Bealcaru: Historia Original

Kohei Horikoshi: Mangaka a quien le pertenece los personajes de Boku No Hero Academia, utilizadas en esta historia.

GM10 / Dragon-Slayer-Del-Arcoiris — MUCHAS GRACIAS POR LEER!


La Hechicera I

Hoy era un nuevo día, lo había decidido desde hace dos semanas, pensándolo detenidamente y analizando cada detalle que podría arruinarlo, pero debía ser positiva, el hechizo funcionaria.

Se desplazó a cada habitación de su pequeña cabaña limpiando cada rincón, era de mal augurio empezar el día con el entorno sucio, la pulcritud era primordial para buenos resultados.

Su escoba, la cual tenía vida propia se rehusaba a seguir barriendo por el cansancio de haber sido utilizada, según ella por horas, y estaba en todo su derecho, decía ella, no había descansado desde hace tres días y si tuviera al consejo de hechiceros cerca, haría una larga lista de maltratos hacia los objetos mágicos, por el abuso de ser utilizada como esclava para beneficios propios.

Uraraka sabía por lo que estaba pensando aquel objeto rebelde, exagerando las pequeñas cosas que mandaba hacer para reducir sus quehaceres, jamás había abusado de los objetos mágicos que tenía, era demasiada compasiva con ellos y cuando creía que era suficiente trabajo, ella misma se encargaba de hacerlos, pero el de darles ese tipo de prioridades hizo que se volvieran engreídos y no obedecieran sus mandatos. Ya estaba cansada de recibir cartas del tribunal mágico por quejas de supuestos abusos domésticos, a tal punto de ser llevados a la corte, ella y su escoba, demandándose entre sí por calumnias y mentiras.

¡Todo era una exageración¡

Debía poner mano dura a esas malcriadeces, pero cuando iba hacerlo la escoba terminaba huyendo.

— Siempre haces lo mismo –Suspiró derrotada, ya hablaría con ella más tarde por ahora sería recomendable guardar energías para las próximas horas– ¡Bien, a desayunar! –Exclamó, animada.

Bajo al primer piso y camino hacia la pequeña cocina en una esquina de la cabaña de madera, pasando por la chimenea donde se encontraba su libro mágico.

— Buenos días, Obil –Saludo con una gran sonrisa al libro que se encontraba sobre la chimenea.

— Ochako –Llamó, con su tensa voz– Deberías mandar a reparar a esa escoba impertinente –Demandó, siendo envuelto por una ligera aura rojiza.

Uraraka sabía lo que eso significa, enojo. Aquella aura transparente que lo envolvía representaba su estado de ánimo y no le sorprendía, ya que al parecer había escuchado la pequeña discusión que tuvo con la escoba. Ya suficiente tenía con las peleas y discusiones que hacían al día, y no habría por qué, uno trabaja día y noche, mientras que la otra se la pasaba echada en el suelo de la terraza. Para Uraraka era mejor evitar y apaciguar esas trifulcas.

— Entiéndela, ha tenido mucho trabajo últimamente –Mencionó tranquila, retirando la tetera de la hornilla con cuidado, poniéndola a un lado y sacando las yerbas para su bebida de la mañana.

— Yo trabajo todos los días sin descansar, Ochako –Su tono de voz comenzaba a elevarse– ¡Ella solo se la pasa tirada en la azotea sin hacer nada! –Exclamó enojado.

Uraraka se quedó callada, no iba a defender lo indefendible, Obil tenía razón, pero no iba a cometer tal crimen por algo tan pequeño.

— Hablaré con ella más tarde –Sentencio seria mientras cortaba las frutas en rodajas– Ahora debo concentrarme en la magia de hoy –Anuncio alegre.

Junto y sirvió en un plato todas las frutas y junto a la tasa camino hacia el sillón, sentándose frente a la chimenea.

— Como quieras –Dijo indiferente, quedándose en silencio y viendo cómo la hechicera de ropas rosadas desayunaba alegre su primera merienda del día.

