Canción: Lo más lindo/ Las pastillas del abuelo

-*El video*-

Kiba se sentía un idiota. Vestido con su abrigo de cuero, sus vaqueros negros y rasgados, sus borceguíes y escuchando siempre rock o heavy metal como si fuera un chico duro cuando en el fondo se moría de ganas de recitarle poemas de Neruda a la chica que él amaba; y lo peor de todo era que no era correspondido. Su amor no era correspondido por la chica en cuestión, y eso lo frustraba porque tenía que dejar de lado su orgullo y toda su personalidad de «macho alfa» para ser dulce y tierno con ella y, que por una vez, se fijara en él como en algo más que un simple compañero. Había sido la persona más buena y carismática con ella, quitando de en medio su ego, pero ella lo había seguido rechazando sin siquiera notarlo. Y pese a los comentarios y advertencias de su mejor amigo Shino, Kiba supo de inmediato que uno quiere lo que no puede conseguir. Y si él siempre había estado dispuesto a dejar de lado todo para salir tras Hinata ahora debía hacer lo opuesto.

Por eso, le había pedido a su hermana Hana, que a su vez conocía a un chico que trabajaba en un estadio de fútbol, que le consiguiera dos entradas para un concierto que se llevaría a cabo en ese lugar. Y su adorada hermana le había conseguido dos de los mejores lugares, a un precio bajísimo ¿Que si iba a invitar a Hinata? ¡Claro que no! Las entradas eran para alguien más; para una chica que ayudaría en su plan de conquistar de una vez por todas a la chica de sus sueños.

Dejó los boletos sobre un escritorio y tomó una guitarra criolla que tenía a un lado, la posó sobre sus rodillas y le escribió a Shino un rápido texto de WhatsApp. «Esta vez Hina será mía. Siempre ha estado lejos pero ahora se acercará sola, y terminarás dándome la razón» Su amigo nuevamente había estado en desacuerdo con su plan.

Acomodó la guitarra y se puso a cantar aquella canción que siempre lo atormentaba, porque le recordaba tanto a Hinata y a su situación con ella que le daba ira. Había decidido que ya no le molestaría más oírla. Ya que dentro de poco las cosas cambiarían.

Lo más lindo del mar es cuando por completo lo moja la hermosura de tu pelo. Lo gracioso del sol es cuando no ve nada, le encandila los ojos la luz de tu mirada. Lo lindo de la noche y las estrellas es que tu rostro habita en todas ellas, lo lindo de mi vida es el saber que la gobierna tu ser. Lo lindo de tocarte es que me mata, no me das tiempo ni de entrar en coma, lo más lindo del viento es cuando trata de ir de la mano junto con tu aroma. Pero eres para mí como la luna, que podría contemplarte hasta ser viejo, radiante y más hermosa que ninguna pero siempre tan lejos. Pero siempre tan lejos… Pero siempre tan lejos.

—Así que medicina ¿eh? —Lee estaba hablando con Sakura que no podía creer que se pudiera llevar tan bien con alguien que acababa de conocer. El joven tomaba un café helado y saboreaba una medialuna de manteca mientras conversaba con Sakura y Tenten sentado en el taburete. La cafetería ya se había vaciado bastante para esa parte de la tarde. Ino estaba terminando de limpiar una mesa que se había desocupado recientemente, y Karin atendía nuevamente a su primo que reía como un niño en pleno éxtasis de juegos, con las primas de Neji Hyuga.

—Sí, me apasiona. Mi tía es médica y me encanta desde pequeña, aunque sé que soy algo blanda y me da un poco de miedo eso de… ver cadáveres. Las prácticas de verdad me matan, y eso que todavía no empezamos con nada muy duro.

—Ya veo, a mí no me interesa tanto la administración de empresas pero es lo que mi padre desea. Así que… es lo que voy a hacer.

Tenten frunció el entrecejo.

—Pero ¿No tienes una meta? ¿No deseas ser alguien más? Creí que tus padres eran mucho más abiertos que los míos.

