Bealcaru: Historia Original

Kohei Horikoshi: Mangaka a quien le pertenece los personajes de Boku No Hero Academia, utilizadas en esta historia.

Dragon-Slayer-Del-Arcoiris: Jajaja Tus reviews son demasiado graciosas enserio! Sobre el Yaoi lo puse por si acaso, no quiero que más adelante se sorprendan si es que se me da la idea, pero serán pequeñas cosas y Tsuyu en esta historia será algo seria. Gracias por leer! :D


La Hechicera II

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— Buenos días, hermano.

Abrió los ojos con lentitud, viendo a su delante la silueta de una niña siendo alumbrada por la suave luz naranja del atardecer, se froto levemente los ojos para aclarar su visión.

Cuando la pudo ver con mejor detalle se sorprendió.

— Seil –Susurro.

Hace tanto tiempo que dejo de verla en sus sueños.

Era una niña de coletas rizadas marrones con la que vivía en el orfanato de su aldea, se habían hecho muy amigos a tal grado de llamarse hermanos, pero el verla ahora lo llenaban de nostalgia.

Dio un rápido vistazo a la habitación, aunque supiera de memoria el lugar. Sentado en un pequeño sillón negro frente a una ventana por donde la luz del atardecer ingresaba alumbrando la habitación, el piso de madera y la puerta a su izquierda entreabierta. Todo era exactamente como los anteriores sueños que tenía con Seil.

Volvió su vista a la pequeña que miraba preocupada a todos lados, como si estuviese escondiéndose de alguien, se tomó unos segundos para luego subir a su regazo, acomodándose en su pierna izquierda y colocando una pequeña canasta de flores en sus rodillas.

— No sé lo digas a nadie hermano Izuku, pero acabo de robarle unas flores a la señora María –Contaba apenada– me he caído al escapar y he roto mi vestido favorito –Decía triste– Me duele mucho el lado derecho de mi estómago.

El reflejo de dolor en su rostro le decían lo mal que se sentía, pero aun si él deseaba hacer algo por ayudarla. No serviría de nada.

Se conocía de memoria el sueño, sabía lo que vendría después.

— ¿Porque no vamos con la hermana Sofía a que lo vea? –Sugirió.

— ¡No! –Negó nerviosa poniendo sus manos en su pecho– ¡Sabrá lo que hice y me regañará!

— Tranquila, estaré contigo –La calmaba acariciándole su cabello– Si se da cuenta le diré que fui yo.

— ¿¡En serio!? –Exclamó sorprendida.

— Si –Respondió divertido, el amor que tenía esa niña por las flores eran a veces preocupantes– Ve avanzando mientras me cambio de ropa, ¿Te parece?

— ¡Está bien! –Alegre, salto de su regazo y con la pequeña canasta en sus manos corrió hacia la puerta.

Sentado en el sofá y con ambas manos agarrando con fuerza los reposabrazos, veía el espaldar de la pequeña atravesar la puerta y el gran pedazo derecho de su estómago faltante sangrar, las gotas de sangre que dejaba en el suelo a cada paso y su ropa sucia y magullada, tal como el día que fue hallada al pie de una colina.

La vio desaparecer como siempre al atravesar el umbral y la angustia de los tantos sentimientos que tuvo cuando vio su frío cuerpo, lo envolvieron.

A nadie le importo su desaparición por ser huérfana, a nadie le importo que fuera una niña de 7 años y que haya sido encontrada en tal estado, a ninguno le importo porque no le pertenecía a nadie.

Solo a Izuku por ser el único que podía verla y escucharla, solo el escuchaba sus ruegos de ser encontrada y el de darle un entierro adecuado para que su alma descansara en paz.

Agachó la cabeza mientras acercaba sus manos llenas de tierra, sorprendiéndose al ver tres pétalos de distintos colores rojo, amarillo y azul, cada uno con una gota de sangre. Sorprendido por ser la primera vez de verlos en su sueño.

— Hermano Izuku –Llamó la niña a su lado, extrañándose de volverla a ver se giró– ¿Porque todos se están muriendo?

