Bealcaru: Historia Original

Kohei Horikoshi: Mangaka a quien le pertenece los personajes de Boku No Hero Academia, utilizadas en esta historia.


IZUKU Y EL DRAGÓN II

— ¡IZUKU!

Un niño de cabello negro salió de imprevisto de entre los arbustos, sorprendiendo al pequeño que estaba acuclillado rodeando su cabeza con sus brazos.

— ¡AH! –Grito aterrado.

— JAJAJA ¡Te asuste!

— No es cierto... –Con el rostro contraído, el pequeño reflejaba el temor por el que acababa de pasar, reprimiendo las lágrimas que amenazaban con salir– Creí que estaba perdido... –Su voz se agudizo, cerró los ojos y comenzó a llorar.

El niño que estaba frente a él lo vio preocupado, la había liado, creyó que al hacer eso lo haría reír, pero sucedió todo lo contrario, estaba demás decir que Bakugou se enojaría con él. Trato de pensar en alguna solución que pudiera calmarlo, no estaba acostumbrado a lidiar con situaciones tristes y mucho menos con Izuku en ese estado. Se rasco la cabeza algo nervioso, mirando ha su alrededor asegurándose de estar solos, solamente así podría decirle lo que creía lo calmaría.

— No llores –Dijo con la voz más suave que pudo hacer, se acuclillo hasta quedar a la misma altura del pequeño Izuku, palmeando su cabeza con suaves toques– Si dejas de hacerlo, te compraré una paleta –Propuso con su voz animada, haciendo que el pequeño le prestará atención.

— ¿De tres colores? –Con la voz entrecortada, pregunto intentado conseguir lo que a él le gustaba, mientras aligeraba su llanto.

— Bueno... –Dudo un poco en contestar, ese tipo de paletas eran muy difíciles de conseguir, pero no podía negárselo, más aún con la cara que ponía y el estado en el que se encontraba– Sí, pero sólo si me das una gran sonrisa. –Propuso, poniendo sus dedos índices al lado de la comisura de su labio jalándolos hacia arriba– Así –Haciéndole un ejemplo de lo que debería hacer.

Izuku comenzó a limpiarse las lágrimas, mientras intentaba calmar el gimoteo en su garganta. Estuvo unos segundos con la cabeza encorvada, tratando de calmarse, ya tranquilo levanto su rostro mostrando la mejor sonrisa que tenía, la cual era una muy grande y radiante expresión, haciendo sonrojar al niño frente a él.

— Eso sí que es una gran sonrisa –Afirmo divertido, agarro las mejillas de Izuku estirándolas, tratando así de hacerlas más grandes– Nunca dejes de hacerlo, es lo que te hace especial.

— ¿¡En serio!? –Sorprendido, posó sus manos sobre las del niño en sus mejillas– ¿Así como tu personalidad, hermano?

— Jajaja supongo –Agarro las dos manos de Izuku, halándolo a levantarse– Vamos, deben estar buscándonos.

Fue llevado de la mano con mucho cuidado, evitando que cayese o se perdiera , caminando en silencio. Izuku pensaba en los sabores que debía tener su paleta, tenía tantos gustos, que decidirse por uno le era muy tedioso, pero eso era lo que hacía divertido su mente en ese instante, porque de pronto dejo de hacerlo.

Ahora sólo sentía miedo.

Había un niño adelante que por la oscuridad y las plantas no dejaban verlo con claridad, lo tenía agarrado de la mano sosteniéndolo con fuerza. Intrigado, inspección su alrededor encontrándose con plantas y árboles de gran tamaño, aunque la altura que tenía en esos momentos no era la actual, parecía estar en el cuerpo de un niño y con ropa diferente.

— ¿Qué es esto? –Se tocó el pecho tratando de ver con más claridad su vestimenta, pero la luz de la luna no lo ayudaba– Disculpa... –Intento hablarle al niño que aún lo tenía sostenido de la mano– ¿Me escuchas?

— Dime Izuku –Su voz era tranquila, pero extraña, sonaba lejos cuando lo tenía cerca.

— ¿Dónde estamos? –Preguntó desorientado.

