Bealcaru: Historia Original / Wattpad: Bealcaru

Kohei Horikoshi: Mangaka a quien le pertenece los personajes de Boku No Hero Academia, utilizadas en esta historia.

Layla Eucliffe: Muchas Gracias! Es gratificante para mí que te haya encantado, gracias por leer :D

ukinea: Tus palabras me motivan a seguir! Muchas Gracias por leer y espero que los demás capítulos sigan siendo de tu agrado

Dragon-Slayer-Del-Arcoiris: Jajajaja A mí también me duele que el dragón no tenga ala! Pero sin eso la historia no tendrá sentido (¿O estaré exagerando?) Sobre las parejas, aun no las tengo en mente, así que no sabría decir que pasaría en un futuro. Gracias por leer!


IZUKU Y EL DRAGÓN III

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Los dragones son conocidos por tener una piel, aparte de escamosa, muy resistente a cualquier arma de acero, por supuesto no son inmunes, todos tienen un límite y al ser descubiertos, los cazadores lo aprovecharon asesinando a cuántos podían. Con los años fueron extinguiéndose, su piel era comercializada como si se tratara de la comida del día, a las crías las subastan como mascotas o eran vendidas a los circos, donde eran utilizados como atractivo público. Eran tiempos horribles, años de esclavitud y maltrato hicieron que aquellas magníficas criaturas dejasen de existir.

Eso era lo que estaba escrito en libros antiguos, los cuales contaban la historia de hace un siglo.

Y eso lo traía de vuelta al presente.

¿Si fue hace tantos años que hacía un dragón con él?

Pero ese no era el problema, lo que más importaba en esos momentos era el saber que aún seguían con las mismas costumbres horrorosas. Habían pasado tantos años para cambiar los errores y encontrar una solución, pero al parecer a nadie le importaba hacer el cambio.

— De momento, solo haré lo que está a mi alcance –Suspiro cansado, pensar en los problemas del mundo era agobiante y más aún, el tener que hacerse cargo de un asunto que no le concernía.

La verdad era que ese dragón lo había agarrado frío, apareció de la nada durmiendo tras él, lo persiguió como un depredador a su presa, lo saboreo con su lengua, casi lo sepulta dejándolo encerrado en una cueva y por si no fuera poco, ahora se encontraba buscando plantas medicinales para curarlo, no se quejaba, se sentía de alguna forma bien de poder ayudarlo, pero lo que si lo incomodaba, era saber que el dragón lo había desvalijado de sus pertenencias.

Cuando despertó en la cueva, no recordó su espada al estar más preocupado en el lugar que podría encontrarse, pero luego de saber que al dragón le faltaba un ala derecha, le confirmaba que aún seguía en el mismo bosque y que también, su espada junto a su bolso no estaban.

— Ese es un asunto del que debo encargarme al volver –Por lo que ahora debía lidiar con un asunto sumamente importante– Necesito que cooperes –Su brazo estaba entumecido de tanto estirarlo, el tener que luchar con una fruta que no se dejaba ser arrancada, era un gran problema— Vamos, mi estómago te pide con ansias.

Había estado así desde hace tres minutos, pero unos cuantos intentos más y pudo finalmente arrancarlo ¿Qué tipo de árbol sería para no dejarse quitar ningún fruto? Aunque ya no importara, era curioso, de igual forma las puso con las demás, en su brazo derecho, que estuvo recogiendo en el camino, tenía como cuatro alimentos los suficientes para un día. En su otra mano llevaba las plantas medicinales para el dragón, aunque faltaba recolectar más, por el gran tamaño de sus heridas.

Dejo una piedra en la base del árbol y siguió caminando, girando cada cierto tiempo para no perder el camino de vuelta, aunque pusiera las piedras como guía, no podía fiarse de que siempre estuviesen ahí, por lo que era mejor recordar el camino por el que iba.

