Canción: Walking on the Sunshine/ Katrina & The Waves

-*Cumpleaños*-

Para las nueve de la noche el cielo estaba despejado. O al menos, lo estaba en esa zona del país. Una zona poco habitada, que usualmente se utilizaba para vacacionar; Omoi estacionó el viejo cacharro de Bee donde Naruto le indicó. Una cabaña de madera, de dos pisos y un poco más, con tejado que había sido rojo brillante pero que estaba marrón debido al lodo y verde debido al moho, y una escalinata algo rotosa los esperaba. Esa había sido la casa que tan ansiosamente esperaban ver Naruto, Karin y Nagato de niños, pero que, de a poco, se había caído a pedazos.

Naruto no sabía con qué iba a encontrarse al llegar, sin embargo, esperaba que la parte interna se viera mejor. El exterior de la vieja cabaña dejaba mucho que desear. Bajó de la furgoneta con la respiración algo agitada. Se podía imaginar el desastre que habría dentro. Cuando volteó a ver, todos los demás ya estaban debajo de los respectivos vehículos y miraban la cabaña con la misma cara que Naruto.

—Lo siento… —Les dijo, creía que merecían una disculpa. La mano suave de Hinata se posó en su hombro y su voz dulce resonó en sus tímpanos.

—No te preocupes, Naruto… Nos estás ofreciendo unos días de relajación. No vamos a morirnos por limpiar un poco ésta casa.

Para alegría de Naruto, a quien se le había detenido el corazón momentáneamente después de escucharla, Karin estuvo de acuerdo. Secundó a Hinata tan rápido, que segundos después todos habían contagiado su entusiasmo.

—¡Es verdad primo! Siempre la pasamos muy bien aquí; no es ningún problema asearla un poco. Basta con… ¡Bah! Ya nos arreglaremos –Karin agitó las manos como si no fuera un obstáculo que la cabaña se viera tan mal. Suigetsu, a sus espaldas susurró algo como «Qué extraño que la bruja no esté de mal humor» pero Karin no le dio importancia y rápidamente comenzaron todos a bajar los equipajes.

Sakura fue la primera en entrar a la cabaña. No hizo falta usar una llave, la cerradura estaba destruida. La puerta chirrió horriblemente al abrirse, y la joven dio un paso seguro hacia adentro. Encendió la luz. Al menos había electricidad. La estancia se iluminó velozmente, aunque algunas luces titilaron un poco antes de prenderse completamente.

Los muebles estaban bien cuidados a pesar de todo. Había una gran mesa circular en medio del empolvado piso de madera, una biblioteca vacía un poco más lejos, a ésta, la acompañaba un sofá de color bordó al que en una esquina se le estaba saliendo el relleno. Una alfombra reposaba bajo el sillón grande, pero no se podía distinguir el color debido a que estaba repleta de polvo y pelusas. Había dos puertas grandes, una a cada lado de la sala. Y al lado de cada una de estas puertas había un florero blanco con adornos. Probablemente era porcelana fría, uno estaba sano y salvo aunque muy sucio, el otro, se había hecho añicos y sus flores secas estaban desparramadas en el suelo. Sakura se animó a entrar un poco más.

—Con una limpieza esta sería una hermosa casa –Susurró para sí misma.

—Sí, de eso no me cabe duda –La chica dio un respingo al notar que Sasuke Uchiha se le había parado al lado. Estaba inspeccionando la casa con la mirada, sin hacer contacto visual con ella, lo que le permitió unos segundos para admirar su hermosura. Rápidamente, alejó la mirada de él sintiéndose abochornada. Los demás todavía no habían entrado.

Sasuke estaba cargando un equipaje pequeño, en una vieja mochila color azul.

