Todas las obras y títulos mostrados aquí pertenecen a sus respectivos creadores.

[X]

Ainz se sentó en el trono que había sido traído desde la bodega de suministros que había construido Aura. Sintió los huesos de varios seres acomodarse extrañamente por su cuerpo mientras intentaba soportar la incomodidad de este.

Miro de nuevo el interior ricamente decorado de la fortaleza que había creado con magia del décimo nivel. En su habitación se permitió suspirar y relajarse después de haber relegado y supervisado tantas tareas como supremo gobernante, a pesar de su apariencia siniestra, el trono construido por Demiurge era extrañamente cómodo.

Demiurge se encontraba frente él, claramente feliz de que su creación pudiera ser usada por el gobernante de Nazarick.

"…hemos establecido una red de comunicaciones en este país llamado Japón. Después de haber traído a Nigredo hemos descubierto a otros seres con las cualidades que usted ha ordenado buscar. Además de esa mujer de cabello azulado hemos encontrado a lo que parece ser un vampiro rondando por las calles de Tokio. También hayamos a una joven de cabello plateado la cual parece ser la responsable de aquel incidente con el tornado. Este guerrero vestido en esa armadura roja parece estar siendo tratado por las autoridades del país. Y finalmente a esta niña que hasta ahora ha estado volando en círculos al parecer buscando por algo o alguien." Decía Demiurge mientras desplegaba las pantallas frente a a Ainz.

"Umu. ¿Qué hay de los satélites de los que te hable y de la tecnología que te pedí conseguir?"

"hasta ahora hemos bloqueado todo intento de vigilancia hacia este lugar. Las fuerzas locales parecen tener una capacidad de recopilación de información considerablemente alta a diferencia del mundo anterior de dónde venimos. Pero no es algo de lo que debamos prepararnos demasiado, después de todo Nigredo se ha encargado. Con respecto a la tecnología, he reunido todo tipo de armas y dispositivos electrónicos de los que me hablo y los he enviado a Nazarick, y aunque me he figurado cómo funcionan y su construcción, aún sigo pensando en una forma económica y segura de fabricarlos en masa. Supongo que tendremos que investigar más a fondo este mundo."

"entiendo." Dijo Ainz. "buen trabajo, Demiurge."

"Por supuesto, mi lord. Todas sus órdenes son deseos para sus fieles sirvientes."

Ya había pasado un mes desde que Ainz había sido traído a este mundo. Y a pesar de que no era demasiado peligroso, aún seguía sin bajar la guardia ni por un momento. Él sabía lo de lo que era capaz la tecnología, sabía bien que esta podría superar a la magia y si no tenía cuidado podría crear un grave daño a sus fuerzas.

Sin embargo, había algo que le preocupaba más que cualquier otra cosa.

Hace tres semanas mientras exploraba tras haberse escapado del constante y exagerado cuidado que le daban su guadianés. Ainz se había encontrado con cierto libro. Al leer la portada sintió como su control emocional se disparaba una y otra vez tras leer el título y lo que estaba en la portada.

Overlord vol.9

Después de todo el recordaba lo que había pasado en la guerra entre el reino de Re-estime y el imperio Baharut. Y como su intervención había dejado un enorme impacto en ambas naciones. Recordaba los reportes de Lupus Regina Beta y su combate contra Gazef Stronoff.

Era por eso que no podía evitar alarmarse tras encontrar un libro que describía su vida tan detalladamente y lo que era peor que estaba abierta al público y que podría soltar mucha información de Nazarick. Ni siquiera sabía cómo explicarlo a sus siervos.

Sin embargo, la suerte la había sonreído cuando Albedo y Demiurge habían llegado a la teoría de que este mundo era una amalgamación de elementos de otros mundos. Incluso lo llegaron a asociar con un 'limbo' o un 'origen' que parecía atraer todo tipo de seres de otros mundos.

Después de escuchar esta teoría, y dado el hecho de que Ainz ya había cambiado de mundos tres veces, esto no sonaba tan descabellado. Una vez más la suerte le había salvado.

"debe haber un forma de explicar mejor esto. Al menos puedo confiar en mis tácticas que no han sido detalladas en estos libros. Las habilidades de mis guardianes tampoco han sido del todo cubiertas sin olvidar que no se han tomado la molestia de detallar cada trampa de Nazarick. Sin embargo, el asunto de la cámara del tesoro me tiene preocupado ¿debería hacer un cambio en el sistema? Sin Tabula Smaragdina sería complicado. Tendré que dejarlo para más tarde."

Ainz pensó para sí mientras observaba las pantallas frente a él. Una en particular capto su atención, se trataba de un campo de hielo, un desierto gélido. Habría pensado que estaba cerca, pues había alzado su base en el polo norte, un lugar que sería complicado de explorar. Sin embargo, esta posición en la pantalla venía desde Siberia.

Algo, humanoide y a la vez no. No era un organismo vivo, era una máquina. Se alzaba sobre quince metros de altura y llevaba una lanza. No vio muchas armas, o tal vez las tenía ocultas. Estaba pintado de blanco y azul con un extraño adorno dorado en la cabeza.

"¿un mecha? ¿Pero que estará haciendo allí? Por el momento parece estar quieto pero no puedo estar seguro. Supongo que lo marcare como un nuevo objetivo a investigar."

[X]

Sobre el techo del edificio había una figura. Pequeña, apenas perceptible solo desde arriba. Sus ropas verde oliva y su cabello dorado se mecían con el viento.

"ya te tengo, bastardo." Dijo ella a través de la mira creada con magia mientras veía a una persona a unos mil quinientos metros de distancia. Se trataba de un hombre, sentado frente a una computadora, aparentemente escribiendo.

Tanya Degurechaff había pasado un tiempo rastreando al supuesto creador que había escrito su historia. Y después de encontrarlo, ella había decidido que si lograba alterar su historia y su mundo, podría regresar a su vida normal, no, algo mejor que eso. Podría hacer lo que quisiera con ese mundo, hasta inventar lo que sea. Ella no confiaba mucho en sus habilidades de escritura, claro, había escrito un sinnúmero de informes y reportes y había leído varios libros famosos. A ella no le importaba mucho de cualquier manera, si lo escribía probablemente cambiaria.

Respiro una y otra vez repitiendo los ejercicios de respiración de francotirador. Hizo una sonrisa retorcida mientras presionaba el gatillo suavemente.

Fue entonces cuando lo sintió. Una sensación de escalofríos recorrió su espalda. Era como sentir lo que sentiría alguien que está siendo acechado por una bestia carnívora.

Tanya volteo por instinto y se encontró con una chica. De cabello blanco, con ropas delgadas que contorneaban detalladamente su figura. Esa chica de ojos rojos y cabello de plata. Llevaba una sonrisa sádica en su rostro, la mirada de un asesino que mataba solo por el goce de la agonía de su víctima. Y esa mirada estaba posada justo en ella.

La chica de blanco levanto su palma apuntándola hacia Tanya. Sin embargo, esta última fue más rápida. Tres tiros bien colocados atravesaron el pecho de la chica. Era magia de penetración, casi a quemarropa, si esa chica tenía alguna especie de escudo o algo parecido estaba segura que lo atravesaría. La joven de plateado cayó al suelo, la sangre se derramo del cadáver.

Tanya dejo escapar un suspiro de alivio. No sabía lo que esta chica era o de lo que era capaz. Sin embargo, ya no sería un problema.

Sin embargo, Tanya sintió a su sangre helarse cuando vio lo que pasaba frente a sus ojos. Esa chica de cabello blanco se levantó, de nuevo con esa sonrisa de sadismo sobre ella.

Más que por instinto que por lógica, Tanya dirigió su mirada hacia las heridas que le había hecho, ahí estaban. Para su incredulidad estaban cerrándose, muy rápido, mientras despedían un vapor extraño.