— Jajaja que gracioso estás hoy... –La voz se cortó, escuchando murmureos sin sentido– Siempre... la colina... deberías correr...

— ¿Qué? No te oigo –Intento acercarse, pero las enormes plantas no lo dejaban.

— Susurras siempre... lo hace enojar... siempre están juntos... aquel beso en el árbol... –Definitivamente algo no iba bien, su voz era como un eco en susurros, no entendiendo nada de lo que decía.

Intento detenerlo, parando en seco y con toda su fuerza halándolo hacia él. Quería ver a la persona que tenía adelante y preguntarle algunas cosas, sin embargo, por la fuerza ejecutada término cayendo de espaldas y aquel niño sobre él. Aunque por la oscuridad sólo podía ver pequeños detalles, sus ojos no podían engañarlo, pero lo que vio caer sobre él no fue un niño, sino un bulto negro.

Palideció al instante, cerrando los ojos temeroso, esperaba que fuese una mala visión suya y lo que se suponía debía ser un niño o humano, estaría ahora en su encima. Antes de abrir los ojos, sintió aquel peso apoyarse en su torso levantándose, espero a que se retirase, cuando dejo de sentirlo, decidió hacer lo mismo, pero antes de hacerlo quiso verificar si lo que vio era correcto. Se sorprendió al no ver a nadie frente a él, sólo a las plantas que obstruían su visión.

Se paró nervioso, si lo que vio era correcto, estaría en graves problemas, porque lo único que podía percibir de aquella cosa o persona, era algo muy malo. Inspecciono todo a su alrededor y tomando algo de valor comenzó a caminar, no estaba exagerando si decía que todo en ese bosque era silencioso, las plantas no se movían ni mucho menos sentía la brisa del aire. Estuvo así unos minutos, caminando desorientado sin siquiera ver un camino por el cual debía ir, de pronto escucho a las plantas moverse agitadas y enormes pisadas retumbar en la tierra, asustado comenzó a correr. El viento y la lluvia repentina obstruían su paso, haciendo que las plantas se agitaran con violencia, no sabía a donde se dirigía, pero incluso así apresuro su andar al sentir a alguien detrás que poco a poco se acercaba, por más que corriera las plantas hacían inútil su huida y eso lo exasperaba.

Sorpresivamente, fue halado por el brazo con rudeza.

— Siempre haces esto —Escucho una voz grave regañarlo– Escapas, corres, lloras –Al ver qué era aquella presencia, intento zafarse del agarre, pero mientras más lo hacía, este se intensificaba– Pides perdón, ayudas, admiras...

— ¡Suéltame! –Grito nervioso.

— Pero al final, terminas destruyéndote –Izuku dio pequeños alaridos de dolor, al sentir su muñeca ser estrujada con más fuerza– ¿Por qué? No lo entiendo.

Era inútil seguir forcejeando, no importara cuanto lo golpeara, él no parecía sentirlos, la caminata se hizo más rápida y el dolor más intenso. Por un segundo la luna alumbro lo que había adelante, viendo a quien lo llevaba. Era un niño completamente de negro, tenía un cuerno y los brazos como el de una bestia. Esto hizo a Izuku horrorizarse y agitarse desesperado.

— ¡Por favor suéltame! –Rogó temeroso.

— No puedo hacer eso –Su voz ahora era suave– Izuku mírame –Aquella cosa se detuvo y voltio hacia él, pero Izuku cerró los ojos al instante.

— ¡Solo déjame ir! –Grito espantado y confundido– ¡No entiendo nada de lo que dices!

— ¡Debes escucharme Izuku! –Imploro– Escucha el lla...

— ¡No! –Exclamo, negativo– ¡YA SUÉLTAME!

— ¡IDIOTA! –De un jalón fue lanzado al suelo, dolorido intento levantarse, pero aquel bulto negro se adelantó halando de un tirón– No importa lo que haga... –Enojado comenzó a caminar mientras lo tenía sujetado del chaleco. Izuku hasta ese momento no se había percatado del lugar donde se encontraba, mientras retrocedía manteniéndose alejado de aquel ser. Sin embargo, sintió su pie resbalar, girando al instante y dando un grito despavorido, se encontraba inclinado al borde de un acantilado– No entiendes nada de lo que te digo y ni siquiera intentas hacerlo ¿¡Crees que esto es un maldito juego!? –Grito enfadado, la lluvia seguía cayendo con más intensidad, nublando su visión.

