Canción: Cáctus/Abel Pintos

-*Desempleo*-

El mediodía del miércoles, Naruto caminó bajo el sol fogoso hasta el taller mecánico que el profesor Kakashi tenía, en donde trabajaba habitualmente. Kakashi lo había llamado por teléfono y le había pedido que fuera a verlo lo antes posible. Naruto estaba inquieto por saber qué necesitaba, ya que se suponía que estaba de vacaciones por un tiempo más.

Muerto de calor y refugiándose del sol con una camiseta sin mangas pero con capucha, de color naranja claro, corrió los últimos metros y entró por el garaje del hombre, que estaba abierto. Kakashi Hatake, profesor de secundaria muy juvenil; peinado con su cabello gris hacia arriba con un fleco que le tapaba el ojo izquierdo, y vestido con ropas cómodas y frescas; estaba agachado detrás de una enorme motocicleta aparentemente nueva, colocándole unas calcomanías en la parte baja.

—¡Viejo! Ya llegué…—Naruto tenía las manos en los bolsillos, se acercó al hombre esperando una contestación. El tipo se tomó su tiempo, terminó de pegar la calco y se levantó con cuidado apoyándose en las rodillas y guardando sus manos en los bolsillos de sus jeans tal y como estaba su empleado.

—Hola, Naruto… Tengo algunas cosas que decirte, y no son buenas. La verdad, es bastante lamentable…

—¿Qué pasa? Ve al grano que me estás poniendo nervioso —Naruto inspeccionó la cara de su empleador tratando de adivinar a qué se debía tanta formalidad, pero no consiguió saber nada hasta que el hombre habló de una vez por todas.

—Resulta que no podré pagarte más, mi economía no está funcionando; tuve que volver antes de lo planeado de mis vacaciones porque se me hicieron muy pesadas, me surgieron algunos imprevistos y tendré que cerrar el taller.

A Naruto se le hizo un nudo en la garganta y un peso inusual le cayó al estómago. Se estaba quedando sin trabajo, era lo único con lo que podía ayudar en su casa, y sus ahorros iban destinados a comprarse una casa barata en el futuro. Había conseguido lo suficiente para algo muy pequeño y feo, ahora, estaba ahorrando para algo un poco mejor y cerca de la casa de sus padres. Hacía algunos años que trabajaba con Kakashi Hatake, el hombre le pagaba bastante bien y con eso, Naruto, había decidido que se independizaría, y mientras tanto, ayudaría con los gastos del hogar de sus padres. Pero un desempleo así de inesperado lo dejaba con la guardia baja.

Sakura terminaba de lavar las últimas tazas que habían quedado sobre las mesas durante la jornada de la mañana y se dedicaba a acomodarlas sobre las estanterías detrás de ella. Ino había ido a limpiar un poco el baño y Tenten limpiaba, como siempre, la vereda. Karin estaba acomodando unas cajas recién llegadas de parís con café importado que según Kizashi Haruno serían toda una novedad y ayudaría a atraer aún más clientes, cuando un alarido surgió de sus pulmones, recorriendo su garganta y saliendo con la boca a más no poder. Ino salió del baño para ver a la pelirroja subirse sobre una mesa espantada, acomodándose los lentes sobre el puente de la nariz que se le habían resbalado un poco al pegar tal salto. Sakura también la miraba intrigada y Tenten había entrado con los ojos muy abiertos ya que había escuchado el grito también. Karin intentaba decir algo pero no lograba surgir palabra de entre sus labios, sólo pequeños grititos y señalaba como loca hacia el suelo en donde estaban las cajas con la importación.

—¿Qué ocurrió? –Tenten, con la escoba entre las manos, miraba intrigada de Karin a las cajas sin saber bien qué hacer. Las otras dos empleadas estaban igual.

—U… Una… ¡UNA RATA!

Al oír eso las otras tres también gritaron. Sakura se subió sobre la barra muerta de miedo, Ino asqueada corrió a encerrarse al baño y Tenten secundó a Karin subiéndose sobre una mesa.

—¿Qué hacemos? ¡Qué asco! –Preguntó Sakura mirando hacia los lados. No había visto al roedor pero al parecer había venido en la caja ¿Y si era más de uno? No podía ser posible.

