Canción: No se puede vivir del amor/ Andrés Calamaro
-*Nadando*-
—¡Te estoy esperando desde hace dos horas!
—Perdón, me quedé dormido…
—¡Son las cuatro de la tarde!
Shikamaru asintió. Temari lo estaba regañando a los gritos en la puerta de su casa. El padre de ésta miraba la escena extrañado desde detrás de una columna. Ninguno de los dos chicos lo habían visto pero Temari esperaba que el escándalo se escuchara bastante. No podía seguir permitiendo que nadie en su casa se interesara por ella y su vida romántica. Tenían que dar el siguiente paso, tenían que empezar a conocer a la familia del otro para poder dar por sentado su plan y seguir fingiendo que eran pareja. Su padre era muy duro con ella por todo el tema de la prensa, lo que más temía era que su hija se quedara solterona de por vida y que los medios se terminaran riendo de ella. Shikamaru, simplemente estaba fastidiado por los comentarios de su madre.
—¡¿Vas a venir o no, mujer?! Qué pesada eres… Ni sé cómo te aguanto.
—¡Mejor te comportas conmigo, Nara! –Temari señaló con el índice la nariz del joven que se quedó con las manos en los bolsillos y ojos ojerosos mirándola cansinamente.
—Eres desesperante… Qué problemática –La tomó por la muñeca y la arrastró hasta el porche de la casa. Hizo que la joven cerrara la puerta con llave antes de comenzar a caminar—, no esperaba que tuvieras una casa tan grande… ¿Tu padre es traficante?
Shikamaru sabía que Temari no tenía madre pero no había oído casi nada de su padre. Sin embargo, sabía que tenía que ser alguien importante porque el apellido le sonaba de algún lado. Sabaku No… Sabaku No… ¿De dónde era?
—No, no es traficante de ningún tipo.
—¿Y a qué se dedica?
Temari frunció el ceño, suponía que no podía ocultarle por mucho tiempo más la verdad. Además, si Shikamaru tardaba en enterarse, tal vez quisiera dejar el plan a un lado, al saber que la prensa podía meterse en su vida.
—Verás… Nara, hay algo que tengo que decirte y es… Muy importante.
—No me vas a venir con que estás embarazada… porque yo no te toqué –Temari ladeó la cabeza y le dedicó una media sonrisa tras escuchar la broma pero Shikamaru comprendió que iba en serio así que se quedó en silencio. Siguieron caminando, lentamente, hasta salir del barrio privado en el que vivía la rubia, y anduvieron por las calles, caminando varias cuadras, hasta que Temari se dispuso a hablar de nuevo.
—Sé que, tal vez, cuando te cuente esto… Querrás dejar las cosas de lado. Dejar todo el plan.
Shikamaru se puso serio sin saber qué podía ser tan terrible.
—Es que… —La rubia siguió rascándose la nuca con nerviosismo— Es que mi papá es muy reconocido, de hecho, me cuesta pensar que con lo inteligente que eres todavía no te hayas dado cuenta…
El cerebro de Shikamaru ató cabos rápidamente. Recordó quién era Rasa Sabaku No antes de que su ficticia novia lo dijera, pero así y todo la dejó acabar. Mierda. Tal vez eso era un problema…
—Él es muy famoso… Quiero decir, es un diputado reconocido del gobierno japonés… Y… A veces, la prensa nos juega malos ratos… En especial a Gaara, a él… Cuando era un niño de catorce años, le hicieron muchas cosas feas… Mi padre pagó una gran suma para que los artículos que se habían publicado fueran retirados inmediatamente y, por eso, poca gente llegó a leerlo… Pero básicamente eran todas mentiras. Por eso, tal vez… Quieras irte y no tener problemas… La verdadera razón por la que necesito un novio falso es que… Bueno, que la prensa crea que tengo una vida normal y dejen de fastidiar a mi padre con estupideces…
Silencio.
—Te entenderé si decides dejarlo.
Parecía haberse puesto triste, como si Shikamaru fuera a dejarla después de eso. Como si realmente fuera su novio.
—Debe ser duro… —El chico miró al cielo, con las manos en los bolsillos y el rostro serio— tener esa vida de mierda… ¿Quieres ir al cine? –Volvió a mirarla, y una sonrisa de gratitud se dibujó en los labios de Temari.