— ¡Por favor! –Desesperado, se agarró de las manos que lo sostenían del chaleco– ¡Voy a escucharte, pero por favor no me sueltes!

— Debo hacerlo, sólo así podrás entenderlo.

— ¡NO! –El agarre empezó hacerse más flojo– ¡Espera! ¡Al menos dime el porqué!

— No puedo... Debes verlo con tus propios ojos.

— ¿Qué? –En ese instante la luna alumbro a la persona que tenía delante, dejando a Izuku sorprendido– ¿Quién eres? –Soltó aquella pregunta inconsciente, cuando la respuesta estaba clara.

— Tus ojos te están engañando –Su rostro se ablando, sonriendo de lado– Debes recordar a la persona que dio su vida para salvarte. Solo así, todo tendrá sentido... ¡DESPIERTA DE UNA VEZ!

Y lo empujó.

No entendía porque su yo de niño le decía esas cosas.

¿Porque intentaba matarlo?

Lo vio girarse y desaparecer, mientras él caía, cerró los ojos esperando el golpe, aunque deseaba quedar inconsciente antes de sentirlo.

¿Quién eres Izuku?

—¡AH!

Sus brazos estaban estirados hacia adelante, sentado y desorientado con los ojos abiertos y húmedos, su corazón golpeteaba con fuerza produciéndole un dolor sofocante. Parpadeo varias veces tratando de orientarse mientras frotaba su torso para poder calmarse.

— Una pesadilla –Susurro aliviado.

Despierto, reviso su alrededor encontrándose con enormes paredes de piedra rodeándolo, al parecer se encontraba en una cueva. A su izquierda estaba la salida, por donde la luz ingresaba iluminando el lugar.

Se inspecciono así mismo, había una hoja del tamaño de su cuerpo sobre él, simulando ser una cobija, debajo también había otra aunque era más gruesa, y donde reposo su cabeza al dormir se encontraba un hongo del tamaño de su mano, haciendo un vano intento de almohada. Se quitó la enorme hoja de encima y vio su vestimenta, las cuales estaban llenas de tierra, ramas y hojas pegadas en todo su cuerpo, y algún que otro insecto. Comenzó a sentirse irritado, tener tanta suciedad encima no le hacía bien a nadie y él había pasado su límite, se rasco la cabeza por la repentina comezón, prefería pensar que era eso y no que un animal estuviera viviendo dentro. De tan sólo imaginárselo, hacia ponerle la piel de gallina. Se levantó con cuidado, evitando tener dolores innecesarios, suficientes con los del día anterior como para seguir lastimándose. Ya derecho, comenzó a sacudirse y sacar la suciedad que llevaba encima, pero se detuvo al inclinarse a amarrarse sus zapatos.

No sintió ningún dolor.

Frunció el ceño confundido, recordando que el día anterior había pasado por momentos que su cuerpo jamás experimento, eso debía tomarle al menos tres días de reposo, pero el ser capaz de moverse con total naturalidad, le hacía dudar de sus recuerdos, aunque...

¿Quién podría confirmarle que no durmió por tres días?

— Maldición –Ahora sí que estaba en problemas.

Llevaba semanas contando los días que habían pasado después del ataque, no podía perder la cuenta, eran de suma importancia. Pero ahora todo estaba arruinado, desorientado del lugar en el que se encontraba y sin saber los días que habían pasado.

Cerro los ojos con el ceño fruncido y apuño las manos de impotencia, no sólo estaba perdido, sino que también su bolso se encontraba extraviado, con el cuerpo completamente sucio y para colmar todo, no había nadie con quién pudiese comunicarse ni al menos que pudiera ayudarlo. Todo, completamente todo por lo que estaba pasando ahora, él tenía la culpa.

— Ese dragón... –Casi no podía identificar su voz por la ira en como lo pronunció, y no era exagerado, estaba cabreado.

¿Y quién no podría estarlo?

