Al día siguiente el clima estaba perfecto, había una brisa fresca que traía el aroma de las flores y el césped, el cielo estaba celeste y despejado sin una sola nube a la vista, los árboles frondosos de la vereda de enfrente eran imponentes y con los rayos de sol las hojas se veían de diferentes tonos de verde y amarillo. Tenten fue de las primeras en llegar y con una sonrisa de oreja a oreja; el día anterior se había ausentado sin decir ni una palabra pero ni Sakura ni ninguna otra de sus compañeras le había reprochado nada.

Cuando Haruno estaba abriendo la cafetería, Tenten entró con aspecto mucho más aliviado que de costumbre. Sakura supo sin preguntar que su amiga y compañera ya había rendido sus exámenes y que por fin entraba en las vacaciones de verano.

—Se nota que te fue bien— Le comentó sonriendo mientras trababa la cadena de las persianas. Tenten se apresuró a comenzar su trabajo. Ya no parecía cansada, sus ojeras se habían borrado casi por completo, sus cabellos estaban más prolijos y sus ropas planchadas y limpias. Se había sacado de encima un gran peso y una enorme presión.

—Sí— Sonrió tan ampliamente que parecía que la dentadura le saltaría para afuera— Gracias por no reprocharme la ausencia de ayer…

—No tuvimos tantos problemas nosotras tres solas— No era del todo cierto pero no importaba en ese momento. La siguiente fue Ino, ella, al contrario de siempre, sí parecía muy cansada, tenía el cabello rubio algo más despeinado que de costumbre y los ojos aún algo entrecerrados por el cansancio.

—¿Y a ti qué te pasó?— Preguntó Sakura mirándola extrañada. Su amiga siempre había sido del tipo de chicas que trasnochan, chatean hasta tarde con diversos amigos o miran películas hasta la madrugada, o salen de fiesta incluso los días de semana, pero nunca había aparecido con un gesto tan fatigoso como el que tenía.

—No pude dormir bien…— Confesó.

—¿Pasó algo?— Tenten se mostró interesada y preocupada.

—No sé, me siento algo perseguida…— Karin entró en ese momento, sus tres compañeras estaban en completo silencio, Sakura y Tenten miraban a la rubia con pesar y Karin comprendió de inmediato que algo sucedía. Dejó el bolso que llevaba colgado del hombro sobre la barra y miró a su amiga apesadumbrada igual que las demás.

—¿Qué pasó?

—Eso mismo estaba por contarnos Ino— Dijo Sakura casi en un susurro con un tono de voz que no parecía el de ella, decidida e intrigada, casi amenazador, como si fuera una orden o una obligación contarles a todas lo que le sucedía.

—No es nada… Son ideas mías.

—¿Qué te hace sentir así de incómoda?— Insistió Sakura cruzada de brazos.

—Ése chico que viene de vez en cuando…— Las tres supieron de inmediato que se refería al joven punk, pálido como la leche y de cabello oscuro y ojos siniestros, que la miraba continuamente cada vez que pasaba por allí— Anoche cuando salí de trabajar estaba en la vereda de enfrente, solo, parado contra una pared… Me miraba tan extraño, tuve miedo de que me pasara cualquier cosa… Me sonrió como siempre lo hace, inexpresivo, falso…— Ino se estremeció— No sentí que me siguiera pero estuve todo el camino con terror y toda la noche dando vueltas pensando en eso.— Karin hizo un ruido de frustración con los labios.

—¿Estás loca Ino? Vivimos a dos cuadras de diferencia ¿Por qué no me esperaste y nos íbamos las dos juntas? ¡Puede ser un chico peligroso!— Karin estaba alterada. Sakura y Tenten asintieron con los ojos como platos y el corazón rápido, sintiendo el miedo que Ino pudo haber sentido.

—Karin tiene razón, que ni se te ocurra volver a irte sola. No pasa nada cuando el chico entra en la cafetería, siempre hay mucha gente y nunca podría hacer nada… Pero afuera, de noche, en la oscuridad… Es algo diferente.

La conversación de las cuatro se interrumpió con la entrada de un ancianito y una mujer embarazada, la mujer era joven, tendría unos treinta y cinco años de edad y su barriga era tan grande que parecía que explotaría en cualquier momento, o que pariría allí mismo; el hombre era viejo, encorvado y arrugado, sus ojos eran bondadosos y sonreía, otrora habría sido un hombre hermoso y cautivador, sin dudas. Ino los reconocía, eran el padre y la esposa de su profesor Asuma.

