Canción: Darte un beso/ Prince Royce
-*Una visión romántica de la vida*-
Gaara, Kankuro y Sai caminaban directo al Refugio, a los hermanos les había gustado ese lugar, aunque Sai no tenía ninguna intención de entrar y ver a esa chica rubia tan indescifrable. Habían salido de tomar unas cervezas en casa de los Sabaku No; después de haber dormido algo, Sai se dirigió a su casa para hablar con sus padres e informarles que todo estaba en orden, pero casi inmediatamente después había vuelto a casa de sus amigos, donde había pasado un día agradable, ellos no tenían idea de lo que le había sucedido con Ino y no tenía intención de decírselos, ni a ellos ni a nadie.
Llegaron a la cafetería y él paró en la puerta, sin atreverse a mirar hacia adentro.
—Bueno, creo que yo me voy… No tengo ganas de venir aquí en esta ocasión —Ambos hermanos lo miraron extrañados.
—¿Por qué no? Creí que te gustaba este lugar. No salíamos a ningún lado antes de descubrir esta cafetería —Dijo Kankuro mirando al de cabello oscuro expectante, pero el chico simplemente se encogió de hombros sin ganas de contestar nada coherente.
Gaara miró hacia dentro del local.
—Vaya, no están las muchachas de siempre… Supongo que estarán durmiendo después de la fiesta de anoche —El hombre que estaba atendiendo el lugar cerca de la entrada asomó la cabeza al oír lo que el chico había dicho.
—Ellas no trabajan los fines de semana, sólo de lunes a viernes ¿Buscaban a alguien en particular? —Gaara negó.
—Sólo era un comentario —El pelirrojo entró seguido de su hermano, Sai se quedó unos segundos en la puerta pero acabó por entrar. Después de todo Ino no estaba. Los tres se sentaron en la mesa más cercana a la puerta, la que el hombre de bigote rosado había estado limpiando hasta hacía pocos segundos. Era una mesa apta para cuatro personas, Kankuro y Sai se sentaron de espaldas a toda la gente, sin intención de ver a nadie más, y a Gaara le tocó el asiento frente a ellos; rápidamente pudo divisar a la chica de pelo castaño que lo había chocado aquella vez, reía junto a sus compañeras de escuela, no lo veía pero él a ella sí. Sin embargo desvió la mirada rápidamente y miró a sus acompañantes, que pedían la orden al hombre de antes.
—¿Y tú? —Le preguntó el tipo con una sonrisa agradable.
—Lo mismo que ellos —Le dijo rápidamente, el hombre sonrió y se dirigió detrás de la barra para buscar los pedidos.
Una persona les hizo sombra en la mesa y los tres miraron hacia arriba para ver quién estaba allí parado. Temari los miraba algo impresionada, con su típico cabello rubio atado en cuatro colas de caballo patéticas y su ropa colorida y absurda destacando más de la cuenta. Su sonrisa chueca estaba maquillada de rosa y sus ojos ennegrecidos por el delineador.
—¿Qué hacen aquí? —No parecía tener ningún deseo en encontrarse con ellos.
—Más bien ¿qué haces tú aquí? —Fue Kankuro el que habló.
Temari se cruzó de brazos y miró con atención a todas las mesas del lugar, parecía buscar a alguien.
—Vine a… vine… a… —Divisó algo detrás de Sai y Kankuro y se quedó con la vista perdida hacia allí. Gaara era el más bajo de los tres así que tampoco podía ver qué era lo que su hermana había visto— Vine a reunirme con… Un amigo —Sus mejillas se enrojecieron un poco, y se descruzó los brazos con incomodidad. Unas pulseras que llevaba tintinearon contra sus caderas.
