Canción: This love/ Maroon 5 y Solo aquí/ Aribag

-*La bestia verde*-

Tenten ya estaba cansada de todo. Había llegado hacía pocas horas a su casa con la esperanza de ducharse y dormir, descansar después de tan agitado día; nunca se hubiera imaginado que en su casa, sus padres estarían más agitados que ella. Después de que ambos comprobaron que ella estaba bien y que no había tenido problema alguno, le comentaron que el jefe de su padre venía desde China con sus hijos a cenar.

El padre de Tenten había sido transferido desde su empresa en China, hasta Japón con la promesa de un mejor puesto y un muy buen salario; el hombre lo decidió sin pensarlo dos veces y, con su esposa y su hija, se mudó a la pequeña isla. Pero el mejor salario y el mejor puesto todavía no habían llegado, primero su jefe (Un hombre muy extraño, por cierto y muy, muy serio) quería ver cómo se desenvolvía en este nuevo país, con una cultura tan diferente y similar al mismo tiempo. Había muchas cosas nuevas por aprender, y si el tipo veía que el señor Ama era integrado rápidamente en este nuevo lugar, y que era responsable y podía llevar adelante una compañía, entonces recién ahí tendría su acenso. Tenten no podía creer que justo era ese día.

Que justo cuando más cansada estaba era cuando el jefe de su padre decidía venir de visita. Y como si fuera poco traer a sus hijos; Tenten no sabía qué edades tenían estos pero rogaba a Dios que no fueran niños pequeños, revoltosos y molestos, o moriría… O mataría a alguien.

—Tenten —Escuchó la voz de su padre del otro lado de la puerta, la castaña había estado encerrada en su habitación eligiendo la ropa que se pondría, sus padres querían que todo fuera perfecto. Abrió la puerta lo suficiente para ver los ojos color avellana del hombre del otro lado. No la abrió del todo ya que se encontraba aún en ropa interior, indecisa por qué ponerse.

—¿Sí?

—En media hora estará aquí… ¿Estás lista?

—Sí… Sólo un segundo —Cerró la puerta pero no escuchó a su papá marcharse, y al cabo de algunos segundos lo oyó hablar nuevamente, esta vez en chino pero perfectamente entendible para la jovencita.

—Sé que esto es muy cansador para todos… Más para ti que acabas de llegar, pero es sólo un esfuerzo, nena… Uno más y estarás tranquila. Con un poco de suerte, recibiré el ascenso que espero y ya no tendrás que trabajar… —A Tenten le gustaba su trabajo, no era un esfuerzo extra aunque casi todo el dinero le era dado directamente a su familia y ella no lo usaba para sus cosas sino para colaborar en su casa, pero no le desagradaba El Refugio, amaba estar allí y había encontrado a sus primeras amigas en ese lugar; pero agradecía de todo corazón la preocupación de su padre.

—Está bien papá. Gracias —Se calzó un vestido rojo al cuerpo, no lo había usado nunca en la vida pero parecía ir bien con ese tipo de reuniones. Escuchó cómo su padre se alejaba de la puerta y se lanzó de cabeza a la parte inferior de su armario en busca de algún par de zapatos que le combinaran con el atuendo que había elegido, muy veraniego por cierto. Ya se habían hecho las siete de la tarde y aún no había pegado un ojo desde la noche anterior, y no había dormido muchas horas que digamos. Deseó con todas sus fuerzas no estar bostezando durante toda la velada.

This love has taken it's toll on me. She said goodbye too many times before. And her heart is breaking in front of me. I have no choice 'cause I won't say goodbye anymore. Sakura sonrió maravillada, había tomado la punta de su pie recién descalzado y había extendido su pierna por encima de su cabeza casi sin ningún esfuerzo. La pierna había quedado completamente recta sobre sí, aunque rápidamente había tenido que bajarla y reposarla sobre el suelo debido al horrible dolor que se había extendido por su músculo.