—Buenos días— Saludó la rubia algo aliviada de abandonar la conversación y se dedicó a atenderlos con amabilidad. Sus compañeras continuaron con el trabajo de limpiar un poco y acomodar alguna que otra cosa.

—Buenos días— Saludó la mujer de cabello negro y ojos carmesí— Me gustaría un café helado con azúcar y un licuado de melón sin hielo, por favor— Pidió con la misma amabilidad que Ino le había ofrecido. La joven asintió y empezó con su trabajo mientras los clientes se sentaban en una mesa.

Era ya miércoles al mediodía cuando los padres de Sakura bajaron las escaleras para irse a sus oficinas, como hacían siempre. Las chicas habían decidido almorzar allí mismo, así que cuando la cafetería hubo cerrado se dispusieron a prepararse una bebida fría y un rico bocadillo para acompañar. Fue un almuerzo rápido y delicioso, tenían mucho calor como para comer algo más pesado y más abundante. Se quedaron riendo y charlando, contándose chismes y anécdotas. Tenten les explicó cómo había sido su examen, Ino continuó relatando lo de la noche anterior y sus compañeras le dieron varias opciones para que no volviera sola esa noche. Hablaron de la fiesta que se avecinaba, de cómo iban a turnarse para vender en el Refugio Móvil y de qué ropas se pondrían, charlaron de quiénes pensaban que irían, de Naruto que iba a debutar con su banda de covers raperos y de la comida, de la bebida, de los muchachos, de ése… Uchiha Sasuke.

Tenten casi corrió a asomarse por la vidriera impecable de la cafetería cuando el muchacho de la casa celeste pastel, salió un poco más tarde, a trotar. Su cabello largo amarrado en una cola de caballo rebotaba en su espalda musculosa y sus ojos tan claros como la plata recién pulida no se apartaban del camino, Tenten lo siguió con la mirada y volvió, como siempre, decepcionada a su lugar.

—Lo agarrarás en la fiesta y será para ti sola— Karin le guiñó un ojo pero Tenten negó con la cabeza.

—Claro que no. Ni siquiera sé si asistirá.

—Su prima lo hará ¿Por qué él no lo haría?— Ino se encogió de hombros mirando a Tenten a sus ojos castaños y profundos— Seguro que la acompaña. Además, no hay muchas personas de nuestra edad que se quieran perder semejante festejo. Va a ser la fiesta del verano— Hizo énfasis en las últimas palabras.

—Aun si fuera no sabría cómo acercarme— Admitió la extranjera continuando con su batido.

—¡Ay, Tenten! Eso es lo más sencillo. Es hombre, caerá con una falda corta, un guiño, un baile sexy… Ya sabes, lo normal— Ino lo dijo tan convencida que Sakura rió.

—¿Lo normal? ¿Lo normal para quién?— Fue Haruno la que preguntó, Karin e Ino se miraron como si no pudieran creer la actitud de sus dos compañeras.

—Lo normal de todo el mundo que quiere proponerse conquistar a alguien, Sakura.

—Yo no creo que a los chicos les interese salir con una chica fácil— Argumentó la de cabellos rosados comiendo su pastelito de frutilla.

Ino y Karin volvieron a compartir una mirada de incredulidad y sonrieron con dulzura, como si Tenten y Sakura fueran niñas pequeñas e inexpertas.

—Hoy en día hasta las quinceañeras tienen sexo antes de comenzar una relación con alguien ¿Hace cuánto que no estás con un chico, amiga?— Preguntó Ino atónita. Tenten se ruborizó un poco ante el comentario indecente de su compañera de empleo. Hasta el momento nunca habían hablado de sexualidad, siempre abordaban temas menos delicados.

—No lo sé, la última relación seria que tuve fue a los dieciocho años— Hizo memoria la chica y continuó con su pastelito.

—No habla de eso— Continuó Karin al ver la mirada de Ino— Te pregunta cuándo fue la última vez que tuviste relaciones, Sakura.— La chica se ruborizó más de lo que creían y se ahogó con su comida; después de toser por largo rato bebió de su malteada rosada y espumosa y se calmó. Sus ojos continuaban llorosos y sus mejillas rojas pero de todas maneras miró a sus dos interlocutoras que le sonreían de manera pícara e intrigada. Tenten miraba hacia otro lado implorando en silencio que no le hicieran esas preguntas a ella.