—¿Tienes una cita? —Sai estaba impactado. Temari nunca salía, él no tenía un lazo cercano con ella pero la conocía por intermedio de sus dos mejores amigos. Sabía lo suficiente como para darse cuenta de que siempre había sido solitaria y que por sus gustos diferentes a los de las demás personas mucha gente la había dejado de lado. Los pocos novios que había tenido la habían querido por su dinero y su familia prestigiosa, y ella siempre se había sentido mal con ella misma por eso. No solía salir, de hecho, se había alejado de casi toda la vida social, aunque de vez en cuando le gustaba salir a divertirse, pero ahora tomaba precauciones. Sai sabía que nunca decía su nombre completo y si lo hacía evitaba decir hija de quién era. No hablaba de su vida con nadie y procuraba no relacionarse mucho con nadie.
—Sí, así es… Aunque… —Miró de nuevo sobre la cabeza de los chicos, a aquel punto que ninguno de los tres veía— no es algo serio… aún —Sus mejillas estaban más rojas— ¡Adiós! —La chica se marchó rápidamente y los dos que estaban de espaldas voltearon a verla, Gaara se levantó un poco para poder ver mejor. Temari se había acercado a una mesa, donde había un chico sentado… O acostado en realidad. Era un muchacho joven, de más o menos la edad de Temari, con cabello oscuro atado en una cola de caballo, cabello nada dócil; estaba desparramado sobre la mesa y parecía dormir. Temari, nada femenina, lo despertó a sacudones violentos y el chico la miró con ojos cansados. Tenía ojos pequeños y oscuros que refregó antes de ver con detenimiento a la hermana mayor de la familia Sabaku No. La chica se sentó frente a él, y los tres muchachos que los observaban voltearon a verse entre ellos, acomodándose nuevamente en sus asientos, al momento que el hombre les traía las cosas que habían ordenado.
—Emm… Nara, hay un problema —Dijo la rubia, que acababa de sentarse en su asiento. Hablaba en voz baja, más baja de lo normal. El chico que apenas se había despertado la miró intrigado.
—¿Quieres decir que llegas tarde y encima me traes problemas? ¡Qué problemáticas son las mujeres! —La chica ignoró su comentario.
—Mis hermanos están sentados por allá… No podemos organizar nuestro «plan» —Hizo comillas con los dedos y luego dejó el bolso que llevaba tirado en el suelo a su lado, de forma desprolija— en éste lugar donde pueden oírnos.
—¿Por qué trajiste a tus hermanos?
Temari se levantó un poco para golpear al chico sobre la mesa lo suficientemente fuerte como para despertarlo del todo, pero no para hacerle daño.
—¿Eres idiota, Nara? ¡No los traje yo! —Cuando se volvió a sentar todos los miraban.
—¡Ya deja de hacer ruido, mujer! —Exclamó él. Shikamaru se sobó las sienes cansado— Bueno, yo también pensé que éste no era un buen lugar, pero no sabía dónde más citarte. Aquí conozco a mucha gente —Su voz había vuelto a bajar—. Empezando por los padres de Sakura que son los dueños del lugar —Temari asintió comprendiendo—. Deberíamos beber algo y salir de aquí a un lugar más privado…No me malentiendas —Se apresuró al ver el gesto que la rubia hacía—, a un bar o algo así, más oscuro y sin tantos conocidos cerca, así podríamos hablar con más tranquilidad de nuestros planes futuros.
—Está bien —Dijo ella asintiendo—. De todas formas, este encuentro con mis hermanos me sirvió para decirles que estamos en una cita —Ella le sonrió con una sonrisa deforme y rosada—, aunque aclaré que aún no es nada serio para no levantar sospechas.
—Bien… Será mejor que pensemos un buen plan para que mi madre se lo trague.
—Bueno, será mejor que me largue o mamá va a encolerizar —Dijo Ino con una sonrisa, levantándose del asiento que había ocupado durante todo el tiempo de visita. Sakura se levantó con ella y la acompañó hasta la puerta, aunque sólo quedaban dos pasos para llegar a destino; el lugar allí en el primer piso era muy pequeño con relación al amplio local de la planta baja.