—Mis padres son buenos. Mi padre es muy respetado y tiene mucho dinero por su empresa y quiere que yo también tenga una buena vida en el futuro; así como también quiere introducir a mi hermano pequeño en las empresas cuando tenga edad; pero eso no quiere decir que nos prohíba hacer otras actividades. Yo, por ejemplo, soy profesor de Judo, sólo que no estoy ejerciendo por el momento.

—Vaya, ¿se te dan bien las artes marciales? —Tenten se impresionó. El chico tenía pinta de todo menos de alguien atlético.

—Sí, bastante bien. He ganado algunos torneos en China —Lee se miró el reloj de pulsera que tenía y se apresuró a terminar de beber el café, el cual ya era bastante poco—. Lo siento, Tenten, pero si no puedes salir conmigo hoy será mejor que lo dejemos para otro día. Tengo algunos papeles que firmar para la empresa y no me gustaría dejarlo para mañana… Será mejor que me vaya.

—Claro, no hay problema, y en serio lamento no haberte podido acompañar, pero si puedes el fin de semana estoy libre.

—Será un gusto verte; entonces… Sakura ha sido un placer enorme conocerte —Saludó Lee a la chica que le sonrió con sus ojos verdes muy brillantes.

—Igualmente, Lee. Me agradó charlar contigo.

Lee volvió a sonreírle y dejó el dinero sobre la barra antes de agarrar el pedazo de medialuna que le quedaba y llevárselo, saliendo por la puerta principal.

Cuando Lee salió, Kiba entró pasándole por al lado. Buscó con su mirada y ensanchó la sonrisa sin ningún disimulo al ver a Hinata en una mesa, hablando con su hermanita menor y con Naruto. El estómago se le encogió al verlos juntos: Naruto y Hinata pasaban mucho tiempo juntos últimamente, pero eso no le impediría seguir con el plan.

—¡Ey, Ino! —Habló en voz muy alta, varias miradas cayeron en él; entre ellas la de Naruto, Hinata y Hanabi. La aludida lo miró sobre su hombro mientras acomodaba un servilletero sobre la mesa. En el bolsillo trasero de su pantalón sobresalía el repasador húmedo que había utilizado para limpiar la misma superficie.

—¿Sí? —La chica se acercó a Inuzuka que la miró sonriéndole mientras notaba cómo las miradas de todos los que lo habían visto volvían a sus lugares. Eso no le importó, sabía que Ino haría tal escándalo que toda la atención de la clientela volvería a recaer sobre ellos.

—Tengo algo para ti… —Ino se acercó caminando despacio, con expresión de no comprender del todo— Dos boletos para ir a ver a Coldplay. Dime que quieres ir porque ya las compré —Le mostró los dos tickets e Ino sonrió impresionada. La rubia lanzó un chillido, que como Kiba dedujo, provocó que todos en la tienda volvieran a mirarlos. Ino envolvió el cuello de Kiba entre sus bracitos y levantó los pies haciendo que Kiba tuviera que sostenerla por la cintura para auparla.

—¡Oh, Dios, esto es genial! ¡Gracias, gracias, gracias! —Kiba clavó su mirada castaña en Hinata, que lo estaba viendo a los ojos con una expresión que le pareció curiosa. Casi como si quisiera estar en lugar de Ino, o eso le pareció a él, y lo hizo sentir satisfecho. Cuando sus ojos se encontraron, Hyuga Hinata retiró la mirada de forma rápida y volvió a mirar la mesa en la que estaba con su hermana y Naruto. Kiba sonrió orgulloso y dejó a Ino de nuevo en el suelo.

—¿Te parece si nos vemos el día del concierto un par de horas antes? Para poder llegar a tiempo —Miraba a Ino de a ratos, y de cuando en cuando miraba por encima de su hombro hacia la mesa de Hinata, que observaba a su hermanita que estaba hablando de algo, pero parecía escuchar atenta la conversación que Inuzuka y Yamanaka estaban teniendo.

