Canción: Shake It Off/ Taylor Swift
-*Entrevista*-
El domingo a la mañana Ino se despertó en la cama de Kiba, tapada sólo con una sábana fina. Había dormido boca abajo después de una noche espectacular, de pasión. Estaba desnuda, con su elaborado peinado desarmado, cubriéndole la espalda. A su lado, Inuzuka estaba dormido con un brazo sobre los ojos y la boca medio abierta, también despojado de ropas.
Ambos se habían dormido exhaustos; habían salido del concierto y habían ido directamente a la habitación del muchacho a pasar a la acción. La madre y hermana de Kiba habían cumplido con su palabra, pero rápidamente llegarían a la casa nuevamente; Ino se removió entre dormida abriendo sus ojos azules de a poco para que la luz no le dañara la vista.
Con una mano suave empezó a mover a su acompañante para que se despertara, mientras se incorporaba un poco y se tapaba los senos con la sábana.
Kiba abrió los ojos y la miró con cara de dormido.
—Buen día, rubia.
—Ey… ¿Hasta qué hora tenemos la casa sola? Porque ya va a ser mediodía.
—Uy… Sí —Kiba se incorporó también. Empezó a buscar por el suelo la ropa que la noche anterior se habían quitado con tanta efusividad. Empezó a vestirse con rapidez e Ino lo imitó— ¿Quieres desayunar?
—Sí, claro… ¿Pero no vendrá tu familia?
—Mamá va a venir a abrir la tienda… La que tenemos en la parte delantera de la casa ¿viste?
Ino asintió.
—Es improbable que venga para este lado, así que no te preocupes. Tal vez mi hermana… Hana, pase a saludarme pero no te preocupes por ella.
—¿Y tu papá?
Kiba titubeó antes de contestar, mientras abría la puerta para cederle el paso a su acompañante, hacia la cocina.
—Eeeh… No, mi papá no está.
Ino no siguió hablando.
Sai y Shin se despertaron en la casa de los Sabaku No, nuevamente. No tenían lugar donde ir y los Sabaku No le habían dado un lugar en su casa por segunda vez consecutiva. Rasa no se había enterado de esto, ya que si lo hacía probablemente pondría el grito en el cielo. Temari les llevó el desayuno a la habitación de Kankuro (una habitación grande y amplia, similar a la de Gaara pero menos desordenada) Los dos hermanos estaban desayunando en la planta baja, despistando a su padre.
Temari les dejó la bandeja que había logrado sacar de la cocina sin que Rasa se diera cuenta.
—Te lo agradezco —dijo Shin. Sai también agradeció la comida.
—No se preocupen. Les quería avisar que… Bueno, papá, cuando yo cumplí dieciocho años, me compró un departamento cerca del centro con la esperanza de que yo comenzara a trabajar y me mudara allí. Finalmente decidí priorizar mis estudios y no me independicé, así que… Pueden usar ese lugar hasta que consigan algo más.
—¿En serio no vas a necesitarlo?
—No. Sólo necesito discreción. Que papá no se entere, pero por lo demás… Bueno, en cuanto pueda les doy la llave.
Los hermanos Shimura se miraron mucho más positivos que antes.
Temari, que ya había terminado de desayunar, se metió en el baño del primer piso que tenía cerca y prendió la ducha. Había quedado con Shikamaru en encontrarse ese mismo día y hacer una presentación formal frente a Rasa y sus hermanos, así que, tenía que ponerse relativamente atractiva para la ocasión.
Ino volvía a estar metida dentro de su vestido negro ajustado, el delineador que tenía en los ojos se le había salido casi por completo en la noche, pero todavía quedaba un atisbo de negro en derredor de las pestañas. Kiba estaba sentado frente a ella. Ambos tenían café y tostadas al frente y Kiba estaba sorbiendo de su taza cuando su hermana Hana entró por la puerta. Estaba vestida mucho más informal que la última vez, con unos jeans y una playera verde.
Hana miró a Ino brevemente y luego pasó su mirada a su hermano con los ojos bien abiertos. Sin que la rubia mirara levantó las cejas, subió un pulgar a su hermano y le dijo sólo moviendo los labios «Es muy bonita» Kiba le sonrió.
—Hola —Hana saludó a Ino con un beso en la mejilla— ¿Eres novia de Kiba? —El aludido se ahogó con el café.
—Eeeh… No, Hana… no…
Ino le sonrió a la chica que caminó hacia la nevera para tomar dos aguas minerales.
