Canción: Vine hasta aquí/ Los piojos

-*Casa de campo*-

—Invité a un amigo en agradecimiento por las entradas a un concierto que me consiguió –Ino saltaba divertida, vestida con una falda de jean al cuerpo, una camiseta lila sin mangas y unos lentes de sol oscuros; cargada con un bolso de mano y una maleta y hablándole a Sakura que iba con un short y una camiseta de mangas cortas muy vieja y se arrepentía horriblemente de haber vestido así, ahora que veía que Sasuke Uchiha estaba con ellos, y viajaría con ellos.

Naruto había conseguido la camioneta de su amigo Killer Bee (el cual no se llamaba así verdaderamente) pero éste no iba a poder acompañarlos, simplemente les había prestado el vehículo. De todas formas eran muchos para viajar en una sola camioneta vieja y destartalada y que no poseía asientos traseros, así que, la madre de Suigetsu les había proporcionado su minivan gris. Dentro de la camioneta de Bee estaba Omoi calculando si con la gasolina que tenían podrían llegar hasta el destino o si, por el contrario, tendrían que hacer alguna otra parada; a su lado, Karui sólo lo miraba con los pies sobre el tablero del vehículo. Naruto, en la caja, cargaba el equipamiento de todo el mundo, acomodándolo lo mejor posible para que alguien pudiera caber allí arriba también. El joven estaba esperando entusiasmado a Hinata, a quien había llamado para invitarla con la esperanza de que aceptara y, así, compartir algo más de tiempo con ella y conocerla mejor; y la joven había aceptado. Ahora, su padre la traería hasta la dirección que Naruto le había dado: La casa de Karin.

—Es una lástima que Tenten no vaya a venir –Dijo Sakura con las mejillas algo ruborizadas mirando a Sasuke que estaba bastante más lejos que ella, hablando por teléfono con su hermano Itachi para comunicarle que se iría por unos días. Ino miró a Sasuke detrás de su hombro y le dedicó una mirada pícara a su amiga.

—Así que… ¿Todo bien con él?

—Sí, bueno… No es como que haya algo que pudiera salir mal… Ni siquiera lo conozco.

—Pero no dejas de mirarlo desde que llegamos— La interrumpió la rubia— ¿Pasó algo?

Sakura negó.

—Es que cuando llegamos aquí noté que había un correo en mi bandeja de Facebook, y… Era él, preguntando por qué cerramos El Refugio. No le contesté porque no lo había visto hasta recién. Él sigue queriendo comunicarse conmigo, y yo, no sé cómo acercarme.

Ino le colocó una mano en el hombro y le sonrió con ternura.

—Ya tendrás tiempo…

Karin le estaba pasando los bolsos a Naruto y miraba de vez en cuando a Suigetsu con odio. Prácticamente había espantado a Hiroshi diciéndole un montón de cosas casi sin sentido. Y, ahora, decía que quería ir a la casa de campo con ellos. Estaba loco. Todo lo hacía para fastidiarla, sólo quería ponerla de malas: le espantaba a todo chico que se le acercara y la molestaba siempre que podía. Y ahí se veía tan feliz y campante charlando con Sasuke que acababa de colgar el teléfono.

—Si sigues viéndolo así perderás la vista –Le dijo Ino riendo mientras que la ayudaba con un bolso bastante pesado. Ino y Sakura habían ido caminando hasta casa de Karin, que era sólo a unas cuadras de la casa de Ino, cargando los bolsos con ropas que se habían preparado. Ino le había prestado prendas a Sakura, para no tener que volver a casa de ésta que podía estar siendo infestada de ratas. Suigetsu, había hecho lo mismo con Sasuke; tenían casi la misma talla así que le había prestado ropa para que éste no tuviera que regresar a su casa y perder tiempo. Así que, ahora, sólo les restaba esperar a Hinata y al amigo de Ino, que para desgracia de Naruto era Kiba y venía llegando.

—¡Ay, no puede ser! ¿Quién invitó a ese idiota? –Preguntó Naruto entre dientes, dejando sobre el suelo del vehículo el bolso que Karin e Ino le habían pasado y saltando de la camioneta hasta el asfalto de la calle. Ino miró a Naruto y puso sus manos en la cadera con una ceja alzada.