Matsuri había dormido en la cama de Gaara, y Gaara en la habitación de Kankuro en un sofá que éste tenía. La habitación de Kankuro no era muy diferente a la del menor de la familia, pero sí estaba bastante más ordenada, además de que tenía todas las cosas referentes a la universidad de éste. Kankuro estudiaba arte, con Sai, pero se especializaban en diferentes ramas. Kankuro estaba estudiando escultura, y Sai pintura. Compartían la gran mayoría de las asignaturas pero no las más importantes. Gaara se había despertado hacía un buen rato pero no quería moverse de allí. Estaba mirando a su alrededor todo el lugar, las esculturas que su hermano había hecho y las que todavía tenía que terminar. Su padre, como todo lo que hacían, odiaba que Kankuro quisiera ser escultor, y sólo estaba de acuerdo con la profesión que había elegido Temari.
Eran las cuatro de la tarde pasadas. Matsuri debía estar en la habitación de Gaara muriéndose de hambre pero él no sabía cómo reaccionar ante eso. La noche anterior la había guiado hasta su habitación y le había dado varias órdenes.
—Nadie entrará aquí si mantienes la puerta cerrada, a mi padre no le interesa y la señora que viene a limpiar sabe que no debe molestarme. Limpiará cuando yo le dé la orden. Sólo no salgas, puedes tocar cualquier cosa pero no salgas… —Lo bueno era que Gaara tenía su propio baño así que Matsuri no había pasado mucha necesidad, lo malo era que así y todo la pobre necesitaba comer. Gaara no sabía cómo lidiar con otras personas, la joven se había mostrado muy interesada en saber de dónde había sacado la familia de Gaara tanto dinero pero rápidamente, al escuchar el apellido de Gaara supo que eran familiares de Rasa Sabaku No y se quedó en silencio. Pidió perdón por las molestias ocasionadas y dio las gracias por la ayuda.
Sai se terminó yendo tipo tres y media de la mañana, para asegurarse que en su casa ya estuvieran todos durmiendo, y los hermanos Sabaku No, habían terminado por conciliar el sueño varias horas después.
Gaara se levantó del sofá y caminó decidido hasta su habitación. No podía ser tan idiota de tenerle miedo a una niña de secundaria. Tocó la puerta después de asegurarse de que nadie lo estaba viendo, escuchó pasos del otro lado de la puerta. Pasos desesperados.
—Matsuri… Soy yo ¿Puedo pasar?
—Ah… Eeeeh… Sí, sí puedes… Gaara –Parecía muy nerviosa. El pelirrojo abrió la puerta, entró y la cerró detrás de sí.
—Debes estar muriendo de hambre. Lo siento por tenerte aquí desde hace tanto…
Ella sonrió.
—La verdad es que sí me estaba poniendo nerviosa… Pero tu hermana fue muy amable al traerme algo de comer. –La jovencita señaló el plato que había dejado sobre la mesita de noche. Temari siempre pensaba en todo, podía ser la más infantil y la más ingenua, pero también era la más responsable.
—Genial… ¿Necesitas algo más?
—No… Gracias.
—¿Sabes si está Temari en casa?
—Creo… ella… dijo como diez veces que se iba con su novio… Está muy enamorada, ¿no?
—No sé. Pero sí es bastante efusiva. Nunca antes había salido con nadie o al menos no lo había mencionado –Gaara se encogió de hombros.
El chico se sentó en su cama y se frotó los ojos con los pulgares. Ni siquiera se había lavado la cara antes de entrar.
—Matsuri –La chica se sentó a su lado, manteniendo distancias.—, ¿Está todo bien con tu padre?
—Sí, es que él es algo estricto. No tienes nada de qué preocuparte –La joven sonrió pero Gaara vio en sus ojos que no era una sonrisa verdadera. Probablemente su declaración tampoco fuera sincera.
—Mi padre también es un estúpido estirado y pretencioso –Sentenció el joven intentando que la chica entrara en confianza. No era como si le interesara, pero ya que la iba a ayudar quería, al menos, saber algo de ella—, siempre diciéndonos a mis hermanos y a mí qué hacer y qué no hacer. Además, se cree que somos monstruos o algo así… Está enfadado porque aún no me decidí sobre qué carrera seguir… Escuché que tu padre también estaba enojado por culpa de una universidad…
—En realidad esas son excusas… —La voz de Matsuri había cambiado. Ya no era tierna y alegre, sino que se había vuelto queda— Él está enfadado porque dice que soy débil.
