—Todo está igual de bieeen… —Naruto salió de su casa después de dejar la botella de zumo sobre una mesa ratona del living chiquito que tenían. Su padre no estaba, seguramente se había ido a buscar trabajo. Un poco más aliviado decidió ir a visitar a su primita a la cafetería para preguntarle a qué hora irían el fin de semana a la fiesta. Podrían ir juntos.
Salió de su casa casi trotando y en pocos minutos ya había llegado a la cafetería tan cómoda que allí había. El Refugio no estaba tan lleno de gente como de costumbre, había sólo cuatro mesas interiores ocupadas y en las dos de afuera no había nadie. Naruto entró sonriente y se acercó a la barra donde Sakura lo atendió con amabilidad.
—Hola Naruto, ya se me hacía raro que no pasaras por aquí ¿Trabajaste?
—No, por suerte estoy de vacaciones. Kakashi Hatake me dio algunos días libres. Se va de vacaciones a Italia o algo así y como soy su único empleado me dejó vacaciones pagas. No gasta mucho dinero en mí. —Naruto sonrió con ganas, tenía tantas ganas de descansar de su trabajo que no le interesaba que su empleador le hubiera pagado menos de la cuenta, tenía todo lo que restaba del mes de julio de vacaciones. La fiesta iba a ser su llave para empezar a tocar con la banda en otros lugares y el tiempo que tenía ahora le servía para ensayar y mejorar— ¿Me das un helado de naranja a la crema? —Preguntó Naruto viendo el cartel que habían colgado recientemente en la pared que Sakura tenía detrás, éste rezaba los gustos de helado que las chicas servían. No eran muchos debido a que no era una heladería pero eran los más clásicos gustos, los que pedía todo el mundo: algunos frutales, chocolate, menta o crema americana.
Sakura se puso a servir lo que Naruto había pedido cuando el joven sintió una mano cálida y delicada en su hombro, volteó a ver y vio a Hinata que le sonreía, estaba toda vestida de rosado, no le quedaba mal pero era extraño verla de un solo color, su cabello estaba en una trenza muy elaborada y a sus espaldas se encontraba su primo. De cabello largo y castaño, el muchacho estaba serio, rígido como un cascote, Naruto dedujo enseguida que no tenía ni una pizca de sentido del humor. Le sonrió a la joven.
—Hinata ¿Cómo estás?
—Bien… ¿Vienes seguido? —Le preguntó ella con las mejillas algo rosadas. Naruto asintió sin prestarle atención al otro chico que lo miraba con seriedad.
—Sí, claro. La pelirroja de allá es mi prima —Naruto la señaló. Karin volvía a estar en la mesa de Suigetsu y discutía con él acaloradamente. A Uzumaki no le importó qué impresión le podía dar Karin a Hinata, simplemente sonrió con orgullo al mostrarle cuál de las chicas era su familiar—, y Sakura es muy amiga mía también —Comentó el joven mientras aceptaba el helado que la chica joven de cabellos rosas le entregaba— ¿Tú vienes seguido?
—No… Bueno, sí —Hinata se miraba las manos, las cuales estaba retorciendo vehementemente—. Últimamente vengo más seguido, antes sólo lo hacía una vez al mes, aproximadamente —La voz de la chica se vio interrumpida por un estrepitoso sonido de cristales rompiéndose y un grito de mujer.
—¡Estúpido insensible bueno para nada! —Karin estaba tan acalorada que golpearía a Suigetsu en cualquier momento. El joven se había levantado de su asiento y la miraba irritado. Hinata, Neji y todos los que estaban allí dejaron de hablar y de hacer lo que hacían para mirarlos. Ino corrió para detener a Karin antes de que hiciera una locura pero la risa que Sasuke Uchiha largó de sus labios la hizo detenerse. El joven Uchiha se reía a carcajadas sin poder contenerse mientras se tapaba la boca con las manos como si deseara que ese sonido dejara de salir de él sin conseguirlo. Era la primera vez que muchos lo oían reír. Suigetsu no se detuvo pese a escuchar las carcajadas de su amigo que se iban atenuando cada vez más a medida que Sasuke se controlaba.