Tanya se elevó por los aires con toda la velocidad que podía. Para mal de Tanya, la chica también la siguió. Tenía esa misma sonrisa de sadismo mientras le apuntaba con su mano.

Un sonido seco se escuchó mientras una onda de choque atravesaba el aire. Algo le había disparado, Tanya lo sabía, pues su escudo había recibido todo el impacto inhabilitándolo y dejándola indefensa temporalmente.

Tanya volteo y apunto, una lluvia de balas salieron de su arma. Estas acribillaron a la joven de cabello blanco destrozando su torso y su vientre. Esta cayó al suelo, precipitándose a la tierra.

Sin embargo, solo fue por un momento. Pues ella regreso a su persecución mientras las heridas en su cuerpo se cerraban y despedían ese extraño vapor. De nuevo la joven apunto y una nueva onda de choque se escuchó. Tanya sintió algo cortar su mejilla a tremenda velocidad.

Lo había visto, su visión reforzada con magia le había permitido ver. Ella ya se había estado preguntando qué era lo que le había disparado. Era pequeño, del tamaño de una gota. Rojo conocido.

"¡¿me estas disparando con sangre?!" grito Tanya tras seguir apuntando de nuevo. Varios proyectiles alcanzaban su blanco, pero todas las heridas tenían el mismo resultado.

Tanya se elevó, intentando alcanzar los doce mil metros de altura que podía soportar su equipo. Esa altura era suficiente, estaba segura de que no la seguiría hasta aquí.

Que equivocada estaba. Tras una nube apareció. Cerró la distancia a increíble velocidad llegando a estar a solo unos centímetros de Tanya. Estaba cerca, tan cerca que la pequeña niña rubia pudo sentir sus dedos posarse en su pecho.

Entonces lo sintió, como una bala que golpea la carne desnuda. Como el golpe de un martillo lo suficientemente fuerte como para pulverizar huesos. Le minúscula gota de sangre golpeo su pecho.

Sintió como el aire escapaba de sus pulmones. Había logrado condensar la mayor cantidad de magia de defensa alrededor de su pecho. La bala no había perforado su pecho, pero la potencia de la descarga dejo un dolor insoportable que le hizo perder coordinación cayendo al suelo.

"oh dios, que reinas en el cielo…" ella comenzó mientras caía, con palabras como veneno pronunciaba la clave para liberar la maldición que había sido atada a ella. Cada palabra se sentía como un candado que parecía condenar más y más su ser.

"concede tu fuerza a los mortales, tu alivio a los afligidos y permíteme eliminar a los enemigos de tu pueblo… guía con tus manos a mi arma… para castigar con furia a los impíos… ¡deja caer tu martillo sobre los infieles!"

"¡muere maldito monstruo!"

Un rayo de energía escapo enfilado hacia el cielo. La chica de cabello de plata estaba justo encima de ella. La luz infernal la envolvió, intentando vaporizarla. El rayo se enfilo hacia el cielo nocturno perdiéndose hacia el espacio.

Tanya rastreo a aquella chica, tal vez regresaría de nuevo. Sin embargo, eso no sucedió. No había ya nadie."

"supongo que eso la mato." Dijo mientras escuchaba acercarse varias sirenas desde varias partes de la ciudad.

"demonios… tendré que hacer esto otro día."

Y con eso se elevó, se perdió entre las nubes y fue hacia el norte.

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"… y aun tras una extenuante investigación aún no han podido encontrarse al culpable de tan atroz ataque terrorista. El recuento de muertos ha subido a 392 mientras se siguen identificando los cuerpos. Las autoridades señalaron que se trató de un ataque terrorista, mas no están seguros como fue provocado. El gobierno de estados unidos está pidiendo formar parte en la investigación y han enviado…"

Souta apago el televisor. Después de todo, ya había visto antes las noticias de este incidente. Si, más que eso, él se estaba formando una idea de quien podría llegar a ser el culpable. Era una creación por supuesto, pero una que pudiera crear un tornado capaz de despedazar a un humando con el solo contacto del viento, habían pocos seres que podrían hacer eso.

"esto es terrible…" dijo Selesia. Ella también estaba en ese lugar, en aquella oficina esperando por Kikuchihara Aki.

"aún no hemos descubierto que clase de creación pudo ser. Está claro que era un villano, pero decir exactamente quién podría ser, es difícil." Hablo Souta después de dejar en control remoto sobre la mesa.

"sin mencionar las desapariciones misteriosas." Continúo Selesia. "me pregunto si 'ella' tendrá algo que ver en eso."

"no podemos saberlo. Podría ser cualquiera, después de todo fueron dieciséis creaciones que se detectaron. Apenas encontramos a una y no tenemos idea de quienes son las demás." Después de una ligera pausa para beber su jugo, Souta continúo. "a todo esto, ¿Cómo está tu brazo?"

Selesia miro al yeso que cubría su brazo izquierdo, también vio los vendajes que tenía en varias partes del cuerpo o al menos las que habían sido golpeadas por el martillo de aquel sujeto. "mejorara. Con mi condición física estaré como nueva en una semana. Después de todo mis heridas son pequeñas en comparación con las de Yuya."

"ya veo." Continuo Souta."El sigue en el hospital. Escuche que recibió mucho daño y muy rápido. He leído acerca de Warhammer 40K y sé que son poderosos. Pero no esperaba que fueran demasiado."

"ni yo. Pensé que ese martillo solo estaba potenciado con magia." Dijo Selesia mientras tocaba el yeso en su brazo. "Además, nunca he visto a alguien moverse así tan rápido. Esa armadura definitivamente debe pesar más de una tonelada, y sin embargo se movió mucho más rápido que un campeón del reino."

"a todo esto… ¿crees que este bien?" hablo Souta en tono preocupado. "de alguna forma logramos convencerlo de unirse a nuestra causa. Sé que no ha causado más de un par de incidentes menores. Pero por lo que he leído del Imperium, un Astartes no es realmente muy amistoso con todo el mundo."

No pudo evitar recordar cuando Gabriel Angelos casi mato a un hombre por intentar confiscarle sus armas. O cuando le rompió la mano a cierto funcionario tras saludarlo.

"no lo sé. Después de que aceptara trabajar con nosotros el simplemente ha estado oculto en aquella habitación. Lo único que sabemos es que parece solamente meditar."

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Gabriel Angelos volvió a intentar acomodarse. El trono que le habían construido era muy diferente e inferior en calidad a diferencia de su trono del señor del capítulo. Era tosco, sin incrustaciones ni diseños.

"realmente esperaba algo más que esto." Dijo para sí.

Al principio había estado muy enojado al escuchar lo que le habían tratado de decir. Que su universo era la creación de alguien y que era usado para entretener masas. Él había estado a punto de matar a esa chica de pelo azulado cuando le dijo eso. Sabía que era una trampa del caos, pero al mismo tiempo sentía curiosidad. Y aunque aún no creía en las palabras de la bruja, quería llegar de nuevo a más respuestas.

"a qué clase de plano abre venido a parar."

La disformidad era truculenta, engañosa y mortal en extremo. Habían reportes, ocultos por la inquisición claro, que hablaban de anomalías extra dimensionales, cronológicas incluso. ¿Y si había acabado en una dimensión alterna? Eso sería una explicación valida. Pero aun no hallaba una razón para que esto sucediera. No había viajado por la disformidad y ni mucho menos había psíquico alguno cuando sucedió el incidente.

"¿será una jugarreta demoniaca del caos?" pensó mientras presionaba con furia el posa brazos del trono deformándolo y destruyéndolo. Si era así entonces debía estar alerta, sabia de lo que eran capaces los demonios del caos, no sería extraño que hubieran creado este lugar para engañarlo y hacerlo caer. No había nada más que pudiera haberlo traído al inmaterium, nada excepto… el emperador… ¿mismo?