Lo volvió a intentar. I tried my best to feed her appetite. Keep her coming every night. So hard to keep her satisfied. Kept playing love like it was just a game. Pretending to feel the same. Then turn around and leave again. Esta vez pudo mantenerla alzada por más tiempo y se sintió orgullosa de sí misma.

Bajó la pierna y aprovechó el final de la canción para danzar unos pasos de baile que había visto en algún videoclip, enlazándolos al azar para que fueran con aquel alegre ritmo. This love has taken it's toll on me. She said goodbye too many times before. And her heart is breaking in front of me. I have no choice 'cause I won't say goodbye anymore.

Su madre entró entonces por la puerta, gracias al cielo estaba distraída, Sakura tuvo tiempo de dejar su baile de lado y sentarse en el sofá antes de que la mujer la mirara por fin.

—¿Qué pasa? ¿No hay mucha gente en un domingo? Es extraño… —Comentó Sakura intentando parecer normal pero no le salió muy bien, su madre la miró por largo rato y luego a su alrededor. I'll fix these broken things. Repair your broken wings. And make sure everything is alright. My pressure on your hips. Sinking my fingertips. Into every inch of you 'Cause I know that's what you want me to do.

—No, es que olvidé mi teléfono celular por aquí y tu padre me dijo que tu abuela llamaría —La mujer pasó caminando y tomó el aparato de encima de la mesada de la cocina donde Sakura lo había dejado después de limpiar—. Ordenaste todo, luce todo tan impecable… Es estupendo.

—Sí… No se podía ni caminar.

—No seas exagerada, Sakura… —La mujer avanzó hacia la puerta con la intención de bajar pero se detuvo y volteó a ver a su hija.

This love has taken it's toll on me. She said goodbye too many times before. And her heart is breaking in front of me. I have no choice 'cause I won't say goodbye anymore.

Había un muchacho abajo que dice conocerte… Estuvo bebiendo algo hasta hace un rato.

—¿Quién era?

—¡Ay, no le pregunté su nombre! Pero dijo que estuvo en la fiesta contigo. Un chico muy apuesto si me lo preguntas, de pelo oscuro y ojos penetrantes. Bastante serio pero no por eso poco simpático.

¿De pelo oscuro y muy apuesto? Sólo podía pensar en Sasuke Uchiha pero no podía ser él, seguramente conocía a alguien más con esas características y se le estaba pasando por alto.

—Aunque dijo que no te conoce mucho, tal vez no sepas de quién hablo… Dice que es más cercano con Karin.

—¿Acaso es Sasuke? —Sakura abrió los ojos enormemente, Sasuke había estado allí abajo hablando de ella con su madre… No lo podía creer.

Mierda de hormonas. Mierda de día. Mierda de chico. Mierda de abrigo.

Karin fregaba vehementemente el abrigo fino que Suigetsu le había prestado, no lo había manchado pero de todas formas no se lo podía devolver lleno de arena y cosas de mar. Una vez estuvo listo lo tiró con más fuerza de la requerida dentro del secador de ropa que tenía en su casa. Refunfuñó un poco más, se acomodó los lentes y volvió a gruñir cruzada de brazos, esperando a que el rápido secado acabara.

Lo que había prometido ser un fin de semana estupendo se había convertido en una mierda. Ahora estaba exhausta, con enormes ojeras violetas debajo de los ojos y un espantoso dolor de cuello debido a la posición que había tomado al dormir. Sin mencionar que le había entrado arena hasta en las nalgas y todavía no se había logrado quitar todo.

El secador se apagó y Karin quitó la campera de adentro, la extendió y la colgó en un pequeño tender que su madre tenía en el lavadero.

La mujer entró, mirando curiosa a su hija y Karin le devolvió una mirada siniestra, de notable malhumor.

—¿Qué estás haciendo?

—Nada, mamá…

—¿De quién es eso? —La mujer dio dos grandes pasos y llegó a donde estaba el abrigo, lo palpó para ver cuán húmedo estaba y lo descolgó.

—Me lo prestó un muchacho ayer…

—¿Un muchacho? ¡Karin! ¿Qué te dije de eso?

