La joven de piel nívea lo miró con los ojos blancos reflejando íntegra expectación, el cabello negro continuaba cayéndole como un manto oscuro sobre las orejas y su flequillo le tapaba la frente y parte de las cejas. La chica se quitó los lentes que sólo usaba para leer.
—Soy… Hyuga Hinata —contestó con la voz más dulce, aterciopelada, tierna y suave que el chico había oído jamás. La dulce joven llevaba puesta una blusa de color violeta intenso y un pantalón de jean azul rasgado, las manos cubiertas de anillos y las muñecas repletas de pulseras. Sus labios rosados se curvaron en una sonrisa tímida.
—Genial, ¿te molesta si me quedo por aquí? —Preguntó el chico sin despegar los ojos del rostro pálido de la muchacha—, no hay más mesas y hace días que espero tener un tiempo para poder venir. —La chica negó, todavía sonriendo y se sumergió en la lectura nuevamente, volviendo a colocarse los anteojos.
Con un bufido Karin se acercó a él y colocándose una mano en las caderas preguntó:
—¿Y bien? ¿Qué vas a pedir Uzumaki? —La pelirroja revoleó los ojos debajo de sus lentes gruesos.
—Quiero un helado de durazno —Naruto levantó el pulgar y se recostó contra el respaldo de su asiento con una sonrisa amplia en el rostro.
Karin ni siquiera se molestó en preguntar si su primo quería algo más, simplemente tomó la orden de mala gana y se acercó a donde Sakura estaba para comunicarle el pedido.
Unas señoras que habían estado riendo y bebiendo té, se levantaron en ese momento y se dirigieron a Sakura que les sonrió con sutileza mientras aceptaba el dinero que le tendían. Las mujeres se fueron de buena gana del lugar dejando vacía la mesa. Pero Naruto no se movió de donde estaba, estaba ocupado moviéndose inquieto en la silla mientras intentaba observar qué libro leía su acompañante tan entretenida.
El rubio, cruzado de brazos esperó su helado en silencio, mientras otra mesa se desocupaba a su espalda. La chica ni lo miraba, a él no le importaba, después de todo no la conocía, pero le parecía una muchacha muy extraña. Karin se acercó a él con el helado que había pedido y una cucharita de color anaranjado clavado en él. Naruto comenzó a engullirlo sin siquiera notar el frío en su garganta, mientras continuaba mirando las manos suaves de Hinata que sostenían ese libro. La chica bebió un sorbo de su malteada de chocolate y reparó nuevamente en que los ojos azul cielo del joven la observaban. Una vez más sus mejillas rosadas se ruborizaron más de la cuenta.
—¿Qué lees? —Preguntó el joven tomando una cucharada de su helado.
—Los… los juegos del hambre —Respondió. Naruto bufó aburrido.
—Qué bazofia de película… —Comentó comiendo más helado. Hinata rio bajito, sonrojada.
—¿Y qué cosas te gustan entonces, Uzumaki?— El chico frunció el entrecejo y negó con la cabeza despeinando su cabello rubio.
—Llámame Naruto, sin protocolos.
—Na… Naruto —La chica le sonrió de nuevo quitándose los anteojos nuevamente.
—No me gusta leer… pero esa película tampoco es buena —Aclaró al ver que ella lo seguía observando esperando una respuesta.
—A mí me apasiona la literatura. Éste es uno de los volúmenes que más me gustaron… pero, como la mayoría de las personas de mi edad, comencé con Harry Potter —Comentó cerrando sus ojos con dulzura. Dio otro sorbo a su batido.
—Prefiero los cómics —Dijo el rubio sonriendo— Hinata… ¿no te gustan los cómics? —Hinata asintió ruborizada al oír su nombre en labios de ese desconocido.
—Me gusta más Marvel que DC —Comentó en voz baja roja como un tomate, como si hubiese hecho un comentario muy íntimo.
