Canción: Para tu amor/ Juanes
-*En casa de los Nara*-
Yoshino Nara se había levantado más temprano de lo usual y se había puesto a limpiar con efusividad cada centímetro de su casa. El baño lo había aseado tres o cuatro veces, no podía estar más limpio pero ella seguía limpiando de igual manera. Shikamaru y su padre se habían levantado tarde, el adulto se había ido a trabajar después de almorzar y el joven se había quedado tendido en el sofá mirando caricaturas mientras su madre limpiaba todo, aunque con la música que su progenitora había puesto, apenas si podía escuchar. La voz de Juanes cantando Para tu amor enmudecía todas las voces de los dibujos animados.
Temari iba a ir a visitarlos en la tarde, y al igual que había pasado al inverso, se iba a quedar a cenar. La diferencia iba a ser que su madre estaría como loca. Temari se había mostrado contenta de poder seguir con su plan, la noche anterior cuando ella lo había despedido a él en la puerta de su enorme casa, le había dicho que todo estaba saliendo espectacularmente bien y que, por eso, se iba a comportar como la mejor novia frente a sus suegros.
Shikamaru no tenía ninguna duda de que todo iba a salir bien. Su madre estaba demasiado emocionada como para encontrar algo malo en Temari, y, aunque ésta fuera algo ridícula también se notaba que era muy responsable y muy agradable. Shikamaru confiaba ciegamente en ella.
—De nada... Naruto —Hinata se alejó un poco de él, tomando distancias y se volvió a sentar en su lugar, donde el rubio tomó asiento también—. Espero que todo vaya bien y que el empleo te agrade.
—Primero espero que realmente me lo den —Sonrió el joven agradecido, mirando a su acompañante de forma radiante. Se veía hermosa, y ya empezaba a preocuparle pensar de esa forma cada vez que la veía.
—Ten fe —Ella estiró su mano sobre la mesa y acarició brevemente la de él, que se tensó. Hinata alejó la mano tan rápido como se la había sujetado, pero el calor agradable quedó en el tacto del joven, a quien le fue imposible retirar su mirada de la chica que tenía enfrente.
Ino, que había mirado la escena con agradable placer, se distrajo al ver entrar a la cafetería a Temari con el grupo de punks conformado por sus hermanos. Con ellos iba también un joven apuesto a quien Ino nunca había visto.
—Mira, sólo déjenme en paz, no sé por qué de repente sólo quieren hablarme de Shikamaru y de lo estupendo que es. Apenas lo vieron un día —Estaba diciendo Temari, que pasó al lado de Ino sonriéndole a modo de saludo y pasó de largo hacia una mesa, donde se sentó con sus hermanos y compañía. Ino se acercó a atenderlos, a pesar de la mala vibra que le daba Sai, aún.
—¿Van a pedir algo? —Preguntó la rubia a los recién llegados. Sai se puso algo tenso y esquivó la mirada.
—Yo no, gracias. Estoy segura de que la madre de Shikamaru me alimentará bastante —Ino rio bajo.
—Puedes apostarlo, Yoshino es realmente exagerada con algunas cosas. Es una mujer agradable, te caerá bien.
—Eso espero... —Suspiró Temari algo nerviosa.
—¿Ustedes querrán algo? —Volvió a preguntar la joven camarera.
—¿De dónde conoces a la suegra de mi hermana? —Preguntó Kankuro un tanto curioso.
—La suegra de tu hermana es mi exsuegra ¿Algo para pedir? —Insistió con menos paciencia.
—Eeeh... Dame algún batido de fruta —Pidió Gaara al fin, indiferente a lo que Ino acababa de responder. Kankuro había mirado a su hermana con ojos entornados, expectante; Sai se había puesto aún más rígido que antes.
Cuando todos terminaron de pedir sus refrigerios, Ino caminó hacia la barra a buscar lo que querían sus clientes, pero otra cosa le llamó la atención: Matsuri, la jovencita que había sido agredida verbalmente por el pelirrojo de los Sabaku No, se había acercado cordialmente a saludarlo. Sus amigas la esperaban, tomando distancias, en la mesa que habían estado ocupando. La castaña flachucha parecía sentirse a gusto con el grupo anteriormente mencionado, sin importarle el contratiempo con el cual se habían conocido.
Sakura, que andaba cerca, dedicó a Ino la misma mirada de incertidumbre que ella expresaba. La chica decidió llevar el encargo hasta la mesa en lugar de su amiga, que no quería más encuentros con el chico extraño de pelo negro que estaba sentado a la mesa. Ino le agradeció y se quedó atendiendo la caja registradora, a la que Matsuri fue un segundo después, ahora sí, en compañía de sus amigas.
