado por el dragón, que de seguro lo estaría esperando con el hocico abierto y así poder llenarse el estómago.
Aunque no sintió un fuerte impacto, lo que su mente en esos momentos procesaba era la cálida, suave y humedecida cosa en la que estaba ahora sentado, aunque todo era oscuro... «Tal vez así se siente morir», pensó. No sintió nada de dolor, sino paz y un horrible olor.
— ¿Qué es eso? –Se tapó la nariz y analizando la situación, no oía nada, supuso estaría en el infierno, aunque no conociera cuales fueran sus pecados, tal vez pudieron haberle dado algo de tiempo para recordar y así arrepentirse.
De pronto callo sentado y todo se aclaró, confundido volteó a ver todo su alrededor, pero sería innecesario, la enorme sombra sobre él le confirmaba a la criatura que tenía detrás, alzó el rostro viéndolo fijamente, al igual que el dragón que lo veía con un solo ojo.
— No era necesario hacer algo así –Reprocho. Lo había atrapado con su hocico, debía agradecerle, aunque lo sintiera innecesario, pero igual lo hizo- De todas formas... gracias.
Todo su cuerpo estaba cubierto de baba y apestaba, bueno ya olía mal desde hace días, pero esto colmaba todo. Miro de nuevo al dragón, parecía esperar algo de él, aunque debería de ser al revés, por su culpa su bolso estaba perdido y olía diez veces más que ayer.
— Como sea, ya me cansé escapar de ti –Cansado, se levantó mientras intentaba quitarse la baba pegajosa con sus manos– Si vas a comerme, hazlo de una vez.
El dragón solo lo observaba, mirándolo fijamente como si tratara de descubrir algo en él, de pronto lo agarro con su mandíbula por el chaleco del cuello, lo alzo y comenzó a caminar, o a saltar, como fuera, avanzo por el bosque mientras la noche oscurecía el lugar. Para Izuku a estas alturas todo lo veía normal, o tal vez sea por la insoportable pesadez en sus ojos, que gritaban por ser cerrados. Tenía demasiado sueño, mucho ajetreo en un día, dejaban al cuerpo sin energía. Decidió dormir, mientras el dragón seguía avanzando, llevándolo a donde sea que se dirigiese.
Por última vez vio la luna y a unos intensos ojos rojos, que lo veían desde la lejanía.
"— ¿Por qué estás aquí, idiota?
— Perdón, tenía miedo
— Siempre intentas esconderte de mí, Deku.
— ¡No es cierto! La oscuridad me da miedo, Kacchan.
— Ven, vamos, nos están esperando."
— Kacchan... –Susurro. «Que tierno nombre», pensó.