—Eres una histérica —Le espetó a la pelirroja que se dio vuelta ofendida y salió por la puerta de vidrio de la cafetería sin decir nada más. Suigetsu bufó y volvió a sentarse en su lugar.
—Creo que te pasaste esta vez —Le dijo Sasuke en un susurro con los ojos divertidos aunque ya no reía y volvía a adoptar su típica expresión seria.
—¿Pasarme? ¿Por qué tiene que atacarme siempre? —Suigetsu no intentaba hablar bajo. Estaba colorado por la ira y se tomaba la cabeza con ambas manos. Ino se había puesto a barrer los vidrios que habían quedado desparramados en el suelo sobre un charco de agua con hielo.
—En parte es culpa tuya —Volvió a susurrar Sasuke.
Sai desde su lugar, hizo ademán de levantarse mientras miraba a Ino con expresión preocupada pero acabó por quedarse en su lugar sin decir nada, aunque todavía clavándole sus ojos negros como si fueran flechas. Sakura se dirigió a ayudar a su amiga con un trapeador para escurrir el agua del suelo y Tenten que era la única que había quedado libre se acercó tímidamente a atender a Hinata y a Neji.
Naruto miraba preocupado el lugar por el que había salido su prima y luego pasaba su mirada repetidas veces a Hozuki que continuaba tomándose la cabeza con ambas manos.
—¿Qué van a pedir? —Tenten estaba completamente roja, en parte por la vergüenza que ya le provocaba hablarle por primera vez a Neji Hyuga, chico del que no sabía ni el nombre pero aun así le encantaba, y en parte por el escándalo que Karin había hecho recientemente.
—Vamos a querer dos licuados de banana con leche y azúcar y dos porciones de torta de chocolate con crema por favor… Si está helada mejor —Dijo Hinata con educación intentando olvidar la desagradable escena pero Neji miraba a Suigetsu con una expresión de enfado. En cuanto Tenten se dio la vuelta para buscar algo en la heladera lo oyó reclamar.
—¿Están locos? ¿Cómo van a dar semejante espectáculo con tanta gente presente? —Miró a Naruto como si le estuviera reprochando a él por el simple hecho de ser primo de la principal responsable de aquel pleito.
—Mi prima es un tanto… tiene un carácter fuerte —Naruto sonreía como si no le interesara en lo más mínimo pero sus ojos seguían preocupados por Karin. En su interior, quería ir hasta la mesa del joven de pelo blanco y molerlo a golpes pero no se metería, sabía hasta donde podía llegar si comenzaba una discusión con él y no tenía intención de ir a prisión. No sabía por qué Karin se había enojado tanto con ese chico y tampoco lo conocía a él por lo tanto no podía simplemente ir y golpearlo. Naruto sabía muy bien que Karin a veces exageraba mucho las cosas y probablemente el joven de pelo blanco no tuviera la culpa de nada.
Tenten les dio a Neji y a Hinata lo que habían pedido y le sonrió a Neji de una manera especial, el joven ni la notó, comenzó a caminar hasta dejarse caer en una silla, al lado de su prima, Naruto también los acompañó. No estaban lejos de la mesa de Suigetsu y Sasuke y el rubio no dejaba de mirarlos.
—¿Les molesta si me siento aquí?
—No, claro que no, Naruto. —Contestó Hinata antes de que su primo pudiera reprochar algo.
El muchacho se sentó al momento que miraba por última vez a Suigetsu en su mesa. Volvió a mirar a Hinata y le sonrió con ganas.
—¿No lees nada hoy, Hinata?
—No. Hoy vengo acompañada —Miró a su primo sonriente, dulce e ingenua. Neji estaba rígido aún, con los brazos cruzados y los ojos brillantes como plata pulida mirando a Naruto con seriedad—. Mi primo es uno de mis familiares más cercanos —Explicó todavía con su sonrisa tierna.
—¿También vas a la fiesta Neji? —Preguntó Naruto intentando ser agradable.
—Sí, así es.
—Genial, vamos a ser muchos conocidos —Naruto le sonrió.