Durante el viaje no habían hablado casi nada. Sasuke se la había pasado conversando con su amigo en el primer asiento, casi ignorando a los demás pasajeros. Sin embargo, Sakura había notado que la había visto de vez en cuando por el espejo retrovisor. Sakura dio dos grandes pasos hacia la puerta de la izquierda, queriendo saber qué había tras ella, y una cucaracha salió corriendo de su escondite. Sakura la vio pasarle entre los pies y escuchó el crujido del insecto siendo aplastado por un zapato a sus espaldas. Sasuke la había pisado, no le hizo falta girarse para verlo. Estaba segura.

Abrió la puerta y encendió otra luz. Ésta habitación era un poco más pequeña. Era una cocina de azulejos mugrientos, aunque se notaba que la última vez que habían usado la cocina la habían dejado reluciente, puesto que sólo había una fina capa de polvo sobre los muebles y el suelo. Donde terminaban las encimeras y los electrodomésticos había una enorme puerta de vidrio que daba a un patio trasero. Los cristales también estaban sucios.

Sakura dio media vuelta para dirigirse a la otra puerta, donde, deducía, debía estar la escalera.

Al salir de la cocina vio que Sasuke estaba acompañado de Suigetsu, Omoi y Karui. Los tres miraban alrededor.

Caminó hasta la otra puerta y la abrió de un tirón, había un oscuro pasillo pequeño frente a sus ojos, de forma perpendicular a la puerta. Dos puertas más la esperaban. Intentó encender la luz pero no funcionó. Después de todo no podía esperar tanta suerte. Años de desuso y la luz de la cocina y living estaban intactas. Caminó en la oscuridad y abrió la primera puerta que vio. El pequeño cuarto estaba tan ennegrecido por la noche que no se podía ver nada. Buscó en la pared la tecla de la luz y la apretó. Se empezó a iluminar de a poco. Era un baño, completamente blanco, también sucio pero casi no importaba. Era precioso, con un amplio espejo, una bañadera grande y un retrete de los caros.

—Me pregunto por qué dejaron de mantener tan hermosa casa –Se preguntó en voz alta, y, de nuevo, alguien le contestó. Sasuke volvía a estar detrás de ella, aunque esta vez más alejado por el pasillo por eso no lo había visto.

—Porque, en algún momento, se les habrá dificultado. No cualquiera puede pagar semejante cabaña veraniega y una casa más –Sakura supo que tenía razón, el padre de Naruto estaba desempleado y vivían con el sueldo de docente de su madre que no era mucho. En algún momento pagar impuestos y servicios de dos casas en lugares vistosos les habría sido muy costoso.

—Supongo que sí… —La otra puerta, que Sasuke había abierto sólo daba a una escalera bastante empinada. No había luz allí tampoco, así que les costó bastante subir al primer piso. Tomada fuertemente de la barandilla, subí hasta toparme en un pasillo más estrecho que el de abajo, adornado con cuadros familiares viejos en las paredes y con una larga alfombra roja oscuro en el suelo, que, como lo demás, estaba sucia. Había cuatro puertas en el pasillo, dos de cada lado. Sasuke y yo las abrimos de a una como dos niños pequeños explorando.

La primera daba a una amplia habitación preciosa, con muebles viejos de algarrobo que hoy en día serían muy costosos. Una cama matrimonial ocupaba casi todo el lugar pero aun así era grande.

La segunda puerta pertenecía a una habitación un poco más pequeña, con una cama doble contra una pared y una cama individual contra la otra. A ambas, las separaba una sola mesita de noche que tenía encima un velador rotoso. Desde la ventana de ésta habitación se podía ver el hermoso lago, rodeado por algunos matorrales y árboles, con un pequeño muelle construido por alguien de la familia Uzumaki, seguramente.

La tercera habitación era otra pieza individual, ésta, tenía una sola cama individual y un placard gigante de madera barnizada. La ventana de esa habitación era más pequeña pero también tenía una hermosa vista. Hacia el bosque.

La última puerta era la de un baño, bastante más pequeño que el de abajo, también estaba sucio, éste tenía una regadera en lugar de una bañadera grande, pero por lo demás era igual.