—¿Débil?
—Mi novio… Un chico de mi escuela, me dejó antes de que terminara el semestre y…. –Miró hacia otro lado— estuve una temporada enferma. Los médicos le dijeron a mi madre que sólo era depresión, que estaba de duelo por una pérdida. Me recomendaron salir, divertirme, hacer actividades para no quedarme en casa tirada en la cama… —Rio a la fuerza— así que fue lo que empecé a hacer y a papá le molestó. No le gusta que salga o que llegue tarde a casa, es muy temerario con lo que pueda pasarme. Dice que soy débil y que por eso me refugio en las discotecas y en las reuniones que organizan mis amigos. Tal vez esté en lo cierto… Lo único que sé es que no me siento deprimida cuando estoy acompañada…
—Los padres, a veces, son un asco ¿no?
—Sí… Puede ser…
Hinata estaba sentada en la escalerilla de madera de la entrada. La casa de campo había quedado aceptable. Después de la infantil guerra de espuma que habían tenido los chicos en la sala, con la cual ella también había salido empapada, habían limpiado todo. Los varones también ayudaron. La espuma desparramada en el suelo y las paredes sirvió de ayuda para baldear los pisos y quitar la suciedad del revestimiento de pared. Después de limpiar, Ino y Karin que se habían levantado bastante tarde prepararon el almuerzo para todos y mientras lo hacían Suigetsu y Sasuke se dedicaron a clavar la escalinata de la entrada que estaba algo rotosa. Los tablones de madera que les hacían falta los encontraron en el ático. Al parecer, los Uzumaki, usaban ese sitio como depósito para muchas cosas.
Después de comer, habían tomado turnos para ducharse. Había dos baños así que podían bañarse dos personas simultáneamente en diferentes cuartos. Le cedieron el primer turno a Sasuke por ser su cumpleaños. El agua había sido reparada en la mañana temprano, así que todo estaba saliendo bien. Karui había utilizado el otro baño en primer lugar, luego, hicieron el cambio y se ducharon Ino y Karin. Después fue el turno de Hinata y Omoi. Cuando Hinata salió ocupó su lugar Sakura, y el lugar de Omoi lo tomó Suigetsu. Kiba aún esperaba su turno buscando prendas de vestir en su cuarto. Hinata, se había vestido con una camiseta turquesa y un pantalón corto y había salido a sentarse a la escalerilla con un café con leche entre las manos.
Miraba hacia el lago, pero no era exactamente el lago lo que miraba. Naruto estaba nadando allí, divertido y solitario. Su espalda desnuda salía de entre las olas producidas por sus movimientos y, empapada, se veía aún mejor. Hinata no se había percatado de lo que hacía. Simplemente miraba. Embelesada.
Unos pasos enfundados en enormes botas de cuero llegaron a sus oídos y un trasero cubierto por un jean negro gastado se sentó a su lado.
—Hina, ¿Todo bien? –Kiba le sonreía. Hinata salió de su mundo de placer mental, dejó de ver a Naruto y le dedicó una mirada tierna a su compañero.
—Sí… Es un bello lugar –Enseguida, la chica se sintió avergonzada por haber estado viendo al rubio tanto rato.
—Así que… Tú e Ino ¿Están juntos? –Preguntó para que él no notara cuánto miraba a Uzumaki que seguía nadando sin percatarse de que lejanamente la jovencita lo había estado observando.
—Seee…. –Kiba se había erguido y tenía una mirada divertida. Era como si hubiera disfrutado de la pregunta de su amiga— O… Bueno, no sé. No es nada serio, pero nos divertimos.
Como si la hubiera convocado una magia extraña la rubia apreció en la puerta.
—Oye, bombón ¿Puedes ayudarme con algo?
—Sí, claro… —Él se levantó sin antes dedicarle una última mirada a Hinata y siguió a Ino hacia el interior de la casa.
