Hola, recién estoy aprendiendo cómo utilizar esto (ya había publicado cosas antes pero siempre fui un desastre), así que, en consecuencia, acá, en el capítulo seis, van a tener la primer nota: En cada capítulo encontrarán una canción -seguramente ya lo notaron- Les dejaré las listas de las que aparecieron hasta ahora por si quieren buscarlas:
Capítulo 1: Eres sirena/ Sin Bandera
Capítulo 2: Training Wheels /Melanie Martínez
Capítulo 3: Ya no sé qué hacer conmigo/ El cuarteto de Nos
Capítulo 4: Ugly boy/ Die Antwoord y Todo sigue igual/Viejas Locas
Capítulo 5: Viva la vida y Lovers in Japan/ Coldplay
La de hoy, capítulo 6: Mujer amante/ Rata blanca
Espero que lo estén disfrutando, iré subiendo de a varios capítulos hasta que quede igual de actualizado que en mis otras páginas (esta historia ya está publicada en y en ) y, cuando estemos al día, espero tener varios seguidores acá también :) Desde ya, muchísimas gracias por haberse pasado; para mí es un gran logro. Los dejo con el capítulo 6.
-*El Refugio Móvil *-
Suigetsu intentó quitársela de encima en vano, no encontraba forma de sacársela sin lastimarla. Aunque eso en aquel momento no debería importarle mucho teniendo en cuenta que ella a él sí lo estaba dañando y mucho.
—¡Karin! —Una voz conocida para ambos chicos hizo que ella se detuviera y volviera a posar los pies sobre el suelo mirando hacia la persona que acababa de gritar indignada su nombre— ¿Pero en qué estás pensando? —Kushijo Uzumaki miraba a su hija completamente anonadada y preocupada, llevaba en las manos bolsas de compras y detrás de ella había un joven serio e inexpresivo de cabello rojo intenso igual al de las dos mujeres Uzumaki. El chico tenía el pelo similar al de Suigetsu, los ojos y la frente tapados de a sectores por mechones largos de cabello pelirrojo que le caía en la cara. Sus ojos eran de color violeta grisáceo, muy diferentes a los ojos violetas y luminosos de Hozuki que en ese momento respiraba entrecortadamente con las manos posadas en sus rodillas recuperando el aliento. De la mejilla izquierda le salían tres hilitos de sangre de los rasguños que tenía en la cara. El muchacho que había estado antes con Karin se dispuso a caminar rápidamente por la vereda, casi corriendo, haciéndose el distraído y desapareció por la esquina. Sasuke estaba con las manos en los bolsillos mirando seriamente a Suigetsu y a Karin y luego a la madre y al hermano de la última— ¿Qué es este espectáculo? —La mujer notablemente preocupada caminó hasta su hija y se posó entre ella y Suigetsu que estaba recuperándose.
—No lo entenderías —Gruñó Karin enojada.
—¡Salvaje! —Le gritó entre jadeos Suigetsu pero antes de que la discusión pudiera continuar Sasuke lo tomó de un brazo y se lo llevó hasta dentro de la casa. Kushijo seguía mirando fieramente a su hija haciendo caso omiso a la desaparición de los dos muchachos.
—Karin…
Karin se dio media vuelta y caminó a grandes zancadas hasta su casa cerrando la puerta con furia detrás de ella. La madre y el hermano, Nagato de veinticinco años, se miraron confundidos.
El jueves, Ino se despertó en la casa de Sakura y juntas prepararon el Refugio Móvil para ése fin de semana. Se había sentido mucho más segura estando con su amiga, Tenten llegó temprano y después de acomodar la cafetería las ayudó con el refugio. Sin embargo Karin no apareció hasta después del mediodía y cuando llegó estaba demacrada y se mantuvo de malhumor todo el día.
El perfecto clima cálido y hermoso que había habido ése miércoles se esfumó por completo el jueves, estaba todo nublado, el calor seguía, pero el cielo estaba gris y tan cubierto de nubes como se podía. Llovía de a ratos y se esclarecía por momentos pero luego volvía a llenarse de nubes espesas. No había viento, ni un poco y el clima se había vuelto pesado. No se había aparecido casi ningún cliente a excepción del punk pálido que sólo se asomó unos minutos mientras bebía un café helado y luego se marchó sin más. Las chicas tuvieron todo el día para discutir y planear lo que harían durante la fiesta e Ino se emocionó mucho charlando de qué se pondría.
