Traficantes de Sexo

Advertencias

Esta novela corta pertenece a la Lorie O'Clare, solo lo adapto a los personajes de Twilight. Twilight pertenece a S. Meyer, por tanto el nombre de los personajes en esta adaptación también. NADA DE ESTO ME PERTENECE, POR TANTO NO HABRAN CONTINUACIONES.

(Si alguien más lleva o llevo la adaptación de esta novela, le pido encarecidamente que no arme una trifulca y mejor me envíe un correo)

[Si no les gusta, no es mi problema no armen líos, me estreso fácil]

{Contenido adulto, ¡es M de por dios!, si no son lo suficiente maduras como para llevar algo así, no lean, no es de mi interés su madurez mental y no estoy para soportar dramas}

La cuenta de GN, las reglas de GN…

-Sean bienvenidas, espero hayan leído lo anterior-

- Empieza la Historia -

Capítulo 7

Edward usó su capa, junto con una manta que había llevado con él, para cubrir el suelo de la pequeña cueva.

El canal de la colina rocosa apenas servía como protección, pero estarían resguardados de los elementos, y evitaría que alguien entrara a escondidas detrás de ellos mientras dormían. A pesar de que dudaba que esta noche fuera a dormir mucho.

—Sé que esto no es a lo que estás acostumbrada. —Él tampoco lo estaba. Si no planeara follarla durante la mayor parte de la noche, dudaba que fuera capaz de aguantar la superficie irregular del suelo de la cueva, o sus partes viscosas. Por no mencionar el hecho de que estaban protegidos a duras penas.

—No estoy acostumbrada a nada de lo que ha pasado hoy. —Ella parecía de mal humor, tal vez un poco enfurruñada.

Se puso de pie con los brazos cruzados, y su ropa nueva no hizo nada por ocultar la increíble figura que había debajo.

La tienda en la que habían comprado la ropa atendía a las personas que trabajaban en Grok, no a la élite.

Sin embargo, los pantalones lisos color canela y la holgada camisa negra la hacían indescriptible. Temía que eso importaba más teniendo en cuenta sus circunstancias, que el ir gritando su verdadera identidad. No había manera de predecir lo que les depararía una vez que dejaran Poltar.

—Mejor vete acostumbrando. —No le daría más detalles de cómo podrían terminar las cosas. Esta noche, harían lo mejor con su alojamiento.

—No parece que tenga mucha elección. —Había preocupación en sus pálidos ojos grises. Estudió la improvisada cama que había creado, sin mirarlo.

—Ven aquí. —Incluso a través de su holgada camisa, podía ver cómo se endurecían sus pezones, esas adorables protuberancias de color marrón que hacían que le doliera por poner su boca alrededor de ellas.

Su mirada se mostró cautelosa.

—Esto no es exactamente lo que tenía en mente —murmuró ella, dejándose caer de rodillas.

— ¿Qué tenías en mente? —Quería tocarla, anhelaba sentir su cuerpo apretado contra el suyo.

—Un baño caliente estaría bien. —Su sonrisa le sorprendió, pero lo tomó como una buena señal.

Él no tenía resistencia cuando se trataba de Bella. Limpia o sucia, esta noche ella era suya. Independientemente de su futuro, viviría las fantasías que había tenido desde su juventud. Tenía que tocarla, apenas un roce de sus dedos por el pelo, sintiendo el calor de su mejilla.

Pero incluso mientras trataba de negarlo, Edward sabía que esta noche no sería suficiente. Bella era suya. Desde su juventud había sabido que era la única que quería. Cuando había crecido, había tratado de decirse a sí mismo que era simplemente la fruta prohibida, que sus deseos por ella eran el resultado de saber que era la única mujer que no podía tener.

Mirándola, sabía que no era cierto. Podría tenerla... y la tendría. Y la quería una y otra vez.

Sus pestañas revolotearon sobre su mirada vacilante, con esos hermosos ojos observándole.

—Quiero darte algo. —Las comisuras de sus labios se animaron, el brillo de sus ojos diciéndole cómo interpretó su comentario—. Oh. Voy a darte eso también, señora. Pero primero...

— ¿Qué? —Le miró con curiosidad cuando él buscó en su cinturón, tirando de la pequeña bolsa que contenía todo lo que había sido capaz de coger de Carlisle, antes de que se quemara hasta los cimientos.

—Esto es para ti. —Le entregó los proyectos de ley y la mitad del dinero que había conseguido tener en sus manos antes de huir de su casa—. En caso de que nos separemos, quiero que seas capaz de cuidar de ti misma.

