NdA:Sigo con este one-shot, supongo que me he alargado escribiendo porque me encanta mi guarda, Alistair etc, y me ha parecido decepcionante que lo más que nos da Bioware es una triste carta, que muy bonita pero... sabe a poco.
Aquí dejo el segundo capitulo de este one-shot.
¿Y si…? – Parte 1
¿Y si la "Leyenda de Ferelden" visitara Feudo Celestial? (Alexandra Trevelyan)
CAPITULO 2
Empieza a oscurecer cuando se da cuenta que llevaba demasiadas horas trabajando sin parar, momento en el que su estómago decide hacer acto de presencia rugiendo y pidiendo comida.
Tras recoger, un poco, todo el montón de papeles para que estuviera más presentable, se dirige a las cocinas, era demasiado tarde como para encontrar algo en las mesas del salón principal y no iba a despertar a nadie porque ahora ella tenía hambre, además siempre dejaban algo preparado en las cocinas para momentos como este, no era la primera vez que se despertaba en medio de la noche y bajaba a prepararse algo, todavía recuerda el primer día cuando asustó y sorprendió a una de las cocineras al verle prepararse algo de comer, desde entonces siempre le tenían algo listo por si la noche le llevaba hacia sus cocinas.
No había terminado de servirse su plato cuando unos pasos nada silencioso, todo sea dicho, se acercaban apresuradamente.
Buscó un cuchillo en la cocina, había sido tan estúpida como para pasearse sin nada, tenía su magia pero no quería arder en llamas la cocina, le cortarían la cabeza Sue y el resto de cocineros si se atrevía. No es que realmente necesitara protegerse, se supone que Feudo Celestial es seguro y hay guardias por todos lados, pero… siempre hay algún espía que puede infiltrarse, todavía Leliana estaba investigando posibles filtraciones, y no podía olvidar lo que paso con Josephine. Aunque con lo ruidoso que era dudaba que ese fuera el caso.
-¿Inquisidora?- era uno de los soldados de Cullen, uno de los nuevos reclutas, debía estar de guardia, no recordaba su nombre… eran tantos, Wellox, Mellos, no conseguía recordarlo.- he ido a sus aposentos pero no respondía, entonces recordé que usted, suele venir a las cocinas.- al ver como la Inquisidora alza una ceja curiosa carraspea intentado ocultar su sonrojo.- Una… mujer desea verle, iba a informar primero al Comandante, en estos casos desea ser informado antes de proceder,- el bueno de Cullen intentando controlarlo todo como siempre.- pero la mujer ha insistido que solo hablaría primero con usted y solo con usted o se marcharía y que… usted no estaría nada contenta si permitía que se fuera sin antes…- dándose cuenta de que estaba hablando muy rápido y nervioso y sin ser muy claro, carraspea de nuevo.- Esto… ha dicho que usted sabrá quién es, estaba esperando su llegada.-
-Tranquilízate, ¿Mellos?- al ver la sorpresa y la sonrisa del joven al darse cuenta de que había acertado su nombre, ella deja escapar un suspiro casi imperceptible, estaba dándole vueltas a quien podría ser esa mujer cuando le vino una persona a la mente, si era quien pensaba que era iba a tener suerte y ya no tendría que hablar con Leliana ni dar más vueltas sobre que hacer.- La recibiré, iremos a la oficina de Josephine, está más cerca y es un buen lugar para poder hablar.-
-Por supuesto, Inquisidora. Ahora mismo.- se despide con una reverencia y se marcha casi corriendo.
Quizás se equivocara, pero estaba segura de que era ella. Nunca la había visto… ¿podría ser una trampa? Suspira de camino a la oficina de Josephine con su comida mientras piensa para sí misma que desde que empezó todo esto se estaba volviendo una paranoica.
Estaba concentrada en su comida cuando unos susurros y el ruido de la puerta al abrirse le hacen alzar la cabeza.
Mellos, el soldado de antes, cede el paso a una figura menuda y totalmente cubierta por una capa con capucha totalmente negra que no dejaba ver quien era.
-Si nos disculpa joven Mellos, me gustaría poder hablar con su Ilustrísima en privado.- surge una voz melodiosa e hipnotizadora de la capa dirigiéndose al soldado. Se había tomado la molestia de aprenderse el nombre del soldado y se dirigía a él con respeto e igualdad, no con el tono de superioridad o la pomposidad que ya había visto en otros dignatarios y monarcas. Nadie adivinaría que bajo esas capas estaría la Reina y Heroína de Ferelden, si es que era ella, claro.