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Abrió los ojos de golpe topándose con la madera marrón del techo y una cálida luz venir detrás. Con el ceño fruncido trato de acoplar su vista mientras se levantaba, se sobo los ojos y los mantuvo ahí.

Ya sabía la fecha en la que estaba.

31 de Mayo, final de primavera.

Día en el que descubrió el cuerpo de Seil.

— Feliz cumpleaños –Susurro con la voz pesada.

Para Izuku el haber tenido contacto con esa niña le hizo sentirse por poco completo, el llamarse hermanos y poder protegerla del hombre que cada mes venía a llevársela.

Fue un duro golpe enterarse que era un fantasma, una pequeña alma perdida en el mundo de los vivos que pedía ayuda por ser liberada del tormento.

Después de eso entendió porque todos lo llamaban loco cuando hablaba con ella o cuando se las presentaba lo insultaban, aunque no era el único ser no vivo en este mundo con quien hablo, aquel anciano de la fuente también era uno. Con el tiempo se fue acostumbrando a ser llamado fenómeno y el que siempre intentarán golpearlo por supuestamente querer llamar la atención.

Estaba casi acostumbrado, lidiaba a su suerte y no podía pedir o tener la ayuda de alguien, estaba solo, realmente lo estaba.

Se quitó las manos del rostro y observó su alrededor, toda la habitación estaba hecha de una fina madera de pino, frente a él había un ropero de dos puertas, al lado un cuadro mediano retratando un hermoso paisaje y al costado en una esquina, la puerta entreabierta.

Se quitó el cobertor y apoyando sus manos en el colchón, arrastró sus piernas fuera de la cama sintiendo sus pies calentarse por la tibia madera, a su lado había una cómoda y sobre ella una pequeña lámpara con algunos papeles alrededor. Estuvo tentado a tomar uno, pero unos pequeños dolores en la cabeza lo hicieron cesar, después de unos segundos el cantar de las aves lo hizo girar a ver a través de la ventana la cual tenía una muy hermosa vista de los árboles y por su posición parecía estar en un segundo piso, de una casa que no conocía.

« ¿Dónde estoy? », pensó.

Un murmureo lo puso alerta viendo a todos lados de donde provenía, pero frente a él en una esquina se encontraba una hamaca algo pequeña que comenzó a balancearse, creyó que tal vez un bebe estaba ahí, pero quito esa idea al ver unas bolas moradas, recordando al instante de quien se trataba.

« Mineta-kun »

El tic tac en su espalda lo hicieron voltear, quedándose hipnotizado por las manecillas del reloj girar, viniendo a su mente borrosas imágenes del día anterior, donde sintió un agonizante dolor en todo el cuerpo, dos chicas ayudándolo, a Mineta ser golpeado y al dragón agonizando en sus brazos.

«Riot»

Bajo su vista encontró al dragón durmiendo plácidamente, tan tranquilo y sin una cicatriz, podía ver su roja piel completa sin ningún rasguño, aunque la falta de su ala izquierda lo hacía sentirse intranquilo. Seguía teniendo el mismo tamaño aunque en sus recuerdos se veía más pequeño, el pelo blanco sobre su hocico lo hacía tener muchas preguntas ya que cuando lo vio no tenía aquello.

Necesitaba respuestas y algo le decía que esas dos chicas las tenían.

Se puso sus zapatillas y camino hacia la puerta, la abrió con cuidado mientras con un ojo revisaba lo que afuera había, cuando lo abrió totalmente para que su cuerpo pasara giro a ver a Riot preocupado, sabía que estaba bien, pero la sensación que sintió ayer nada podría hacerlo olvidar, aunque solo no estaría, temía que algo pudiera sucederle en su ausencia.

Quería respuestas y si seguía así con él, nada conseguiría.

Despacio salió del cuarto, dejando la puerta entreabierta por si acaso.

Se encontró con un largo pasillo alumbrado y algunos adornos florales sobre repisas en la pared, a su izquierda al final del pasillo, había una entrada lo que parecía ver a través de una de las ventanas, un balcón, al lado de su cuarto no había nada, a su derecha una gran ventana al final del pasillo, al lado había un cuarto y al siguiente lo que parecía ser una escalera.