Era curioso pensar que con la llegada del dragón, no se había topado con ningún animal salvaje, antes era como si los tuviera de mascotas, siempre asustandolo, no por su intimidante presencia, sino en los momentos menos inoportunos de hacerlo, los cuales terminaban con Izuku en el suelo tratando de calmar su corazón con síntomas de ataque cardíaco. Ahora, desde que tiene al lado a tan inmensa criatura, ningún animal, ni siquiera el más pequeño, se acercaba. ¿Aunque quién podría hacerlo con tan intimidante bestia?, porque si él lo fuera, ni lo pensaría.

— Necesito más hojas, un poco de sábila y si tengo suerte, una nueva vida –Llevar todas esas medicinas eran un problema, se caían a cada momento y recogerlas era ver como las demás hacían lo mismo, un total martirio– Un poco más y termino –Se alentó así mismo, para seguir continuando.

Era extraño que estos últimos días las voces en su cabeza se hicieran más largas, antes sólo podía escuchar una palabra o una corta frase, pero ahora podía oír conversaciones de las cuales ninguna tenía sentido para él. Sus sueños también estaban siendo constantes, aunque las pesadillas habían cesado, después de lo ocurrido en su aldea volvieron aparecer y eso lo llevaba a tener pensamientos torcidos. También estaban los recuerdos que se mezclaban con sus sueños, aunque al principio no sabía exactamente que eran, pero después de tantas experiencias pudo diferenciarlas al darse cuenta de ser consciente, aunque sólo fuese un espectador, pero eso sucedía en ocasiones. Lamentablemente no las recordaba con nitidez, tenía ciertas imágenes claras y algunas borrosas, pero al final ninguna tenía sentido, por eso no las tomaba en cuenta. Aunque dos nombres en especial se habían hecho muy comunes últimamente.

— Kacchan y Todoroki, nuevos nombres que debo poner en mi cuaderno de sueños.

Al despertar de un sueño o tener un recuerdo fugaz, de inmediato los apuntaba en su libreta azul, la cual ya estaba por acabarse, aunque tenía un cuaderno extra.

— Si tan solo los tuviera… –Se sentía deprimido, le encantaba tomar apuntes de todo lo que sus ojos podían ver, de las pequeñas aventuras que por infortunios de la vida terminaba implicado, y si le era posible dibujaba los hermosos paisajes que podía vislumbrar. Lamentablemente al no tenerlas en sus manos, todas esas bellezas de la naturaleza no tendrían un recuerdo honorífico en su libreta, sino en su memoria que con el tiempo terminaría olvidándolas– Cuando tenga mi cuaderno, las describiré y narrare exactamente como eran y si quedan incompletas, iré personalmente a verlas de nuevo –Su determinación era increíble, aunque a veces era pesimista, quería ver el lado bueno y tan solo alentándose así mismo lo lograría.

Siguió caminando, mientras murmuraba describiendo todo lo que había experimentado hasta el momento.

No se había percatado de que alguien estaba siguiéndolo, recogiendo las piedras dejadas en las raíces el árbol, guardándolas en su pequeña mochila amarilla. Sigiloso, lo seguía a cierta distancia trepando por los árboles, aunque en un principio no fue de su interés por tener de compañía a un dragón, el pequeño objeto brillante en su pechera llamo su atención, el cual se encontraba a la altura de su corazón y aunque esperaba que no estuviese dentro, porque tendría que abrirle el tórax y eso era algo que no le gustaba hacer, la idea de llevar aquel objeto a su amo, lo motivaba a cometer un asesinato si fuera posible.

— Pronto será mío.

Mientras lo seguía, creo un plan que llevaría a cabo esa misma noche, cuando todos durmieran.

El sol estaba posicionándose en lo más alto, avisando que pronto sería medio día y de paso, advirtiendo la fuerte ola de calor que comenzaría.

Izuku estaba de vuelta, trayendo consigo un gran bulto verde que cubría la mitad de su cuerpo, sudaba exageradamente y los brazos le dolían, aunque no por lo que cargaba, si no por lo tedioso que había sido tener que subir varios árboles para poder obtener lo que necesitaba. Pero no podía quejarse, todo eso era para ayudar al dragón que aún recordando sus heridas le seguían estrujando el corazón. Y hablando de él, no lo veía por ningún lado.