—Hay que llamar a un fumigador, que mate a la rata… ¡Que extermine todo antes de que alguna persona se entere! Pueden llamar a un inspector y clausurar el local –Tenten razonó rápidamente explicándole la situación a Sakura.

—¡No puede ser! No podré dormir esta noche sabiendo que hay un roedor por aquí –La joven buscó en sus bolsillos el teléfono celular y buscó en Internet el número de algún exterminador— ¿Era… Era muy grande?

Karin negó con la cabeza mirando directamente a la caja, sin querer sacarle la vista de encima, para comprobar si la rata salía o no de allí.

Sakura comenzó a hablar velozmente al número que había conseguido y empezó a explicar la situación. Ino, tomando algo de valor, salió de su escondite y se subió junto con su amiga, a la barra para escuchar la conversación. Cuando Sakura colgó el teléfono se apresuró a enviar un mensaje de texto a sus padres para avisarles lo que había sucedido y la resolución a la que había llegado. Rápidamente su madre contestó con otro texto.

—Chicas… Mamá pregunta si puedo ir a dormir a la casa de alguna de ustedes, si el fumigador va a venir hoy, probablemente no pueda entrar a casa por un tiempo… Ellos irán a casa de mi tía Tsunade.

—Claro, ven conmigo –Ino fue la primera en hablar.

Las dos subieron al primer piso teniendo cuidado de no pasar cerca de la caja, donde seguramente el pobre roedor estaría más asustado que ellas. Karin y Tenten se acercaron lo más posible a la puerta a esperar a sus amigas.

Sasuke llegó acompañado de Suigetsu al Refugio, esperando por entablar conversación con Sakura, pero el local estaba cerrado; lo cual era extraño teniendo en cuenta que para las tres de la tarde, comúnmente, se encontraba abierto, y ya eran tres y media. Ambos se miraron sin saber bien qué decir.

—Es extraño… —Susurró Suigetsu más para sí mismo que para Sasuke, pero así y todo el moreno asintió.

—Sí… —Miró su teléfono celular y escribió rápidamente un mensaje a Sakura, sonaría casual así que no correría ningún riesgo: «¿El Refugio cerrado? ¿Qué pasa? Justo que quería tomar algo fresco… "

—Bueno… Supongo que podemos ir a casa –Propuso Suigetsu encogiéndose de hombros— Podemos pasar por el kiosco cercano a casa y comprar algo frío para beber.

Hozuki comenzó a caminar y Sasuke echó una última mirada al local cerrado antes de ponerse a caminar detrás de Suigetsu.

—Sí, no es una mala idea –Comentó Sasuke, respondiendo al diálogo de Suigetsu, distraídamente.

Naruto entró cabizbajo a su casa. Su padre estaba revisando varios ejemplares de diferentes periódicos y encerraba con un círculo los diferentes empleos que le gustaría tomar. No vivían mal con el sueldo único de Kushina, pero a veces se necesitaba más dinero para acomodarse un poco más. Al ver esa escena, Naruto sintió una oleada de culpa en el estómago. Se empezó a preguntar si hubiera sido mejor estudiar algo, tener más posibilidades de tener un título.

Aunque a su padre no le había funcionado, tenía una carrera hecha, un título universitario, experiencia laboral… Y la mala prensa lo había tirado abajo, ahora nadie quería tomarlo en ningún lado.

—Hola, hijo ¿Cómo te fue? –Preguntó el hombre sonriéndole, con ojeras debajo de los ojos y las manos manchadas con birome azul. El muchacho le devolvió la sonrisa más convincente que pudo.

—Está todo en orden –Tras decir eso, pasó lo más rápido que pudo hasta llegar al baño y abrió la ducha sin querer hablar con nadie más por un rato. Ordenar las ideas, eso tenía que hacer. Ordenar las ideas podía llevarle horas o semanas. Esperaba que esta vez le tomara poco tiempo. Se desnudó y se metió debajo de la ducha. Desempleado. Esa palabra le resonaba en la cabeza. Tenía que encontrar un nuevo empleo rápidamente. Kakashi lo había indemnizado… O algo así, le había dado una buena suma de dinero para compensar el despido sin anticipos, pero ese dinero no le alcanzaba para mucho.

