Disclaimer: Full Metal Alchemist y todos los personajes pertenecen a Hiromu Arakawa. Este fanfiction está hecho solo con el único fin de divertir al lector y de expresar las ideas de la escritora las cuales surgen paralelas a la historia original.

La idea vino a raíz de la necesidad de saber más acerca de los personajes de Roy Mustang y Riza Hawkeye y de la sensación de querer escribir acerca de la historia de amor entre los dos. El fic seguirá la misma historia y secuencia del anime "Brotherhood" incluyendo solamente algunas escenas tras bambalinas, por así decirlo, entre Roy & Riza por lo que el lector puede encontrar varias similitudes, líneas y descripciones iguales a la serie al menos hasta el punto del día prometido.

Cualquier crítica constructiva es bien recibida en sus reviews.

MIRADA DE FUEGO

2. Expiación de Culpas.

El aire estaba lleno de olor a deterioro y pólvora, la arena estaba empapada con la sangre derramada. Cada soldado disparaba indiscriminadamente y con cada disparo, alguien seguramente moría. Pero para los francotiradores era distinto, cuando jalaban el gatillo alguien moría con seguridad. Los únicos que veían el resultado al instante eran los francotiradores y los alquimistas estatales.

La culpa no era suficiente adjetivo para describir a detalle la forma en la que se sentía. Sabía que en el ejército encontraría la muerte de cerca sin embargo, ninguna academia militar está suficientemente adaptada para preparar a los soldados al mismo infierno. "¿Esta era la única forma de proteger a otros?" Casi de forma inmediata, respondiendo a su cuestionamiento la imagen de Roy Mustang cruzó por su mente. Sí, ella misma había decidido tomar ese camino para protegerle.

Ambos estaban en aquella escena luego de que Mustang acabara con todos los rebeldes de un solo chasquido.

-Tanto tiempo, comandante Mustang. ¿Me recuerda?.-

Mustang la miraba aun asombrado por encontrarla ahí y al tenerla de cerca y de frente comprobó lo que había percibido antes a la distancia. "¿Cómo es posible? Ha desarrollado los ojos de un asesino."

-No pensé verla aquí.-

Riza suspiró aún en estado de shock al ver de cerca la escena incinerada donde hasta hacía unos minutos se encontraban los Ishvalanos rebeldes. -Dígame algo comandante, ¿Cómo es posible que los soldados maten ciudadanos cuando deberían protegerlos? ¿Por qué usan la alquimia que debería traer buena fortuna para matar gente?.-

Mustang sintió como una puñalada esas últimas palabras. Agachó la mirada mientras apretaba sus puños recordando cómo antes de salir de la casa de su maestro, le había prometido que no se arrepentiría por confiar en él, cada palabra retumbaba en su mente causando eco. No tuvo palabras que decir tampoco fue necesario ya que un hombre delgado, de tez muy blanca, con el cabello negro y largo sujeto a una coleta, fue quien respondió a la joven.

-¿Por qué los soldados matan gente cuando deberían protegerlos? Porque es el deber impuesto sobre un soldado, ¿no lo cree Srita. Francotiradora?– . Con esa mirada fría y calculadora y luego de lanzar aquella pregunta en tono burlón, aguardó una respuesta casi sintiendo placer al observar el miedo y la culpa reflejados en los ojos cafés de la chica. -Aún parece reticente a estar aquí. ¿Cuánta gente ha muerto en sus manos?.-

Mustang dio un par de pasos hacia el otro alquimista a quien tomó por la solapa del uniforme retándolo con la mirada.

-Guarda silencio Kimblee! ¿Acaso estás insinuando que participar en esta masacre es lo correcto?-

El alquimista carmesí, sin inmutarse si quiera por la reacción del comandante, respondió mientras lo miraba fijamente a los ojos. - ¿Acaso van a negar que cuando vencen al enemigo sienten satisfacción?-

-Basta!.-

-En el campo de batalla se mata al enemigo, ¿se pusieron el uniforme sin estar listos para eso?.-Las palabras de Kimblee hicieron mella en Mustang quien asombrado de escuchar aquello, soltó el uniforme del alquimista. – No aparten la vista de la muerte y sigan adelante. Miren directamente a la gente que matan y no la olviden, ellos no los olvidarán a ustedes.- Y sin más se dio media vuelta dejando a ambos ahí, impávidos por aquellas palabras agotados de derramar sangre. ¿Cuál era la razón de aquella masacre? ¿De verdad era por algo tan simple?