No era una locura considerar eso, de hecho, esa idea había evitado que decidiera simplemente matar estas personas, en especial a esa hechicera. Si bien no usaba los poderes de la disformidad ni parecía pertenecer al caos, no podría jamás bajar la guardia. La magia era herejía, usarla sin permiso de la inquisición conllevaba a la ejecución inmediata.

Pero él no era un inquisidor, aun si tenía el derecho de dictar sentencia. No dejaba de preguntarse. '¿sigo estando en el imperio?'.

Esta era Terra, y a la vez no lo era. Era otra dimensión, a la cual él había sido transportado por una fuerza desconocida. Desconocía la razón, quería preguntas y debía obtenerlas.

Regreso su mirada hacia la pantalla, alguna especie de forma de comunicación. Ahora mismo estaban informando acerca de los incidentes ocurridos, cientos de muertos, desaparecidos también. La muerte de millones era cosa de todos los días en el imperio, sin embargo, era la naturaleza de los incidentes lo que le llamaba la atención, especialmente aquel torbellino, cualquier brujo del caos que lo hubiera invocado era claramente una amenaza.

No estaba en su naturaleza impartir justicia a los más débiles, eran mortales, nada más. Y sin embargo, no podía apartar la vista. Eran humanos, su especie. Contra una galaxia hostil solo podías unirte a otros para protegerte, el imperio tenía la fuerza en los números, todos los humanos deberían trabajar juntos para sobrevivir.

Y sin embargo, tras ver estos informes una y otra vez no podía creer cuan perdida estaba la humanidad.

No era el simple hecho de que la humanidad no hubiera aun alcanzado otros mundos, estaba consciente de la época en la que se encontraba este mundo. Sin embargo, era la tan poca capacidad y el mismo conflicto que rodeaba al planeta.

La humanidad era violenta por naturaleza, eso lo sabía, sabia como el caos sacaría lo más oscuro y retorcido de lo más profundo de cualquier ser, ya fuera un demente o un santo, sabía que podrían caer tarde o temprano. Era por eso que sin un enemigo común, sin ningún Xeno o demonio, la humanidad solo se preocuparía en estupideces.

Tantas víctimas de hambruna ignoradas por una supuesta organización multinacional que se preocupaba en asuntos absurdos. Leyes que no aplicaban ninguna mejora ni justicia alguna. Idiotas que se preocupaban más por defender a mediocres sin futuro que a los débiles que realmente lo necesitaban.

"a este paso acabaran adorando a slaanesh." Dijo con amargura, como si realmente no hubiera querido usar esas palabras.

Se recostó de nuevo sobre el trono improvisado, de nuevo hundiéndose en sus pensamientos.

[X]

En la oficina se encontraban dos personas. Una era de cabello plateado quien esperaba en silencio a que la mujer terminara de atender la llamada.

"… lo se… si, sin embargo debería considerarlo… entiendo que pueda ser increíble pero… no… no, le advierto que eso sería contraproducente para su compañía… bien, lo estaré esperando entonces… gracias…"

Kikuchihara Aki regreso el teléfono a su base terminando la llamada. Se quitó los lentes y masajeo sus sienes tratando de aliviar el dolor de cabeza que ahora la perseguía.

En verdad, este último mes había sido demasiado largo. Aquel incidente lo había cambiado todo. Cientos de muertos y tantos más heridos le habían recordado la real amenaza que podría traer una creación a este mundo. Las fueras de auto defensa se habían desplegado por todo el país, así como el servicio secreto nacional que había estado buscando por todas las creaciones no identificadas. En verdad, este incidente había puesto en jaque al gobierno. Siendo considerado el más atroz desde las Torres gemelas.

Varios países estaban pidiendo información. Después de todo, los actos terroristas eran bien conocidos y temidos. Se sabía que Rusia estaba reforzando su vigilancia así como china y Europa. Incluso Estados Unidos estaba exigiendo formar parte en la investigación, lo cual hasta ahora habían logrado detener, pero Aki sabía que muy pronto el gobierno tendría que permitirles acceso y en consecuencia decirles la verdad.

Naturalmente se estaban buscando culpables. Medio oriente se había convertido en un chivo expiatorio y ahora más fuerzas estaban buscando a varias asociaciones terroristas así como sus cómplices. Varios arrestos se habían realizado sobre supuestos simpatizantes del ISIS en varios países, incluyendo uno en Japón. La situación internacional se estaba volviendo delicada.

"¿alguna buena noticia?"

Kikuchihara escucho la familiar voz y le hizo regresar de sus pensamientos. Era Meteora quien había estado esperando en silencio a que terminara.

"Games Workshop amenazó con demandarnos. Pero logre que enviaran a un representante de sus oficinas en Japón para corroborar lo que decimos." Dijo Aki mientras iba por una taza de café que estaba sobre su escritorio.

"¿has descubierto tu algo?" continuo ella después de dar un sorbo a la taza.

"solo unas cuantas anomalías." Respondió Metora. "hay una situada en la ciudad, y aunque no he logrado dar con su ubicación exacta, sé que no se molesta en mantener demasiado un perfil bajo, después de todo, cada vez que la detecto solo deja un desastre lleno de cadáveres desangrados."

"Así que se trata de un vampiro. Eso es problemático, hay demasiados vampiros en la industria del entretenimiento. Aun si reducimos el numero en base al modus operandi de este, todavía quedan varios." Dijo Kikuchihara.

Meteora asintió. "también hay otra. Una presencia muy poderosa al parecer. Al principio cuando intente investigarla una extraña contramedida me ataco casi matándome. No pude ver bien de quien se trataba, pero he logrado rastrearlo y parece estar en el polo norte."

"maldición." Exclamo Aki. "si pueden salir del país eso nos deja con más problemas de los que tenemos. ¿Qué hay de Esdeath? ¿La sigues vigilando?" su tono cambio a un más sombrío al pronunciar aquel nombre. Había leído sobre ella, sobre sus capacidades y sobre todo su perfil psicológico. Era una demente con súper poderes, eso era básicamente. Se deleitaba en la tortura y el dolor sobre sus víctimas y sobre todo la guerra que ella muy bien había sabido llevar.

"si, sigue en ese lugar. Es un milagro que no haya matado a nadie… aunque no estamos seguros si fue ella o no la causante del incidente de hace un mes." Dijo Meteora mientras movía la mano y en el aire aparecía una pantalla mostrando a una mujer. Esta se hallaba dentro de alguna clase de bodega abandonada. Las fuerzas de autodefensa habían evacuado el pueblo donde se encontraba y establecido un perímetro con cámaras de vigilancia. Sin embargo, no había ningún solo soldado en el área, pues según Meteora, esto podría dar a entender una reacción hostil. Y dados los poderes que esa mujer tenía, solo usarían la fuerza si era necesario. Un drone que había vivido poco tiempo había descubierto seres parecidos a golems hechos de hielo y armados con espadas y escudos del mismo material. No sabían cuántos habría, podría haber docenas, incluso cientos. Claramente era una situación delicada, y si empeoraba, las fuerzas militares estaban preparadas a lanzar todo lo que tenían.

Como sea, aun había cosas más urgentes de las que debía preocuparse. Después de todo, habían sido detectadas dieciséis anomalías. Y solo habían detectado algunas.

"oh, he encontrado otra más." Dijo Meteora mientras ajustaba la pantalla y la movía hacia Aki.

Kikuchihara se ajustó los lentes para mirar más de cerca. En efecto, había algo ahí, y le recordaba a cierta estatua. "eso es… ¿un Gundam?"

[X]

Al aire cambio mientras la realidad era alterada. Un sobrenatural efecto apareció mientras extraños fragmentos rectangulares se ajustaban y reajustaban al antojo de cierto ser. Los cubos azulados se unieron y tomaron forma, en poco tiempo apareció una chica. De pelo plateado y con un uniforme militar. Altaír.

Estaba sola, aunque Blitz había insistido en venir con ella. Se había negado rotundamente. Había algo que ella necesitaba hacer aquí por su propia cuenta.