Para Uraraka la vida que llevaba era tranquila, en comparación con los años anteriores, está le ganaba por creces. Estaba feliz y quería que siempre fuera así, no tenía preocupaciones y el dinero dejo de ser una reliquia para su día a día. Trabajaba para sí misma y ayudaba a quien podía, su madre siempre le decía que ayudar a otros era la carrera más honorífica que cualquier ser humano podía tener y no tenía que estudiarlo, era un don que todos llevaban, pero que pocos lo ejercían.

— ¡OCHAKO! –La voz de Obil la hizo reaccionar espantada– ¡Niña te estoy llamando desde hace tres minutos, ya es hora, apresúrate! –Ordenó el libro mágico.

Uraraka se quedó muda viéndolo, tratando de entender a lo que se refería, pero cuando Obil estuvo a punto de volver a gritar, recordó lo que debía de hacer.

— ¡Ah, cierto! –Exclamó alarmada, levantándose y corriendo hacia el fregadero de la cocina, lavando los servicios y dejando cada uno en su lugar correspondiente– Si no llego a tiempo, Tsuyu-chan se enfadara –Nerviosa, termino de acomodarlos y corrió hacia el segundo piso donde se encontraba su habitación, agarrando su sombrero y la vara mágica de madera que por herencia su madre se lo suceso, siendo el único recuerdo que tenia de su familia.

Bajo apresurada por las escaleras cayendo en el primer escalón, levantándose enseguida y caminando hacia Obil mientras se arreglaba sus ropas desordenadas, escuchando las advertencias y consejos que su libro mágico y maestro le daba.

El hechizo que practicaría hoy era uno muy peligroso, por lo que debía estar en un lugar descampado y alejado de seres vivos que pudieran ser afectados, y aunque desearía que Obil estuviera con ella para tener mejores resultados, sabía perfectamente las consecuencias que conllevaría si lo hacía.

— Bien niña, ve, nos vemos en la noche –Su estricta voz le indicaba lo preocupado que estaba por ella, así el quisiera dar a entender lo contrario.

"Aunque Obil sea estricto por dentro ama a los humanos, aunque ellos le hayan pagado con lo contrario"

Decía su madre cada vez que terminaba llorando por los hirientes gritos que Obil le decía.

Algo nostálgica Uraraka se despidió, saliendo rauda hacia el bosque donde se encontraría con su mejor amiga, Asui Tsuyu.

.

Que tan lamentable o tan mala vida debió haber llevado, tantos sucesos en tan pocos días a cualquiera no podía pasarle, Izuku había nacido con una maldición que a esas alturas creía llevaría para siempre. Tal vez le hizo mucho daño a alguien y estaba pagándolo ahora, porque en serio, a cualquiera no se le aparecía un dragón, un monstruo gigante, un enano asesino y una mujer que te noquea de un golpe.

No recuerda exactamente lo que pasó, solo a Mineta correr hacia la mujer y luego un "Ayúdame" y todo se oscureció. Para cuando despertó se encontraba en tan mala situación, colgado de cabeza y envuelto en ásperas hojas desde los pies hasta el cuello, con algunos dolores físicos en el rostro y parte del torso. A su lado se encontraba el enano explorador, aunque en un principio le costó el reconocerlo por sus grandes inflamaciones moradas en el rostro que fácilmente podrían confundirse con las bolas en su cabeza, la forma en la que estaba envuelta le hacía pensar que los dos parecían capullos a punto de nacer.

Pero eso era lo que menos le importaba en esos momentos, había despertado hace diez minutos y el encontrarse con el bosque totalmente iluminado le decía que ya era un nuevo día que la noche había terminado y que el sol había despertado.

Que el dragón se había quedado solo todo ese tiempo.

— Maldición –Exclamó enojado, forcejeando para poder liberarse.

La idea de que algo pudiera pasarle lo irritaba demasiado, el que algún animal lo pueda atacar o que, ni siquiera quería imaginárselo, aquel monstruo lo encontrará y está vez en su condición podría llevárselo, lo hacía sentirse ansioso, debía salir del problema en el que estaba e ir con el dragón para verificar su estado.