Hinata volvió su vista hacia el lago de nuevo. Naruto la estaba mirando desde el agua. Desde la distancia no podía ver su gesto, pero el muchacho alzó su brazo y lo sacudió saludando a la joven. Ella sonrió involuntariamente, y, tomando algo de valor, empezó a caminar hacia el lago. Acercándose rápidamente al joven que estaba saliendo del agua y se secaba el cabello con una toalla.
—¡Hina! ¿Estás pasándola en grande?
—Bueno… Naruto –Se mostró algo tímida, mirándose los pies mientras notaba, de soslayo, cómo el muchacho terminaba de secar su torso desnudo y bronceado.— Creo que es muy pronto para tener una opinión. Pasamos todo el día limpiando. Pero estoy segura de que será un buen descanso… —Le dedicó una sonrisa animándose a mirarlo a los ojos. Sus ojos azul cielo le devolvieron la mirada, alegres.
—Me alegro, quería compartir tiempo con amigos.
A Hinata se le encogió el corazón. Que la considerara su amiga después de tan poco tiempo de conocerse era lindo. Su mirada amable y su sonrisa traviesa, su cabello húmedo y desprolijo pegándosele a la cara… Todo en él era perfecto ¿Cómo podía ser posible? Sintió que la cara se le calentaba. Estaba enrojeciendo así que miró hacia otro lado para que él no se diera cuenta.
—Así queeee….— Estiró la palabra. Hinata lo miró sentarse a su lado poniendo los pies en el agua. Ella se puso de cuclillas a su lado— ¿Aceptaste porque te consideras solitaria? –Una fracción de la conversación que habían tenido en el viaje se atoró en el cerebro de Hyuga.
—Sí, puede decirse que sí…
—Tal vez yo, hace un par de años, hubiera hecho lo mismo sin pensármelo dos veces –Él tenía la mirada perdida en el horizonte— También era solitario, nadie me quería porque les llevaba problemas inconscientemente. Ahora tengo muchos amigos: Omoi, Karui, Atsui, Shion, Darui… Bee… Pero ése no es el punto –Terminó el recuento y le dedicó una mirada sonriente a Hinata— Heriste mis sentimientos, Hina. Me hubiera gustado que me vinieras por el simple placer de verme.
—N—no me malinterpretes –Tartamudeó enrojecida. Mostrándole las palmas de las manos como si estuviera a la defensiva—, claro que tenía ganas de verte también. Naruto.
—Já –Él soltó una risita— No es necesario eso, Hina. Sólo te tomo el pelo. Me hacía falta un poco de aire…
—¿Tienes mucho trabajo, usualmente, Naruto? –Su voz seguía siendo dulce— ¿Por eso necesitabas el descanso?
Naruto miró al cielo sonriendo. No era una sonrisa alegre pero, pensara lo que pensara, no la desvanecía.
—Necesitaba acomodar mis ideas, Hina… Perdí mi empleo. Necesito encontrar algo más… Rápido.
Hubo un silencio prolongado. De al menos cinco minutos enteros.
—Tal vez… —La voz suave de la joven volvió a sonar— yo pueda hablar con mi padre y… Él, en la radio… Siempre necesita personal.
La vista de Naruto pasó rápidamente a la tez clara de Hinata, ella estaba mirando al horizonte tal y como hacía él minutos antes. Él la observó. No podía estar hablando en serio, él se estaba haciendo la cabeza con tantos planes para encontrar un nuevo empleo que le parecía que explotaría, y, de la nada, una propuesta así aparecía.
—¿Hablas en serio Hinata? –La sorpresiva pregunta fue acompañada de un abrazo tan apretado, que Hinata no sólo enrojeció, también profirió un grito, y se enroscó con fuerza, retorciéndose, para poder librarse del agarre indecoroso del rubio. Su cara chocaba contra el pecho desnudo y húmedo del joven, todo él estaba fresco y curiosamente agradable. El corazón le empezó a ir rápido y sintió la sangre caliente andar por todo su cuerpo. Él no la soltó. Se reía, contento, y la sostenía más fuerte contra su ser.
La lluvia caía torrencialmente en el centro de Tokio, algunas calles se habían inundado, sin embargo, era sólo una tormenta de verano y decían, en la televisión, que la lluvia se trasladaría pronto hacia otro sitio. Lo cual era un alivio. Tenten, había pasado la noche en vela por culpa de los truenos y relámpagos. Por más que las ventanas y persianas estuvieran bien cerradas, las cortinas corridas y la puerta trancada, se ponía muy nerviosa cada vez que algún trueno hacía temblar los cristales de sus ventanas.