— ¡Dragón! –Llamó, se sentía extraño el llamarlo así, preguntándose si tal vez tenía un nombre, aunque los dragones eran más conocidos por sus distintas razas, las cuales variaban en gran número, jamás leyó en un libro que uno tuviese nombre propio– Aunque podría-

Fuertes rugidos es escucharon en todo el bosque, que lo hicieron saltar espantado.

Desorientado miró a todos lados, tratando de encontrar al causante de tan ferviente sonido, pero de inmediato vino a su mente el dragón que lo hizo correr desesperado para encontrarlo. Tan solo pensar que estuviese siendo maltratado lo llenaba de ira e impotencia, comprimiendo su corazón haciéndolo temblar, llenando su mente de imágenes pasadas donde fue un cobarde, los alaridos de dolor de aquellos animales que murieron por su debilidad, sus ojos asustados al saber lo que pronto seria de ellos, la sangre que derramaban sus cuerpos y la sonrisa del hombre que hacía a cada golpe, todos esos sucesos eran un trauma de su niñez, los cuales jamás olvidaría.

Los rugidos comenzaron hacerse más fuertes y feroces, haciéndolo acelerar, no sabía a donde iba y mucho menos de donde provenían, pero por los rugidos sentía que estaba cerca al hacerse más nítidos. Pero mientras más se acercaba, estos se duplicaban, y uno de ellos era más roncos. Por su mente paso la idea de que tal vez estuviese luchando con otro dragón, lo cual hizo que se detuviera.

¿Qué podría hacer él en una pelea de criaturas colosales?

Era un humano, sin ningún poder y enano, solo sería un estorbo.

Un agudo lamento lo hizo seguir avanzando, lento, mientras la imagen que él ya se imaginaba se hacía más notoria, hasta que los vio.

Era una enorme criatura que duplicaba en tamaño al dragón, con dos gruesos cuernos del tamaño de su bestial cabeza, sus brazos y piernas eran exageradamente grandes, corpulento, con un colmillo sobresaliente de su hocico, su cuerpo era cubierto por gruesas armaduras negras brillantes y a los extremos de su hombro tenía… cabezas de dragón.

La angustia se apodero de él y corrió, sin ningún plan en mente, siendo impulsado con el propósito de salvarlo, aunque lo sintiera demasiado tarde por la gran lejanía entre ellos, los cuales se encontraba en el medio de un área despojada de árboles con algunos partidos y aplastados, pero eso no era lo que importaba, sino de cómo el dragón trataba de quitarse las cadenas que rodeaban su cuello y que poco a poco envolvían su cuerpo, inmovilizándolo, las enormes heridas que tenía por la afilada espada y el estar envuelto en sangre. La enorme bestia estaba en su encima con una espada levantada en dirección hacia su cabeza y eso era lo que quería evitar que lo apuñalara.

— ¡DÉJALO! –Un grito lleno de miedo y desesperación, intentaba al menos ser escuchado y detener lo que pronto se cometería, sin embargo, ninguno lo escucho, por los alaridos de dolor que emitía el dragón al tratar de quitárselo encima. Desesperado busco a su alrededor enormes piedras que pudiese levantar y lanzarlas, pero encontró uno que lo harían sin duda notar, un enorme tronco.

Con mucho esfuerzo logro levantarlo y lanzarlo hacia el dragón, aunque lo lamentara era la única forma de que lo notasen, a lo cual acertó. La enorme bestia giro hacia él y aunque en ese momento sintió su cuerpo desfallecer por tan inmensa presión que emanaba, el ver al dragón indefenso lo desesperaba más.

— ¡Suéltalo! –Ordeno titubeante, aunque quería decir más, las palabras no salían, aun así no se amilano y mantuvo su mirada en él.

La enorme bestia lo vio unos segundos y luego volteo a ver al dragón, comenzando a reír.

— JAJAJAJA –Una ronca estruendosa risa envolvió el lugar, espantando a las aves que se encontraban a cinco metros del conflicto, haciendo a Izuku taparse los oídos– Que sorpresa, no me imaginaba verte sometido a un jinete, Riot.