"¿Por qué te preocupas por él? ¿Sabes que no es débil, no Izuku? O acaso tú…"

Aquellas palabras lo sorprendieron, hace días que no las escuchaba creyendo ya habían desaparecido, pero ahí estaban, de vuelta a interrumpir sus pensamientos.

Pero en este caso la pregunta lo hizo darse cuenta de algo que hasta el momento no lo había analizado.

¿Por qué esa repentina preocupación por el dragón?

Solo interactuaron una o dos veces desde que lo conoció y no fueron de la mejor forma, puede que el cariño haya nacido en los tres días que lo estuvo cuidando y el día que casi muere por salvarlo, pero si se ponía a pensar con profundidad, cuando escucho sus rugidos se desesperó, tal vez sea por los maltratos de animales que vio hace unos años, pero aun así la duda lo carcomía, ahora otra pregunta se había quedado en su mente.

¿Porque lo estaba pensando ahora que el dragón no estaba a su lado?

El sonido de unas pisadas lo volvieron a la realidad, viendo a un venado acercárseles. Cómo era un animal manso no tendría que preocuparse, pero si sabía de los repentinos cambios de humor que tenían, podrían estar tranquilos y de un momento a otro intentando clavarte con sus cuernos.

Lo vio detenerse a unos metros de distancia, oliendo el prado y luego comiéndolo, se quedó hipnotizado viendo por minutos cada acción que hacía, sin percatarse que otro a su detrás se acercaba sigiloso. Cuando sintió el cosquilleo en su cabellera se dio cuenta, estaba oliéndolo y aquello lo hacía reírse a carcajadas que poco a poco se intensificaban, haciéndolo retorcerse como un gusano. Aquella acción espanto al venado que por instinto lo jaloneo del cabello, haciendo que Izuku gritara adolorido.

— ¡No, fuera, fuera! –Gritó espantado.

Gritos de dolor comenzaron a escucharse junto a exclamaciones de negación, lo cual alertó a los otros venados comenzando a sentirse amenazados, lo que los llevaría a atacar a cualquiera que estuviese en movimiento y en ese instante, Izuku era el blanco.

Estaba en problemas y no habría forma de escapar, sería la piñata perfecta de esos animales y terminaría con enormes hoyos de sangre en el cuerpo, contrajo el rostro y espero a que llegará el impacto, sin embargo, el dolor que sintió en ese momento no fue de dolor físico, sino uno más fuerte que cualquier cosa en el mundo.

Una angustia indescriptible lo embargo, haciendo su cuerpo temblar, sintiendo una impotencia incontrolable, los músculos en todo su cuerpo se tensaron, apretando la mandíbula con fuerza rechinando los dientes, su corazón comenzó agitarse con violencia ahogándolo, la respiración comenzaba hacerse lenta y sentía sus costillas comprimirse.

Intento abrir los ojos, pero una fuerte luz lo cegó y para él no hacía falta preguntarse qué era, su mente se lo dijo y sus labios lo mencionaron con angustia.

— Riot

.

El entrenamiento había comenzado hace quince minutos y sentía el cuerpo pesado, el dolor en sus muñecas no cesaban, se le hacía dificultoso moverlas a tal punto de hacer a un lado su bastón mágico y sentarse agotada al suelo.

Agradecía a Obil de darle las precauciones correspondientes que debía tomar antes de comenzar y a Tsuyu por las plantas anestésicas que había conseguido, tuvo suerte de encontrársela en el camino.

Ahora se estaba sentada a su lado, haciendo leves masajes en sus muñecas mientras escuchaba una pequeña anécdota que su amiga había pasado hace unas horas, incrédula de que algo así le hayan hecho dos pervertidos.

— ¿Y qué hiciste con ellos? –Preguntó desconcertada.

— Los amarre con un encantamiento de hojas –Decía de lo más tranquila– Colgados de un árbol, kero.

— ¿Dónde están? –Curiosa, indago más en aquellos desconocidos, le parecía extraño que haya viajeros en temporada de primavera, cuando lo indicado eran en otoño.

— A unos metros de acá –Respondió, señalando la dirección– Cuando termines tu entrenamiento vayamos a verlos, Kero.