—Arriba hay una trampilla –Comentó Sasuke.

Sakura lo miró, éste estaba viendo hacia el techo.

—¿Cómo?

—Una puerta trampa. Debe ir a un ático.

Sakura miró hacia arriba también, estaba por contestarle al guapísimo muchacho, pero una voz femenina la distrajo.

—¡Ah! Aquí estaban ustedes dos –Karin e Ino habían subido las escaleras y caminaban por el pasillo a grandes pasos— Naruto pregunta si aquí arriba hay agua corriente. Abajo no funcionan los grifos –Karin no esperó a que contestaran. Entró al cuarto pequeño de baño y abrió la canilla del lavabo. Nada.

—Esto será un problema –Susurró Ino a las espaldas de Sakura.

Eran casi las diez de la noche y el cielo se veía tan tormentoso como atemorizante. Nubarrones negros se habían acumulado, la luna ya no parecía existir, y lo único que alumbraba la oscura calle eran unos pocos faroles encendidos. Había empezado a hacer frío, aunque muy poco, y por sobre todas las cosas había mucha humedad. Ya no llovía, había cesado hacía poquísimo tiempo pero todo alrededor estaba mojado.

Sai, Kankuro y Gaara seguían en la calle; de vez en cuando caminaban sin rumbo, charlando de varias cosas, y por momentos, quedándose en completo silencio. Era placentero. Era agradable. Habían llegado a una zona en la que las casas eran hermosas. De familias con dinero, aunque nada comparado al barrio privado en el que vivían Gaara y Kankuro. Tampoco se comparaban a la casa de clase media en la que vivía Sai, eran muy diferentes a ambas. Chalets hermosos, con tejados rojos y ventanas ornamentadas. Típicas cercas blancas que rodeaban los jardines alegres llenos de flores. Eran casas de gente a la que le gustaba aparentar, gente con la que Rasa Sabaku No, el padre de familia, se llevaría estupendamente.

Parecía que todas las familias estaban en perfecta armonía, o eso fue hasta llegar a una casa en particular. No era mucho más grande que las otras pero resaltaba un poco más, no era blanca como todas las otras que había alrededor, sino que era de color café. Se oían gritos adentro, gritos de un hombre adulto.

—¡A mí no me interesa para nada algo así! –Se oía. Los tres jóvenes se detuvieron intrigados escuchando la problemática. Seguramente era una riña familiar sin importancia, pero era obvio que no era algo de todos los días; algunos vecinos habían asomado la cabeza hacia afuera de sus casas.— ¡Con esa excusa de la depresión te pasas todo el día saliendo con amigas y haciendo estupideces! ¿¡Cuándo encontrarás un trabajo, cuándo te inscribirás en la universidad?! ¡¿Acaso nosotros te criamos para que fueras así?!

Gaara apretó los puños. Todo eso le recordó a las peleas que tenía con su padre cuando era más joven. Empezó a caminar nuevamente, con lentitud y sus acompañantes lo siguieron. No tenía ningún deseo de escuchar cómo le gritaban a un joven por creer que su actitud era irresponsable. Gaara escuchó a sus espaldas la puerta abrirse y pasos desesperados detrás, los gritos incrementaron, el hombre gritaba «Ven aquí ahora mismo» repetidas veces.

—Es la chica de la cafetería –Susurró Sai detrás de Gaara, éste volteó. Quien había salido de su casa con los ojos inundados en lágrimas era Matsuri, la joven de cabello castaño y cuerpo flacucho que había estado en El Refugio y después en la fiesta. Gaara entornó los ojos y las cejas se le hubieran unido de no haberlas tenido completamente afeitadas. Dio un paso firme y largo hacia donde estaban su hermano y su amigo, mucho más cerca de la jovencita que los había visto y se había puesto completamente roja. El padre de ésta, un hombre corpulento y de barba castaño rojiza, se había quedado parado en el umbral de la puerta mirando a su hija con rabia.