La verdad era que no culpaba a su exjefe. Él era un buen hombre, era responsable y era dedicado con lo que hacía; y Naruto sabía que ese trabajo no iba a ser eterno. Sólo era un pasatiempo para el profesor, pero tampoco imaginaba que iba a acabar tan rápido. Aún recordaba cuando había comenzado a trabajar después de acabar la educación secundaria. Para él había sido el paraíso, había conseguido empleo antes que muchos de sus compañeros con un hombre carismático y divertido como jefe; había ganado su propio dinero que, para ese entonces, le parecía bastante y le era suficiente y se había quedado allí por largos años. Largos años que no le habían servido de mucho. Suspiró debajo del agua, dejando que cada gota de frescura recorriera su cuerpo y le pegara los cabellos a la cara. Ya necesitaba un corte, tenía el pelo muy largo.

Recordaba que una vez, su tía Shijo, le había dicho que la mejor forma de relajarse y hacerse tiempo para pensar era teniendo unas buenas vacaciones. Tal vez eso le hacía falta. Naruto pensó en los ahorros que lo esperaban en su habitación… Eran para poder independizarse pero… ¿Valdría la pena gastar algo de ese dinero para poder pensar una solución que, tal vez, a la larga le haría ganar más dinero? Pero si salía mal perdería todo…

Quizás dividir los gastos con otra persona le conviniera más. Llamaría a Bee en cuanto saliera de ducharse, y la mejor parte es que no tendría que gastar dinero en el alquiler de una casa; sus padres tenían una casa pequeña cerca de un bosque, la llamaban «La casa de campo» aunque no había un campo en ningún sitio alrededor, y la utilizaban para ir de vacaciones cuando Naruto, Karin y Nagato eran más pequeños. Después de un tiempo habían dejado de ir y la casa se había quedado casi abandonada. Por suerte, todavía contaba con los servicios básicos: gas, luz, agua… Una limpieza y quedaría habitable.

Naruto se animó un poco más, después de ducharse, decidió que si llamaba a sus amigos podía hacer un viaje de algunos días para despejarse y aclarar ideas. Y, después, empezaría con todas sus energías a buscar un buen empleo.

Salió del baño envuelto en una toalla y descalzo y caminó hasta su habitación que estaba bastante desordenada. Abrió su armario y se vistió con lo primero que vio; se quedó descalzo y se puso en cuclillas para sacar el cajón inferior del placard. Allí, al fondo, detrás de todo, pegada a la pared, había una cajita de madera vieja y llena de polvo; Naruto abrió la tapa con algo de dificultad y echó una mirada adentro. Había varias pilitas de billetes amarradas con banditas elásticas. Debía tener bastante dinero allí. Sonrió, gastar un poco no haría mucha diferencia. Sacó tres piloncitos, y lo demás lo volvió a dejar en donde estaba, antes de volver a colocar el cajón.

La parte difícil sería hablar con sus padres, sin embargo eran dos personas muy comprensivas y llenas de actitud, esperaba que comprendieran rápido la situación. Sacó un enorme bolso de viaje de encima del placard. Hacía mucho tiempo que no hacía un viaje que requiriera la utilización de ese bolso, por lo que estaba aún más lleno de polvo que la cajita que contenía sus ahorros. El muchacho lo limpió un poco con un calcetín sucio que encontró en el suelo y comenzó a meter ropa al azar: algunas prendas de ropa interior, calcetines, algunos pantalones, unas bermudas, camisetas, abrigos finos, un juego de sábanas. Se apresuró a buscar su cepillo de dientes en el baño y volvió a depositarlo dentro del bolso. Metió el dinero allí dentro, tirado sobre la ropa y cerró el bolso apresuradamente.

—Naruto… Tu papá me avisó que llegaste… —Naruto volteó precipitadamente al escuchar la voz de su madre entrar a la habitación. La mujer miraba el bolso con los ojos entornados. Parecía preocupada.

—Mamá… Sí, acabo de venir.

—¿Cómo te fue? –Que Naruto se pusiera delante del bolso no servía de nada. Su madre ya había observado el bolso y miraba a su hijo tratando de descifrar qué pensaba hacer.

—Bueno… Tengo algo que decirte… Y a papá también.

—¿Te vas de casa? –Mierda, ahora parecía que iba a llorar. Naruto sonrió de lado, qué madre más cursi.

—No, mamá ¿Qué piensas? –Se acercó a ella para acortar distancias y no preocuparla de más— Mira… Es algo que yo no me esperaba… Kakashi ha cerrado su taller. Me quedé sin empleo.