—Sí, claro ¿Me pasarás a buscar por mi casa o prefieres que nos veamos allí directamente?

—Pasaré por ti. No te dejaré ir sola, es lejos y a una hora algo peligrosa —Ino sonrió ampliamente al oírlo hablar.

—Muchas gracias ¿Qué te hizo pensar en mí?

Kiba se rascó la nuca pensando en qué decirle.

—A decir verdad conseguí las entradas de oferta, y como había estado hablando contigo de esto… Bueno, se me ocurrió invitarte —Los ojos de Hinata volvían a estar posados en él de a ratos.

—De verdad te lo agradezco.

Naruto chasqueó los dedos frente a los ojos de Hinata que estaba mirando a Kiba inquisitivamente. Hanabi, a un lado del rubio y frente a su hermana, estaba dejando de reír por una anécdota que Uzumaki había contado.

—Hinata… ¿Todo bien? —Preguntó el chico algo incómodo con la falta de interés de ella— Pareces distraída.

Miró sobre su hombro y vio a Kiba. Uno de los chicos que más lo habían molestado en la secundaria. Un maldito egocentrista y caprichoso.

—Está todo en orden, lo siento… Es que Kiba es mi compañero de Universidad y, la verdad, no sabía que estaba saliendo con la camarera…

—¿Con Ino? Nah, no creo —Contestó Naruto mirando sobre su hombro a los dos jóvenes que estaban hablando entre sonrisas y mirando las entradas que la rubia tenía ahora en sus manos.

—Sólo me llamó la atención, lamento no haberte escuchado atentamente.

—¿Te gusta ese chico, Hina?— Preguntó Hanabi con una sonrisa pícara en el rostro. Naruto se acomodó nervioso en la silla, intentando no hacer contacto visual con ninguna de las dos.

Hinata había enrojecido rápidamente de pies a cabeza, y se acomodaba el pelo detrás de las orejas sólo para tener algo que hacer con las manos. Inquieta.

—No, claro que no —Su respuesta fue clara. Era notable que decía la verdad, pero así y todo su incomodidad era mucha—. Es sólo que… —Bajó la voz y Naruto volvió a mirarla para prestarle más atención a su contestación casi inaudible— creí que Kiba estaba… estaba enamorado de mí, pero si está con la chica rubia quiere decir que estuve equivocada todo este tiempo… —Naruto volvió a moverse incómodo. Era obvio lo que Kiba intentaba, estaba queriendo que Hinata se sintiera celosa. A Naruto le conmovía la inocencia de la chica pero hasta su hermanita menor era más despierta que ella. Tenía que actuar rápido o Kiba lograría confundir a Hinata; las cosas nunca se le habían dado bien a Uzumaki cuando tenía a Inuzuka en contra. Lo mejor era apresurarse.

—Hinata… ¿Te gustaría que…? —Naruto se quedó sin palabras. Kiba los estaba mirando fijamente y con mucha seriedad desde detrás de Ino que seguía hablando muy parlanchina con la vista clavada en las entradas— ¿Te gustaría salir algún día de estos?

Hinata volvió a enrojecer.

Habían dado las siete de la tarde, Itachi estaba tirado en el sofá mirando una película y comiendo galletitas y chocolates que alguien amablemente había dejado en el buzón junto con una tarjeta cariñosa. Había llegado de trabajar hacía sólo pocos minutos y aún llevaba el uniforme de policía puesto; Sasuke, en la misma sala pero utilizando la computadora de escritorio que tenían revisaba las redes sociales como era costumbre intentando distraer su mente de Sasori. Quería encontrar la manera de conquistar a esa chica de ojos verdes antes de que cualquier desquiciado pervertido le ganara el juego.

