Bealcaru: Historia Original (Facebook: bealcaru/)

Kohei Horikoshi: Mangaka a quien le pertenece los personajes de Boku No Hero Academia, utilizadas en esta historia.

Dragon-Slayer-Del-Arcoiris: Jajaja perdón! Me di cuenta al rato que los guiones no estaban, una disculpa por eso. Gracias por leer! :D

GM10: Me da gusto que te guste la historia! Y si, la historia está basada en el segundo ending de la 2 temp. pero con algunos cambios. Oh Harry Potter! He visto sus películas, pero fue hace tanto tiempo que ni las recuerdo :( Gracias por Leer!


EL ENANO DEL BOSQUE

Tres días

Tres angustiantes días que no pudo pegar un ojo, siempre estando alerta de algún sonido a su alrededor y a los quejidos poco audibles que hacia el dragón, no sabía si dormía o estaba en coma, a veces su respiración se aceleraba haciéndolo exasperarse por su poco conocimiento en asuntos médicos. Hizo todo lo que pudo a su alcance, ahora solo le quedaba esperar a que despertara y sentía que eso ocurriría pronto, solo debía tener fe.

Se encontraba sentado con el dragón envuelto en la tela roja sobre su regazo, al pie de un árbol junto a un río donde los peces, para su buena suerte, abundaban. No era el mejor sitio para descansar y mucho menos para refugiarse, pero estaba agotado, había estado buscando sin descanso por dos días y ningún lugar lo había convencido. Había intentado subir la cueva por donde había caído, era empinada y aunque podría lograrlo, debía dejar al dragón y subir solo, cosa que no iba hacer. Entonces decidió buscar otra entrada, pero por más que hubiese rodeado la montaña no encontraba nada.

Las estrellas brillaban parpadeantes como si en cualquier momento fueran apagarse, el cielo estaba oscuro y la luna estaba ausente esa noche, el viento era suave por la temporada en la que se encontraban, primavera, aunque a comparación con el verano, el calor había disminuido, pero no dejando de ser insoportable.

Ese día aprovecho para lavar su ropa y de paso bañarse, también logró capturar unos peces y por fin comer algo que lo hiciera sentirse lleno después de semanas. Le preocupaba el dragón por no saber cómo alimentarlo en su estado, a veces le daba agua con el temor de que pudiese ahogarse, pero por fortuna nada de eso paso, hace unas horas le dio pescado molido, pero no lo digirió. Le dolía escucharlo hacer pequeños lamentos, el que no se moviera y las heridas sangrasen, lo asustaban, pero más el que no entendiese porque aún no sanaban.

— Magia –Susurro, recostando su cabeza en el tronco mirando las hojas del árbol, recordando el terrible suceso de hace días.

No entendía nada.

Tenía tantas preguntas y ninguna respuesta.

¿Qué era esa bestial criatura?

Aunque monstruo le quedaba perfecto.

¿Porque mencionó a su aldea?

Cuando no tenía ninguna similitud con los atacantes.

¿Qué quería del dragón?

Parecían conocerse, le hablaba con tanta familiaridad y lo llamaba por su nombre.

— Riot –Menciono, mientras veía al dragón durmiendo plácidamente en su regazo– ¿Quién eres?

Una pregunta que se hacia todos los días y en sus sueños le preguntaban, siempre haciéndolo sentirse vacío de no saber quién era realmente, no era algo que deseara que otros sintieran, era aterrador levantarse cada mañana y no ver a las personas ni escuchar las voces que en sus sueños le hablaban con tanta familiaridad, aquella protección que venía de ellas y al abrir los ojos se desvanecían volviéndolo a la realidad, odiaba sentir aquello y odiaba más, no saber el porqué.

El dragón sabía quién era y se conocía perfectamente, eso le alegraba, pero le dolía no saber nada de él.