—También a mí, aunque Batman es uno de mis superhéroes favoritos —Naruto continuaba sonriendo salvajemente— O héroe a secas… —Pareció dubitativo mientras apoyaba los codos sobre la mesa. Hinata dejó sus lentes sobre el libro cerrado que estaba, a su vez, sobre la madera de pino de la mesa circular y continuó mirando al rubio muchacho que tenía enfrente— Realmente no tiene súper poderes.
—Es verdad… pero para eso está su contraparte de Marvel: Ironman… él me cae mejor que Batman.
—Ah, así que te gustan los chicos rudos —Naruto rio y Hinata lo imitó aún sonrojada.
—No, no es así —La chica se tapó la cara con las manos sin dejar de reír, avergonzada. Naruto continuó mirándola y de repente sintió una mirada ajena en su nuca— Los personajes así son divertidos, pero no creo que me agrade alguien como él en la realidad…
—¿Por qué no? —Inquirió el chico.
—Bueno… porque es un mujeriego y un egocéntrico…. Y un egoísta, narcisista, pedante y su actitud es muy tonta —Confesó la chica con su mismo tono de voz tierno, como si en lugar de estar describiendo los defectos de una persona hubiera descrito sus virtudes.
—Pero sin embargo siempre termina ayudando a quien lo necesita. —Puntualizó Naruto.
—Tienes razón…
Naruto se metió un pedazo de helado de durazno a la boca.
Karin se dirigió a Sakura que continuaba detrás del mostrador mirando cómo Ino charlaba animada con una joven chica que estaba de clienta en una de las mesas interiores. Tenten había aprovechado que la cafetería ya no tenía tantos clientes para ponerse a repasar sus apuntes nuevamente.
—Sakura… ¿Notaste a Naruto? —Preguntó extrañada la pelirroja mientras miraba a su amiga. Sakura observó la mesa en la que su alborotado amigo estaba, Naruto y esa solitaria muchacha reían y charlaban animados.
—Sí… No es normal. Esa chica ha venido por días seguidos y siempre ha estado sola… Pero después de todo no es tan extraño, Naruto es capaz de sacarle charla a cualquiera. —Karin asintió comprendiendo. Sakura tenía razón pero la situación no dejaba de ser rara por eso.
Un grupo de chicos entró en ese momento por la puerta de vidrio abierta y se sentó en una mesa. Todos eran muy serios, eran sólo tres, pero tan intimidantes como nadie. Uno de ellos era pelirrojo, tenía el cabello como si estuviera pintado, algo corto pero disparejo y sus ojos verde agua delineados con negro, lo que los hacía resaltar más. Su piel era pálida y su cara redonda, sus facciones finas y tenía las cejas depiladas por completo, iba vestido con una chomba negra de mangas cortas y un pantalón de igual color repleto de cadenas, uno de sus acompañantes era muy parecido a él, pero más alto, también tenía los ojos delineados pero no en negro, sino en púrpura; llevaba un gorro de verano negro pero algunos mechones castaños se le escapaban por debajo del sombrero, sus ojos eran oscuros y penetrantes y su nariz ancha, sus ropas también eran oscuras llevaba una camiseta sin mangas de color negro y un pantalón igual al de su acompañante, también con cadenas colgantes, en el cuello se veía una gargantilla negra y varias cadenas de plata. El tercero de los muchachos era pálido como la leche, más de lo que cualquiera hubiera pensado, sus rasgos eran delicados, su nariz recta, sus ojos negros y su labios gruesos, el cabello negro que le caía en la frente era muy oscuro, negro azabache y sus vestimentas iguales. Éste último no tenía maquillaje alguno pero el blanco de su piel contrastaba tanto con sus ojos que parecían delineados de igual manera. Karin y Sakura se miraron y silenciosamente se comentaron los temores que les traían aquellos sujetos. Ino y Tenten no tardaron en notarlos también y se amucharon del otro lado de la barra debatiendo sobre quién iría a atenderlos.