No. Mustang sabía que el poder de una sola persona no era suficiente pero aun sin tener clara la salida y luego de ser testigo del desierto tragándose en la arena los cuerpos de soldados e Ishvalanos por igual, se decidió a encontrar una respuesta, aún sin saber cómo, quería marcar la diferencia, aunque fuera poco, para proteger a quienes quería. Se giró de nuevo para ver a Hawkeye y de pronto el recuerdo de cuándo eran niños vino a él como una oleada, aquella noche cuando la conoció, sonrió un tanto aliviado acercándose de nuevo a ella teniéndole una mano y dijo: -Lo que haya pasado, no puede cambiarlo… Ahora solo importa el futuro. –

Riza levantó la vista hacia él, pudo verlo de pie con la mano extendida, tan devastado como ella, pero determinado a seguir adelante. Quizá nunca se perdonaría por todas las vidas que habían tomado, toda la sangre derramada, todo el dolor infringido, y probablemente nunca olvidaría aquella pesadilla pero por ahora, seguir a su lado era suficiente.

Pasaron un par de semanas más y la llegada del Führer al campo de batalla anunciaba que la guerra había llegado a su fin. Mustang lo miró desde lo bajo admirando todo el poder que tenía aquel hombre y entonces lo comprendió.

-Vaya Roy, te ves diferente.- Hughes su viejo amigo de la academia se colocaba a lado del comandante mirando hacia la misma dirección que él comprendiendo quizá lo que su amigo pensaba. – Al fin y al cabo los soldados valemos menos que la basura, ¿cierto?-

-Sí, el poder de una sola persona no es mucho de modo que, no será fácil.-

-¿Acaso quieres su lugar?.-

-Si mis subalternos protegen a sus subalternos el sistema se cumplirá. Los humanos deberíamos ser capaces de hacer eso al menos.-

Hughes miró con detenimiento los ojos de Mustang, lo conocía lo suficiente al menos para saber que hablaba en serio, el mote de Alquimista de Fuego le quedaba bien. Había recuperado la chispa en sus ojos. -Será divertido. Te apoyaré desde abajo y observaré mientras llegas a la cima Roy Mustang.-

Los soldados abandonaban de a poco los escombros de lo que alguna vez fue Ishval abordando los cientos de camiones para regresar a casa. Mustang caminaba por las ruinas buscando a Hawkeye, luego de aquél incidente habían estado luchando juntos hombro a hombro, pero luego de la llegada de Bradley la había perdido de vista. Estaba a punto de regresar cuando al fondo, donde ya nadie quedaba estaba ella en cuclillas dando los últimos toques a lo que parecía un sepulcro. Se colocó detrás de Hawkeye esperando a que terminara.

-Ya no queda nadie aquí. Vamos o la dejarán atrás. - Pero la chica no se inmutaba, seguía concentrada terminando la tumba. - ¿Quién es? ¿Un camarada de guerra?-

-No, es un niño Ishvalano que fue tirado a lado del camino. -

Mustang sintió un dolor en el estómago. Cuan doloroso debía resultar para ella haber presenciado el mismo infierno.

-La guerra terminó, volvamos a casa.-

-Quizá la pelea, pero la pesadilla que viví y la culpa que siento están lejos de terminar. Permanecerán conmigo mientras siga con vida.- La voz de la joven comenzó a tornarse temblorosa. - Confié en usted, le mostré la investigación de mi padre y me uní al ejército esperando ayudar a la gente pero ahora como se han dado las cosas, ¡No es lo que quería!... Pero eso no cambiará nada, nunca podré pagar por el sufrimiento que he causado- Se puso de pie aun dándole la espalda al comandante. Sentía pena de verlo, estaba llena de culpa por haberle mostrado la investigación, pero no podía sentir rencor hacia él, solamente se podía sentir frágil e indefensa y cargar con la culpa de ambos, después de todo las muertes del alquimista también eran suyas. -Tengo un favor que pedirle comandante, por favor quémela. Queme mi espalda...-

Roy la miró lleno de miedo y asombro. ¿Quemarla? ¿Acaso estaba bromeando? Jamás podría pensar si quiera en hacerlo. Intentó acercarse a ella para hacerla entrar en razón, pero la chica lo interrumpió.

