Canción: Algo contigo/ Vicentico
-*Al concierto*-
Sakura llegó a su casa, pasó por El Refugio que rebosaba de gente y era atendido por sus padres. Se paró un rato detrás del mostrador para saludar a su mamá que estaba atendiendo la caja registradora, y después de hacerle un gesto con la cabeza a su papá que tomaba orden en una mesa, subió las escaleras hasta entrar a su cocina.
Esas pequeñas vacaciones le habían venido de maravilla pero no se podía sacar de la cabeza a Tamaki, la chica que habían levantado en la carretera.
Cuando ella se dispuso a hablar un poco más, después de la calma que pareció darle la canción de Kiba, había contado que vivía una mala situación familiar y que viajaba a Tokio, escapando de su padre, para vivir con su abuela. Parecía una historia mucho más complicada de lo que había sonado, y Sakura se había quedado algo preocupada por esa desconocida que huía de su propia vida.
Caminó hasta su habitación pensando en ella y dejó su bolso a un lado de su cama. No había llevado equipaje pesado puesto que se había ido desde la casa de Ino. Sólo tenía en su bolso su teléfono celular, billetera, lentes de sol y algunas otras chucherías.
Se tiró de espaldas sobre la cama y cerró los ojos. Recordaba claramente la cara de Sasuke Uchiha cuando ella terminó de hacerle el pastel de cumpleaños. Si hubiera tenido más tiempo, le habría preparado algo mejor… De haberlo sabido antes… Pero él parecía contento, más que eso, estaba feliz.
Sakura se quedó dormida pensando en su rostro.
Kiba entró a su casa con dificultad. Tenía su pequeño morral cruzado al pecho y su guitarra colgando en la espalda, pero en las manos llevaba una caja de pizza, de forma horizontal, para que no se volcara el queso, que había comprado ni bien llegó a la ciudad nuevamente. Cerró la puerta tras su espalda de una patada y dejó la pizza sobre la mesa, donde su hermana mayor: Una mujer hermosa de cabello castaño y ojos fríos; estaba tomando una taza de té y leyendo el diario.
Hana ni siquiera miró a su hermano cuando entró, pero sí abrió la caja de pizza mientras Kiba se sentaba frente a ella dejando sus pertenencias, en el suelo, a su lado.
—Todavía no es hora de la cena —Dijo ella con suma seriedad mientras bebía otro sorbo.
—Necesito que mamá y tú se larguen mañana —Kiba mordió una porción de pizza y siguió hablando con la boca llena—, en la noche voy a estar ocupado y necesito la casa sola.
—Mira, mocoso: Déjate de pavadas. Aquí vivimos los tres, al menos hasta que por fin me pueda mudar a la casa nueva —La verdad era que Hana no era mucho mayor que Kiba, pero siempre lo había llamado mocoso, aunque con sus veintitrés años sólo le llevaba dos a su hermano menor— ¿Qué tanto vas a hacer? ¿Una fiesta? Acabas de llegar ¡Encima a esta hora, después de días de estar desaparecido! Sólo dejaste una nota en el imán de la nevera y te fuiste por días, Kiba. Mamá se pensaba que estabas… No sé, en algo raro… ¿Y ahora quieres que despejemos la casa?
Kiba bufó cansado, poniendo los ojos en blanco.
—Mamá siempre exagera… —Trató de calmarla él, mordiendo otro pedazo— Me fui a una casa en el lago con unos amigos. Surgió la idea de la nada, así que no pude esperar a que ustedes llegaran. Dejé una nota ¿Qué mierda pensaba mamá? —Se terminó de comer toda la parte con queso de la pizza y le tiró el tronco a un enorme perro blanco que merodeaba por debajo de la mesa.