—Deja las pavadas de lado, Naruto, ya son grandes. Los problemas quedaron en el pasado –Acto seguido trotó hasta donde estaba Inuzuka Kiba y lo saludó rodeándole el cuello con los brazos. Kiba la abrazó por la cintura con un solo brazo, ya que el otro lo tenía ocupado cargando un bolso pequeño y viejo; sonrió pero inmediatamente vio a Naruto por sobre la rubia cabellera de Ino y torció el gesto. Al separarse de la rubia caminó hasta donde estaban las amigas de ésta y Naruto, y dejó, sobre la caja de la camioneta, su bolso y la guitarra que llevaba colgada de la espalda.

Inuzuka, seriamente, le tendió una mano al rubio que la estrechó con poca gracia.

—¡Ey, Uzumaki! –Suigetsu se acercaba al grupo con las manos en los bolsillos, detrás de él iba Sasuke— ¿Falta más gente? No sé si vamos a entrar.

—Claro que entraremos, veremos la forma. Mira, Omoi, Karui, Hinata y yo podemos amontonarnos aquí. Y los demás pueden ir en la minivan que va más vacía de equipaje y tiene más espacio que éste cacharro.

Suigetsu miró a todos los presentes contándolos en su mente y pensando en cómo distribuirse y, al final, terminó por aceptar.

—Si quieren pueden ir subiendo entonces –Terminó por decir.

Sakura, Ino y Karin fueron las primeras en marcharse hasta el vehículo. Subieron y se acomodaron las tres en el último asiento.

La minivan era bastante amplia, aunque no lo pareciera. Tenía tres hileras de asientos y un pequeño espacio para depositar alguna carga, en éste caso, sólo estaban los bolsos de Suigetsu y de Sasuke. Karin sabía que la madre de Suigetsu había comprado la minivan para irse de vacaciones; de esa forma entraban sus tres hijos, su marido, ella y algún invitado extra cómodamente. Las chicas se pusieron los cinturones de seguridad y se pusieron a parlotear tranquilamente.

Sólo unos minutos después, aparecieron Karui y Omoi seguidos de Kiba Inuzuka y subieron a sentarse al segundo asiento.

—¿No que ustedes iban a ir con mi primo? –Preguntó extrañada Karin mirando a los dos amigos de Naruto.

—Decidió que es mejor así –El que contestó fue Kiba—, ya que pueden, de otra forma, pararlos en la ruta si llevan gente en la caja de la camioneta. Es peligroso y les pueden hacer una multa.

—Que suerte que pensaron en eso ahora y no cuando fuera demasiado tarde –Suspiró Sakura.

—Sí, fue Uchiha quien lo dijo. Interesante sujeto, muy serio ¿No les parece?

Las chicas no dijeron nada, sólo se miraron entre sí. Claro que les parecía interesante, era guapísimo, pero no se lo dirían a Kiba en voz alta.

Temari estaba siendo seguida por sus dos hermanos menores. Los mocosos habían insistido en acompañarla a su cita con Shikamaru para conocer al susodicho; ella, obviamente, no estaba de acuerdo. Lo único que intentaba hacer con Shikamaru era planear el siguiente paso de su estrategia y, con sus hermanos dando vueltas, no podría hacerlo. Pero ése no era el pensamiento que tenía en aquel momento clavado en el cerebro, sino que lo que estaba pensando era en que sus hermanos querían huir de su casa cuanto antes. Su padre estaba allí, y estaba de malas.

La joven llegó al Refugio pero se lo encontró cerrado, sólo una chica estaba parada en la puerta: una de las jóvenes que atendían el lugar. La chica de cabello castaño, que lo amarraba en dos choronguitos sobre su cabeza.

—Tenten… —Habló Temari al reconocerla. No iba vestida con su uniforme laboral, sino casualmente. Con un short cómodo de jean y una blusa fresca de color morado— ¿No abre hoy?

—Lo siento, Temari –Se disculpó la chica— cerramos por fumigación –Señaló un cartel nuevo que estaba debajo del de «cerrado» éste decía claramente el motivo del cierre—. Es por precaución solamente— Se apresuró a añadir por miedo a perder clientes. Una rata nunca significaba nada bueno en un local de comida.

—Entiendo… Es una lástima, tenía una cita aquí –Sus dos hermanos revolearon los ojos. Temari se había pasado diciendo eso todo el día. Parecía que quería que se les grabara en la cabeza, sin embargo, se sentían muy curiosos por conocer, definitivamente, al valiente.

Tenten la miró inquisitivamente.