Acababa de ser saqueado por un dragón, quien lo dejo inconsciente y en total abandono en algún lugar del bosque, aunque eso era que esperaba, seguir en el mismo territorio.

Camino a pasos raudos hacia la entrada, la cueva en la que se encontraba era, sin exagerar, muy grande. Su posición estaba al final de la cueva, por lo que llegar a la salida le tomaría unos segundos. Paso por su mente que quizás esta podría ser la guarida del dragón, al ser una criatura que vuela, lo habría llevado fuera del bosque, dejándolo en tierras desconocidas.

Soltó un sonoro suspiró, evitaría ese tipo de ideas, porque terminarían haciéndolo llorar de impotencia al no haber hecho nada, dedicándose a huir y sin hacer el mínimo intento de enfrentarlo. Redujo su caminar, pensar en sus debilidades lo hacían caer en lo más profundo de su ser, envolviéndolo en una burbuja de depresión del que ya estaba cansado de estar, era frustrante lidiar con un problema interno del cual no encontraba solución, siendo atormentado día y noche por los errores que cometió. Incluso si quisiera, no habría forma de escapar, llegaría el día que lo superaría, por ahora era mejor aliviarlo.

Ya cerca de la entrada, cerró los ojos por la intensa luz que emanaba el exterior, bloqueándolo con su brazo derecho, siguió avanzando. Pero se detuvo al quedar anonadado de tan hermosa vista frente a él, largas áreas verdes se expandían en todas direcciones, la luz solar y la suave brisa le daban el toque perfecto a tan bellísimo paisaje, la naturaleza nunca decepcionada cuando se trataba de ser hermosa. En esos momentos se sintió orgulloso de saber que probablemente pudiese haber venido de la madre tierra, al ser encontrado en un árbol, inconsciente y sin nadie que lo reclamara como su familiar. Aunque en un principio se sintió destrozado, al ver a otros niños con sus familias, tan seguros al tener a alguien que darían su vida por ellos y que cada noche les contasen hermosas historias de las cuales soñarían sintiéndose los protagonistas. Sí, él deseaba eso, pero debía ser realista, estaba solo en el mundo.

—Tampoco es para ponerme melancólico –Se reprochó así mismo, mientras estiraba los brazos para desaparecer aquella amarga sensación deprimente que empezaba a nacer en su pecho. Miro a ambos lados, encontrándose con enormes montañas que terminaban en la misma altura de su posición, era curioso porque frente a él no había ninguna colina de tierra. Una pena, ya que eran de gran ayuda para saber a qué altura del bosque se encontraba y cuánto le faltaría en llegar a su destino– Con ellos fuera, puedo ver con más claridad todo el lugar, pero... –Con su mano derecha sobre sus ojos, agudizo su vista– Llegar hasta aquella área azul, me tomara más de un mes.

Era pesimista en algunos casos, aunque él los sintiera realistas, eso no cambiaría nada el ajetreado viaje que sería llegar hasta allá, por alguna razón sentía que aquel lugar lo haría sentirse tranquilo, como aquella vez en el árbol donde se sintió libre de tan sólo imaginarse ahí parado, sin duda alguna él debía llegar ahí.

— ¡Bien, hagámoslo! –Alegre por la próxima tarea que debía cumplirse así mismo, comenzó a caminar, pero se detuvo al sentir pequeñas piedras caer sobre él, miro al suelo buscándolas, pero fue dejado de lado al percatarse de no haber un camino por el cual pudiese bajar. Comenzó a sentirse nervioso, pensando que tal vez sería la única salida– Será mejor que vuelva, puede que haya otra.

Dio media vuelta adentrándose a la cueva, tan sólo dio dos pasos cuando tierra comenzó a caer sobre él, al principio fue suave, pero poco a poco fue haciéndose más espesa. Curioso, retrocedió para ver qué era lo que hacía aquello, siendo segundos que por poco lo matan, tuvo suerte de tener una reacción rápida, lanzándose dentro de la cueva. Tierra y piedras comenzaron a caer en grandes cantidades, haciendo estruendosos sonidos al chocar entre ellas, eso lo dejo sordo por unos segundos escuchando un largo pitido. Todo estaba cubierto de polvo y algunas cuántas piedras comenzaron a caer sobre él, haciéndolo avanzar, arrastrándose para evitar que algo pesado le cayese.