—No sé… Viste cómo es con eso de que hagas alguna locura… Tampoco sé bien de dónde lo saca pero tienes tus cosas raras Kiba… Desapareces, te vas a esas carreras de autos, andas con varias mujeres a la vez…
—No jodas, Hana…
—Sólo digo que cuando venga mamá la calmes tú. Empezó a decir que seguramente terminarías como papá.
Kiba volvió a bufar mientras sacaba otra porción de pizza de la caja. Hana terminó su té y dejó la tacita en la mesa. Cerró el periódico y se levantó. Iba vestida con una pollera tubo, una camisa y unos zapatos de tacón. Kiba entrecerró los ojos al notar extraño el vestuario de su hermana.
—Mamá está loca. Que yo disfrute mi vida no quiere decir que sea igual a papá. Papá era un idiota ¿Qué haces vestida así?
—Fui a dejar currículums en algunos lugares… Pero no hay mucho trabajo en estos momentos. Voy a tener que conformarme con la veterinaria de la familia ¿Por qué necesitas la casa sola mañana?
—Sólo en la noche. Iré a un concierto con una chica que está bien buena… Ya me comprendiste.
Hana se cruzó de brazos y sus pechos se acentuaron. Su ceño estaba fruncido y miraba a su hermano como evaluándolo.
—Está bien… Veré si puedo convencer a mamá.
Kiba se levantó de su lugar con una enorme sonrisa y corrió a abrazar a su hermana que lo espantó rápidamente.
—¡Basta Kiba! Me la debes…
Ino había llegado a su casa hacía tres horas, pero se la había pasado encerrada en su cuarto. No podía esperar a salir al día siguiente por la noche; su madre le tenía los nervios de punta.
Kiba había sido lo suficientemente amable como para acompañarla hasta la puerta de su casa y la madre de ésta no dejó de hacer indagaciones sobre la relación entre ambos. La mujer parecía realmente furiosa de que su hija se relacionase con chicos, según denominaba ella misma, «raros». Ino ya estaba harta de que la molestara porque el pobre muchacho poseía una moto. Deidara, sin embargo, había estado mucho más calmado de lo usual. De hecho, había estado curiosamente silencioso, como si algo fuera mal. Ino no había querido indagar en sus asuntos porque su hermano se molestaba bastante cuando se metían en sus asuntos.
Por suerte, Inoichi estaba mostrándose bastante cariñoso con su esposa y esa era la única razón de que la mujer no estuviera ahora mismo metida en la habitación de su hija sermoneándola por estupideces.
Ino hundió la cabeza en su almohada y movió sus pies descalzos. Tenía el aire acondicionado encendido y estaba hermosamente refrescante.
Tomó su celular y envió a su futuro compañero de concierto un rápido mensaje.
«No tienes idea de cuánto quiero que sea mañana por la noche»
Ni bien envió el mensaje le llegó la contestación.
«Tengo despejada la casa para mañana en la noche, por si quieres venir, niña bella»
Ino sonrió. Kiba era un buen chico, ya que Hinata no le daba la atención que él deseaba, usaba su tiempo para divertirse. Y eso a Ino le agradaba, tal vez Kiba no fuera un adonis como Itachi Uchiha, pero sí que estaba bien guapo y tenía un bronceado de infierno.
«Ahí estaré, niño bello»
La mañana estuvo calurosa después de los días de lluvia tormentosa y fresco húmedo que Tokio había sufrido en pleno verano; Temari se levantó temprano y se preparó el desayuno. Su padre ya estaba en la mesa. Había quedado el día anterior en presentar a Shikamaru en familia. La cita se iba a dar al día siguiente y Rasa Sabaku No había estado limpiando y manteniendo a sus hijos a raya. Y todo iba bien hasta que Sai y su hermano llegaron la noche anterior con bolsos enormes y sin tener un techo sobre la cabeza. Los dos jóvenes habían pasado la noche en el cuarto de Kankuro, y éste había dormido en la habitación de Gaara.