Ella miro alrededor. Allí, oculto por una capa extraña. Para cualquiera habría sido una buena barrera para engañar a la vista, pero Altaír sabía bien que no era así.

Bajo un poco y sintió a su cuerpo atravesar una barrera viscosa y extraña. Después de eso, pudo ver su objetivo. Era una ciudad, vibrante, hermosa, gloriosa, antigua. Sus calles embellecidas por alguna fuerza extraña albergaban a docenas de seres que trabajaban sin parar como maquinas. Altaír las contemplo, eran hermosas, mujeres de cabello negro se movían por el aire ayudadas por alas parecidas a las de un ángel. Todas ellas se encontraban concentradas en sus quehaceres manteniendo limpia y reluciente una ciudad que ya estaba parcialmente muerta.

Y así es como era. Altaír pasó por las casas, no había ni un alma. Vacías, sin nadie que las ocupara. Anecdóticos ocupantes probablemente debieron vivir aquí antaño, pero ahora no eran más que recuerdos de un pasado remoto.

Altaír volvió a dar un vistazo a las calles buscando su blanco. Esta ciudad, una ciudad flotante que se pasaba dando vueltas sobre el mundo allá abajo. Sus calles parecían estar hechas de nubes, esponjosas y como de algodón. Una retórica forma de belleza infantil. Uno podría llegar a pensar que este lugar era como el cielo mismo.

Tras unos minutos de búsqueda ella finalmente encontró lo que buscaba. Ahí, había un enorme edificio que opacaba a todos los demás. Y más allá, se encontraba una torre tan delgada que parecía una aguja pero que se perdía más allá del cielo.

Altaír se dirigió hacia aquel edificio como su primer objetivo.

El lugar era amplio, enorme para ser preciso. Miles de capsulas llenaban las varias salas en los interiores. Todas ellas conectadas a cables que iban hacia el centro del edificio pareciendo ir hacia abajo, hacia el mundo inferior.

Altaír no comprendía esta ciencia. Era muy avanzada y demasiado misteriosa. Estaba segura de que podría pasar toda su vida estudiándola y jamás la entendería. Pero no estaba aquí por esa razón.

Se acercó a las capsulas, eran cuerpos. Vivos, pero atrapados en un profundo sueño. Eran hermosos y de sus espaldas salían alas de colores celestiales. Como ángeles, así parecían. Todos congelados en el tiempo para siempre durmiendo, y soñando.

"¡tú! ¡Tú no puedes estar aquí!"

Hablo una voz, era la de una mujer. Joven, casi infantil. Ella flotaba, acercándose sobre una nube. Ella también tenía alas y una hermosura tal como la de su especie. Ella se acercó a Altaír, estaba a menos de dos metros de distancia.

"no deberías estar aquí. Tomoki acaba de marcharse. Ellos probablemente se dirigen a la cámara del rey. Si no sabes en donde esta yo pued−"

Ella no pudo terminar, pues el frio metal de una espada atravesó su vientre. Era Altaír, quien en instantes había cubierto la distancia y apuñalado a la chica. Sostenía la espada retorciéndola más dentro del cuerpo de la joven.

"… que… pero, creí que tú eras…"

Altaír clavo una segunda espada, hundiéndola en el pecho y atravesando el corazón. Eso silencio a la chica para siempre. Ella retiro las dos espadas. El cadáver de la joven cayó de la nube estrellándose en el suelo y derramando un charco de color carmesí.

Altaír reprodujo otras ocho espadas, todas estas flotaron y giraron, y al igual que una bala, volaron directo hacia las capsulas que contenían a esos seres alados. Ocho espadas se clavaron en los vientres de ocho de ellos. Despertando con el dolor, Altaír pudo oír y sentir sus alaridos mientras gritaban en agonía. Poco a poco la sangre escapo de sus cuerpos y con ello sus vidas se apagaron.

Entonces la temperatura descendió. Un frio inexplicable invadió el lugar y con él una sensación nauseabunda y maldita. El olor de la muerte se extendía, una sensación terrible e impía que parecía abrirse paso a la realidad y encontrar un camino para escapar.

A los pocos minutos un fenómeno ocurrió. Una fisura rasgo la realidad mientras un caótico torrente de energía disforme se colaba a aquel plano de la existencia. Múltiples posibilidades revolotearon y tomaron forma mientras la causalidad y la lógica se iban al mismo infierno.

Ahí había una presencia, proveniente de ese portal a la disformidad, al Inmaterium, como le llamaban. Altaír podía sentir las impuras energías del caos envolviendo el lugar, daban miedo, angustia, ira, placer. Ella lo sentía, pero también sentía poder, poder más grande del que podría imaginar. Tentador, el poder que ella necesitaba para cumplir con sus deseos, y estaba al alcance de su mano.

"llamas al reino del cambio, y buscas mi bendición. ¿Quién eres? Puedo sentir en ti poder que no reconozco. ¿Qué buscas, mortal?" hablo una voz tenebrosa, arrojaba un sentimiento de misterio y de elocuencia, de recelo y de cambio. Altaír pudo ver a través del portal al ser que le hablaba. Era un ser temible, un demonio. Alas de varias formas y la apariencia de un ave infernal. Miles de ojos que la contemplaban con curiosidad y escudriño. Su voz le hacía doler los oídos y su forma le lastimaba la vista.

"busco el favor del dios Tzeentch. Soy Altaír. Mi espada busca la venganza, pero esta se encuentra fuera de mi alcance."

El demonio la miro más de cerca, escaneándola de arriba abajo con sus infernales ojos.

"¿Y que puede ofrecer un simple mortal para que el dios del cambio y de la magia pueda dar siquiera su atención?"

El demonio rio, burlándose de las palabras de Altaír.

"la entrada a todos los planos de la realidad. La posibilidad de extender el reino del dios Tzeentch a más universos del que pueda imaginar. Le dará un poder casi infinito, sobreponiéndose a todos sus rivales. Será el dios supremo del caos."

El demonio volvió a reír, sin embargo, esta vez fue más como algo entrecortado y con poca diversión.

"he escuchado tantas falsas promesas venir de seres milenarios. ¿Cómo es que un simple mortal como tu puede tener la audacia de ofrecer tal premio? ¿Si quiera tienes alguna forma de probarlo?"

Altaír sonrió, levanto las manos y a su vez varias ventanas aparecieron en el aire. Parecidas al portal, fisuras a la realidad dejaban ver múltiples lugares alternos a los que ella tenía acceso.

El demonio vio estas ventanas. Conocía la magia, sabia diferenciar una falsa ilusión de la realidad, y esta no era una mera ilusión.

Vio una galaxia, vio guerras peleándose entre xenos y humanos, algunos apoyándose, otros matándose. Vio androides de batallas disparar pulsos de energía hacia seres de múltiples razas armados con espadas hechas de luz. Vio como no había rastro del imperio, vio cuan vulnerables eran a su poder.

Vio un mundo con humanos peleando contra monstruos. Humanos vestidos de negro y usando espadas, liberando poderes y combatiendo monstruos con cuerpos oscuros y máscaras blancas, veía a esos seres con agujeros en sus pechos disparar rayos rojos de energía.

Vio un mundo en donde siete humanos usaban una magia diferente y refinada. Veía como invocaban a siete guerreros en una guerra por un deseo.

Vio un mundo con varias razas, en donde una magia refinada abundaba. Vio como un joven era invocado para pelear contra un rey maldito.

Vio a un guerrero de armadura gastada matar gretchins en una oscura cueva. Los mataba de todas formas posibles pareciendo encontrar placer en ello.

Vio a un joven matar a cientos con solo escribir el nombre en una libreta.

Vio a una humanidad débil, de decenas de milenios atrás, intentando hacer frente a una fuerza xeno que los superaba. Campeones parecidos a astartes combatían en pocos números contra ejércitos enteros.