—Yo no te conozco de nada —Naruto se puso serio y miró la mesa unos segundos pensando en una respuesta pero no se le ocurrió nada. Hinata trató de alivianar las cosas.
—Bueno… Naruto tiene una banda y va a tocar en la Mega Fest. —Neji carraspeó un poco y bebió un sorbo de su licuado.
—Así que fue él quien te hizo cambiar de opinión —Hinata se puso muy roja pero Naruto no entendió.
Chouji Akimichi, el muchacho rechoncho de pelo castaño entró al lugar y buscó con la mirada; al ver a su amigo sentado solitariamente en una mesa sonrió y caminó de manera torpe hacia él sentándose a un lado.
—Shika —Saludó. Akimichi estaba vestido muy veraniego con una camisa azul de mangas cortas que dejaban al descubierto sus brazos anchos y una bermuda de jean celeste clara gastada en las rodillas intencionalmente.
—Por fin llegaste, te estoy esperando hace tiempo —Se quejó el joven, ya se había terminado la bebida y estaba dormitando sobre la mesa. Shikamaru levantó la mirada.
—¿Me llamaste para algo en especial? —Preguntó el gordito mientras sacaba un teléfono celular del bolsillo del pantalón y lo colocaba sobre la mesa para tenerlo más cerca.
—No —Dijo sin darle importancia—, pero igual podemos hablar de la fiesta…
—¿Piensas ir? —Chouji estaba tan asombrado que sus ojos amenazaban con salir de sus cuencas.
—Sí… va a haber mucha gente. Y mucho ruido… pero bueno… —Parecía estar cansado, bueno Shikamaru siempre tenía esa actitud cansada, esos ojos perezosos y un bostezo contenido.
Era uno de los chicos más vagos del país. En un país tan trabajador como Japón ser como lo era Shikamaru era algo raro. El joven trabajaba lo menos posible, estudiaba cuando tenía ganas y leía muy pocas veces. Le gustaba dormir, estar solo y seguir durmiendo. Había crecido en una familia en donde le daban todo servido y nunca le reprochaban nada. Su padre era un hombre fuerte, al que le gustaba ir de caza, luchar, beber… Muchas personas si se imaginaban a un vikingo salvaje y hosco pensaban en el rostro de Shikaku Nara, lo único que a ese hombre le importaba era que su hijo tuviera mujeres y éxito. En cambio, la señora Nara era mucho más dulce, delicada, dedicada, estudiosa y ordenada. Yoshino se preocupaba mucho por la educación de su hijo, por sus estudios y su salud pero Shikamaru la consideraba una pesada y una maniática. Shikamaru había heredado los vicios de su padre y también su inteligencia, sin embargo de la buena de su madre no había sacado nada.
—¿Y por qué de repente piensas ir a una fiesta con tantas personas y con tanto barullo? —Preguntó Chouji a su mejor amigo muy interesado en los motivos que podía llegar a tener Nara.
—Mi madre quiere que tenga una novia. Tal vez si consigo a una chica por un par de días me deja de molestar por algunos meses… —El joven se encogió de hombros rogando en su fuero interno que su pequeño plan funcionara.
—¿Vas a engancharte a alguna chica?
—Con tanta gente seguro que a alguna le intereso.
—¿Y yo? —Shikamaru se tomó la pregunta de su amigo por sorpresa.
—¿Y tú qué?
—Y yo… Podría conseguir a alguna ¿no? —Shikamaru volvió a encogerse de hombros.
—Claro que sí… Nunca me habías hablado de estos temas ¿Tienes interés en alguien en particular? —Chouji negó con la cabeza al momento que cerraba los ojos con frustración.
—Tengo veintiún años y nunca tuve ni una relación con nadie. Tu mamá no es la única que se pone pesada con el tema de las chicas —Chouji se puso a jugar con sus dedos sobre la mesa—. Seguro que la mía también quiere que le presente a alguien.
—Entonces con más razón vamos a la fiesta. —Comentó Shikamaru aburrido.