-..Destruyendo esta técnica, todos sus secretos, al menos así podré evitar que surjan más alquimistas de Fuego.- La joven se giró para tenerlo de frente al fin y mirándole con ese par de ojos marrones llenos de lágrimas ahora y suplicantes terminó: -¿Podrá hacerlo? Por favor, libéreme de la carga que me impuso mi padre, libéreme de esta alquimia. Se lo suplico. -

Mustang apretó los puños impotente ante aquél hecho, teniendo esa mirada tan cerca era imposible negarse. Había fallado ya una vez en su promesa, si de esa forma podía al menos aligerar un poco su carga, entonces lo haría, aunque eso significara lastimarla. -De acuerdo, dejaré el menor rastro posible. -

Hawkeye sintió como el peso sobre sus hombros se liberaba momentáneamente y después de emitir un gran suspiro sonrió a pesar de estar desolada por dentro. -Gracias.-

Luego del regreso a ciudad del Este Mustang y Hawkeye se toparon en el comando aun mostrando mella en sus cuerpos por la batalla, sin embargo ahora que el recién nombrado Coronel tenía clara su meta se había propuesto dejar el pasado atrás y aprender de él, tal como ella se lo había dicho años atrás.

-Felicidades por su ascenso, Coronel.-

-Lo mismo para usted, Teniente.- Pudo ver en aquella mirada cobriza que poco a poco se apagaba el horror para dar pie a la determinación del presente. -Justo iré donde Madame ahora, ¿quisiera acompañarme?.-

-Será en otra ocasión. Iré a visitar a mi padre.-

-Salúdelo de mi parte.- Y luego de hacer un gesto con la mano derecha a modo de despido, siguió caminando. Estar en el ejército y encontrarte con un camarada con quien no haga falta decir palabras para comprender lo que el otro quiere decir, es difícil, solo algunos pocos suertudos podían contar con "la tercer mano" como se le conocía en la milicia. En Ishval, aquellas batallas en las que actuaron juntos Hawkeye desde lo alto, y Mustang en el campo dirigiendo el combate, parecían perfectamente sincronizados. La sinergia que había entre ellos y el cómo parecían embonar como dos engranes perfectamente engrasados listos para trabajar y derrotar al enemigo juntos, hicieron pensar a Mustang lo afortunado que era por encontrar su tercer mano. Justo ahora parecía haber percibido otro mensaje diferente al que la teniente había dicho con sus labios. Así que sonrió y se dirigió a la casa de su maestro.

El sol se estaba metiendo ya, Riza regresaba a su antiguo hogar luego de llevar flores a la tumba de su padre. Al abrir la puerta, un par de ojos negros la miraban desde la sala de estar. Sonrió aliviada y cerró la puerta tras de sí.

-Espero no encuentre atrevida mi intromisión, teniente. -

-Me alegra que haya comprendido mi mensaje. ¿Tiene mucho esperando? -

-Solo un par de minutos. - Hawkeye fue hasta la cocina para preparar un poco de té, luego de algunos minutos regresó donde estaba Mustang con una charola y dos tazas.

-Lamento haber arruinado su festejo. -

-No había nada realmente que festejar. - Tomó una de las tazas y dio un sorbo al te. – Supongo que mi visita es para cumplir con el favor que me ha pedido antes. -

-Solo a usted podría pedírselo señor. - Mustang suspiró y apretó la mandíbula. Dio otro sorbo al té esperando disimular su impotencia.

-Asumo que no hay nada que pueda decir para hacerla cambiar de opinión. - El silencio de la chica fue quien respondiera al coronel. -De acuerdo, lo haré… Pero tengo una condición. -

Riza lo miró extrañada esperando entender lo que acababa de escuchar.