— Si –Dijo pensativa, quedándose observando la dirección señalada, preguntándose porque su cuerpo se sentía tan tenso– Tsuyu-chan ¿No sientes algo extra-

Una fuerte corriente de aire movió todos los árboles con fuerza, inundando el lugar del sonido que hacían las hojas al chocarse entre sí. El repentino aleteo desesperado de las aves saliendo de los árboles despavoridos y algunos venados correr hacia el sur, Uraraka y Tsuyu se tensaron viendo a los venados desaparecer entre los arbustos.

Algo no iba bien, el bosque estaba agitado.

— Tsuyu-chan –Llamó Uraraka a su amiga, la cual tenía los ojos perdidos en la dirección que hace unos momentos indico– Crees que…

— No estoy segura –Interrumpió– pero siento que tiene que ver con esos dos, Kero.

Preocupada Uraraka se levantó sosteniendo su vara mágica de madera, pensando en si debía o no ir aquel lugar que llamaba su atención.

– ¿Ochako-chan?

— Vamos, no podemos dejar a la madre naturaleza en ese estado.

Dio un paso adelante decidida, siendo seguida por Tsuyu.

Si de algo Uraraka estaba segura era el de sentir una presencia nada amigable de aquel lugar, el que su cuerpo se tensara y luego temblara de la nada, indicaba que algo malo acababa de aparecer, la ponían nerviosa y más aún en su estado, pero no sé amilanaría si algún enemigo se les hacía frente, tanto ella como Tsuyu eran fuertes.

Caminaron rápido y precavidas, alertas de que algo o alguien les saltara de sorpresa. Sin embargo, un destello blanco proveniente de aquella dirección las puso alertas.

— Tsuyu-chan, hay una fuerte luz vin-

Una enorme onda blanca se expandió hacia ellas, tirándolas al suelo de espaldas, agarrándose con fuerza del pasto para no ser llevadas por la violenta ráfaga de aire que vino en su dirección, viendo su tan abrumante fuerza inclinando las plantas y árboles.

Cuando dejaron de sentirlo abrieron los ojos con el rostro contraído, siendo sorprendidas como aquella onda blanca transparente retrocedía paulatina sobre ellas, haciendo pequeñas contracciones para detenerse.

— ¿Qué es eso? –Preguntó sorprendida, observando como aquella onda desaparecía de visión.

— El aura de la vida –Respondió Tsuyu, viendo por el rabillo del ojo a su amiga voltear a verla confundida y antes de que preguntara prosiguió– En una de las páginas de Obil decían ser protecciones o lamentos del alma, kero.

— ¿A qué te refieres? –Preguntó, aún más confundida y preocupada.

Tsuyu se quedó en silencio pensando en lo que debía decir, aquel suceso que estaban presenciando en esos momentos no era un juego y mucho menos un enemigo, era algo muy triste y estaba segura que a su amiga le acongojaría saberlo.

— Aparecen cuando un ser mágico está muriendo.

— ¿Ser mágico… muriendo? –Angustiada, volteo a ver aquel destello blanco que estaba disminuyendo.

— Hay alguien en aquel punto blanco –Decía indicando– Dando sus últimos alientos de vida, kero.

— ¿Y no hay algo que podamos hacer?

— Lamentablemente no –Respondió pesarosa– Ya es demasiado tarde, está en su última faceta, kero.

Afligida Uraraka se levantó mirando aquel punto, si algo odiaba era quedarse parada sin hacer nada y si aquella criatura está sufriendo siendo ella testigo, no tendría el derecho de mirar a sus padres cuando algún día se reunieran. La angustia en su pecho la embargo, haciendo a su cuerpo moverse y correr hacia aquel sitio.

Intentaría salvarlo a como de lugar.

— ¡Espera Ochako-chan! –Gritó Tsuyu a su detrás.

— No me quedaré parada viendo como alguien está muriendo sin haber intentado hacer algo por salvarlo —Exclamó agitada, apresurando su andar.