—No, no soy la novia… Sólo…
—Sí, ya entendí. Perdón —Se disculpó la joven—. Es que si eras la novia de Kiba es… ¡Guau! Sería magnífico. Nunca lo había visto con una chica tan linda.
—Ah. Eh… Gracias —Ino le sonrió agradecida.
—Ya lárgate, Hana…
Hana Inuzuka se marchó nuevamente a la veterinaria con las botellas en la mano. Kiba e Ino siguieron con su desayuno.
—Linda chica, tu hermana…
—Sí, es rara —Acotó Kiba.
—¿Nunca habías traído a nadie más a tu casa?
—Eeeeh… No. Nunca presenté a nadie.
Ino asintió con la cabeza despacio y bebió otro sorbo más. Ella también era discreta con sus relaciones, claro que, en su caso, su madre no era tan comprensiva como la de Kiba, y su hermano era mucho más celoso que Hana Inuzuka… ¡Deidara! Ino recordó, de repente, lo del embarazo de Kurotsuchi y el corazón se le aceleró. Esperaba que fuera una broma.
A mitad de la tarde, Shikamaru se dispuso a prepararse para ir a casa de los Sabaku No. Estaba nervioso, no iba a negarlo. Cuando conoció formalmente a la familia de Ino todo había sido más sencillo, ellos eran compañeros de escuela y sus familiares cercanos ya se conocían de reuniones escolares y festivales; en el caso de Temari era diferente. No sólo, toda la relación era una farsa y había posibilidades de que todo se descubriera, sino que su familia era… Para decirlo vulgarmente: jodida. Rasa Sabaku No era un hombre poderoso y rico, que trabajaba en política y se codeaba con la gente más poderosa del país, y sus hermanos, Kankuro y Gaara, eran dos muchachos raros, difíciles de tratar y, por todo lo que le habían contado, con claros conflictos internos.
Sin embargo no tenía ninguna intención de hacerse hacia atrás; Temari lo necesitaba y él la necesitaba a ella de igual forma.
Su madre, Yoshino Nara, estaba que daba saltos de alegría. Especialmente porque, así como ahora Shikamaru iba a ir a casa de su «novia» a ser presentado oficialmente, ella, Temari, iría en breve a conocer formalmente a la familia Nara.
—¡Shikamaru! Se te va a hacer tarde —Golpeó la puerta la mujer.
—Sí —Shikamaru tomó una cazadora limpia de encima de un modular. El abrigo era más por costumbre que por otra cosa. Estaban en pleno verano y no hacía nada de frío, pero había decidido con Temari que se quedaría hasta después de la cena, y no sabía si el clima iba a seguir siendo cálido para el turno vespertino. Se echó perfume por encima de la ropa y salió de su habitación. Su madre, de resplandeciente sonrisa y cabello oscuro, lo miraba encantada en el pasillo.
—¡Me siento tan feliz! Ya te hacía falta ir sentando cabeza —La mujer le acomodó la camisa a su hijo-una de mangas cortas y color verde pastel-sin dejar de sonreír.
—Déjame en paz, mamá…
—Tengo tantas ganas de conocerla. Me siento muy feliz.
—Me alegro mucho… Mira… Ya me tengo que ir, ¿sí? —Temari le había suplicado que fuera lo antes posible, porque había estado limpiando toda la tarde, se había alistado y ya estaba empezando a hartarse de la impaciencia de su padre.
Salió de su casa con paso perezoso, y encendió un cigarro para calmar la ansiedad. De seguro se le iba a preguntar sobre su carrera universitaria, sobre su trabajo, y él no tendría mucho que decir. Temari se la pasaba diciendo que, en su familia, todos creían que ella no era merecedora de un buen hombre; pero Shikamaru no se sentía merecedor de semejante mujer. Ahora que lo analizaba, Temari era una mujer alegre, divertida, bonita y de buena familia, y él era un simple vago de clase media con dos padres insoportables. No sabía si iba a caer bien en la familia de los Sabaku No.
Terminó el viaje y se encontró, después de unos minutos prolongados, frente a la puerta de la enorme casa perteneciente a la familia de su novia. Exhaló todo el humo que le quedaba en los pulmones y tiró el cigarrillo en un arbusto cercano antes de tocar el timbre y aguardar a que le abrieran.