Vio a un mundo parecido a la tierra. Vio una guerra entre titanes, agiles y poderosos, llevando las guerras tanto a la tierra como al espacio. Peleando con armas de energía mientras la población humana se reducía a la mitad.

"veo estos mundos, veo estas realidades alternas. ¿Y tú estás ofreciéndolas? Habla mortal, dime tu ambición"

Altaír dejo escapar una ligera sonrisa de su rostro.

"existe un artefacto en este lugar, uno que puede cambiar la realidad misma. Deseo ese artefacto para dividir su poder y ofrecerlo como moneda de cambio. Si me ayudas podre darle acceso al mismo dios Tzeentch al mundo que es la raíz a todos los universos que he mostrado. Tendrá acceso a todo, a cada una de estas realidades. Y entonces, yo obtendré mi venganza."

El ser infernal no respondió, en cambio, sonrió. La hilera de dientes que se veían entre sus picos de ave parecían retorcidas fauces malditas que parecían arrancarte toda valentía en el mismo acto. Uno se volvería loco ante esta escena, pero Altaír se mantuvo firme ante esta última prueba.

El portal se estremeció, una expulsión de energía disforme derritió el suelo y rayos psíquicos golpearon contra paredes vaporizándolas. Un remolino de energía impura revoloteo cual tormenta rabiosa mientras la realidad parecía partirse en dos. Se mantuvo así por un momento hasta que de golpe esta desapareció, el portal se había ido, pero en su lugar algo se había quedado.

Un ser enorme se alzó, lo que parecía una entidad de más de tres metros de alto encerrada en una armadura de color azul. Estaba en extremo decorado con símbolos del dios del cambio. En una de sus manos portaba un báculo tan alto como su cuerpo, a su cintura colgaba una espada y una pistola bolter enorme. Sus dedos rebosaban con poder psíquico y su báculo emitía un brillo sin igual.

"yo soy Fenshax, hechicero de los mil hijos." Hablo el astartes del caos. "Altaír. Tzeentch ha decidido prestar su ayuda a cambio de aquello que has ofrecido. Dime, ¿Qué es lo que debe hacerse?

Altaír sonrió de nuevo, esta vez casi rompiendo en la risa.

"hay un artefacto que puede conceder cualquier deseo. Este artefacto es aquella torre que puedes ver a la distancia. Solo le queda un deseo para usarse, pero si tomo ese deseo y lo copio podre crear un artefacto parecido."

"Ya veo." Dijo el hechicero del caos. "Sin embargo, necesitaras una gran cantidad de energía para hacer tal proeza."

"eso no es problema."

Altaír clavo una espada en el suelo, fijándola con firmeza. Sobre ella más espadas aparecieron. Nueve mil novecientas noventa y dos hojas flotaron en el aire dando vueltas en una danza de metal implacable. Y todas y cada una de ella volaron.

Todas y cada una de ellas se clavaron en las cámaras en donde se encontraban los seres alados. Todos y cada uno de esos seres fueron apuñalados. Y de esa forma, la muerte se llevó a todos.

Altaír podía sentirlo, una masiva onda psíquica se extendió por todos lados, tal ola de emociones; dolor, ira, tristeza, desesperación, miedo… todas se esparcieron por el ambiente.

"estos xenos…" hablo el hechicero del caos, miraba alrededor mientras alzaba los brazos bañándose en la energía, y, así mismo, en el torrente de conocimiento que adquiría.

"tal raza… puedo ver lo que son y lo que han hecho. Tal raza patética que abandono su dominio al caer en la desesperación. Ni siquiera los Eldar podrían ser tan arrogantes. Perdieron su dominio hundiéndose en el hedonismo, así que ignoraron todo azote que les daba el destino. No hubo advertencia entre sus ancianos, y de esa forma su número disminuyo.

Entonces una vez que solo quedaba un puñado ya era demasiado tarde. Encontraron este planeta y se encerraron con él en una jaula. Al principio mostraron sus riquezas ante tales criaturas tan débiles, y vieron que estas no se interesaban en ellas porque no las comprendían. Entonces se disfrazaron y caminaron entre ellos.

Crearon esa torre, no hay forma de que algo como eso pueda cambiar todo el universo. Simplemente vivieron engañados ocultándose de nuevo en su propia ilusión."

Fenshax se deleitaba el nuevo conocimiento que había adquirido. Tales estratagemas, tales engaños, tales falsas esperanzas… todo eso favorecía a Tzeentch.

"pero ya no más. Ahora sus almas servirán para los planes de Tzeentch."

Como un remolino, la corriente psíquica se condenso. Dando vueltas en derredor hasta que finalmente se concentró en un solo punto. Justo en la espada que Altaír había clavado en el suelo. Esta cambio de forma, como una parodia de locura, la espada se retorció hasta retomar una forma demoniaca. La hoja parecía estar hecha de huesos mientras empuñadura pulsaba como la carne viva.

Altaír recogió la espada, al tocarla pudo sentir su poder y al mismo tiempo la agonía de casi diez mil almas atrapadas en esta. Podía sentir cuan poderosa seria si tomara todo ese poder, pero se contuvo, ella lo necesitaba para completar sus planes.

Ella volteo a ver al hechicero del caos.

"es momento de ir al siguiente paso." El astartes asintió, levanto su báculo y golpeo el suelo. Una luz los envolvió y una nueva brecha a la disformidad se abrió. Ambos desaparecieron después de un destello.

Solo quedo el silencio, acompañado de miles de cadáveres, y la extinción de una especie.

[X]

Solo Sakurai Tomoki quedaba en pie. Ikaros se había ido y lo único que quedaba de ella era su corazón, el cual le había protegido del rayo que le había disparado el rey de este lugar, de synapse.

Solo le quedaba, solo el contra un tirano que se autoproclamaba dios.

Corrió con toda su fuerza, listo para golpearlo. Alzo su puño decidido a atacar.

Solo para que este fuera detenido por una enorme mano blindada.

Tal fue el shock al ver el dueño de ese brazo. Un gigante blindado en armadura azul. Con símbolos y trofeos que le causaban dolor a la vista. Era como un caballero maldito, portaba un báculo enorme que brillaba en una luz impía. Incluso Tomoki podía sentir irradiar maldad pura de ese ser.

"esta ya no es tu batalla, mortal." Dijo el astartes quien rompió el brazo y arrojo al chico un par de metros hacia el suelo. "Sin embargo, eres bienvenido a quedarte y observar en silencio."

Minos, el señor de Synapse contemplo al Marine espacial del caos con compleja curiosidad. La verdad era que se encontraba sorprendido de encontrar a tal ser. Pues después de eones jamás había visto a un guerrero como este.

"¿Quién eres, insecto?"

Fenshax se vio molesto. Tal insulto hacia un hechicero del caos era una grave ofensa para aquellos lo suficientemente estúpidos para desafiarlos.

"¿te atreves a llamarme insecto, xenos? ¿Cuándo lo que he visto no los hace mejores que un simple montón de cultistas de Slaneesh? Bueno… tal arrogancia es entendible, viniendo de una raza que no ha sido capaz de ver su propia podredumbre."

Insultado, Minos levanto su lanza. Un rayo de energía se formó y salió disparado hacia el Hechicero del caos. Tal ofensa debía ser pagada por aquellos que se atrevieran.

Sin embargo, el rayo que debería haber fulminado al Astartes del caos se había disipado. Fenshax se encontraba rodeado de un escudo disforme que simplemente había enviado el ataque hacia la disformidad.

"¿pero que−?" Minos intento hablar, pero su voz se vio bloqueada por el guantelete blindado del Astartes del caos. Sintió como si garganta era aplastada por la inmensa fuerza del astartes. En cuestión de segundos sintió que se ahogaba, movía sus brazos y piernas que ya no llegaban al suelo, intentaba golpear al astartes, rasguñarlo, forzarlo. Pero todo era inútil.