Tsuyu se quedó perpleja, no le sorprendía que su amiga reaccionara de esa manera, sabía de su buen corazón y del indiscutible accionar que tomaba cada vez que un problema saltaba de sorpresa hacia ellas, de las decisiones acertadas y su poderosa magia que poco a poco incrementara, aunque ella no diera cuenta. La siguió como siempre lo hacía o como ella y Obil lo hacían, recordando a todas esas personas que estuvieron a su mando y aquellas que las traicionaron, desterrándolas de lo que por derecho y sangre les pertenecían.

Mientras más se acercaban la luz se hacía más fuerte, cegándolas por instantes, pero eso no las detuvo, era como si aquel ser quisiera que lo dejarán morir solo, eso hacía sentir triste a Uraraka pues aunque no supiera quien era, el que tuviera aquella actitud le decía lo solo que se sentía.

Unos pocos pasos más y llegarían, solo debían traspasar unos arbustos y podrían verlo, agitadas apresuraron el paso, pero un repentino lamento las detuvo, Uraraka volteo a ver a Tsuyu quien estaba igual de sorprendida, pues que ellas supieran los animales mágicos no lloraban de esa forma, porque parecía más el lamento de un humano que el de un animal.

Suponiendo de que aquella criatura tuviese un compañero humano decidieron seguir, con precaución de tal vez no sean bienvenidas y posiblemente atacadas de sorpresa.

Aunque sorpresa se llevaron ellas al pasar aquella barrera verdosa y ver a un chico sentado llorando amargamente, abrazando un bulto envuelto por una tela roja. Tsuyu enseguida lo reconoció, siendo aquel chico de la noche anterior, aunque algo extraño en el la tenían alerta.

— ¿Cómo te liberaste? –Preguntó Tsuyu sorprendida, el hechizo que utilizo en ellos para amarrarlos era fuerte y aun así, el que un humano pueda liberarse le era imposible de creer.

El chico al oírlas levanto su rostro, lo que las hizo retroceder sorprendidas y asustadas al ver sus enormes ojos verdes rasgados.

— ¿¡Qué eres!? –Exclamó Uraraka a la defensiva, apuntándolo con su vara y apartando a Tsuyu.

Izuku se quedó viéndolas sorprendido, el ver a dos humanos de su tamaño lo dejaron perplejo e hipnotizado. Quería decirles algo, pero las palabras no salían de su garganta.

— ¡Responde! –Los enormes ojos marrones de Uraraka destellaban asombro y miedo, no por los ojos rasgados que tenía Izuku, sino por su aura pesada que la hacían desfallecer, jamás había visto a un ser de presencia tan fuerte, aunque el saber que un humano desprendiera aquello la descolocaba.

Pudo ver sus labios temblar, intentado pronunciar alguna palabra.

— A-Ayúden-me –Su voz era casi inaudible, pronunciando débiles palabras en suaves susurros– Es-te Dra-gón es-ta dismi-nuyendo –Al ver sus rostros sin comprender, estiró sus brazos hacia ellas, destapando al dragón y enseñándoles lo que le estaba sucediendo.

Las chicas se quedaron estáticas, viendo sorprendidas al pequeño dragón que no mediría más de 30 cm, alarmándolas.

— Esto es imposible –Desconcertada Uraraka dejo caer su bastón a un lado caminando hacia el pequeño dragón– ¿Qué hace un dragón estás tierras? –Paso sus dedos por su escamosa piel rojiza sintiendo su fría piel– ¿Tsuyu-chan? –Temblorosa llamo a su amiga.

Izuku vio a la mujer de vestido verde acercárseles, viendo pararse al lado de la mujer de sombrero rosado algo intranquila, comenzó a sentirse desesperado viéndolas intercambiar miradas de angustia.

— ¿Qué pasa? –Aun con los brazos extendidos, pregunto nervioso.

— Lo lamento –expreso apenada Tsuyu, no le eran de su agrada dar ese tipo de noticias, pero eran mejor hacerlas sin dan falsas ilusiones.

Izuku se quedó helado con aquellas palabras, ya suficiente tenía con lo que su cuerpo sentía sin alguna razón, el ver al dragón en un estado que no comprendía y el que vinieran ellas a decirle aquello.