—¿Una cita? ¿Con quién?

No había terminado de preguntar aquello que vio a Shikamaru acercarse con las manos en los bolsillos y ojeras bajo los ojos. El joven se quedó mirando el cartel del Refugio mientras acomodaba sus ideas.

—¿Con Shikamaru? –Se extrañó Tenten mirando al joven.

—¿Se conocen? —Preguntó Temari a ambos chicos por igual.

—Claro, por Ino… —Respondió el joven sin hacerse mucho problema.

Temari asintió comprendiendo. Ahí estaba el lazo. Miró a sus hermanos para advertirles que no la siguieran y tomó a Shikamaru por el brazo.

—Shika… Ellos son mis hermanos: Gaara –Señaló al pelirrojo— Y Kankuro –Señaló al castaño— Ellos NO interferirán en nuestra salida ¡Vámonos! Iremos a otro sitio— No esperó respuesta por parte del joven, se marchó de inmediato arrastrándolo con ella.

Gaara y Kankuro se encogieron de hombros antes de empezar a caminar por la vereda hacia otro lugar. Tal vez a una plaza o a visitar a Sai.

—¿Qué piensas del novio de Temari? –Preguntó Gaara a su hermano despreocupadamente, en realidad, sin mucho interés; todo era pura curiosidad.

—Me sorprende que alguien se haya interesado en ella –Dijo entre risas Kankuro siguiéndole el paso a su hermanito menor.

Tenten había terminado de hablar con el fumigador, lo había dejado entrar al Refugio y le había pagado de parte de los señores Haruno, que le habían comunicado en dónde tenían guardado el dinero para emergencias ya que no había nadie más que se pudiera hacer cargo. Le habría gustado ir con Ino, Karin y Sakura a la casa de vacaciones de la familia Uzumaki pero con su padre detrás de ella rezongándole para que saliera con Lee no tenía opción.

Ahora, iba hasta su casa para prepararse para la salida con él. Su padre estaba que saltaba de contento en un solo pie después de que Tenten le avisara que saldría con el hijo de su jefe, sin embargo, su madre estaba más neutral en todo el asunto. No parecía muy interesada en la relación que su esposo parecía apreciar entre los dos jóvenes, aunque tampoco decía nada en contra. Tenten se había arreglado los rodetes y se había puesto un calzado más cómodo cuando escuchó que el timbre resonaba en la casa y su madre abría la puerta. No esperó a que alguno de sus padres fuera a avisarle sobre la visita, simplemente se dirigió al living en donde se encontró con sus dos progenitores teniendo una conversación animada con Lee.

—¡Ah, hola! –Saludó él de forma amigable cuando la vio aparecer por el arco de la puerta. Su padre tenía un brillo poco usual en la mirada. Uno que daba algo de miedo.

—Hola ¿Cómo te encuentras?

—Estoy bien… Qué suerte que te desocupaste –Empezó a decirle Lee—, pensé que iba a tener que pasar el fin de semana contigo, pero es una suerte que se haya modificado para hoy… Ya que el fin de semana quería quedarme estudiando unos documentos que mi padre me dio para su empresa…

—Ah… Ya veo. Bueno, entonces podemos ir a los lugares más concurridos del centro ¿Qué te parece? Te enseñaré la ciudad.

Lee le sonrió asintiendo y su cabello en forma de taza se tambaleó con el movimiento reflejando algunos brillos blancuzcos de la luz del living. Tian Ama sonrió satisfecho.

Hinata había llegado acompañada por su padre, vistiendo una camisa a cuadros con el rosado como color predominante, un short de jean azul y varias pulseras en las manos. Había traído con ella un bolso grande que parecía más pesado que ella misma y que, Naruto, rápidamente había cargado a la camioneta de Killer Bee después de saludar desde lejos y sin ninguna gana al padre de la muchacha.

Ella, se despidió de su papá y saludó a todas las personas que estaban dentro de la minivan con una mano, éstos le devolvieron el saludo desde la ventana. Hinata parecía avergonzada de viajar a solas con Naruto, pero al parecer, no tenían otra opción.

—Naruto ¿Y la casa queda muy lejos? –Por teléfono, Naruto, sólo le había mencionado que irían a una casa en la que su familia vacacionaba de vez en cuando, pero no le había mencionado nada más y eso a Hinata le daba una sensación de incertidumbre un poco incómoda. Le molestaba un poco, en un sentido de preocupación, estar en un lugar lejos de su familia con chicos a los que apenas conocía y sin saber con certeza en dónde se encontraba y cuándo regresaría. Sin embargo había querido ir de todas maneras. Naruto le daba buena espina, la hacía sentir bien y la hacía sonreír. Eso tenía que ser una buena señal.

