III.

Puerta a la tranquilidad.

—Póngame una de ésas, y otra de aquellas y… —dudó apenas un instante, presionando la cara contra el cristal del escaparate— ¿Puede añadirle a ese algo más de glaseado? Bueno, ahora que lo pienso, ¡póngame diez de los primeros! Y todas esas tartaletas de manzana, por favor.

Allen salió de la pastelería cargando cuatro bolsas de papel llenas de dulces. Al cruzar un par de calles, tan sólo le quedaban dos. Había descubierto lo fantástico que era el dinero cuando no tenías que entregarlo a tu irresponsable maestro, y ahora gozaba con ello.

Tras terminar de hablar con Komui, Allen había estado rondando un rato más por la Orden, reacio a abandonar tan pronto el lugar. Y bueno, tras encontrarse un par de veces con Kanda había decidido que ya era hora de dejar de estar vagando por el edificio y obedecer a su superior. De camino a su habitación para quitarse el uniforme se encontró con Lenalee en los pasillos. Aunque la chica parecía algo apurada, Allen le dirigió una sonrisa, esperando que ella pudiera comprenderla.

No muchas veces, por no decir nunca, Allen había podido poder pasear por la ciudad cercana a la sede de la Orden con demasiada tranquilidad. De hecho, apenas la pisaba, y tuvo que pedir indicaciones para no perderse. Pero era agradable. Era curioso cómo un lugar tan cercano al cuartel general fuese tan desconocido para él.

Allen se sentó en un banco en la plaza central, frente a una enorme fuente, y rodeado de árboles. Era un lugar bastante relajante para ser una plaza central, y muy tranquilo ya que poca gente transitaba a aquellas horas las calles.

—Timcanpy, si sigues rondándome como una mosca no puedo comer en paz— se quejó, agitando la mano como si realmente el golem fuese un insecto molesto—. ¿Qué pasa? ¿Quieres comida o algo?

Allen estiró el brazo, extendiendo hacia Timcanpy un bizcocho de chocolate y nueces. Retiró la mano con un leve grito al sentir los afilados dientes del golem rozar sus dedos. Luego miró hacia la bolsa de papel con la insignia de la pastelería.

—Vaya, ése era el último… —se lamentó—. Si lo hubiera sabido no te lo hubiera dado, Tim.

El golem le mordió la oreja.

—¡Tienes que aceptar la realidad, Tim! De todas formas, sienta genial tener dinero que gastar. El maestro Cross nunca… —Allen reprimió una arcada, tapándose la boca con la mano derecha. No debía recordar cosas desagradables en su día libre—. No tiene importancia.

Allen sacó del bolsillo de su pantalón la bolsa llena de dinero que Komui le había dejado. A menudo Allen era considerado un avaro y un agarrado por escatimar siempre en gastos, evitando comprar el máximo de cosas posibles, pero ese día descubrió que no le molestaba invertir el dinero en sus propios caprichos. De hecho, ese día se dio cuenta de que no le importaba gastar, siempre que el dinero no fuese suyo.

—Y aun así… —Allen suspiró con una sonrisa resignada, volcando lo que quedaba en la bolsa sobre su mano—. No sé cómo puede ser Komui tan despistado en ocasiones. Si no me hubiera dado cuenta, hubiera pagado todos los bollos de crema con esto. Hubiera sido una tragedia. Aunque claro, despedirse de todos aquellos bollos rellenos también lo fue. A su manera.

El exorcista observó aquella fina pulsera brillar entre sus dedos. Era delgada y elegante, y en los abalorios verdes traslúcidos se podía leer el nombre de Lenalee.

—Mira que entregarme por error el regalo de su hermana…

Volvió a guardar el accesorio en la bolsa, y la cerró tirando de la cuerda alrededor del cuello. Luego se recostó sobre el banco, tumbándose mientras sujetaba la bolsa con la pulsera contra su pecho, cerrando los ojos y dejando que la brisa se colara por debajo de su ropa, haciéndole cosquillas en la piel. Sintió el liviano peso de Timcanpy posarse sobre su abdomen, y el sonido imperceptible de sus alas doradas plegándose.

—¿Tú también quieres dormir, Tim? —Allen le sonrió al golem y abrió sus brazos, dejando paso a Timcanpy para que se instalara en ellos.

Sólo las hojas de los árboles fueron testigos de aquella imagen del chico albino durmiendo plácidamente abrazando al golem dorado, con una dulce expresión de tranquilidad y felicidad en su rostro, con la brisa suave del ocaso meciendo sus cabellos y su ropa.

Sólo las hojas de los árboles, un hombre alto con aspecto seductor vestido elegantemente y una chica joven de tez blanca mirando con deseo el cuerpo del chico.

—Es como un ángel… —admiró la chica—. Es increíble cómo puede formar esa expresión de inocencia y dulzura pese a ser un vulgar humano.

—Y un exorcista —señaló el hombre, sacando de uno de sus bolsillos un paquete de cigarrillos.

Road extendió la mano hacia el rostro del dormido, acariciando sus cabellos blancos y paseando su palma por la mejilla del chico, allí donde se formaba la cicatriz que le atravesaba el ojo izquierdo. Luego llevó la yema de sus dedos en dirección a la boca del exorcista, acariciando sus labios con suavidad. Allen reaccionó al cálido contacto de la chica removiéndose en el sitio, frunciendo el ceño levemente y murmurando en voz baja algo que Road interpretó como un suave gemido.

—Tyki.

—Road.

—Quiero besarlo.

—Bueno, yo quiero darle un puñetazo.

—Podemos hacer las dos cosas.

—O podemos no hacer ninguna.

Road hizo un mohín mirando a su tío. Luego se arrodilló al lado del banco de piedra, apoyando ambos brazos en la superficie y posando la cabeza sobre ellos, mirando nuevamente a Allen.

—Eres muy aburrido, Tyki.

El hombre dio una calada al cigarro, ignorando a la muchacha. A la hora de tener que expulsar el humo, requirió de una gran fuerza de voluntad para no soltarlo frente a la cara de Walker.

—No hemos venido con la intención de que puedas besuquearte o fantasear con el chico, Road. Date prisa y abre la puerta ya.

Tyki Mikk dio una última calada al cigarro antes de retirarlo de sus labios y presionarlo contra el dorso de su mano, apagándolo. Luego, lo lanzó a la papelera sin moverse del sitio.

—Ha sido una suerte que lo hayamos encontrado dormido.

—Sí —coincidió Road Kamelot materializando la puerta de los sueños mientras aprovechaba para presionar sus labios contra los del exorcista en un fugaz beso—. Ha sido toda una suerte.


¡Tercer capítulo listo! Juro que ahora la "introducción" ya está hecha.

Ahora es cuando las cosas empiezan a ponerse interesantes :)

¡Review!