— Mientes –Con la voz temblorosa se levantó, atrayendo al dragón contra su pecho y viéndolas con los ojos totalmente abiertos– Puedo sentir su corazón latir aun.

— ¿Su corazón latir? –Uraraka se sintió afligida, ver aquellos ojos rasgados la ponían nerviosa y a la vez la hacían sentir pena por el chico que se aferraba con fuerza al dragón.

Tsuyu sintió pena por él, era normal reaccionar así si algo que quieres está muerto o muriendo, el que no lo creas y que creyeras sentir su corazón latir, eran los primeros síntomas de…

— ¿Qué sientes?, kero –Preguntó curiosa, una repentina pregunta en su mente la descoloco.

— Su respiración –Sus palabras se hicieron agudas– Su sufrimiento.

Tsuyu sabía que algo así no era normal sentir y más aún el que un humano dijera eso de un animal mágico. Estaba formándose una idea del porqué, pero aún no quería confirmarlo.

— Ochako-chan transfiere tu magia al dragón –Sugirió– si es cierto lo que dice este chico, puede que aún tenga salvación, Kero.

Uraraka la vio indecisa unos segundos, no comprendía que sacaría haciendo aquello, pero si su amiga se lo pedía era por algo.

Hizo lo que le pidió, poniendo su vara sobre el dragón y concentrándose para transferir su magia, los tres observaban al dragón sin parpadear, esperanzados a que reaccionara y para alivio de Izuku fue lo que hizo, viendo al dragón contraer su cuerpo.

— ¡Se movió! –Gritó sorprendido Izuku.

— ¡Debemos llevarlo con Obil, él nos ayudará! –Exclamó asombrada Uraraka.

— Yo iré a sacar al otro chico, adelántense ustedes –Anuncio Tsuyu y antes de girarse en dirección contraria miro a Ochako– Ve con cuidado, los veo en la cabaña, kero.

Antes de que Uraraka pudiera replicarle, salió corriendo.

Sin más, los dos comenzaron a correr también, con Izuku angustiado llevando al dragón en brazos y a Uraraka algo desconfiada.

"Ten fe Izuku"

Con los nervios crispándole la piel, corrió, podía sentir el doloroso nudo en su garganta aumentar, haciéndole temblar su quijada y a sus ojos aguarse, no quería llorar, pero el saber que tendría esperanzas para salvarlo hacían reaccionar su cuerpo de esa manera y aún más el ver a dos personas ayudándole, hacían sus piernas temblar de alegría.

— Maldición –Exclamó fastidiado, no le gustaba llorar, pero la situación lo obligaba.

Uraraka al escucharlo volteo, sorprendiéndose al verlo fregar sus brazos contra sus ojos.

— Tranquilo –Hablo para intentar calmarlo, disminuyendo sus pasos y poniéndose a su mismo nivel– Obil es muy fuerte, él lo salvara –Dijo sonriente.

Izuku no respondió, solo afirmo con la cabeza y siguió avanzando.

— Ten fe –Susurro Izuku para sí mismo.

Quince minutos después, llegaron al fin a la cabaña.

Antes de entrar Uraraka dio un rápido vistazo al balcón, viendo a la escoba corrediza tirada como si nada en su vida importara, se preguntaba como reaccionaria o estaría al saber que Obil la quiere desaparecer, aunque no se sorprendería si al día siguiente no la encontraba en casa, pero dejaría ese asunto para más tarde.

Entro golpeando la puerta contra la pared, lo que hizo a Obil despertar despavorido, cosa que estaba segura no le iba a gustar.

— ¡Obil! –Llamo Uraraka gritando.

— ¿!Qué pasa!? –Respondió el libro con molestia.

— Necesito de tu ayuda –Solicito con el rostro preocupado.

— ¡Y quien se está muriendo para que grites de esa manera, niña! –Exclamo aún más enojado el libro, Uraraka sabía de que en ese estado ya no habría forma de bajarlo.

Al instante recordó a Izuku quien se encontraba a su detrás, viendo a todos lados buscando a la persona de tan gruesa voz que hacia retumbar los objetos de la habitación.