—¿Se encuentra bien, señorita? –La sonrisa que Sai le dedicó a la joven habría asustado a cualquiera, pero la chica no parecía pensar claramente, se aferró a la camiseta de Sai para no tener que confrontar a su padre.

—¿Quiénes son ustedes, delincuentes? ¡Dejen en paz a mi niña! –El hombre comenzó a caminar a grandes zancadas, con los puños apretados para separar a Matsuri de los jóvenes, y, para sorpresa de todos, Kankuro se puso en medio, haciéndole frente. Kankuro habría sido el último en defender a cualquier persona en el mundo, pero ese pequeño gesto fue suficiente para intimidar un poco al hombre, que, viéndolos a los chicos de más cerca, le parecieron mucho más difíciles de tratar de lo que imaginaba. Gaara se acercó a Matsuri que seguía sosteniendo a Sai con nerviosismo.

—Matsuri ¿Estás bien?

La joven asintió. El padre de ésta, oyendo lo que Gaara dijo los miró a los tres de una forma mucho más curiosa.

—Matsuri ¿Conoces a estas personas?

—¡Ya déjame en paz! –Contestó la jovencita soltando varias lágrimas más y dando un respingo en su lugar. El hombre había bajado la voz, pero sus ojos seguían igual de duros que al principio. Matsuri miró a Sai a los ojos, era al que tenía más cerca— Ayúdame…

—Sí, vendrás a casa –Kankuro la tomó de la muñeca y comenzó a alejarse con arrastrando a la joven. La vereda parecía un desierto. Los vecinos seguían mirando la escena pero nadie decía nada. Hasta el cielo se había callado, de repente ya no había truenos ni relámpagos. El padre de la joven quiso avanzar pero Sai le puso una mano en el hombro con su sonrisa tan típica y falsa.

—No le ocurrirá nada… Será mejor que vuelva a entrar a su casa –Eso había sonado más que nada como una amenaza.

Tras ese comentario, el padre de la jovencita volvió a levantar la voz.

—¡Llamaré a la policía!

—Haga lo que le dé la gana, imbécil. No me extrañaría que acabara preso usted después de desafiarme –Gaara lo estaba señalando con el ceño bajado y los labios apretados. Sai había dejado el hombro del tipo y se había posicionado al lado de su amigo. Kankuro y Matsuri se habían perdido al doblar a la esquina. –Después de todo, toda esta gente escuchó su pequeña disputa, y Matsuri estaba intentando huir de usted –Tras esas simples palabras, roncas y bajas, Gaara empezó a caminar. Sai se despidió con una reverencia y una sonrisa y siguió a su amigo tan rápido como le dieron las piernas.

Lo primero en la lista de Naruto al llegar a la casa de campo, fue ir a buscar agua. Kiba y Omoi lo acompañaron cargando unos baldes que guardaban en el ático junto con otras cosas. Caminaron al lago, que no quedaba muy lejos, y comenzaron a llenar los cinco baldes que habían encontrado.

—Con esto tendremos para el baño y para lavarnos mañana… —Había dicho Naruto entre que cargaban todo el líquido posible. No era agua potable pero era mejor que nada. Al menos, provisoriamente, hasta que pudieran arreglar el agua corriente. Con rapidez, entre que cargaban el agua los otros dos, Naruto había llamado a quien solía ocuparse del mantenimiento de la casa antes para ver si podía solucionar lo que fuera que le estuviera pasando a las cañerías, y éste, prometió pasarse a primera hora de la mañana siguiente.

Dentro de la casa, el rubio, había dejado a Sasuke y a Suigetsu organizando en dónde dormiría cada quien, mientras que las chicas cambiaban las sábanas de las camas y hacían a un lado el polvo de alrededor con unas escobas muy viejas que habían conseguido en el ático también. Sasuke y Suigetsu llegaron a la conclusión de que serían caballeros y les cederían las camas a las chicas. Sakura, Ino y Karin no tuvieron inconveniente en compartir la cama matrimonial, mientras que a Hinata y Karui les cedieron la litera. La cama individual que quedaba en el mismo cuarto que la cama doble, la habían transportado a la otra habitación individual, para dejarles privacidad a las chicas. Allí, dormirían Kiba y Omoi, lo cual dejaba sin camas a Suigetsu, Naruto y Sasuke.