Finalmente, más por aburrimiento que por cumplir órdenes, el hechicero de los mil hijos lo soltó. Minos, intentando recuperar aire con su garganta adolorida, envió una mirada llena de odio hacia Fenshax. No podía creer que un ser inferior lo humillara de esta forma, él se aseguraría de hacerle pagar.

"y yo que esperaba a un rey más digno de este lugar." Una tercera voz apareció. Pertenecía a una chica lo cual se hizo más que obvio al ver a la dueña de dichas palabras. Una mujer joven, de cabello plateado y vestida con un uniforme militar.

"no puedes llamar rey a un hombre desnudo y sin ni un solo símbolo que lo señale como rey." Dijo Fenshax mientras colocaba su pesada bota sobre el pecho de Minos. Habría sido tan fácil para el aplastar su caja torácica y acabar con su vida, pero ni Altaír ni su orgullo se lo permitirían. Además, tenían planes para él.

La disformidad de nuevo los envolvió y con ello desaparecieron, rumbo a otro lugar.

[X]

Los gritos de dolor de Minos hicieron eco mientras un nuevo trozo de piel le era arrancado. El gigante del caos de nuevo le había quitado con la propia fuerza de sus dedos ya varios trozos de piel de su cuerpo. La carne roja se veía desde las heridas y sanguinolentas laceraciones iban de un lado a otro. La mitad de su cabello dorado ahora estaba manchado con sangre.

"debo admitir…" dijo Fenshax tras arrancar otro trozo de piel dejando que los gritos de agonía volvieran a escucharse. "… que aunque no soy un seguidor de Khorne o Slaanesh encuentro esto bastante satisfactorio."

Altaír solo sonrió y asintió, diciéndole al Astartes del caos. "asegúrate de despellejarlo por completo. Su agonía despertara su deseo de salvación y podremos forzar la llave."

Tras minutos que se sintieron como horas para el Rey de Synapse, finalmente lo único que quedaba sobre su cuerpo era la carne viva que ardía y palpitaba mientras el más mínimo roce de viento traía la sensación de miles de agujas clavándose en él. Fenshax lo tomo del cuello y lo sujeto contra la pared.

Altaír volteo a un lado al momento que alguien había llamado su atención. Eran dos personas, jóvenes, muy probablemente estudiantes. Una chica de largo cabello y un chico con anteojos. Ambos habían estado mirando todo el macabro espectáculo en silencio y ahora estaban agazapados uno al lado del otro temblando del terror. Finalmente, Altaír fijo su mirada en un tercero que había llegado allí también.

"entiendo tu insistencia en dejarlo con vida, pues no significan ninguna amenaza. Pero no comprendo porque lo trajiste a él también." Dijo Altaír al mirar al chico que habían encontrado también en el palacio más grande de Synapse.

El hechicero del caos volteo a ver al chico que Altaír señalaba. Había olvidado su nombre, no le interesaba en lo absoluto siquiera preguntarle. El chico solo estaba ahí, paralizado ante la escena que estaba ante él. "Oh, es solo un pequeño público que contemplara la grandeza del cambio que están a punto de presenciar. En verdad si hubiéramos tardado un poco más aquel de anteojos habría desperdiciado un gran poder de una forma muy estúpida."

Fenshax dejo de lado el tema para internarse en asuntos más importantes. A pesar de todo lo que le había hecho a Minos, este aún seguía renuente a tomar el deseo que quedaba del artefacto, intentaba soportar el dolor con todas sus fuerzas, incluso había intentado morderse la lengua para ahogarse con su sangre, pero el Astartes del caos le había mantenido con vida usando el poder de la disformidad haciendo que su sangre se multiplicara. Incluso la había hecho caliente sin llegar a escaldarlo por dentro pero aun así el dolor debía ser temible. De igual forma Fenshax también había usado sus poderes psíquicos para evitar que su víctima perdiera la razón por el dolor.

Pero aun así, Minos aguantaba. De alguna forma estaba dispuesto a morir primero que permitir que estos monstruos corrompieran el más grande logro de su raza. Un esfuerzo inútil sin duda.

Al ver que estaba tardando más de la cuenta, Fenshax creció impaciente. Finalmente harto, decidió acabar de una vez.

Primero fueron las piernas. Con suma facilidad la arranco como le arrancas una pata a un insecto. La carne y los huesos se volvían una pulpa mientras eran pulverizados por la enorme fuerza del astartes. Los brazos, uno por uno fueron separados de su cuerpo, lo hacía lento, asegurándose que cada tensión de dolor contara.

"tu raza ha muerto." Dijo el hechicero. "todos y cada uno de ellos fueron asesinados por nosotros. No queda nadie más que tu patética forma. Todos murieron, no, todos ya estaban muertos desde antaño, encerrándose junto a sus falsas esperanzas en este lugar.

Algo pareció parpadear en Minos. Su cabeza volteo y miro de reojo a Fenshax quien había reído en tono burlón. Se podía ver no solo ira, si no también tristeza, angustia y desesperación. El hechicero simplemente acerco su yelmo a su oreja y hablo.

"¿no sería mejor pedir ese deseo? ¿No sería mejor matarnos y ver a tu raza renacer? Lo sé, está en tu interior. Te duele ver el patético estado en el que han caído. Pero puede cambiar eso ¿verdad?"

Minos vio la piedra contra su rostro descarnado. Pensó en lo que la había dicho el astartes, era su deseo, podría cambiarlo, quería cambiarlo.

Y el Astartes del caos lo sabía.

"¿no deseas que este dolor se acabe? ¿No deseas que este esta decadencia desaparezca?"

Algo se movía dentro de Minos. Algo le gritaba que aceptara el deseo. Aun si moría, estaba seguro de que así terminaría su sufrimiento.

"di tu deseo, rey en desgracia."

Una lágrima salió de las cuencas oculares de Minos. Un balbuceo pequeño, apenas perceptible broto de sus labios. Y con eso, el pacto estaba sellado.

Una luz emano de la torre. Radiante como mil arcoíris que envolvían al mundo. Al presenciar este cegador resplandor, el hechicero aplasto el cráneo de Minos contra la roca del artefacto. La sangre, hueso y sesos se batieron por todas partes. Y de esa forma la vida de un rey de incontables edades llego a su fin.

Altaír levanto los brazos y libero todo el poder psíquico que había acumulado de las muertes de los diez mil habitantes de Synapse. Un remolino de energía disforme rodeo la torre mientras esta cambiaba de forma. Fenshax también entonaba encantamientos malditos en lenguas demoniacas, dirigía las corrientes del inmaterium que se colaban entre este torbellino que parecía carcomer aquel artefacto

La piedra se derruía, desmoronándose como las cenizas. Las escrituras de deseos de antaño se borraron cual polvo es arrastrado por el viento. Finalmente todo se redujo a solo diez objetos que flotaban en el aire. Estaban hechos de la misma roca, pero sus superficies eran de un antinatural frio extremo.

"serán las llaves del cambio." Comenzó Altaír. "Las anatemas de la realidad. Cada vez que se usen un mundo cambiara. Ya no necesitaremos la mano de los creadores. Nuestras propias historias serán escritas por nuestros propios deseos."

Bajo sus pies la piedra comenzaba a quebrarse. Vio a lo lejos como la ciudad, antes hermosa e imponente, ahora se caía a pedazos destruyéndose a sí misma y junto con su historia. Los edificios se derrumbaban, las artesanías finamente labradas se volvían nada más que polvo. Y sobre la tierra una ciudad se precipitaba.

Algo se rompió en el cielo. Y como un cristal se desquebrajo mientras el cielo falso del día revelaba una noche imperecedera. Sin embargo, a pesar de reflejar belleza también reflejaba soledad, pues solo algunas estrellas podían verse a pesar de que de esta altura sería fácil observar a las estrellas. La luna que antes podría haberse visto como una esfera casi perfecta, ahora solo era un montón de trozos de roca sin forma alguna. Todo el satélite estaba destruido.