Sin embargo, Rasa, ya se había puesto de malas. Al parecer, para él la generosidad no era algo que tenía que ofrecerse a diario. Desde la noche anterior que no hablaba con sus dos hijos varones y apenas cruzaba palabra con su hija mujer.
—Espero que tu novio no sea igual de raro que tus hermanos… —Bufó el hombre mirando a su hija de reojo mientras ésta se sentaba a comer bizcochos con café con leche.
—Papá… Por favor, deja a los chicos en paz.
Éste hizo un gesto con la cara.
—No digo que sean malos chicos… Pero podrían vestirse de forma más decente… Tener ambiciones, soñar con un futuro… ¡Conseguir otra clase de amistades!
—Sai es un buen chico…
—Sí. Sí…
—Mira… Shikamaru y yo saldremos éste mediodía. Iremos al cine y a comer algo. No me esperen para almorzar.
—Al menos te saca a pasear. Espero que te merezca… —El hombre le dedicó una mirada de arriba abajo a su hija. Iba despeinada, ojerosa y con lagañas (ni siquiera se había lavado la cara antes de bajar a desayunar) sus ropas estaban holgadas y descombinadas. Temari no era la clase de mujer que atraía a muchos hombres, además tenía una horrenda sonrisa y era pésima para las relaciones sociales. Rasa se preguntó a qué clase de hombre podía conquistar una mujer así y temió un poco por el futuro de su hija.
—Nara es un buen muchacho.
—¿Aún lo llamas por el apellido? No tendrán la suficiente confianza ¿Te parece bien presentarlo ya? —Temari frunció el entrecejo.
—Papá, ya basta. Le digo así porque me nace. Así me gusta llamarlo.
El hombre volvió a torcer el gesto.
Tenten se pasó por El Refugio en calidad de cliente. Los padres de Sakura se encargaban de los clientes aunque no eran muchos. Estaban en plena temporada de vacaciones y la mayoría de los clientes habituales estaban aprovechándolas. El Refugio estaba insólitamente vacío y a Tenten le generaba una tranquilidad apaciguadora.
Ya era casi la una de la tarde. Se había pegado una escapada de su casa donde su padre no paraba de llenar informes, hacer planillas y escribir documentos para su trabajo, y su madre, alterada por su marido, no paraba de limpiar de malhumor y de hacer cosas para mantenerse ocupada.
Mebuki le había servido unas galletas y un café frío, y Tenten se encontraba sola sentada en una mesa doble cerca de la ventana. Sakura bajó las escaleras de dos en dos y, localizando a su amiga, sonrió y se dirigió hacia ella.
—Ten… ¿Qué haces por aquí?
Tenten le sonrió pero no del todo sincera.
—En casa no hay buen clima —Se justificó— ¿Tú a dónde ibas?
—A casa de Ino —Sakura se puso una mano en la cintura—. Va a salir esta noche con Kiba y quiere que la ayude a alistarse antes de las ocho. Tenemos siete horas… Pero parece que no le bastan.
Tenten sonrió, conociendo a Ino era obvio el comentario de Sakura.
—¿Cómo te fue en nuestra ausencia? —Preguntó la pelirrosada sentándose frente a su amiga— Karin me contó que tuviste un encuentro con Neji Hyuga.
Tenten se ruborizó.
—Sólo fue casual. Él es un buen muchacho… Me acompañó a casa. Ya te contaré los detalles pero será mejor que no dejes esperando a Ino o empezará con sus caprichos —Ambas sonrieron.
—Bueno pero prométeme que… —Sakura se interrumpió. A su lado había aparecido el recién mencionado Hyuga, llevaba entre sus brazos un pack de cafés para llevar y medialunas envueltas. Su cabello estaba amarrado en una cola de caballo bastante suelta y unos pocos mechones se le escapaban dándole un aspecto que para Tenten fue increíblemente sexy. Sakura carraspeó entre nerviosa y pícara.
—Hola, chicas ¿Cómo están?
