Canción: Yo quisiera/Reik
-*Clases con el enemigo*-
El martes en la mañana, las chicas abrieron la cafetería como hacían todos los días; la diferencia con otras mañanas fue que Sasuke Uchiha entró en ella muy temprano, cuando aún no había ningún otro cliente. Mientras Karin se ocupaba de la tarea, innecesaria, de limpiar tazas que ya estaban limpias (costumbre que nunca se había podido sacar) el menor de los hermanos Uchiha entró con paso decidido a la cafetería, buscando con la mirada a una empleada en específico.
—¡Sasukito! —Saludó Karin viéndolo primero— ¿Qué haces a esta hora por aquí?
Sasuke se sentó a la barra, en uno de los cómodos taburetes y miró el menú que la joven que lo atendía tenía colgado a su espalda, en la rústica pared del lugar.
—Nada... sólo... me quedé en la noche despierto, así que ahora vine... a desayunar.
—¿Estás desvelado? ¿Saliste de fiesta?
Sasuke sonrió de lado.
—No. No realmente.
La conversación no siguió mucho, él le pidió un café con leche y una medialuna y Karin se lo entregó intentando buscar algo de qué hablar pero él apenas si hilaba algunas palabras; se lo notaba muy agotado, completamente cansado y apenas despierto. Ino se acercó a ellos, había estado acomodando cervilleteros sobre las mesas, junto con Tenten, que, en ese momento, se había quedado para barrer un poco el lugar.
Sakura no se veía por allí.
—Te ves horrible —Dijo Ino notándolo más de cerca. No era cierto, Sasuke Uchiha no podía verse horrible. Pero sí parecía deteriorado y tenía unas enormes ojeras bajo sus hermosos ojos oscuros.
—Estoy bien —Dijo él volviendo a colocar en su fino rostro una media sonrisa— Itachi me... inició en el trabajo. Y... bueno... Me jugaron bromas toda la noche.
—¿En el trabajo? —Quiso saber Tenten que llegaba justo para escuchar la historia. No tenían nada más que hacer y apenas eran las siete treinta de la mañana. En plenas vacaciones, casi no había gente que se levantara temprano.
Sin embargo, estaban entrando en agosto y algunos turistas empezaban a asomarse por las calles de Tokio.
—Estudié durante dos años arquitectura pero abandoné la carrera porque no me convencía... —empezó a contar— por lo que me encontré a los veinte años sin estudios y sin saber a dónde dirigir mi vida. Siendo sólo mi hermano y yo en casa, el dinero no nos falta pero tampoco nos sobra; por lo que todo el tiempo me resonaba en la cabeza el hecho de tener que hacerme con un futuro... Pero... Bueno, no sabía qué hacer y finalmente Itachi me convenció para que hiciera lo mismo que él... Y lo mismo que hicieron mis antepasados durante años: ser policía.
—¿Eres policía? ¡Guau! —Se impresionó Karin— No lo sabía.
—No hay que estudiar mucho para ser policía. El curso básico dura menos de un año... Me costó bastante decidir que sí haría eso, finalmente me terminó gustando. Quiero ascender, de hecho, lo que me llevará directamente a la universidad, esa sí es una carrera de unos cuatro años; pero como ya puedo trabajar gracias al curso que terminé ayer... Bueno, Itachi y sus amigos me hicieron pasar la noche en vela como iniciación o algo así...
—Eso es genial —Alentó Ino palmeándole la espalda al cansado muchacho— y en lugar de dormir viniste aquí... Sí que estás mal de la cabeza.
—Bueno... yo quería... ¿Dónde está Sakura? —Se preguntó él viendo a los lados, dejando la oración sin concluir.
—Fue a buscar unas cosas... —Se encogió de hombros Tenten— hay un mercado mayorista a unas cuadras y... de improviso se nos acabaron algunos productos. Ella se ofreció a ir, generalmente es trabajo de su padre hacer esas cosas pero... Por alguna razón no lo hizo. Saku dice que sus padres están muy atareados con su otro empleo en la fábrica, pero ella está cargando con demasiadas responsabilidades por eso.
—Sí —siguió Ino. Tenten estaba en lo cierto, Sakura solía estar muy cansada ya que tenía muchas responsabilidades que cumplir, sin embargo con todas las vacaciones que ésta había estado teniendo, el cansancio ya no se le notaba. Seguramente Sakura ya estaba completamente renovada, pero aún así, ambas siguieron hablando—, no le vendría nada mal salir a algún lado.