—Ey... ¿Cómo has estado?
Matsuri le sonrió mientras le tendía el dinero que había gastado. Ino lo aceptó y entre que buscaba el cambio, siguió la charla.
—Bien.
—¿Has hecho amistad con aquellos chicos? —Se mostró impresionada la camarera.
—Pues... La verdad es que me ayudaron bastante. Pensé que eran malas personas pero... Han demostrado ser realmente buenos. Kankuro, el casataño —Aclaró—, me permitió dormir en su casa tras una pelea grande con mi padre... y Sai, el moreno, me defendió como todo un caballero. Garra... El... Bueno, el pelirrojo, me cedió su habitación y me dejó mi espacio... Son... Interesantes de conocer. Sus visiones de la vida son tan... Tan... —Matsuri se encogió de hombros sin poder terminar— Ellos son geniales.
Tras una sonrisa y un pequeño saludo, la joven salió de la cafetería dejando a Ino sola, mirando la mesa que su amiga, Sakura, estaba atendiendo e inmersa en sus pensamientos. Miró a Kankuro, a Gaara, a Temari y al chico que nunca había visto antes... Y después miró a Sai. Si había sido bueno, ¿Por qué a ella la ponía nerviosa? ¿Por qué Ino había creído que era una mala persona?... Tal vez lo había juzgado muy pronto. Tal vez se había dejado llevar por las apariencias.
Suigetsu entró al Refugio con su amigo. Sasuke fue a sentarse a la barra, donde nuevamente estaba Sakura. Habían pasado un par de horas y la cafetería se estaba vaciando nuevamente. Mientras Sasuke se animaba a saludar a la joven de pelo rosa, Suigetsu buscaba con la mirada una mesa doble, vacía. Karin estaba limpiando una y, cómo no, Suigetsu aprovechó la situación para ir a molestarla un rato.
—Karin... ¿Haciendo el trabajo sucio?
—No seas idiota.
—Sólo quería saber cómo estabas —Lo dijo en tono burlón. Karin volteó a verlo enojada. Dejando la mesa a sus espaldas.
—¡Déjame en paz, Suigetsu! Siempre me jodes... Aunque no digas nada en particular ¡CÓMO ME JODES!
—Bueno, bueno... Fiera —Se atajó el de pelo blanco alzando las palmas, sin dejar de reír— No vengo a este lugar porque me agrade compartir espacio contigo. Vengo porque a Sasuke le gusta, y el muy idiota no quiere salir a ningún otro lado desde que conoció tu cochino lugar de trabajo. Fue un error mío. No tendría que haberlo traído nunca.
—Jamás estuvimos tan de acuerdo en algo, cerebro de pez —Karin se acomodó los anteojos sobre el puente de la nariz y empezó a avanzar, lejos de su vecino, pero frenó a mitad de camino y volvió. Con una expresión diferente, se dirigió de nuevo a Suigetsu, y, esta vez, se acercó bastante más a él de lo natural. Éste la miró extrañado, sin comprender— Suigetsu...
—¿Qué pasa? Me estás asustando.
—Necesito de tu ayuda.
Suigetsu soltó una risa seca, pero la cortó inmediatamente al notar que no era un chiste.
—¿Qué te pasa? ¿Cuán desesperada estás para acudir a mí? —El chico sonrió de lado, intentando mantener la compostura.
—Necesito que... —La joven pelirroja miró a ambos lados y bajó la voz— me ayudes... a superar mi miedo al agua.
Suigetsu no se burló, se quedó mirándola anonadado.
—¿Qué?
—Lo que oíste. Sé que lo sabes... Sé que sabes que me aterra... Y no puedo seguir así, siempre pongo excusas, todos los veranos... Para no ir a la piscina con las chicas pero... tengo que poder... ya sabes... Quiero poder meterme en el agua sin pensar que voy a ahogarme.
—Entiendo...
—Y tú siempre estás nadando. Eres un maldito enfermo del agua.
—Pues... A eso me dedico.
Karin entornó los ojos.
—¿Qué?
—Trabajo en el gimnasio... Como instructor de natación y ayudo a personas en rehabilitación con sus ejercicios de nado.
Karin volvió a quedar en silencio momentáneamente. Jamás se le había ocurrido pensar que Suigetsu tuviera un empleo.
—¿Tú trabajas? Y... Có... ¿Cómo?