Éste último miró el reloj de pulsera que tenía en su muñeca. Eran las diez y media de la noche, en una hora y media sería su cumpleaños. Cumpliría veintidós. Generalmente pasaba de forma excelente su cumpleaños, rodeado sólo por su hermano y algún que otro amigo, saliendo de fiesta y esas cosas, y no podía creer que se estuviera quedando en esa pocilga, sin agua, con luz en sólo algunos lugares, y sin una cama para dormir, por una chica a la que ni conocía… Sakura apareció por el umbral de la puerta cuando él estaba pensando justo en eso.

—Sasuke… —Susurró su nombre. Él la miró. Su voz era tierna.— Naruto ya volvió con el agua y está preparando los baños… me dijo que en el altillo hay por lo menos un colchón de más ¿Serías tan amable de ayudarme?

El joven asintió.

Temari no podía dormir. Había vuelto de su «cita» con Shikamaru Nara hacía mucho tiempo. Se habían pasado la tarde pensando en qué hacer. Al parecer, su madre había estado preguntándole, entre bocado y bocado, en el almuerzo, cosas sobre su noviecita. Su padre le había contado a su madre que lo había visto con una «linda chica, con carácter» y ahora la mujer estaba muy intrigada. Lo que le daba a él pie para seguir gratamente con el plan, sin embargo, ella lo había frenado un poco. Su padre no estaba muy interesado en la relación que su hija tenía con el joven Nara, y, sus hermanos, sí se mostraban intrigados pero Temari sabía que no eran del tipo que hacían preguntas, por lo tanto, no sabía bien cuándo dar el siguiente paso. Había quedado de verse al día siguiente con Shikamaru otra vez, para terminar de decidir qué hacer.

Se encontraba en la cocina, robando algo de comida del refrigerador. Sí, robando. Su padre no le permitía comer más que las comidas esenciales del día (desayuno, almuerzo, merienda y cena) ¿Por qué? Porque decía que si no iba a ponerse gorda y eso no era bueno para su imagen. Lo odiaba cuando se ponía así, pero no discutía. Saliendo del lugar con un paquete de papas bajo el brazo y otro entre sus manos siendo abierto, escuchó la puerta de entrada.

Sus hermanos habían llegado. Ellos eran muy extraños. Cuando había buen tiempo solían quedarse encerrados, pero con días tormentosos como ese se les ocurría salir a la calle hasta tarde. El primero en entrar fue Kankuro, seguido por una chica flacucha que Temari no conocía. Los siguieron Sai y Gaara, quien cerró la puerta principal con doble llave.

—¿Quién es? –Temari la veía algo familiar, tal vez ya se habían cruzado antes en algún momento.

—Es la novia de Gaara… —Dijo Kankuro encogiéndose de hombros.

—Ella no es mi novia –Comentó el pelirrojo alejándose hasta entrar a la cocina.

—Bueno, de todas formas no podía dejar a mi futura cuñada afuera en la lluvia después de una pelea con su padre –Se encogió de hombros Kankuro. Matsuri se puso completamente roja— Temari, ni una palabra al sujeto sobre esto.

—¿¡Acaso crees que soy una bruja?! ¿Por qué los delataría? Sólo…. –La rubia miró de arriba abajo a la frágil muchachita. Parecía menor que sus hermanos y se veía indefensa— ¡Gaara más te vale que uses protección! –Tras decir eso empezó a subir las escaleras.

—¡Que nada sucede entre nosotros! –Gritó el aludido desde la cocina.