—No lo sé… no lo recuerdo— Respondió intentando mantener la calma, sin despegar la vista de Ino y de Karin, fingiendo ser valiente y descarada como ellas— Hace algunos meses, seguro en abril o mayo… tal vez junio.— Se encogió de hombros como si no tuviera importancia pero quiso desviar el tema siguiendo con su comida. Ino comió un pedacito de su pastelito de limón.

—¿Hace tanto?— Karin estaba perpleja.

—No hace tanto. Ni siquiera salí con ese chico realmente, sólo tuvimos… eso— Sakura estaba tan acalorada que se podrían asar varias tiras de carne en su cara.

—¡Y así debería haber habido más chicos!— Continuó Ino, apoyando el comentario de Karin— yo comprendo que seas más chapada a la antigua ¿Pero no te aburres de estar sola?

—No estoy sola, tengo amigos y amigas….— Intentó desviar Sakura, Ino y Karin volvieron a mirarse.

Gaara Sabaku No, el joven pelirrojo de ojos verdes, de aspecto intimidante que siempre vestía de negro, estaba tirado en una cama boca arriba mirando el techo oscuro. Era pleno mediodía pero la única ventana que había en la habitación estaba cerrada casi por completo, cubierta por cortinas negras, la puerta de madera también estaba cerrada y había carteles de 'no fumar' y de 'alto' colgados de la misma. Un cartel de «salida " estaba colgado sobre la puerta en la pared. Las paredes eran rústicas, con ladrillo a la vista, prolijas pero gran parte de las cuatro paredes estaban cubiertas por posters de bandas de rock pesado, de bandas punks y de bandas de metal. La única luz que había en la sala salía de una computadora de escritorio negra que estaba encendida, con el navegador abierto en alguna red social moderna y novedosa en la que el joven tenía muy pocos amigos y algunos conocidos y familiares, nadie le hablaba y él no hablaba con nadie, no le daba importancia; pero de ésa misma máquina salía música a un volumen muy elevado. Ugly Boy de Die Antwoord no era su canción favorita ni la banda que más le interesaba pero ése día se había visto tentado a escuchar algunos temas. Mientras la extraña voz aguda y algo terrorífica de la cantante femenina de la banda sonaba, el joven se incorporó. Tenía los ojos delineados con negro y las uñas de una mano pintadas del mismo color, las de la mano derecha en cambio estaban sin pintar. El chico bostezó, el clima afuera era perfecto, estaba cálido y con algunas corrientes ventosas y frescas de vez en cuando que movían todas las hojitas de los árboles. Los pájaros y otros animales jugaban por las calles haciendo ruido, cantaban, piaban, ladraban, maullaban… era insoportable, insoportable para Gaara que prefería los climas más húmedos y frescos y el silencio sepulcral. La soledad. La simple compañía de su hermano mayor a veces le disgustaba, pero era la única persona cercana que tenía además de Sai, el joven que había sido su mejor amigo durante toda la primaria y secundaria y que había compartido sus gustos y pensamientos, y esa idea de rebelión contra el sistema que tenían. La idea de que todos fueran iguales, de que no hubiera discriminación ni injusticias, esa idea de rebeldía que trataba de traspasar y destruir fronteras con el objetivo de que todas las personas fueran más unidas. Claro que eso era un idealismo que no todos compartían y que no todos querían. Y, el mayor problema, era que como unos cuantos no creían que ese idealismo fuera posible, los demás tampoco lo intentaban.

Kankuro golpeó la puerta y entró. Al abrir la puerta se vio colgado en la parte de afuera un cartel de «Prohibido el paso "

—¿Qué pasa?— Preguntó el menor mirando a su hermano mayor, con su cabello castaño despeinado para todos lados, sus ojos estaban desmaquillados y su nariz ancha resaltaba más ya que sus ojos marrones no lo hacían. Iba con el torso desnudo húmedo y con una toalla colgando alrededor del cuello como si fuera una bufanda, tenía unos pantalones negros emparchados y con cadenas y los pies descalzos.

—Llamó Sai— Dijo todavía con la mano en el picaporte— Dice que piensa ir a la fiesta ésa… la de la radio. Me encargué de conseguir algo de alimentos para llevar como caridad para pagar nuestra entrada.

—No me apetece ir…— La voz del pelirrojo era ronca y susurrante. En cambio el castaño parecía más animado.

—No me gusta estar mucho con esas personas… ya sabes, tan diferentes y tercas— Continuó su hermano mayor— pero no creo que sea una mala idea. Habrá muchas personas, muchas más de las que crees. Vendrán de todas partes y podemos conocer a más gente como nosotros.