Un aroma a nafta cruzó el lugar y entró por las puertas de la cafetería al momento que el sonido constante de un motor iba atenuándose. Kiba Inuzuka, el chico que había estado antes con Chouji y Shikamaru, estaba estacionando una moto grande y negra, de aspecto pesado y modelo viejo. El joven iba vestido con un pantalón negro agujereado y una camiseta de básquetbol verde con blanco y azul.
Kiba se bajó de la moto, la ató con candado a un poste y entró al lugar observándolo todo. Miró a Chouji y Shikamaru en la mesa y los saludó con la mano y una sonrisa salvaje, después posó la vista unas mesas más allá donde Naruto hablaba muy entretenido con Hyuga Hinata y su primo. El joven carraspeó fuerte y con un gusto amargo en la garganta se acercó a la barra donde Ino lo atendió.
—Hola —Saludó Kiba en voz muy alta intentando llamar la atención de la chica dulce que continuaba con la vista perdida en el rubio.
—Hola —Devolvió Ino el saludo con la mirada de un chico pálido clavada todavía. El joven se había terminado la bebida pero no se había levantado, miraba a la rubia con una expresión atemorizante— ¿Qué vas a querer? Kiba ¿no? —Preguntó.
—Sí Inuzuka Kiba —El joven le sonreía ampliamente con sus colmillos más largos prominentes y bravíos— ¿Cómo lo sabes? —Ino subió un poco el volumen de la música mientras contestaba a esa pregunta.
—Aquí se escuchan muchas cosas… Me sé los nombres de casi todos nuestros clientes habituales. Además, ibas conmigo a la escuela, aunque no compartíamos clases. —Mientras charlaba comenzó a tararear la canción que pasaban en la radio, una dulce melodía de Coldplay.
—Te creo —Kiba volvió a sonreírle— ¿Te gusta Coldplay?
—¡Sí! —La rubia también le sonrió y se acercó una silla que tenía del otro lado de la barra para ponerse cómoda mientras charlaba con Inuzuka— Bueno, tienen canciones muy bellas. El álbum de Viva la Vida me gusta tanto… —Kiba volvió a sonreírle.
—No es mi banda favorita pero concuerdo contigo. Es un buen álbum. —Kiba se apoyó en la barra y le sonrió cautivador— Me gustaría una gaseosa, estoy de paso nada más —Comentó. Ino se dio la vuelta sin salir de su lugar en la silla y abrió la nevera para darle un refresco al muchacho que se revolvió el cabello castaño y miró de reojo a Hinata que no lo había notado.
—¿A dónde vas? —Preguntó Ino mirando la moto enorme que el chico había estacionado en la puerta así nomás.
—Ahora, a casa de mi hermana —Explicó— y después a pasar por el veterinario para comprar comida y matapulgas para mi perro. Con el verano parece que se multiplican —Se quejó el joven.
—¿Si? ¿Tienes un perro? —Mientras que la conversación seguía Kiba había sacado su cartera de cuero de su bolsillo y estaba buscando dinero dentro— Me encantan los perros —Siguió Ino sonriente y volvió a sentir la mirada fija de Sai desde su lugar. Se puso muy seria y agarrotada y volvió a distraerse con Kiba que le tendía el dinero.
—Sí, a mí también me gustan mucho. El mío se llama Akamaru.
—¿Y de qué raza es? —Preguntó la rubia forzando una sonrisa— Me gustan los perros pequeños y esponjosos, son tan tiernos —Kiba soltó una risotada estruendosa y a su alrededor varios voltearon a verlos. Entre ellos Sakura, Hinata y Sai quien desde su mesa apretó el puño contrariado.
—Bueno, Akamaru no es un perro de raza —Rio el joven— es un callejero y se volvió realmente enorme.
—Bueno de todas maneras todos los perros son muy bonitos —Sonrió Ino incómoda por la mirada del chico pálido que la seguía acosando incansablemente. El joven se levantó de su lugar y caminó tenso hasta la barra.