Inhalo hasta que sus pulmones se llenasen y algo desconfiado camino hacia la escalera, se sorprendía de que hubiera tantas puertas, exactamente cinco.

¿Tantas personas habían viendo en esta casa?

El sonido de unos platos y las voces de mujeres conversando lo hicieron detenerse, no conocía nada de las chicas que lo ayudaron ayer y mucho menos recordaba sus rostros, en su mente los recuerdos eran imágenes difusas o algo oscuras. Con el ceño algo fruncido y tomando algo de valentía prosiguió, solo unos pasos dio cuando el sonido de una escoba barriendo a su detrás lo alarmó, volteando al instante encontró una escoba que antes no estaba recostada en la puerta que daba hacia el balcón, extrañado la vio unos segundos, pensando que tal vez fue su imaginación siguió caminando, pero el sonido de la escoba barriendo volvió a escucharse, algo inquieto giro a verlo asustado, encontrándola recostada sobre la puerta de una habitación cerca a la alcoba. Creyó que tal vez alguien de esos cuartos estuviera haciéndole una broma, aunque no hubiera ninguna razón, se giró apresurando su andar, cuando llego a la escalera y puso un pie en el primer escalón, giro despacio para ver si la escoba seguía ahí, pero algo más tétrico lo hizo gritar viendo a la escoba ir hacia él sin nadie que la sostuviera, horrorizado bajo por las escaleras con rapidez y por su nerviosismo tropezó, cayendo de quijada al suelo.

Las dos mujeres que conversaban amenamente en el lavaplatos se espantaron por el ruido, girando a ver a Izuku en el suelo boca abajo.

Uraraka dejo el plato que estaba secando y preocupada se acercó a socorrerlo, temiendo de que tal vez se hubiese hecho algún corte en el rostro.

— ¿Estás bien? –Preguntó, poniendo una mano en su hombro derecho.

Con aquel toque Izuku reaccionó, levantando el rostro viendo algo borroso su alrededor, encontrándose con una mujer de un gran sombrero rosado a su lado.

— Si... –Respondió anonadado.

— ¿Puedes levantarte? –Agarro su brazo derecho levantándolo– Te ayudare.

Con su ayuda Izuku pudo ponerse en pie y siendo guiado por Uraraka avanzo, pero antes dio un vistazo al segundo piso, viendo aquella escoba que fue la causa de su caída, verlo haciéndolo sentirse amenazado.

Uraraka lo dejo sentado en el sillón de tres asientos y rauda camino hacia uno de las cómodas pegadas a la pared, buscando un pequeño botiquín.

Izuku sintió picazón en su frente derecha, acercando su mano y al tocarla dio un pequeño respingón por el dolor, vio sus dedos manchados de sangre y se alarmó, pues no creyó que aquella caída le causara una herida.

— ¡Lo encontré! –Alegre, Uraraka saco la pequeña caja blanca y reviso su contenido– Tsuyu-chan, podrías...

— Si –Cerro el caño y se acercó a Izuku que aún seguía viendo sus dedos– No parece tan grave, ha sido algo leve, kero.

Uraraka se acercó a Tsuyu, entregándole unas gasas y una pequeña botella de agua, la cual abrió y lentamente echaba sobre la herida.

Izuku al sentir el líquido parpadeo varias veces mientras su visión comenzaba hacerse pesada y de un momento a otro todo se volvió oscuro.

El sonido de una cascada y sus piernas con el pantalón rasgados lo dejaron inquieto, aún seguía observando sus manos donde gotas de sangre caían, por el rabillo del ojo vio a una persona a su delante muy cerca de él, intranquilo levanto su vista viendo a un hombre de rubia cabellera observarle su cabeza, sintiendo su mano tocarle su frente y al ver que lo veía, lo vio a los ojos.

— Perdona, me excedí mucho con el entrenamiento –Disculpo sonriéndole nervioso.

Izuku se sintió extrañamente amenazado y con el labio tembloroso, preguntó.