—No somos una raza diferente de personas, Kankuro— El pelirrojo lo fulminó con la mirada— Todos son como nosotros sólo que son demasiado idiotas como para notarlo y por eso no me apetece ir.

—Van a haber chicas lindas… ¡Vamos, hasta Sai está entusiasmado!

—Sai siempre está entusiasmado…— Continuó Gaara con la mirada fija en Kankuro, como si temiera dejar de mirarlo o parpadear— Es un idiota y lo sabes. Se cree que todas las personas son geniales y buenas y que si les dedicas una sonrisa querrán ser tus amigos.— El joven cerró los ojos frustrado, como si no le gustara la actitud de su mejor amigo, aunque en el fondo no le disgustaba. Al contrario, le fascinaba, le agradaba, pero no lo admitía.

—Es una idea parecida a la que tienes tú.

—Sí, pero él es un extremo idiota— Dijo, ahora mirando el suelo.

—Bueno, sólo piénsalo— Kankuro iba a cerrar la puerta cuando una chica rubia de aspecto infantil e inmaduro se interpuso entre los dos. Tenía los ojos azul verdoso, parecidos a los de Gaara pero más oscuros y más brillantes, más intensos, más vivos. Sus mechones rubios caían sobre su frente y el resto estaba atado en cuatro colitas divertidas, como si fuese una niña chiquita. Tenía puesto un pijama rosado de dos piezas, una camisa abotonada de mangas cortas y un pantalón largo pero fresco. Les sonrió a los dos con júbilo.

—¿De qué hablan mis hermanitos?— Preguntó mirándolos a ambos, a simple vista se notaba que ella no tenía nada que ver con la personalidad de sus dos hermanos menores. Parecía mucho más alegre y colorida que los dos más jóvenes.

—De nada— Contestó rápido el pelirrojo.

—¡Vamos! ¿Por qué nunca me dicen en qué andan? Ustedes dos y ese chico pálido dan miedo.

—¿Qué me importa lo que piensen?— Inquirió Gaara molesto.

—Sólo quiero saber un poco más de ustedes. Siempre tan misteriosos, siempre tan… oscuros. Parece que tramaran conquistar el mundo o ser nazis y yo ni enterada.

—No tienes por qué estar enterada— Continuó con el mismo tono molesto— Son cosas mías, de Sai y Kankuro en todo caso. Y si queremos revivir a Hitler es tema nuestro— La rubia rió sin ganas, haciéndose la divertida frente a sus hermanos pero por dentro temía que el pelirrojo hablara en serio. Claro, no creía que existiera la forma de revivir a alguien muerto hace tanto tiempo pero no era eso lo que la ponía nerviosa, la forma de hablar de su hermano, tan seria y constante parecía que quisiera hacer algo grave de verdad.

—Sólo hablábamos de una fiesta, Temari— Quiso cortar la conversación Kankuro revoleando los ojos hacia arriba, harto de las preguntas de su hermana mayor. La expresión de Temari cambió por completo, se alivianó mucho y volvió a sonreír, con una sonrisa ridícula, dispareja y tonta.

—Yo quiero ir, ¿Cuándo es? ¿Dónde es? ¿De quién es? ¿Quién irá?

—El fin de semana, en la playa, de una radio, no lo sé— Respondió el castaño en orden, de manera automática. Temari soltó un gritito fascinada.

—¡Hablan de la Mega Fest de Konoha's Rock!— Gritó la chica animada sin dejar de sonreír— ¿Van a ir? Yo tenía muchas ganas pero ninguna de mis amigas irá.

—¿En serio tienes amigas?— Preguntó Kankuro incrédulo.

—Bueno… algunas conocidas, compañeras de Universidad— Temari revoleó los ojos igual que había hecho su hermano minutos antes.

—¿Pueden irse de mi habitación y charlar en otro lado?— Gaara preguntó con voz ronca, pero más que una pregunta era una orden. Kankuro que había estado todo el tiempo con la mano sosteniendo el picaporte cerró la puerta después de salir, y las voces de sus hermanos se apaciguaron un poco. Y cada vez se escuchaban menos a medida que avanzaban por el pasillo y se alejaban de su cuarto.

Gaara subió el volumen de su música, la canción había cambiado, ahora sonaban los Ramones. Después de calmarse un poco con sus melodías, Gaara se acostó de nuevo pansa arriba en la cama, con el ventilador de techo prendido, aunque el calor era mucho más del que se podía controlar con un simple ventilador. Pensó en la fiesta, pensó en que tal vez no era tan malo ir… Pero tampoco tenía tantas ganas… ¿Qué haría? Además, no cabían dudas de que su hermana estaría metida por ahí.