—Bien… Hoy de clientes —Contestó Tenten, colorada, haciéndose la simpática—. Aunque a decir verdad extraño un poco el trabajo. El lunes estaré contenta.
Tenten le sonrió con ternura y él le devolvió la sonrisa al notarla. Sakura se levantó de su asiento rápidamente y se acomodó la falda que llevaba puesta.
Neji y Tenten seguían mirándose en silencio con sonrisas bobaliconas en sus rostros. Sakura alzó las cejas divertida.
—Bien… Yo… Creo que ya me voy retirando. Ino me matará si no llego a tiempo.
—¿Quieres tomar asiento? —Preguntó Tenten con una sonrisa a Neji, alzando su palma a modo de invitación.
Sakura giró sobre sus talones para retirarse pero chocó contra el pecho bien marcado de un muchacho apenas más alto que ella. Levantó la vista y se encontró con dos enormes ojos redondeados debajo de espesas cejas negras. El joven le sonreía con una sonrisa tan amplia que se podían ver todos sus dientes.
—¡Sakura! ¡Hola! ¿Cómo estás? —Sakura le sonrió tímidamente y miró sobre su hombro. Neji se había puesto algo rígido y Tenten parecía querer meterse bajo tierra. Lee los miraba a todos con ojos deslumbrantes y sonrisa amable.
—Lee… Ey… Mmm… ¿Qué te parece si vamos a dar una vuelta? —Los ojos se le iluminaron aún más al escuchar a Sakura decirle eso, además de que la tenía bastante cerca.
—Saku… Me encantaría eso pero vine a ver a Tenten…
Apenas terminó de hablar, Neji empezó a caminar lentamente hacia la salida, aferrando sus productos.
—Bueno, tengo cosas que hacer —No dijo nada más.
Sakura miró hacia abajo nerviosa. Lee había arruinado la oportunidad de Neji y Tenten de conocerse mejor; de hecho Neji se había ido con aspecto ofendido, como si estuviera celoso o tuviera bronca. Lee miró a ambas chicas sin entender lo que pasaba y Tenten le dedicó una sonrisa resignada.
—Ven, Lee… ¿Papá te envió?
—Sí… —Lee se sentó frente a la castaña, y Sakura comenzó a caminar hacia la puerta como había hecho Neji antes. Al marcharse escuchó a Lee decirle «¡Otro día salimos a caminar, Saku!»
Una hora después Shikamaru se encontraba caminando a un lado de una rubia simpática. Habían salido de ver una película de acción con explosiones, autos de carreras, mucha sangre y disparos. Temari había salido muy emocionada y Shikamaru estaba de malas porque con todo el ruido de la película no había podido echarse ninguna siesta.
Además, había pagado él. Ella era muy insistente con el tema de comportarse como pareja en todo momento, y como habían tenido una cita él había decidido hacerse cargo de los gastos. Nunca se imaginó que ella iba a comprar nachos con queso, palomitas de maíz, gaseosas y golosinas sólo para consumir durante la película.
Ahora, quería ir a El Refugio a tomar una merienda temprana. Temari iba caminando a saltitos, contando la película de forma animada. A pesar de todo lo descrito anteriormente, Shikamaru se la estaba pasando de maravilla. Pocas veces antes se había sentido tan a gusto con alguien que no fuera Chouji. Y pocas veces antes una chica le había parecido tan agradable: Temari era graciosa, divertida y tenía gustos similares a los suyos, comía como chico y disfrutaba de largas siestas. Las salidas que había estado teniendo con Temari habían sido, dentro de todo, placenteras, y eso era curioso. Sin embargo, Shikamaru estaba inquieto por presentarse al día siguiente en casa de los Sabaku No. Conocer a los hermanos de la rubia y al mismísimo Rasa Sabaku No. Impresionar a gente así seguramente iba a ser difícil.
