A la mañana siguiente la detective Beckett paraba su coche frente a la morgue. No quería dejar pasar el tiempo, necesitaba solucionar las cosas con su amiga. Cuando la forense llegó se sorprendió de ver a la detective esperándola.

-No tengo nada nuevo – Dijo Lanie mientras abría la puerta- cuando tenga los resultados de los análisis os lo diré. Kate entraba tras de ella haciendo que Lanie se girase- Y ahora si no te importa debo ponerme a trabajar – Sujetaba la puerta con intención de que Kate saliera de la sala.

-Lanie, quería hablar contigo.

-¿Es de trabajo? – Kate negó- Pues entonces lo siento, pero no tenemos nada más que hablar. Te agradecería que te marchases – Kate miró a su amiga sorprendida. Sabía que estaba enfadada pero no creía que lo estuviese tanto.

- Anoche estuve con Castle, me disculpé con él por mi forma de actuar – Se fijó en el rostro de Lanie, no encontró ningún cambio.

-Me parece perfecto. Y conociendo a Rick como le conozco te perdonaría sin ningún problema. Es más estoy segura que te dijo que no hacía falta, que entendía que era tu trabajo – Kate asintió- Así es él. Pero siento decirte que yo no soy Rick. Cierra la puerta al salir – Terminó de decir comenzando a caminar hacia su despacho.

La detective Beckett salió de la morgue bastante desanimada. En ningún momento había ponderado la idea de que su amiga ni tan siquiera quisiera escuchar sus disculpas. Llegó a la cuarta planta de la comisaría número 12. Aún era temprano y sus compañeros no habían llegado. Se dirigió hasta su mesa para dejar la chaqueta en el respaldo de su silla. Después encaminó sus pasos hasta la sala de descanso dónde se preparó un café, sentándose en el sofá que allí había. Mientras bebía el líquido humeante pensaba en cómo podía haber sido capaz de decir tales cosas a su amiga.

-Te perdonará – Estaba tan inmersa en sus pensamientos que escuchar aquella voz la sobresaltó – Perdona, pensé que me habías visto entrar.

-No, la verdad es que ni cuenta me di de que habías entrado Ryan- El detective se sentó al lado de su amiga.

-Lanie no es de guardar rencores, pero sí creo que te va a costar un poco conseguir su perdón. Te lo vas a tener que currar un poco.

-¿Qué se va a tener que currar? – Los dos se fijaban en Espo que terminaba de entrar en la sala.

-Lo de Lanie – contestó el irlandés. Javi soltó un silbido.

-Chica, está realmente enfadada. Me ha tenido al teléfono hasta las tres de la mañana- Les contaba sirviéndose él también un café- Creo que hoy voy a necesitar muchos de éstos – decía dando un sorbo al contenido de su taza.

-Será mejor que nos pongamos a trabajar – Kate se ponía en pie y salía de la sala.

-¿Qué ha pasado? – Ryan se encogía de hombros.

-Cuando llegué estaba como ida, supongo que habrá intentado hablar con tu chica y no habrá tenido existo.

-No es mi chica, al menos aún – Contestaba Esposito.

-No pierdas la fe, algún día lo lograrás – El irlandés daba una palmadita en la espalda de su compañero.

Como la detective había pedido el equipo se puso manos a la obra con la investigación. Cuando Ryan llegó con la lista de clientes del fallecido, supieron que no habían errado en la suposición. De entre todos los nombres destacaba uno, Alexei Volkov. Según la Interpol y el FBI Volkov era el cabecilla de la mafia rusa asentada en la ciudad de Nueva York.

-Ahora sólo hay que demostrarlo – Kate repasaba los informes- ¿Qué sabemos de los movimientos de Volkov el día de autos?

-Estamos a la espera del informe de seguimiento del FBI – Contestó Ryan.

-Bien, hasta que lo tengamos en la mano no podemos avanzar más. Será mejor que vayamos a comer – Se ponía la chaqueta y se dirigía hacia el ascensor siendo seguida por sus dos compañeros.

Cuando ya se encontraban en la calle el móvil de la detective comenzó a sonar. Se extrañó porque era un número que no tenía identificado. Su sorpresa fue aún mayor cuando al contestar la persona que llamaba se identificó como Rick Castle.

-Lo siento detective, pero no sabía a quién llamar. Lo intenté con Lanie pero está en una autopsia, sólo me quedaba usted. Ha sido Lanie la que me ha facilitado su número – Castle hablaba sin parar- Necesito su ayuda, es Alexis – Kate se puso nerviosa al escuchar el nombre de la niña.

-¿Ha pasado algo? ¿Ella está bien? – preguntó un poco alterada, haciendo que sus compañeros la mirasen preguntándose qué sucedía- ya entiendo, dame unos veinte minutos y estaré en tu casa – Mientras decía eso paraba un taxi – Chicos tengo que irme, cuando tengáis el informe del FBI dadme un toque.

-¿Dónde coño va? – Se preguntaron Ryan y Espo al tiempo.

La puerta se abrió en cuanto ella dio el primer toque. Castle tenía la cara desencajada. Los ojos hinchados y rojos, signo inequívoco de haber estado llorando. La tomó del brazo haciendo que entrase y cerró la puerta de inmediato.

-Se ha encerrado en el baño y no me deja entrar. He oído golpes y cosas caer – Le decía mientras casi la llevaba a rastras hasta el aseso. Se le notaba muy nervioso y preocupado- Ayúdame – Le suplicó.

-¿No sé muy bien qué hacer? – Se excusó ella.

-Háblala, igual a ti te escucha. A mí me ha gritado que ahora ya estaré contento – Kate le miró sin comprender lo que decía- Sí, ha dicho que estaré contento porque ahora ya no la tengo que compartir – Kate le acarició el brazo.

-Lo intentaré. ¿Por qué no preparas un café? – Rick asintió y se alejó de allí.

No sabía cómo lo había hecho pero a los pocos minutos escuchó cómo la puerta de aquel baño se abría. Dejó las tazas sobre la encimera de la cocina y corrió hasta allí. Cuando llegó vio como la detective volvía a cerrar.

-¡Kate! Por favor ¡Kate! – Golpeaba la puerta.

-Lo siento, pero quiere hablar a solas. Estate tranquilo, saldremos cuando Alexis esté preparada – Rick se alejó de aquella puerta arrastrando los pies y se dejó caer sobre el sofá.