Altaír levanto su mano hacia los tres jóvenes que habían sido testigos de este acto. Con un solo movimiento estos desaparecieron en puntos de luz azulados regresando a sus propios hogares.

Ella volvió a levantar su mano y un nuevo portal se abrió. Fenshax recogió los diez monolitos y acompaño a Altaír que cruzaba el portal.

[X]

Sado dio una probada a su helado de chocolate mientras miraba a la otra persona frente a él. Esa persona era una chica. De cabello corto y negro. Vestía un kimono azulado de alta calidad y una chaqueta de color rojo, usaba también botas pesadas que se veían en total como un atuendo fuera de lo ordinario.

Esa chica tenía un aire de misterio sobre ella, pues la había encontrado hace poco más de un mes desmayada en un parque en la noche. Él ya había olvidado que había estado haciendo en ese lugar y a esa hora, le había dado poca importancia desde que le había hallado.

Al principio esta chica intento alejarlo, le decía que estaba bien y que se preocupara por sus propios asuntos. Pero como se veía antes parecía haber estado en el medio de una seria batalla. Sado le había ofrecido un lugar para dormir a lo que ella a duras penas acepto. Paso un par de semanas con visitas a su habitación y comidas a su cuarto hasta que él intentó idear una forma de hacer que saliera y obtener algunas respuestas.

Lo primero que se le ocurrió fue llevarla a la heladería manejada por su hermana y él. Hacía tiempo se había alejado de sus padres con ella, lo cual era una historia irrelevante en este momento.

Sorprendentemente eso había funcionado bastante bien. Y ahora al menos cada dos días se reunía con ella para comer helado. No le molestaba vivir con ella, la compañía era buena. Después de todo, la mayoría del tiempo su hermana debía atender la tienda mientras el acudía a la escuela.

Al principio solo le había parecido una coincidencia, una muy loca idea. Pero tras pensarlo bien se dio cuenta de que aquella chica se parecía a alguien que conocía, alguien que había visto antes en una película.

Y cuando le pregunto su nombre, sus dudas habían quedado claras.

Se llamaba Shiki Ryougi.

No se atrevió a divulgarlo pues aun debía comprobarlo. Y hacia algunos días le había dicho. "¿puedes cortar esta barra de acero?"

Shiki tomo un cuchillo pequeño que Sado le había traído. Y con un suave y ligero movimiento la barra de acero se cortó limpiamente en dos.

Al principio se quedó atónito. No sabía que decir ni que hacer. Ella era la verdadera Shiki de Kara no kyoukai y dueña de aquel impresionante papel.

Después de eso había conseguido las películas y las había visto con ella. Día tras día veían una y cuando terminaron Shiki solo dijo. "esto es muy extraño." Y simplemente lo dejo pasar como si fuera algo normal. Esto había pasado hace tres días.

"¿no extrañas tu vida anterior?" dijo Sado mientras tomaba su doceava cucharada.

"Un poco." Shiki respondió tras acabar su helado de fresa.

"¿quieres volver?"

"si puedo volver lo hare."

"¿y si nunca vuelves?"

"no habrá nada más que hacer…"

"te… ¿estaría bien si te quedaras en mi casa? ¿Al menos si descubres que no podrás volver?"

"no lo sé. Ya veremos…"

Así solían ser sus charlas. Cortas, rápidas y directo al punto. No es que a Sado le molestara, le era más fácil comunicarse de esa forma con Shiki. Era como una rutina a la cual no parecía querer terminarla por ahora.

Sin embargo Sado no era tonto, tampoco era un genio. Pero sabía que Shiki no podría haber simplemente aparecido de la nada. Le parecía una locura de hecho, que un personaje de una película se materializara así nada más. Era imposible cuando menos, pero si Shiki estaba allí entonces no sería difícil imaginar que podrían haber más como ella, seres traídos desde sus historias, héroes, villanos y monstruos.

Los últimos incidentes de desapariciones le habían vuelto más alerta. La tienda de helados que antes cerraba hasta las nueve de la noche ahora estaba cerrando antes de que el sol se ocultara. Ahora todo el mundo estaba evitando salir a la calle por la noche, todo se vaciaba y no quedaba ninguna alma. De vez en cuando se escuchaba la sirena de la policía, pero se silenciaba de nuevo.

Aquella noche Shiki salió. Él no se molestó en preguntarle qué había pasado, pero cuando regreso en la mañana, ella estaba llena de heridas y en muy mal estado. Tenía claras heridas de cortes con garras e incluso lo que parecía ser la mordida de una bestia carnívora en su pierna. Después de atenderla lo mejor que pudo, Shiki abrió los ojos.

"es un vampiro… y uno muy peligroso. Apenas y logre matar algunos de sus familiares pero simplemente era demasiados.

Y con eso, Shiki volvió a quedarse dormida. Sado decidió no molestarla. Pero en su mente seguía preguntándose ¿un vampiro? Él no podía creer algo así, sin embargo, la existencia de Shiki en este mundo eliminaba la imposibilidad de que algo como eso pudiera ser real.

[X]

Altaír contemplo a los que estaban frente a ella desde su trono. Fenshax a su lado le había sugerido usarlo después de haberlo traído desde algún lugar. Este estaba hecho de algún mineral cristalino mientras era adornado por joyas y símbolos del dios Tzeentch. Después de pensarlo por un momento ella decidió aceptarlo.

Allí estaban. Aliceteria February, Shou, Blitz Tacker… y aunque aquel piloto de Mecha había desaparecido, no le importaba mucho, sabía muy poco como para ser una amenaza.

"¿Lo que dices es verdad?" pregunto Aliceteria con clara incredulidad, pero a la vez una clara mirada de esperanza. "¿de verdad podemos cambiar nuestros mundos a nuestra voluntad? ¿En verdad ya no necesitamos de nuestros creadores?

Altaír sonrió mientras uno de los diez artefactos flotaba sobre su palma. "es verdad. Con esto podrán hacer lo que quieran, cumplirán todos sus sueños."

Altaír poso su mirada en cada uno de ellos, incluyendo a los otros seis que también estaban presentes.

Uno de ellos era un hombre, apuesto en cierta manera. Su cabello castaño peinado hacia atrás le daba cierto estilo junto a una sonrisa que no parecía decir nada. Llevaba ropas blancas y una katana en su cintura.

Otra era una chica, joven, no más de dieciséis años. Su cabello negro como el azabache se movía con una gracia sin igual por el viento. Sus ropas parecían ser las de una colegiala, pero los adornos de decían otra cosa. En su mano había una especie de escudo adornado con una joya de color purpura.

Había un hombre, enorme, como un oso. De cabello corto y negro, solo uno de sus ojos funcionaba. Una armadura oscura lo protegía. Detrás de su espalda podía verse una enorme espada del tamaño de un hombre y en su brazo derecho que ya no estaba había una prótesis de metal.

Se encontraba también una mujer. De cabello corto y rubio. Llevaba una sonrisa malévola al mismo tiempo que varias flechas negras se movían por todo su cuerpo. Serpiente, esa era la sensación que aquella bruja daba.

Vio a una chica. De cabello blanco como la nieve. Sus ropas eran delgadas y dejaban volar la imaginación. Pero su mirada era perdida, no tan diferente de un cadáver. Ella simplemente dejo escapar una sonrisa sádica.

Por ultimo estaba un hombre, maquina, para ser precisos. Su cuerpo estaba completo de blanco a excepción de su cabeza. En su cintura había dos objetos amarillos del cual no sabía que propósito tenían. Sus ojos de color verde se clavaron en el artefacto que Altaír sostenía.

"¿hablas en serio? ¿No se trata de ninguna trampa?" hablo Homura, claramente cuidadosa de los deseos. Ella sabía muy bien del terrible doble filo que un deseo dado sin ninguna dificultad podría traer.

Altaír simplemente volvió a sonreír ante la preocupación de la Puella Magi. "te lo aseguro."