-Puede negarse si quiere, sé que no estoy en posición de poner condiciones. -

- ¿Qué clase de condición es entonces si puedo negarme?.- Mustang sonrió.

- Digamos que es más bien un deseo personal. -

Riza seguía observándolo directo a ese par de ojos negros, tratando de descifrar esa mirada, viéndolo de forma retadora, como si estuviese reprendiéndole añadió: - Coronel, ¿está aprovechando la ocasión para satisfacer sus deseos propios? -

- ¿Por qué cree que busco ascensos rápidos, teniente?. - Hawkeye lo miró persuasiva y divertida a la vez. Por su parte Mustang se dio cuenta de lo bien que ambos se entendían, incluso para bromear con estupideces ahora, tratando de evitar lo que estaba a punto de ocurrir.

-Sea lo que sea coronel, cuente con mi apoyo. Podrá explicarme a detalle una vez que terminemos aquí. -

¿Cómo hacía ella para sorprenderlo con cada palabra... con cada gesto? Ni siquiera sabía lo que le pediría y ya había aceptado. Una punzada en su sien derecha hizo que la sujetara y agachara un poco la cabeza. ¿Qué bueno había hecho para tener a alguien como ella a su lado, siguiéndolo? La taza que sujetaba con la mano izquierda casi se cae luego de que tambaleara un poco.

-Coronel, ¿Está bien? - Hawkeye estaba ya a lado suyo mirándolo preocupada.

-Acabemos con esto. -

Ambos se pusieron de pie, la teniente iba delante de él, guiándolo por la casa cruzando la sala y subiendo las escaleras para llegar hasta su habitación en la planta alta. Mustang dudó en entrar por un segundo, casi pudo escuchar la voz de su maestro advirtiéndole que no espiara a su hija y que no fuera nunca a la parte alta de la casa. Sonrió al recordarlo. Finalmente entró a la habitación, las paredes estaban pintadas de un sutil todo marfil que hacían juego con el juego de sábanas de su cama, en la ventana colgaban dos cortinas color beige con adornos cafés y al frente de la cama estaba la cómoda la cual tenía en medio un espejo.

Riza se colocó dando la espalda al coronel descubriendo por segunda vez ante él su espalda. No pudo evitar sonrojarse un poco al sentir que su respiración se entrecortaba. Cerró sus ojos tratando de calmarse.

Mustang por su parte, seguía renuente ante la idea de quemarla más aun, cuando la tuvo delante suyo de nuevo con la parte superior descubierta y pudo admirar de nuevo su hermosa piel. Que hermosa era. Su cabello seguía corto y le permitía admirarla desde su cuello hasta donde terminaba la espalda. Recordó el momento en el que suplicante le hizo prometer que no habría más alquimistas de fuego, y fue ahí al tener en su mente aquella mirada cobriza llena de lágrimas que su corazón se contrajo dejando salir sus instintos protectores. No pudo evitar ver el reflejo de la teniente en el espejo que tenía de frente, ahí estaba ella con los ojos cerrados esperando que él la quemara cubriendo apenas con sus brazos sus pechos. Deseaba tanto protegerla, lo deseaba de verdad y a ella, hacía tanto tiempo que la había estado deseando que casi se sintió estúpido por aceptarlo apenas. Ahora con ella ahí de espaldas, mientras observaba su delineada figura pudo sentirlo de nuevo. Se recriminó por estar pensando en eso, ella era una mujer hermosa de verdad sí, pero ahora estaba ahí esperando que él cumpliera con su promesa. Sabía que aún le aguardaban cosas difíciles por vivir y no podía permitirse tenerla lejos. Apretó la mandíbula, se colocó sus guantes y con su mano izquierda lista chasqueó los dedos para acabar con todo de una sola vez. Su guante provocó la chispa y una flama delgada en forma de torbellino salió de él impactando directo en el blanco.

Hawkeye emitió un ligero gemido y luego cayó de rodillas inconsciente. Mustang la tomó en brazos evitando mirar su pecho desnudo y siendo especialmente cuidadoso para no lastimarla, la colocó en la cama apoyada sobre su lado derecho evitando el contacto entre su espalda y la cama, cubrió su parte frontal solamente con una sábana. Dio la vuelta a la cama colocándose del lado contrario a ella esperando a que despertara, sin despegar un ojo de la teniente. Teniéndola ahí, en ese mismo momento, Roy se prometió no herirla nunca más.