Su mirada se encontró con la suya, la emoción vibrando en sus ojos grises. Se tomó un minuto antes de reaccionar.

—Gracias.

Aceptando la pila de dinero que le presionaba en su mano, ella lo doblo y lo metió en uno de los bolsillos de su pantalón.

— ¿Crees que el dinero Poltar valdrá en otro sitio?

Al parecer, había pensado en lo que podría pasar una vez que salieran de su hogar. Él se encargaría de cuidarla, pero no le ofrecería falsas promesas.

—No tengo ni idea.

Ella se envolvió con la capa encima de la cama, estirando las piernas. La luz de la luna apenas se había extendido sobre ella, pero sus ojos se habían ajustado lo suficiente como para ver caer su pelo sedoso y castaño sobre su hombro cuando inclinó la cabeza hacia atrás. Anhelaba probar la curva de su cuello expuesto y de fácil acceso. Su pene se sacudió ante el pensamiento de arrancar sus botones con los dientes.

— ¿Sabes lo que me estás haciendo? —Él tomó un mechón de su pelo entre los dedos, disfrutando de la suavidad.

La pequeña sonrisa que empezaba a adorar apareció.

— ¿Qué te estoy haciendo? —Se apoyó en sus manos, pero él le tomo la muñeca de todas formas, colocando la mano sobre su dura polla.

—Esto es lo que me haces, Bella. Cada vez que te he visto, desde que he sabido quién eras. Así es como me haces sentir.

Sus dedos se apretaron contra su eje, la ligera presión causando que todos los músculos de su cuerpo se sacudieran, con la necesidad que tenía por ella volviéndose peligrosa.

Ella se dio la vuelta, enfrentándole, con la cara enrojecida por la curiosidad. Sus dedos vacilantes envueltos alrededor de su polla, con los pantalones impidiéndole sentir su suave mano.

—Te necesito, nena. —Enredó su pelo alrededor de sus dedos cuando la atrajo hacia él—. No tienes ni idea de por cuánto tiempo.

— ¿Por qué no me lo dijiste antes? —Su pregunta susurrada, suave y acariciadora, coincidía con el toque de su mano.

—Pensé que me despreciabas. —Le tomó un momento concentrarse en su rostro, viendo su expresión cautelosa, pero detectando su voluntad—. Necesitaba mostrarte lo que nos hemos estado perdiendo.

—Muéstrame un poco más. —Su invitación era todo lo que necesitaba oír.

Le temblaban las manos cuando llegó a su camisa, apenas siendo capaz de liberar los botones antes de arrancarlos simplemente de su cuerpo. En la oscuridad, los detalles de los tatuajes no eran tan claros, pero el contraste de la decoración oscura contra su piel cremosa hacía que sus redondos pechos destacaran más. Eran suaves, llenos y redondos. La atrajo a su regazo, necesitando probarla, sabiendo que tenía que estar más cerca antes de que su sangre hirviera hasta la locura.

Probó un pezón, amando la forma de la piel arrugada contra sus labios.

—Maldita sea. Edward. —Ella contuvo el aliento, sus palabras se perdieron en un suspiro.

Él apretó los dos pechos, tirándolos cerca, presionando sus pezones en la boca, chupando uno y luego el otro. Su entrepierna estaba contra su polla, con el calor de ella quemándole. Tenía que estar dentro de ella pronto, tenía que experimentar lo que le había sido negado durante todos estos años.

—Sal de la ropa. —No quería ser brusco. Su sesión de tortura había terminado.

—Quiero verte esta vez. —Ella se echó hacia atrás en la cama, tirando de sus pantalones.

—Oh, lo harás, señora. Vas a ver, y sentir, todo de mí. —Sus manos eran muy torpes mientras luchaba con su camisa, arrancándose los pantalones, sintiéndose demasiado ansioso por meter la polla en su coño.

Su pelo castaño le enmarcaba el rostro de una manera maravillosa mientras que sus grandes ojos grises le veían desvestirse. Le encantaba cómo ella estaba ahí desnuda, sus pezones con tanta fuerza, el perfume de su crema llenando la pequeña cueva. Sabía que estaba en forma, que su cuerpo atraía a las mujeres. Pero la ola de satisfacción que le recorrió cuando sus ojos se abrieron a la vista de su polla, hizo que su ingle se apretara dolorida. No habría mucho tiempo para los juegos preliminares antes de que hiciera su camino hacia su interior.

—Estoy impresionada. —Dijo ella tímidamente, con esa sonrisa adorable que le hacía marearse.