—Nunca antes habían venido ¿verdad? —Preguntó Sakura susurrando para que no la oyeran. Tenten negó con la cabeza, aún aferraba entre los dedos inquietos los apuntes para sus exámenes. Karin los miraba de reojo, los muchachos se habían puesto a conversar entre que aguardaban a que alguien se les acercara para tomar la orden.
—Nunca los vi en ningún lado… ni aquí, ni en la calle, ni en ninguna discoteca… Salgo mucho, conozco a media ciudad pero a ellos nunca los vi —Comentó Ino en el mismo tono de voz que su amiga, muy inquieta.
—Tal vez sean de otra ciudad… O simplemente no salgan mucho —Comentó Tenten encogiéndose de hombros igual de temerosa que las demás.
—¿Quién irá a atenderlos? —Preguntó Sakura mirando a sus amigas con autoridad. Después de todo era la hija de los dueños y la persona a cargo del personal; las otras tres se miraron entre sí apesadumbradas.
—Ni sueñes que iré yo… —La primera en hablar fue Karin, cruzada de brazos y con la mirada perdida debajo de sus lentes—. Dan miedo…
—Son… raros… —Dijo Tenten mirándolos sin disimulo alguno, pero hablando tan bajo como las demás.
—Iré yo… —Ino se armó de valor, tomó la libretita pequeña que aguardaba sobre el mostrador y caminó con valor hacia los raros muchachos. A los pocos pasos de llegar, con el corazón en la boca queriéndole salir del cuerpo y las manos sudadas, una muchachita entró corriendo mientras reía alegremente de un comentario de una de sus amigas, chocó contra Ino y ambas golpearon con la fuerza de sus cuerpos al chico pelirrojo que aguardaba en su asiento. La chica jovencita se levantó rápidamente pidiendo perdón a todos los afectados repetidamente y tan veloz que parecía que el aire se le agotaría en cualquier momento. Era una de las chicas que habían estado sentadas afuera, había entrado para pagar sus bebidas y sus helados. Ino la ayudó a ponerse de pie, pero el pelirrojo se levantó antes de que las chicas pudieran incorporarse del todo. El joven no era muy alto, tenía la estatura de Ino aunque le sacaba una cabeza a la colegiala que lo miró muerta de miedo. Sakura apretó la esquina de la barra con nerviosismo mirando la escena, preparada para llamar a la policía si era necesario. El pelirrojo miró a las dos muchachas con ira, en especial a la jovencita, de cabello castaño y ojos negros que lo miraba sumamente nerviosa.
—¿Alguien puede ser más torpe? —Preguntó el chico con voz ronca y el ceño sin cejas fruncido, su acompañante de sombrero se rio.
—Lo siento. De verdad lo siento. Fue un accidente. —Repetía como un loro la joven chica al borde de las lágrimas debido al miedo, a la vergüenza y a la mirada psicópata que el chico le estaba dedicando.
—¿Qué me importa que haya sido un accidente? Deberías tener más cuidado, mocosa —Le espetó como si él fuera muchos años mayor. La jovencita se puso tan roja que no pudo contestar, miraba el suelo y respiraba fuerte conteniendo las lágrimas saladas que comenzaban a notarse en sus pupilas. Sus amigas se habían quedado afuera y ni siquiera se habían percatado de la situación por lo que fue Ino la que intervino.
—Fue un accidente, ahora siéntate o lárgate. No queremos tener buscapleitos en este lugar —Ino se había metido entre medio de los dos y miraba al pelirrojo con notado enojo. El chico del sombrero rio más fuerte como si la rubia hubiese bromeado pero Sakura se tranquilizó mucho al ver la valentía de su amiga. Siempre había admirado el carácter de Yamanaka.
—Gaara… será mejor que no busques problemas —Habló el chico serio de piel pálida que estaba sentado frente al pelirrojo. El del sombrero miró a su compañero desafiante, como si deseara que el pelirrojo continuara peleando para su deleite, pero el chico pálido ni se inmutó. De hecho le espetó también a él—. Kankuro, dile algo a tu hermano… Ya sabes que no podemos meternos en problemas… además, no queremos meter en apuros a estas señoritas —Comentó de manera educada, pero monótona, como si hablara palabras ensayadas.