Karin se cruzó de brazos más molesta. Lo único que le faltaba para terminar de arruinar su fin de semana era que su madre le diera un sermón sobre cómo ser una puritana, y le recriminara que era demasiado sociable, que la gente creía que era una zorra y otras cosas más; todas blasfemias. Inventos e ideas suyas. Cómo si Karin no supiera lo que la gente decía de ella, lo que los vecinos pensaban porque había tenido la suerte de tener a algunos amigos que la acompañaban a casa desde la escuela secundaria, y porque había tenido un par de noviecitos con los que había cometido el terrible error de llevarlos a su cuadra. Como si tener una vida sexual activa la hiciera una zorra, para Karin, al igual que para Ino, esa gente era retrógrada y estúpida.

—No es ningún idiota… ¿¡Pero qué estoy diciendo?! —Se corrigió— Es el mayor idiota del mundo. Fue Suigetsu.

—¿Suigetsu? ¿Suigetsu Hozuki? —Karin asintió. Odiaba la cara de perplejidad de su progenitora— A quien estabas agrediendo la otra vez…

—¡Mamá, el único estúpido vecino con ese nombre que tenemos!

—¿Y por qué te la prestó? —Karin revoleó los ojos, la odiaba cuando se ponía en modo chismosa, ¿qué le importaba?

—Porque tenía frío… —Le dijo la pelirroja acomodándose los lentes nuevamente, sobre el puente de la nariz.

—¡Entonces más vale que se la devuelvas, le agradezcas y dejes de molestar a ese chico!

—¡Él es quien empieza mamá, no yo!

—No lo parece —La mujer se fue del lugar dejándole el abrigo sobre la tabla de planchar, con el perfume para ropa y la plancha a un lado. Karin bufó y caminó hasta allá para empezar a planchar la prenda.

Sasuke se sentó en la vereda de su casa. Itachi no había vuelto y él no podía creer lo estúpido que había sido, un insensato. Hablarle así como así a una completa desconocida de la chica a la que deseaba ¿Quién lo hacía? ¡Y resulta que era su madre! ¡Mierda! Eso quería decir que tendría que involucrarse más de la cuenta con esa chica. Nunca había conocido a la familia de ninguna de las chicas con las que había estado; ni se había acercado a las amigas de ninguna, ni a sus casas, menos las había llevado a la suya propia, siempre en hoteles, salidas casuales a algún restaurant y después nunca más las veía. Esa era su vida, ese era su itinerario, no lo había cambiado nunca y era extraño pensar en cambiarlo ahora. Pero no quería perdérsela, era demasiado dulce como para dejarla ir, ingenua y hermosa, con labios rosados y carnosos. Era una chica de las que siempre buscaba, era su ideal perfecto. Se encontró escuchando una canción que alguna vecinita adolescente había puesto a todo volumen.

Solo aquí, sentado y sin saber qué hacer; yo sé que tú estás con él y no regresarás por mí. Y Sasori ahí rondándola como un buitre, acechando el momento oportuno para atacar y lanzarse a sus brazos. Sasori era tan experto como el propio Itachi con las mujeres, Sasuke no tenía ninguna duda de que podría mentir lo suficientemente bien como para que Sakura cayera a sus pies. No tendré palabras que decir tal vez, ni un sueño para darte a ti, ni un sueño que dejé morir. Se tomó la cabeza con ambas manos y suspiró sin saber cómo continuar.

Y en la mañana espero, un corazón sincero, que sólo busca libertaaaaad. Yo sólo quiero olvidar, lo que he sufrido por ti, y es difícil olvidarte si tú estás aquí, si tú estás aquí.

—Ya, Ino, déjame en paz, por dios… —Shikamaru se rascaba la nuca estrepitosamente. No le picaba pero ya le ponía nervioso la conversación que estaba teniendo con su exnovia. Ino, caminaba a su lado hablando fuerte, claro y con muchos ademanes. Le explicaba cómo hacer para conseguir que su madre se creyera que tenía una novia. Lo estaba ayudando, de eso no cabía duda, pero la charla empezaba a inquietarlo.