Cuando todo termino, el pitido en su oído acabo, y con eso pudo escuchar como algo más grande comenzaba a caer, aunque por el sonido podría decirse que rebotaba, los golpes se hicieron lejanos, hasta terminar con un sonoro impacto que hizo a la tierra temblar.

Ese Dragón estaba loco.

¿Qué era lo que trataba de hacer escalando esta montaña? Porque eso era lo que había visto. Aunque solo fueran unos segundos, pudo verlo sosteniéndose desesperado de las rocas, mientras las piedras y tierra caían a montones sobre él. Cuando vio deslizarse una gran cantidad de tierra, creyó que todo se desmoronaría, pero por suerte nada grave paso. Aunque no sabría decir si lo de hace unos segundos fue al dragón caer o una enorme piedra, lo que fuese, era seguro que no terminaría bien. Si en tal caso fuera el dragón, esperaba que no le hubiese pasado nada, puede que estuviese molesto por todas las cosas que le hizo pasar, pero no le deseaba lo malo, después de todo aún seguía con duda de cómo llegó aquel árbol después de caer inconsciente por aquella sacudida, por un momento paso por su mente que aquella criatura lo había salvado, todavía seguía con esa teoría, pero también esperaba que algún humano lo haya socorrido y así seguir con la esperanza de encontrarse con uno.

Todo estaba lleno de tierra y polvo, dificultándole respirar, con una mano en su boca y nariz, avanzo. No podía ver nada, completamente todo estaba oscuro, dificultándole su andar, podría caer en cualquier momento si llegaba a tropezar con una piedra y quien sabe sobre que lo haría. Decidió hacerlo con las rodillas flexionadas, mientras con una mano tocaba lo que había delante, evitando cualquier cosa que pudiera dañarlo. Rezaba por no toparse con un bicho o algún animal venenoso, esos nunca faltaban en lugares cerrados y poco habitables. Mientras avanzaba, vino a su mente imágenes de aquel tétrico sueño, le sorprendía haber sido consciente y el de haber tratado de defenderse, lo normal era el de observar y analizar qué era lo que pasaba, aunque sintiera impotencia de no hacer nada.

"Tal vez sean recuerdos, la mente es grande niño, trata de analizarlos, de seguro algo quieren advertirte"

Eso se lo dijo un anciano con quien solía conversar a menudo en la fuente de agua, en su aldea. Lo conoció luego de haber estado llorando horas por el horrible sueño que había tenido, nadie podía calmarlo, solo se detuvo cuando el líder llego y lo hizo consciente de lo débil que era al llorar por cosas sin importancia. Aun así, él tenía curiosidad, preguntando a varias personas de la aldea, tratando de buscar una respuesta entendible, pero nadie parecía comprenderlo. Pero una noche mientras caminaba por la plaza, vio a un anciano sentado en la fuente, curioso, se acercó a su lado y vio lo que veía, miraba el reflejo de la luna en el agua hipnotizado. No comprendía lo que hacía, por un momento creyó que algo se le había caído, pero no lo escucho en ningún momento quejarse, aun así pregunto, le dijo que callara y en silencio observara. Pensó en dejarlo, tal vez estaba loco y él sería el segundo, pero no pudo hacerlo, sus ojos también quedaron hipnotizados mirando el reflejo nocturno en el agua. Cuando el reloj marco las doce de la noche, pudo quitar su vista, asustado le pregunto qué era lo que había pasado, el anciano sólo le dijo que mañana volviera a las diez y que juntos volverían a mirar, solo así lo entendería. Al día siguiente por curiosidad volvió, y así noche tras noche se sentaba en la fuente junto al anciano mirando el reflejo lunar en el agua, hubieron días en los que faltaba o el anciano no estaba, no recuerda exactamente por cuánto tiempo estuvo así y mucho menos el día que pudo verlas, pero si lo que sintió cuando las visualizo en el agua. Sus ojos lagrimeaban, aunque no hubiera razón de llorar, sentía una alegría indescriptible, cuando no había ninguna razón de hacerlo y aun así se rehusaba a apartar su atención de ellas.