Bella no dudó, extendió la mano y tomó su pene, tirándolo hacia ella y quitándole la vida.

—Ven aquí. —Susurró, y él fue suyo, estaba a sus órdenes.

—Bella. ¡Alabados sean los dioses! —Su boca apretada y caliente se había envuelto alrededor de él, chupándolo en la piscina de humedad más intensa de lo que jamás se había imaginado.

Todo a su alrededor se volvió negro. Luces blancas brillaban como relámpagos ante sus ojos. Su cuerpo estaba apretado, mientras la boca de ella creaba magia que no sabía que existiera. Ella se inclinó hacia delante, enterrando la cara contra su polla, con el pelo haciéndole cosquillas en sus caderas. Le sostuvo la cabeza, deseando desesperadamente golpear su polla dentro, sentir cómo su garganta se contraía a su alrededor.

—Si no te detienes, juro que te voy a follar la boca —le advirtió, le dio la oportunidad de que parara.

Pero no lo hizo. Su lengua se arremolinó a su alrededor, con los labios extendiéndose por encima de él, invitándole a sumergirse.

Sosteniendo su pelo, la agarró para que no pudiera moverse, y se empujó hacia delante, sintiendo el calor de su boca mientras se hundía en su interior. Una y otra vez condujo su polla más allá de su lengua, la estrechez de la garganta haciendo que se hinchara más. La presión se construía y si no actuaba pronto, no podría detenerlo.

Pero le había advertido. Nunca haría nada que ella no quisiera. Sin embargo, esa boca le rogó que se la follara. Ella lo animó a ir más profundo, chupándole aún más en su boca.

Se metió en su calor, sintiendo cómo su garganta le rodeaba. Nada de lo que había experimentado jamás se había acercado a esto. Edward había crecido rodeado de esclavos sexuales experimentados, entrenados desde una temprana edad para saber cómo agradar todas las partes de sus cuerpos. Sin embargo, ninguno de ellos estuvo cerca de hacerle sentir de la forma en que Bella lo estaba haciendo ahora.

Saliéndose hasta lo que podía soportar, penetró profundamente en su boca de nuevo. Ella lo tomó de buen grado, sosteniéndose con fuerza, con las manos agarradas a sus caderas, marcándole con su fuerte calor. Con el placer construyéndose, le folló la boca hasta que no pudo aceptar más placer.

Fuego entró en erupción en su interior mientras derramaba su semilla en su lengua, llenando su boca con su semen. La crema espesa se derramó sobre sus labios, aun chupándole, haciendo todo lo posible por tener la mayor cantidad que pudiera.

—Edward. —Ella jadeó por aire cuando salió de su boca.

El aire frío se envolvió alrededor de su polla, con el calor de ella evaporándose rápidamente de su eje.

—Túmbate. Ahora. —Su polla bailó una dolorosa danza cuando ella ansiosamente se extendió por debajo de él, más que dispuesto a correrse de nuevo. Todavía estaba duro como una roca.

—Quiero que sepas... —susurró ella cuando él colocó su polla contra el calor de su coño.

— ¿Qué? —Estaba ciego de necesidad, incapaz de mantener una conversación. Pero su expresión se volvió tan seria, que quemó en su interior mientras se detenía a escuchar sus palabras.

—Te he deseado durante años, también. —Buscó rápidamente su rostro para ver su reacción, sus ojos grises saltando de los ojos de él a la boca, para encontrarse de nuevo con su mirada.

—Bueno, ahora me tienes. —Se hundió en su interior, separando las pareces resbaladizas de su coño.

Ella lo miraba, sus ojos vidriosos, con pasión y una pequeña sonrisa que hacía que su cara resplandeciera.

El mundo que le rodeaba se desvaneció en una nada sin sentido. Nunca antes había experimentado un coño tan caliente, tan fuerte, tan increíblemente húmedo. No la había preparado, no se había tomado su tiempo para disfrutar de sus dulces jugos como lo había hecho antes ese mismo día. Pero estaba tan condenadamente húmeda, absorbiendo su polla con una ansiedad que consumía cada centímetro suyo.

Se apartó, las paredes de su coño se apretaron en torno a él y luego se metió otra vez. La boca de ella formó un círculo perfecto, redondo, mientras sus manos llegaron a sus pechos, apretándolos. La barrera se rompió, lo que le hizo ir más profundo, donde ningún hombre había ido antes. Se enterró en su calor, con sus músculos cerrándose sobre él, empapándole con sus jugos. Ella era una jodida virgen. Bella nunca había sido follada antes. Saber eso lo lleno de tanta alegría que casi se corre en el acto.