— ¿Con quién estás hablando? –Preguntó desorientado.

— Con Obil –Respondió– Ven, pon al dragón acá –Pidió, indicando una mesa en medio de la habitación.

Izuku camino con cautela hacia la mesa, poniendo con cuidado al dragón destapándolo.

— Con este pequeño dragón, Obil –Indico– Ayúdame a salvarlo, por favor.

— Ahh –Suspiro el libro mágico.

Izuku al escuchar aquello cerca de su oído volteo, sorprendiéndose al ver a un libro flotar y posicionarse frente al dragón.

— Espero sea algo importante para levantarme de mi siesta –Exclamó enojado.

— Tranquilo –Dijo calmada.

Obil se quedó en silencio viendo al dragón inmuto en su posición, su mal estado y su esfuerzo por seguir respirando lo dejaron intranquilo.

— ¿Qué tratas de hacer mostrándome a un dragón muerto? –Pregunto desconcertado el libro, destellando un brillo rojo indicando su creciente furia.

— Creí que lo sabrías, Tsuyu lo supo al instante –Replico Uraraka.

— ¿!Qué tratas de insinuar mocosa!? –Ofendido, el libro cambio su color a un rojo oscuro– ¡Incendiare la cabaña sino te retractas enseguida!

— ¡No tenemos tiempo para discutir Obil, ayúdame con es-¡

— ¡Silencio! ¡No me repliques niña!

— ¿!Obil, que te sucede!? –Pregunto desconcertada Uraraka.

— ¡Eres una insolente!

— No entiendo que t-

— ¡YA CALLENSE! –Grito Izuku, dejando en silencio el lugar– Si no van ayudarme… no tengo nada que hacer acá –Estiro sus brazos hacia el dragón, cargándolo camino hacia la puerta.

— Alto ahí —Demando el libro– Vuelve acá niña verde.

Izuku giro a verlo con el ceño fruncido, estaba demasiado molesto al verlos discutir y olvidarse del dragón quien estaba sufriendo.

— Apresúrate o cambiare de opinión –Advirtió.

Izuku se quedó observándolo sin moverse.

— Perdona, no volverá a pasar –Exclamo apenada Uraraka.

Con esas palabras camino hacia la mesa, situándolo con cuidado y retrocediendo unos pasos.

— ¿Qué es lo que tiene? –Preguntó Obil con su tensa voz.

— Hace unos minutos desprendió el aura de la vida –Respondio Uraraka– y cuando Tsuyu y yo verificamos su estado estaba frío, pero luego él dijo que estaba vivo –Hizo una pausa– porque podía sentirlo respirar, entonces Tsuyu me dijo que le traspasara mi magia y lo vimos mover-

— Solo era necesario decirme lo último Ochako –Interrumpió.

— Siempre te quejas cuando no se te da la información completa –Replico.

Obil la ignoro y se acercó al dragón en la mesa, observándolo en silencio.

— "Un dragón sin sello es un dragón muerto" –Cito– Palabras dichas por el rey de Gondra –Con esa última palabra Izuku volteo al instante– Pero eso no quiere decir que deje de ser uno –Se abrió compaginando con rapidez sus finas páginas– Gondra y sus estúpidas reglas sin sentido –Deteniéndose en las páginas donde de mostraba un enorme castillo en medio, rodeado de árboles y cuatro dragones de diferentes formas llevando consigo una corona cobre cada uno, Izuku se quedó perplejo con tan bella imagen– ¿No es lindo? Te gustará más verlo ahora, es bellísimo –Menciono burlón– Apártense y si no fuera mucho pedir, tápense los ojos que podría dañarlos.

Izuku dudó en hacerlo.

— Tranquilo, él estará buenas manos —Mencionó Uraraka, lo que hizo a Izuku tranquilizarse un poco– O páginas…

Ambos se taparon los ojos y esperaron.

Una fuerte luz y un repentino calor en sus cuerpos los hizo tensarse, para Uraraka era normal aquello sabía del gran poder que Obil poseía y el que estuviera sintiéndolo le decía lo grave que era la situación, para Izuku fue un choque en todo su cuerpo que lo hizo retroceder y sin poder aguantar más se volteó, sus ojos estaban comenzando a irritarse.