Hermosas estrellas de colores se reflejaban en el agua, palpitando como si fueran a estallar, reluciendo destellos de luz en una danza armoniosa.

Eran bellísimas.

El anciano sonrió, se giró a ver al cielo y luego lo invito a hacer lo mismo, sentados miraban el vacío cielo nocturno sin luna y estrellas, porque era así como estaba ese día, oscura y sin vida.

El chapoteo del agua lo saco de sus pensamientos y aunque no pudiese ver nada, giro a ambos lados tratando de escuchar con mayor nitidez aquel sonido. Sonaba como pequeños riachuelos y provenía del lado izquierdo, dudo entre ir o seguir en la misma dirección, su instinto en esos momentos estaba desactivado, por lo que elegir que era correcto lo ponía nervioso. Luego de pensarlo unos segundos, decidió ir por aquel lugar, no tenía una ruta definida por lo que no habría ningún problema.

Avanzo rápido para poder terminar con tan tediosa situación en la que se encontraba, o mejor dicho, en el cual aquel dragón lo había metido, porque todo comenzó por culpa de él.

— El olor a humedad se hace más fuerte –Se quejó tapándose la nariz, era sofocante oler aquello, pero aun así lo hacía sentir aliviado de saber que solo así encontraría la salida.

Era sabido por los de su aldea, que las cuevas tuvieran agua dentro, teniendo así la posibilidad de encontrar una salida, ya que todas terminaban en alguna pequeña laguna, y si ese no era el caso, se encontrarían con un pozo de agua que guardara la montaña.

"Sea cual sea el resultado, siempre se hallaría la forma de salir, así sea muerto."

Esa era una frase muy popular entre los viajeros.

— En este caso, quiero salir vivo –Vio a lo lejos pequeños destellos de colores que se movían de un lado a otro– ¿Qué es eso? –Intrigado apresuró el paso.

Mientras más se acercaba, el lugar se aclaraba. Se percató que aquello provenía pasando una curva, pequeños colores se reflejaban en las paredes rocosas e iban en diferentes direcciones. Cuando llegó a la esquina, cauteloso se asomó a observar que había detrás, quedando estupefacto al ver tan hermoso lugar.

Bellísimos colores se reflejaban en el agua, desde arriba colgaban frutos que destellaban luces, cada uno de distintos colores. Había un camino delgado de piedra frente a él, que rodeaba en el medio un árbol grueso, era enorme y al parecer por la estrecha cavidad de la cueva, creció esparciendo sus ramas en todo el lugar pegadas a las paredes. Aunque aún todo se veía oscuro, las luces que emitían aquellos frutos, hacían que el lugar se viera azul, incluso asi era lo suficiente para poder saber dónde pisar. Dio tres pasos y se detuvo, había una pequeña laguna rodeando el árbol, se acuclillo para poder tocar el agua, que en esos momentos era mansa, no emitía ninguna onda que pudiera dar señales de vida, lo que le hizo preguntarse "¿Qué fue lo que escucho hace un rato?". Pasó tres dedos acariciándolo con calma, vio ondas expandirse por todo el agua hasta deshacerse contra las paredes, volviendo a la pacífica tranquilidad. Era extraño ver que el agua no reflejara las luces que brotaban de las frutas, era como ver a través de una ventana, pero sin el vidrio. Cómo sea, eso era inquietante, se enderezo y camino hacia el árbol, este parecía tener muchos años de vida, pero se mantenía en buen estado, tentado, paso su mano acariciando el tronco.

"Hay muchos sentimientos que deseo recibir de ti"

— ¿Qué? –Nervioso, miro a todos lados, con un pequeño sonrojo en sus mejillas. Aquellas palabras las había sentido tan cerca, que creyó había alguien detrás– Eso fue muy directo –Rió cabizbajo, mientras pensaba en quién pudiese habérselo dicho en su niñez.

Pero de pronto, miles de voces comenzaron a acumularse en su cabeza.