Sai y Shin se estaban acomodando en el departamento de Temari. Era un lugar espacioso, aseado y luminoso. Se notaba que llevaba desocupado mucho tiempo, había aroma a humedad y finas películas de polvo sobre los muebles. A pesar de eso, todo el lugar era más de lo que ambos hermanos creían que iban a conseguir.
Había una sola habitación con una sola cama matrimonial, que seguramente Rasa había comprado para su hija, también había un armario y un baño pequeño, con una ducha y un retrete muy pegados entre sí; la cocina era chica y apretada, aunque muy acogedora. Shin silbó impresionado.
—Qué hermoso espacio… —Le dijo a su hermano al terminar de mirar cada rincón de la casita. Sai asintió de acuerdo. Era muy bello, el problema que lo acongojaba era que él no tenía un empleo para mantener semejante lugarcito. Ya era bastante que Temari les dejaba el lugar sin cobrarles un solo yen, pero, a partir de ese momento, Shin y él tenían que pagar los servicios básicos además de la comida. Y con el trabajo de Shin, seguramente, no les iba a alcanzar.
No iba a decirle nada a su hermano por el momento. No quería preocuparlo, la buena noticia era que ya tenían dónde dormir. Comenzó a guardar sus pertenencias en los cajones del mueble de la habitación.
La noche había caído como un manto oscuro; Temari estaba calentando la comida que había hecho con sus propias manos. Gaara y Kankuro estaban sentados en el patio trasero hablando de forma compinche, en secreto de los otros dos-Rasa y Shikamaru, que estaban un poco más alejados, serios y mudos, en aspecto notablemente nerviosos-Shikamaru miró sobre su hombro y vio a sus dos cuñados alejados de ellos. Se empezó a acercar a grandes pasos para poder platicar de forma casual con ambos. Quería caer bien para que dejaran en paz a Temari. Era la razón de todo ese alboroto.
—Ey… —empezó. Gaara y Kankuro terminaron su conversación rápidamente, como si no quisiera que se enterara de nada, y lo miraron— ¿Cómo están?
—Bien —contestó el menor.
—¿Qué hay? ¿Por qué no vas a ver cómo está Temari?
Shikamaru bufó. Había estado toda la velada recibiendo tratos secos y hostiles. No eran agresivos ni malvados, pero sí muy distantes. Le era casi imposible relacionarse con su familia política si ésta se rehusaba a conversar.
—Porque a tu hermana ya la conozco, el objetivo de la reunión es conocerlos a ustedes: su familia.
Rasa, que había caminado detrás de Shikamaru, soltó una risa baja, claramente dándole la razón. El hombre palmeó en el hombro a su yerno y miró a sus hijos.
—Tiene razón. Traten bien a su cuñado… Una vez que su hermana consigue algo.
El hombre soltó otra risita. Parecía que había querido hacer una broma pero nadie se rio más que él.
—La siguiente será la novia de Gaara, seguramente… —Acotó Kankuro burlando a su hermano que le pegó un codazo nada disimulado en las costillas. Rasa los fulminó a ambos.
—No se peleen, chicos. Estamos en una reunión familiar. Hablemos con Nara Shikamaru.
El hombre se sentó a un lado de sus hijos y lo invitó a su yerno a sentarse. Shikamaru se sentó a su lado y miró al estrellado cielo.
—Bueno… Nara, cuéntanos algo —Pidió Kankuro.
—Mmm… ¿Como qué?
—¿Llevarás a Temari a conocer a tu familia? —Preguntó Rasa— creo que ella lo mencionó.
—Sí, claro. Mi madre está que muere de felicidad —Shikamaru puso los ojos en blanco al recordarla.
—Tal vez se le vaya la emoción cuando la conozca. Temari es un tanto extraña, es una muy buena mujer y espero que la cuides como corresponde —agregó el hombre a su comentario original—, pero no se puede evitar lo que salta a la vista: Temari es poco femenina y muchas veces mete la pata. Es torpe.
—Sí, puede ser. Pero es una gran mujer.
Rasa se mostró impresionado.
—Me das mucha curiosidad Nara. Eres un muchacho avispado, responsable e inteligente; vienes de una buena familia que te ha criado como Dios manda. Tu madre parece ser amorosa y responsable, por lo que has contado… No entiendo cómo te interesaste en alguien como Tema.
Shikamaru evitó mirarlo a la cara en todo momento. Escuchó tranquilo y esperó mostrarse apacible. No le gustaba que hablaran así de Temari, ella podía tener defectos como todo mundo, pero no creía que fueran tantos como para hablar así de ella. Era una estupenda persona y era agradable pasar tiempo con ella.