Kushina se cruzó de brazos y entrecerró los ojos mirando a su hijo más confundida.

—¿Y qué crees? ¿Que te vamos a echar de casa por no tener empleo, que te tienes que ir? ¿Qué piensas Naruto?

—Mamá, no seas paranoica. Sólo pensé en hacerme un viaje a la casa de campo, para relajarme, quiero acomodar un poco mis ideas… Tengo mucho en qué pensar –Principalmente en su vida laboral y su futuro. Naruto no contaba con un despido de un día al otro, no contaba con quedarse sin ingresos y menos con dejar de tener un trabajo estable repentinamente. No quería estudiar, le era complejo y dificultoso por muchas razones, y encontrar otro trabajo sería difícil. Si lograba aclarar, para sí mismo, esos temas, sería más fácil empezar de cero.

—Esa casa está destruida, Naruto. No vas a pasarla bien… Además sólo el pasaje te costará muy caro.

—Llamaré a Bee y me llevará en su camioneta.

Kushina lo miró unos segundos más, en silencio, sin descruzar sus brazos, y terminó por suspirar.

—No creo que sea lo mejor. Deberías buscar otro empleo, no importa si te tomas unos días pero no creo que estar lejos de casa te ayude a nada…

—Me ayudará a pensar. La ciudad es agobiante, mamá. No puedo estar todo el tiempo pendiente de todo lo que ocurre a mi alrededor, quiero pasar unos días con amigos, lejos de la civilización… Pensar bien en qué quiero y en qué necesito para mi futuro, y volver con una solución.

—¿Y vas a irte así sin más?

—Sí. Arreglaré la casa de campo y, se me ocurre que podemos alquilarla. Estamos de vacaciones, está en un buen lugar: hay un bosque, un lago, es bonita… Sólo necesita algunos retoques…

Kushina se masajeó las sienes al momento que su esposo entraba detrás de ella, prendido por la curiosidad. Queriendo saber qué tanto hablaban su mujer y su hijo.

—Naruto, no creas que no pensamos eso con tu padre –La mujer posicionó una mano en su cintura y dejó caer la otra, mirando a su hijo seriamente. Minato se puso un pie detrás de ella prestando atención a la conversación para enterarse de qué hablaban—, hace tiempo que tenemos esa casa allí pero está descuidada, casi abandonada. Gastaríamos una fortuna en repararla y ni siquiera es seguro que a alguien le interese alquilarla. Vivimos en una época muy diferente a cuando tú eras niño, y mucho más a cuando yo era niña… La gente ya no se interesa tanto por estar en familia, por acompañarse o por contarse cosas… Ya no les importa estar en contacto con la naturaleza, o en nadar o en acampar… Últimamente es preferible una película y una siesta, o una salida al cine, antes que relacionarse con más personas… O con uno mismo.

Naruto negó con la cabeza. Sabía que su madre tenía razón y también estaba consciente de que no tenían el dinero para arreglar por completo la casa, y que, para alquilarla, tendrían que tenerla reparada al máximo; ya que de lo contrario podría ser peligroso; pero más que nada estaba al tanto de que seguían existiendo personas que lo único que necesitaban era un poco de soledad, o de aislamiento con unas pocas personas cercanas. Unas vacaciones verdaderas, como las que había pasado con Nagato y Karin en aquella casa tantos años atrás.

Tomó su celular, de encima de su cama, mientras pensaba qué contestarle a su madre y escribió un rápido mensaje a Bee, preguntándole por la camioneta. Generalmente el hombre estaba libre y dispuesto a vincularse con sus amigos, así que Naruto estaba casi seguro de que le respondería con un «sí " al instante.

—Mamá… No me preguntes por qué, pero creo que sí puede funcionar. Sólo… Iré, haré lo que pueda y, al regresar, buscaré un trabajo con el cual poder arreglarla del todo.

—Si haces eso… —Era Minato quien hablaba ahora— si te comprometes de esa forma y realmente estás interesado en la casa; si logras remodelarla… Te la cederé. Será tuya. Haremos los trámites y te pertenecerá.