—Ya… Gaara… Temari va a matarnos —Dijo el castaño de sombrero que respondía al nombre de Kankuro, y Gaara volteó aburrido y volvió a sentarse en su lugar dejando tranquilas a las muchachas. Ino acompañó a la joven colegiala hasta la barra, ya que estaba muy conmocionada como para poder ir por su cuenta. Muchas de las personas a su alrededor, se apresuraron por pagar y marcharse también ante el problema que el pelirrojo y compañía habían ocasionado. La rubia volvió para tomar la orden a sus nuevos y poco deseados clientes. Era la primera vez en sus dos años de trabajo que aparecía gente así de problemática.
—Agradecería que esos comportamientos no volvieran a repetirse —Aclaró la chica con las manos en la cadera mientras miraba a Gaara como si se tratara de un hijo pequeño. Tomó la libreta entre las manos y sin dejar de mirar de manera desafiante y provocativa a Gaara preguntó— ¿Qué van a ordenar? —Los tres comenzaron a charlar entre sí sobre qué pedirían mientras Ino esperaba, el de piel pálida, el único que no había revelado su nombre hasta ahora la miraba fijamente. Tan fijamente, con esos ojos tan negros y esa piel tan blanca… a Ino le bajó un escalofrío desagradable por la espalda.
—Vamos a pedir un licuado de frutilla y uno de melón con mucha azúcar —Habló el de sombrero mirándola con ojos cansados—, y un helado de menta —Ino terminó de anotar el pedido y caminó para tendérselo a Sakura de mala gana. La chica bufó enojada.
—Qué tipos.
Sakura se apresuró a preparar las bebidas que habían pedido mientras hablaba en voz baja para que no la oyeran.
—Hicieron que la mitad de la clientela se fuera —Refunfuñó la chica limpiándose el sudor de la frente. Se estaban haciendo las cuatro de la tarde y el calor era inminente. La cafetería ahora estaba casi vacía. Sólo continuaban en la mesa de afuera los dos chicos charlando que se habían reunido con dos muchachos más y Naruto hablando con la joven solitaria en la otra punta del local, además de estos punks violentos que se habían acomodado recientemente.— A la chica que agredió tuve que hacerle un descuento por miedo a que no vuelva… Es clienta de siempre. La pobre estaba muy nerviosa —Ino asintió comprensiva y tomó las cosas que su amiga le tendía para llevarlas hasta la mesa.
Un chico entró en el local buscando con la mirada en todos los recovecos del lugar. A Tenten se le paró el corazón por un segundo y dejó de lado nuevamente sus apuntes. Lo observó con vehemencia como si hacerlo provocara que él la notara. El joven estaba vestido diferente, tenía un pantalón de jean negro y una camiseta azul con estampado de calles y autos. Su cabello castaño y largo flameó a su espalda al moverse y caminó a grandes zancadas hasta donde se encontraba Naruto. Miró con el ceño fruncido a las dos personas que se encontraban en la mesa y sus ojos claros se posaron mayormente en la chica. A Tenten le dio un vuelco el corazón y sintió una oleada de celos. Karin la miraba apenada.
—Hinata, hace media hora que te estoy esperando en casa —El chico habló con voz gruesa y varonil, la chica que estaba allí sentada lo miró culposa.
—Perdón, Neji… El tiempo se me pasó volando —La joven se levantó rápidamente para ir a pagar pero Naruto la detuvo tomándola por la muñeca, las pulseras coloridas de la joven chocaron contra los dedos delgados y largos del muchacho.
—No te preocupes, Hinata… Yo invito —La jovencita le sonrió y comenzó a caminar seguida por el muchacho que ni saludó. Los ojos del joven se encontraron con los de la castaña que lo miraba pero no le dio importancia y continuó su camino, Tenten enrojeció y escondió la cara entre los apuntes nuevamente.