—No llevaremos los uniformes ¿no? —Se espantó un poco.
—Claro que no —Le dijo Sakura sonriente—, te pondrás lo que quieras ponerte.
Ino se alivió mucho y continuó charlando feliz, Tenten estaba tan en su mundo que casi no escuchó nada. El día anterior había estado observando desde lejos a Neji, había descubierto su nombre y apellido y su edad pero ella no había hablado de nada con él. Había estado escuchando desde lejos la conversación que Naruto había tenido con él, había oído esa voz melodiosa, suave pero varonil, esa manera de expresarse tan propia y difícil, con amplio vocabulario y perfecta coherencia. Había estado con vestimentas tan impecables y modernas que lo hacían resaltar del resto de los chicos, Neji Hyuga no tenía nada que envidiarle al bombón de Uchiha y Tenten lo tenía muy claro. Y ahora que sabía que él iba a estar en la fiesta se había puesto mucho más nerviosa, quería saber cómo acercarse a él en la fiesta sin parecerle pesada. Nunca se había acercado a ningún chico por su cuenta, siempre habían sido ellos los que venían a ella y ahora, en un país nuevo, con un idioma nuevo, con gente que se comportaba diferente a lo que ella acostumbraba y éste joven… tan lindo, serio, inteligente… se le metía en la mente por lo menos una vez al día y no podía controlarlo.
El viernes llegó rápido, una tormenta se desató y Karin e Ino no pudieron aparecer para trabajar. Llamaron a Sakura diciéndole que las calles estaban inundadas y que no podían avanzar. Por suerte, Tenten y Sakura se arreglaron bien, no fueron muchos los clientes y a las dos de la tarde no volvieron a abrir. Se quedaron ambas en la habitación de Sakura hasta tarde leyendo revistas que la señora Mebuki había comprado y hablando de qué iban a ponerse para el día siguiente. Sakura había conseguido dos delantales negros y les había bordado el nombre de la cafetería. Iban a hacer turnos de a dos y sólo hasta las doce de la noche. Después de esa hora la gente iba a empezar a querer bebidas de otro tipo en lugar de refrescos, batidos y algún que otro bocadillo de chocolate o crema.
—¿Y qué piensas ponerte? —Preguntó Sakura mientras revisaba por enésima vez su placar, era pequeño y hacía rato que no se compraba nada bonito pero tenía suficiente ropa como para poder elegir algo apropiado.
—Todavía no sé —Respondió Tenten restándole importancia—, seguramente hoy cuando vuelva a casa algo voy a encontrar —Sakura asintió en silencio pensando en muchas cosas. Después de una merienda rápida tipo cinco de la tarde, ambas ya habían charlado tanto que no tenían nada más que hablar y ambas se quedaron mirando la incansable lluvia a través de la ventana. El silencio continuó reinando por largo tiempo hasta que a Tenten se le escapó su inquietud. Cuando parecía que la lluvia no iba a caer más fuerte un estruendoso trueno resonó en la sala y la joven castaña pegó un salto hasta la otra punta de la habitación, Sakura se la quedó mirando un rato pero al ver que Tenten se calmaba no dijo nada. Finalmente Ama se volvió a acercar a su amiga respirando entrecortadamente y sonrió apenada.
—Qué susto me pegué —rio.
—Sí, está lloviendo a cántaros —Dijo Sakura para tranquilizarla. Pero Tenten en su mente continuaba pensando en la conversación que habían tenido días antes con sus compañeras de trabajo, esa charla sobre lo que los chicos querían y cómo conseguirlos.
—¿Crees que habrá muchas mujeres en la fiesta? —Sakura se mostró un poco sorprendida, estaba más interesada en cuántos hombres podía haber, pero después de unos segundos de silencio absoluto Haruno comprendió a dónde quería llegar Tenten. Claro, si había muchos chicos probablemente también muchas chicas y si había muchas chicas ellas tendrían mucha competencia. Le sonrió de la forma más maternal que pudo.
—¿Es por Hyuga? —Preguntó sin desvanecer la sonrisa para que Tenten se sintiera cómoda contándole lo que pensaba. La castaña asintió y se sentó en el suelo, a un lado de la cama de Sakura abrazando una de sus rodillas y con la otra pierna extendida— Yo no creo que tengas que hacerte problemas por eso. Además acuérdate que él va a asistir con su prima, lo que quiere decir que no se separará de ella… No estará interesado en dejarla de lado para irse con una chica. —Tenten supuso que Sakura tenía razón, pero si él no iba a estar interesado en abandonar a Hinata, seguramente quisiera decir que ella misma tampoco tenía ninguna oportunidad de acercarse.