—¿Qué te hizo cambiar de opinión?— Preguntaba un joven de cabellos largos a su prima que lo miraba fijo con sus ojos aperlados clavados en la cara del muchacho.

Se encontraban en la casa de Hinata, en la habitación de Hinata, la puerta estaba abierta y toda la habitación muy iluminada. Las paredes blancas, el suelo de alfombra rosada, la ventana abierta. Hinata estaba sentada al lado del placar gigante que tenía. En un tocador rosa hermoso, de pino, con un espejo grande y redondo, la silla que tenía frente al escritorio en donde tenía varios cepillos, cremas y maquillajes combinaba con el color rosado del tocador. No se estaba mirando en el espejo, miraba a su primo sin saber bien qué contestar.

—Sólo cambié de opinión. Ahora voy a la fiesta de papá ¿No estás contento, Neji?— Preguntó Hinata con esa voz suave y aterciopelada que tenía. Neji Hyuga la miraba queriendo saber razones, pero la chica no dijo más, se dio vuelta y se miró en el espejo. Estaba desmaquillada como siempre, sus ojos resaltaban sin necesidad de ponerse nada artificial en el rostro, su cabello era casi perfecto, lo tenía amarrado en una trenza cocida impecable y estaba vestida con ropas sueltas de color rosa chicle; toda completa estaba de rosa, su blusa y su short y su gomita de cabello… Y sus zapatillas. Su primo estaba sudado y acalorado, había pasado por su casa después de entrenar.

Hinata tomó con delicadeza un alhajero chiquito de color ámbar que estaba adornado con un moño anaranjado de plástico, en cuanto lo abrió vio su reflejo en un espejito chiquito que había pegado en la tapa de la cajita. Su primo miró con interés lo que Hinata guardaba dentro, era una gargantilla bonita y brillante, llena de diamantes esplendorosos. Era muy bella y delicada, muy femenina, pero Hinata jamás la había usado.

—¿Todavía la tienes?— Preguntó Neji interesado. La chica se limitó a asentir con la cabeza.

—Sí.

—Nunca te la vi puesta— Admitió el joven interesado.

—Nunca la usé— Hinata acarició la gargantilla con cariño y cerró con total delicadeza la cajita de plástico antes de volver a colocarla en su lugar.

—¿Vas a usarla alguna vez?

—En la fiesta— Contestó secamente Hinata, sus ojos continuaban clavados en la cajita, la miraba con ternura como si dentro se encontrara lo más preciado de su vida.

—¿Hanabi tiene algo así?— Preguntó Neji a su prima mirándola a los ojos.

—No— Negó la chica— Hanabi era muy pequeña, casi no la conoció, no necesita algo para recordarla.

—Tu madre era una mujer estupenda…

—Sí, siempre lo fue…

—Ella siempre fue muy dulce conmigo, y también con mis padres...

Hinata lo miró algo apenada, triste, melancólica.

—Todos te queremos aquí, Neji. No era necesario que te mudaras apenas cumplir los dieciocho años.— Continuó.— Extrañamos tu presencia.

—Ustedes son mi única familia y también los extraño a veces— Admitió Neji pero su gesto serio y maduro no vaciló ni un momento— Pero no quería ser una carga para nadie. No quiero serlo. Ahora que los veo para las reuniones familiares, o cuando vengo de visita sólo unos minutos al día veo a tu padre más calmado, sin tanta presión.— Neji se sentó en el suelo a los pies de su prima.

—Puede ser… Pero en realidad él también te quiere mucho.

Neji la miró compungido. Hinata era la persona más unida a él, era dulce y buena y siempre estaba dispuesta a escuchar y dar un consejo.

—Dímelo… ¿Por qué cambiaste de opinión?— Preguntó el joven insistente.

La cafetería ya había abierto, no había mucha gente estaban en plena época de vacaciones y muchas personas se iban a vacacionar, otras preferían quedarse en la soledad de su casa con una buena película y el aire acondicionado prendido, y otras preferían disfrutar de la brisa veraniega en las plazas y calles de la ciudad. Sakura estaba intentando sintonizar una radio pero tenía mala señal por un problema que había tenido el equipo, Tenten estaba ayudándola con la antena, Karin atendía a unos pocos clientes e Ino estaba aburrida, sentada tras la barra con la mirada perdida en el mostrador en donde dibujaba circulitos con su uña larga y pintada de rosa pálido.