El dragón gruño intentando acercarse para morderlo, aunque su hocico estuviese envuelto por las cadenas, siguió intentándolo mientras las cadenas, si mal no veía, se estaban fundiendo en su piel. La inmensa bestia que se encontraba sentado cobre el dragón, se levantó, poniéndose a un lado, acuclillado.

— ¿Quién eres niño? –Preguntó, inspeccionándolo– No recuerdo haber visto humanos en estos territorios desolados –Izuku lo vio aterrado, el tener que escuchar a tan corpulento monstruo se le hacía imposible de creer y más aún, el que le hablase.

No es que no quisiera contestar, pero su garganta no reaccionaba, tenía los ojos abiertos que seguían inspeccionando al monstruo. Su piel era de un tono verde oscuro, casi putrefacto, enormes ojos con las pupilas rasgadas y con un símbolo en la frente, la cual había visto anteriormente en sus innumerables sueños.

Alas de un dragón rodeando a una luna creciente, la cual tenía dentro una estrella, debajo caían tres cadenas y encima de todo eso, estaba la cabeza de un dragón.

El golpe de la espada clavándose en la tierra, lo despertó de sus pensamientos.

— ¿Eres sordo?

— Soy un viajero –Contesto en un susurro.

— ¿Qué? Habla más fuerte, maldición. –Regaño impaciente.

— ¡SOY UN VIAJERO! –Gritó.

— ¿Viajero? –Repitió, tratando de recordar donde lo había oído antes.

Izuku se quedó observándolo unos segundos y despertó al darse cuenta que la enorme bestia se encontraba distraída, aprovechando aquello, avanzo hacia el dragón quien lo observaba, tenía la intención de sacar las cadenas que lo mantenían quieto, pero al estar cerca se dio cuenta de las gigantescas que eran, por lo que eran imposibles que él las sacara.

Desesperado intento buscar de alguna otra forma poder liberarlo, pero las posibilidades que habían, no eran adecuadas o no estaban a su alcance. Volteo a ver a la bestia esperanzado de que aun siguiera sumido en sus pensamientos, pero tembló al verse observado, haciéndolo entrar en pánico y más aún, el verse indefenso al no tener su espada, ni su bolso, nada con lo que pudiese defenderse, sintiéndose perdido.

— Ya recuerdo –Hablo calmado con su voz rasposa– Hubo una aldea que fue quemada hace más de un mes a unos cincuenta kilómetros de aquí ¿Eres de ahí cierto? –Izuku se quedó helado, el mencionar a su aldea era saber que aquella bestia era uno de ellos– Tu rostro me dice que estoy en lo cierto –Suspiro pesado, mirando el cielo– Si el amo se entera que hubo un sobreviviente, se enojara –Izuku lo veía aterrado y la enorme bestia bajo su cabeza a verlo– Y si sabe que lo deje vivo, aún más –Con esas últimas palabras volvió a la realidad y viéndolo aún peor que antes, la mezcla de miedo e ira lo envolvían, peleando entre ellas por ser la primera en dominar– Bien chico, debo irme, así que coopera.

La inmensa bestia camino hacia él y a Izuku le temblaron las piernas, cayendo al suelo sentado, haciendo que el enorme monstruo hiciera un bufido de burla, lo cual acrecentó miedo. No hacía falta que caminara, Izuku se encontraba al costado del dragón quien gruñía feroz y lo miraba amenazante.

— No entiendo que lograrás defendiéndolo, Riot. —Levanto su espada en dirección hacia Izuku, la cual caería en picada sobre él– Si fuiste tú, el que quemó la aldea matando a los inocentes que habían quedado. –Sonrió, soltando la espada.

Salió volando a pocos centímetros de él, rozándolo, siendo salvado por la ala del dragón que desvió la espada haciéndolo volar hacia los árboles. Izuku volteó a verlo, se había quitado las cadenas que envolvían su ala y patas delanteras, por lo que pudo alejarse del monstruo. Al verlo correr, hizo lo mismo quedándose juntos viendo a la bestia desde cierta distancia. Sin embargo, la mirada sonriente de aquel horrible ser, lo hizo temblar, levanto su brazo haciendo que la espada volviera a su mano, como si fueran dos imanes.