Ya había oscurecido cuando la lluvia paró un poco y Tenten pudo retirarse a su casa.
Inuzuka Kiba se había reunido con su mejor amigo Shino Aburame, a quien había conocido en la secundaria y había seguido a la Universidad estudiando veterinaria. Aburame era un chico extraño, frío, distante, indiferente, muy callado. Nunca hablaba con nadie y se sabía muy poco de su vida y familia pero así y todo Kiba disfrutaba de su compañía, era una de las pocas personas que no se quejaba de su personalidad violenta, feroz y un poco arrogante, y a su vez, él, era el único que le hacía compañía a Shino, por lo que ambos salían ganando.
Inuzuka había llegado a su casa acompañado de su amigo, con una bolsa enorme de comida para perro. Su madre, Tsume Inuzuka, de cabello castaño y la misma sonrisa de Kiba, lo estaba esperando en su casa con un enorme plato de papas fritas y kétchup, y su perro, Akamaru, enorme y blanco con café meneó la cola un par de veces para recibirlo. Después de alimentar debidamente a su compañero más fiel y de protegerlo de esos malditos parásitos que lo atacaban todos los veranos, Kiba y Shino corrieron al cuarto del primero para disfrutar de la práctica pero grata cena en la intimidad de la habitación.
—Pon algo de música —pidió el dueño de la casa a su amigo mientras se acomodaba recostado en su cama de una plaza, toda desordenada. La ventana estaba cerrada pero los truenos que habían empezado a resonar nuevamente a pesar de que ya no llovía, se oían igual. Shino caminó hasta la computadora de escritorio vieja que tenía el joven en un rincón, encendida, y le dio play a una lista de reproducción que ya estaba seleccionada.
La canción comenzó con una voz de hombre aunque algo aguda, guitarra eléctrica resonando más que nada y la letra rockera pero dulce y tierna: Siento el calor de toda tu piel en mi cuerpo otra vez.
—¿A qué hora vamos a vernos para salir en el autobús? —Preguntó Kiba mientras tomaba una papa frita y la pasaba por una exagerada compotera llena de kétchup. Su amigo se sentó a su lado. Estrella fugaz que enciende mi ser, misteriosa mujer. Con tu amor sensual, cuánto me das.
—Según a qué hora pienses estar allá —Dijo Shino serio, como ausente—, puedo conseguir pasajes para cualquier hora. —Kiba comió pensativo. Haz que mi sueño sea una verdad. Dame tu alma hoy, haz el ritual.
—Yo diría… —Comenzó a pensar el castaño— que estemos ahí temprano. Consigamos un buen hotel, dos habitaciones separadas, lindas, espaciosas, cerca de la playa… y volvemos el domingo para el mediodía. —Shino pareció un poco desconcertado. Llévame a un mundo donde pueda soñar.
—¿No piensas volver apenas termine la fiesta? —Kiba le sonrió de manera pícara y sus planes se vieron claramente en sus ojos.
—Va a ser una fiesta grande y van a ir muchas conocidas. —Shino bufó como decepcionado y la canción comenzó su coro: ¡Uuuh! Debo saber si en verdad en algún lado estás voy a buscar una señal, una canción.
—Hinata no irá a la cama contigo después de una fiesta y lo sabes… ni después de una fiesta ni en ningún otro momento —Le dijo Shino comiendo por primera vez una papa frita. Tenía un gorro que le cubría el cabello oscuro y unos lentes de sol a pesar de lo nublado que estaba el clima, por lo demás iba vestido bastante veraniego y de acuerdo a la ocasión. Kiba volvió a sonreírle. No estaba pensando en Hinata esta vez, tenía otros planes. ¡Uuuh! Debo saber si en verdad en algún lado estás. Sólo el amor que tú me das, me ayudará.
—Pienso en alguien más —Le confesó.
Hiashi miraba a su hija mayor cenar, Hinata estaba vestida como en cualquier día de verano aunque afuera no dejaba de llover, tronar y relampaguear. Pero claro, eso no decía cuánto frío hacía, la verdad era que continuaba habiendo mucho calor. La joven cenaba sushi de salmón ahumado con wasabi. Hacía mucho que no comían algo así— Así que, al final, mañana vienes conmigo —Comentó haciéndose el distraído pero aguantándose muy claramente una sonrisa.