—¿Sabes, Nara? Yo sé que mi padre cree que no puedo conseguir a alguien decente como pareja. Sería lindo si mañana te comportaras como todo un caballero.
Shikamaru la observó sin entender el porqué del comentario.
—¿Por qué creería tu padre que no eres capaz de conseguir una pareja decente?
—Pues… Porque soy rara.
Él la observó con más detenimiento. Temari se había vestido con un vestido de una pieza de color blanco con lunares que le daba un aspecto ochentero, llevaba tennis deportivas y calcetines verdes, sus muñecas estaban llenas de pulseras y su cabello amarrado en dos colas de caballo. Sí, era rara… Pero por primera vez a él le pareció que además de extraña era muy hermosa. Sus ojos estaban delineados y el color verde azulado resaltaba por entre sus pestañas largas. Tal vez Temari no fuera una chica con la que él intentaría ligar en una discoteca, pero era una chica a la que se podía llegar a querer en profundidad si se la conocía. No le parecía que fuera fea y mucho menos que los hombres 'decentes' le huyeran.
—Seré el mejor novio —Le dijo al fin, y ella se aferró de su brazo dedicándole una sonrisa chueca.
Sakura había llegado a casa de Ino, la había atendido su madre y la había enviado directamente a la habitación de su hija, pero mientras la acompañaba hasta allá, empezó a hablarle por lo bajo de un solo tema: La compañía de su hija. «Saku, tú que eres su amiga, por favor, adviértela de los peligros de confiar en cualquiera. Mira que irse con un chico así, ¡Y encima que anda en moto! Eso es tan peligroso… ¡A un concierto! Lleno de gente, me quedo preocupada, ahí suele haber drogas, alcohol, cigarros… Movimiento… -con la voz aún más baja- ¡Sexo! Suele haber cosas así, inmundas, depravadas, sin protección… Ino está en una edad difícil. Tú eres más madura, ayúdala por favor.» Al final de las escaleras la mujer volteó, no sin antes dedicarle una mirada de preocupación a la amiga de su hija, y luego se marchó por donde vino. Sakura, con los ojos bien abiertos por la sorpresa de todo lo que le había dicho la mujer, abrió la puerta del cuarto de su amiga sin tocar.
Ino estaba sentada en la cama con una pierna sobre el acolchado, depilándose con cera. También tenía una tira debajo de la nariz y a su alrededor estaba lleno de maquillajes y ropa tirada por todos lados.
—¡Saku! ¡Estoy en crisis!
—¿Qué te pasa? —Sakura cerró la puerta tras ella y dejó sobre una silla cercana a la puerta, un bolso que llevaba.
—¡No sé qué ponerme! Y sé que vas a decir que es un cliché pero, en serio, necesito ayuda. Sé que es un concierto y debería ir cómoda, pero… ¡Mierda! También tengo que ir sexy.
—No exageres, Ino…
—¡No exagero! No quiero espantar al pobre de Kiba, tan buen mozo él. Está tan bueno…
—Ino, por favor…
—De nuevo, Saku, no estoy exagerando. Eesss taaan bueno en lo que hace.
—¿Qué hace? —Sakura miró a su amiga extrañada sentándose a su lado mientras Ino se tiraba de la tira de cera. Ésta le dedicó una sonrisa pícara y Sakura elevó los ojos.
—¿Cuándo lo hicieron?
—En el lago.
—¡Qué asco Ino! ¿Al menos te cuidaste verdad?
—Siempre tomo la píldora.
Sakura empezó a revolver las prendas que tenía alrededor, había camisetas con logos de bandas que Ino solía usar sólo para dormir, jeans ajustados, calzas de cuero, abrigos de aspecto roquero y blusas escotadas. Fuera del alcance de Sakura ésta divisó faldas, shorts, vaqueros y camisetas estampadas, también vestidos de diferentes colores. Sobre el tocador cerca de la puerta había maquillajes, aros y bijouterie, y también varios anillos. Y en el suelo, desparramados, había muchos pares de zapatos, botas y sandalias. Sakura tomó un par de las últimas que tenían unas hermosas tiras anaranjadas.