—Está bien, gracias por venir de visita —respondió la joven de cabello rosado a su amiga que estaba a un lado de la puerta con la mano en el picaporte—. Nos vemos mañana, Ino, descansa…
—Igualmente —Ino le sonrió con amabilidad y se marchó, bajando por la escalera caracol. Al estar lo suficientemente abajo como para tener una vista panorámica del lugar, visualizó a Shikamaru que estaba charlando animadamente con Temari en una de las mesas de atrás y bebían algo que tenían sobre la mesa, aunque la rubia no supo qué era. Una sonrisa se escapó entre sus labios, satisfecha por su amigo que estaba llevando a cabo su estrategia como debía, y no estaba jodiendo a nadie con su vagancia ocasional.
Una mirada ajena le hizo desviar la suya propia, se encontró con dos ojos negros, muy oscuros resaltando en la palidez de una piel de porcelana. Sai, el chico que la había besado en la fiesta había posado su vista en ella, pero rápidamente desvió su mirada negra de los ojos azules de la rubia y la posó en un punto de la mesa, entre sus manos.
Ino terminó de bajar con los vellos de los brazos erizados y la piel de gallina. El chico le seguía aterrando aunque esta vez no le había dedicado una mirada psicópata y extraña.
—¿Ya te vas, Ino? —Preguntó la mujer detrás de la barra; casi no tenía trabajo así que no era extraño que le hablara.
—Sí, señora Haruno, gracias por prestarme a Sakura un rato —Ino le sonrió y se despidió con la mano, pero todo casi sin ganas, fingiendo contentura, ya que el chico que tenía a las espaldas seguía incomodándola.
Salió del local y caminó lo más deprisa posible intentando no pensar en Sai pero a mitad de camino un sonido estruendoso la sacó de sus pensamientos y le hizo dar un saltito en su lugar. Miró hacia atrás y vio de dónde provenía: una enorme motocicleta negra estaba parada en un semáforo, y sobre ella, montaba Kiba Inuzuka, el chico castaño que había sido compañero de escuela de ella, Sakura y Naruto.
—¡Ino! ¿Vas muy lejos? —Le estaba gritando Inuzuka cuando ella se dio cuenta que era él— ¿Te llevo a algún lado? —Ino le sonrió; aún se sentía perseguida por el chico pálido así que asintió inmediatamente y aceptó la oferta del castaño que le sonrió abriendo los labios y dejando al descubierto unos colmillos salvajes pero atractivos.
—Mi casa no queda lejos ¿Seguro que no es molestia?
—¡Claro que no! —Tenían que hablar en voz muy alta debido al ruido que hacía el motor y también debido al bullicio de una ciudad normal. Tokio era hermosa pero tenía todos los desperfectos que tiene cualquier lugar muy concurrido: el ruido, la gente amontonada, el peligro, la contaminación.
Ino se subió a espaldas del conductor y se aferró a su cintura forrada en una campera de cuero genial, que le daba un aspecto de chico malo.
—Es derecho un par de cuadras, y luego se dobla a la derecha —Indicó, Kiba asintió y aceleró la moto en cuanto el semáforo indicó el verde.
—Iré despacio, así que no tendrás miedo —Ino se sintió algo ofendida por ese comentario; todo parecía indicar que Kiba creía que por ser mujer era una miedosa, o tal vez Naruto tenía razón y sólo quería alardear. Alardear caballerosidad y valentía. Ino sonrió para sí misma.
—Me gusta la velocidad, Inuzuka. No le temo a esas estupideces —El chico aceleró mucho más, rebasando autos y otros vehículos muy cerca y haciendo que el cabello de Ino volase como una bandera detrás de ella. La chica no llevaba puesto un casco y empezó a asustarse aunque no lo admitiría.