— ¿Quién eres?

— ¿No sabes quién soy? –Decía sonriente, mientras cambiaba a una más sombría y el toque en su cabeza ser apretado con fuerza– ¿Ya no me recuerdas? Que mala memoria tienes Izuku, no creí que el daño fuera tan grave –El sonido de su voz comenzó hacerse más gruesa y macabra– Soy yo, el que te quito todo lo que amabas –Su rostro comenzaba acercarse más hacia él, mientras Izuku lo veía aterrado con los ojos totalmente abiertos– Quien te dejo en este estado y arruinó tu vida, Midoriya Izuku.

— Suéltame –Susurro con los labios temblorosos.

— Voy a encontrarte...

— ¡Que me sueltes! –Grito, agarrando su muñeca y con fuerza lo empujo, viéndolo caer al vacío, riéndose.

— Y te matare.

— ¡Tsuyu-chan! –Asustada, Uraraka corrió hacia Asui quien se encontraba sentada en el suelo, al verla algo asustada voltio hacia Izuku, quien se había levantado y miraba con el ceño fruncido a Tsuyu– ¿Qué sucede contigo? –Pregunto molesta.

Izuku parpadeo varias veces y en la sexta pestañeada, volvió a la realidad viendo a las dos chicas en el suelo mirándolo molestas. No sabía lo que había hecho, pero era más que evidente que la había liado con aquellas dos y no le sorprendería que lo botaran con todo y dragón fuera.

Aterrado y sin saber que decir, dijo lo primero que vino a su mente.

— ¡Perdónenme! –Exclamó apenado, inclinando su cuerpo hacia adelante con los ojos cerrados.

No sabía lo que había pasado, pero intuía que tal vez lo que había hecho se lo hizo aquella chica de vestido verde.

Para Uraraka aquel chico era un completo desconocido, no sabía su nombre y mucho menos lo que era, porque humanidad no era lo que sentía de él, seguía estando algo inquieta a su lado, pero el ver aquella faceta adolorida hacia el dragón la hacían olvidarse de lo que sea que fuera, pero ahora con aquella actitud, no sabía que pensar.

Tsuyu se levantó y con pasos tranquilos camino hacia Izuku, este contrajo el rostro esperando algún golpe de su parte, pero lo que sintió fue un empujón que lo hizo caer sentado en el sillón.

— Aun me falta sanar tu herida de la frente –Su voz y su rostro sin ninguna emoción, hicieron a Izuku temblar en su posición– Ochako-chan, dame más gasa.

Uraraka solo la observo e hizo lo que le pidió, mientras Tsuyu seguía en lo suyo.

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Luego de unos minutos volvieron a sus quehaceres, Izuku seguía sentado observando la chimenea que estaba apagada mientras escuchaba las voces de las dos chicas hablar amenamente como si nada hubiese pasado, aunque algo le decía que nada bueno iba a pasar después, subió su vista y vio un libro grueso marrón cerrado sobre un atril de madera. Tenía vagos recuerdos de aquel objeto y sentía que debía hacer algo importante, pero no recordaba cual.

— ¿Tienes hambre? –La voz seria de la chica de ropas rosadas lo tenso, volteando apenado a verla sin responder– Siéntate en la mesa –Indicó con la cabeza– En unos minutos estará el desayuno.

La vio girarse y seguir en lo suyo, algo incómodo se levantó.

— Gracias –Dijo al pasar cerca de ellas, mientras las miraba de reojo camino hacia la mesa circular junto a la puerta.

Se sentó en la silla junto a la puerta y observo el lugar, había una pequeña cocina en forma de L en una esquina frente a él, donde las chicas preparaban el desayuno, un gran ventanal que unía la cocina y el comedor, a su detrás varias estanterías y cómodas pegadas a la pared que iban desde la puerta a su lado y otra junto a la escalera, haciéndole preguntarse cuál de las dos seria la salida.

— Listo –Anuncio alegre Uraraka mientras se sentaba junto a Tsuyu en la mesa, delante de Izuku– Elige lo que gustes comer –Indicó, pasando su mano sobre los panes, mermelada, jugo y otras alimentos que no había visto nunca.