Un joven con aspecto cansado se acercó a ella y la miró con seriedad durante algunos segundos, ella no se percató de que había alguien ahí hasta que el muchacho carraspeó fuerte para llamar su atención. El muchacho tenía los ojos chiquitos y el cabello largo amarrado en una cola de caballo alta y desprolija.

—Ino… ¿Estás idiota?— Preguntó Shikamaru Nara mirándola seriamente con aire aburrido.

—Distraída es la palabra chiquito— La rubia le sonrió con afecto— ¿Qué vas a pedir?

—No sé, algo fresco, es lo de menos… Voy a esperar a Chouji.

—¿Cómo está él?— Ino buscó en la nevera que tenía atrás una hielera y un vaso debajo de la barra en un estante. Le preparó rápidamente un licuado de manzana, agua, azúcar y bastante hielo. Le puso un sorbete colorido y se lo tendió al muchacho— La otra vez los vi en la mesa de afuera con otros amigos suyos pero no pude hablarles, estaba trabajando— Se excusó la rubia. El joven comenzó a beber su licuado fresco sin retirarse de allí, continuó mirando a Ino.

—¿Vas a ir a la fiesta?— Preguntó el joven distraído.

—Sí, voy a estar trabajando allí y también voy a divertirme, OBVIO— La última palabra tuvo mucho énfasis.

—Perfecto. Te voy a necesitar.— Ino se mostró muy extrañada.

—¿Cómo?

—Verás…—Comenzó el joven sin darle nada de importancia— Desde que dejaste de ir a casa mi madre empezó a rezongar y a molestarme… que nunca traigo a nadie, que por qué no tengo novia… Ya sabes cómo es, la conoces bien… Me tiene de estúpido con el tema «romance "— Bufó el joven apesadumbrado, molesto e inquieto. Ino continuó mirándolo sin saber de qué se trataba— Creo que esa fiesta es una buena excusa para conocer a alguien más… Sabes que no soy bueno en eso, pensé que podías ayudarme.— Seguía hablando como si no le importara nada lo que decía pero a Ino ya se le habían iluminado los ojos como nunca y sonreía de manera un tanto psicópata.

—Vaya, vaya… Nara se siente acorralado y en lugar de buscar consejos en sus amigos se aferra a su ex novia— Ino sonreía tan ampliamente que daba miedo.

—Basta Ino, sólo dime si vas a ayudarme o no.

—Claro que sí. Me emociona que te quieras buscar una novia— Le dijo ella con cariño.

—No novia, más que nada necesito una pantalla para que mamá no moleste.

—Pero ¿qué dices? Si tu madre es un amor de persona— Gruñó Ino ofendida. Shikamaru le sonrió.

—Claro, eso dices tú que te la pasabas chismorreando con ella, pero para mí era el infierno— Sin decir más, el muchacho se marchó sentándose en una de las mesas interiores sin dejar de beber su licuado frío. En cuanto Nara se sentó, entraron dos jóvenes hablando rápido. Una chica rubia de ojos azules con cuatro colas de caballo en la cabeza y el chico pálido punk con el que Ino se estremecía. La joven se alejó un poco de la barra y le tocó el hombro a Tenten para que fuera a atenderlos ella. Sin embargo, el joven pálido le sonrió a la rubia que lo miraba con temor desde la otra punta.

—Así que quiero ir a la fiesta con ustedes— Estaba diciendo Temari a Sai.

—Arréglate con tus hermanos. No quiero discutir con Gaara.— Comentó el muchacho pálido.

—Mira, nos encontramos de pura casualidad. Es el destino— Decía desesperada la rubia— ¡Quiero ir a esa fiesta! Convéncelos, a mí nunca me escucharon.

—No se sienten cómodos contigo Temari.— Sai se dirigió a Tenten que esperaba a que terminaran de hablar para atenderlos— Quiero sólo un pan de queso— dijo el joven con aspecto decidido— y una cerveza— Tenten asintió, por lo general sólo iban a pedir meriendas, no solían pedir alcohol pero igual tenían la nevera llena. Sacó lo que el joven pedía y le sirvió el bocadillo en un plato pequeño de porcelana.

—Yo quiero sólo una Coca—Cola— Pidió la chica. Tenten se la alcanzó, la muchacha pagó y se fue algo ofendida por la puerta. Sai, sin embargo, se sentó en la mesa que estaba al lado de la de Shikamaru y miró a Ino fijamente, como si haciéndolo lograra descubrir sus pensamientos. La rubia desvió la mirada del joven pálido y fingió que ayudaba a Sakura con la radio, la de pelo rosa miró al joven casi con asco.