Riza abrió los ojos lentamente intentando recordar donde estaba. Pudo ver como el sol se colaba por entre las cortinas y luego de enfocar la vista lo vio ahí, sentado en una silla recargando la parte superior de su cuerpo sobre la cama, dormitando. Se percató de la sábana que apenas cubría su desnudez y con su mano izquierda sosteniendo la misma, intentó sentarse apoyándose en su brazo derecho solamente, pero una fuerte punzada en la espalda la hizo caer de nuevo. Roy despertó alarmado y cuando vio que estaba despierta se puso de pie de inmediato.

-Teniente, ¿Está bien?- La chica asintió. Intentó acercarse a ella pero recordó lo inapropiado que sería y luego de sonrojarse se giró dándole la espalda. -Dígame que necesita y lo traeré. -

-No era necesario que se quedara coronel. Estoy bien. Debería regresar a su oficina. -

-Lo haré cuando me asegure que ha comido algo. Bajaré a preparar el desayuno. - Y sin decir más salió de su habitación.

La joven sonrió divertida y sin poder evitarlo su corazón comenzó a latir más fuerte provocando que un sonrojo se formara en sus mejillas. Recordó aquellos tiempos en los que su padre le tenía prohibido salir de su habitación, mientras le mostraba alquimia básica a aquél niño y como ella lo miraba a escondidas a través de su ventana que daba al jardín trasero mientras llevaba a cabo su entrenamiento de campo. Todo ese tiempo, observándolo y escuchándolo a escondidas de su padre aunado al hecho de esa decisión de unirse a la milicia para estar cerca suyo y protegerlo. Aun no era consciente de lo que le ocurría, sin embargo, siempre que estaba a su lado se sentía dichosa, como si la última pieza del rompecabezas encajara. El tiempo que peleó a su lado en Ishval, se dio cuenta de lo bien que se entendían, de la química que se formaba y del como con una sola mirada entendía lo que quería decirle.

Mustang entró de nuevo a la habitación con una charola en manos. La colocó al filo de la cama esperando que la chica se levantara para poder acercarla más a ella. Hawkeye esta vez tuvo que utilizar ambas manos para soportar su peso y aguantar las constantes punzadas de dolor provenientes de su espalda, pero hacer eso implicaba dejar al descubierto la parte superior de su pecho provocando que uno de ellos quedara al descubierto. Totalmente apenada tomó la sábana y se cubrió rápidamente. Cuando levantó la mirada para comprobar si el coronel la había visto lo notó completamente de espaldas con una mano cubriendo sus ojos. Era obvio que la había visto pero en lugar de hacerlo evidente, se giró para dejar de incomodarla. Casi se sintió orgullosa de él.

-Se ve delicioso-

-Improvisé un poco con los ingredientes que encontré. - Luego de comprobar por la mirilla de su ojo izquierdo si la teniente estaba visible, volvió a girarse para tenerla de frente. -Regresaré después para ayudarle. -

-Señor…-

-Ni se le ocurra pedirme que no vuelva, ¿Ya olvidó que prometió cumplir mi deseo? Cuando vuelva le platicaré sobre él. Deje su espalda al descubierto, cualquier rose podría lastimarle. - La joven asintió. Mustang le dio un último vistazo antes de caminar hacia la salida cuando la voz de la teniente lo detuvo.

-No regrese hasta que termine todo su trabajo. - Roy levantó su mano derecha en forma de despido y sin más, salió del cuarto.

El dolor era inconsistente, algunas punzadas eran más certeras que otras. Se puso de pie unos segundos intentando ver su espalda a través del espejo, pero el dolor la hizo caer de nuevo de rodillas apenas unos segundos después. Suspiró tratando de recuperarse recordando que aquel dolor era nada comparado con el sufrimiento que ella había causado en Ishval. Negó con la cabeza tratando de alejar aquellos pensamientos de su mente. Se puso de pie para dirigirse de nuevo a la cama y sentarse en ella. Pasaban de las ocho de la noche cuando escuchó la puerta de la casa abrirse y un par de pies cruzando la sala para subir por la escalera. La puerta de su habitación se abrió lentamente dejando ver a Mustang del otro lado. Suspiró aliviada. Mustang la miró preocupado.