— ¿Porque te quería llevar? –Preguntó, acariciando su cabeza– Él hablaba como si fueras algo importante y a la vez te lastimaba –Decía culposo por no haber hecho nada y solo dedicarse a gritar clemencia, era débil y eso debilitaba su alma, aquella determinación que día a día luchaba por mantenerla.

Con las yemas de sus dedos delineo cada faz de su dura piel escamosa, pasando por los pelos blancos que iban desde el inicio de su hocico y se perdían entre las espinas en toda su columna hasta la cola, por los enormes cuernos rojos y sus ojos que no habrían aún, aquellos iris heterocromaticos que destellaban una fuerte mirada, aunque deseaba más verlo inclinar su cabeza a cada lado, una acción que le parecía tierna, pero que destruía toda imagen terrorífica que debía dar una criatura como él.

— Cuando despiertes, habrá mucha comida, tanta que no podrás ni caminar –Decía divertido, mientras cubría más al dragón.

Acomodó su espalda contra el árbol como todas las noches lo hacía, atrayendo más al dragón contra su pecho y de paso, abrigarse un poco con la tela roja cubriéndolo a los dos. Tenía tantas preguntas de ese paño que si se ponía a divagar, no encontraría ninguna una respuesta. Miro el estrellado cielo nocturno y cerró los ojos, pensando en lo que mañana debería hacer para seguir, no, para que siguieran sobreviviendo.

.

¡No quiero!

Entiende por favor, debes ir –Rogó la mujer a su delante.

¿Por qué me quieres alejar de tu lado? –El pequeño llanto se intensifico inundando toda la habitación de gimoteos agudos y espesos.

Izuku –La voz lastimera de la pequeña mujer se quebró, abrazando al niño que gritaba desconsolado– Te quiero, pero debes comprender.

¡NO! –Gritó, amargo y afligido por las palabras que atravesaban su corazón.

Gritos desconsolados, lagrimas espesas que no dejaban ver con totalidad lo que tenía frente a él, nublando todo su alrededor, aunque fuese solo un espectador podía sentir el dolor por el que estaba pasando su yo de aquel tiempo, su yo de cuando era niño y el que deseaba recordar.

Izuku era consciente en su sueño, no siempre pasaba, pero cuando sucedía disfrutaba de aquellos tiempos que su mente no recordaba.

Señora Midoriya –Llamo una voz gruesa– Debemos llevárnoslo.

¡Mama por favor, no quiero! –Imploro.

Izuku entiende que-

¡NO SIN TI! –Gritó desesperado– ¡NO QUIERO IRME SIN TI!

Comenzó a correr hasta llegar a una habitación, se tumbó en la cama y se tapó todo el cuerpo con la frazada, quedándose en posición de feto mientras temblaba por el llanto.

No me importa si eres un rey –Susurró– No me alejaras de mamá.

Era la primera vez en sus sueños que le decían tener una familia, aunque desearía sentirse feliz, no podía, su yo de niño lloraba porque sería alejado de su madre. ¿Pero porque?

Izuku –El toque en su hombro lo hizo estremecerse– Se hace tarde, debes irte –Podía escuchar a la mujer, quien era su madre, arrastrar las palabras con impotencia intentando no llorar.

Mamá –Su voz era poco audible y los gimoteos en su garganta no le dejaban hablar, podía escuchar los pensamientos que tenía su yo de niño, eran tantos debatiéndose en preguntar si debía decirlo, ya que la respuesta podría romper su pequeño corazón– ¿Me quieres? –Él se decía así mismo saber la respuesta, pero no quería oírlo de aquella voz que tanto amaba.

Te amo –Su voz se quebró llorando amargamente– Y porque te amo…

Cállate –Se tapó los oídos para no escuchar lo último que haría su alma destrozarse.

Debo dejarte ir, mi pequeño Izuku.

.

— Mamá

— Oye ¿Te encuentras bien?

Abrió los ojos despacio mientras fruncía el ceño por la luz en su rostro, aunque todo estaba borroso y no podía distinguir nada, una gran mancha morada se posó frente a él obstruyéndole la luz solar. La cual poco a poco se fue haciendo visible, hasta tomar forma de una uva con grande ojos.