—¡Hinata! —Exclamó el rubio al ver que la joven olvidaba sobre la mesa su releído tomo de Los juegos del hambre, pero la chica no lo oyó. El joven tomó el ejemplar y salió corriendo tras ella. Ninguna de las cuatro empleadas se molestó en detenerlo, después de todo era Naruto y sabían que pagaría tarde o temprano. Salió por la puerta de vidrio buscando a la chica que le había hecho compañía toda la tarde y se encontró con las miradas de Kiba, Shino, Shikamaru y Chouji posadas en él. Así que sus excompañeros se habían reunido sin invitarlo. Chouji era un joven gordo, de cachetes inflados y ojos pequeños, cabello en picos de color castaño claro; Shikamaru era su mejor amigo, delgado, siempre con aspecto apesadumbrado o aburrido, abrumado, usaba su cabello oscuro atado en una cola de caballo que se le iba hacia arriba debido al horrendo cabello que tenía, sus ojos también eran pequeños pero se abrieron bastante al ver a Naruto. No esperaba su presencia.
—Hinata —La chica volteó y su acompañante también, ambos clavaron sus ojos blancos en él— olvidaste esto. —Le tendió el libro y ella lo aceptó con una sonrisa tímida.
—¡Vaya! —Fue Kiba el que habló, el de cabello castaño y mirada feroz, estaba sentado justo al lado de donde transcurría la escena—. Qué pequeño es el mundo —Parecía asombrado gratamente— Naruto… ¿eres amigo de Hinata?
—¿La conoces Kiba? —Preguntó el rubio confundido.
—¿Se conocen? —Preguntó a su vez Hinata sin comprender demasiado.
—Kiba y yo fuimos juntos a la escuela… ¿de dónde se conocen? —Preguntó Naruto.
—Kiba…
—Hinata y yo estudiamos veterinaria en la misma Universidad —Interrumpió Kiba a lo que Hinata asintió.
—Así que estudias veterinaria Hinata —Comentó Naruto sonriente, mostrando todos los dientes. La chica asintió con las mejillas rosadas.
—Sí, ¿y tú? —Naruto fue el que se sonrojó esa vez.
—No estudio nada. Sólo trabajo —El chico miró al suelo mientras metía sus manos en los bolsillos. El joven que acompañaba a Hinata la alentó a seguir su camino y la chica se despidió de todos de forma tierna, cruzaron la calle y se metieron en la casa celeste pastel de enfrente.
—No sabía que conocías a Hinata, Naruto… Ella y yo nos llevamos muy bien —Alardeó el castaño sonriente—. Ven, siéntate con nosotros.
—Un perezoso, un glotón, un egocéntrico y un raro… ¿Qué voy a hacer yo con ustedes? —Contestó el chico de mala gana entrando nuevamente al local para depositar su pago.
Caminó con pereza, arrastrando los pies, sin quitar las manos de sus bolsillos hasta la barra en donde estaba su prima y le tendió el dinero. A su lado Tenten miraba con ojos tristes la casa de enfrente.
—¿Cuánto es lo que tengo que pagar? —Preguntó Uzumaki después de haber tendido el dinero de forma distraída.— Incluido lo de Hinata… —Karin no contestó, tomó los billetes y le devolvió el cambio, Naruto no reprochó nada, se guardó el vuelto en su billetera de cuero y miró a la chica castaña que se arreglaba los rodetes de manera torpe.
—¿Cómo tienes cara para acercarte a una chica con novio? —Preguntó Tenten haciéndose la desinteresada.
—Sólo tuvimos una conversación —Se excusó el chico de manera rápida—, no tengo dobles intenciones… Además, no mencionó tener un novio.
—¿Y ese joven que entró a buscarla? —Preguntó Karin ayudando a su amiga, sospechando a dónde quería llegar ella.