—¡Tienes que ponerte serio si quieres que Yoshino se lo crea! ¡Es una mujer muy lista, Shikamaru!

—No me sermonees, le dije a Temari que nos veríamos ahora en la cafetería, planearemos bien qué hacer… Así que ya está.

—¡Ya está nada, Shikamaru! Porque te conozco, eres un vago, saldrás con ella dos veces y la dejarás plantada, preferirás que tu madre te sermonee sobre tu futuro, antes de continuar con esto… que no es una idea mala del todo, y Temari también te necesita por lo que me dijiste.

—Ya déjame en paz. Ustedes las mujeres son todas problemáticas —Tras ese comentario entraron al Refugio. La señora Mebuki, la madre de Sakura, de cabello rubio y flequillo estaba en la caja registradora cobrando algún pedido, y el señor Hizashi, el padre de Sakura, de cabello de estrella atendía una mesa donde dos señoras mayores charlaban animadas. Shikamaru caminó a una mesa apta para dos personas, que estaba vacía, en el fondo, al lado de una ventana. Ahí le daba el aire y estaba en un lugar perfecto para tener la clase de conversación que quería. Ino lo acompañó hasta el fondo pero no se sentó, posó las palmas de las manos sobre la mesa y lo miró con el ceño fruncido.

—¡Haz lo correcto!

Shikamaru bufó y miró por la ventana evitando la mirada de Ino.

La rubia se fue dejando a su amigo solo, pero mientras subía por la escalera caracol para reunirse con Sakura, volteó y a todo pulmón le dijo «Y no se permite fumar aquí adentro, así que desahoga tus nervios con alguna otra cosa, Nara» Eso hizo que la mirada de los señores Haruno con quienes él no tenía ningún tipo de relación no se le saliera de encima por varios minutos.

Ino tocó la puerta, oía música adentro, la radio encendida de Konoha's Rock. No sabía qué música estaban pasando, la canción era en inglés y no entendía ni una palabra. Siempre había sido mala para los idiomas, por eso admiraba profundamente la perfección al hablar de Tenten.

Sakura abrió la puerta con cara de estupefacción. Ino no le había avisado que iba. La dejó entrar y la rubia la miró de arriba abajo. No estaba vestida para ir a ninguna parte, tenía una calza gris y una sudadera fucsia. Su cabello estaba atado hacia arriba y parecía haber salido de una maratón.

—¿Qué estabas haciendo? —Le preguntó la rubia a su amiga. Sakura le sonrió como queriendo evadir la respuesta. Ino lo notó de inmediato, la conocía lo suficientemente bien como para saber lo que pensaba su amiga.

—¿Por qué estás aquí?

—No quería seguir soportando a Deidara en casa, y mamá está alterada porque papá va a salir esta noche con sus amigos. Ya sabes cómo se pone —Sakura frunció los labios y los dejó en una línea recta casi perfecta. Ino sabía que Sakura estaba acostumbrada a la relación perfecta de sus padres y que no aprobaba del todo la forma en la que se comportaban los suyos. O más bien su padre, que salía de vez en cuando con amigos dejando a su esposa preocupada, en vela toda la noche. Pero Sakura era lo suficientemente educada para no decirlo en voz alta. Sakura deseaba un romance de película e Ino sabía a la perfección que las relaciones eran imperfectas.

—Bueno… ¿Quieres algo para tomar? —Sakura bajó el volumen de la música y se dirigió a la nevera.

—No, no es problema. Pero parece que tú sí necesitas varios litros de agua ¿Estabas haciendo ejercicio? —Sakura metió la cabeza dentro del refrigerador, cosa que hizo que la rubia no pudiera verle la cara. De nuevo parecía que iba a evadir la pregunta, pero escuchó suspirar a su amiga, cerrar la puerta del refrigerador y dirigirse al sofá, donde estaba Ino, con una botella de agua mineral en las manos.

—Estaba bailando.