—No sé por qué ve curiosidad. Temari es agradable, cocina muy bien y es divertida.
—Sí, pero… aun así… —De fondo a la voz de Rasa, los hermanos de Temari intentaban cambiar el tema sin lograrlo— seguramente podrías conseguir a otra chica así.
—Papá, parece que lo quisieras ahuyentar —comentó por lo bajo Kankuro, de notable malhumor.
—¿Alguna vez observó el cielo, señor Rasa? —Preguntó Nara ignorando a su cuñado y volviendo a mirar el firmamento nocturno. El hombre hizo un gesto de incredulidad.
—¿El cielo? —Se notaba confundido.
—Sí, el cielo: infinito y tenebroso, es cercano pero a la vez está distante. Guarda tantos misterios que es difícil percibirlos. Brilla y se muestra cálido. Cualquiera que lo vea se enamora de él ¿no le parece maravilloso?
—Sí, supongo… que sí —El hombre seguía confundido.
—Sus ojos —Shikamaru se levantó de su lugar—… Temari tiene el cielo en sus ojos.
El lunes por la mañana, Naruto se despertó, se duchó, se perfumó y se vistió con sus mejores ropas. Se puso una camisa anaranjada y un pantalón de jean negro. Estaba listo para la entrevista que Hinata le había prometido. Estaba ansioso y nervioso, él nunca había tenido una entrevista de trabajo antes. Había salido de la escuela secundaria y había ido a parar al taller mecánico de Kakashi Hatake, quien era conocido de su padre. No sabía nada de nada. Naruto no sabía idiomas, apenas se entendía con la tecnología, no tenía muchos conocimientos de cultura general y la música le gustaba mucho pero no sabía qué clase de trabajo iba a hacer en una radio.
Sólo esperaba que las cosas salieran bien. La buena noticia era que si conseguía el empleo iba a tener un sueldo fijo y obra social. Ya no iba a depender de sus padres al cien por ciento. Se iba a poder independizar de a poco y, de esa forma, iba a poder progresar.
No les había comentado nada a sus padres, no quería ilusionarlos y que después no le dieran el empleo. Había llegado de la casa en el lago y había seguido con su vida normal, había estado ayudando a su madre en la casa el fin de semana, sintiéndose mal por no poder colaborar de otra forma. Su padre seguía buscando un empleo que le ayudara a pagar las cosas cotidianas que se gastaban. Naruto no se sentía contento por poder conseguir un trabajo antes que su padre, él lo estaba buscando desde mucho antes y se lo merecía más, pero Naruto no tenía la culpa de que le hubieran conseguido un puesto en una prestigiosa empresa de radio.
Con esa idea se aventuró en la jungla que era la ciudad, se subió al transporte público y siguió el planito que Hinata le había dibujado para ayudarlo a llegar. No tardó mucho en llegar al estudio de grabación enorme que pertenecía a Konoha's Rock, allí donde iban a entrevistarlo. Era una sede enorme, con gigante parque delantero. Dos hombres de seguridad vigilaban una reja automática. Naruto tocó el timbre, nervioso. Uno de los hombres de seguridad se acercó sin abrir la reja, y entre los barrotes le preguntó:
—¿Sí?
—Ho-hola… Soy Uzumaki Naruto… Me… me llamaron para una entrevista.
El hombre no le contestó, apretó un botón en el radio que llevaba encima y habló fuerte y claro.
—Tengo a Uzumaki Naruto en la puerta…
—Sí, hazlo pasar. En seguida lo recibirá Neji —Habló la voz en el radio.
El hombre de seguridad abrió la puerta que se trasladó por el riel de forma automática y Naruto entró más nervioso todavía. Más que una radio parecía la residencia del presidente. Avanzó con paso tembloroso sólo unos metros, sin alejarse mucho de la puerta, sin saber hacia dónde ir. Desde dentro de un edificio salió Neji Hyuga y avanzó a grandes pasos hacia Naruto. Éste se sintió mejor al reconocer un rostro y avanzó para encontrarse con él en el camino.
—Neji… ¿Todo bien?