—¡Ah! —Naruto sonrió comprendiendo— Ése es su primo —Tras decir eso se marchó del lugar con paso apurado, Tenten sintió un alivio intenso en el pecho y Karin le dedicó una sonrisa.
Ambas chicas se acercaron más a Sakura que había presenciado la escena desde lejos.
—¿Te sientes mejor sabiéndolo? —Preguntó la joven con sus ojos verdes más brillantes que nunca debido al alivio que ella también había sentido. Tenten asintió, aunque estaba seria.
—Sí, pero… realmente… no lo conozco… y no creo que vaya a conocerlo alguna vez —Un estremecimiento le recorrió la espalda—, es un completo extraño después de todo.
—Así se empieza —Comentó Ino llegando de la mesa de los chicos punks nuevamente, le habían pedido otra orden—. Primero está la atracción física… —Dijo haciéndose la experta—, después el empezar a conocerse, finalmente el enamoramiento y luego… todas las complicaciones que implican estar en pareja —La chica rio divertida pero hablaba muy en serio y con más madurez de la que aparentaba. Ella y Karin eran las que más experiencia tenían con respecto al amor—. Lo importante es que percibí una mirada muy intensa entre los dos. —Ino le guiñó un ojo moviendo su flequillo rubio platinado de la cara.
—¿De qué estás hablando? —Bufó Tenten posando la cabeza en una mano— fue una mirada de incomodidad porque yo, por estúpida, no dejé de verlo.
—Por lo menos te notó, nena —Animó Ino llena de actitud positiva—, es algo importante ¿No te das cuenta?
—Creo que Ino tiene razón —Comentó Sakura por primera vez en un largo tiempo.
Un chico de pelo por encima de los hombros de color blanco nevado, tez clara y ojos violetas se acercó a la barra en ese momento, recién había entrado por la puerta pero ninguna de las cuatro lo había oído. Llevaba puesta una camiseta sin mangas de color violeta con estampados de skaters y un pantalón de jean blanco con las rodillas gastadas. Venía sonriendo y un colmillo le sobresalía entre los labios.
—Karin —Dijo al llegar en modo de saludo—. Una mesa para dos y dos licuados de frutilla con agua… El mío con mucha agua. —Pidió a la pelirroja que lo fulminó asesinamente con la mirada como si quisiera golpearlo con mucha fuerza.
—Sé más cortés, Suigetsu. —Se quejó.
—¿Por qué serlo contigo? —Preguntó encogiéndose de hombros— Me disgustas mucho.
—Eso es porque eres idiota.
—O porque tú lo eres…
—No, definitivamente lo eres tú.
—¿Podrían dejar esto para otro día? —Preguntó Ino harta.
Suigetsu no pasaba seguido por El Refugio pero cuando lo hacía siempre discutía con Karin. Ambos, habían sido muy amigos de niños y eran vecinos de toda la vida, pero con la edad, la madurez, los diferentes gustos y demás cosas habían comenzado a distanciarse… Y al final, por diferentes razones empezaron a molestarse y eso que había empezado como un juego gracioso terminó como una lucha constante. Ino vivía a dos cuadras de la casa de Karin y solía cruzárselos a ambos discutiendo en la calle de vez en cuando.
—¿Vas a estar con alguien Sui? —Preguntó Sakura intentando ser amable con Hozuki Suigetsu que sonrió con todos los dientes a la vista. Dientes puntiagudos.
—Sí, claro… Con mi amigo —El chico señaló con la cabeza a sus espaldas y quedó a la vista de las cuatro muchachas un joven de veintiún años, de piel blanca como la nieve y pelo oscuro como el carbón, ojos oscuros y fríos, distantes, sin sentimiento alguno; rasgos bellos, delicados, finos y agradables a la vista, sus ropas de marca y a la moda lo hacían ver mil veces más hermoso que cualquiera que estuviera por allí cerca. Llevaba una camiseta azul de mangas cortas con capucha y un pantalón negro desgarrado en las piernas, apropósito. Su peinado era impecable, con un flequillo al costado y la parte de atrás levantada con gel.