-Yo…- mira de la capa hacia Alexandra y hacia el suelo, momento en el que se dio cuenta del mabari que estaba pegado a la figura encapuchada, el joven nervioso cambiaba el peso de un pie a otro mientras con una mano nerviosa seguía sujetando el pomo de su espada.- Yo, no creo que deba…-
-No tengo planeado hacerle nada a su querida Inquisidora.- se produce una breve pausa.- Te recomendaría apartar la mano de esa espada, no queremos que nadie salga herido por un estúpido accidente o sobresalto, ¿verdad?- su voz es tan cordial y tranquilizadora que me la puedo imaginar amansando hasta a un dragón.
-Yo…- sus palabras tienen el efecto deseado haciendo que bajara la mano pero seguía sin moverse.-
-Puedes volver a tu puesto Mellos, no debes preocuparte sé quién es y no supone ningún peligro para nosotros o para mi.- o eso esperaba, sabía lo que la falsa "Llamada" de Corifeus había hecho entre los guardas y no estaba segura de en qué condiciones estaría la Guarda Comandante. Una parte de ella se arrepentía de haber dejado ese cuchillo en la cocina. Casi se ríe al pensar que podría hacer algo contra la Leyenda con un simple y triste cuchillo.
El joven cierra la puerta tras de sí tras una reverencia dejando la habitación en completo silencio. Para recordarle, en el caso de que fuera necesario (esperaba que no), que era una maga decide lanzar una bola de fuego hacia la chimenea antes de sentarse en una de las butacas que había frente a las llamas avivadas.
Una risa casi susurrada le hace girar la cabeza en su dirección.
-No tenéis de que preocuparos, he venido a ayudar, en lo que pueda, tal como os decía en mi carta.- responde esa cantarina voz, mostrando su rostro por primera vez al apartarse la capucha antes de sentarse. Se fijó en el mabari, como observaba la habitación como si analizara que era un lugar seguro (si es que eso era posible y no eran imaginaciones suyas) y al encontrar lo que fuera que buscara o no se tumbó frente al fuego. Entonces posó su vista en la mujer.
No la había visto nunca, pero si hubiera sido así, no habría podido olvidarla. Si recordaba bien la Heroína debería tener ahora entre unos 28 o 30 años, no lo sabía con certeza, pero no aparentaba más de 22, aunque se podía ver signos de fatiga en su rostro, ojeras, y algunas arrugas, era muy hermosa, unos ojos violáceos iluminaban su casi inmaculada piel marcada por unas cuantas cicatrices, una en la ceja izquierda, otra en una mejilla casi imperceptible, y otras más aquí y allá. Su piel ligeramente olivácea, seguramente tostada por el sol en sus viajes resaltaba más aun el color de su pelo oscuro con un tono y brillos que con las llamas refulgía casi azul como el mar en una noche de luna llena, podía entender perfectamente como el rey había quedado prendado de ella tal como contaban las historias.
-Disculpad mi descortesía al presentarme a tan altas horas de la noche.- hace una leve reverencia.- Soy Elissabeth Cousland, un placer su ilustre Inquisidora.-
-Oh, no, no, disculpad, debería ser yo quien le pidiera disculpas por nuestra petición cuando estáis ocupada con otros asuntos, su Majestad.- se levanta de la silla ofreciéndole el asiento junto al suyo, por un momento se había sentido como cuando era una niña y estaba con sus instructores de modales y etiqueta por su falta de respeto y cordialidad.
-No tenéis porque ser tan formal, podéis llamarme Elissa si gustáis, además he venido aquí como Guardia Comandante no como Reina.- le responde tras una corta risita.
-Entonces podéis llamarme Alexandra, ojala más gente lo hiciera, tanto Inquisidora, Heraldo, Su Ilustrísima a veces me pone de los nervios.-
-Es cuestión de acostumbrarse.-
-No creo que vaya a acostumbrarme nunca.-
-Oh, lo haréis os lo aseguro, se de primera mano lo que sentís.-
Las dos se miran y sin saber muy bien porque se echan a reír, haciendo que así se desvaneciera la tensión de la que no era consciente estaba atestando la sala. Ahora entendía porque después de tantos años y los rumores sobre hacer que el Rey destituyera a la Reina y se casara con otra noble en edad casadera que le diera hijos (después de 10 años, el Reino de Ferelden seguía sin herederos) no habían dejado de ser eso, rumores. Podía ver perfectamente a esta pequeña mujer manejando a la corte y los asesores del Rey con el dedo meñique de su mano sin siquiera parpadear.