—Si tan solo yo no tuviera tantos problemas en casa... —Se lamentó fingidamente Tenten.
—Sí, podríamos invitarla a casa como cuando éramos niñas —Siguió Ino— nos pasábamos horas disfrutando de las tardes...
—Una lástima —Agregó Karin en el mismo tono falso que las demás.
—Bueno... —Sasuke miró hacia abajo— tal vez yo pueda invitarla a algún lado.
Las tres amigas se sonrieron entre ellas.
Sakura entró al local después de que se escuchara el motor de un auto apaciguarse en la entrada. No se había apagado pero el sonido de la aceleración había cesado.
La joven chica iba vestida con el uniforme de trabajo, que las otras tres también llevaban, el típico jean negro y la camiseta de mangas corta amarillo limón, cargaba con una caja de cartón cerrada con cinta adhesiva. Se paró un poco en la entrada cuando vio a sus tres amigas reunidas en torno a Uchiha Sasuke, pero recobró la compostura tan rápido como la perdió y siguió avanzando hasta dejar debajo de la mesada la caja.
—Chicas... ¿Pueden ayudarme? en el taxi dejé algunas cajas más... Hola, Sasuke ¿desayunando? —preguntó alegre al ver al muchacho que le sonreía.
—Sí, así es.
Tenten e Ino habían desaparecido para cargar más cajas desde el taxi hasta la cafetería, no eran tantas cosas pero dividiéndoselas no tenían que hacer esfuerzos. Sakura se apresuró a pagarle al hombre del taxi y Karin y Sasuke se quedaron a solas.
—Seguro que Saku se pondrá muy feliz de poder espabilarse un poco... —comentó, al azar, para que Sasuke no se echara atrás.
—Sí, seguro que sí. Aunque ya me enteré de que saldrán el fin de semana a la piscina.
—Suigetsu es un idiota —Murmuró enojada la pelirroja y Sasuke sonrió divertido.
—Sí, a veces es un idiota, pero si tanto te molesta, bien pudiste haberte buscado otro instructor.
Karin se llevó el índice a los labios para pedirle silencio. Sus amigas continuaban en la acera pero no quería que nadie los escuchara. Sasuke siguió sonriendo, divertido consigo mismo.
—De todas formas invitarás a Saku ¿verdad? —corroboró la otra.
—Claro que sí, Karin. Pero déjame hacerlo a mi manera, sólo no te entrometas.
—¡No voy a entrometerme, pero no quiero que te eches atrás!
Las chicas regresaron en ese momento. Karin, Ino y Tenten se pusieron manos a la obra para acomodar toda la mercancía que Sakura había conseguido; y la ésta se sirvió un café para sacarse un poco el cansancio que le había producido ir a hacer las compras, tan temprano por la mañana.
—Oye... Sakura —Empezó Sasuke despacio, después de haber mordido el último pedazo de la medialuna. El reloj detrás de las chicas marcaba las ocho y once de la mañana del martes—, parece que tienes mucho trabajo por aquí...
—Sí, lo normal —se encogió de hombros ella compartiendo un café con su cliente.
—Yo también estoy algo exhausto y no me vendría mal salir a algún lado a tomar aire.
Las tres chicas, detrás, escuchaban atentas mientras acomodaban los productos. Sin embargo ni la voz de Sakura ni la voz de Sasuke se volvieron a escuchar, porque una tercer voz, más recatada y taciturna, interrumpió la conversación.
—¡Ey! Mira a quién tenemos aquí... —Era una voz divertida a pesar de lo apaciguada que sonaba. Ino, Tenten y Karin dieron vuelta las cabezas como si fueran lechuzas. Sasuke y Sakura también miraron de dónde provenía la voz. El muchacho pelirrojo estabe entrando con una sonrisa en la cara, muy alegre. Sasori iba vestido con ropas cómodas y agradables a la vista. Era muy atractivo— Sasuke ¿Levantado tan temprano?
Sasori se sentó a un lado de Saske en los taburetes y miró a Sakura con una sonrisa. Sasuke torció el gesto, molesto.
—Buen día ¿Buscabas algo en específico? —Preguntó Sakura mirando sobre su espalda hacia la máquina de hacer café.
—Sí, a ti —Aseguró sin rodeos el pelirrojo. Sakura enrojeció y Sasuke pateó la pata de su taburete de forma accidental.
—¿A mí?