Estacionó en la puerta de la casa de Ino y una mujer castaña salió corriendo con aspecto preocupado, estaba pálida y parecía agitada. Kiba supo que venía una reprimenda para la rubia pero a ella no parecía importarle, vio a su madre, puso los ojos en blanco y volteó para agradecerle a Inuzuka por el paseo.
—Gracias por traerme —Le dijo sonriente—, espero verte pronto, guapo —Esto último lo dijo en voz más alta, Kiba supo que sólo estaba provocando más cólera en su madre adrede, pero el comentario lo animó muchísimo. Su plan podía continuar. Aún podía darle celos a Hinata con esa hermosa chica, Shino estaba equivocado.
—Cuando quieras —Le sonrió.
Ino le devolvió la sonrisa y volteó a ver a su mamá. A medida que Kiba avanzaba por la calle oía los gritos de la mujer diciendo cosas como «En moto ¿Estás loca?» y «Creí que estabas con Sakura, ya no podré confiar en ti. Eres igual a tu padre»
Shikamaru y Temari llegaron a un bar, era oscuro y algo tétrico, estaba lleno de borrachos pero era perfecto para hablar de su estrategia. En la cafetería no habían podido llegar a nada puntual, ya que los hermanos menores de la joven estaban allí y también varios conocidos de Shikamaru entraban y salían del lugar, o los veía pasar por la ventana que daba a la calle. Quienes los veían le sonreían pícaramente, y él sabía que eso sumaría puntos porque tarde o temprano los chismes llegaban a oídos de su madre y era mucho mejor que le llegara un «Vi a tu hijo con una hermosa muchacha ¿Es su novia?» antes que un «Tu hijo de nuevo estaba dormido en un banco de plaza» Por lo que ambos jóvenes sólo habían llegado a la conclusión de que lo mejor era dejarse ver juntos en varios lugares muy concurridos, y que las personas sacaran sus propias conclusiones; una vez esa fase del plan estuviera cumplida harían… Bueno, no sabían aún qué hacer después, pero para eso se habían reunido en aquel lugar. Ya habían bebido suficiente en El Refugio pero aun así pidieron algo para consumir y se sentaron en una mesa pequeña a la que le daba muy bien la sombra.
—Creo que lo mejor, después de la primera fase, es ir diciéndoles de forma casual a nuestros parientes y amigos cosas como «No puedo salir hoy, tengo una cita» o cosas así para que vayan haciéndose la idea —El plan de Temari no era malo y era lo mismo que Shikamaru había pensado.
—Sí, el problema es que nunca soy de salir así que no sé cuándo podré meter esa clase de frases en una conversación casual con alguien.
—Sí —Temari agachó la cabeza y su cabello lanzó algunos destellos dorados cuando una luz lejana se reflejó en él—, a mí me pasa igual, pero confío en que podremos darnos cuenta de cuándo es correcto hablar con alguna de esas frases —Shikamaru asintió después de pensarlo un rato.
—¿Y cuándo sería el momento oportuno para presentarnos, según tú?
—Bueno, después de varias frases de esas nuestros parientes y amigos comenzarán a preguntarnos sobre esa pareja ¿no? Es lo que hacen.
—Sí, mi madre me preguntará cosas mucho antes, créeme —Temari sonrió de forma torcida.
—Bueno, entonces será más sencillo. La haremos desear un tiempo, una semana o dos, tal vez un mes si quieres hacerlo más realista… Es que… ¡Vamos! ¿Quién presenta a su novia de inmediato?
—Sí, tienes razón —Shikamaru suspiró y bebió un sorbo de la cerveza que había pedido—. Esto será más largo de lo que creí —Se sobó las sienes cansado.
—¿Y cuánto creíste que duraría? Si es una tapadera o una pantalla, es obvio que durará el tiempo que nos convenga, y eso puede hasta… ser años —Dijo ella mirándolo con esos ojos intensos entre azules y verdes pero muy oscuros.
—Supongo que de nuevo tienes razón, que problemático.
—¡Deja de quejarte, Nara! ¡Sí que eres molesto a veces!