—Tenten, por favor… —La madre de la joven se acercó al cuarto de ésta. Tenten estaba tendida de espaldas en la cama, vestida con unos leggins coloridos y un jersey muy viejo y gastado, con el dibujo de un oso panda comiendo bambú. Se encontraba revisando su teléfono celular, de forma aburrida cuando su madre se asomó por el marco de la puerta— ¿Te importaría ir a comprar unas cebollas al almacén? Las necesito lo más rápido posible… Y justo terminó de llover.
Tenten dejó el celular a un lado. No tenía ganas de salir con el fresco que estaba haciendo afuera pero tampoco tenía nada mejor que hacer. La tarde anterior, Lee la había acompañado de vuelta a su casa y había sido todo un caballero. Se había disculpado mil veces por haberla interrumpido con Neji y ella le había dicho mil veces que a Neji ni lo conocía… Pero no podía evitar pensar qué habría pasado de haber ido con él.
Apenas iban a ser las cinco de la tarde, pero el cielo estaba tan oscuro a causa de las nubes que a Tenten le dio mala espina. Los días grises no eran sus favoritos. Se había calzado y se había puesto el abrigo más aparatoso que tenía. El que tenía más cerca de donde se encontraba. Era grande, gordo, abrigador y muy, muy feo. La hacía ver como si tuviera diez kilos de más, pero no le importaba. Después de todo sólo iría a comprar a un par de cuadras y volvería a su casa.
Empezó la caminata tomando más calor a cada paso, el abrigo era realmente innecesario, sin embargo no se lo quitó, no quería estar cargándolo.
Entró al almacén del que su madre había hablado. Era un local pequeño, un mercado de barrio, quedaba en el centro, muy cerca de El Refugio, en la entrada, antes de pasar a través de las cajas para acercarse a las góndolas, había unos pedazos de cartón para limpiarse los pies. Tenten lo hizo, tenía los tennis embarrados por el suelo mojado que había en el exterior. El cielo estaba amenazando, de nuevo, con largar toda su ira. Los chaparrones iban y venían y mojaban todo. Tenten se preguntaba cómo estaría el clima en el lago, en la casa de campo de Naruto y Karin. Esperaba que la estuvieran pasando en grande. Y esperaba poder ir la próxima vez.
Caminó por entre las góndolas hasta la zona de verdulería, tomó dos cebollas del cajón más cercano y se las mostró a la verdulera que atendía, una mujer hermosa de piel oscura y ojos luminosos; la mujer le dio un asentimiento y tomó una bolsa plástica para meter las dos cebollas dentro. Le sonrió a Tenten amablemente.
—¿Algo más?
La chica negó con la cabeza y la mujer pegó una etiqueta con el precio de la compra en la bolsa, luego se la tendió a la joven que la agarró con una mano. Volvió de regreso para pagar en la caja registradora y largarse pero unas bolsas de papas fritas la tentaron desde lo lejos. Hacía tiempo que no se quedaba de ociosa en su casa comiendo porquerías y mirando una peli. Tal vez eso necesitaba. Tomó aire y dio vuelta sobre sus talones para tomar la bolsa de papas, también caminó hacia las neveras para tomar una bebida gaseosa. Estaba parada decidiendo cuál agarrar cuando una voz masculina le habló desde atrás, haciéndole pegar un respingo.
—Tenten…
—Mmm… ¿Neji? –Volteó a verlo. El hermoso chico estaba parado allí. No iba vestido con su típico atuendo deportivo. Llevaba una camisa negra con estampado blanco y unos vaqueros. Muy normal. Así y todo lucía espectacular y los músculos debajo de la tela fina de su camisa se tensaban.
—Hola… Qué coincidencia —Ciertamente lo era. Se habían cruzado el día anterior, y ahora también. Si hubiera querido acecharlo apropósito no le habría salido tan bien. Tenten le dedicó una sonrisa culposa. Todavía se sentía mal por haberlo rechazado la noche anterior.
—Sí… —Él llevaba atrapado entre sus brazos un stock de cervezas enlatadas— ¿Tienes planes? –Le preguntó la chica viendo la mercancía del joven.