Pero no la dejaría su primera vez sin darle todo el placer que se merecía. Con cada embestida ella se retorció y tiró de sus pechos, haciendo los sonidos guturales más adorables que jamás hubiera escuchado.

—Fóllame para siempre, Edward. —Ella abrió la boca otra vez, mordiéndose el labio cuando él le dio todo lo que tenia, moviéndose en su calor mientras su polla se quemaba.

—Para siempre es todo el tiempo que tenemos. —Su respiración era entrecortada, mientras su ardiente calor pasaba a través de él.

Su polla se hinchó, incapaz de resistir más. Se enterró a sí mismo profundamente dentro de ella una vez más, mientras lanzaba su semilla, con estremecimientos que corrían traspasándole, mientras vaciaba su semen en su vientre.

Con su sueño cumplido, cayó al lado de ella, tirándola contra él. Ella le había dicho que siempre lo había querido, también. No había respuestas sobre lo que se encontrarían por delante mañana. Pero esta noche, lo envolvió una felicidad como nunca antes había sentido. Y duraría para siempre, aunque él no supiera cuanto tiempo sería.

Al despertar, con el duro suelo debajo de ellos, lo primero que Edward notó fue a Bella tendida sobre él, con sus senos presionando contra su pecho. Sus delgadas piernas estiradas contra las suyas, con su calor abarcándole, quemándole como una fiebre hasta su cerebro.

Todo dentro de Edward se endureció cuando los dedos de ella se envolvieron alrededor de su pene, llevándolo a la vida al instante.

— ¿Estás despierto? —Sus palabras fueron apenas un susurro, a pesar de que cortaron a través del silencio de la cueva.

Edward parpadeó, centrándose poco a poco mientras miraba hacia abajo al exuberante cuerpo cubierto sobre el suyo, con su pequeña mano haciendo maravillas en su polla.

— ¿Quieres más de eso? —No podía creer que ella quisiera, pero su corazón latía más fuerte ante la idea de que estuviera ansiosa por follar.

—Uh huh. —Acarició su pene lentamente, con sus dedos deslizándose arriba y abajo por su carne, endureciéndole como una piedra.

— ¿Seguro que puedes hacerlo? —Se movió rápidamente, sabiendo que si le permitía continuar con su juego, explotaría antes de satisfacerla.

—Edward. —La forma en que susurró su nombre cuando él la fijó debajo de él mandó fuego a su cerebro. La suave curva de su culo hizo que su polla vibrara con necesidad.

Agarrando sus manos, las fijó al lado de su cabeza, con su polla instalándose en el suave pliegue de su culo.

Ella se arqueó contra él, el calor de su coño, sus dulces jugos, empapando su suave piel. La crema fresca de su coño se aferró a su eje, mientras se deslizaba contra su culo redondo y su coño, quemando por enterrarse en sus pequeños y estrechos agujeros. Sus jugos se envolvieron alrededor de su eje, goteando de ella, ofreciendo un lubricante natural.

—Tú me deseas demasiado ¿no es así, nena? —Su voz era demasiado áspera, agobiado por la necesidad de enterrarse a sí mismo en lo más profundo de su calor.

—Me desperté deseándote —susurró, levantando la cabeza para poder mirarle—. Por favor, Edward. Me duele, te quiero demasiado.

Él comprendía ese dolor, sabía de ese anhelo. Durante años la había observado, soñado con ella, ansiando follarla. Y ahora ella era suya, gritando su nombre. Nada más importaba por el momento, más que ver su placer, darle todo lo que él había querido por tan largo tiempo.

Más que nada, quería bucear profundamente en su calor, oírla gritar su nombre. Sus músculos se apretaron cuando giró a un lado, obligando a su polla a comportarse mientras latía furiosamente.

—Dime lo que quieres —le susurró, disfrutando del arco de su espalda y la forma en que se congeló cuando pasó sus dedos mojados sobre su húmedo agujero.

—Todo. Todo de ti —gimió, su deseo mostrándose en la forma en que lo dijo.

Estaba muy mojada, con el rico olor de su lujuria llenando la pequeña cueva. Apenas estaba amaneciendo. Casi ninguna luz se filtraba por la entrada oculta. Sin embargo, sus suaves curvas y los sensuales tatuajes, hacían de ella una hermosa vista.

Su coño húmedo sujetó su dedo cuando lo deslizó a través de su calor, con sus músculos chupándole suavemente, deseando que entrara más. Edward trabajó para respirar, la saturación de la lujuria de ella cegándolo con una ferocidad que nunca había conocido antes.