Detrás entró Suigetsu que pasó de largo de la barra y buscó a Karin que estaba ocupada con otra mesa, detrás de él caminaba Uchiha Sasuke, todas las mujeres del lugar lo miraron boquiabiertas.

—Ey, nena, ¿Me tomas la orden?— Karin hizo buena cara frente a los demás clientes.

—¿Por qué no buscas a otra?— Preguntó apretando los dientes con bronca.

—Quiero que me atiendas tú ¿Para qué te conozco desde siempre sino?

—Da igual que seas vecino, pídele a Ino o a Sakura… o a Tenten. Estoy ocupada.

—Espero— Suigetsu se sentó en una mesa cercana y Sasuke fue tras él silencioso como una sombra y se sentó a su lado. Sentía las miradas de Ino, Tenten y Sakura sobre su nuca, Suigetsu sonreía como si tuviera un chiste privado en la punta de la lengua y no pudiera soltarlo, le parecía gracioso que su amigo no pudiera ni salir a la calle sin que varias chicas se le quisieran tirar encima, pero a Uchiha en cambio le molestaba tanto que casi no podía contenerse. Siempre estaba serio y tenía ganas de golpear a alguien pero se controlaba lo más que podía, sin embargo su cara lo delataba.

Karin culminó su trabajo y se encaminó a la mesa de los chicos, posó sus manos en la cintura y habló con tono amenazador.

—¿Qué quieres, imbécil?

—Un vaso de agua con mucho hielo.

—¿Y tú Sasukito?— Hacia Sasuke se refirió con un tono mucho más amable pero Sasuke apretó el puño contra la mesa con irritación.

—Quiero un bocadillo… de chocolate con fresas— El joven se fijó en Sakura que lo observaba distraída, en cuando sus miradas se encontraron los ojos verdes de ella se escaparon de los suyos con rapidez y sus mejillas se ruborizaron, Sasuke contuvo una risa.

—Bien ¿Algo más?— Karin seguía enojada con Suigetsu pero intentaba ser amable por el compañero de su vecino. Ambos negaron y ella se fue a buscar los pedidos.

—Estúpido, idiota, imbécil, tarado…—Susurraba la pelirroja mientras llenaba el vaso con agua mineral sin gas y le ponía hielo, y dedicaba miradas irritadas a la mesa de Suigetsu. Ino se rio fuerte al oír los susurros de su compañera y la risa llegó a oídos de Sai que volvió a sonreír instintivamente.

Naruto había terminado un ensayo con su banda en el garaje de su casa, todavía no se habían podido reunir en la casa de Samui y Atsui porque sus padres habían retrasado el viaje. Kakashi Hatake el empleador de Uzumaki, le había dado unos días de vacaciones y Naruto los estaba disfrutando al cien por ciento. Los integrantes de su banda ya se habían marchado, Naruto había terminado de ordenar un poco el desastre que le habían hecho en el garaje y pasó por una puerta chica y de color blanco a su casa. El joven estaba todo transpirado, acalorado de tanto interpretar canciones. Tenía la garganta reseca así que pasó con rapidez a la cocina, pero antes de entrar oyó voces adentro. Una de las voces era la de su madre, tierna y dulce como siempre.

—Es una buena chica— decía, parecía preocupada pero trataba de calmar a quien charlaba con ella, la otra voz era de mujer pero más grave y madura.

—Sí pero estoy muy preocupada, es una chica tan inquieta y… sociable— Kushina rio con ganas, divertida, jubilosa.

—¿Qué tiene de malo que Karin sea sociable?— Naruto hizo el menor ruido posible para continuar escuchando, no sabía por qué pero le preocupaba que su tía Kushijo hablara de Karin con su madre tan seriamente.

—Bueno, todos los días está con algún chico diferente…

—Qué exagerada Shijo— Dijo su madre con cariño.

—Bueno, tal vez no todos los días pero sí al menos una vez a la semana. No sé de dónde saca a esos chicos pero me preocupa…

—¿Qué te preocupa, Shijo? Es una adolescente de veinte años, está explorando sus sentimientos, su cuerpo… Es normal, es una chica inteligente no va a descuidarse— Kushina parecía divertida pero el silencio de su tía incomodaba a Naruto, se la podía imaginar con los labios bien fruncidos y los ojos preocupados.