Husmeaba el inicio de Facebook: tenía algunas notificaciones que aún no había abierto, generalmente eran estupideces de familiares lejanos que preguntaban por cómo estaban Itachi y él, pero a Sasuke no le interesaba en lo más mínimo. Si cualquiera de esas personas se hubiera interesado por ello cuando sus padres murieron no estarían tan solos los dos. También había muchas solicitudes de amistad que solían ser de chiquillas que conseguían su nombre y apellido por medio de alguna otra puberta, y así se extendían más y más. Cada vez era más grande la suma de chicas que querían tener su número de teléfono, su amistad en Facebook o las que le llevaban chocolatitos y tortas a la puerta de la casa. A Itachi no le molestaba y agregaba a la mayoría a sus redes sociales por «amabilidad» pero a Sasuke no le interesaba ser amable.

Jamás había agregado a Facebook a gente que no fuera cercana. Ni siquiera a esas chicas con las que había estado de vez en cuando, siempre lo había considerado peligroso. Agregaba a una luego a otra y empezaba el caos. Además, con sólo tener su amistad en Facebook, cualquier persona podía ver con quién se relacionaba, qué hacía o hasta qué pensaba (si es que lo plasmaba en su muro) y eso para Sasuke era un riesgo que no quería correr.

Regla número 1: Jamás llevarlas a casa.

Regla número 2: No agregarlas a las redes sociales.

Regla número 3: No presentar a familiares o amigos (Esa regla, por lo general, se rompía con Itachi, pero Itachi tenía casi el mismo comportamiento que él así que no era un riesgo)

Esas eran las bases de su comportamiento con las chicas. Se comunicaba con ellas por medio de WhatsApp y viéndose personalmente. De otra forma no podía ser.

Una publicación de Karin Uzumaki llamó su atención. Estaba bajando el inicio para ver publicaciones más antiguas cuando un video publicado por la pelirroja bonita de la cafetería empezó a reproducirse. Era un video grabado muy caseramente, amateur por completo. Había poca iluminación y se escuchaban risas y sonidos de fondo, pero la base del video era a Ino, la rubia, cantando sobre la barra mostrador de la cafetería y animado a Sakura a subir. Sasuke sonrió y se colocó los auriculares para que su hermano no escuchara, verificando, sobre su hombro, que seguía mirando la película. Sakura subía a la barra con su amiga y le seguía la canción llegando al estribillo. Una sonrisa se dibujó en la cara de Uchiha. Pocas veces antes había visto a una chica a la que no le interesaran las vergüenzas, o que no se llenara de pudor al hacer algo divertido. En ese video claramente se veían emocionadas, riendo, cantando, bailando, siendo ellas mismas… Y era alentador. Era adorable.

Sakura le pareció la mejor chica que había conocido hasta la fecha; no sólo era bonita, reservada y trabajadora, sino que también era inteligente y divertida. Tenía muchas cualidades como para ser desperdiciada con un idiota como Sasori.

Si no se apresuraba…

Pero romper las reglas no era una opción. Sasuke se quitó los auriculares y los dejó a un lado. Miró, de nuevo, sobre su hombro para verificar que Itachi no estaba viéndolo y entró al perfil de Sakura que estaba etiquetada en el video.

En su foto de perfil se veía sonriente abrazando a la mujer rubia con la que había hablado la otra vez: su madre. Ambas se veían felices en la foto. Comenzó a bajar en busca de algo interesante, tenía casi todo bloqueado para quienes no eran sus amigos; de amigos en común tenían sólo a Karin, al menos eso quería decir que Sasori no la había agregado… Tal vez, Sasuke, todavía corría con ventaja…

Pero agregara… ¡No! Eso era pasarse de la raya. Tenía que ser precavido como lo estaba siendo hasta ahora.

Miró algunas fotos: se encontraba en un cumpleaños con sus padres, en una plaza bebiendo una malteada con Ino, abrazada a Tenten que estaba tapada por una pila de apuntes y libros… Todo muy normal y sin embargo, para Sasuke, era impresionante. Seguía viendo animado todo lo que encontraba por allí sin saber bien qué hacer; cuando llegó a la resolución de que no necesariamente tenía que estar agregada de por vida.