—Ese coño necesita sin duda mi polla. —Sacó los dedos, buscando ansiosamente el agujero más pequeño que se arrugó con impaciencia contra su toque—. ¿Y qué hay aquí? ¿Tal vez no eres tan sensible?

La forma en que gritó cuando él oprimió su apretado agujero le dijo que se iba a abrir voluntariamente para él.

Su polla quemaba, el dolor punzante era demasiado para soportar.

—Sí. Oh, por favor, Edward. Te estás burlando de mí. —Se retorció contra él, con su redondo culo moviéndose cuando deslizó su dedo, empapado de sus jugos, en su apretado agujero.

El dedo se quemó por su fuego, la intensidad de su calor corriendo a través de su mano, a través de su cuerpo, llegando a su polla y causándole dolor. Nunca había sentido un culo tan apretado, tan mojado por sus jugos.

Más jugos se filtraban de su coño, cuando empujaba el dedo más profundamente en su culo.

—Eso es, nena. —Apenas podía hablar—. Monta mi mano. Muéstrame lo que quieres.

Pequeños chorros de crema escaparon de su polla. Cogió su eje, lubricándose a sí mismo con la pre-eyaculación, mientras retorcía su dedo más profundo en ella.

Su cuerpo se sacudió, con un temblor corriendo a través de ella, su orgasmo quitándole el aliento con un grito agudo. Él sacó su dedo, colocándose detrás de ella, levantándola en sus manos y rodillas de manera que su coño y el culo empapado lo miraran fijamente, rogando por su placer.

Agarrando su polla, la apretó contra su culo, observando el fuerte apretón que le daba a la cabeza de su polla, animándole a entrar. Ella estaba más húmeda de lo que había estado la noche anterior, con su fuego penetrando en él, impulsándole.

Deslizándose dentro, su mundo se estrelló en torno a él, con el calor amenazando con hervirle vivo.

—Bella. —Su mundo estaba alrededor de ella—. Maldita sea, mujer.

—Fóllame. —Gritó ella, con su voz ronca siendo un sonido sensual que le estremeció. Ella sacudió la cabeza, con el pelo moviéndose sobre sus hombros—. Maldita sea. Jódeme, Edward.

Él era su esclavo voluntario. Buceando en su calor, quemándose vivo, enterró su polla en su culo. Ella le asfixiaría, le arrancaría una parte con su pasión, su anhelo. Bella estaba en llamas.

Sus músculos se estiraban y luego contraían alrededor de su polla, ahogándole como un volcán en plena erupción de calor.

Un indómito fuego ardía en su interior mientras se movía lentamente dentro y fuera de ella. La agarró por el culo, extendiendo su suave carne mientras su polla desaparecía dentro de su apretado y mojado agujero.

—Maldita sea. —Ella cerró fuertemente los ojos, su cuerpo vibrando mientras se acercaba al orgasmo una vez más—. Malditos sean todos los infiernos. Más rápido. Más duro.

Ella quería una buena embestida. El dolor la quemaba a través de su cuerpo, haciéndola temblar, tal como lo hacía a través del de él.

—Estás ardiendo, nena. —Él movió una mano debajo de ella, acariciando su coño, sintiendo cómo su crema empapaba sus dedos.

Sus jugos eran mejor que cualquier otro lubricante. Apretando los dientes, detuvo su salvaje empuje, deslizando un dedo en la crema para extenderla por su brillante y estirado agujero. Con un gemido, se deslizó de nuevo, el movimiento tan suave como la seda. Deslizándose fácilmente dentro y fuera de ella, el calor se acumulaba en su interior, torturándole, amenazando con drenarle todo lo que tenía.

—Necesito más. —Le rogó ella, sacudiendo la cabeza, con el pelo pegado a su cara.

Sus palabras llevaron al fuego dentro de él hasta el punto de explosión. La presión era tan intensa que no podía ver, ni oír, apenas podía respirar, acelerándose a través suyo. Su polla quemaba, se hinchaba. Agarrando su culo tan fuerte que tenía que dolerle, se enterró a si mismo profundamente dentro, derramando su semilla en su pequeña caverna caliente.

—Maldita sea, Edward. —Ella exhaló, colapsando encima de las mantas—. Si hubiera sabido que iba a ser tan bueno...

No terminó la frase, pero no tenía que hacerlo. Se salió lentamente, tomándose un momento para disfrutar viendo cómo su semen se filtraba fuera de su culo. Él sabía lo que quería decir. Ambos habían esperado mucho tiempo para conocer esa perfección.