—Resulta, Saku, que después de ese beso que nos dimos me ha sido difícil sacarte de mi cabeza. Necesitaba hablar contigo, conocernos más...
—Yo... —Sakura había quedado anonadada. Sus amigas había dejado de acomodar los productos y se habían parado tras ella como guardaespaldas. Karin le dirigía a Sasuke una mirada severa, como advirtiéndole que tenía que intervenir. Éste lo captó, y así lo hizo.
—Ustedes no se besaron, Sasori. Tú la besaste a ella.
—Lo siento ¿Fue grosero, verdad? —Preguntó, pero no a Sakura, sino a Sasuke. Como si deseara decirle que él, al menos, había avanzado—. Estuve buscándote últimamente —Siguió, mirando a Sakura otra vez—, pero la cafetería estaba cerrada o estaban atendiendo otras personas... No pude ubicarte. Hasta que vi que mi amigo Sasuke te agregó a Facebook y entonces te envié una solicitud yo también. Espero que no te moleste —Sasuke rechinó los dientes.
—No, no me molesta pero yo...
—¡Sakura yo quería invitarte a salir! —Se apresuró Sasuke. Sasori rio burlonamente.
—Yo vine a eso, no quieras hacerte el galán ahora, amigo mío.
—¡No soy tu amigo Sasori!
—Quieres ganarte a la chica, Sasuke... Pero Sakura no es una mujer para ti, es una chica madura. Para serte sincero no pensé que le estarías atrás tanto tiempo. Conociéndote, supuse que ya te habías rendido y te habías ido a revolcar con cualquier otra.
—¡¿Qué estás diciendo?!
—¡YA BASTA! —Grito Sakura entre abochornada y enojada— si no van a pedir nada más, quiero que, por favor, se retiren de El Refugio ahora.
Ambos muchachos se quedaron de piedra en sus lugares. Sasuke fue el primero en reaccionar, tomando el dinero y tendiéndoselo. Sasori no se movió ni un milímetro.
—Comprendo que te hayas enojado, Sakura. Lo que acabas de presenciar fue patético. Te pido disculpas. Pero quiero que consideres salir conmigo a algún lado.
—Lo siento, Sasori... No me caes mal y estoy segura de que eres un gran chico, pero hablas como si me conocieras de toda la vida y, la verdad, es que no me conoces de nada. Me gustaría tener una relación más estrecha contigo pero siempre y cuando no hagas estos escándalos. No es una competencia.
Sasori parecía abochornado, sin embargo, sonreía, divertido por el carácter que de repente esa chica dulce había adquirido.
—Tienes razón, te pido disculpas. Es que tampoco quiero permitir que Sasuke se salga con la suya ¿sabes? tal vez suene egoísta. No te considero un trofeo pero estoy dispuesto a ganar— tras decir eso, salió del lugar despacio. Sakura se quedó helada, podía no ser lo más dulce del mundo pero una parte de ella lo había tomado como un comentario romántico y agradable. Que un chico tan apuesto y agradable se tomara esos atrevimientos sólo por ella, era, en cierto modo, satisfactorio. Sakura terminó de cobrarle a Sasuke, que empezó a dirigirse a la salida sin hacer ningún comentario, aparentemente, avergonzado.
—Sasuke... —lo frenó ella con voz cálida. Se sentía más segura con él, después de todo, con Sasuke había empezado a tener una relación de amistad más profunda— luego, háblame de esa salida que querías realizar conmigo.
Éste le sonrió agradecido y se despidió con la mano.
Matsuri entró del brazo de Sari a la cafetería, ya eran más de las tres de la tarde y bastantes personas ocupaban las mesas en el local. Sakura se había mantenido en movimiento todo el día después del episodio de esa mañana, para distraerse y no pensar. Karin y Tenten estaban atendiendo las mesas e Ino se encargaba de la caja registradora, para vigilarla y cobrar a los clientes. Las recién llegadas se acercaron a ella.
—Hola, Ino ¿Nos das unos cafés para llevar?
—Sí, ¿dos?
Matsuri asintió con la cabeza. Ino se apresuró rápidamente a dárselos y empezó a cobrarles.
—Ey, la otra vez te vi con los chicos esos... que dan mal rollo. El pelirrojo, el moreno y... Sai —dijo recordando el nombre del más atemorizante de los tres. Matsuri asintió con una sonrisa en el rostro— te trataron mal en una ocación ¿ahora se llevan bien?
