N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... No creo que esta historia llegue a 20 capítulos... Ya veremos...
CAPÍTULO 14: EL PLAN
–No estoy segura de que debamos hacerlo. –Rachel comentó insegura mientras miraba a ambos lados de la calle como si fuera un criminal que comprueba que nadie lo ve.
–Se casan en tres meses, o hacemos algo o van a terminar divorciándose. –Santana respondió con paciencia, sabía que su amiga no apoyaba su plan.
–Antes del divorcio tienen que conseguir la adopción y no va a ser fácil. –La más baja insistió.
–Pero no me digas que no te gustaría que su boda sea por amor. –La latina comentó.
–Tienes razón, pero… Siempre pueden volver a casarse, ¿no? –Berry preguntó tímida.
–No. Tiene que ser su boda, su única boda. Deben darse cuenta de que se aman antes. –Cooper, que iba con ellas, añadió.
–¿De verdad vas a pagar por esto? –La diva de Broadway estaba desesperada.
–¿Por qué no? Creo que Santana tiene razón… A ti no se te ha ocurrido nada mejor. –El mayor se encogió de hombros, haciendo que Berry suspirara frustrada.
Dejaron la conversación porque llegaron al lugar al que se dirigían. El lugar era claramente acogedor y elegante. Frente a la puerta, había un gran mostrador y en uno de los laterales, había un pasillo.
–Buenas tardes… ¿En qué puedo ayudaros? –La mujer los miró con intriga porque no era habitual que se acercaran a ese lugar un grupo de personas tan diferentes.
–Buenas tardes. Venimos en busca de un chico de compañía… Pero para un trabajo un tanto diferente al que está acostumbrado… –Cooper intervino, pero fue interrumpido.
–Lo siento mucho, no somos un prostíbulo. Nuestros chicos acompañan a sus clientes a fiestas, reuniones familiares, celebraciones, al cine, a una cena… A lo que sea, pero nunca tienen relaciones sexuales. –La recepcionista se puso seria.
–No es eso lo que buscamos. –Rachel respondió, con la voz exageradamente aguda y las mejillas tan sonrojadas que podrían confundirse con un tomate.
–Verás… Queremos que seduzca a un chico. No creemos que llegue a conquistarlo porque está enamorado de otra persona, pero esperamos que esa persona se lance y tememos que, si no hay celos, será difícil. –Santana explicó con una sonrisa.
–¿Estáis seguros de eso? No quiero meter a uno de mis chicos en una situación en la que pueda dañar a alguien o pueda salir dañado. Una cosa es que alguien esté de acuerdo en salir juntos o realizar una actividad, otra muy distinta es engañar a alguien. –La recepcionista lo miró con recelo.
–Estamos seguros de lo que realmente falta, pero estamos de acuerdo en que, si hay alguna situación que lo incomoda o le hace dudar, el chico podrá dejar el trabajo. Sólo queremos que nuestros amigos se den cuenta de que están hechos el uno para el otro. –La latina informó intentando convencerla.
–Está bien… Creo que a Theo no le importará aceptar el trabajo. Suele ser habitual que los clientes conozcan a los chicos antes de su cita. ¿Quieren conocer a Theo? Está en la sala. Así pueden explicarle mejor lo que esperan de él… Les advierto de que no los obligamos a nada, por lo que tendrán que convencerlo. –Ella les informó.
Los tres asintieron y siguieron por el pasillo hasta llegar a la sala. Era un lugar alegre y divertido, con sofás y mesas que creaban pequeños lugares de reuniones, aunque la mayoría de ellos estaban tras biombos de varios colores para darles privacidad. En una esquina, un grupo de chicos charlaba, en otra, dos jóvenes leían sus libros. Había una suave música de fondo y el lugar parecía más un lugar agradable para estar con amigos que el lugar donde unos chicos de compañía conocían a sus clientes.
–¿A quién buscan? –Uno de los hombres preguntó.
–A Theo. –Cooper comentó con una sonrisa.
–Yo le aviso… ¿Quieren privacidad para su encuentro? Pueden ir a un privado o a una mesa normal, como prefieran. –El trabajador se mostró amable.
–Privado. –Rachel comentó mientras los otros dos exclamaban que no era necesario.
–Tal vez deban ir a un privado si le incomoda a la señora. El verde está libre.