—Papá, eso no es necesario… Es sólo una solución a nuestros problemas. Sé que no estamos mal económicamente pero podríamos estar mejor. Si logro arreglarla podrán usar el dinero de los alquileres para hacer algo bonito ¿Hace cuánto que no se van de vacaciones, o tienen una cena en algún lujoso restaurante? Hace poco tiempo fue su aniversario y sólo fueron al cine con rebaja y cenaron en McDonald's, de verdad, eso no es bonito…

—No te preocupes por nosotros, cielo… —Kushina se acercó sonriéndole tiernamente. Colocó su palma contra la mejilla de su hijo y lo acarició suavemente antes de retirarse de nuevo hacia atrás, sin dejar de sonreírle— Nosotros ya vivimos los momentos más importantes de nuestras vidas, ahora es tu turno. Eres tú quien debe experimentar, soltarse al vacío, caer y levantarse. No nosotros. Eres tú quien debe buscar quién eres.

—Mamá, no puedo dejar que sigan cargando conmigo como si tuviera cinco años. Ya soy mayor.

Minato rio.

—Sí, señor mayor ¿Y cuántos chicos de veintiún años tienen una casa propia, un trabajo estable y un buen sueldo? –El hombre le sonrió con cariño de la misma manera que su esposa— Casi ninguno, Naruto: se pueden contar con una mano… No hables de ti como si fueras una carga. Eres nuestro hijo y aún eres joven… Tienes mucho que vivir.

—Piensa en ti, no en nosotros –Volvió a añadir Kushina.

Naruto se miró los pies sin saber qué responder. Ojalá las cosas le salieran bien, se sentía en deuda con sus padres. Sentía que tenía que hacer algo por ellos. Irse de la casa y madurar era la solución más fácil que encontraba y, así y todo, era muy compleja.

Kushijo estaba hablando por teléfono desde hacía más de veinte minutos con su hermana Kushina. Karin miraba a su madre con el entrecejo fruncido esperando ansiosamente una llamada, mientras tamborileaba los dedos sobre la mesa de la cocina. Ino y Sakura se habían ido a la casa de la primera y Tenten había vuelto a su casa ya que sus padres le habían pedido que guiara a Lee por la ciudad; así que ella había enviado un mensaje de texto rápido a un buen amigo de la Universidad para preguntarle si estaba libre y, el chico, había quedado en llamarla a su casa; ya que en ese momento no tenía buena señal de internet y la llamaría desde el teléfono de su oficina (que sólo podía llamar a teléfonos de línea)

—Sí, claro… Claro, le preguntaré. Es muy amable… —Kushijo se dio vuelta para ver a su hija que seguía con una mirada fulminante. La mujer puso una mano sobre el micrófono del teléfono y miró a su hija dispuesta a formularle una pregunta:

—Naruto irá a la casa de campo, te invita a ir con él ¿Qué le digo?

La casa de campo era una buena opción ahora que estaba desempleada momentáneamente, tal vez si podía invitar a las chicas sería una buena idea. Tenía maravillosos recuerdos de sus vacaciones allí de niña. Una sonrisa se le dibujó en el rostro.

—Claro, dile que sí; pero que me deje invitar algunos amigos.

Su madre pasó el mensaje de inmediato y volvió a hablarle a Karin con seriedad.

—Dice que cuantos más, mejor —Karin levantó el pulgar a su madre pero ésta volvió a hablarle de inmediato—. Vendrá a buscarte en un rato.

—Ya qué… Le cancelaré la cita a Hiroshi.

El timbre sonó y, ya que no le quedaba otra opción porque su madre seguía al teléfono, Karin se levantó a abrir la puerta. Una sensación desagradable apareció en todo su cuerpo al ver a Suigetsu de mala gana, parado al otro lado de la puerta. Al menos iba acompañado del guapísimo de Sasuke Uchiha, pero ni él lograba contrarrestar el malestar que ver a Suigetsu le provocaba. Era como un hedor espantoso trepando por su cuerpo pero detectado sólo por ella, y todo eso, pese a los litros de perfume que su vecino de pelo níveo se echaba encima.

—¿Qué quieres? –Preguntó de mala gana al verlo allí con una bandeja en las manos y torciendo el gesto con el ceño fruncido y los labios apretados. Como si estar frente a ella fuera lo último que querría cualquiera.

—Mamá me envía a darte esto… En muestra de paz, supongo… Ya sabes, llega el verano y vuelve a intentar que hagamos las pases y todas esas estupideces.