Después de unos minutos todo se calmó.

Uraraka volteo al instante, sorprendiéndose.

Izuku no lo hizo, sentía un infernal calor y picazón en todo su cuerpo, creyendo que aquel libro seguía en lo suyo. Uraraka se dio cuenta y le toco el hombro.

— Ya termino, puedes voltear –Anuncio en su oído.

Con lentitud se giró, esperanzado de que al menos pudiera verlo respirar, pero en vez de eso se llevó una sorpresa aún mayor al verlo sin heridas, sin cicatrices y con una respiración parsimoniosa.

— No pude hacer nada por su ala, ha consumido gran parte de mi magia para salvarlo –Aclaro Obil dirigiéndose hacia al atril en la chimenea– Has tenido suerte de traérmelo ahora, unas horas más y ya no tendría oportunidad –Se posiciono sobre el atril, aún abierto con las páginas en blanco– Despertara mañana, te recomiendo tener mucha comida sino quieres ser su almuerzo. Y no hagan bulla, descansare por una semana –Sentención cerrándose.

El lugar quedó en silencio, Izuku se giró a ver al dragón escuchándolo respirar con tranquilidad y si su vista no le engañaba, lo podía ver feliz.

— Ya lo escuchaste –Expreso alegre Uraraka– mañana estará despierto y coleando –Dijo divertida.

Izuku estaba sin habla acercándose al dragón, sintiendo un acumulo de sentimientos en su pecho que no lo dejaban hablar, cuando llego a su lado sus piernas flaquearon, no entendía porque se sentía así a parte de verlo sano, pero no quería pensar en eso. Con cuidado puso su mano sobre su escamosa piel sintiéndola suave y tibia, viéndolo subir y bajar con tranquilidad su pequeño pecho.

— Oye –Uraraka se acercó para ver su rostro, quedándose sorprendida.

Ya no tenía los ojos rasgados.

— Gracias –Con su voz temblorosa y aguda pronuncio esa débil palabra, acongojando a Uraraka y aún más al ver como las lágrimas salían a montones de sus enormes ojos verdes– Muchas gracias –Aquellas últimas palabras fueron un suspiro agudo que luego fueron convirtiéndose en sollozos.

Lo vio ocultar su rostro en su brazo izquierdo y al derecho aferrarse con fuerza a la tela roja que cubría al dragón.

— No tienes nada que agradecer –Susurro, mientras se limpiaba una pequeña lagrima caer sin aviso.

A unos metros de la cabaña se encontraba tsuyu de regreso, cargando consigo a Mineta que aún seguía inconsciente, el cual le hizo dudar en si debía recogerlo ya que aún seguía desmayado o muerto.

Pero era lo de menos, estaba tan enfrascada en aquel muchacho de ojos verdes que no se había dado cuenta que llevaba más de 15 minutos dando vueltas por el bosque, para cuándo se fue consciente estaba de vuelta en el lugar que los había dejado amarrados a ambos.

— No entiendo –Susurró intrigada– ¿Cómo es que un humano puede hacer esto?, Kero.

Frente a ella se encontraba el capullo con las hojas quemadas conservando algunos destellos rojos que consumían poco a poco a las demás, pero lo que más llamaba su atención era ver el corte, el cual fue hecho en línea recta lo que le hacía pensar en las posibilidades de que alguien pudo ayudarlo a escapar o en un caso imposible, el que lo haya hecho por sí mismo, cosa que lo veía inaudito.

Aun así de que aquel chico no era humano, la ponían nerviosa porque de por sí el ver sus ojos rasgados ya era una señal y el que tenía frente a ella la segunda, le advertían de las precauciones que debía tener.

Se giró caminando en dirección hacia la cabaña, sería cuidadosa con él y en el momento que viese algún comportamiento extraño, lo tendría contra la espada y la pared.

"¿Quién dice que el mundo está hecho solo para los vivos?

Nunca sabrás si hay un muerto caminando a tu lado"