—Mmm… Cenar con mi tío y mi prima. No creo que sean planes muy… divertidos, en realidad –Sonrió. Sus ojos no mostraban aburrimiento, parecía que deseaba reunirse con su familia, muy a pesar de su comentario. Tenten asintió—. Lamento haberte interrumpido ayer con tu novio. Es la segunda vez que los veo juntos y… Puede ser que se sienta mal.
—¿Lee? ¿Novio? –Tenten sonrió atolondrada— ¡No es mi novio en absoluto!
Él se mostró incómodo pateando el suelo con un pie.
—Creí que lo era. Su acento me hizo pensar que te persiguió desde China.
Tenten rio mientras sacaba una bebida gaseosa de la nevera que tenía detrás y la cerraba sin quitar la vista de él por mucho tiempo.
—Claro que no. Las chicas como yo no tenemos ese tipo de romances de cuento…
—¿Chicas como tú? –Ella empezó a caminar y él la siguió a grandes pasos— ¿Y qué clase de chicas los tienen?
—Pues… —Tenten se mostró pensativa— No sé, las dulces e ingenuas. Las horriblemente hermosas, las interesantes, sin dudas.
—¿Y por qué crees que no lo eres?
El corazón a Tenten se le hizo un nudo, pagó por sus productos mientras pensaba qué contestar. Tenía que ser algo ingenioso y que no la hiciera ver nerviosa. Porque era malditamente como se sentía: Nerviosa. Neji pagó sus cosas detrás de ella y echó una mirada hacia afuera por la enorme puerta abierta. Lluvia torrencial caía a chaparrones. Antes de que a Tenten se le ocurriera algo que contestar él estaba hablando de vuelta.
—Mierda. Está lloviendo mucho…
Tenten asintió como toda respuesta viendo relampaguear el cielo. No tronaba, eso la mantenía tranquila, quería decir que los rayos estaban cayendo a una distancia considerable. Neji la miró de reojo.
—¿Quieres que te alcance hasta tu casa? Estoy en auto, no puedo dejarte caminar sola bajo la lluvia.
—Oh. No es necesario, no querría molestarte –Tenten le sonrió tímidamente y comenzó a caminar hacia la salida, él la siguió y antes de que ella pudiera meterse bajo la tormentosa tarde, la tomó del antebrazo para detenerla.
—No es un problema para mí, no creo que vivas muy lejos o no habrías venido hasta éste almacén –Tenten notó el agarre del chico sobre su enorme e innecesario abrigo y reparó en la espantosa ropa que estaba llevando. De todas las malditas personas a las que se pudo haber encontrado en un día así ¿Tenía que ser él?—. Y de todas formas me hace sentir mejor que el chico de la otra vez no sea tu novio. No es mi costumbre aventar a chicas comprometidas.
—Gracias –Tenten le dedicó una sonrisa. Ya había desperdiciado su oportunidad la vez anterior, ahora tenía que ser inteligente—. Te daré mi dirección.
Afuera la lluvia era constante y fría, las hermosas veredas decoradas y los jardines verdes de las entradas lucían casi tristes con tanta agua. El viento azotaba la ventana por la que Matsuri miraba. No había vuelto a su casa, su madre la había llamado desesperadamente varias veces al teléfono celular y, ella, sólo había contestado una vez para decirle que estaba bien y que no quería que la volvieran a llamar. Dejó claro que no iba a volver a la casa hasta sentirse lista. Sin embargo, tampoco quería seguir quedándose en donde los Sabaku No. El barrio privado era increíble, incluso había un hombre de seguridad en la puerta del enorme terreno enrejado, vigilando, pero no podía quedarse mucho más. En primer lugar ya se había quedado una noche, había abusado de su hospitalidad, había dormido en la cama de uno de los chicos que la ayudaron y había comido su comida y bebido su bebida, además… Tenía que estar ahí a escondidas de su padre: El famoso Rasa Sabaku No. Y eso daba miedo.