"Aún somos niños, cuando sea grande seré el primero"

"Te quiero a mi lado"

"Izuku, ven cariño, debemos irnos"

"Hay alguien que desea verte"

— ¿Qué es esto? –Quito la mano del tronco y se agarró la cabeza, las voces venían una tras otra.

"Seremos fuertes"

"Izuku, debes enfrentar el miedo que atormenta tus días"

"Casémonos"

"Serás el siguiente"

— Basta...

"No corras, camina a mi lado"

"Tu sonrisa es muy brillante"

"Deseo verte sentado en aquel trono"

"Tienes una luz propia, eso hace que te vea con otros ojos"

— Por favor, deténganse –Se arrodilló, mientras hacía alaridos de dolor por el fuerte pulsar en su cráneo.

"Te odio"

"¡Prometiste que estaríamos juntos!"

"¡No me veas con esos ojos!"

"¿Porque nos dejas?"

—¡BASTA!

"— Toma

¿Porque me dan esto?

Hemos decidido que será una prueba.

¿Prueba?

Si, una donde el ganador se quede..."

Rugidos de dolor retumbaron en toda la cueva, haciendo que está temblara.

Una fruta cayó sobre él sacándolo de aquel tormento, la vio rodar hacia el agua, estiró su brazo atrapándola a tiempo. Se enderezo, aún con el punzante dolor en su cabeza, su cuerpo temblaba y aquellas palabras se repetían en un eco sin fin, confuso y dolorido comenzó a caminar. Metió el fruto brillante en su chaleco, tenía el tamaño de un cerezo por lo que cabría sin problema. Rodeo el árbol y vio que el camino de piedras seguía volteando una esquina, de la cual se emitía una luz más clara, supuso sería la salida al exterior y apresuró el paso.

Cuando llegó se sintió libre, el aire era más fresco y aunque le ardieron los ojos al exponerlos sin aviso, no se detuvo a seguir avanzando, solo quería alejarse de aquella cueva y así quizás, quitaría las palabras que aún seguían en su cabeza. Sin embargo, dejo de sentir el suelo y ya cuando fue consciente, se encontraba sumergido en el agua.

Se quedó estático mirando su alrededor, aún seguía hundiéndose, pero él no parecía hacer algún esfuerzo en salir, su mente estaba en blanco, tal vez por el repentino cambio de temperatura o tal vez el no haber sentido por muchos días el agua en todo su cuerpo. Sea cual sea la razón, no quería dejar de sentir aquella calma que lo envolvía, y que poco a poco hacia que sus ojos se cerrarán. Se preguntaba porque no intentaba salir, aún tenía algunos segundos para emerger y poder respirar, ésa era otra duda, no respiraba.

Miro arriba y vio la luz del sol reflejada en el agua, aunque desde su posición sólo podían verse ondas claras y a unos peces pasar sobre él. Se quedó viéndolos alejarse, mientras su visión se oscurecía y escuchaba a alguien hablarle.

...hay algo que deseo decirte.

¿Qué es?

El niño parado frente a él, lo vio unos segundos tratando de reunir valor a lo que pronto haría. Soltando un sonoro suspiro, se acercó al pequeño de cabello verde que sostenía un anillo dorado en su mano derecha. Agarro su mano izquierda y junto con la otra, que mantenía el anillo, las envolvió con sus manos. Miraba el suelo con las mejillas sonrojadas, mientras trataba de armarse de valor para verlo a los ojos. Ya decidido, apretó el agarre y en un susurro, lo dijo.

Se mi amigo.

El rostro contraído del niño frente a él, le preocupo, creía que le confesaría alguna travesura hecha que no tendría perdón, pero al escuchar aquellas palabras lo hizo sentirse aliviado y feliz, él ya lo consideraba un amigo.

Tú ya eres mi amigo, Todoroki-kun y uno muy importante. –Aclaro, con una gran sonrisa.

El pequeño bicolor alzó el rostro sorprendido, aquellas palabras lo habían emocionado y estaba sonriendo mientras trataba de reprimir aquellas lágrimas que pronto saldrían al decirle lo que realmente debía anunciar. Pero quería que ese momento durara un poco más, que su cerebro lo grabará tal y como era, después de todo no volvería a tener uno igual jamás.