—Eeeh... Yo diría que sí. Son... agradables. Ellos me ayudaron mucho —Mientras la chica guardaba el cambio en su cartera siguió relatando—. Tuve un problema familiar y, Sai y Kankuro me ayudaron muchísimo, y Gaara me dejó su habitación para que pudiera quedarme unos días. Son realmente agradables cuando los conoces, y muy buenas personas.
Ino asintió apenas comprendiendo. Algo realmente significativo tuvieron que haber hecho para que, después de la agresión que Matsuri había sufrido, ésta los considerara buenas personas. Tal vez, tanto ella como Ino los habían prejuzgado de mala manera. Ino sabía que no era bueno juzgar a las personas antes de conocerlas, era algo que desde niña había escuchado decir a su madre, pero era inevitable cuando un grupo de raros, vestidos de negro y con malhumor entraban en su campo de visión. La sonrisa que Sai siempre le había dedicado parecía malévola y malintencionada pero ¿y si no? ese beso que le había dado en la fiesta le había parecido depravado y asqueroso, pero ¿y si no era con malas intenciones? después de todo era una fiesta. Muchas personas se besaban en fiestas. Si Matsuri decía que le había sido de mucha ayuda, que era agradable y que era buena persona ¿por qué no podía serlo? Tal vez, simplemente, era un chico torpe para socializar.
—¿¡Ella quiere que sea tu esclava y quieres que vaya yo a disculparme!?
—No sé en qué te afecta, si no serás mi novia realmente. Es para que el plan pueda seguir... —Shikamaru estaba cansado. Le parecía tonto discutir por ello. Temari y él estaban sentados en una plaza, en un banco alejado del resto de la gente y discutían en voz baja sobre el percance que había sufrido su plan. Sin embargo, Temari no daba el brazo a torcer.
—Pues yo no quiero que tu madre me trate de esa forma. Ya bastante tengo con mi propia familia.
—Sé que será pésimo para ti, Temari, pero por si no lo notaste es la única forma de que podamos seguir con el plan. Mi madre no gusta de tu confianza, y a ti también te está beneficiando. Si a mí no me sirve tendremos que dejarlo y tú también saldrás perjudicada.
—¡No hay forma de que me agrade ser comparada con la tonta de tu exnovia, Nara! ¡Ay, Ino era perfecta, Ino sabía cocinar estupendamente, Ino era bella! ¡Pues vuelve con Ino!
—Creí que Ino te caía bien... —Shikamaru miró hacia otro lado aburrido— qué problemática eres... Hasta parece que estuvieras celosa —Temari se ruborizó y evitó la mirada del chico que volvía a tener los ojos en ella—, qué locas están las mujeres.
—¡Déjame en paz, chiquillo tonto!
—Vamos... discúlpate y sigamos con esto.
—¡Nunca me disculparé con la loca de tu madre!
Una sonrisa apareció en el rostro de Shikamaru pero rápidamente la sustituyó con un bufido.
En la noche, el gimnasio era aterrador. Digno de una película de miedo. Suigetsu le había dejado la puerta abierta y le había indicado encontrarse con él en la parte del natatorio. En las piscinas. Karin entró cautelosa, la zona de la recepción era terrorífica. La chica avanzó aferrada a la correa de su mochila, había guardado allí su ropa interior porque lo que llevaba puesto debajo de la ropa era el bikini. Ya bastante le aterraba la idea de meterse en el agua, como para encima tener que atravesar un pasillo oscuro y horrible.
Siguió, lentamente, las indicaciones de Suigetsu y entró en la zona de las piscinas. Allí, las luces estaban encendidas. Una enorme planicie cubierta con baldosas relucientes de color blanco. La piscina más grande era la más cercana, seguida con una pequeña que se usaba para entrenar niños, Karin rogaba por ir a esa pero sabía que Suigetsu no se lo permitiría. Más lejos había una puerta que conducía a los baños y las duchas, cerca de ella, su vecino la estaba esperando, sentado en un banco sólo vestido con una bermuda de baño de color blanca con detalles azules y celestes. Los brazos de Suigetsu estaban marcados, musculosos. Karin apenas había notado que su vecino se veía tan bien debajo de la ropa. Ella avanzó con mirada indiferente y paso hastiado, queriendo hacerle ver que no estaba de buen humor.
Suigetsu también se levantó y avanzó hasta ella encontrándose, ambos, en el centro de la enorme habitación.
—No me... ¿No me vas a abandonar en el agua, verdad?