— Niño, ese dragón es un rufián –Menciono señalándolo– Apuesto a que ya te a robo tus pertenencias ¿No es así? –Se quedó mudo ante lo dicho, estaba en lo cierto– No te hagas ilusiones, Riot nos pertenece, vivo o muerto me lo llevaré y tú, serás el muerto.

Un escalofrió recorrió su cuerpo y más aún, el ver al dragón correr hacia la bestia, tumbándola.

— ¡Ya hemos hecho esto antes RIOT! –Una de sus manos logro liberarse, agarrándolo del cuello comenzando ahorcarlo– En unos segundos volverás a estar encadenado y esta vez sí, entraras al hoyo.

Volteó al dragón posicionándose sobre él, las cadenas que estaban al lado de Izuku se movieron magnéticas hacia la bestia, y eso lo alarmo, sería el fin del dragón si las cadenas llegaban hacia sus manos, porque ya no podría liberarse. Podía escucharlo rugir y dar agudos lamentos, las enormes heridas que tenía en el cuerpo estaban abriéndose, derramando sangre por todo el lugar, haciéndolo exasperarse.

¿QUÉ PODÍA HACER?

No tenía ningún poder ni arma con la cual pudiese distraerlo, era un humano que al lado de aquellas bestiales criaturas tendría el tamaño de un insecto, sus golpes no harían ningún efecto y lo que más le dolía, era que el dragón lo protegiese, aun con todas las heridas que tenía en el cuerpo y el de estar inmovilizado, se paraba frente a él, protegiéndolo. No quería eso, no quería volver al pasado en el que su líder lo protegió de la misma manera y por su cobardía, termino crucificado en medio de la plaza, no quería repetir lo mismo con el dragón, una criatura que en un principio lo asusto, pero que había estado cuidándolo y salvándolo, mientras que él solo se dedicaba a quejarse de la mala suerte que tenía, aquel inmenso ser de buen corazón que en esos momentos estaba luchando por la vida de él y la suya.

— ¡Quiero ser fuerte! –Gritó irritado, tumbándose al suelo de rodillas, cubriéndose la cabeza con sus brazos mientras intentaba reprimir las lágrimas que intentaban salir– ¡Quiero proteger a alguien una vez en mi vida!

El dragón seguía luchando defendiéndose como podía con sus patas, las cuales no hacían ningún efecto tan solo el de bloquear algunos golpes que inundaban su cuerpo, a veces perdía el sentido y los golpes lo hacían reaccionar, estaba perdiendo y pronto iba a caer.

"Izuku"

Una voz en su cabeza lo llamo.

"Izuku, escúchame"

— Te oigo –Dijo inconsciente, con los ojos abiertos atónito.

"Corre hacia el dragón"

— ¿Qué? –Pregunto incrédulo, levantando el rostro y viendo las cadenas llegar hacia la bestia que comenzaba a envolverlas en el dragón.

"Tócalo y cree en él"

— No te entiendo

"La magia fluirá, solo debes creer en que todo saldrá bien"

— Eres solo una voz en mi cabeza ¿Cómo puedo creer en ti?

"No soy un recuerdo, soy tú y a la vez la persona que te salvó, soy-"

Ya no pudo escuchar más y corrió hacia el dragón que estaba totalmente encadenado, los rugidos que hacía lo ensordecían mientras más se acercaba, pero no lo detendrían, si aquella voz decía la verdad, no moriría, pero magia era lo que él no creía, porque jamás vio una en su vida.

"Tienes a un dragón y a un monstruo frente a ti ¿Qué más pruebas quieres?"

— ¡Una que me diga quién soy! –Gritó, angustiado.

"Eres fuerte Izuku"

— ¡Qué me diga quién era antes de los diez años!

"La fuerza reside en tu corazón"

— ¡Qué me diga si tuve una familia!