—Así es…
—Tu primo me dijo que un muchacho te hizo cambiar de opinión —Hinata se puso roja como la sangre, el calor le había subido rápidamente a las mejillas.
—¿De dónde sacó esa idea? —Preguntó realmente sorprendida, ella no le había dicho nada de ese estilo y a Naruto ni siquiera lo conocía, era una verdad a medias. Había cambiado de opinión porque sí y se convencía a ella misma que ese chico rubio nada tenía que ver con su cambio.
—No lo sé, pero me alegro que alguien te haya hecho dar ese cambio. Te hará bien —El hombre se fue y la dejó a su hija sola en la mesa, continuando con su cena entre atragantados mordiscos nerviosos.
Sasuke se dejó caer en el sofá cómodo de su casa, rodeado de almohadones mullidos de muchos colores que casi lo asfixiaban. Estaban en pleno julio, unos días más y cumpliría veintidós años. La edad no lo deprimía, no le interesaba el estar convirtiéndose en un adulto, ni el salir de la adolescencia pero algo le fastidiaba de sus cumpleaños. La gente, tal vez, la gente falsa que lo saludaba sin siquiera conocerlo o saber lo mínimo de sus gustos y personalidad. Las vecinitas que, como siempre, se le acercaban con bombones o tortas súper cargadas de chocolate, eran deliciosas, sí… pero por lo general se las terminaba quedando Itachi a quien le gustaba mucho más que al homenajeado. Itachi también recibía muchas cosas de 'admiradoras' para su cumpleaños y otras fechas, la diferencia era que a su hermano mayor no le molestaba en lo más mínimo y de vez en cuando incluso se terminaba acostando con alguna de ellas, mientras que Sasuke las detestaba. Odiaba la falsedad de sus rostros, esos ojos ridículos que ponían al obsesionarse con él… Sí, esa era la palabra: Obsesión. No estaban enamoradas ni mucho menos, no lo conocían sólo les gustaba su apariencia, una apariencia que él para nada deseaba, prefería ser cualquier joven normal y corriente, tal vez con algún diente chueco o el cabello menos dócil. O con alguna cicatriz en un brazo, o de contextura más delgada o más robusta… algo que lo hiciera más… imperfecto. Sin embargo no podía negar que a veces esa apariencia le daba sus frutos, conseguía lo que se proponía con menos esfuerzo que cualquier otro. Y a eso se le sumaba también su inteligencia. Sasuke estaba consiente de todo esto, pero le molestaba. Le molestaba esa perfección de la que todos hablaban. Ni a Sasuke ni a Itachi les habían dicho nunca cuáles eran sus defectos, siempre los habían tratado de gente superior y eso, por alguna razón, al menor, lo ponía muy incómodo.
—Sasuke…
—¿Sí? —Se incorporó un poco para ver a su hermano que llegaba por detrás del sofá.
—Mañana vamos temprano, con Kisame, Mangetsu, Suigetsu, Sasori y Hidan —Dijo, nombrando uno a uno a sus compañeros de viaje—, alquilaremos algunas habitaciones en algún hotel y nos quedaremos toda la mañana y mediodía en la playa… divirtiéndonos —Explicó con voz cansada, Sasuke se preguntó qué le pasaría, ya que lo normal era verlo muy animado—. Por la tarde volvemos al hotel, nos bañamos, cambiamos y vamos a la fiesta ¿Qué opinas? ¿Vienes con nosotros o viajas más tarde?
—No, claro, claro… Voy con ustedes.
Itachi le sonrió con sus ojos demacrados, como si no hubiera dormido.
Las preocupaciones de algunos pocos sobre que la tormentosa lluvia arruinara la fiesta esperada que se avecinaba se fue por completo en la mañana del sábado, cuando un sol más reluciente de lo usual brillaba inextinguible en el cielo azul, despejado y hermoso. El calor era mucho más intenso que el día anterior, la humedad se había ido casi por completo. Trajo mosquitos y otros insectos, pero por lo demás era como si nunca hubiese habido tormenta alguna.