—¿Bailando? —Ino amplió su sonrisa— ¿No querrás salir conmigo? Estoy ansiosa por algo de baile, mover el esqueleto, estar con chicos… La fiesta de Konoha fue buena mientras duró pero me fui muy temprano. Valió la pena, pero no pude disfrutarla.

—No, no esa clase de baile —Ino la miró prestando más atención— ¿Suena muy descabellado decir que quiero aprender a bailar?... Quiero decir, de forma profesional, hacer coreografías… ¿Con la edad que tengo? —Ino se rio tapando la boca con una mano.

—Sakura no tienes sesenta años, tienes veinte.

—Sí, pero sólo niñas pequeñas aprenden en academias… Ya sabes, las chicas de mi edad que están en las academias están en niveles profesionales y no como principiantes.

—A mí me parece bien. ¿Por qué se te dio por esto? —Sakura bebió algo de agua directo desde la botella.

—No es que se me dio ahora por ensayar. Siempre quise hacerlo…

—¿Y por qué no?

—Es que… en la secundaria me daba vergüenza admitirlo y… ahora, entre el trabajo y el estudio ¿En qué momento podría? Ya no tiene caso…

Tenten había puesto la mesa, se veía preciosa con su cabello castaño suelto sobre sus hombros y ese vestido que su madre le había comprado hacía tanto tiempo y que nunca había tenido oportunidad de usar. Su padre estaba hablando con su jefe, era un tipo alto y delgado de corte pelele y pestañas largas, sus cejas eran enormes, pero enormes de verdad y gruesas; el hombre se reía a menudo y no parecía del tipo que es serio e importante, sino más bien un simple sujeto al que podías cruzar en una verdulería haciendo las compras.

Su madre era una mujer preciosa de ojos cafés y mirada dulce. Solía vestir siempre muy elegante pero esta vez resplandecía. Había hecho la comida como toda una ama de casa, había limpiado y había llevado a cabo todo con referencia a la reunión, y ahora, estaba sentada a un lado de Tenten aguardando por su esposo y el jefe de éste, que continuaban con la plática algo más alejados. El hijo del jefe del señor Ama, era igual de extraño que el jefe en cuestión, tenía el mismo corte de taza y las mismas cejas pobladas, pero sus ojos eran aún más circulares, más grandes y con más pestañas; el chico iba vestido con un traje caro, verde por completo, la camisa bajo el saco era negra y la corbata tan verde como el resto de la vestimenta. Sus ojos oscuros parecían los de una bestia, y sin embargo daba la impresión de ser el chico más bueno del planeta.

A pesar de que el jefe se apellidaba Guy, el hijo se llamaba Rock Lee, el hombre decía que lo habían apellidado como su madre ya que no creían en el matrimonio, y por tal, no estaban casados y los niños llevaban el apellido materno. El otro hijo que tenía la pareja se había quedado en China con su madre, y sólo había viajado el hijo mayor que pretendía aprender el negocio familiar. Pero el joven, de veintitantos estaba muy serio y rígido sentado en la silla del otro lado de Tenten, con sus ojos enormes abiertos como platos mirando todo a su alrededor.

Tenten se aclaró la garganta y lo miró, pensó que no podía ser bueno estar callado durante tantas horas así que se dignó a empezar una conversación.

—Así que… ¿Trabajarás en la empresa? —Le habló en chino, temiendo que no entendiera japonés, pero él en seguida respondió en el idioma del lugar, con un acento un tanto imperfecto pero con oraciones bien compuestas.

—Sé hablar japonés. Sí, mi padre pretende que el tuyo me asista hasta estar listo, y entonces… Bueno, le daría el ascenso a tu padre y yo quedaría como empleado de él.

—Ah, ya veo…

—Él no quiere que empiece en un puesto muy alto, dice que así no valoraré el trabajo. Y lo respeto mucho, desde abajo se construyen las cosas, no me gustaría empezar desde la cima —Era curioso su forma de ver las cosas, Tenten mataría por recibirse y comenzar trabajando en un prestigioso grupo de abogados, o en poder abrir su propio estudio y progresar rápidamente, saltearse la etapa que muchos conocían como «ganarse derecho de piso»— ¿Y tú trabajas? Ama…

—Tenten. Mi nombre es Tenten y estoy trabajando en una cafetería muy concurrida, sé que no es la gran cosa pero es placentero, y estoy estudiando leyes.