—Karin ¿qué mierda te creías? ¿Que andaba por la vida de mantenido o algo así? Soy porofesor de educación física, y trabajo en el área de natación del gimnasio. No tengo problemas en ayudarte, si es lo que te preocupa.
Otro silencio.
—¿Podrías ser discreto?
—No sé por qué te apena decir que le tienes miedo a algo.
—¡Ay sí! ¿Y tú a qué le temes?
El chico le sonrió y se quedó en silencio sin contestar. De forma burlona empezó a caminar hacia su amigo y Sakura que charlaban en el mostrador de la caja registradora, animadamente.
—Los martes en la noche no hay nadie en el gimnasio... Puedo hablar con el dueño y... que me dé las llaves. Pasaré por ti.
Suigetsu siguió caminando hasta llegar con su acompañante y se sentó a su lado en uno de los taburetes de la barra para pedir algo que seguramente contendría mucha agua y sería deshabrido.
Con la noche acaparando el cielo, las nubes ennegreciéndose pero alejándose y el fresco desapareciendo un poco, Temari llegó a casa de Shikamaru. Al lado de la que era su casa, la casa de Shikamaru era pequeña. A comparación de las casas que había alrededor, la de Shikamaru era grande y hermosa. La familia de Shikamaru se notaba de clase media, trabajada y aseada pero no de forma destacable. Todo normal.
Temari tocó timbre y esperó. Se había vestido con su mejor ropa: una falda de tubo negra, medias de nylon, una blusa blanca y pulseras coloridas en sus muñecas. Había pedido consejo de varias personas antes de decidir vestirse así, no quería ser la misma ridícula que todo mundo decía que era. Su cabello lo había mantenido suelto, su maquillaje era mucho más disimulado de lo usual y sus zapatos, si bien no eran altos, eran elegantes, de color negro.
Shikamaru abrió la puerta y se quedo mirándola, atontado. Estaba muy bonita, mucho más de lo que estaba usualmente, bajo sus pestañas ennegrecidas sus ojos aguamarina observaron, risueños, el rostro escueto del joven frente a ella.
—Hola —saludó ella con una sonrisa en la cara.
—Hola —contestó él dejándola pasar. Temari entró, miró a su alrededor, si bien por fuera la casa no resaltaba, era obvio que por dentro sí. Las cosas estaban tan resplandecientes que daba miedo. Daba la impresión de estar entrando en algún lugar fantasmagórico. Había una extraña aura luminosa en esa casa, y el olor a perfume de ambiente dejaba una vibra extraña. Shikamaru estaba vestido con una camisa verde, muy similar a la que había llevado a su casa, tenía también una corbata negra y un pantalón de vestir negro también.
Entrando por el pasillo hasta la sala, estaba el señor Nara, la viva imagen de su hijo pero más envejecido, con su barbita en la barbilla y esas extrañas cicatrices grotescas en el rostro. Iba vestido, de traje, también, y parecía algo incómodo de usarlo. Temari le hubiera dicho con ánimos que ella tampoco se sentía cómoda con su vestimenta pero estaba tan nerviosa que no podía hablar bien.
—Hola —Saludó al hombre, mostrándose segura. Era algo que sabía manejar, sabía aparentar cosas que no ocurrían, ya que la prensa había molestado varias veces a su familia y la única forma de despistarlos era mintiéndoles o aparentando— ¿todo bien?
—Sí, todo bien —Shikaku le sonrió y acto seguido, por el otro costado, directo desde la cocina entró su suegra, al ver a Temari, a Yoshino, se le iluminaron los ojos. La mujer iba vestida con un hermoso traje femenino rosado, que constaba de un saquito veraniego y una falda larga hasta las rodillas. Sus zapatos de tacón eran de color salmón y su cabello estaba peinado en un rodete alto. Toda ella estaba hermosa, para ser una mujer entrada en años, se la veía radiante. No aparentaba sus casi cincuenta años.
—¡Ay, al fin nos conocemos! —Sonrió caminando hacia su nuera, dispuesta a abrazarla. Temari le correspondió al abrazo afectuosamente— soy Yoshino, un placer.
—Temari, encantada.
—¡Me encanta que Shikamaru, haya, por fin, madurado lo suficiente como para presentarnos a su novia! Shikaku me dijo que ustedes ya se habían conocido.
Temari estaba al tanto de que por chisme de Shikaku era que su plan había ido tan bien, si su suegro de mentiras no los hubiese encontrado en ese bar, tal vez, Yoshino no habría empezado a preguntar tanto.