Las cuatro chicas lo miraron extasiadas, flotando en sus propias imaginaciones, mirando con asombro marcado la hermosura que emanaba de ese joven.
Los ojos de Tenten se encontraron con los del chico y se sorprendió de la belleza del joven. Tenía un aspecto inteligente, maduro e indiferente. Parecía no importarle que las cuatro chicas lo miraran de esa manera… O tal vez ya estaba acostumbrado.
Los ojos azules de Ino fueron los siguientes, destellaron de interés al ver esos cabellos a la moda y esa ropa de marca que lo hacía ver tan importante, tan imponente… Su corazón latió tan rápido que parecía explotaría en cualquier momento.
Los ojos de Sakura verdes e intensos detallaron la curva de sus labios, la suavidad visual de su piel, la claridad de su tez, el cabello refinado, precioso y bien cuidado, negro azabache contrarrestando con el resto de su ser. Sus vestimentas, bien cuidadas, aseadas, planchadas con fragancias exquisitas y ese perfume que poco a poco llegaba y entraba por las fosas nasales de la chica que no despegaba la mirada de ese joven hermoso que acababa de entrar. ¡Hermoso! Ésa era la palabra, nunca había visto a nadie tan hermoso como él. Nunca había visto unos ojos tan fríos y misteriosos y que ocultaran tanto, nunca había visto una piel tan linda, suave a la vista, blanca y perfecta, nunca había visto unas vestimentas tan bien adecuadas, que le fueran tan bien a alguien, tan a la moda, tan… tan todo. Y el joven miraba indiferentemente a todas las chicas y a su amigo que aguardaba en la barra a que le entregaran sus pedidos. A su lado Karin fue la que se movió, la que comenzó a trabajar con rapidez y dedicación haciéndose ver por su vecino de la infancia y por el joven perfecto que aguardaba más atrás.
En cuanto Uzumaki Karin le entregó a su vecino las cosas que había ordenado miró de manera embelesada al de pelo oscuro que estaba atrás y le sonrió con ganas, mostrándole sus dientes de un parecido estupendo a los de Naruto. Se acomodó los lentes, incómoda, y notó cómo el joven de cabello negro extendía una mano sobre su cabeza para saludarla. Sus tres compañeras la miraron impactadas pero Karin le sonrió aún más efusivamente y devolvió el saludo.
—¡Hola Sasukito!— Gritó exclamando con ganas.
A las tres jóvenes se les paró el corazón por un segundo mientras miraban cómo esa belleza de chico se sentaba en una mesa cerca de los punks acompañado de Hozuki Suigetsu. Karin les había hablado de él varias veces, el mejor amigo de su tonto vecino que iba a visitarlo de vez en cuando y que se quedaba a dormir en su casa fin de semana por medio. Hacían deporte juntos, salían de vez en cuando y Karin lo conocía de vista y de haber cruzado unas pocas palabras con él. Karin lo había mencionado, lo había descrito como el chico más «sexy», más «cool», más «perfecto» que había visto en su vida, pero ninguna de las tres le había dado mucha importancia ya que Karin era muy exagerada y solía tener enamoramientos siempre que salía de fiesta. Una canción comenzó a sonar en la radio, una música que a Sakura le hizo mucha gracia, Training Wheels la anunciaron, y ella volvió a ver al chico.
Sasuke Uchiha, de buena familia, huérfano y con dinero, estudioso, trabajador, deportista innato, increíblemente lindo; Karin les había mencionado que vivía con su hermano mayor, otro chico realmente bello y popular entre las mujeres. Sakura miraba cómo ése joven se sentaba en una mesa y hablaba con Suigetsu mientras bebía un sorbo de su licuado.
Haruno se encontró suspirando embelesada con el exterior de ese joven apuesto. Creyó que jamás vería a nadie tan lindo y que nunca encontraría a un chico así que se fijara en ella.