Se oyó una risa estridente y ambos levantaron la cabeza. Parecía que era el día de encontrarse con parientes cercanos. Shikaku Nara de negros ojos, negro cabello y algunas cicatrices miraba a los dos chicos. Shikamaru pasó saliva esperando que no hubiera oído más de lo que debía.
—No lograrás que este niño deje de quejarse —Avisó el hombre. Shikamaru suspiró, parecía no haber oído nada más, de otra manera ya le estaría pidiendo explicaciones… O peor, obligándolo a que le dijera a su madre toda la verdad. Y su mamá daba miedo.
—Eso ya lo noté —Dijo ella mirando al hombre—, es todo un bebé llorón —El tipo volvió a reír.
—Me agrada —Le dijo a su hijo.
Shikamaru se aclaró la garganta y comenzó con las presentaciones… O eso intentó.
—Temari, él es mi…
—Tu padre —Dijo ella—. Son idénticos, Nara, no me mires así. No soy bruja ni nada pero hasta un idiota se daría cuenta —El hombre volvió a reír y aceptó la mano que Temari le estaba tendiendo en modo de saludo.
—¿Eres la novia de mi hijo? —Preguntó.
—Sólo nos estamos conociendo —Dijo ella con una perfecta actuación de chica educada volviendo a colocar la mano que recién le había soltado el hombre sobre la mesa—, aún es pronto para ese título.
—Ya veo… Bueno, los dejaré en paz. Voy a comprar unas cervezas y después a reunirme con los chicos… Shikamaru ¿Tienes un cigarrillo? —El chico rebuscó en sus bolsillos y le tendió a su padre lo que le había pedido. El hombre le agradeció y se marchó sin más.
—Qué horrible vicio tienes, Nara.
—Ya deja de regañarme, mujer, eres peor que mi madre —El joven se tendió sobre la mesa, apoyando su cabeza sobre sus brazos y cerrando los ojos perezosamente. Para su sorpresa, unas uñas largas y afiladas comenzaron a jugar con su cabello de forma graciosa, dibujando círculos y rulos sobre su pelo y haciéndole cosquillas placenteras. Temari le estaba acariciando la cabeza como hacía su mamá cuando era pequeño y tenía pesadillas. Era extraño pero agradable.
La mañana dejaba un aire fresco y precioso, el día florecía, las nubes eran suaves y el cielo celeste intenso. La luz solar entraba por las ventanas y Sakura atendía a las primeras personas que llegaban en aquel turno, Ino había prendido la radio a todo volumen, ya que estaban pasando una canción romántica y con ritmo que a ella le gustaba mucho, y mientras tanto Tenten y Karin hablaban animadas mientras que limpiaban una mesa redonda del fondo.
Las señoras, de unos cuarenta años, a las que Sakura había atendido se marcharon a sentarse a la mesa que previamente Karin y Tenten acomodaron; éstas, estaban ahora encargándose de otra mesa nueva, mientras Ino se dedicaba a sacar la basura que había quedado del día anterior.
Al Refugio, entró un joven. Todavía no habían dado las diez de la mañana, y era extraño recibir tanta gente en plenas vacaciones y temprano, pero el muchacho se acercó a la barra donde Sakura estaba y ésta levantó la cabeza para verlo mejor. No le fue difícil reconocerlo. Se trataba de Sasori, el joven muchacho que había estado hablando con ella en la fiesta: pelirrojo, amable, de largas pestañas arqueadas, era muy apuesto y bien podría ser modelo. Iba vestido de forma casual pero no por eso desprolijo, de hecho, estaba tan impecable que parecería que estaba por reunirse con alguien importante.
—¡Vaya! ¡Hola! Qué casualidad —Dijo Sakura siendo amable mientras el muchacho ocupaba uno de los taburetes al otro lado de la barra.
