Traficantes de Sexo
Advertencias
Esta novela corta pertenece a la Lorie O'Clare, solo lo adapto a los personajes de Twilight. Twilight pertenece a S. Meyer, por tanto el nombre de los personajes en esta adaptación también. NADA DE ESTO ME PERTENECE, POR TANTO NO HABRAN CONTINUACIONES.
(Si alguien más lleva o llevo la adaptación de esta novela, le pido encarecidamente que no arme una trifulca y mejor me envíe un correo)
[Si no les gusta, no es mi problema no armen líos, me estreso fácil]
{Contenido adulto, ¡es M de por dios!, si no son lo suficiente maduras como para llevar algo así, no lean, no es de mi interés su madurez mental y no estoy para soportar dramas}
La cuenta de GN, las reglas de GN…
-Sean bienvenidas, espero hayan leído lo anterior-
- Empieza la Historia -
Capítulo 6
Tras una hora de vuelo, ya no se preocupaba por Edward, estaba centrada en la destrucción del mundo por debajo de ella. No quedaba nada. Los pueblos estaban quemados. El paisaje colorido era ahora simplemente negro.
Su pueblo, los esclavos a los que había querido y ayudado a crecer, los comerciantes que había visitado semanalmente, la gente del pueblo que había trabajado para su padre, todos se habían ido, estaban muertos.
—No hay nada aquí para nosotros. —Edward la guío de vuelta al Moto voladora, después de aterrizar en el tercer pueblo de la región.
—Alguien tiene que estar vivo en algún sitio. —Muy pocos edificios seguían en pie. El rancio olor de la carne quemada le revolvía el estómago.
La expresión de Edward era dura, no podía imaginar sus pensamientos por la expresión de su cara. Su mirada era feroz, sin embargo.
Él entrecerró los ojos mientras analizaba los restos humeantes de las estructuras de su alrededor.
—Estoy seguro de que están vivos. —Apoyó el Moto voladora mientras ella se subía delante de él—. Es muy probable que los supervivientes estén muy bien escondidos, y así permanecerán hasta que estén seguros de que los Bortan se han ido.
Cuando llegaron a la capital de la región, el segundo sol se había puesto, con la oscuridad instalándose a su alrededor.
—Hay un lanzador de transbordadores aquí.
Ella miro por encima del hombro. ¿Quería decir que se iban del planeta? Por supuesto, no parecía que quedara nada aquí para cualquiera de ellos, pero ¿dónde irían? No sabía nada de los habitantes de los otros mundos. Su vida estaba aquí. O la vida que había conocido hasta que los Bortan se lo habían quitado todo.
— ¿De qué nos serviría un lanzador de transbordadores? —Por no hablar de que estaba desnuda debajo de su capa. No quería imaginarse las explicaciones que Edward tendría que dar por viajar con una acompañante desnuda.
La ajustó contra él, con sus largas piernas presionando contra las suyas, mientras que un brazo la mantenía en su lugar. El Moto voladora zumbaba debajo de ella, mientras rodeaban a la comunidad por debajo de ellos. Los edificios parecían intactos, pero la gente no estaba visible. No parecía adecuado que una comunidad de este tamaño se viera tan abandonada.
—Somos un blanco fácil aquí. —Edward circulaba más lento, oscilando a lo largo de las empinadas colinas que rodeaban la comunidad.
No le respondió a su pregunta sobre el lanzador.
— ¿Crees que hay Bortans ahí abajo? —Se le hizo un nudo en el estómago al pensar eso, la bilis amenazando con subir por su garganta.
—Probablemente no estemos seguros en ningún lugar. —Pasó la mano por su frente, acariciando su pecho—. Vamos a estar más seguros una vez nos pongamos ropas diferentes.
—No tengo nada de ropa. —No necesitaba que le dijera nada de eso.
Su mano se movió de un pecho a otro, por lo que deseó más que cualquier otra cosa que pudieran encontrar un lugar aislado. Él pellizcó su pezón, placer y dolor ondulo pasando por ella.