El chico largó una especie de quejido y subió a la camioneta dando un portazo para que la puerta cerrara bien. Hinata lo siguió y se sentó en el asiento de copiloto cerrando la puerta con mucha más delicadeza que él.

—Más o menos, Hina, pero no te preocupes… No será aburrido.

—Verás… No quiero parecer una niña diciendo esto, pero no suelo salir mucho de casa… Y mi papá se sentiría más cómodo si le paso la dirección por mensaje de texto ¿Me comprendes? –Naruto que había comenzado a calentar el motor del viejo vehículo asintió. Más que sonar como una niña sonaba como la persona más tierna del universo. A Naruto se le erizó un poco la piel cuando rozó su mano con suavidad para quitarle de las manos el teléfono móvil y enviarle al padre de la chica la dirección de la casa de campo. No le había dicho a Hinata con lo que se encontrarían al llegar, y, ni siquiera él estaba seguro de con qué se toparían después de tantos años de desuso. Le pareció buena idea ir advirtiéndole de a poco.

—Mira, Hinata… —El chico le devolvió el celular y comenzó a acelerar con cuidado, a un ritmo lento para que Suigetsu, en la minivan, pudiera seguirlo sin contratiempos—, yo hace varios años que no voy a la casa de vacaciones de mi familia… Y puede que haya que limpiarla bastante ¿Sabes?

—Eso no es un problema, Naruto … No te preocupes, puedo ayudarte.

—Eeeh… Verás –Comenzó a enrojecer un poco cuando se percató de lo más obvio, evitó la mirada de Hinata para no pasar más vergüenza que la que estaba pasando en su mente, así que fijó su mirada en la carretera sin apartarla ni un solo segundo—, resulta que tampoco hay muchas habitaciones, hay una matrimonial y tres individuales… Yo, no esperaba que se sumara tanta gente. La idea era invitarte a ti y a Karin… Y que ella trajera algunos amigos, pero no pensé que serían tantos.

Sin embargo, Hinata, tan comprensiva como se podía, asintió con la cabeza sin inconveniente alguno.

—Nos las arreglaremos, Naruto.

—¿Cómo eres tan genial? –Naruto susurró eso para sí mismo mientras doblaba una esquina y miraba por el retrovisor que Suigetsu lo siguiera. Hinata miró rápidamente hacia otro lado al notar que sus mejillas tomaban color.

—No es que sea genial, Naruto… Es que no espero que todo salga perfecto… —La joven se aclaró la garganta con tal delicadeza que más que un carraspeo sonó como un gatito bebé maullando— a mí nunca me invitaron a muchos lugares, mi padre está feliz de que por fin tenga algunos amigos… Siempre he sido más bien solitaria y eso nunca me había interesado antes, pero supongo que ahora estoy feliz de que me tomen en cuenta.

Naruto la miró de reojo observándola a más no poder. Miró cada detalle de su fina tez, de su cabello de seda y de su vestuario veraniego y se preguntó cómo una persona podía ser tan perfecta. Dándose cuenta de lo que su mente le sugería, volvió la vista a la carretera y siguió adelante.

—A mitad de camino haremos un cambio… Tendrás que ir en la minivan, pero no te preocupes porque allí están las chicas y también Kiba –Decir el nombre de ése último le hizo dar un salto incómodo, sentía un nudo en el estómago de sólo pensarlo pero evitó todo pensamiento posible— y, conmigo, vendrá Omoi, un amigo. Así yo podré descansar de manejar y conducirá él.

Hinata asintió sin quejarse y sin decir nada más.

Kankuro tocó timbre en casa de Sai, éste les había puesto una excusa patética sobre que tenía muchas cosas que hacer en su casa y por eso no se iba a reunir con Gaara y con él, pero ninguno de los hermanos Sabaku No le creía. Era evidente que últimamente quería evitar El Refugio costase lo que costase, y pese a que los hermanos no sabían por qué tampoco querían interrogarlo. Simplemente lo dejaban hacer lo que quisiera sin cuestionarle nada. Después de todo era su vida, pero sí era evidente que, ahora que no iban a ir a la concurrida cafetería, podrían pasear por otro lugar con su mejor amigo sin que éste se les opusiera.