La Mega Fest estaba quedando preciosa a orillas del mar, todos los trabajadores estaban haciendo un gran trabajo; desde las siete de la mañana que había mucha gente decorando la playa y llevando parlantes, escenarios, equipos de audio y demás herramientas. La playa estaba hermosa, aseada y linda, repleta de arena amarilla suave y cálida de textura indescriptiblemente bella, las olas del mar, espumosas y blancas rompían contra las piedras grises y levemente erosionadas de los bordes y llegaban a la orilla, cristalinas y transparentes. Frescas y saladas. En el horizonte el azul marino del agua se fusionaba con el celeste del cielo y era muy difícil decir dónde comenzaba uno y terminaba el otro. Para los hermanos Uchiha, los hermanos Hozuki y sus dos acompañantes, el haber llegado temprano había sido una magnífica decisión. Habían subido a un tren a las cinco de la madrugada y a las siete ya estaban allí, disfrutando del paisaje que su país les brindaba y observando con ojos grandes como lechuzas a toda la gente que preparaba la fiesta en la que ésa misma noche iban a estar. Kisame e Itachi se habían quedado en el hotel, Itachi dormía como si no quisiera levantarse jamás. Había estado muy cansado, Sasuke suponía que era por el trabajo pero en realidad no habían hablado del tema. Kisame, su mejor amigo, lo había acompañado.
Apenas llegar, Suigetsu y su hermano mayor Mangetsu corrieron a sumergirse al agua, ambos con el cabello idéntico, níveo y algo largo, desmechado y los mismos dientes afilados. Se diferenciaban por muy poco, por los ojos y la altura, por lo demás eran idénticos. Lanzaron sus respectivas camisetas a la arena, se despojaron de su calzado y entraron a zambullones en el agua como si fuera lo que más disfrutaban en la vida. Hidan y Sasori, dos amigos de Itachi y Kisame, se quedaron en la orilla con Sasuke.
Hidan tenía el cabello gris y largo, peinado hacia atrás con cierto estilo coqueto, llevaba alrededor del cuello una cadenita con una enorme cruz ya que era un muchacho muy religioso y tenía una sonrisa en el rostro mientras miraba a los otros dos jóvenes zambullirse. Sasori, era pelirrojo, tenía ojos café ceniza y pestañas largas y arqueadas que le daban un aspecto algo femenino, su cabello era lacio pero terminaba en pequeños rizos apenas formados.
—Si gastan estas energías a estas horas, por la noche no van a querer moverse —Dijo con seriedad el pelirrojo. Sasuke asintió a sus espaldas, aunque no lo vieron, coincidía con él.
Hinata leía protegida de los rayos solares con una gorra de visera, mojando los pies en la oriya del mar. Era ya el mediodía y su padre le había preparado unos sándwiches de queso y atún para almorzar. Estaban pasando música de todo tipo mientras terminaban de organizar todo y probaban los parlantes gigantes que habían puesto. Mucha gente, incluso quienes no asistirían a la fiesta, se paraba a mirar y a escuchar, y a disfrutar del día de playa en familia. El sector en el que sería la celebración estaba separado del resto por cintas plásticas con el nombre de la radio y había guardias de seguridad cada determinada cantidad de metros. Hinata estaba del lado de adentro del rectángulo marcado por las cintas, en la oriya del mar, refrescándose y comiendo. Su hermana menor no había venido, tenía apenas once años y su padre no le permitía asistir, su primo en cambio, estaba por ahí ayudando con lo que podía. Trabajaba con su padre, tenía un cargo bajo, había empezado hacía sólo dos años y casi no había ascendido, sin embargo tenía personas a su cargo, asistentes y buen salario, con ese sueldo se mantenía su pequeña casa, que otrora había sido de sus padres y vivía con normalidad. Hinata no trabajaba. No lo necesitaba y su padre casi no se lo permitía, él prefería que continuara estudiando lo que ella quisiera sin ninguna clase de distracción, cada vez que ella necesitaba algo de efectivo él se lo brindaba sin inconveniente y también tenía a su disposición extensiones de diferentes tarjetas de crédito para que se comprara lo que quisiera. Ella gastaba mayormente en libros o accesorios, o adornos para su habitación; no le interesaba la ropa, la moda, salir o juntarse con amigos, así que no gastaba mucho dinero y eso, lejos de tranquilizar a su padre, lo ponía muy nervioso. Ella estaba consciente de que lo que su padre quería para ella era que fuera una chica sociable, divertida, que saliera, que se la oyera escuchando música a todo volumen hasta tarde, haciendo fiestas y programando reuniones sociales con compañeros o amigos, sin embargo el único verdadero amigo que tenía era su primo y sus compañeros no compartían los mismos gustos que ella como para juntarse de vez en cuando. Sin embargo había dos chicos que siempre la invitaban a todos lados, Kiba y Shino, dos de sus compañeros de Universidad, la llamaban de vez en cuando para salir, ella siempre se negaba y terminaba en discusión con su padre que la animaba a que fuera. Ellos estarían en la fiesta, Inuzuka Kiba se había encargado de que lo supiera. Le había mandado un WhatsApp para avisarle y preguntarle si iría, pero a ella no le importaba ni Inuzuka Kiba, ni Shino, ni su padre, ni su primo, ni su hermana, ni las letras que incansablemente leía en su libro, por alguna razón estaba distraída pensando en ese joven rubio que cantaría con su banda en el colosal escenario que su padre había preparado. Él se encontraría allí arriba en tan sólo un par de horas y brillaría como una estrella en la espesa noche oscura, ella lo sabía. Estaba segura.