Se apresuró a buscar nuevamente el video. Él era muy orgulloso como para enviar una solicitud de amistad sin demostrar antes un motivo que lo excuse. Comentó en el video rápidamente un «¿A esto se dedican cuando la clientela se va?» muy sarcástico, acompañado de un emoji, y acto seguido envió la solicitud a Sakura.

Suspiró nervioso, pensando que tal vez no era lo mejor, pero era lo correcto.

Karin estaba sentada en una silla de la cafetería, esperando a que Sakura terminase de sacar el dinero de la caja registradora para poder terminar de cerrar el lugar e irse. Afuera, todo estaba oscureciendo de forma veloz. Las estrellas habían suplantado con rapidez al sol enorme que había resplandecido todo el día. Ino estaba acomodando las escobas en un armario y Tenten estaba sentada a un lado de Karin con la vista perdida en las persianas que tapaban la vidriera del local.

Una notificación llegó a su Facebook y, al leerla, los ojos le brillaron y una sonrisa dibujó su cara.

—¡Sakura! —La aludida levantó la mirada de los billetes que contaba y miró a Karin seriamente sin saber qué se proponía. La pelirroja dio un salto en su lugar y empezó a caminar a grandes zancadas hasta donde estaba su amiga, quedándose del otro lado de la barra pero lo suficientemente cerca. Ino y Tenten, prendidas por la curiosidad avanzaron hacia ellas— ¡¿A que no sabes quién comentó el video que subí a internet?!

Sakura frunció el ceño sin saber de qué estaba hablando.

—¡Sasukito, tonta! ¡Te dijimos que estaba interesado en ti! Nunca antes había comentado nada mío —Karin le mostró la pantalla de su celular y Sakura se puso de todos los colores. Ino a su lado empezó a carcajear por la cara de su amiga, y Tenten suprimió una risa, pero su sonrisa fue más que evidente.

—¡¿En serio subiste el video, Karin?! ¡No puede ser! Qué vergüenza.

—¿Por qué asumiste que bromeaba? —Karin tenía una sonrisa amplia y miraba con ojos brillantes a Sakura que no sabía dónde esconderse— ¡¿Qué esperas?! Revisa tu teléfono.

Sakura buscó sobre la estantería que tenía detrás el celular y miró, sin relajar sus cejas, las dos notificaciones que tenía. Dos eran de Facebook y la otra era una solicitud de amistad a la misma red. El corazón le dio un brinco y contuvo la respiración. No podía ser él… Seguramente era otra persona. Abrió primero las notificaciones. «Has sido etiquetada en un video de Karin Uzumaki» y la siguiente «Sasuke Uchiha ha comentado un video en el que has sido etiquetada» Entró al video y leyó el comentario que segundos antes Karin le había mostrado; miró a la pelirroja a la expectativa pero ésta no le estaba prestando la menor atención, estaba tecleando rápidamente en su teléfono celular, con la lengua hacia afuera de manera graciosa. Una notificación nueva le llegó, no fue necesario comprobarla: en dónde antes sólo había estado el comentario de Sasuke preguntando si era lo que hacían en sus tiempos libres en la cafetería había, ahora, una respuesta de Karin: «Con algo hay que matar el tiempo, Sasukito, que tú seas un aburrido no quiere decir que todos lo seamos» Sakura se apresuró a teclear una respuesta que dijera claramente cómo se sentía al respecto de ese video circulando por las redes sociales. Lo verían sus amigos y familiares, todos se reirían de ella. Con la cara totalmente roja envió un «¡Qué vergüenza, no sabía que esto terminaría aquí!» Luego, tomando coraje, abrió la solicitud de amistad, y el corazón, latiendo desbocado en su pecho se aceleró aún más.

—Me envió amistad —Dijo casi sin voz. Sintiéndose ronca y con la garganta seca.

Las chicas a su alrededor empezaron a lanzar chillidos y comentarios del tipo romántico. Tenten era la única que no estaba alterada, pero de todas formas se mostraba ansiosa igual que las otras dos.