—¿Cuánto es? —Interrumpió a Ino y Kiba con una expresión enojada. Tenía los labios fruncidos y el ceño arrugado. Ino lo miró extrañada, otras chicas estaban libres y temía que ese chico se empeñara tanto en tratar con ella. Ino le dijo cuánto debía pagar sin despegar la vista de Kiba pidiendo auxilio, el joven castaño que no comprendió la mirada se despidió sonriente y caminó hasta la mesa de Hinata para saludarla también. Sai le tendió el dinero a Ino que lo aceptó y le devolvió el resto. —Gracias— Le dijo para luego sonreírle falsamente, era la sonrisa más falsa que le había dedicado hasta el momento, una sonrisa tensa y áspera, recia. El joven tras tomar el vuelto se fue por la puerta.
Hinata saludó a Kiba con una sonrisa y él se mostró divertido y compinche con todos.
—Kiba… —Saludó Hinata con gentileza.
—Hinata, Naruto ¿Cómo están? —Saludó sin sentarse, se quedó parado entre medio de ambos y le dedicó una sonrisa a Neji también.
—Muy bien, Kiba… ¿Y tú?
—Bien, bien… Voy a la casa de Hana —Dijo—, mi hermana, ya sabes…
—Sí, sí… Envíale un saludo —Le dijo sonriéndole como si ya deseara que el muchacho se fuera. Él la miró incómodo y luego a Naruto que no le había contestado absolutamente nada y se miraba las manos con aspereza.
—Bueno… Nos vemos en la fiesta ¿no?
—Claro que sí, todos iremos allí —Dijo ella alegremente y Kiba se fue caminando hacia su motocicleta, se subió y se marchó.
Sakura se acercó a Ino despacio después de ver a Inuzuka marcharse.
—Se llevan bien ¿no? —Le sonrió divertida.
—Es muy guapo —Susurró Ino convencida—. Pero ése otro…
—Sí, lo sé… —Interrumpió Sakura sabiendo a qué se refería su amiga. Le palmeó el hombro con cariño y le hizo un gesto de complicidad—. No sucederá nada. Es un chico extraño pero tampoco puedes estar segura de que quiere algo… de que puede llegar a hacer algo tan… grave.
—No sé por qué pero tengo esos presentimientos, me mira tan horrible y cada vez que clava sus ojos negros y profundos en mí siento un escalofrío recorrerme la espalda. Un escalofrío horrible y sudor frío. Es terrible. Tengo un mal presentimiento.
—No va a pasarte nada malo…
—Sí, pero Karin se fue —Susurró Ino algo alterada—, y no sé si va a regresar ¿Con quién vuelvo yo ahora? —Sakura inhaló y exhaló profundamente y miró a su amiga a los ojos por largo rato. Notó el temor en los ojos azules de su amiga y se alarmó ella también al comprender lo asustada que se podía llegar a poner Ino, que siempre había sido tan ruda para determinadas circunstancias.
—Puedes quedarte en casa. No hay mucho lugar pero es una opción —Sugirió Sakura mirándola compasivamente.
—Sí, me parece lo mejor —Asintió Ino más tranquila.
Hinata sonreía tontamente en su mesa tapándose la boca con una mano, Naruto también sonreía y hasta Neji había amagado a sonreír tras una broma del joven rubio. Cuando los tres se calmaron un poco la conversación continuó al momento que Lovers in Japan empezaba en el equipo de música.
—¿Y cuántos años tienes Hinata? —Preguntó Naruto más animado que antes, la discusión de su prima ya había quedado en el pasado.
—Diecinueve —Contestó la chica tímida como siempre.
—¿Y tú Neji? —Preguntó el joven intentando hacerse amigo también del primo.
—Veintidós.
—Ah, estoy en el medio de ambos —Bromeó Naruto— Tengo veintiuno —Informó sin que nadie le preguntara y algo encendido por la música comenzó a cantar en voz baja mientras le hacía señas a Sakura para que se acercara— Lovers… keep on the road you're on. Runners, until the race is run —Sakura llegó hasta donde él estaba y esperó—. Bonita canción ¿Eh, Sakura?
—Sí, claro —Sakura no comprendía— ¿Qué quieres? —Naruto levantó el dedo índice y el mayor.