—No es casualidad, resulta que estuve preguntando dónde quedaba tu local para venir a visitarte —Sakura no pudo evitar abrir muy grandes sus hermosos ojos verdes y Sasori sonrió evitando esa mirada; es que la chica estaba comenzando a gustarle, y eso que no la conocía realmente—. No te preocupes que no vine a molestar —Agregó el pelirrojo tamborileando los dedos sobre el mostrador—. Me gustaría pedir un licuado de kiwi ¿Tienen?
—Sí, por supuesto. Sólo unos segundos —Sakura, algo nerviosa, se dirigió al refrigerador que allí tenía y buscó la fruta indicada; en menos de dos minutos ya tenía la bebida preparada y servida, y se la había dejado frente al chico junto con unas servilletas.
—Te ves muy bien con el uniforme, Sakura —Comentó el chico con tono natural, antes de beber un sorbo de licuado por la pajilla que la bebida tenía, luego la miró a los ojos cautelosamente. De nuevo se encontró una mirada con la otra, los ojos cenicientos de él con los verde de ella; el joven le sonrió.
—Realmente no creo que el amarillo me favorezca, pero gracias —Ella le devolvió la sonrisa con amabilidad.
El joven continuó tomando su licuado mientras la música que Ino había seleccionado sonaba de fondo con un volumen considerable.
Y ya no sé qué hacer, para que estés bien. Si apagar el sol para encender tu amanecer. Falar en portugués, aprender a hablar francés. O traer la luna hasta tus pies. Sasori se acabó la bebida en un momento y buscó en sus bolsillos la cartera para pagar.
—Lamento decirte que ya tengo que irme… Porque de hecho estoy de camino al trabajo, pero no pude evitar pasarme a ver cómo estás.
Sakura sonrió inquieta, sintiéndose enrojecer. Yo sólo quiero darte un beso.
—¿Cuánto es? —Preguntó el joven y la vendedora se apresuró a decirle el precio. Tomó el dinero que Sasori le ofrecía y le devolvió el cambio—. Volveré a verte en cuanto pueda, no me voy a perder oportunidad de conocerte.
Sakura rio tontamente esquivando su mirada, avergonzada. ¡Vaya, lance! Nunca le habían dicho esa clase de cosas. Y regalarte mis mañanas, cantar para calmar tus miedos. Quiero que no te falte nada.
Sasuke entró al local con aspecto de haberse levantado apenas minutos atrás, miró primero a Karin, Tenten e Ino que se habían puesto a charlar al fondo del lugar ya que no tenían más clientes que atender y luego su mirada se posó en Sakura quien, para su sorpresa, estaba teniendo una conversación con Sasori. Uchiha dio un paso cambiando por completo su gesto. Había llegado con la idea de ver a Sakura desde temprano, para que nadie tuviera tiempo de ganársela, pero aun así se le habían adelantado.
—Oye, hazme el favor de acercarte un poco, me gustaría despedirme de ti —Le pidió a Sakura en voz baja, ajeno a que el hermano menor de su amigo se le acercaba. Sakura tampoco había reparado en el guapo moreno que venía caminando fingiendo estar tranquilo. Miró a Sasori acomodándose el cabello detrás de una oreja, se acercó por sobre la barra para que el pelirrojo pudiera saludarla con un beso en la mejilla, a pesar de la poca confianza que se tenían; pero el chico la tomó por sorpresa cuando, en lugar de posar sus labios sobre el cachete de Haruno, fueron los labios los que encontraron. Sakura abrió grandes sus ojos esmeralda mientras Sasori cerraba los suyos color castaño ceniza y saboreaba la boca de aquella chica hermosa.
Yo sólo quiero darte un beso. Llenarte con mi amor el alma. Sólo quiero darte un beso. Quiero que no te falte nada. Yo sólo quiero darte un beso. Llevarte a conocer el cielo. Sólo quiero darte un beso. Quiero que no te falte nada.
Sasuke crujió los nudillos deteniéndose en seco.