"Te quiero, mi pequeño Izuku"

— ¡Ya no quiero estar solo!

"Libera al dragón que llevas dentro, Midoriya Izuku"

Cuando tocó al dragón, todo se hizo liviano volviendo su alrededor blanco, dejando de oír y sentir, de ver y oler, aunque solo duro unos segundos que luego se hicieron pesados, haciendo su cuerpo sentirse cansado, a sus ojos cerrarse haciendo que el sueño lo adormeciese, hacían a Izuku perder el conocimiento, pero un empujón en su hombro lo despertó volviéndolo a la realidad.

El dragón estaba a su lado de pie mirando adelante, sin las cadenas las cuales se encontraban en el suelo, carbonizadas. Izuku cayó al suelo de rodillas, respirando agitado y con el cuerpo temblándole, un temblor que lo hacía desfallecer, pero que por la cola del dragón moviéndolo, aún se mantenía consciente.

La bestia se encontraba parada frente a ellos con la mitad del cuerpo quemado.

— ¡Debe ser una maldita broma! –Bramo, enojado– ¿Un maldito humano con poderes? ¿! Acaso eres de Gondra!? –Izuku no podía hablar, pero la apariencia de aquel monstruo lo dejo atónito ¿Quién lo había dejado así?– ¡Responde, maldición!

Lleno de ira, corrió hacia ellos con la espada levantada, Izuku no podía moverse, su cuerpo no le respondía, por lo que no podría esquivarlos, sin embargo, el dragón se interpuso entre ellos recibiendo todo el impacto.

— ¡Maldita sea Riot! ¡Muévete! –La espada había caído a un lado, por lo que comenzó a golpear al dragón con los puños, el cual se defendía con las patas tratando de alejarlo, pero no pudo esquivar un puñete que fue directo a la mandíbula, dejándolo mareado.

Izuku se alarmó.

— Dr-a-gon –Ni siquiera podía reconocer su voz, era pesada y ardía solamente intentar mencionar algo.

— Uno menos –Se levantó, agarrando la espada y se acercándose a Izuku– Y pronto serán, un muerto y un herido.

Pero antes de alzar la espada, el dragón se lanzó sobre la bestia mordiéndole el rostro, haciéndolo gritar desesperado. Desde la posición de Izuku, podía ver cómo un lobo sin raciocinio mordía a su rival, era así como veía al dragón en esos momentos, sus ojos estaban dilatados y no mostraban señales de estar consciente, temía que entrase en un estado agresivo y que no pudiese reconocerlo.

La inmensa bestia con dificultad se lo quitó de encima lanzándolo a un lado, sin embargo este volvió a pararse enseguida y lo mordió en el brazo, los fuertes rugidos de dolor se escuchaban por todo el bosque, ensordeciendo a Izuku. Líquido azul espeso comenzaba a caer en la tierra, evaporándose al instante, aunque eso no sucedía en el cuerpo de la bestia, a quien desesperada con una mano abrió un portal negro giratorio, en el que poco a poco comenzaba a meterse.

Izuku se dio cuenta que si el dragón no lo soltaba, se iría con él, por lo que aún si su cuerpo no le respondiera correctamente y su voz le doliese tan solo hacer un breve sonido agudo, lo haría para salvarlo.

— Dra-gon –Lágrimas comenzaron a caer por el insoportable dolor y la angustia de saber qué podrían llevárselo– Dragón... –La impotencia en su pecho se acrecentó y más aún cuando lo vio siendo envuelto por aquel agujero negro– ¡DRAGÓN! –Gritó, cerrando los ojos.

Al instante volvió abrirlos, pero fue sorprendido al ver la enorme espada dirigirse hacia el y supo que sería su fin, cerró los ojos esperando el golpe.

Que jamás llegó.

Contraído, abrió los ojos con lentitud mirando adelante, encontrándose con un enorme campo destruido, árboles partidos y destrozados, mientras buscaba inquieto a la enorme bestia, pero no la encontró y menos el agujero, todo se había ido, menos el dragón quien estaba tumbado en el suelo sobre un gran charco de sangre.

Hubo un silencio angustiante.