Sakura había organizado meticulosamente todo el contenido del Refugio Móvil, había revisado una y otra vez todo lo que llevarían, había ordenado nuevamente todo lo que había acomodado anteriormente con Tenten, había guardado los delantales negros bordados y había decorado incluso el carro le había colocado luces para que todo resaltara más en la noche, aunque seguramente la radio Konoha's Rock se encargaría de que la fiesta tuviera una hermosa iluminación. Había estado tanto tiempo organizando aquello que ni siquiera se había percatado de que tenía que organizar su vestuario, maquillaje y otros artículos para la fiesta. Si Ino se enteraba, le gritaría.
Le quedaban unos pocos minutos para que todos se juntaran en la puerta del local para irse a la playa. Algunas horas de viaje, un corto alquiler en un hotel, una charla rápida con algún organizador y todo estaría listo. Sin embargo los nervios no cesaban. Se sentía nerviosa por la clase de personas que asistirían y porque era la oportunidad para triunfar con su negocio. Bueno, no era un negocio estupendo pero «El Refugio» era justamente un refugio para todos sus clientes, los que entraban no sólo se sentían cómodos en ése sitio, amaban ir allí. Y asistían una y otra vez, a Sakura siempre le había apasionado la medicina pero eso no quería decir que no se iba a sentir feliz si su negocio triunfaba. Sería algo estupendo que alguien se interesara en poner diferentes sucursales de su negocio a lo largo del país. Y era una gran oportunidad, una fiesta gigante llena de gente importante con poder y dinero… y gente normal, claro, que podrían ser clientes recurrentes a partir de esa noche.
Ino llegó acompañada de Karin cuando Sakura buscaba raudamente en su placar sin éxito. Lo había revisado varias veces en la semana pero no podía conseguir algo que le gustara. Tenía vestidos y faldas bonitas pero no iban con nada que pudiera combinar. No tenía accesorios de ningún tipo, sus zapatos eran escasos, maquillaje casi no le quedaba tenía sólo algunos labiales de su madre y un delineador viejo tirado en un rinconcito de su escritorio. Ino y Karin la regañaron, tal y como Sakura había deducido, pero entre las tres encontraron algo simple y bonito que Sakura podía utilizar en la celebración.
—Recuerda que es una fiesta en la playa… No hay que ir formal —Le dijo Ino una vez que se calmó.
—Sí, lo importante es que tengas una bikini bonita y cómoda y algo sencillo que vestir encima —Añadió Karin con una sonrisa. Ambas se habían peinado muy bien. Ino tenía el cabello suelto sujetado con una vincha turquesa, llevaba muñequeras en ambas manos del mismo color y sandalias a juego, también un bolso grande, abundante y moderno de un tono más claro de celeste, su ropa era normal, simple y cómoda, pero habían acordado que no viajarían con la ropa de la fiesta así que Sakura dedujo que la vestimenta de su amiga estaba dentro del bolso. Karin tenía dos colitas de caballo bien sujetas debajo de sus orejas, una era más corta que la otra debido a la disparidad de su cabello, llevaba varias pulseras anaranjadas en la muñeca izquierda y sandalias negras con una pequeña plataforma. En cuanto guardaron la ropa de Sakura, maquillajes y cepillos en una mochila de viaje Ino bufó enojada.