—Bien –Karin le arrebató de las manos la bandeja que traía galletitas caseras y estaba a punto de cerrarle la puerta en la cara cuando su madre se acercó por atrás para saludar a Suigetsu con una sonrisa.

—¡Hola, Suigetsu! ¿Quieren pasar tu amigo y tú?

—No, gracias señora Uzumaki. Sólo vine por petición de mi madre –Suigetsu se mostraba amable ante Kushijo, y ésta le hacía buena cara al muchacho aunque éste no le caía del todo bien.

—Bueno, pero en muestra de paz pueden ir a la casa de campo con Karin y Naruto ¿No? –Karin miró a su madre como si quisiera estrangularla en ese mismísimo instante.

—¡No mamá!

—Lo siento pero no va a poder ser –Dijo, por fortuna, Suigetsu.

—¡Vamos! Será divertido, es una casa en el bosque, hay un bello lago… Irán las amigas de Karin también… Pueden ir tu amigo y tú, Naruto quiere invitar a la mayor cantidad de gente posible. –Kushijo insistía y Karin seguía fulminándola con la mirada.

—No, gracias –Siguió Suigetsu.

—Yo creo que no estaría mal –Susurró Sasuke detrás de su amigo. Suigetsu volteó echándole la misma mirada asesina que Karin le dedicaba a su madre. Kushijo les sonreía a ambos muchachos y miraba, de cuando en cuando, a su hija como si la estuviera reprochando.

— . .ir –Dijo Suigetsu entre dientes, queriendo que todos en el lugar lo entendieran. Sasuke le dedicó una mirada que intentaba decir «Hazlo por mí " pero el albino muchacho no quiso hacer caso. Se estaba despidiendo cuando un joven atractivo de cabello rubio y ojos color miel, con la nariz repleta de pecas y sonrisa de publicidad de dentífrico llegó y se paró entre Sasuke y Suigetsu mirando hacia adentro. Específicamente a la pelirroja de lentes.

—Hola… —Saludó a todos, en general, con la cabeza— Lo siento si llego en mal momento pero no me pude comunicar contigo Karin –El muchacho le sonrió al momento que las mejillas le enrojecían— Llamaba a tu casa pero me daba ocupado, me gustaría salir contigo cuando gustes…

—Lo siento, ahora estamos por irnos a un viaje al lago— Karin miró seriamente a Suigetsu que acababa de soltar esas palabras y miraba a Hiroshi como si su vida dependiera de eso. Parecía pasarle un escáner con su mirada.

Sai miró a su padre que estaba sentado a la mesa; era un hombre de aspecto duro, tenía algunas cicatrices en su rostro bastante maltrecho, provocadas por un accidente horrendo. Su madre, al contrario, sentada justo al lado del hombre, era una mujer de finas facciones hermosas, cabello gris plata y ojos celeste intenso. Hikari y Danzö Shimura eran padres de dos hijos, el mayor y favorito: Shin, gran estudiante, sobresaliente en todo, buen dibujante e irresistible para el sexo opuesto; y Sai el menor e incomprendido.

Shin no se encontraba en ese momento en la casa, había salido con su novia de turno y volvería tarde, seguramente, y Sai no tenía nada mejor que hacer que estar sentado frente a sus padres escuchando cómo hablaban del futuro maravilloso de su hermano mayor, y de la desgracia que a él le tocaría de seguir por el camino que había elegido. Su madre, para intentar alivianar los pesados aires que se respiraban en la casa cada vez que ese tema salía a colación, había puesto Cáctus de Abel Pintos a todo volumen, cosa que sólo dificultaba más la charla.

—Y de todas formas… ¿Por qué no saliste hoy con tus amigos, Sai? Son raros pero al menos son alguien… ¿Piensas quedarte solo de nuevo? –Esa era la pregunta favorita de su padre «¿Piensas estar solo de nuevo? ", «¿Crees que la soledad eterna es divertida? ", «¿No tuviste suficiente de ti mismo en el pasado? " Amaba hacerle estas preguntas.