—Sí, así es. Nos descubrió una tarde en un bar.
—Ven, cariño. Pasa a la cocina. Estaba terminando de preparar la cena, después de comer, puedo compartir la receta contigo.
Temari sonrió bastante falsa pero acompañó a la mujer adonde había dicho. La cocina estaba igual de asquerosamente reluciente que el resto de la casa. La mesa era redonda y tenía varias sillas a juego alrededor. Yoshino hizo a Temari sentarse en una de éstas. Shikamaru se sentó a su lado, alerta, mirando a su madre que se apresuró a poner la mesa. Shikaku también se sentó a mirar a su esposa.
Ino escuchó golpecitos en su puerta y se apresuró a hacer entrar a quien tocaba. Había llegado a su casa hacía por lo menos media hora y todo ese tiempo había estado nerviosa, pensando en Deidara. Había sido la media hora más larga de su vida. Su hermano no estaba en su casa todavía, pero si Kurotsuchi estaba embarazada, de verdad, su falta estaba más que justificada.
Al brir la puerta se encontró de cara a su hermano mayor. Éste le sonrió de forma torcida, sin ganas.
—Hey... —Saludó entrando.
—Dime que lo que dijiste la otra vez es mentira —Imploró Ino mientras cerraba la puerta al paso de Deidara y veía cómo su hermano se sentaba en la cama.
Ino se sentó en la silla, que solía tener cercana a la puerta, y lo miró con atención dispuesta a escuchar la historia completa.
—No, no es mentira. Hace algunos meses... Kurotsuchi y yo empezamos un noviazgo serio, aunque después de tantos años de amistad se nos hizo difícil contarlo a la familia. Sé que suena raro porque ya nos tenemos confianza, pero creéme que no es fácil acercarse a mamá, a papá o incluso a ti, que toda la vida me tomaron el pelo con ella y decirles "tenían razón, estamos enamorados" —Deidara se sonrió pero Ino continuó seria. Estaba preocupada—. Estuvimos juntos seis meses y hace poco nos enteramos que vamos a ser padres.
—Deidara pero... ¿Estás loco? ¿Es que no... no se cuidaron?
—¡Claro que sí! Ino sabes cómo soy y sabes cómo es ella. Algo falló.
Ino asintió nerviosa y le dio pie para que siguiera hablando.
—El asunto está así. Kurotsuchi está entrando en el segundo mes de gestación, y tenemos que casarnos cuanto antes. Tenemos que hacerlo. Ya sabes cómo es mamá, y en especial con eso de la religión —Ino torció el gesto disgustada—. Kurotsuchi y yo estamos bien, y queremos hacerlo, sólo que no sabía que iba a ser tan... rápido. Estábamos planeando ir de a poco, empezar a convivir al primer año de noviazgo pero —suspiró— las cosas se apresuraron.
—Deidara —Ino habló en voz baja, queda y apenas audible— todavía están a tiempo de... de... ya sabes. Kurotsuchi no tiene un trabajo estable y yú apenas si tienes un sueldo digno, no llegarían con la economía, pueden solicitar un... eeeh... —se calló apenada.
—¡No! —Interrumpió él— nosotros queremos tenerlo. No nos va a ir mal, entre los ahorros de ella y los míos pudimos adquirir una casa pequeña en alquiler, cerca de casa. Nos mudaremos después de la ceremonia. No va a haber fiesta de casamiento, sólo la ceremonia, sino... bueno, sería muy costoso —Deidara sonrió con nerviosismo.
—No tienes que casarte por comprimiso. Mamá que se joda.
—Ya sé... sólo estamos apresurando un poco las cosas. Casarnos era algo que estaba en nuestros planes futuros. Yo hoy hablaré con nuestros padres y les diré que estoy saliendo con Kuro desde hace un tiempo y que estamos pensando en casarnos. Aguantaré sus alaridos y sus quejas y... ya pondremos una fecha. No pueden saber que ella está embarazada o tendré todavía más problemas. No quiero aguantar a mamá.
—Dei... —Ino lo miró todavía algo preocupada— sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites.
—Lo sé.
Deidara se levantó y abrazó a su hermanita menor con afecto. Necesitado de un cariño que lo hiciera sentir acompañado.
—A Shikamaru le gustan las cebollas picadas, no las come si están cortadas, ve teniéndolo en cuenta para cuando tengas que cocinarle. Yo puedo enseñarte muchas de sus comidas favoritas.
—Mamá por dios déjala en paz.