—Ya descarté esas —Dijo Ino con una sacudida de mano mientas se quitaba de un tirón otra tira de cera—. No es bueno para un recital, en serio, me pisarán los pies y me romperán los dedos.
—Entiendo ¿Entonces…?
—No sé… Creo que debería primero elegir una ropa interior bien sexy y después, en base a eso elegir la ropa «exterior»
—Ino… ¿Vas a basar tu atuendo en la ropa interior?
—¡Sí!
Sakura negó con la cabeza resignada mientras escuchaba a su amiga seguir hablando:
—Estaba pensando en algo con encajes y bordados… Algo atrevido. Negro, por supuesto —Ino siguió depilándose— ¿Crees que a Kiba le gusten los disfraces?
—Ino, de verdad no quiero saber eso… Por cierto, tu mamá está preocupada.
—Lo sé, se la pasó así desde que se enteró que iba al concierto —La rubia terminó la depilación y se quitó la camiseta vieja que llevaba puesta. Quedó sólo en sostén y empezó a revolver entre las prendas de ropa que había por ahí. Nada parecía convencerla. Quería ir hermosa y pasarla fenomenal. Kiba era realmente guapo y aunque él no quisiera nada serio… ¡¿Qué diablos?! Ella tampoco lo quería— ¿Crees que debería ponerme algo así? —Un ajustado vestido negro de una tela que simulaba ser cuero resplandeció a la luz artificial de la lámpara de techo. Sakura alzó las cejas en aprobación. Era un vestido hermoso.
—Es precioso, Ino.
—Mi abue me dio dinero para mi último cumpleaños y me lo compré. No tuve ocasión de usarlo nunca —Era corto y sexy, no llevaba escote pero seguía siendo bastante provocativo, sin embargo a Saku no le parecía buena idea que fuera a un concierto vestida así.
—Te meterán mano…
—Es la idea —Ino guiñó un ojo.
—No Kiba, quiero decir… En el tumulto de gente, algún pervertido puede hacerlo.
—Me pondré un short debajo para que la metida de mano sea menos incómoda.
Sakura alzó los hombros.
—¿Usarás accesorios?
—¡Claro! El vestido es muy simple para dejarlo así solo. Ayúdame.
Sakura sonrió y se levantó para dirigirse al tocador mientras Ino revolvía entre lencería sexy.
Ino terminó por ponerse su vestido sexy con unas sandalias que cubrían todo su pie y casi no tenían plataforma. Sakura la había ayudado a seleccionar accesorios (habían optado por colocarle en el cuello una gargantilla con brillantes y en las muñecas unas pulseras coloridas para contrastar con el negro de la vestimenta) Sakura la había peinado, le había dejado el pelo rubio suelto hasta encima de la cintura y le había hecho un rodete trenzado en el medio de la cabeza con algunos mechones sueltos.
Sakura se había retirado apenas unos minutos antes de la hora que Ino había acordado con Kiba, y ésta estaba esperando a que su acompañante llegara mientras su madre le taladraba la cabeza con muchas cosas.
—Ino escucha: …y quiero que tengas cuidado con en quien confías —Seguía halando. No había parado de soltar palabras hacía por lo menos quince minutos—, sé que Sakura te habrá hablado de estas cosas porque es una chica madura y te quiere pero tú deberías abrir un poco más tus oídos y escucharla más. Ese chico con el que vas a salir no sé si es buena idea, Ino… ¡En una moto! Y a esta hora. Eso es muy peligroso… Y si allí beben o algo así y después se suben a ese vehículo…
—¡Mamá! Mamá por favor, déjala en paz —Fue Deidara quien habló, y su hermana se mostró sorprendida. Ino ya se había resignado a que su madre le hablara una hora sobre todas sus preocupaciones y por eso no le había dicho nada -para no generar conflictos- pero no se esperaba que Deidara fuera a saltar en su ayuda. La madre de ambos hermanos también se lo había tomado por sorpresa porque miró a su hijo con ojos desquiciados— ¡Déjala en paz! Estás torturándola. Es una moto no una sierra eléctrica.