-¿Por qué no está dormida?¿es tan fuerte el dolor?.-

Riza negó con la cabeza. -Desde que murió mi padre, siento que esta casa es demasiado grande para mí. Prácticamente no duermo. -

-Bueno, va a tener que hacerlo teniente. De ahora en adelante la necesito descansada y fresca como una lechuga.- Mustang acercó a la cama, la misma silla en la que una noche antes se quedó dormido cuidando de ella y luego de sentarse la miró directo a los ojos. -Estuve pensando en la mejor forma de decir esto, pero ninguna parecía correcta, así que simplemente lo diré. Tengo intenciones de llegar hasta lo más alto y cambiar el rumbo de este país desde dentro pero para lograrlo, requiero a los mejores hombres conmigo. - Hizo una pausa antes de continuar esperando que quizá la chica lo retara por hacerle aquella confesión, si alguien más de la milicia lo escuchara lo aprisionaría por conspiración y traición. Cuando no obtuvo respuesta más que aquella mirada penetrante marrón prosiguió: -No pude evitar notar, luego de todo lo que pasó en Ishval, que eligió seguir por este camino teniente. -

-Así es señor. Comprendí que, si el mundo se rige por el intercambio equivalente de la alquimia entonces, para que una nueva generación disfrute de buena fortuna, el precio a pagar será cargar con los cuerpos de todos esos muertos por un río de sangre.- Lo acababa de comprender cuando vio, aunque fuera unos segundos, su espalda mancillada por las cicatrices que habían dejado las llamas, nada podía justificar las vidas que había tomado sin embargo, solo tenía dos caminos: lamentarse por ello o seguir avanzando, luchando por que la tragedia no se repitiera.

Mustang pudo notar que el brillo en su mirada había vuelto, casi era como aquel par de ojos que vio de niño y que lo hicieron despertar de aquél lamentable estado en el que se encontraba.

-La designaré como mi asistente. Quiero que proteja mi espalda. Espero que entienda que, dándole la espalda, puede matarme por detrás en cualquier momento. Si alguna vez me salgo del camino, dispáreme. Tiene el derecho a hacerlo. ¿Me seguirá? – Justo después de hacer esa pregunta su estómago se oprimió, a pesar de ver la determinación en los ojos de la teniente, la opción de que se negará estaba presente. ¿Qué haría si decidiera apartarse de él?. Pero luego de escuchar la respuesta de Hawkeye no pudo evitar sonreír satisfecho.

- Al mismo infierno si así lo desea señor.- Estaba segura, completamente convencida. Tal vez no había hecho un buen uso de la técnica de su padre hasta ahora, pero estaba lejos de sentir arrepentimiento, lo supo desde el primer día en que lo vio, supo que su convicción y lealtad a sus valores era más grande que cualquier ambición. Sí quería subir, ella estaría ahí a su lado preparada para hacerle entrar en razón si fuera necesario.

-Dicho eso entonces, la necesito a mi lado en cuanto antes teniente.- Mustang se puso de pie sacando de uno de sus bolsillos un pequeño frasco y mientras lo habría le explicaba a la teniente su contenido. – Esta pomada es especial para quemaduras, me la ha dado el teniente coronel Hughes para usted, ¿me permite?.- Riza asintió apenada, sostuvo la sábana con ambas manos y ahí sentada al filo de la cama esperó hasta que el coronel se colocara detrás suyo para cubrir sus heridas con la pomada.

Mustang se posicionó detrás observando las heridas en la espalda de Hawkeye, de nuevo sintió esa impotencia y solo pudo apretar la mandíbula como desahogo, estiró su mano esperando que su tacto fuera solo suficiente para curarla y se llevó una gran sorpresa al darse cuenta de que, cuando su mano tocó la espalda de la teniente a pesar de no verlas, fue como si salieran chispas. Sintió un gran hormigueo en la yema de sus dedos sin entender aún que era lo que había ocurrido, quizá había sido solo su imaginación, así que negó con la cabeza y luego tomó un poco del ungüento con sus dedos acercándolos a su boca para exhalar sobre ellos y tratar que la pomada no estuviera tan fría cuando la pusiera sobre la piel de la chica.