Aún con el cuerpo sin responderle adecuadamente intento levantarse, pero no lo lograba, aun así no desistió, el miedo de saber que estaba muerto y el no escucharlo respirar, eran el impulso suficiente que lo hacía levantarse.

Pero al escuchar los lamentos de dolor del dragón, lo hizo desistir, decidiendo tirar su cuerpo al suelo y comenzar arrastrarse.

Gimoteos roncos salían de aquel hocico y eso hacía a Izuku llorar, le dolía verlo y escucharlo sufrir, lo había salvado haciendo que la espada lo cortara, la sangre a su alrededor, por el cual se puso encima para hacer más rápida su llegada, acrecentaba, temía de que pudiese tener alguna hemorragia y eso solo le darían minutos que lo mantendrían con vida.

Cuando llego a su cabeza tocó su mandíbula, la cual estaba entreabierta por donde los lamentos de dolor salían, sus ojos estaban entreabiertos por donde gruesas lágrimas brotaban.

— No mueras –Su voz estaba quebrada por el llanto que envolvía su ser, el corazón le dolía y el temblor en su cuerpo lo hacía desesperarse– Por favor, no mueras –Su voz se hizo aguda, quebrándose en un llanto angustiante, mientras maldecía su debilidad, porque lo único a su alcance era el de acompañarlo en su sufrimiento– Ya no quiero que más personas mueran por mi culpa –Oculto su rostro con su brazo, mientras duros lamentos salían ahogadas.

El dragón al verlo en ese estado movió su hocico hacia su brazo, apartándolo de su rostro, Izuku lo vio angustiado con el semblante empapado en lágrimas, el dragón no quería verlo así por lo que pasó su enorme lengua por todo su rostro, intentando limpiarlas. Se miraron unos segundos que hicieron a Izuku expresar un pequeña sonrisa, cuando le dio una mirada tierna, quería pensar que todo estaba bien y que nada malo iba a pasar, pero al ver la cabeza del dragón con los ojos cerrados, lo altero imaginándose lo peor.

— ¿Dragón? –Preguntó angustiado, pero al no ver respuesta gritó desesperado– ¡DRAGÓN!

Una repentina luz lo cegó, la cual envolvió todo el cuerpo del dragón, votando destellos brillantes que se evaporaban al instante. Unos segundos estuvo así que luego comenzó a disminuir.

— No –Izuku estaba confundido, el ver disminuir su tamaño no lo hacía pensar otra cosa que el de estar desapareciendo– ¡No puedes irte!

La silueta fue disminuyendo hasta terminar en un fuerte destello que lo cegó unos segundos, cuando pudo ver con claridad, el dragón como la enorme cantidad de sangre, ya no estaban, en su lugar quedó una tela roja con franjas negras curvilíneas.

Se levantó a duras penas y camino a paso lento hacia la tela, al llegar a ella se arrodilló dudando en tocarla, a su mente vinieron imágenes de aquel increíble dragón, aunque solo fueran unos días que lo conoció, hoy había demostrado lo valiente que era y lo equivocado que estaba al pensar en él como un estorbo.

— Perdón… –Se tapó los ojos con sus manos, tratando de detener el llanto doloroso que comenzaba a oprimirle el pecho.

Agarro la tela levantándola, pero un peso obstruyo su acción. Hizo a un lado el borde de la tela que sostenía y comenzó a desenvolver lo que había dentro, ahogando un grito de sorpresa.

Era el dragón, pero pequeño.

Aunque seguía con las mismas heridas y sin un ala, el corte en su pecho aún seguía sangrando. Su respiración era lenta, dormía aunque esperaba que no estuviese en coma, porque no habría forma de que hiciese algo, aun así haría lo imposible para salvarlo.

Lo sostuvo en brazos con la tela roja envolviéndolo y camino rápido hacia la laguna, donde había dejado las plantas medicinales.

Estaba determinado.

Lo curaría.

Lo abrigaría, sin soltarlo nunca.

Lo protegería con su vida, como el hizo con la suya.

Y si le era posible, estaría junto a él, siempre…