Gaara se había quedado con ella casi todo el día aunque habían hablado ocasionalmente. Le había llevado comida y bebida cuando necesitaba, y habían charlado de cosas al azar. Sin embargo, él había pasado la mayor parte del tiempo en su computadora escuchando música punk y revisando redes sociales en las que tenía pocos contactos. En ese momento, se había ido a darse una ducha y ella se había quedado sola. Sentada sobre el escritorio, a un lado de la costosa pc, mirando por la ventana abierta por la mitad. La lluvia mojaba los cristales. Esperaba poder irse a la casa de alguna amiga… De Sari tal vez.
Alguien abrió la puerta a sus espaldas y ella giró la cabeza para mirar. Gaara entraba a su habitación vestido sólo con los pantalones. Sus dedos de los pies pálidos y largos tocaban el fresco suelo y su torso estaba desnudo, muy delgado, se le notaban las costillas. No daba tanto miedo viéndolo así. En silencio, cerró la puerta a sus espaldas, abrió su armario y se puso una playera.
—Gaara… Agradezco la ayuda, pero supongo que ya debo irme.
—¿Volverás a tu casa?
—No, veré si puedo quedarme en casa de una amiga.
Él torció el gesto.
—¿Ya hablaste con ella?
Matsuri negó silenciosamente bajándose de su lugar en el escritorio.
—Entonces quédate.
—No quisiera molestar.
—¿Por qué crees que molestas?
Matsuri se retorció las manos.
—Aparte, está lloviendo, Matsuri. No puedes irte ahora.
—¿Por qué eres tan bueno conmigo? —Preguntó ella, mientas él se acercaba más, posándose a su lado. Mirando también por la ventana.
—Porque fui grosero antes.
—Sí, pero eso ya lo arreglaste. —Ella se quedó en silencio. Con la mirada perdida en las afueras. Él la miró de reojo. El silencio se extendió entre ambos.
—¿En qué piensas? —Preguntó Gaara cortándolo.
—En que no eres tan malo como quieres hacer ver —Contestó ella distraídamente. En voz baja. Gaara se ruborizó levemente y miró hacia otro lado—, no das tanto miedo como pretendes. En el fondo eres un buen chico.
—Nunca dije que no lo fuera —La voz de Gaara sonó ronca y aburrida. Sus ojos verdosos volvieron a posarse en los de ella.
—Es verdad, no lo dijiste, pero parece que es lo que quieres que se crea de ti.
Él gruñó.
Ella sonrió.
—¿Sabes? –Matsuri lo miró a los ojos con esa sonrisa aún en el rostro— Eres lindo. No debería avergonzarte que la gente crea cosas buenas de ti.
Él se volvió a ruborizar.
Kiba tocaba su guitarra algo aislado de los demás. Hinata había decidido dedicarse a la comida, Sakura, Naruto, Karui y Omoi, habían tomado la furgoneta de Bee y se habían largado al pueblo más cercano a comprar algunas cosas. Suigetsu y Sasuke estaban terminando de comer un gran pedazo de pastel que Sakura le había hecho a Sasuke por su cumpleaños. Karin e Ino charlaban animadas más lejos.
Kiba rasgueaba su instrumento mientras tarareaba. Poco a poco, el tarareo se transformó en canto:
—No se puede vivir del amor… No se puede vivir del amor. Le dijo un soldado romano a Dios. No se puede vivir del amor —Ino y Karin se acercaron a escucharlo y se sentaron junto a él en silencio. Kiba les dedicó una sonrisa feroz y continuó con su canto—. No se puede comer con amor. Las deudas no se pueden pagar con amor. Una casa no se puede comprar con amor, nunca es tarde para pedir perdón.
Hinata salió de la casa y miró a los lados antes de localizar a los tres jóvenes sentados en el césped. Se acercó caminando con pasos de gigante, demasiado grandes para sus cortas piernas y se posicionó detrás de las dos chicas, de cara a Kiba que siguió cantando, fingiendo no haberla visto.
—No se puede, no se puede vivir del amor. No se puede vivir del amor. Lo dijo la chica que te dijo que no, no se puede vivir del amor. No se puede vivir del amor, una guerra no se puede ganar con amor, le dijo Romeo a Julieta en el balcón. No se puede vivir del amor.
Hinata torció el gesto y Kiba se sonrió al verla. Reprimió una risa y siguió contando:
—¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? ¿Por qué cantamos canciones de amor? Si suena mal y nunca tienen razón, no se puede vivir del amor.