— ¿Quién eres? –Dijo soñoliento.

— Un explorador –Contesto, poniendo su mano a la altura de su rostro haciendo movimientos circulares– Tu rostro esta todo empapado, límpiate.

— ¿Ah? –Confundido, tocó su mejilla derecha sorprendiéndose por lo húmedo que estaba, la deslizó hasta su lagrimal y confirmo lo que era– Son lágrimas.

— Si, bueno –La persona frente a él a la cual ahora podía ver con más detalle, se encontraba de cabeza a la altura de la suya y parecía estar sonriendo– Eran lágrimas antes de que el agua cayera sobre ti Jajaja –Rio nervioso.

— ¿Qué? –Sorprendido, toco su rostro y cabello confirmando lo mojado que estaba, iba a increparle, pero en menos de un segundo que parpadeo aquel sujeto había desaparecido.

Al instante recordó al dragón, el cual estaba totalmente mojado y con la tela húmeda al igual que su ropa. Busco por todos lados, pero no lo encontraba, hasta que escucho la rama del árbol sobre su cabeza crujir, miro hacia arriba y ahí lo encontró, saltando sobre la rama para que cayese sobre él. No dudo ni un segundo y se lanzó hacia adelante cubriendo al dragón con su cuerpo, felizmente la rama no lo toco.

— ¡No lo hagas más difícil y deja que te habrá el tórax! –Grito el pequeño hombrecito sobre la rama de un árbol a su lado.

— ¡¿Qué?! –Grito desconcertado, Izuku intento levantarse, pero el peso del dragón en sus brazos se lo impidió.

— Sera rápido, lo prometo –Su voz era amistosa, pero sus intenciones todo lo contrario. Bajo del árbol y camino hacia Izuku, mientras sacaba un pequeño cuchillo de su cinturón amarillo– No dolerá.

¿De que hablaba ese tipo?

No entendía nada de lo que decía y el que se acercara de una manera amenazadora no le causaba miedo, sino gracia, pero tampoco podía decir que no sentía algo preocupación, ya que el tener un cuchillo lo dejaba desprotegido y más aún, el tener al dragón durmiendo.

Fue tan rápido y sigiloso que ni se dio cuenta, el enano estaba a su lado y en menos de un segundo lo ataco, viendo por el rabillo del ojo como en milésimas de segundos el cuchillo iba directo hacia su cabeza, afortunadamente lo bloqueo a tiempo y no le sorprendía aquella repentina acción de su cuerpo. Tal parecía que su cuerpo recordaba técnicas de combate y defensa de aquello años olvidados, mentiría si dijera que en un principio no se asustó, pero el que pudiera defenderse por los ataques de algunos niños en la aldea, lo ayudaban bastante a protegerse así mismo, pero no podía confiarse, el que su cuerpo lo recordara no le decía lo mismo que su mente, ya que está a veces lo traicionaba.

Un puño izquierdo iba directo hacia su quijada, deteniéndolo con su mano. No iba a lastimarlo, esperaría a que se tranquilizara y luego trataría de hablar, sin embargo, el ceño fruncido en el rostro del enano morado lo distrajo, no viendo venir el cabezazo que se estampo en su nariz, tumbándolo al suelo.

Se tapó el rostro con sus manos haciendo pequeños quejidos de dolor, lo había dejado casi inconsciente, pero no lo suficiente para no sentir al enano sentarse en su estómago y comenzar a decir unas palabras inatendibles.

— ¿Qué… es lo que… qui-er-es? –Intento preguntar con la voz entrecortado, pero ni siquiera él mismo pudo entenderlo, para su buena suerte la persona a su delante había dejado de hablar.