Quien abrió la puerta fue la madre de Sai, una mujer hermosa de pelo plateado y ojos luminosos, sin embargo, en ese momento los tenía enrojecidos y apagados. Kankuro y Gaara supusieron que había estado discutiendo con su marido, cosa que era habitual cada vez que éste discutía con Sai.

—Hola, señora Shimura, ¿Está Sai en casa? –Kankuro intentó parecer educado debido al estado en el que la mujer se encontraba. Generalmente, cuando ésta abría la puerta, ambos entraban en la casa como si se tratara de la suya propia apenas saludando. Eso porque a Danzö, el padre de Sai, le molestaba mucho aquello, y a ellos les encantaba hacerlo enfadar.

—Sí, claro… —La voz de la mujer sonaba reseca y cansina— Iré a buscarlo.

—Aquí lo esperamos –Añadió Gaara sin querer entrar a la casa para no encontrarse con ninguna escena desagradable. Si la familia había estado teniendo problemas era mejor no meterse en medio. Danzö daba algo de miedo.

Mientras los hermanos escuchaban cómo Sai salía de su habitación gritándole a su padre varias verdades a la cara, vieron llegar al primogénito de la familia. Un muchacho buen mozo de cabello grisáceo y ojos tan oscuros como los de su hermano menor. El chico venía con unas pintas que parecía sacado de una revista de moda masculina. Era todo lo opuesto a su hermano menor. Shin lucía marcas caras y poseía los aparatos tecnológicos más caros, parecía decir a gritos «Apoyo el capitalismo» mientras que Sai era todo anarquismo y rebelión. Aunque una muy, muy silenciosa rebelión. Sai no solía hablar mucho, no se relacionaba mucho con nadie y tampoco se metía en vidas ajenas de ninguna forma.

Los hermanos se cruzaron en la puerta de entrada. El de cabello gris entró y el de cabello negro salió, no se dijeron ni «hola» cada quién siguió su camino. La puerta se cerró tras la espalda de Sai, una vez que Shin entró.

—¿Qué pasa? Creí que irían al Refugio.

—Fuimos… —Empezó Kankuro con las manos metidas en sus pantalones negros.

—Está cerrado –Culminó el pelirrojo— Así que es mejor ir a otro sitio porque aquí, bajo el sol, me estoy asando.

Usar ropa negra en pleno verano no era una buena idea en absoluto. Los rayos ultravioletas se veían mucho más atraídos hacia las vestimentas oscuras que hacia las claras, y los jóvenes punks solían ir tan oscuros como el sol brillante.

Sai se encogió de hombros.

—Sí… Mejor irme de casa cuanto antes.

Ninguno preguntó el motivo de la discusión, ni se mostró interesado en el revuelo que había en la residencia Shimura; Sai no quiso sacar a colación el tema en ningún momento y comenzaron la caminata con tranquilidad, buscando siempre la sombra.

Se estaban haciendo las siete de la tarde y el cielo estaba oscureciendo, más no porque cayera la noche, sino porque se estaba llenando de nubes. Hacía poco más de tres horas que estaban conduciendo y Naruto había aparcado en una estación de servicio para cargar combustible a ambos vehículos y hacer el cambio de compañero. No quería molestar a Hinata viajando con él todo el rato, y todavía faltaban unas tres horas más de viaje.

Hinata había sido una compañera espectacular, se reía de sus bromas, comentaba lo que tenía que comentar y hasta le ofrecía una bebida fresca de tanto en tanto para que no resultara agobiante el recorrido. No habían hablado más de la casa, lo que para Naruto había sido un alivio.

Se sentía estúpidamente cómodo con la presencia de esa chica y lamentaba que, ahora, se fuera a la minivan con el tonto de Kiba.

Naruto bajó de la camioneta para cargar el combustible adecuado para el vehículo de Bee y Hinata bajó tras él. Del lado derecho de ellos estacionó Suigetsu la minivan de su madre y todos bajaron. Sakura, Ino y Karin se apresuraron a reunirse con Hinata para preguntarle si quería ir al baño y, de esa forma, ir todas juntas. Hinata asintió y se marchó con las jóvenes a los lavabos. Kiba también hizo una rápida parada en el tocador y Suigetsu fue a comprar al kiosco varias cositas mientras Karui, Omoi y Sasuke quedaban a solas con el rubio en el sitio de las camionetas.