Izuku sintió cosquilleos en su estómago, jamás había visto tanta comida en una mesa y más aún, de diferentes alimentos que parecían no comestibles.

— Muchas Gracias –Decía anonadado, con los ojos totalmente abiertos y las mejillas ruborizadas– Pero antes quisiera pedirles disculpas por lo que hice.

Uraraka miro a Tsuyu quien estaba sirviéndose su desayuno como si Izuku no existiera, estuvo pensando en decirle que se retirara cuando su dragón despertara, pero su amiga la hizo desistir de aquello, diciéndole la razón que la hizo sentirse mal por sus pensamientos.

— Tranquilo, olvida eso –Decía apaciguanté– Comprendo y es normal en tu estado.

Izuku comenzó a servirse lo primero que podía llevarse a la boca.

— ¿Estado? –Preguntó, comiendo un pan de mermelada.

— Si, bueno eres... –Dudo en decirlo– ¿Vagabundo, no?

Por poco e Izuku se atraganta por lo mencionado, no pudiendo creer que lo considerasen así, puede que sus ropas lo indicaran como uno, pero no tenía donde o como cambiarlas.

— No lo soy –Dijo apenado– Es solo que... Ni siquiera yo sé lo que me pasa.

— ¿A qué te refieres? –Preguntó curiosa Uraraka.

— Es algo difícil de explicar –Decía incomodo– Tengo... Algunas... Voces que me hablan... Voces diciendo cosas inentendibles.

Las dos chicas lo miraron extrañadas.

— Tenias razón Tsuyu-chan –Sorprendida miro a su amiga– Esta loco.

— Sabía que pensarían eso –Cabizbajo, dejo su pan en el plato.

Tsuyu lo vio nervioso y antes de seguir con su investigación, pregunto lo primero que debieron hacer desde un comienzo.

— ¿Cómo te llamas?

— Izuku –Respondió, levantando su rostro– Midoriya Izuku.

Uraraka y Tsuyu se sorprendieron, sintieron un pequeño Déjà vu que las hizo sentirse extrañas, pensando en que aquello lo habían escuchado antes.

— Bueno, Midoriya –Hablo Tsuyu– ¿Qué haces por estas tierras?

Izuku dudo en responder, ¿Realmente debía decir lo que era? Eran desconocidas, al igual que él para ellas, pero el ayudarlo las hacía ser buenas personas y estaba seguro que comenzarían a preguntarle muchas cosas para no sentirse inseguras, por lo que respondería con la verdad.

— Soy un viajero de los arboles –Respondió orgulloso.

— ¡Lo sabía! –Exclamó alegre Uraraka– Sabía que había visto esas ropas antes.

— ¿Conoces a los de mi aldea? –Pregunto sorprendido.

— Claro, les daba refugio cuando volvían de sus largos viajes.

« Eso explica las habitaciones en el segundo piso », pensó Izuku.

— Así que eran ustedes las famosas chicas del bosque. –Dijo feliz, sintiendo el ambiente cambiar a uno amistoso.

— ¿Hablaban de nosotras? –Pregunto apenada– Solo cumplíamos con atenderlos Jajaja –Decía divertida– Los extraño, los días que pasaban acá, la casa se sentía tan alegre.

— Hace mucho tiempo que dejaron de venir, ¿Sabes en que andan? –Preguntó Tsuyu.

Izuku se quedó helado con aquella pregunta, desviando sus ojos hacia la ventana recordando los sucesos de ese día, día que jamás olvidaría dejando en él una gran huella. Apuño las manos con fuerza para evitar llorar y que la ira que siempre lo envolvía volviera, malos sentimientos que odiaba sentir, que lo hacían sentirse culpable de todo y que prefería evitar para que no lo señalaran como un cobarde.

— ¿Izuku? –Llamó Uraraka– ¿Estas bien?

— Perdonen –Se levantó con la cabeza agachada– Creo que-

El grito de horror en el segundo piso, tenso a los tres individuos en la mesa que miraron el techo escuchando varios pasos acercarse hacia las escaleras.