— Cállate, me desconcentras – Regaño. Por una abertura de sus dedos, pudo ver al enano con el rostro contraído y los brazos alzados sobre su cabeza sosteniendo con fuerza un cuchillo, podía sentirlo temblar– Maldición… – Resignado, bajo sus brazos soltando el cuchillo, el cual callo rodando en el suelo– No puedo hacerlo –Bajo de su estómago y se sentó a su lado suspirando sonoramente– No es nada fácil hacer esto –Decepcionado, oculto su rostro entre sus manos susurrando cosas inaudibles.

Izuku se preguntaba que era todo lo que estaba pasando en esos momentos, recapitulando todo lo que le estaba sucediendo desde que se encontró con el dragón, al cual lo tenía a unos centímetros de distancia y de un gran reducido tamaño, sus pertenencias perdidas y a un enano llorando a lado.

Saco sus manos de su rostro y vio la luz del sol alumbrar las hojas de los árboles, aún era temprano, la hora perfecta en la que el sol iluminaba todo con una suave luz, haciendo que los colores de la naturaleza se vieran finos y vivos, lo cual lo hacían madrugar todos los días y ver al sol salir de entre las montañas, iluminando su ser, haciéndolo sentir vivo.

- ¡Que voy hacer! –Grito desesperado el enano a su lado.

- ¿Qué te sucede? –Aturdido, Izuku le pregunto mientras trataba de sentarse y verificar si salía sangre de su nariz que para buena suerte no hubo ni una gota.

El pequeño hombrecito de traje morado lo vio incrédulo, como si Izuku supiera por lo que estaba pasando y no era lo de menos, en su rostro se reflejaba lo aterrado que estaba.

— ¡Todo esto es tu culpa! –Gritó colérico, avanzando hacia Izuku y agarrándolo del chaleco, comenzando a zarandearlo– ¡Si tan solo no tuvieras esa piedra en tu pecho… No tendría porque asesinarte!

Se quedó pasmado, no pudiendo creer lo que aquel enano le estaba diciendo.

¿Culpable? ¿Piedra?

— ¿De que estas hablando? –Pregunto turbado.

— ¡¿Te estas burlando de mí? ¿Crees que esto es una broma?! – Sus ojos se agrandaban a cada palabra que decía y su voz era una mezcla de ira y lamento– ¡Desgraciado! –Su voz se rasgaba a cada grito que hacía por la fuerza en su garganta para no explotar en llanto– ¡Si no le llevo esa piedra a mi amo, me matara! –Podía ver lo acongojado y desesperado que estaba– Estoy acabado –Derrotado, se bajo de su encima y camino hacia una mochila amarilla que le duplicaba en tamaño– Moriré sin haber tocado unos pechos reales –Se acuclillo ocultando su rostro entre sus brazos.

Quería ayudarlo, pero no entendía nada de lo que decía, primero el de echarle la culpa y segundo, el de tener una piedra en su pecho. Se quedó quieto unos segundos tratando de recordar algo que juraba tenía algo de relación a lo que aquel enano decía, tenía que ver con la cueva y algo brillante, frunció el ceño a mas no poder tratando de recordarlo, pero no logro nada, aun así no desistió y comenzó a dar pequeños toques en todo su torso, pero no sintió nada a excepción del bolsillo en su chaleco, metiendo su mano y sacando una pequeña bolita del tamaño de un cerezo, la cual brillaba en distintas tonalidades.

— Increíble –Decía hipnotizado.

Eso llamo la atención del enano, alzando su cabeza y quedando estupefacto a lo que sus ojos veían.

— Eso es- –Ni siquiera término la pregunta y corrió hacia Izuku, sosteniendo su mano y vislumbrando la pequeña piedra en sus dedos– Es hermosa –Susurro vislumbrado.

Izuku también se quedó impregnado ante tan bella piedra, era muy hipnotizante y atraía a cualquier ser vivo sin interés.

— Las mujeres me amaran con esto –Dicho eso, el enano se lo arrebato de la mano agarrándolo con fuerza y corriendo hacia su mochila.

— ¡Oye!