—Mi hermano irá a la fiesta también —Le molestaba su hermano, era un muchacho mayor, había ido a la secundaria con el medio hermano de Suigetsu y se llevaba bien con él, razón por la que Karin también lo detestaba. Deidara Yamanaka era un muchacho rubio y cautivador de veinticinco años bien puestos. Divertido, sociable, agradable, alegre, siempre con una sonrisa y jamás serio. Igual a Ino, en realidad, no sólo en personalidad. Él llevaba su cabello rubio suelto sobre los hombros de un largo excepcional, apenas un poco más corto que su hermana menor y amarraba algunos mechones en una cola de caballo alta, también llevaba el mismo flequillo ridículo que Ino pero cubriéndole el otro ojo. Tenía muchas chicas detrás pero Ino estaba segura de que él amaba a su mejor amiga de la infancia. Kurotsuchi, una joven de cabello corto y oscuro, también alegre pero algo violenta si se enojaba.— Sus amigos estarán allí así que Deidara también irá —Bufó la joven nuevamente enojada—, no me quitará la vista de encima… adiós sexo esta noche. —Sakura se sonrojó al oír lo que su amiga decía pero no tuvo la necesidad de hacer ningún comentario para desviar la conversación, el timbre sonó en ese momento y Tenten fue la siguiente en entrar en la habitación de Sakura, llevaba como siempre sus rodetitos castaños bien formados aunque en esta ocasión se había sujetado el flequillo con unas hebillas de libélulas infantiles pero bonitas y que iban muy bien con el espíritu veraniego de la fiesta en la playa. Una vez listas las cuatro bajaron para esperar a Naruto y a sus amigos en la puerta del Refugio. A ninguna le sorprendió que llegara más tarde de lo previsto. El mayor de ellos, quien se hacía llamar Killer Bee iba manejando una camioneta grande y vieja con caja descapotable, dentro había una enorme batería desarmada y enfundada y algunos amplificadores de volumen. Naruto iba sentado en la caja con el resto de las cosas vistiendo muy veraniego. Al estacionar, saltó de la caja con su típica sonrisa blanca y se dirigió a las chicas que los esperaban en la vereda.
—¿Tienen los boletos para el bus? —Preguntó. Las cuatro contestaron afirmativamente y luego se subieron a la camioneta empujando el carrito ambulante y poniéndolo con cuidado en la caja donde estaba Naruto.— Atsui, Darui y Samui ya están allí, en la parada de autobús —les explicó a las chicas mientras las ayudaba a subir a la camioneta—. Omoi y Karui están dentro con Bee, ustedes acomódense, las llevaremos hasta allá y nosotros partiremos en la camioneta detrás del micro. Tenemos que llevar cosas que no entrarán en el autobús —Explicó encogiéndose de hombros.
—¿Estás seguro de que la gente de la radio no te puede proporcionar estos instrumentos, Naruto? —Preguntó Karin extrañada ante todas las cosas que llevaba su primo allí.
—Seguramente sí pueden pero es mejor prevenir. No nos pudimos comunicar con nadie de la radio en toda la mañana. Han estado transmitiendo su programa pero no hay nadie que quiera atendernos al llamar por teléfono —El rubio revoleó los ojos cansado—. Deben estar ocupados con sus asuntos pero nos dejaron de lado.
—Bueno, ya es bastante que los dejen tocar en su fiesta, es promoción gratuita —Les dijo Sakura—. No esperes que también te paguen y te proporcionen todo. No los están contratando.
—Lo sé, lo sé… Pero esperaba que por lo menos no se olvidaran de nosotros tan deprisa. ¿Irá alguien que conozcamos?
Ino fue quien respondió, aún algo enojada por la presencia de su hermano.
—Mi hermano y sus amigos, Suigetsu el vecino de Karin…
—No conozco a nadie de los que mencionaste —Comentó perplejo el rubio.
—El idiota de Suigetsu —Bufó Karin ofendida—. Espero no tener que cruzármelo.
—Seguramente también esté su amigo el bonito —Ino le guiñó un ojo y Karin se cruzó de brazos de manera indiferente. Que allí se fuera a encontrar Hozuki para ella ya era razón de más para creer que la fiesta iba a ser un asco.
Sin embargo a Sakura sí le había entrado la curiosidad por ver a Uchiha Sasuke nuevamente, era un buen chico… lo sabía aun sin conocerlo.