— ¡Quiere comerme! ¡Ayúdenme! –Gritó una voz chillona.

Vieron a un enano bajar las escaleras con tanta rapidez que los sorprendió que no cayera, pero hubiese sido perfecta sino fuera porque algo se tiro en su encima que lo lanzo desde la mitad de la escalera hacia el piso, quedando estampado sin poder moverse.

Izuku se quedó estático al ver a Riot despierto, quien estaba encima de Mineta relamiendo las bolas en su cabeza como si fueran caramelos, el enano que al parecer había quedado algo inconsciente por la caída daba algunos quejidos de auxilio inentendibles.

— Dios mío –Exclamo asustada Uraraka– ¡Se lo está comiendo!

Izuku reacciono con esas palabras, girando a verlas aterradas.

Tenía que calmar todo o pensarían que el Dragón era un peligro.

Camino hacia Riot con cautela, tratando de ver sus ojos los cuales parecían estar normales, no como aquella vez que ataco aquel monstruo sin raciocinio.

— ¿Riot? –Llamó, dudoso de llamarlo como aquel monstruo lo había hecho, pero quiso saber si realmente ese era su nombre– Riot soy yo, Izuku.

El dragón detuvo su acción y comenzó a oler mientras levantaba su hocico hacia él, Izuku se sintió nervioso sintiendo pequeños cosquilleos en el estómago, deteniendo su andar al verlo mirarlo fijamente, no sabía que más hacer, solo esperaría que él se acercara y no ponerlo nervioso, pero en sus ojos podía ver algo de confusión, pensando en que quizás no lo reconociera.

— Te está mirando amenazante –Advirtió Uraraka– Mejor aléjate, puede hacerte daño.

— No –Dijo girando a verlas– Es inofensivo, es solo que-

El impacto en su pecho lo hizo caer de espaldas, sintiendo un gran peso sobre el que lo hizo contraer su rostro adolorido.

— ¡Tsuyu-chan que hacemos!

— Tranquilízate Ochako-chan –Calmó– Solo obsérvalos.

Izuku abrió con temor sus ojos, esperando lo que se imaginaba, a Riot sobre el mirándolo fijamente, no supo que hacer, pero tenía ganas de acariciarlo y abrazarlo, con ese tamaño no daba miedo.

— Riot –Susurró, levantando su mano derecha pasándolo por todo el pelo blanco de su hocico– Me alegra que estés bien –Aliviado le sonrió.

El pequeño dragón inclino su cabeza e Izuku rio, extrañaba aquella acción tan tierna de él, lo que hizo al dragón sentirse juguetón y comenzara a lamer su rostro, llenándolo de baba y a Izuku quejarse mientras intentaba detenerlo.

— ¡Detente Riot! –Apenas y podía hablar– ¡No puedo respirar!

Las chicas se quedaron viendo sorprendidas al dragón mover su cola incesante y a Izuku quejarse, pero a unos centímetros de ellos escucharon quejidos de dolor que las alerto, viendo al enano tratar de levantarse y decir algunas maldiciones, se miraron entre si y rieron, ya que hace mucho la cabaña dejo de ser tan ruidosa.

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— Perdónalo por favor –Pedía Izuku– Tenia hambre y fue lo primero que vio.

— ¡Crees que deba perdonar una insolencia así! –Gritaba enfadado Mineta– ¡Me ha dejado todo el cuerpo lleno de baba!

— Estoy igual que tú –Replico.

— ¡Sin consentimiento, Viajero!

Suspiro derrotado, había estado como seis minutos discutiendo por lo que el dragón le había hecho y entendía su malestar, pero el que quisiera votarlo fuera, no lo iba a permitir.

— Esta no es tu casa en primer lugar –Dijo Tsuyu– Y segundo, el que los dos se queden acá no será gratis, deberán ayudar con los quehaceres y conseguir alimentos –Anuncio severa.

— ¿Y quién eres tú? –Replico Mineta– Una loca desnuda me golpeo y termine acá –Decía enojado– Si solo la encontrara se enteraría de lo que soy capaz.