—Tengo miedo de que cometa los mismos errores que cometí yo.

—¿Qué errores?— Kushina ya parecía más molesta— ¿Haber tenido a Nagato? Nagato es un chico increíble ¿De qué te arrepientes Shijo?

—No… No de eso— Hubo un ruido, como si Kushijo se hubiera apoyado sobre la mesa bruscamente— Me enamoré perdidamente de ése tonto, tanto que a los diecisiete años ya estaba esperando un bebé de él, tengo cuarenta y dos años y un hijo de veinticinco. No a todo el mundo le pasa.

—Y a Karin no va a pasarle algo así— Continuó Kushina más incómoda con la conversación. Naruto tragó saliva fuertemente, nunca había escuchado la historia de su tía, sólo sabía que estaba divorciada y eso era todo.

—Me enamoré tanto que accedí a que no tuviera su apellido después de que me lo suplicara mil veces porque él no quería que sus padres se enteraran de que había embarazado a alguien— Gruñó la mujer— y nos separamos por cuatro largos años, cuando Nagato estaba por cumplir los cuatro años volvió a mí y estuvimos un tiempo jugando a que éramos marido y mujer hasta que Karin nació al año siguiente. Dime, Shina, ¿qué pasa si estoy dejando que mi hija cometa las mismas estupideces que yo?— Kushina se mantuvo en silencio unos segundos que a Naruto se le hicieron eternos.

—No— Dijo por fin— Conozco tu historia y conozco a Karin, ustedes no son iguales. Tú eras muy ingenua y Karin no lo es— Naruto asintió en silencio convencido de lo que su madre decía— Es muy independiente, sabe cuidarse sola, sabe hasta dónde llegar y cuándo parar. Tú eras más joven, inexperta y lo dijiste bien… estabas enamorada. Karin no se enamora con facilidad.

Naruto tomó el silencio que se había generado en la cocina para entrar haciendo ruido para anunciar su llegada.

Todo sigue igual, todo sigue igual de bien— Entró cantando y fingiendo que tocaba una guitarra eléctrica mientras pateaba la puerta para abrirse camino. Su madre y su tía dieron un respingo en las sillas y se quedaron en silencio, algo incómodas al principio pero después sus expresiones se alivianaron y sonrieron al ver las energías del joven— siguen los amigos que quiero teneeeer, no me puedo quejaaaaar…— El joven dejó de cantar para saludar a su tía, la mujer era muy parecida a Kushina pero se notaba que era algunos años mayor, tenía el cabello rojo y corto y los ojos grises y bondadosos, vestía ropas humildes pero le quedaban muy bien.

—¿Qué haces tía?— Preguntó el rubio disimulando la opresión que sentía en el estómago después de escuchar sobre el sufrimiento de esa mujer— No sabía que estabas por acá.

—Vine a charlar con tu mami— La mujer lo seguía tratando como si fuera un nene chiquito, no le extrañaba que estuviera tan preocupada por su hija si tenía esos pensamientos. Karin era menor que él por un año.— Hacía mucho que no venía de visita.— Naruto escuchaba a su tía mientras abría la nevera y buscaba un jugo de naranja recién preparado y bien fresco.

—Me parece bien— El chico cerró la puerta de la heladera con el pie mientras bebía el jugo directamente de la botella.— En tres días voy a ser famoso— Exageró el muchacho como siempre hacía, Kushina sonrió llena de orgullo— Voy a tocar con mi banda en una súper fiesta ¿Lo sabías, madrina?— Preguntó a su tía sonriente, la mujer asintió dedicándole una sonrisa cándida también.

—Sí, Karin lo mencionó. Quiere ir también. La vas a cuidar ¿no?— Preguntó sin desvanecer su sonrisa.

—Es una chica fuerte, pero claro… Seguro que ella termina cuidándome a mí— Naruto se sentó entre medio de las dos mujeres que estaban enfrentadas sentadas a lo largo de una mesa rectangular. Bebió un poco más de jugo ante las miradas de las dos mujeres.

—¿Estuviste ensayando hasta recién?— Naruto asintió y se fue de la cocina con la botella en la mano y entonó de nuevo unas estrofas para distraer la tensión que había en esa sala.

Tengo la banda que quiero teneeeer, y más de una razón para pensar que todo sigue iguaaaaaal— El joven cerró la puerta y se alejó un poco cantando fuerte para que lo escucharan las dos mujeres— Cambiar no cambio nada, llegando hasta donde hoy llegué. Todo está como estaba….