Los tres fueron al lugar que les habían indicado y poco después llegó un hombre. Era rubio, alto, con ojos azules y un gran cuerpo. Aunque su descripción podría parecer semejante a la de Sam, no tenían mucho que ver. Este hombre tenía la espalda más ancha y los brazos más fuertes. No podían saber nada sobre sus abdominales, pero estaban convencidos de que también eran muy marcados.
–Soy Theo. Creo que queréis mis servicios. –El joven sonrió y se sentó junto a Cooper, malinterpretando que ese era su cliente. Escuchó atento lo que le contaban y enseguida comprendió lo que se pedía de él. Haría todo lo que estuviera en su mano para conseguir que esos dos amigos fueran pareja.
Blaine fue a tomar un café al lugar de siempre. A pesar de que ya no trabajaba en el teatro, le gustaba estar allí, por lo que decidió que seguiría yendo para encontrar inspiración. Como siempre, hizo su pedido y se dispuso a buscar una mesa para leer un poco. Sin embargo, esa tarde ocurrió algo inesperado. Un desconocido tiró su café sobre él, manchando su camisa y sus pantalones.
–¡Cuánto lo siento! –El joven exclamó. –No estaba atento…
–No pasa nada, vivo cerca de aquí. –Blaine respondió intentando quitarle importancia.
–¿Puedo al menos invitarte a tomar un café? –El rubio cuestionó con una sonrisa inmensa. –Me llamo Theo.
–Yo Blaine… –El moreno frunció el ceño. Estaba más que claro para él lo que estaba pasando. –¿Coqueteas con todos los chicos a los que les tiras un café o le tiras un café a los chicos con los que quieres ligar?
–Un poco de ambas. –Los dos rieron.
–¿Vienes mucho por aquí? –Anderson preguntó cuando se sentaron, cada uno con un nuevo café.
–Es la primera vez… Suelo pasar por aquí mucho, pero hasta ahora no había parado. ¿Tú? –Theo quiso saber, a pesar de que ya sabía la respuesta.
–Me gusta mucho este sitio.
–Vienes solo o sueles venir acompañado. –El rubio se interesó.
–A veces vengo con mi mejor amigo, pero lo normal es que venga solo. –Blaine sonrió amable.
–¿Amigo o algo más? –El más alto cuestionó.
–Es complicado… –El moreno comentó sin darle importancia.
–Tengo tiempo para que me lo cuentes.
Al final, Anderson no sabía por qué, pero acabó sincerándose con el otro salvo en una cosa, no le contó que sentía algo por su mejor amigo. El otro lo escuchó con atención, sin interrumpirle y sin perder la sonrisa en ningún momento. Después de eso, se intercambiaron los números de teléfono antes de separarse para seguir con sus días… Aunque no pararon de mandarse mensajes.
Blaine llegó a casa con una sonrisa después de pasar toda la tarde escribiendo en el parque y le pidió a Sam que le esperase a que hiciera una llamada antes de cenar. El rubio lo miró incrédulo entrar a la habitación y esperó intrigado a que saliera.
–Lo siento, pero Theo quería que lo llamara. –El moreno sonrió.
–¿Theo? –El dibujante se extrañó.
–Lo he conocido en la cafetería… No sé, parece que quiere ligar conmigo… –El actor se sentó al lado de su amigo.
–¿Crees que puedes confiar en él? –Evans cuestionó.
–Sam… Estaba ligando conmigo, hace mucho tiempo que no me sentía así… Le he contado lo que estamos haciendo porque sé que no es el mejor momento para empezar una relación… –Anderson comenzó a contarle, pero el otro lo interrumpió.
–¿Se lo has contado a un desconocido? ¿En qué estás pensando? –Sam gritó.
–¡Me gusta! ¿Vale? Es simpático, alegre, hemos conectado… Necesito que sepa en lo que se mete porque no puedo pensar en qué pasará si en unas semanas descubre que estoy prometido con ese mejor amigo del que le he dicho que no es nada más que un amigo. –Blaine se defendió.
–¿Y si lo descubre alguien? –El rubio intentó convencer al otro, más desesperado por lo que su amigo pudiera estar sintiendo por un desconocido que por otra cosa.
–Tendré cuidado, jamás arriesgaría nuestra amistad y lo que estamos intentando conseguir por alguien a quien no conozco. Confía en mí.
El dibujante asintió y abrazó al otro, deseando que en algún momento pudieran estar juntos, que ese nuevo chico sólo fuera alguien que había conocido en un bar y que no llegara a ser nada más.