—Y me gustaría poder mantenerte de esta manera. —Su respiración le hacía cosquillas en la nuca, casi llevándola al punto en que ella también lo deseaba.
Pero sabía cómo los hombres trataban a las mujeres. Ellos necesitaban recordar algunas veces que estaban con una mujer con clase y no con una esclava sexual.
—Bueno, no puedes. —Se giró lo suficiente como para mirar a esos ojos gris-lavanda—. Te sugiero que aterrices esta cosa para ver si podemos encontrar algo que ponerme.
Provocó algo en su expresión, y se dio cuenta de que aún no se había puesto por delante suyo.
Su estómago se apretó, esperando que lo que viera no fuera desaprobación.
Pero si él no podía manejar el que ella fuera capaz de controlar la situación, ¿no sería mejor descubrirlo ahora, antes de que estuviera demasiado involucrada con él?
Agarró la parte inferior de la capa, manteniéndola bien envuelta a su alrededor, mientras se aventuraban por una de las calle de la capital. Nunca antes había estado en Grok, a pesar de que su padre sí había estado, y había compartido las historias de cómo de animada vivía esa comunidad. No se veía muy animada ahora.
—Esto parece una tienda de ropa. —Edward empujó la puerta de una de las tiendas, con el láser en la mano—. Encuentra algo que te guste. Voy a ver si hay alguien aquí.
— ¿Qué quieres? —Un hombre apareció por la puerta, apuntándoles con el láser, con una mujer flotando detrás de él.
Edward se enderezó, bajando su propio láser sólo un poco, pero tomando la postura de la clase alta.
—Está bien. La señora necesita ropa. Vamos a pagar por ella.
No tenía nada de dinero consigo. Edward tenía que haberse dado cuenta. Estaba a su merced para que le diera la ropa en ese momento. Si le molestaba eso, no dio ninguna indicación.
—Usted es Edward de Carlisle. —El hombre de inmediato bajó el arma, su expresión cambiando completamente—. Leah, ayuda a la señora a encontrar algo adecuado que ponerse.
Para el momento en que se había vestido con ropa sencilla pero que servía para su propósito, varios hombres se encontraban alrededor de Edward, todos hablando tranquilamente. Él se dio la vuelta, llegando hasta ella cuando se acercó.
—Nos encontraremos contigo en el sitio de lanzamiento a la salida del segundo sol. —Asintió con la cabeza a los hombres, y luego la sacó de la tienda.
— ¿A dónde vamos? —La oscuridad los rodeaba dando a la calle desierta una sensación espeluznante.
—Creo que sería más seguro pasar la noche en una de las cuevas de los alrededores. —Él la puso cerca de él con el calor de su cuerpo viajando hacia ella—. Estas personas han perdido mucho y podrían estar demasiado desesperadas.
— ¿No confías en ellos? —Se preguntó a donde le estaba llevando, caminando tan decididamente, y con su mano en el hombro, haciéndole desear su contacto en otros lugares—. ¿Entonces porque nos vamos a reunir con ellos en el sitio de lanzamiento? ¿Y a dónde vamos?
Varias personas aparecieron por la esquina del edificio de enfrente de ellos, echando un vistazo en su dirección y huyendo en sentido contrario. El miedo se apoderó de ella, sus acciones parecían muy sospechosas.
—No queda nada de Poltar, Bella. —Parecía triste, aceptando a regañadientes que el mundo al que llamaba casa pronto sería destruido. Dudaba que él lo quisiera creer más de lo que lo quería ella—. No vamos a ser los únicos que salgan en el transbordador. Y vamos a ir al satélite Molten, al parecer, donde va todo el mundo que puede permitirse ese lujo.
Ella no pudo pensar ninguna protesta. Edward la había tomado bajo su ala. Es cierto que le gustaba cómo se sentía, pero ¿era porque no tenía ningún otro lugar al que ir? ¿O porque quería estar a su lado?