—Dos cosas —Informó—. La primera —Se tomó el dedo índice con la otra mano— quiero una torta de esas —Señaló la que los primos estaban comiendo—. Y dos quiero saber a qué hora van a salir de aquí el fin de semana para ir a la fiesta —El chico le sonrió ampliamente y Sakura se contagió de su sonrisa.
—Bueno, todavía no lo decidimos pero seguramente tipo cinco de la tarde. Tenemos dos horas de viaje —explicó— y tenemos que estar más temprano para preparar todas las cosas para vender allí —Naruto asintió—. Por suerte la gente de la radio nos dio una rápida aprobación para vender nuestros productos allí y ni siquiera van a cobrarnos por estar ahí.
—Perfecto —Susurró Naruto perdido en sus propias ideas—. Iremos juntos entonces, mis amigos vienen conmigo, las veré a ustedes cuatro aquí a las cinco P.M del sábado —Arregló rápidamente Uzumaki viendo a Sakura a los ojos— Yo también tengo que estar antes, para preparar todo en el escenario —Informó. Hinata miró hacia abajo suplicando que el chico no tocara el tema con ella y Neji percibió su incomodidad por lo que también se quedó en silencio. Si su prima no quería hablar de aquella fiesta él la apoyaría. Sakura asintió sonriente y se marchó hacia la barra para buscar la torta que Naruto le había pedido y mientras se alejaba oyó que él continuaba cantando mientras se movía ansioso en su asiento.
—They are turning my head out. To see what I'm all about…
La joven tomó la porción de torta y se la acercó a Naruto que agradeció rápidamente y se marchó para volver con Ino que tarareaba la misma canción desde su lugar en la barra mientras ojeaba una revista de modas, pero cuando estaba por llegar una voz queda y agradable, de hombre la detuvo.
—Mesera —Llamó y ella volteó extrañada. Sasuke Uchiha la estaba mirando con ojos fieros que centelleaban como fuego que se abre paso entre toneladas de madera y heno. Él continuaba sentado en la mesa y Suigetsu continuaba con aspecto enojado, cruzado de brazos y con la mirada perdida en la mesa.
—¿Sí? —Sakura se acercó a la mesa poniendo su voz más cordial y sintió que el calor le subía a la cara. Todavía le era difícil aceptar que ese chico era real y que no había salido de ningún cuento de hadas ni de ninguna revista para adultos. Era una mezcla perfecta entre un príncipe azul y un playboy— ¿Querías algo más? —El chico asintió.
—Sí, primero tu nombre —A Sakura le latió el corazón tan deprisa que temía que él lo escuchara— No me gusta eso de andar llamándote «mesera» en especial si voy a empezar a venir más seguido —Ella se alivianó un poco, no le estaba proponiendo nada, ni tampoco estaba interesado en ella simplemente era por comodidad, pero la idea de que Uchiha empezara a ir más seguido al lugar la llenaba de esperanzas y de ilusiones.
—Soy Haruno Sakura —Le dedicó la sonrisa más dulce que le salió, aunque ella estaba segura de que le temblaba la boca.
—Un placer, Uchiha Sasuke —El joven le tendió la mano para estrechársela y Sakura dudó. La espantaba la idea de mojarle la mano con su sudor nervioso, se limpió con disimulo en el pantalón negro del uniforme de trabajo y lo saludó— En segundo lugar —Dijo él sin darle importancia a ese estrechamiento una vez que ya se habían soltado—, quiero la cuenta, ya terminamos por acá y creo que me tengo que llevar a mi amigo hasta su casa —Suigetsu bufó en su lugar. Sakura asintió y corrió hasta la barra para darle un ticket con la cuenta. Sasuke y Suigetsu se levantaron de su lugar y pagaron lo que debían, después Uchiha se llevó casi a las rastras a su amigo.