—Es que empezaron a frecuentar un lugar que no me gusta mucho… —Odiaba tener que mentir, pero no sabía qué otra cosa contarle. Ino, la camarera, lo había cortado en seco después de ese beso en la fiesta. La mirada que le había echado la vez que se habían cruzado en El Refugio después de eso no había sido nada linda; y Sai, por más que no la conocía tanto, se había sentido herido. Tal vez él no comprendiera los sentimientos de la gente, tal vez hubiera pasado demasiado tiempo aislado, tal como le recordaba su padre, pero eso no era excusa para tratarlo de pervertido. Sí, le había dado un beso; pero él no había creído que fuera tan malo, sin embargo cuando la había visto alejarse con ese chico tan galante y caballeroso se había sentido una hormiga diminuta y endeble. Y esa canción de mierda…

El cactus suaviza mis yemas con su piel tiene cien años, sólo florece una vez. En tu nombre, en tu nombre. Tiene un veneno más amargo que la hiel. Con solo invocarte voy a convertirlo en miel. En tu nombre, en tu nombre.

—¿Y sólo por eso prefieres estar solo? Sai, mil veces te he dicho que si sigues así de hosco te quedarás solo para siempre… Y ahora te parece cómodo pero a la larga será tu perdición.

—No es hosquedad…

—¿Y qué demonios es entonces? Mira ese cabello, mira esa ropa, mira esa piel pálida y delicada… No sales al sol, pareces un vampiro.

Cuando te busco no hay sitio en donde no estés. Y los médanos, serán témpanos en el vértigo, de la inmensidad. Y los pájaros, serán árboles en lo idéntico, de la soledad.

Danzö estaba furioso, su mujer, Hikari, al lado miraba a Sai sin decir ni una palabra. Era de hablar poco, especialmente en las discusiones.

—Sólo es mi forma de vestirme. No deberías juzgar a la gente por cómo luce.

—¡Y tú no deberías decirme cómo tengo que comportarme, porque yo soy tu padre y tú eres mi hijo!

—Y eso no te da autoridad sobre mí. Tal vez sí, algo, cuando era pequeño, pero ya no lo soy y puedo tomar mis propias decisiones.

—¡Mientras vivas bajo mi techo seguirás mis reglas! –Danzö escupió esas palabras como si se tratara de algo horrible que tenía que quitar de su ser. Sai le dedicó una mirada amenazante.

—Sabes que puedo irme cuando se me dé la gana, y no lo hago por mamá…

La tensión se hizo más fuerte, lo que provocó que la dulce canción de Abel sonara casi irónica.

Tiene un veneno más amargo que la hiel. Con solo invocarte voy a convertirlo en miel. En tu nombre, en tu nombre. Y los médanos, serán témpanos en el vértigo, de la inmensidad. Y los pájaros, serán árboles en lo idéntico, de la soledad.

—Tu madre podrá superar la partida de un hijo. No es una mujer débil.

Hikari ya había interferido antes en la ida de Sai; cuando éste tenía dieciocho años habían tenido una fuerte discusión y hasta había llegado a hacer las maletas. Había arreglado con un amigo para irse a vivir con él y había dicho en su casa que nunca más volvería a cruzar palabra con ninguno de los miembros de su familia, y su madre lo evitó. Llorando y chillando histéricamente había logrado hacer que su hijo menor se quedara en su casa. Sí, tenía favoritismo por Shin, pero amaba a Sai…

—Además, bien lo dijiste… Ya no eres el niño que eras. Tienes veinte años, Sai –Danzö sonrió con malicia. Lo estaba provocando.

—¡Ya dejen esto! –Hikari habló por vez primera en toda la discusión— Estoy harta de sus riñas –Le echó una mirada de advertencia a Danzö. Éste era un hombre muy chapado a la antigua, Sai lo llamaba «retrógrada " en numerosas ocasiones, muchas veces rayaba lo ridículo. Era machista y anticuado, y si sus hijos no eran el perfecto «macho de pelo en pecho " Danzö los martirizaba. Sai sabía que por eso su padre tenía tantas discusiones con él; porque él jamás sería lo que Danzö deseaba, porque él jamás sería Shin. Él jamás tendría las mejores calificaciones, ni se vestiría con la mejor ropa; él jamás sería estupendo en los deportes, ni era un artista nato, se esforzaba mucho para lograr lo que hacía… Él jamás tendría un trabajo digno, ni le caería bien a la gente «porque sí ". Él jamás saldría de fiesta cada fin de semana, y definitivamente jamás se quedaría con la mejor chica.

Y los médanos, serán témpanos en el vértigo, de la inmensidad. Y los pájaros, serán árboles en lo idéntico, de la soledad.

En tu nombre, en tu nombre.