—Omoi, ahora vendrás conmigo… Te toca conducir.

El joven peliblanco asintió. Conduciendo era en el único sitio que parecía sentirse cómodo, ya que mientras que lo hacía no realizaba ninguno de sus usuales comentarios de «Vamos a morir o a tener un destino terrible» Karui parecía feliz de deshacerse de Omoi por un par de horas, aunque Naruto sabía que, en realidad, era pura pantomima.

La pelirroja de piel morena estaba apoyada contra la minivan esperando a los demás para volver a subir. Parecía preocupada por su futuro cercano. Tal vez, no quería subir a una furgoneta llena de desconocidos; pero afortunadamente era una chica muy sociable y acabaría con su pesar, rápidamente, con sólo un par de charlas.

Omoi se había puesto a su lado, miraba la camioneta destartalada de Bee como si prefiriera conducir algo mejor.

—¿Así que eres primo de Karin? –Se acercó Sasuke a Naruto, cruzado de brazos y viéndose genial. Naruto lo miró receloso. Era un chico que bien podía ser modelo, su cabello negro y su tez clara contrastaba a la perfección.

—Sí ¿Eres uno de sus pretendientes? –No era secreto que su prima era una chica muy solicitada. Aunque la gente lo atribuía a su velocidad al desvestirse y no a sus virtudes. Sasuke sonrió de lado pero, a la vez, frunció el ceño, como si no comprendiera el porqué de aquél comentario pero lo encontrara divertido.

—No. Soy el mejor amigo de su vecino. Su madre, tu tía, nos invitó.

Esta vez fue Naruto quien torció el gesto incomprensivo.

—¿Entonces no los invitó ella? Creí que eran sus amigos.

—Eeeh… Creo que Suigetsu y ella no se llevan bien –Sasuke se encogió de hombros—, no sé qué historia se traen pero desde niños que se detestan… Lo que sí es evidente es que las dos madres quieren que sus hijos se lleven mejor, así que la madre de Karin invitó a Suigetsu para que hicieran las paces o algo así.

—Entiendo… Suigetsu es ese chico con el que suele discutir. Si tú eres su amigo te lo dejaré claro –Naruto señaló a Sasuke, seriamente, con el índice—, si durante este viaje yo veo que ese tipo la trata mal lo muelo a palos y tú no vas a interferir.

Sasuke rio y el rubio se lo tomó por sorpresa.

—No creo que Suigetsu tenga interés en maltratarla; creo que es ella quien comienza, él sólo se defiende. Y no lo digo porque sea mi amigo, lo digo porque lo conozco… Karin me cae bien, y me alegro que te preocupes así por ella.

La conversación terminó ahí porque Suigetsu y Kiba llegaron, el último cantando en voz baja Vine hasta aquí, y se metieron entre medio de los dos chicos.

Cuando las chicas volvieron del baño y se pagó el combustible comprado, hicieron el cambio, Omoi empezó a conducir en el vehículo de Bee y Naruto fue de copiloto guiándolo; y en la minivan de Meiko Hozuki fue Sasuke quien empezó a conducir, dejando a Suigetsu a su lado. Hinata se sentó a un lado de Kiba que parecía rebozar de alegría.

Tenten y Lee habían ido a una cafetería de moda en el centro, a Tenten no le había gustado mucho, básicamente era la competencia de El Refugio, aunque se sintió bien al ver que no había tantos clientes como los que usualmente tenían ellos. Después de beberse un café, la chica, había acompañado a su nuevo amigo a las tiendas de ropa masculina más vistosas de la ciudad, también al centro comercial más cercano y a algunos restaurantes, supermercados y kioscos para que conociera los lugares que más necesitaría en su estadía en Japón.

El cielo se había puesto tan negro que daba miedo, no pasaban de las siete y media de la tarde pero las nubes estaban tan espesas y negras que a Tenten le había empezado a entrar el miedo. Desde niña le tenía copioso miedo a las tormentas, a los rayos, los truenos y otras cosas derivadas de éstas; y, cada vez que crecía más y más, le daba más vergüenza admitirlo. Se sentía estúpida teniendo veintiún años y teniendo pavor al sonido de los rayos. Vivía en la ciudad de la tecnología, había pararrayos por doquier pero, así y todo, la piel se le erizaba cada vez que una tormenta se avecinaba.