Y de nuevo estar así de susceptible ante él, provocó que su corazón latiera con fuerza y esta vez también sintió un gran escalofrío recorrer toda su espalda. ¿Por qué se ponía así? Sin controlarlo, un recuerdo fugaz cruzó por su mente, ella observándole mientras entrenaba en el jardín de su casa. Sintió como sus mejillas se encendieron y negó ligeramente con la cabeza tratando de alejarlo. Inconscientemente cerró los ojos esperando el contacto de sus manos con su piel, las punzadas habían disminuido un poco pero aun dolía. Pudo sentirlo cerca, casi pudo ver como estiraba su mano para tocarla y entonces un calor indescriptible la invadió justo en esa zona que apenas rozó. Primero pensó que era debido a las quemaduras, pero, después se dio cuenta de que ahí donde la había tocado, no tenía ninguna, el coronel había sido muy cuidadoso en no quemar toda su espalda, solo quemó las partes importantes que explicaban la alquimia de fuego. No entendía lo que acaba de pasar, pero luego de sentir de nuevo sus manos untando aquella pomada por sus heridas simplemente se dejó llevar.

Se sentía tan bien poder cuidar de ella, sanarla, tocarla, acariciarla. Mustang se dio cuenta de que el pulso le fallaba y la mano con la que estaba sanando las heridas de la teniente temblaba, carraspeó un poco luego de inhalar y exhalar tratando de recuperar la compostura, pero al ver de nuevo la figura de la joven le fue imposible no pensar en besar sus heridas. Tomó más ungüento con su mano derecha y siguió untándolo en las heridas, tambaleó un poco cuando se dio cuenta de que la chica respiraba con dificultad y arqueaba la espalda cada vez que él la tocaba. Pudo ver como humedecía sus labios y los mordía tratando de evitar que los suspiros salieran de su boca. La deseaba, de verdad la deseaba. Sin darse cuenta su mano dejó de tocar su espalda y ahora el cuello de Hawkeye era su rehén. Primero comenzó por la parte trasera pero lentamente sin dejar de ver su cuerpo, pasó la palma de su mano por delante del cuello de la chica, consiguiendo que Riza arqueara su espalda de nuevo y siguiera el compás que marcaba su mano. Mientras su mano derecha seguía acariciando su cuello, su mano izquierda paseaba por sus hombros y clavícula dudando sobre si pasar a sus pechos. Entonces Hawkeye abrió los ojos lentamente y Mustang girando su cabeza hacia él con ambas manos, la miro fijamente mientras se acercaba a ella poco a poco, con el pulso acelerado sintiendo la tibia respiración de su asistente rebotar en su propio rostro, siguió aproximándosele quedando a solo milímetros de su boca. Sin dejar de verla a los ojos buscó su aprobación, estaba listo para besarla.

-Roy!.- Una voz proveniente de la sala provocó que el coronel volviera en sí alejándose de inmediato de Hawkeye recuperando la compostura, aunque no pudo evitar emitir un suspiro de decepción y una fuerte molestia contra su amigo Hughes a quien le había reconocido la voz. Dio un paso hacia atrás carraspeando.

-Listo teniente, la pomada hará efecto en la noche. Descanse.- Apenado salió casi corriendo de su habitación listo para recriminar a Maes.

Riza también estaba confundida y aún aturdida por lo que acababa de pasar. Colocó sus manos sobre su rostro y se dio cuenta de que las mejillas estaban ardiendo, luego las bajó hasta su pecho donde pudo sentir su corazón latir desbocado. Suspiró. Cerró los ojos sonriendo, recordando sus caricias, su rostro, su mirada, sus labios casi a punto de tocarse. Abrió de nuevo los ojos asustada. ¿Qué estaba pasando? Y entonces, como un torbellino llegaron a ella todas las emociones que experimentaba estando con él y lo comprendió: estaba totalmente enamorada de su coronel…