—Muy interesante —El chico le sonrió, sin apartar del todo esa pose rígida y meticulosa que tenía, como si estuviera incómodo por estar entre ajenos.

—¿Y tú, Lee? ¿Ya has terminado tu carrera de administración de empresas o sólo entras para…ver? —El chico rio un poco sin apartar la vista de la castaña.

—Sí, acabé la carrera el año anterior. Te pediría que me llames por mi nombre, pero la verdad es que nadie lo hace. Suelen llamarme Lee… Nunca Rock —Explicó él siendo simpático. Tenten asintió sonriendo con respeto.

Una mujer de cabello albino y ojos azules abrió la puerta de una casa preciosa, Karin la miró con mirada enojada. Detestaba tener que estar allí, en terreno enemigo. Forzó una sonrisa a la mujer, la progenitora de su peor vecino. Era una mujer linda aunque había quedado algo deteriorada después de su tercer embarazo, que había culminado con la señora Hozuki con el cuerpo destrozado y un idiota en brazos. El idiota en cuestión era Suigetsu, quedó claro ¿no?

—Karin ¿Qué se te ofrece? —La señora Hozuki, Meiko Hozuki, tenía la extraña manía de ponerse feliz cada vez que veía a la pelirroja, sonreía con amplitud y solía acariciarle el cabello como si Karin se tratara de una hija suya perdida. La pelirroja no entendía del todo esta actitud, más que nada porque se la pasaba discutiendo con su hijo menor, eso cuando no se estaban agarrando de los pelos; asique con el tiempo empezó a pensar que era simple hipocresía, aunque no le parecía del todo.

—Necesito ver a Suigetsu —La mujer le sonrió con cariño.

—No vas a golpearlo ¿verdad? Sé que es un chico revoltoso pero es bueno en el fondo —Karin estaba acostumbrada a esa clase de tratos de parte de esa mujer. Trataba a sus hijos como niños y a ella también.

—No.

—Muy bien, ya lo llamo, entra si quieres… —Karin se negó sin pensarlo dos veces.

—Mejor lo espero aquí —Llevaba el abrigo colgando de un brazo.

Vio cómo la señora cerraba la puerta y la oyó caminar por la casa durante un momento. Después de un rato de silencio los pasos de alguien más (Y sí, se notaba que eran caminares diferentes) resonaron y la puerta de calle volvió a abrirse.

Suigetsu la miró desde arriba, era una cabeza más alto que ella, su cabello blanco estaba desordenado y llevaba un pantalón de deporte gris y una camiseta sin mangas blanca. Se cruzó de brazos haciendo notar unos músculos que Karin hasta el momento nunca había percibido.

—¿Qué pasa?

—Vine a devolverte esto —Le tiró el abrigo a la cara, tal como había hecho él la noche que se lo prestó. Él no rezongó, lo tomó con una mano y aspiró el perfume que Karin le había echado.

—¿Lo lavaste?

—Sí.

—¡Guau, Karin! No pensé que fueras capaz… De hecho no pensaba en volver a recuperarlo —Karin refunfuñó.

—Ya cállate estúpido —Lo dijo en voz baja pero la sonrisa de Suigetsu se ensanchó en su cara tras el comentario de su vecina.

—¿Cómo dices? ¿Te presto mi prenda de ropa para que cubras tus inmundicias y me tratas así? —Su voz tenía un tono burlón y la miraba con ojos contentos, sonreía. Karin lo asesinó con la mirada durante un tiempo, pero acabó por rendirse. Algunas peleas era mejor no lucharlas, se lo había dicho su hermano de pequeños, cuando Suigetsu la empujó de aquel juego y quebró su piernecita de infante. Después de eso lo había odiado y Nagato la había consolado.