—Deberías contestarle —Le susurró a Sakura entre los alaridos de Ino y Karin. Sakura asintió y se apresuró a darle en «añadir amigo»

—Estoy un poco nerviosa —Admitió Sakura inflando el pecho con una gran bocanada de aire. Ino y Karin seguían hablando entre ellas muy exaltadas sin hacer ningún caso a cómo se habían desarrollado los hechos.

—No tienes por qué. Es obvio que está interesado en ti.

Sakura asintió sonriente.

—¡Qué esperas! —Volvió a poner atención Ino, Karin hizo lo mismo— ¡Acepta su solicitud!

—Ya lo hice Ino —Sakura la miró con los ojos entrecerrados.

Temari estaba poniendo la mesa: dos platos, dos juegos de cubiertos, dos vasos, bebida, la ensalada que había preparado minutos atrás. Todo estaba bien, normal; hasta que unos alaridos masculinos la hicieron sobresaltarse. Provenían del piso de arriba, del pasillo, parecía que quien estaba gritando caminaba de un lado a otro. Al principio sólo parecían gritos sin sentido, pero de a poco, la rubia empezó a escuchar las palabras:

—¡No puede ser que ni un solo día se pueda comer en familia en esta casa! —Temari puso los ojos en blanco. Era su padre nuevamente quejándose por el comportamiento de sus dos hermanos menores. Usualmente esas cosas no sucedían: su padre Rasa Sabaku No, solía llegar del trabajo ofuscado, cenaba tranquilamente con la compañía silenciosa de Temari y después se retiraba a su habitación; pero muy de vez en cuando, una vez al mes aproximadamente, Rasa llegaba molesto porque sus hijos no compartían tiempo con él. Porque éstos se comportaban extraño e indiferentes en su presencia, y porque eran todo lo que él nunca había querido; así que protestaba, subía las escaleras para obligarlos a cenar en familia, y se salía con la suya pocas veces, pero cuando lo hacía las cosas no iban bien, generalmente Gaara y Kankuro lo trataban con tanta indiferencia que parecía que lo odiaban.

—¡Basta papá, esto es molesto! —Refunfuñaba Kankuro mientras se lo oía pisar fuerte en la escalera. Sus borceguíes grandes y pesados remarcaban cada paso con un ritmo poco singular.

—¡Hoy cenarán conmigo y con tu hermana como corresponde! ¿Qué clase de muchachos son? No se comprometen en nada. Quiero saber cómo les va en la vida, qué hacen, qué no hacen… Hace poco me enteré que fueron a una fiesta que terminó en desastre ¿Cómo no me notificaron de eso?

—¿Hay que escribirte informes, ahora? —Esa pregunta había sido formulada por Gaara que no hacía ruido al caminar por lo que Temari pudo deducir que estaba descalzo.

—No te pases de listo conmigo, aún eres un muchacho y vives bajo mi techo —Rasa abrió la puerta de la cocina y Temari se apresuró a apagar el fuego que calentaba la carne que estaba preparando. Comenzó a cortar en pedazos grandes la comida y a servirla mientras sentía a sus espaldas cómo sus hermanos y su padre se sentaban, muy tensamente, a la mesa.

Gaara y Kankuro se sentían incomprendidos, Rasa no era un mal hombre pero no estaba acostumbrado a determinadas cosas. Él nunca había sido un buen padre… Bueno, no uno cariñoso. A ninguno de los tres les había faltado nada nunca: habían tenido una buena educación, siempre habían estado bien alimentados, habían recibido atención médica, no habían pasado frío ni calor; todo había ido bien por ese lado; pero nunca habían tenido el amor y la contención de un padre. Rasa intentaba forjar una unión con sus hijos pero era muy malo haciéndolo, ya que la mayoría de las veces terminaba reprendiéndolos o juzgándolos. A Rasa le molestaba la forma en la que sus hijos varones se vestían, hablaban y pensaban.

—Cuéntenme algo… ¿Qué hicieron hoy? —Temari puso los platos faltantes y se sentó con la bandeja de carne en las manos, comenzó a servir la comida en silencio. Todo se quedó en un silencio absoluto.