—Sí, todo bien… Mira, te entrevistará uno de los gerentes de la radio —Neji comenzó a caminar hacia el edificio y Naruto le siguió el paso prestando atención—. Él te dará más información pero para ir adelantándote: Hay tres gerentes, la radio es grande y se requiere de mucho orden. Me alegro que te hayas vestido correctamente porque la imagen, aquí, es importante. El dueño de la radio, el papá de Hinata, se llama Hiashi Hyuga y viene de vez en cuando a supervisar, pero generalmente trabaja desde su casa con todo el papeleo —Naruto asintió—. En su ausencia hay tres hombres que supervisan el trabajo, son estos gerentes de los que te hablé. Cada uno trabaja en sectores diferentes. Nuestros locutores y sonidistas suelen trabajar en la parte del estudio, no vas a cruzarte mucho con ellos si te dan el empleo… —Entraron al lugar y avanzaron por un larguísimo pasillo reluciente, lleno de puertas por todos lados. Naruto miró todo a su alrededor— Contesta correctamente, habla con propiedad y sé respetuoso y seguro se te dará el empleo —Neji se paró frente a una de las puertas de la derecha con la mano en el pomo dispuesto a abrirla—. No te pongas nervioso, todos aquí son muy cordiales.
El chico abrió la puerta. Naruto no pudo no sentirse nervioso. Todo el lugar era resplandeciente, era enorme y encantador. Acogedor, limpio, muy… Muy limpio. Todos los muebles eran caros, había cámaras de seguridad y parlantes, que estaban reproduciendo la música de la radio (entre que un locutor presentaba la siguiente canción, se oía Shake it off) en todos los rincones. No había nadie dentro de la oficina a la que habían entrado. Neji lo dejó esperando, cerró la puerta tras Naruto y éste lo escuchó irse por el pasillo.
Estaba nervioso, ansioso y curioso. Neji le había pedido que mantuviera la calma pero le era muy dificultoso. Antes de pedirle calma le había hablado de forma veloz de protocolo, de reglas a seguir, de orden, de respeto, de muchas cosas que a Naruto le costaban. Siempre había sido malo para acatar órdenes, por eso le había ido mal en la escuela secundaria.
Naruto miró, de nuevo a su alrededor, había un escritorio con una silla cómoda de ordenador, con rueditas para desplazarse rápidamente, Varios muebles llenos de papeles, fotocopias, documentos y archivos y una computadora moderna. Había dos fotografías sobre el escritorio pero Naruto no las veía ya que estaban colocadas hacia el otro lado. Una sola ventana hacía entrar la luz solar.
La puerta se abrió a su espalda y él giró para ver. Un hombre vestido con una chomba blanca y un pantalón color verde musgo entró al lugar. Tenía el cabello blanco y largo y una verruga en la nariz. El hombre le sonrió al verlo allí parado y le hizo una seña para que se sentara en una silla simple que había cercana al escritorio; el hombre se sentó frente a la computadora del otro lado del escritorio.
—Hola. Debes ser Naruto.
—Sí.
—Neji me habló de ti, dice que eres amigo de Hinata…
—Sí, así es.
—Bueno… ¿Tienes tu currículum?
—Ah… eh… sí —Naruto entregó su hoja de vida al hombre que le tendía el brazo. Éste le echó una rápida mirada y su gesto no parecía bueno.
—Aquí dice que… acabaste la secundaria y trabajaste en un taller mecánico ¿No tienes estudios universitarios?
—Mmm… No.
—Bueno. No importa. Me voy a presentar antes que nada: Me llamo Jiraiya, soy uno de los gerentes del lugar. Tu trabajo sería simple, serías mi asistente. Con todos los conflictos que tiene la radio últimamente, de los que seguramente escuchaste, estoy necesitando algo de ayuda ¿Crees que podrás hacerlo?
—Eh, sí. Me doy cuenta de que no soy muy listo pero puedo aprender rápido.
—Esa es la actitud que busco —A pesar de las palabras no parecía muy convencido. Naruto sabía que su currículo no era el mejor. No mentía, decía la verdad, era honesto y humilde. Tendría que haber seguido el consejo de Sakura y las chicas y haberle falsificado cosas— Bien… Naruto, dime, ¿por qué quieres el trabajo, qué te llevó a pedirlo aquí?
—Bueno… Quiero el trabajo porque lo necesito. Mi familia no es pobre pero mi padre no tiene trabajo y no nos es sencillo llegar a fin de mes con todas las cuentas pagas. Además, ya soy grande, y dependo de mis padres y no quiero seguir trayéndoles problemas… Por eso solicité el empleo. Tuve que dejar mi empleo anterior porque… Bueno, porque realmente cerró el taller donde trabajaba, y Hinata fue muy amable al proponerme éste.