Suigetsu bufó ante el primer comentario de su compañera.
—¿Crees que será bueno para mí dejar que te ahogues? Mañana encontrarían tu cadaver apestoso flotando en el agua y me culparían sólo a mí. Mi jefe fue quien me dio la llave, sabe que estamos aquí.
—Está bien... —Con pocas ganas, atemorizada, Karin se quitó la blusa que llevaba y el short, también el calzado, quedando sólo vestida con un bikini blanco, moderno y sexy, su ombligo perforado tenía un pequeño diamantito brillante. Suigetsu se ruborizó un poco pero intentó que Karin no se diera cuenta empezando a entrar a la piscina de adultos. Al muchacho, el agua le llegaba hasta los muslos en la parte baja, Karin se armó de valor y entró también al agua fresca. A ella llegó a mojarle las nalgas y el vientre.
—¡Está fría! Mierda. —Se quejó la chica cerrando los ojos y levantando los brazos para no mojarse más.
—En un rato se te pasará... Ven más a lo profundo.
—¡No! ¿Tan rápido?
Suigetsu puso los ojos en blanco.
—Karin, no me lo hagas más difícil, si quieres silencio y clandestinidad tendré que enseñarte lo básico esta noche, y tendrás que arreglarte con eso. Si no colaboras tendrás que venir como cualquier aprendiz durante mi horario de trabajo, arriesgarte a que no sé quién se burle de ti y además pagar la cuota —Avisó cansado el de cabello blanco, avanzando hacia la parte más profunda de la piscina, donde el agua le tapaba hasta el ombligo—. No dejaré que te ahogues, sólo deja de ser tan terca y confía en mí.
A regañadientes, Karin avanzó un poco más. El agua le llegaba hasta la mitad del pecho, rozándole los senos. Miró a Suigetsu de mala manera, estaban muy cerca el uno del otro.
—¿Podré nadar cuando acabemos con esto?
—Podrás flotar y desenvolverte bien en el agua —Prometió—, no te juro que serás una excelente nadadora pero podrás moverte con tus amigas.
Karin asintió y avanzó un poco más, tomada del borde de la piscina, asustada. Avanzó hasta que tuvo que ponerse de puntitas para que su cara sobresaliera a la superficie. Suigetsu se acercó a ella para ponerle atención y poder socorrerla en caso de que un accidente sucediera.
—Deja de sostenerte, Karin. Cuando te explique lo que tienes que hacer verás que es una idiotez...
—No quiero dejar de sostenerme, idiota ¿Qué pasará si me hundo y no logro salir?
—Para eso estoy yo, tonta —Suigetsu volvió a poner los ojos en blanco y la tomó de un brazo arrastrándola más al centro de la piscina. Karin dejó de poder pisar el suelo y tampoco pudo sostenerse de ningún lugar que no fuera su vecino. Se aferró con uñas y todo a los brazos de Suigetsu que hizo un gesto de dolor pero no le recriminó nada. Karin profería pequeños grititos de vez en cuando, notando que Suigetsu avanzaba más hacia la parte profunda. Para hacer las cosas peores, no veía muy bien: se había quitado los anteojos con el resto de su vestimenta y los había dejado sobre su mochila, alejados—. Mueve los pies, Karin... Patalea, vamos —la animó. Karin hizo caso y empezó a mover las extremidades inferiores, en un segundo, se empezó a dar cuenta de que subía un poco más. No se estaba hundiendo, sin embargo, no se dejó de sostener de Suigetsu que se apresuró a colocar las manos en la cintura de ella con delicadeza. Un leve rubor apareció en sus mejillas—, ahora suéltate de mí... y mueve los brazos también, con movimientos circulares. Es fácil... vamos.
Karin tuvo cuidado, sin embargo, acató la orden e hizo lo que se le pedia. Al soltarse de Suigetsu, el miedo comenzó a invadirla. Le tenía pánico a morir ahogada, no sabía de dónde había salido ese temor, pero las aguas profundad le producían un temor absoluto. De a poco, Suigetsu empezó a soltarla y Karin flotó por sí misma por pocos segundos hasta que empezó a desesperarse.
—¡Ay, no! ¡No me sueltes, Suigetsu! —Con pánico e histeria, sus movimientos se hicieron más bruscos y empezó a hundirse, su vecino, entre risas la volvió a sostener para que no se ahogara. Abrazándola, con fuerza por la cintura, Suigetsu logró que Karin recuperara la compostura. Ésta se aferró al cuello del chico sin inención de soltarlo. Sus pechos juntos iban a ritmos diferentes, Karin respirando agitadamente y él mucho más tranquilo. Suigetsu comenzó a reír, mostrándole a ella sus dientes puntiagudos, de forma divertida.