—Bueno… —Comenzó la chica pensando en qué decir para cortar esa tensión. Shikamaru y ella se habían estado enviando mensajes para acordar cómo harían para comunicarles a sus familias que estaban comenzando una relación; habían estado de acuerdo en esperar un poco más, pero por cómo se estaban dando las cosas Temari se apresuró a hablar—, estoy viéndome con un chico. No es nada serio pero creo que con el tiempo podría ser importante.

El silencio se expandió más. La rubia empezó a comer incómoda.

—Espero que sea un buen muchacho y no un idiota de esos que se la pasan de vagos todo el día en la calle —Temari se apresuró a beber algo para no tener que contestar. Shikamaru sí era un vago, aunque su padre no se refería a alguien perezoso y desocupado, sino a alguien irresponsable que delinquía para vivir. Eso era lo que siempre repetía: No sean delincuentes, no se junten con delincuentes, no se metan en cosas ilegales; y Temari sabía que Rasa pensaba que Gaara y Kankuro andaban en esas cosas.

Lo peor de todo era que ella estaba consciente de que si sus hermanos querían confrontar a su padre eran capaces de meterse en ilegalidades. De allí su pensamiento de que podían estar involucrados en las drogas, aunque nunca había tenido pruebas y, por lo tanto, no podía hacerles frente.

—¿Qué hay de ustedes?

—Sabes que yo no salgo con nadie —Se apresuró a decir Kankuro. A Kankuro le gustaban las chicas, le gustaban mucho las chicas, y salía con ellas ocasionalmente pero no se ataba a una relación jamás. Creía que de esa forma su pareja podría influenciar sobre él, cambiarlo o hasta controlarlo. Temari suponía que tal vez estaba en lo cierto, pero seguía pareciéndole extremo— Gaara por otra parte… —Kankuro le echó a su hermano menor una mirada pícara y burlona; Temari y Rasa miraron rápidamente al menor de la familia que estaba fulminando a su hermano mayor, como si con una sola mirada pudiera ejecutarlo.

—¿Yo qué? —La pregunta de Gaara sonó autoritaria, pero al mismo tiempo como si lo estuviera desafiando. Parecía ponerlo a prueba ¿Sería Kankuro lo suficientemente valiente para responder a Gaara sin que éste le clave un tenedor en el ojo? Sí, probablemente. Temari olió el peligro y se puso a comer más rápido de lo usual.

—Le pagaste una bebida a esa chica… Después de que tirara la suya sobre tus pantalones ¡Guau, Gaara, un auténtico caballero! —Kankuro sonreía de lado tomándole el pelo y Gaara parecía colérico, pero tanto Rasa como Temari se quedaron sin palabras. Gaara pagándole algo a alguien ya era raro, pero lo era más si la persona en cuestión había hecho algo que solía ponerlo de malas.

—Tú mismo me dijiste que fuera amable con ella… No te hagas, Kankuro.

—Yo no me hago nada —El joven levantó los brazos como si estuviera en falta—, una cosa es ser amable y otra es actuar como un tonto en su presencia «¡Vaya, Matsuri, comenzaré a creer que es apropósito!» —Kankuro imitó una voz aguda, como si fuera Gaara aunque Gaara no tenía para nada una voz aguda. El menor se levantó de un salto y dejó su comida donde estaba, marchándose enojado por la puerta. Kankuro estalló en risas y su padre los miró a ambos enojado.

—¡Ay! ¡¿Otra vez Inoichi?! —La voz histérica de Kumiko Yamanaka resonaba por toda la casa. Deidara se asomó por las escaleras para ver la planta baja desde allí, y cuando Ino salió de su habitación en esa posición estaba su hermano.

—¿Qué pasa? —Preguntó la chica en voz baja.

—De nuevo papá va a salir con sus amigos… O eso creo —Deidara se encogió de hombros e Ino, molesta, colocó sus manos en las caderas.