— ¡Ahora es mío! –Grito triunfal.

Izuku se quedó observándolo.

Lo primero que hizo fue agarrar su mochila y ponérselo en su espalda, volteando ver a Izuku sonriendo victorioso y luego dar un paso, quedándose estático.

La mochila era demasiado pesada como para llevarlo en su espalda.

Podía ver el esfuerzo que hacía por cargarla, el cómo plantaba un pie adelante y ejercía fuerza tratando al menos de arrastrarla unos centímetros, luego daba pequeños descansos respirando agitado y volvía a la misma acción anterior, una y otra vez durante 6 minutos. Luego lo vio caer al suelo agotado y maldiciendo en voz baja.

Izuku rio por tal escena conteniéndose una gran carcajada para no hacerlo sentir mal.

— Bastardo –Agitado pronunciaba breves palabras– Te ríes del sufrimiento ajeno.

— Perdón –Decía entre risas– Eres muy gracioso.

— ¿Te parece gracioso que vaya morir si no llevo esa piedra a mi amo?

— No sé cuál sea tu problema, pero si quieres llevártela, hazlo, no la necesito –Dijo tranquilo, mientras se acercaba al dragón y le quitaba la tela– Solo quiero que este pequeño despierte y así poder seguir mi camino.

Se sacó el chaleco comenzando a secar algunas partes húmedas donde el sol no había alumbrado, dormía tan plácidamente que le causaba envidia y a la vez le dolía no saber mucho sobre tan magnificas criaturas. En los libros que leía hablaban de su nacimiento y extinción de hace un siglo, no había mucha información a excepción de unas cuantas especies que iban desde los más feroces hasta los más dóciles, además nunca llegaba a terminarlas ya que su líder al descubrirlo leyendo esos libros lo castigaba, pero aun por más regaños que recibiera no podía entenderlo, a veces creía que su líder lo protegía o no quería que supiera de algo, pero a esas alturas ese tipo de cuestionamientos ya no estaba para hacérselas.

Termino de secarlo y lo cubrió con su chaleco. Agarro la tela roja y se dirigió al pequeño rio, mientras lo lavaba veía a los peces moverse en diferentes direcciones, algunas chocaban entre si y otras se alejaban, aunque tenía la intención de agarrar unas cuantas creyó que lo mejor sería hacerlo más tarde, para comer a gusto y fresco.

Escucho pasos detrás, no volteo, sabía que era el enano yéndose a quien sabe que parte del mundo. Para él era mejor no meterse en más líos, ya suficiente tenía con el dragón y sus pertenencias que un problema más lo mandarían al borde de un acantilado.

— ¿Qué le paso?

Sorprendido, giro a ver de quien se trataba, encontrándose con el enano observando fijamente al dragón. Intuyo que tal vez se refería a las heridas y hematomas que tenía en todo el cuerpo.

— Bueno, es difícil de expli-

— No me refiero a sus heridas, sino a su tamaño ¿Por qué ahora es pequeño si antes era gigante?

Izuku se estremeció ante lo que acababa de escuchar, el que dijera que antes era gigante le decía que aquel enano ya los había encontrado anteriormente y que al parecer los había estado siguiendo, era terrorífico. Y ahora que se ponía a pensar, aquella mochila amarilla la había visto antes cuando fue a recolectar plantas medicinales.

— Es una larga historia –Dijo incomodo, sin saber cómo explicarlo realmente.

— ¿Un monstruo los ataco, no es así?

— Si –Dijo sorprendido– ¿Cómo lo sabes?

— Todos en el bosque lo saben, era imposible que nadie escuchara los rugidos que hacían –Decía como si fuera lo más obvio.

— ¿Todos? –Para Izuku fue como un balde agua fría, incrédulo a sus palabras– ¿Te refieres a que hay más personas viviendo en estas tierras?

— Por supuesto, no somos las únicas personas en este bosque.

Izuku tenía muchas preguntas por hacerle y una de ellas sería el comienzo de una extensa charla.