Sabia de buena mano que se habían casado por amor, algo muy poco habitual en su posición y que el Rey se desvivía por su esposa, conocer a la mujer en persona, hablar con ella le hacía comprender el por qué.
-¿Tengo algo en la cara?- le pregunta ella despertándola de sus ensoñaciones.
-¿Eh?-
-Me mirabais fijamente, pensaba que quizás tenía algo en la cara.-
-¡Oh, no! Estaba… pensando.- responde Alexandra con una sonrisa.- No me hagáis mucho caso, ha sido un día largo.-
-Por favor, permitidme expresar mis disculpas de nuevo por presentarme a una hora tan intempestiva, estaba cerca y como seguramente sabréis no hay que digamos… posadas- suelta una corta carcajada. Parecía que a la Leyenda le gustaba reírse bastante, le hacía parecer mucho más humana y joven, eso le gustaba, la historia de su hazaña siempre la hacía parecer casi etérea, como si estuviera en otro nivel, no sabría bien como expresarlo.- Con lo que proseguí el viaje hasta alcanzar Feudo Celestial.-
-Son innecesarias, de verdad. Me alegro de que hayáis llegado sin problemas.- hace una pausa.- Es tarde y estaréis cansada, lo mejor sería dejar la conversación para mañana u otro día cuando estéis descansada. Si no os parece mal.-
-Eso sería estupendo, muchas gracias.-
-Os acompañaré a vuestra habitación.-
Caminaron las dos en silencio con el mabari a la sombra de su señora sin que ella hiciera ni un gesto ni dijera una palabra, Elissabeth se colocó la capucha de nuevo antes de salir de la sala de Josephine.
-No tenéis que preocuparos, aunque os reconozcan aquí estaréis segura.-
-Disculpa, es la costumbre, debo reconocer que mis viajes han sido algo… más complicados de lo esperado y debo pasar lo más desapercibida posible, no siempre son ovaciones y alegría cuando alguien sabe quién soy. Hay muchos que celebrarían mi prematura muerte.- termina con un gélido tono que no pasa desapercibido para Alexandra.
- Oh, se de primera mano lo que sentís.- le responde ella con las mismas palabras que momentos antes le había dicho ella.
Eso hizo que se relajara y le regalara con otra sonrisa, aunque era cierto que lo entendía, estaba viviendo lo mismo desde que la proclamaron Heraldo de Andraste e Inquisidora, llegaron a la puerta de su habitación.
-Aquí estamos.- abriendo la puerta la deja pasar primero.- Siento que sea tan… austera y pequeña, estaréis acostumbrada a grandes habitaciones y…-
-No, es perfecta, esto es un palacio comparado con las "habitaciones" en las que he tenido que dormir algunas veces en la última década. Muchas gracias por tu hospitalidad.- el silencioso mabari se acercó al fuego que estaba encendido (seguramente cosa de Mellos) sin hacer caso a ninguna de las dos.
-De nada, siento no poder ofrecerle un baño, no he caído en la cuenta, si queréis puedo despertar a una de las doncellas para que os preparen uno.-
-No, por mí no lo hagáis, puedo apañármelas con la palangana para refrescarme un poco, mañana puedo darme un baño, a una hora decente y sin tener que despertar a nadie. Aunque gracias por el ofrecimiento.- parecía querer decir algo más así que esperó en silencio.- Si no os importa, y no es mucho pedir, me gustaría que quedara entre nosotras mi presencia aquí, quien soy y porqué estoy aquí. Sé que es inevitable que Leliana lo sepa, y sus otros consejeros deberán saberlo, pero…-
- Tendréis vuestros motivos, por mi parte de mi boca no saldrá nada, simplemente sois… una prima que ha venido de visita.- le responde rápidamente recibiendo una sonrisa de agradecimiento por respuesta.- Si eso es todo, nos vemos mañana Su Majes- digo Elissa.- tras despedirse con sendas reverencias Alexandra regresa a la sala de Josephine a recoger el plato olvidado para terminarse la ya fría comida, suspira, antes de regresar a su habitación y también descansar, aunque solo fuera durante unas pocas horas.