—Ya me tienen harta. Mamá es muy controladora y papá es muy descuidado.

—Los dos sabemos que papá nunca engañaría a mamá… —Habló Deidara en el mismo tono de voz que su hermana menor.

—Eso es obvio pero mamá no lo sabe y papá no entiende que ella necesita que de vez en cuando se comporte como un marido ejemplar.

—Además, sólo se junta con el padre de tu ex… No es como que se fuera a un cabaret lleno de nenas… —Ino puso los ojos en blanco y comenzó a bajar las escaleras con fuerza. Iba a ser lo más ruda posible, estaba harta de las peleas sin sentido de sus padres. Su madre era una mujer solitaria, que se desvivía por ser la esposa perfecta y la madre perfecta, y por tomarse tanto tiempo pensando en cómo serlo no lo estaba logrando. Y su padre era un idiota, que dejaba tirada a su esposa para salir con sus amigos todos los días como si tuviera veinte años. Los dos estaban mal; Ino no podía evitar pensar que ella jamás quería llegar a esa instancia. No quería llegar a ser como ellos, no quería tener una pareja con la cual discutir día y noche, quería ser acompañada y acompañar.

Se llenó los pulmones y habló lo más fuerte posible.

—¡Ya basta ¿Pueden dejar de gritar?! —Entre los bramidos de sus progenitores su voz no se escuchó ni un poco.

—¡Ya cállense un poco! ¡Todos los vecinos los están escuchando! —Deidara se había posicionado a un lado de su hermana y había gritado con su vozarrón mucho más potente y masculino. Inoichi y Kumiko los miraron guardando silencio. La mujer agachó la cabeza algo avergonzada pero el hombre aprovechó la distracción de su mujer para abrir la puerta y marcharse de la casa dando un portazo –Mamá, ¿Puede ser que sigan con la misma discusión desde hace años? ¡Solucionen sus putos problemas y déjennos a nosotros en paz! —La mirada recriminatoria de Deidara fue dura y firme. Ya no era el niño que alguna vez había sido. Ino lo miraba algo asombrada desde su lado derecho.

—¡Váyanse a la cama, chicos! No tengo nada que hablar con ustedes… —Deidara puso los ojos en blanco y comenzó a subir la escalera, Ino lo siguió en silencio, pero no llegaron muy lejos porque su madre volvió a hablar— Este fin de semana iremos a casa de la abuela, pasaremos allí todo el fin de semana, así que pueden ir preparándose.

—¡¿Qué?! —Ino volteó para mirar a su madre con ojos entornados— ¿Por qué?

—Porque acabo de llegar a esa resolución y punto. No puedo llevármelos conmigo inmediatamente porque ustedes tienen trabajos y vida, pero el fin de semana ambos quedan desocupados, nos iremos allí el viernes a la noche y regresaremos el domingo por la noche. Su padre puede quedarse aquí y arreglárselas solo en ese tiempo…

—Mamá ¿Cuántos años crees que tenemos? —Deidara era ahora el enfadado. Ino no se quedaba atrás— Soy mayor de edad y no voy a irme hasta otra ciudad para que tú y papá solucionen sus problemas; tengo planes para este fin de semana: quedé en ir con Kurotsuchi a…

—¡No me interesa Deidara, yo soy tu madre y se hace lo que digo!

—No, yo tampoco voy a ir —Dijo Ino con voz queda—. Hay un concierto muy importante aquí en Tokio y me invitaron a ir. Las entradas están agotadas pero yo ya tengo la mía…

—¡Ino, esto no se discute! ¿Acaso piensan dejarme sola? ¿A mí? ¿Su madre? ¿Se van a poner del lado de su padre?

Deidara negó con la cabeza enfurecido e Ino hizo un gesto similar. Ahí venía el berrinche. El monólogo de «hice mucho por ustedes como para que me paguen así». Podían entender que Kumiko fuera sensible, pero a veces era hartante. Ino empezó a subir las escaleras sin prestarle la menor atención.