—Deidara… Me dejas anonadada. No me imaginé que tú, con todo lo que cuidas a tu hermana, saltarías en mi contra.
—No es que esté en tu contra; es comprensible la preocupación, pero ya se lo dejaste claro. Ahora déjala en paz.
La mujer se mostró indignada y salió con paso firme pero enojado hasta la cocina, en donde gritó «¡Inoichi!» para buscar consuelo en su marido que seguramente estaría buscando algún refrigerio en la nevera.
—¿Qué bicho te picó? —Preguntó Ino a su hermano, sin mirarlo. Estaba rígida, cruzada de brazos con gesto de hastío, con la puerta de entrada abierta esperando a que el motor de una motocicleta anunciara la llegada de Kiba.
—Nada… Ella se enoja fácilmente. Todo le preocupa… —Deidara hablaba con un tono raro en él.
—¿A ti qué te pasa?
—Nada… Es que… Mamá no se da cuenta de que, realmente no somos tan terribles como ella cree…
—¿Estás sensible, idiota? —Ino giró la cabeza hacia su hermano para ver la expresión que tenía. Estaba pálido, lívido, parecía que hubiese visto un fantasma; y últimamente se había comportado raro, de forma diferente a lo habitual, como con miedo, a la defensiva o incluso molesto ante situaciones que antes no le afectaban.
Deidara suspiró y se pasó una mano por la cabeza, preocupado.
—¿Y si te digo que… que…?
—Habla de una vez, Deidara.
El sonido de la moto que tanto había estado esperando se empezó a oír y rápidamente se hizo más fuerte, hasta llegar a la puerta de la casa de Ino.
—Hace falta que te diga, que me muero por tener algo contigo —Estaba cantando Kiba a los gritos, de forma divertida. Ino le sonrió animada y levantó la mano para saludarlo—. Es que no te has dado cuenta, de lo mucho que me cuesta ser tu amigo.
—Ino… —Llamó su hermano para recuperar su atención— Me voy a casar.
Ino soltó una carcajada.
—Si me vas a decir algo, dime la verdad, idiota —Se quejó Ino entre risas. Kiba empezó a tocar bocina impaciente. No era para culparlo: El concierto empezaba a determinado horario y si no llegaban a tiempo iban a tener problemas. Ino miró a Kiba desde lejos, éste miraba preocupado, sin entender por qué su amiga no se acercaba. Volvió la mirada a su hermano— ¿Qué tienes Deidara?
—Kurotsuchi… Ella…
—¿¡Qué?! ¡Me estás jodiendo! ¿Formalizaste con ella? —Deidara asintió lentamente con la cabeza— ¡Pero es exagerado que pienses en casamiento!
Kiba volvió a hacer sonar el claxon.
—Eeeeh… Ino… Kurotsuchi está embarazada.
Ino empezó a caminar hacia Kiba como atolondrada. Con pasos pesados, como si tuviera pies de plomo; piernas de gelatina y la mente repleta de cosas. Deidara embarazado y a punto de casarse… Imposible. De seguro le estaba gastando una broma.
Sí, seguro era eso.
Llegó hasta Kiba que la miró preocupado.
—¿Estás bien, rubia? ¿Prefieres quedarte?
Ino atinó a negar con la cabeza, le sonrió forzosamente y se sentó en la parte trasera de la moto abrazando por la cintura al conductor que le pasó un casco y despacio, teniendo en cuenta que su acompañante parecía algo distraída, empezó a avanzar.