—Qué canción tan fea, Kiba —Protestó Hinata interrumpiendo al chico que dejó de tocar para largar la carcajada que había guardado en su garganta al ver la expresión de la chica. Karin e Ino miraron a Hinata con sonrisas en la cara.
—Es una canción muy realista, Hina —Dijo la rubia sonriente. Kiba dejó de reír al fin y se secó las lágrimas con la muñeca. Karin rio bajito y se levantó.
—¿Necesitas ayuda, Hina?
La jovencita de cabello oscuro negó con la cabeza.
—Estoy bien, Karin. Gracias por la preocupación, realmente estoy algo nerviosa por los chicos que aún no vuelven —Hinata se abrazó a sí misma y miró por el camino por el cual se habían ido los chicos algún tiempo atrás.
—No te preocupes por ellos. Ya deben estar por volver ¿Acabaste la comida?
Hinata asintió.
—Bien, entonces vamos —La pelirroja tomó por los hombros a Hinata, amablemente, para calmarla— Te ayudaré a lavar los utensilios que utilizaste y a poner la mesa.
Ambas se fueron caminando lentamente, subieron por la escalerilla y se metieron a la cabaña. Ino y Kiba se quedaron solos. Kiba miraba a Hinata desaparecer por la puerta como si fuera alguna especie de semidiosa. Ino sonrió al notarlo y se acomodó, de mejor manera, al lado de él.
—¿Te gusta?
—¿Cómo dices, Ino?
—¿Te gusta Hinata?
Él sonrió mirando hacia otro lado. Ino rio bajito.
—Mierda, Inuzuka. Ella te gusta mucho, eh…
—No me molestes ¿Acaso estás celosa, Ino? —Bromeó él clavando su fiera mirada en la azulada de la rubia, a su lado— Tienes mucho de mí para ti, nena, no debes preocuparte.
Ino le pegó un codazo amistoso en las costillas y él rio. Dejó la guitarra a su lado sonriendo.
—Eres muy hermosa, mujer… —Susurró con total sinceridad. Tal vez, si no estuviera tan enamorado de Hinata Hyuga, podría fijarse, en serio, en alguien como Ino. Ella le sonrió agradecida.
—Gracias, tú tampoco estás mal.
—Eso dicen… —Bromeó el joven.
Ino se estiró a su lado y bostezó.
La noche estaba empezando. El cielo se había puesto completamente azul, era un azul muy luminoso, al no haber edificios cerca emanando luz artificial a toda energía, las estrellas se veían hermosamente resplandecientes. No había nubes en el cielo, todas se habían ido hacia otro lado. De hecho, hacía bastante calor.
—¿Sabes? Creo me meteré un rato a nadar… —Informó Inuzuka levantándose de al lado de su amiga y empezando a caminar con las manos en los bolsillos. Ino sonrió pícaramente.
—¿Puedo acompañarte, Kiba? —Con voz aterciopelada de más y como una gata cariñosa, se pegó al joven, aferrándose de su brazo carnoso y endurecido por el ejercicio.
—Claro, nena… —Él le sonrió nuevamente. Ambos empezaron a caminar hacia el lago.
El camino no era tan corto como parecía a lo lejos, sin embargo, tenían el lago posicionado en un sitio espectacular. Rodeado de césped corto, árboles y arbustos, y lo suficientemente lejos de la cabaña como para que nadie interrumpiera.
—¿Sabes, cariño? —Empezó Ino investigando el gesto de Kiba desde abajo. Ya que él le sacaba una cabeza de altura— Creo que quiero meterme desnuda.
El brazo del chico se tensó bajo el agarre de Ino, pero rápidamente la miró con los ojos encendidos y su sonrisa pícara y salvaje inundando su expresión.
—Tal vez te acompañe en eso…
Ino fue la primera en tomar la iniciativa. Empezó a quitarse la camiseta, de pronto, su falda había salido volando y su ropa interior la siguió, la rubia se lanzó al lago sonriendo y salpicando a Kiba, que ya se había quitado los zapatos y la camiseta y estaba desabotonando su pantalón. Al saltar, desnudo también, ambos empezaron a jugar lanzándose agua, como niños.
—Oye, Kibs… ¿Jugamos a algo? —Ino le guiñó un ojo acercándose más, y él le sonrió asintiendo.