A veces se preguntaba porque las aves siempre cantaban en las mañanas y en el algunas excepciones por distintas razas, podía escucharlas en las noches, también le daba curiosidad el saber que habría originado que todo el bosque estuviera quemado y que grandes pisadas, las cuales ya le daban una idea de quienes serían, iban hacia el norte.

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— Capitán Iida –Un hombre de armadura plateada se paró frente a él con una postura firme– Hemos recogido todas las pruebas, el carruaje está listo para llevarlas al puerto, solo esperamos sus órdenes.

— No pensé que llegarían tan lejos –Decía a la nada. Acuclillado, tocaba la tierra húmeda de una enorme huella, analizando y pensando cual de todas las especies que conocía había sido– Esto es serio –Se levantó y camino raudo hacia carruaje, mientras el soldado a su detrás lo seguía– Procedan hacer lo que sigue –Ordenó– Avisen a los tres príncipes que Gondra está en peligro –Soltó sin rodeos, sacando un pequeño tuvo de una de las cajas de madera, poniendo dentro una porción pequeña de la tierra que hace unos instantes estuvo analizando– Y dígales que el capitán Iida se quedara por unos cuantos días más en las tierras de Shigen.

— ¿No vendrá con nosotros? –Inquieto, el caballero de armadura se acercó a él preocupado. Iida solo lo observó en silencio con una mirada que decía lo dejara proseguir– Perdón, continúe.

— Tranquilo, seré cuidadoso –Aclaro su garganta y miro al soldado de segundo rango pensando en las palabras adecuadas que debía anunciar a todos los demás soldados a su cargo– Reúne a todos, anunciare algo importante.

— ¡Si, señor!

Lo vio alejarse acercándose a cada soldado, gritando a que todos se reunieran.

— Deja de temblar –Agarro con fuerza su mano izquierda tratando de calmar sus nervios.

Si lo que estaba pensando era correcto, no todos los que vivían en Gondra morirían, sino que la isla también se iría con ellos, hundiéndose en el fondo del mar para no ver la luz jamás. Todas las hermosas tierras que tenía Gondra, los animales mitológicos, las personas que lo habitaban, los dragones quienes eran el símbolo de la isla y por los que ellos daban su vida para proteger, todo se extinguiría y él no tenía la fuerza suficiente para detenerlo– Debo ser paciente y encontrarla –Esperanzado, trato de pensar en los próximos movimientos que haría en estos días que se quedaría en estas tierras– Si ellos vinieron hasta acá es porque algo están buscando –Miro a todos lados y vio algo que al parecer todos habían dejado pasar– O algo se les ha escapado –Agarro un pedazo de piel roja escamosa del suelo, preguntándose incrédulo.

¿Qué hacia la piel de un dragón en tierras no mágicas?

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Llevaban al menos siete horas conversando e Izuku pensó que jamás pararían, tenía tantas cosas en su cabeza en ese momento procesando toda la información obtenida que no podía pensar con claridad, pero estaba satisfecho y más aún, al no sentir aquella inquietud y ansiedad por no saber nada.

Era la primera vez después de un mes y días que tenía a un humano a su lado, con el cual conversaba, reía y aunque no se comprendían del todo, si coincidían al compartir la misma pasión por la exploración. Había aprendido diferentes formas de prender una fogata y en poco tiempo, el poder de encontrar comida en los árboles de las cuales creía eran peligrosas, lugares donde podía refugiarse y armas que el mismo podía hacer por defensa. Claro estaba que todas esas cosas le habían enseñado en su aldea, pero aquel enano llamado Mineta le decía trucos que el jamás había oído, considerándolo un explorador de primera.