"¿cómo puedes probar decir la verdad?" Dijo Aizen mientras consideraba las palabras que la chica de uniforme militar le había dado.

Altaír simplemente movió su mano y permitió que el artefacto flotara hasta llegar a treinta metros lejos de ellos. Con un simple movimiento de su mano, el artefacto se clavó en la tierra y un enorme estallido de luces surgió.

Ellos no estaban en el mundo de los creadores, no, Altaír los había reunido en otro lugar, un bosque de otro mundo.

De repente todos vieron como todo el paisaje había cambiado. Los árboles que los rodeaban se habían ido y en su lugar un frio desierto de arena blanca estaba.

Altaír movió su mano y como si levantara algo también se sintió como la tierra tembló. Del suelo se formó un gigante. Este estaba hecho de roca y comenzó a caminar una vez después de ser convocado.

Altaír volvió a moverse y un grupo de personas apareció. Eran de carne y hueso, claramente no eran una ilusión. Ella les hizo caminar por un rato y luego les ordeno desaparecer. De los ocho seres solo quedo polvo.

Montañas y ríos aparecieron y se esfumaron. Ciudades y países se formaron para luego caer. Crear vida y muerte por igual. Ese era el poder de tal artefacto.

Al ver esto ninguno se atrevió a objetar de nuevo. Habían visto el poder de reformar sus mundos y sus propias historias.

"síganme y todos tendrán una de estas llaves del cambio." Dijo Altaír.

[X]

Hielo. Eso es todo lo que podía verse a la distancia. Nada más que un blanco desierto congelado golpeado por una tormenta de nieve que sumergía todo en un manto blanco y frio. Con temperaturas menores a sesenta grados centígrados bajo cero, este era un ambiente sumamente hostil para un ser humano.

Sin embargo, dentro de la cabina era cálido.

Hiro abrió la bolsa de raciones, mientras masticaba pensaba de nuevo en donde estaba. Su Gundam 01 había llegado aquí de la nada y no entendía ninguna razón en esto. Hasta hace un mes atrás había estado en medio de una batalla contra varios mobile suits enemigos y de un momento a otro el desierto de arena había cambiado por uno de hielo.

Las bajas temperaturas no afectaban a su Gundam, pero el principal problema recaía en que no podía contactar con ningún aliado ni ningún satélite, había satélites, eso lo marcaba el sistema, pero simplemente no podían enlazarse a su máquina.

No tenía idea de donde estaba y no podía trazar un mapa. Estaba bajo de energía así que no podía simplemente transformarse y volar. Había estado rondando a pie, siguiendo transmisiones en ruso que estaban hacia el sur. Al menos seguía estando en la tierra, eso lo calmaba un poco.

De repente vio una base militar, o lo que parecía una. Había varios soldados bien abrigados y armados que iban de un lado a otro cumpliendo sus obligaciones. Pensó en atacarlos, pero no había Mobile suits a la vista. Abrirse paso seria sencillo.

Fue entonces que vió como todos los soldados se apresuraban y se formaban. Algunos subían a vehículos mientras que otros señalaban a su dirección, le habían descubierto.

De inmediato pensó en dispararles, sería tan fácil. Pero no detectaba ningún Mobile suit enemigo y por lo que veía esos soldados solo contaban con armas de un calibre que jamás podría hacerle daño a su Gundam.

Una señal fue captada por su radio, él la dejo pasar. Hablaba en ruso, alguien pedía que se identificara.

El entendió el idioma y lo hizo, sin embargo, cuando termino, pudo escuchar la incredulidad de la persona detrás de la otra línea.

"¿Qué año es este?" pregunto.

"año 2017, octubre 2" dijo el hombre tras la radio.

"Imposible." Pensó Hiro. "se supone que estamos en el año 2149…"

[X]

Una fisura en el espacio tiempo se abrió y de ella salió una mujer. De cabello rubio y una belleza mística. Su cabeza estaba adornada con dos orejas parecidas a las de un zorro y tras su espalda parecían haber nueve colas de color dorado. En sus manos llevaba una bandeja con té y golosinas, no eran para ella, si no para su señora.

"he traído su te." Dijo tras dejar el contenido de la bandeja en una mesa circular.

La noche de nuevo cubría el cielo y el viento soplaba de considerable fuerza mas no era demasiado para ser molesto. Ella vio hacia las calles de la ciudad, estaban a más de cincuenta pisos de altura, solo podían verse las luces de lo que debían ser automóviles.

"gracias." Dijo la ama a la que ella servía. De cabello rubio y ropas purpuras. Probo él te y las golosinas y de nuevo se concentró en lo que estaba frente a ella.

Varias fisuras. Todas mostraban diferentes escenas. Sentada, su ama posaba la vista en todas ellas.

"muy interesante ¿no crees?" dijo su ama tras mover las fisuras o cambiar sus escenas. Alcanzo a ver lo que parecía un robot gigante sobre un terreno nevado, rodeado por docenas de militares.

"ya lo creo."

"la próxima vez tráela también a ella. Estoy segura de que estará muy entretenida." Su ama le dijo mientras se servía de los bocadillos que le había traído.

"si, la traeré la próxima vez." Dijo la shikigami mientras se le permitía también mirar por aquellas fisuras.

[X]

Notas del autor.

Finalmente termine el capítulo dos. No fue fácil aunque ya tenía la idea y la imagen en mi mente. Pero trabajar con tantos personajes es difícil. Pero todo ellos son necesarios, cada uno es una pieza clave que juega en favor de un bando u otro.

Tal vez Altaír sea poderosa, pero ella tiene un límite. Además de que en el anime no tenía un argumento de acuerdo a su poder. Simplemente era algo basado en su holopsicon y que todos su poderes eran inventados por fanarts. Es por eso que sería lógico que ella aprovechara sus poderes al máximo para acceder a varios mundos y obtener lo que necesita. Ella ha hecho un pacto con el dios Tzeentch, todos los conocedores de warhammer 40k saben lo que significa un pacto con los dioses del caos, pero es claro que Altaír buscaría todos los medios para obtener mejores aliados y resultados, dado que Meteora puede acabar trayendo también personajes de otros mundos (no estoy diciendo que eso vaya a pasar)

En verdad odiaba (y aun odio un poco) al villano de Sora no Otoshimono. Así que me tome mi tiempo con él. No era difícil llegar a la idea que di, de todos modos en el manga no explican mucho todo eso y ya que técnicamente son aliens, sería extraño que tuvieran las mismas emociones que los humanos.

Originalmente planeaba usar a Mikazuki de Iron blood orphans, pero termine usando a Hiro de Gundam Wing. Esto fue porque pensaba que un toque clásico le vendría bien a esto y que el barbatos no es tan poderoso que digamos.

Fenshax no es un personaje canon ni un OC (no me gusta usar OC's). Es más como un "ayudante-cómico-malvado." Y un enlace con el dios del cambio.

Por ahora continuare con Attack on Void. Después del nuevo capítulo de AoT quiero continuar lo que sigue.

También quisiera iniciar con otras ideas, pero por ahora me apegare a solo dos. ¿Se imaginan a Tanya Degurechaff como inquisidora del imperium? ¿Un Catachan en Grimgar? ¿Qué me dicen de una nave orka llena de Gretchins estrellándose en el planeta del Goblin Slayer? ¿O como creen que el Necron overlord Trazyn el infinito reaccione cuando descubra la montaña de tesoros de Ainz?

A algunas respuestas.

Gracias por todos los reviews que me motivan a continuar.

Gabriel Angelos no será un inquisidor, pero sigue siendo un Astartes. Y aunque suele llevarse con los Eldar, él podría sentirse insultado fácilmente si le dices que quieres tomarte una fotografía con él, aun mas con ese tono.

Y puede que algunos ya sepan quién es la espectadora que está detrás de todo lo que esta pasando.

Nos vemos en Attack on Void.