—Vine a agradecerte por eso —Las palabras le sonaron distantes, como si las hubiera pronunciado alguien más. Esa no parecía su voz, era extraña y queda.

—¿Qué? —Él rio fuerte pero la miraba asombrado.

— —Separó en sílabas entre dientes. Él la seguía mirando pero no volvió a burlarse.

—No hay por qué —Lo dijo en un tono serio, con una sonrisa en la cara pero esta vez sincera. A Uzumaki le inquietó esa forma de hablar, hacía tiempo que no hablaban bien.

—Y gracias por no dejarme sola… anoche. Me hubiera muerto de miedo. —Él se rio despacio, pero no de forma agresiva, sino una risa incómoda, como si no supiera qué responder a eso.

—No hay de qué… Fuimos amigos alguna vez, fue por los viejos tiempos.

Se quedaron mirando unos segundos, en completo silencio, hasta que él desvió sus violetas ojos de los de ella, incómodo.

—No le diré a nadie lo de tu percance, si temes eso… —Aclaró el chico viendo el suelo.

—Está bien… —Dijo ella agradecida de todo corazón.

—¡Karin! —Ambos voltearon a ver quién hablaba. Era un chico alto y de pelo color arena, le sonreía a la pelirroja con energías y la saludaba con una mano. Suigetsu refunfuñó.

—¿Quién es ese? —Preguntó en voz baja.

—Un amigo, lo conocí en la Universidad —Dijo ella sin mirar a su vecino y devolviéndole el saludo al muchacho.

—¿Vives por aquí? —Habló el otro desde la vereda, algo alejado de la puerta de entrada, sin prestar ninguna atención a Suigetsu que lo miraba fulminantemente.

—Sí… ¿Y tú?

—No, vine de visi… —La conversación se vio interrumpida al oír un fuerte ruido proveniente de las espaldas de Karin. Ella volteó con el corazón latiéndole fuerte. Suigetsu había cerrado la puerta de manera brusca detrás de ella quedando fuera de la vista de los dos jóvenes.

Neji entró a la habitación de Hinata después de que su tío paterno le informara que se encontraba allí. Para su sorpresa Hanabi también estaba metida en la habitación de su hermana mayor. Cuando tocó la puerta y la menor de las hermanas fue quien respondió al llamado, no pudo evitar intrigarse. Hanabi no solía pasar mucho tiempo con Hinata.

El muchacho se adentró en la habitación y se sentó sin decir palabra frente al tocador de Hinata donde su rostro en el espejo le devolvía una mirada demacrada y perdida.

Se había pasado la noche en vela, después de recoger a Hinata en el hotel, haciendo mucho papeleo y resolviendo problemas de la radio. Sin embargo su tío estaba mucho peor, lo había comprobado al entrar a la hermosa residencia Hyuga.

—Neji, te ves mal… —Comentó Hanabi mientras se cortaba las uñas de los pies con un alicate grande. Neji la miró sonriendo, sabía que tenía mala cara.

—¿Qué hacen ambas aquí? —La voz del joven sonó dispersa y ronca por la falta de descanso.

—Hablando, papá va a volverse loco —Contestó Hanabi nuevamente—. No quiere que estemos abajo, se cree que somos dos crías que no vamos a entender lo que le preocupa.

—Sólo no nos quiere preocupar a nosotras, Hana —Hinata estaba como siempre muy educada y dulce, aunque también se notaba que la preocupación la invadía. Hanabi gruñó ante el comentario de la mayor.

—Está muy ocupado, tienes que entenderlo Hanabi, además de que lo que dice Hinata es cierto no es apropiado que lo molesten en momentos así.

—¡No lo molestamos! Se supone que es nuestro padre pero no nos deja acompañarlo cuando nos necesita ¡Mamá no era así! —Hubo silencio. Hanabi casi no había conocido a su madre, no tenía forma de saber cómo era ésta.

—¿Cómo lo sabes? —Preguntó sin rodeos Neji, mirando a la jovencita. La chica notó lo que había dicho y dejó de cortarse las uñas para mirar primero a su primo quien había hecho la pregunta y luego a su hermana que la miraba esperando una respuesta, ansiosa.