Cuando llegaron a la calle de la casa de Suigetsu éste se quedó parado en la esquina sin querer moverse, todavía estaba ofendido y enojado. Sasuke escudriñó en el camino para ver qué le había pasado. Karin estaba sentada en la puerta de su casa, a la izquierda de la casa de Suigetsu, se abrazaba las rodillas y miraba perdida el césped que tenía frente a ella. Estaba despeinada y sus anteojos caídos sobre su nariz. Ya no iba vestida con el uniforme laboral, tenía puesta una blusa blanca y holgada, que dejaba sus hombros y su ombligo horadado descubiertos. Debajo se le notaban los breteles de un sostén negro, llevaba también un short negro y unas zapatillas del mismo tono oscuro. Realmente estaba toda ella muy acromática, su piel pálida tampoco le daba mucho color y si no fuera por su cabello y ojos parecería que estaban observando una fotografía en blanco y negro. Karin no estaba sola y sonreía, con un ágil movimiento se acomodó los lentes frente a los ojos y miró a su acompañante. Era un chico alto y delgado de rostro puntiagudo que reía con ella animado. Estaba sentado al lado de ella y parecían llevarse muy bien. No era muy atractivo pero tampoco era feo, tenía ojos claros y sensibles, hablaba muy rápido, en voz baja, no se podía oír lo que decía pero Suigetsu se imaginó que estaría halagándola tratando de ligársela.
El chico empezó a caminar nuevamente, rápido y fuerte, haciendo ruido con cada paso y mirándola fijamente, con rencor. Sasuke lo siguió en silencio sospechando que las cosas no iban a acabar bien.
Karin los miró a ambos, a Suigetsu con especial resentimiento y el joven se detuvo en la puerta de su casa y la miró de igual manera con las manos en los bolsillos. El chico que había estado cortejando a Karin se incomodó con las miradas fijas de los dos chicos y se movió en su lugar inquieto.
—Vaya… vaya —Empezó Suigetsu sin que Sasuke pudiera detenerlo—. Deja a sus amigas abandonadas en el trabajo, preocupadas y molestas haciendo todo el trabajo pesado… Y se viene a coquetear con el primer muchacho que se encuentra en el camino —Suigetsu fingía que estaba hablando con Sasuke pero no dejaba de mirar fijamente a Karin que tampoco le quitaba la vista de encima.
—No estoy coqueteando con nadie y mis amigas sabrán comprender. Para algo son AMIGAS —dijo enfatizando la última palabra—. Tú tienes al tuyo, seguro que también preocupaste a Sasukito con semejante escándalo que hiciste allí —Habló seriamente, tozuda y tenaz, con voz nada amable.
—Mis amigos no se preocupan por idioteces… en cambio las tuyas deben estar desesperadas después de tal ataque de histeria —Karin se levantó enojada sosteniéndole la mirada, creyendo firmemente que si dejaba de hacerlo él la consideraría débil.
—No soy histérica.
—¡Uy, y yo no vivo aquí! —Señaló el joven, irónico, mientras miraba su casa por pocos segundos y volvía la vista enojada a su vecina.
—¡Déjate de atacarme Suigetsu! Eres un idiota, te la pasas molestándome, hiriéndome y jodiéndome.
—Por favor —Suigetsu rio secamente, sin ganas—, yo no te hago nada, eres tú la que te la pasas molestando.
—¿Con qué demonios te molesto? —Gritó desesperada nuevamente acercándose un poco más a él.
—Apareciéndote en mi puerta con toda esa histeria acumulada, pero lo que más me molesta es lo falsa que eres, lo imbécil y rápida que eres. Siempre con diferentes tipos, refregándote en sus piernas como un gato barato para que te hagan algún regalito —Karin se acercó más a él con toda la intención de golpearlo pero el joven que había estado con ella la detuvo.
—¡Vuelve a repetirlo, estúpido! —Sus gritos retumbaron en toda la cuadra y varias vecinas se asomaron por la ventana.
—Con gusto: ERES UNA PUTA RAMERA —Volvió a repetir más alto Suigetsu. A Karin no hubo nadie que pudiera retenerla esta vez, se acercó a él y saltó a sus brazos colgándose del cuello de Hozuki que no se la pudo quitar de encima, Karin le estaba arrancando los pelos con una mano y con la otra rasguñándole el rostro sin dar importancia a los gritos de dolor que él lanzaba.