La mañana las despertó con el sol entrando por las ventanas. Hinata bajó seguida por Karui, las escaleras iluminadas por el sol eran mucho más transitables que por la noche. La puerta de la habitación que habían compartido Kiba y Omoi estaba abierta y no había nadie dentro. Lo cual era bastante extraño, ya que era muy temprano por la mañana, y cualquiera pensaría que seguirían durmiendo.

Karui era una chica muy silenciosa cuando no estaba en confianza. Hinata se había percatado rápidamente de aquello. No había hablado con nadie más que con Omoi durante la primera mitad del viaje, y durante la segunda había permanecido callada mucho más tiempo del que había hablado. Hasta ella, Hinata, que siempre era tan tímida había hablado mucho con Naruto durante el recorrido, y después, al hacer el cambio, con Kiba.

Al llegar a la planta baja no les tomó nada notar que Omoi y Kiba no eran los únicos despiertos. Naruto estaba intentando sintonizar algo en la radio vieja que tenía, acomodando la antena de un lado a otro, Suigetsu, estaba con cara de haberse levantado recién desayunando un té con leche mientras hablaba con los otros dos muchachos. No había rastros de Ino ni de Karin, ni de Sasuke. Sakura estaba limpiando la cocina, con un trapo húmedo fregaba persistentemente una enorme macha de humedad que había en un azulejo.

—Sakura… ¿Necesitas ayuda? –Hinata tomó de la encimera más cercana una esponja que estaba remojando en agua espumosa. Supuso que la pelirrosa la había estado utilizando para limpiar.

—Sí, me vendría muy bien una mano… Esos hombres no hacen nada –Se quejó con voz de estar empleando todas sus fuerzas con esa mancha.

—Sí, te ayudaré –Hinata empezó a fregar las encimeras que también tenían grandes cantidades de tierra encima. Karui también se dispuso a ayudar.

—¡Sí! –Se oyó gritar a Naruto en la sala. Había logrado poner la radio y en Konoha's Rock estaba sonando a todo volumen Walking on the sunshine, para comenzar el día con alegría, como había dicho el locutor— Lo logré…

—Ah, Sasuke… por fin llegas –Se oyó Suigetsu mientras las chicas seguían limpiando efusivamente— Ah y feliz cumpleaños.

—¿Es tu cumpleaños? –Naruto parecía alegre. Sakura se había quedado rígida después de oír aquello.

—Sí, así es… Cumplo veintidós años. No es gran cosa.

Sakura se asomó por la puerta abierta de la cocina, con aspecto desalineado, el cabello corto, amarrado en una cola de caballo que le dejaba varios mechones afuera, la ropa: la tenía empapada y jabonosa.

—Feliz cumpleaños Sasuke…

Sasuke la miró. Él se veía bien, despabilado, con su cabello negro impecable, el rostro despejado. Sin embargo, sus mejillas tomaron un color rosado pálido cuando vio a Sakura allí. Es que no se esperaba verla, no sabía que ya se había despertado.

Se quedaron viendo, un tiempo largo. Por varios segundos, sin hablar y apenas respirando. Cuando iba a llegar el alegre estribillo de la canción, Naruto pasó corriendo hacia la cocina, tomó el agua enjabonada que yacía en un balde con algunas espumas y trapos dentro y se lo tiró a Sasuke en toda la cara gritando «Qué los cumplas muy feliz, Uchiha»

No hace falta decir que éste empezó a gritar enfadado. Pero la canción tapó gran parte de los gritos cuando, Suigetsu, entre risas, subió el volumen de la radio a tope, y, entre que la música sonaba y Sasuke se enfadaba más y más con Naruto que reía descontrolado, una guerra de jabón y agua comenzó dentro de la cabaña, dejando las riñas de lado y empezando a divertir a todo mundo.

I'm walking on the sunshine. Oh! Oh!

I'm walking on the sunshine. Oh! Oh!

I'm walking on the sunshine. Oh! Oh!

And don't it feel good!