Su mochila amarilla, la cual parecía estar siempre llena ya que sacaba cada cierto tiempo objetos y los utilizaba para algún que otro inconveniente, pesaba toneladas. Había intentado ayudarlo, pero ni siquiera pudo despegarla del suelo. Mineta mencionó que debía deshacerse de algunas cosas y después le sería posible cargarla, por lo que se quedaron toda la mañana frente al río sacando la infinidad de materiales que llevaba y de paso aprovecharon a atrapar unos peces y almorzar.

La noche había caído y con Mineta como guía caminaban sin rumbo fijo o eso era lo que pensaba Izuku porque no lograba entender a donde lo llevaba, pero no desconfiaba, tenía a alguien que se conocía toda la zona del bosque y tan solo verlo caminar con tanta familiaridad le daban celos. Aún con todo eso en mente no podía evitar el malestar en sus músculos por el peso del dragón, al cual llevaba en su espaldar envuelto con la tela roja amarrada a su torso, y aunque fuera pequeño pesaba como si llevará un gran tronco en la espalda.

— Mineta-kun ¿Podemos parar acá? –Su pregunta parecía más un imploro que una petición.

— Está bien, iré a buscar ramas –Aviso, desapareciendo entre los árboles.

Se desplomó en el suelo sentado suspirando sonora mente, sus piernas le agradecían por tan maravilloso descanso, pero antes de echarse por completo, se deshizo del nudo en su pecho y con cuidado depósito al dragón en el suelo cubriéndolo con la tela.

Ahora si podía darse el lujo de estirarse y dormir hasta que su cuerpo recuperase las energías suficientes para seguir avanzando. Se hecho por completo en el suelo y estiro sus extremidades hasta dejarlas totalmente relajadas dando un gran bostezo, miro el cielo nocturno percatándose de verla completa después de mucho tiempo, la luna y las estrellas brillaban danzantes, expandiendo sus luces por todo el lugar alumbrando el oscuro bosque.

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Lo sabía –Menciono agarrando un piedra

¿Qué pasa Kacchan? –Izuku giro a verlo, viendo cómo se preparaba para lanzar una piedra al lago.

Nos están ocultando algo –Contesto, girando un poco su cadera alzando su brazo derecho flexionándolo– Y lo voy a descubrir– Lo lanzo con toda su fuerza, viéndola caer a unos metros de distancia y hundirse en lo más profundo del lago.

La reina se enfadara si vuelves a meterte en problemas –Advirtió, mientras recostaba su mentón sobre sus brazos.

No será ahora, idiota –Decía viendo el oscuro cielo brillar por las infinitas estrellas– Tengo un sueño y quiero cumplirlo.

¿Un sueño? –Preguntó, viéndolo avanzar hacia el lago.

Si

Lo vio sacarse su ropa, tirándola a un lado mientras se adentraba al lago. Izuku tritio por aquella acción, tan solo imaginarse sumergido en el agua en tan fría noche, lo ponía pálido.

¿No entraras? –Lo vio girarse hacia él, quedándose hipnotizado por sus brillantes iris rojos con las pupilas rasgadas, pero lo desvió al instante, negándose– No seas cobarde, nuestros cuerpos están acostumbrados a bajas temperaturas –Pero se mantuvo en su posición, encogiendo más su cuerpo contra sus rodillas– Si no entras te meteré a la fuerza.

Izuku sabía que tarde o temprano saldría y lo lanzaría al lago, pero no tenía ánimos de pelear con él, por lo que pensó en una propuesta.

Kacchan

¿Que, ya te decidiste? –Su ánimo era incontrolable, por lo que a veces era difícil decir si estaba molesto o tranquilo.

¿Cuál es tu sueño? –Preguntó, levantándose y caminando hacia el lago.

¿Por qué quieres saberlo? –Respondió con el ceño fruncido.

Curiosidad –Contesto, quitándose la ropa– Quiero saber si Kacchan tiene el mismo sueño que yo.