— Quisiera saberlo. –Los ojos amenazantes de Tsuyu petrificaron a Mineta, quien no supo que decir.

Izuku se quedó estático a lo dicho, solo recordaba la espalda desnuda y el largo de su cabello, pero el color y su rostro, no tenía idea. Tal vez el que los golpeara al instante lo hizo olvidar.

— Tienes lindo cuerpo y-

Fue tan rápido que por poco lo pierde, el ver a Mineta volar por la habitación y estrellarse contra la pared dejándolo boquiabierto y aterrado. Solo vio abrir su boca y de ella salir una larga lengua rosada que golpeo su rostro lanzándolo.

¿En dónde y con quienes termino estando?

— ¡Buena atrapada Riot! –Exclamó alegre Uraraka alimentando al dragón.

Izuku volteo a verla y quedo más aterrado, la chica de ropas rosadas alimentaba al dragón con grandes trozos de carne que salían de su vara de madera, por donde lanzaba la carne para que Riot los atrapara.

— ¿Qué esto? –Cayó al suelo nervioso– ¿Qué son? ¿Qué están haciendo?

Tsuyu que estaba a su lado, lo vio confundida.

— ¿De qué te sorprendes? Si tú también lo haces.

— ¿De que estas hablando? –Pregunto aún más confundido.

— Magia, Midoriya –Aclaro, pero viendo su rostro aún más confundido y con el ceño fruncido, prosiguió– ¿Cómo creíste que el dragón siguiera con vida? Tú le proporcionabas magia a cada toque, por eso lo mantuviste vivo.

— No estoy comprendiendo –Turbado se levantó.

— ¿Sabes lo que es esto? –Saco un collar con una pequeña piedra brillante dentro de su ropa que colgaba de su cuello.

— No, pero creo haberlo visto antes.

— Los viajeros de tu aldea lo utilizaban para protegerse de los malos espíritus, obligados por el líder de tu aldea –Decía mientras guardaba el collar– Dentro guardan magia que se activan cuando el portador pide con su vida cualquier ayuda que necesite.

— En mi aldea la magia no existe –Sentencio serio.

— Si, eso mismo decían los principiantes cuando pasaban por acá antes de seguir su viaje –Decía mirando a Uraraka– Cuando volvían sin una extremidad, dejaron de replicarme.

Izuku se quedó mirando el suelo, se sentía confundido y burlado, el que su líder supiera eso y nunca se lo dijera, que cada vez que se hacían las reuniones de viajeros al que él debía asistir siempre le fueran negadas y el que tuviera esos extraños sueños y las voces en su cabeza hablándole, lo hacían sentirse traicionado. Si era verdad lo que ella decía, estaba seguro que su líder sabia de las cosas que siempre le preguntaba, pero que siempre terminaba desviando el tema.

Si era verdad que el poseía magia, podría hacer frente a las criaturas que atacaron su aldea y al monstruo que los ataco hace días.

— ¿Cómo sabes que poseo magia? –Necesitaba más respuestas si quería seguir.

— Escucha Midoriya –Giró a verlo deteniéndose unos segundos– No sé qué seas o tengas, pero hay algo dentro de ti que me tiene intranquila y quiero saber que es. Apuesto a que Obil haría lo mismo si estuviera despierto –Se detuvo unos segundos mirando al libro y luego prosiguió– Tal vez no lo sepas, pero ayer tus ojos estaban como los de ese dragón –Con aquello Izuku se quedó estupefacto– Y solo he visto esos ojos en aquellos que tienen la habilidad de convertirse en dragones.

El rostro estupefacto en Izuku era lo suficiente para saber que pronto tendría un colapso mental de tanta información incrédula y de algo estaba seguro Izuku, nada bueno iba a suceder a partir de ahora y mucho menos con esas dos a su lado.


Aclaraciones Repentinas:

*Las estaciones del año son tomadas por las temporadas en Japón.

¡GRACIAS A TODOS LOS QUE HAN LLEGADO HASTA ACÁ, EN SERIO MUCHAS GRACIAS POR SEGUIR LA HISTORIA! :D