—No, cariño, está bien —Respondió Temari a su novio con fingida alegría. Yoshino ya le había dado tips de cómo a su hijo le gustaban las zanahorias, los postres y las salsas, de cómo prefería que estuviera hecha su cama y de cómo doblarle las camisas, también le había dado consejos de limpieza y para suavizar la ropa. Shikamaru estaba muy temeroso, porque el caracter de Temari no era nada endeble ni frágil. Ino había caído bien a su madre rápidamente porque se habían tenido confianza desde el comienzo, Ino había sido tratada por Yoshino como si fuera su hija y ésta le había retribuído tratándola como a una madre. Con Temari las cosas no eran así— es muy bueno aprender cosas nuevas. Después te pasaré una lista de mis gustos y preferencias para que los tengas en cuenta también. Así podrás cocinarme mis comidas favoritas ¿no?
Shikaku sonrió de lado, Shikamaru se concentró silenciosamente en su plato de comida y Yoshino miró a su nuera como si fuera una demonia.
—¿Disculpa? ¿Quieres que mi hijo te cocine? —Preguntó la mujer horrorizada. Temari alzó las cejas con una sonrisa cínica.
—Eso estaría bien de vez en cuando ¿no?
—Shikamaru no sabe cocinar —Explicó Yoshino.
—No se preocupe, señora. Estoy segura de que es un excelente aprendiz. Es un chico inteligente.
—¡Shika! —Rezongó la mujer, indignada, mirando a su hijo.
—¿Qué te pasa mamá? ¿Puedes dejar de aterrorizar a mi pareja?
—¡A mí no me parece aterrorizada! Es una descarada, creí que sería una hermosa chica femenina y refinada, interesada en ti. Como Ino.
Shikamaru puso los ojos en blanco. Temari se sonrió, esta vez de forma verdadera, le hacía algo de gracia que hablaran de ella como si no estuviera presente.
—Mi nombre es Temari, señora Nara. No soy Ino Yamanaka ni ninguna más. Lamento haberla defraudado.
Shikaku sonrió más ampliamente.
—Es el deber de cualquier mujer cuidar a su marido para que no se agote después del trabajo ¿Qué clase de esposa serás?
—Ay, lo siento. Creo que usted quiso decir que ese era el deber de cualquier mujer de los años veintes—Siguió Temari con tono sarcástico—, además no tengo intención de casarme ¡Qué mal!
—¡Shikamaru! ¡Dejas de salir con una chica hermosa como Ino para empezar con una feminista resentida! —Alzó la voz la mujer enfadada. Shikamaru suspiró. El plan no les estaba dando frutos, la idea era que Yoshino se sintiera cómoda con su novia y así poder seguir con esa pantalla; pero de esa forma... Seguir con Temari iba a ser inútil. Shikamaru sabía que su madre no era fácil pero Temari no lo estaba haciendo sencillo.
—¡Mamá! ¡Basta! —Intervino Shikamaru levantándose. En cuanto siguiera, su madre, comparándola con Ino, Temari se volvería una fiera— ¡Las cosas con Ino no funcionaron, las cosas con Temari, sin embargo, están bien! Si tú deseas arruinármelas entonces no sé por qué crees que me sería conveniente confiar en ti.
—¡Hijo! ¡Shikaku...! —La mujer buscó apoyo en su marido pero en ese momento éste se escondía tras una servilleta, intentando contener la risa. La mujer, cansada de esas actitudes, se levantó enfurecida de la mesa y salió de la cocina hecha un torbellino.
—Un placer, Temari —Se sonrió Shikaku—, estoy seguro de que mi hijo no lograría encontrar a otra mujer igual de especial que tú —el hombre de la casa salió detrás de la mujer para no tener más problemas conyugales.
—Pudiste haber sido más blanda —pidió Shikamaru volviendo a tomar asiento, en voz baja.
—¡¿Blanda?! Ella pudo haber sido más despierta ¿En qué siglo vive tu madre?
—No te enfades... Esto no va a funcionar.
Temari, se cruzó de brazos enojada con el último comentario de su novio. Si él no quería seguir con eso, ella se vería perjudicada. Después de lo bien que su familia le había hablado de Shikamaru no podía permitirse perderlo. Gaara y Kankuro se la habían pasado diciéndole que era un gran hombre y que estaba muy enamorado de ella. Temari no sabía qué tanto había dicho ese joven para meterse en el bolsillo a toda su familia pero eso había pasado, y ella no había podido retribuírselo. Aunque iba en contra de toda su personalidad no defenderse ante una mente retrógrada y anticuada como la de Yoshino Nara.