Dejo su ropa doblada a un lado y se metió al lago. Entro despacio mientras su cuerpo temblaba de frio, sintiendo sus pies congelarse y a su cuerpo estremecerse envolviéndolo en una corriente relajante, cerro sus ojos dejando su mente despejada y a su rostro relajado. Cuando el agua estuvo por la mitad de su cuerpo se sintió flotar, era un sensación indescriptible, pero el repentino calor en todo su cuerpo lo volvió a la realidad, mirando a Kacchan envuelto en vapor y viéndolo hipnotizado.

Izuku se puso nervioso, deteniéndose a unos centímetros a su detrás.

No es nada fuera de lo común –Mencionó, volteándose a ver el horizonte– Por instinto los dragones deseamos ser libres –Levanto su brazo con la mano abierta hacia las estrellas– Mi sueño es salir de esta jaula y explorar el mundo.

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Abrió los ojos, topándose con el cielo azul de la noche.

No sabía por cuanto tiempo había dormido, pero esperaba que no fuese mucho. Miro al dragón a su lado que seguía durmiendo y luego reviso su alrededor, sorprendido de no encontrar ninguna fogata. Inquieto, se levantó y busco por los alrededores a Mineta que al parecer aun no llegaba. Le parecía extraño que se demorará, habían ramas esparcidas por todo el bosque y por el lugar donde se encontraba.

Pensó en ir a buscarlo, pero la idea de dejar solo al dragón lo detenía, tenía miedo de que alguien pudiese atacarlo o llevárselo, se debatía entre ir a buscar al enano o quedarse a seguir esperando, aun sin saber por cuanto tiempo había dormido.

Se acercó al dragón y cubrió todo su cuerpo, no tardaría, volvería enseguida y trataría de no alejarse mucho, por la seguridad de los dos.

Chocando con varias plantas y vanos intentos de no tropezarse con las raíces de los árboles, no lograba encontrarlo. Paso por su cabeza que tal vez habría vuelto con su amo, pero había dejado su mochila o tal vez un animal lo había atacado, pero hubiera escuchado sus gritos de auxilio aunque estuviera dormido, tal vez se perdió, lo dudaba, hablaba con tanta confianza de cómo era el bosque que no habría forma de que eso pasará.

¿Entonces que era?

Escucho el sonido del río a unos metros, iba a caminar hacia allá con la esperanza de que tal vez ahí se encontrará, pero la imagen del dragón lo detuvo, ya estaba demasiado lejos y seguir alejándose más podría ponerlos en peligro a ambos, dio un paso hacia atrás, posiblemente Mineta ya debía haber vuelto y él estaba buscándolo en vano, debía volver.

Dio media vuelta, pero se detuvo al escuchar el chapoteo del agua, creyó que tal vez serían los peces, pero eran goteos tan suaves y hermosos que lo atraían a verlo. Curioso decidió ir a verificar, pensando en que tal vez aquel enano habría entrada al río y se estuviese ahogando, aunque el sonido debía ser otro. Camino rápido para volver lo más pronto con el dragón, mientras más se acercaba podía vislumbrar pequeños puntos amarillos flotar en el aire que iban de un lado a otro, ya estaba cerca, solo debía pasar un pequeño arbusto que obstruía su visión del rio, pero no se percató de una piedra, la cual lo hizo caer sobre el arbusto estampando su rostro en la tierra.

Desorientado alzó su cabeza y hubiese deseado jamás hacerlo.

Frente a él había una mujer en el agua con la mitad del cuerpo descubierto, su espalda desnuda con su largo cabello hacia adelante, viendo sus brazos moverse peinando su larga cabellera. Las luciérnagas la rodeaban alumbrando su pálido cuerpo e Izuku sintió su rostro caliente.

Vergüenza era lo que sentía en esos momentos.

Un sonido a su lado lo hizo voltear viendo a mineta hipnotizado con los ojos extremadamente abiertos y la boca entre abierta.

— Hermosa –Pronuncio tembloroso como si se estuviera conteniendo.

Su voz fue tan audible para él como para la mujer en el agua, quien volteo sorprendida, pudiendo ver sus enormes ojos negros.

— ¿Kero?