—Entiendo ¿En qué ocupas tu tiempo libre?
—Tengo una banda de música con unos amigos y vecinos. De hecho tocamos en la fiesta que dieron.
—Ah. Sí, estaba al tanto… Bueno. Estoy buscando a una persona con ganas de trabajar, que no se moleste en levantarse temprano si hace falta y que esté dispuesto a leer documentos y contestar mails por largos períodos de tiempo.
—Sí, claro. Puedo con eso.
—Bien. Tu horario de trabajo sería a partir del mediodía, pero habrá excepciones en las que te necesitaré más temprano. Saldrás por la tarde, seis o siete cuanto mucho. Una vez al mes nos tocará el turno vespertino. Tendremos que quedarnos en la noche. La paga es buena y es en blanco.
—Eso sería maravilloso. No me molesta el horario…
—Bien. Eso fue todo… —Jiraiya se levantó y Naruto lo imitó con el corazón desbocado. El hombre le tendió una mano y Naruto la estrechó, luego, empezó a caminar hacia la puerta para darle la salida a Naruto— analizaré la situación y te llamaré para comentarte la resolución. Fue un placer…
—Ah… ¿Ya está? Bueno… Igualmente —Naruto empezó a caminar hacia la salida. Jiraiya ya no lo seguía. Seguía nervioso, tal vez más nervioso que antes.
Caminó con paso ligero, casi trotando, hacia la salida, por donde había venido. En la puerta, del lado exterior, lo esperaba Hyuga Neji de nuevo.
—¿Y? ¿Todo bien? —Preguntó mientras empezaba a caminar con Naruto a su lado.
—Sí… No… No sé. Fue todo muy rápido.
—Como en todos lados —Se excusó Neji. Llegaron prontamente a la salida donde estaban los dos guardas de seguridad. Neji dejó a Naruto allí y se despidió respetuosamente—. Espero que te den el empleo. Suerte Uzumaki.
—Gracias, Neji…
Los hombres en la puerta le abrieron el paso y Naruto volvió a su casa bastante atolondrado.
En El Refugio casi no había clientes, era temprano por la mañana y sólo había tres mesas ocupadas. En una de ellas estaba Hinata, solitaria como acostumbraba, leyendo un libro mucho más delgado que el que traía antes. Las otras mesas estaban ocupadas por grupos de adolescentes, en una de ellas estaba Matsuri con sus amigas.
Ino estaba sentada sobre la barra mostrador revisando su teléfono móvil. No había hablado con Deidara después del comentario que él le había largado, porque cuando había llegado el día anterior a su casa, su hermano no estaba y no regresaría hasta hoy. Con la idea de distraerse, miró a sus amigas. No les había comentado nada a ellas ni a nadie, si Deidara no quería hablar prefería no decir nada.
—Chicas… ¿Qué les parece si vamos a nadar un día de estos? La piscina comunitaria no cuesta mucho dinero y ya se nos viene agosto encima.
—¡Me encanta la idea! —Admitió Sakura encantada, sonriendo.
—¡¿Verdad que es buena idea?! Se me ocurrió… Para aprovechar los días de verano… Ya después, a mitad de agosto van a comenzar los días templados y… luego el otoño. Es bonito poder aprovechar de esto antes de que nos caigan los horarios escolares encima de nuevo.
—Sí, me gusta… —Dijo Tenten, de acuerdo. Karin torció el gesto pero asintió también, aunque sin muchas ganas.
—Bueno… Tal vez el fin de semana que viene ¿qué les parece?
—Sí. Yo no tengo problema…
—Yo tampoco
Karin se encogió de hombros. No le gustaban esas cosas, disfrutaba del agua fresca en verano pero le era difícil comentar que le aterraba nadar y las aguas profundas en general.
—Bueno, arreglaremos mejor más adelante… —Propuso la pelirroja. Las demás asintieron.
Naruto entró al local y miró en derredor. Cuando visualizó a Hinata caminó sonriente hacia ella.
—¡Hina! Acabo de salir de la entrevista… No sé si me fue bien pero creo que todo está correcto —Sonrió. Hinata se levantó para quedar a su altura y le devolvió la sonrisa.
—Estoy segura de que te irá muy bien —Naruto la abrazó con el objeto de descargar tensiones y Hinata, completamente roja, le devolvió el abrazo. El joven se alejó poco a poco de ella pero quedando con su rostro a muy poca distancia. Hinata no dejó de enrojecer.
—Gracias, Hinata. Es un gran favor.