Lógicamente, abochornada, no quería que Lee se enterara de tan infantil miedo por lo que lo mejor era concluir el paseo allí mismo.

—Bueno… Creo que esos son los lugares más visitados de la ciudad –Dijo como quien no quiere la cosa para que el tema rondara en rumbo de acabar la salida. Tenten miró disimuladamente el cielo sobre su cabeza, y, rápidamente, volvió la vista a Lee que sonreía maravillado, con ganas de ver más lugares.

—Sí, claro… Te lo agradezco mucho ¿No hay un cine o… No sé, algún lugar así?

Tenten asintió con la cabeza sin mucho ánimo de seguir deambulando.

—Sí… Hay ¿Quieres que te acompañe?

Lee pareció notar la incomodidad en la voz de la castaña porque enseguida negó con la cabeza sonriendo.

—No es necesario, ya te molesté mucho por hoy. Mejor te acompaño a tu casa ¿Estás de acuerdo? Y, una vez allí, me explicas cómo llegar al cine.

Tenten le sonrió agradecida y le hizo notar que su respuesta era afirmativa, con un gesto de la cabeza. Ambos empezaron a caminar, largándose del centro peatonal de la ciudad y pasando por una plaza que, con tan poca luz solar, se veía extrañamente abandonada y tenebrosa.

Gruesas gotas de lluvia comenzaron a caer sobre las cabezas de los jóvenes, aún hacía calor pero las gotas humedecían sus ropas y les hacían sentir un frío inusual.

En la plaza había pocas personas, pero una de ellas captó la atención de la chica china en un santiamén. Un muchacho de ojos blancuzcos y cabello largo y castaño, el cual llevaba recogido en un rodete bajo; iba vestido de forma deportiva como era natural en él. Tenten no lo había vuelto a ver entrar en su residencia pero le parecía imposible que se hubiera quedado entrenando durante tantas horas, sin embargo, estaba corriendo por la plaza cuando sus miradas se cruzaron. Las mejillas de Tenten se pusieron rosadas de un segundo al otro. Neji le sonrió divertido y comenzó a trotar hacia ambos chicos.

—Eh, mira… Es ese cliente habitual del Refugio –Le dijo Lee a Tenten dándose cuenta de la presencia de Neji.

—Sí… —Susurró ella encantada.

Neji se paró a pocos centímetros de ambos.

—Hola, ¿Qué tal? ¿No trabajas hoy?

Una vez más, por cuarta o quinta vez en el día, la chica narró rápidamente el tema con el fumigador, sin hacer hincapié alguno en la rata que habían encontrado en las cajas. Neji asintió comprendiendo tras escuchar el relato de la joven.

Un rayo cruzó el cielo y segundos después un estruendoso trueno resonó por la cuadra. Tenten se tapó los oídos como un acto reflejo. Ambos chicos la miraron con preocupación. Rápidamente comprendieron el pavor que Tenten sentía hacia esos temporales, pero ninguno de los dos dijo nada al respecto y Tenten prefirió convencerse a sí misma de que no lo habían notado.

—Será mejor que vuelva a casa –Dijo algo avergonzada a ambos jóvenes.

—Sí… —Empezó Lee pero se vio interrumpido por Neji.

—Si quieres puedes hacer una parada en mi casa hasta que acabe de llover. Está aquí cerca.

La propuesta tomó por sorpresa a la castaña que abrió sus ojos almendrados lo más grande que su cuerpo le permitió. Todo su ser le gritaba que contestara un «Sí» pero tenía a Lee al lado y sería muy grosero dejarlo solo. Además, su padre no se lo perdonaría fácilmente.

—Si quieres puedes hacer eso. Yo conozco el camino de vuelta a casa –Su acento seguía delatando que no era de allí, pero cada vez se le notaba menos, y eso, que estaba en Japón desde poco tiempo.

—No, no puedo dejarte solo –Tenten estaba decidida. Tal vez no se lo perdonara y se arrepintiera mucho de desaprovechar semejante oportunidad con Neji Hyuga, pero iba en contra de sus valores dejar abandonado a su compañero—, será en otra ocasión, Neji. Te lo agradezco.

Neji la miró comprensivo, pero no del todo gustoso y se despidió con la mano para seguir su rutina de ejercicio. Y Lee y Tenten se marcharon en silencio, la última con un nudo en el estómago que le recriminaba no haber aceptado la propuesta del deportista.