—Bueno… en realidad… Simplemente no creo que haya sido de esa forma —La chica se miró los pies para evitar la mirada de los demás—. A veces me la imagino por las noches, me pasaba mucho más cuando era pequeña… Supongo que fue una mujer hermosa.

—Sí, y muy tierna —Añadió Neji sentándose a un lado de su primita menor y pasándole un brazo por el hombro, la niña se acurrucó en su pecho y Hinata le sonrió a su primo con una mezcla de agradecimiento y tristeza.

—Siempre quise conocerla ¿saben? Me hubiera gustado. Y también a los tíos —Susurró Hanabi— y a Hiki… Papá siempre dice que tenía una edad similar a la mía, me hubiera gustado crecer con alguien cercano… Así como Hinata y tú lo son —Neji la oyó aspirar hacia arriba todo el aire que pudo y soltarlo de manera melancólica. El corazón de Neji dio un gran sacudón. Hiki había sido su hermana pequeña, y había muerto con sus padres y tía a los siete años de edad. Hanabi tenía cuatro años, se ponía muy molesta cuando hacían viajes largos así que se había quedado en su casa jugando, y Hinata, que tenía diez recién cumplidos se había quedado para distraerla y que su madre pudiera salir tranquila; el padre de éstas trabajaba y Neji, ése día se encontraba en la secundaria, tenía materias extras, era un día que salía más tarde de lo habitual y eso le salvó la vida…

Su madre Mika Hyuga estaba embarazada y su padre Hizashi Hyuga la llevaba a hacerse una ecografía que definiría el sexo del bebé. Hiki había insistido en acompañarlos y su tía, Nana Hyuga iba a ser la madrina del pequeño por lo que acompañaba a su madre a todo sitio que se le ocurriera. Neji nunca se había podido perdonar no haber estado en aquel auto, aquel día.

Hinata y Hanabi habían perdido a su madre, pero él había perdido a toda su familia.

El padre de Tenten cerró la puerta por fin, detrás de las espaldas de su jefe y de su futuro aprendiz. Tenten y su madre, Meiling, estaban detrás del hombre de la casa esperando para poder retirarse de una vez por todas.

—Ha sido estupendo— Susurró el hombre volteando para ver a su hija y a su esposa— Se ha contentado mucho, ¡Y su hijo se ha llevado de maravillas con Tenten! Eso es genial, genial— El hombre estaba eufórico. Tenten no había dejado de hablar con el muchacho chino, le había preguntado de todo: cómo estaba el clima en China, y qué pasaba políticamente, le había preguntado por los ídolos pop chinos más conocidos, qué habían hecho últimamente, si iban a tocar algún concierto, y Lee se había mostrado muy amable al contestar todas sus preguntas, además se había mostrado interesado en toda la cultura japonesa, se había mostrado impresionado por el acento perfecto de Tenten y por los lugares que había visitado en su corta estadía en Tokio.

Así que no había sido una velada del todo mala pero a Tenten le daba mala espina la sonrisa psicópata que tenía su padre en el rostro.

—Guy y yo, hemos pensado que sería bueno que le muestres la ciudad a Lee —Aclaró el hombre directamente a su hija. Meiling, su mujer lo miró con el ceño fruncido, pero a Tenten no le pareció algo malo.

—Claro, no hay ningún inconveniente.

—¡Genial! Se comunicará conmigo para arreglar una cita.

—Bien… —Tenten se encogió de hombros.

—¡Está muy feliz por la compatibilidad que demostraron! Y yo también lo estoy. Si él está feliz yo estoy feliz, esta relación va a ser muy fructuosa para todos —A Tenten eso le dio aún más mala espina.

—¿Qué relación? —Interrogó.

—La que tú y Lee tendrán muy pronto, claro —El hombre, Tian Ama, acarició la mejilla de su hija que se había quedado en estado de shock, ensanchó su sonrisa y empezó a caminar hacia su habitación, seguido de su mujer que estaba igual de impactada que la castaña.