Mi madre dice que un beso se le da a la persona que amas y un abrazo a quien aprecias con el alma, yo –Izuku se sonrojó por lo mencionado, sabía el significado de aquellas acciones, pero no sabía cómo reaccionar ante ellas– Por ahora quiero darte un abrazo y cuando seamos grandes, me permitas darte un beso...

El sonoro soplido en su rostro lo despertó.

Abrió los ojos y aunque no pudiese ver nada con claridad, no pasó desapercibido las dos enormes iris de diferente color que estaban sobre él, uno amarillo que sentía haberlo visto en algún lugar y uno rojo, el cual tenía una cicatriz en el párpado superior. Otro denso soplido lo hizo mirar a ambos lados desorientado, pero volvió a su posición anterior mirando hipnotizado aquella área roja que se expandía sin fin. Unos segundos después, fue consciente, no hacía falta preguntar quién estaba adelante, suficiente con ver el intenso rojo de su piel, para saber que era el dragón, aquel que le estuvo haciendo la vida añicos estos últimos días.

La criatura acercó su hocico a su torso moviéndolo tres veces, pero Izuku no respondió. Vio como giraba su enorme cuello y luego volvía a verlo, de cierta distancia lo siguió observando, se preguntaba qué era lo que quería. La respuesta vino enseguida con enormes cantidades de agua, lo vio abrir su hocico y luego el agua caer. Se levantó de golpe y tosió con fuerza, mientras trataba de sacar el agua que había ingresado por su nariz, la cual comenzaba a arderle.

— ¡¿Qué sucede contigo? Pude haberme ahogado! –Con la voz rasposa y ahogada gritó, tratando al menos así de aligerar el dolor.

Cerca de él había una pequeña laguna, se acercó presuroso y con sus manos acumuló lo que pudo de agua, se lo hecho en todo el rostro repetidas veces, en el cabello, cuello, en todo la piel que tenía descubierta. Unos segundos después, más tranquilo, giro a ver al dragón, el cual estaba sentado lamiendo una de sus patas delanteras.

— ¿Porque todavía sigues acá? ¿No tienes alguien a quien visitar, algún familiar dragón, quizás? –Molesto, se quedó observándolo. Era un animal que no entendería nada de lo que diría, pero algo en Izuku le decía que no podía tener ese tipo de pensamientos sobre esa criatura, tenía varias sospechas por sus acciones, la cual hacían dudar de si era realmente un animal, porque parecía tener conciencia de lo que hacía o hablara, aunque moviera su cabeza a cada lado– Si entiendes lo que digo... mírame. –Serio, lo miro fijamente.

El dragón detuvo su acción por unos segundos, aún con su cabeza mirando el suelo, pero luego giro a verlo irguiendo su cuello, observándolo desde arriba. Era una majestuosidad tenerlo frente a él, pero también atemorizante, lo miro a los ojos tratando de descifrar su accionar, haber si algo trataba de decirle, pero los segundos pasaban y se quedaban en la misma posición. Decidió apartar su vista y examinar su cuerpo, pero quedó estupefacto al instante.

Enormes cicatrices rodeaban su cuello y pecho, en su pata izquierda le faltaban uñas, las cuales aún no cerraban. Se paró y comenzó a caminar a paso lento hacia el dragón, estaba afligido, aquellas enormes heridas, aunque no se supieran cómo fueron producidas, tan solo verlas reflejaban la brutalidad con las que fueron realizadas. Eso lo hacía recordar el día que vio una por curiosidad, de cómo torturaban a un animal hasta la muerte y sin piedad lo lastimaban, mientras los alaridos de dolor se escuchaban en toda la habitación. Comenzó a temblar de impotencia, recordar esos sucesos lo hacían querer llorar. Cuando estuvo cerca, dirigió su vista hacia la pata izquierda, observando con mayor detenimiento sus uñas, las cuales efectivamente habían sido sacadas o cortadas con crueldad. Y lo que más lo horrorizo, estaba en su espalda, lo que todo dragón como a un humano su brazo le son importantes, su ala había sido cortada.

— ¿Quién te hizo esto?