N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... Siento no haber actualizado antes... El trabajo me está volviendo loca...
CAPÍTULO 8: LA CONFESIÓN DE BLAINE
Blaine cada día estaba más preocupado. Aunque Sam le había prometido que, tras la adopción, se divorciarían y todo volvería a ser como antes, él sabía que no era cierto. No cuando determinados sentimientos que creía olvidados volvían con más fuerza que nunca. Con dieciocho años se había enamorado de su mejor amigo y, aunque éste lo tomó como un crush que podían superar. Sin embargo, decidió centrarse en su relación con Kurt hasta que superó esos sentimientos… O eso creía.
Tener que comportarse como una pareja comenzaba a hacer que su corazón doliera. Quería volver a ser el amigo que de vez en cuando tenía más contacto con él que el que era habitual, pero que no significaba nada. En ese momento, cada vez que sus amigos estaban con ellos, tenían que besarse y tocarse como si estuvieran realmente enamorados. Saber que esos gestos eran fingidos empezaba a dolerle de una manera muy intensa.
Por eso necesitaba contárselo a alguien. La única persona que sabía que su relación era una farsa era Rachel y, por tanto, la única con la que podía hablar del tema. Por eso corrió después de terminar su función, sabiendo que tenía el tiempo justo para llegar al teatro en el que ella trabajaba.
–Parece que hoy estás muy solicitada. –El moreno sonrió al ver a su amiga.
–¡Blaine! ¡¿Qué haces aquí?! –Ella lo abrazó con fuerza.
–Necesito hablar contigo… ¿Tienes planes para la cena? –Él preguntó.
–No...
–¿Vamos donde siempre? –Anderson propuso.
–Claro.
Durante la cena estuvieron hablando de cosas triviales ya que Blaine le había dicho que prefería dejar el motivo de su visita para cuando llegaran a la casa de Rachel. Sin embargo, en cuanto entraron en el pequeño apartamento en el que residía la joven, el moreno decidió sincerarse completamente.
–Estoy enamorado de Sam. –El chico se sentó en el sofá sin mirar a su amiga.
–Sabía que eso no era buena idea. –Ella se sentó a su lado.
–Lo sé, pero nunca he podido negarle nada a Sam…
–Porque siempre has estado enamorado de él y estabas dispuesto a hacer cualquier cosa por él… Blaine…
–¿Y qué hago? Es mi mejor amigo y me necesita para cumplir el sueño de ser padre. ¡No me puedo alejar ahora de él! –Anderson estaba desesperado.
–¿Por qué no hablas con él? Necesita saber lo que sientes, necesita comprender que te está haciendo daño… ¿Cómo crees que reaccionará cuando se lo digas? ¡Hará cualquier cosa para que dejes de sufrir! Vuestra amistad va más allá de que vayáis a tener un hijo juntos. Os queréis tal como sois… ¡Cuantas personas querrían una amistad como la vuestra! Os complementáis, os comprendéis, sois leales y fieles el uno con el otro… No perdáis eso por mentiras o secretos… ¡Díselo! –Ella intentó animarlo.
–No puedo.
Blaine rompió a llorar. Sabía que debía encontrar a alguien que le hiciera olvidar lo que sentía por su mejor amigo, pero las cosas no eran fáciles.
Por mucho que lo intentó, cuando Blaine llegó a casa todavía se le notaba que había llorado. Por eso, tan pronto como lo vio, Sam corrió a abrazarlo.
–¿Qué ha pasado? –El rubio preguntó mientras lo apretaba con fuerza contra su pecho.
–No me sueltes, por favor. –El moreno sollozó. Parecía que no había tenido suficiente con todas las lágrimas que había derramado en casa de Rachel.
–No lo haré, estoy aquí. No te voy a dejar caer. –El artista lo dirigió hacia el salón y se sentaron, sin soltarse en ningún momento. No le importaba que le estuviera arrugando la camisa con el fuerte agarre que mantenía o que la estuviera mojando. Lo único que le importaba era consolar al hombre más importante en su vida. Le gustaría saber qué era lo que había causado semejante dolor.
Por su parte, la mente del actor recordó una conversación que su mejor amigo y él habían tenido semanas atrás. Recordó esa confesión que Evans le había hecho sobre su deseo de experimentar. Recordó que le había dicho que sólo experimentaría con él. En ese momento, le parecía que era lo mejor. Conseguiría tener ese cuerpo por una vez y, tal vez, todos esos sentimientos eran sólo deseo y conseguiría aplacarlos. Al menos, eso se decía a sí mismo para convencerse de que era el paso que tenía que dar.
Anderson se convenció de que debía ser él quien diera el paso. Eso era lo que Sam le había dicho. Si alguna vez quería ser el hombre con el que el rubio experimentaría su sexualidad, tenía que dar ese paso él.
Blaine se separó lo justo para poder mirar esos ojos verdes que lo habían enamorado. Notó la preocupación y el cariño con el que lo observaban. Sabía que estaba atento a cualquier movimiento que realizara. Era el mejor amigo del mundo y esperaba no estar aprovechándose de las circunstancias.
Muy despacio, el moreno volvió a acercarse, aunque esa vez su objetivo no era volver a encontrarse entre esos fuertes brazos, al menos no en ese momento.
Evans no le dio más importancia cuando sus labios sintieron los del otro. Era algo habitual cuando había gente cerca y tampoco era muy extraño que sucediera en la intimidad de su hogar. Sin embargo, se dio cuenta de que había algo diferente. Una tímida mano bajaba por su pecho, algo que hasta ese momento el actor no se había sentido cómodo en hacer.
–Dijiste que, si alguna vez me apetecía, podía ser el hombre con el que experimentarías el sexo gay.
–Sí, pero…
–Quiero que lo hagamos. –Anderson susurró, casi como si tuviera miedo a romper la magia del momento.
–¿Estás seguro? No quiero que después te arrepientas. –Sam tenía dudas. No sabía qué tenía así a su mejor amigo y no quería que esa tristeza fuera el motivo de su decisión, mucho menos teniendo en cuenta que él estaba enamorado y para él ese encuentro tendría un significado diferente. Además, tampoco quería que al día siguiente se arrepintiera de lo que iban a hacer.
–Estoy seguro. –El moreno volvió a juntar sus labios, deseoso de, al menos por una vez, saber cómo se sentía entre los brazos de su mejor amigo mientras entregaban sus cuerpos al placer.
–En ese caso… Vamos a mi habitación, estaremos más cómodos.
El rubio se levantó y dirigió al otro hacia su habitación. Esa noche, ellos dejaron que sus sentimientos los guiaran, por lo que no fue un encuentro salvaje. Cada caricia era más suave que la anterior, cada beso era más dulce… No había prisa, querían sentirse todo lo cerca que era posible, por lo que todo era lento y placentero. Al terminar, Evans tuvo clara una cosa, estaba total y completamente enamorado de su mejor amigo hasta el punto de querer que esa relación que fingían, fuera realidad.