—Cálmate... cálmate. No dejaré que te pase nada.
—Idiota... —Logró decir ella entre jadeos inquietos, asustada.
Suigetsu le sonrió divertido, ella lo hacía reír o enfadar con facilidad. También lo ponía celoso... Muy celoso cuando la veía con algún chico. Sin dejar de aferrarla contra su cuerpo con el brazo derecho, alzo el izquierdo para quitarle de la cara un mechón de cabello rojo y ponérselo detrás de la oreja. Ella lo miraba fijamente, tan fijamente que parecía gritarle que hiciera algo. Y Suigetsu lo hizo. No hubo momento más perfecto o más adecuado, tenía que ser en ese instante o no sería nunca.
Acercó su cabeza a la de ella y posó su frente contra la de Karin. Ésta se puso nerviosa e intentó alejarse, pero ya era tarde, sus narices se rozaron brevemente y, un segundo después, Suigetus estiró sus labios hacia los de ella, besándola.
Con una mano posada en la mejilla de ella y con la otra sosteniéndose fuertemente de su cintura, la atrajo más hacia él, si eso era posible, e introdujo su lengua en la boca de ella para saborearla como había querido hacer desde mucho tiempo atrás. Con los ojos cerrados, disfrutándola, no vio lo aterrada que Karin se veía. Ésta lo empujó hacia atrás y él se alejó un poco para respetar su espacio, sin soltarla de la cintura, al notar lo que ella hacía. La cara de Suigetsu se convirtió en un tomate, la pena lo invadió y empezó a preguntarse cómo pudo haber sido tan tonto.
—¿Qué haces? —Preguntó ella con los ojos como platos y la voz queda. Él se avergonzó más.
—Lo siento... Pensé que...
—¡¿Tan fácil me crees, maldito?! —Karin se echó hacia atrás y con el impulso logró llegar a la zona en la que sus pies tocaban el suelo. Las ganas de alejarse de Suigetsu eran más fuertes que su temor al agua. Salió de la piscina siendo perseguida por él, sin poder creer lo que había sucedido.
—No, no es así. No era mi intención... Pensé que querías que lo hiciera.
—¿Que quería? ¡¿Por qué querría Suigetsu?! —Ella lo confrontó con rostro enfadado. Él salió del agua y se paró frente a ella, tomando sus distancias para no alterarla más.
—Me mirabas muy fijamente... Pensé que...
—¡¿Qué mierda te hizo creer eso?! ¡¿Estás loco?! Después de todo lo que pasamos... —Mientras que hablaba, alterada y con el corazón a mil, comenzaba a ponerse sobre la bikini mojada, la ropa que había llevado puesta anteriormente, comenzando por sus anteojos.
Suigetsu se veía abochornado y tenía las mejillas a todo rubor.
—¡Me empujaste por un maldito juego y provocaste que me quebrara! —Le lanzó la pelirroja al chico que seguía parado como una estatua, frente a ella, en silencio— me dejaste llorando en el suelo mientras te reías como un psicópata, y no paraste de hacerme la vida miserable desde entonces ¿¡Por qué mierda querría cualquier cosa contigo?!
—¡Sólo era un niño! —Se justificó él en el mismo tono de voz alto y claro que estaba implementando ella— estaba asustado Karin ¡Tenías el hueso hacia afuera! No es que hubiera querido reírme de ti. Nada me pareció divertido. Me reí por nerviosismo, ¡fue la forma de reaccionar de un niño de ocho años! Y no quisiste volver a ser mi amiga después de eso. Te recuerdo que te visité en el hospital varias veces y siempre enviabas a tu hermano para espantarme.
—¡Heriste mis sentimientos, tarado!
Suigetsu dio un paso adelante.
—¡Y tú te encargaste de herir los míos todos los días desde entonces, bruja!
—Deja de hablar tonterías, Suigetsu, ¡Yo nunca te hice nada!
—¡¿Ah no?! —Otro paso hacia ella— ¿¡Y cómo le llamas a pavonearte frente a mí con todo idiota al que te cruzaras!? Haciéndote la zorra con cada imbécil que tenías frente a las narices ¿cómo crees que me hacía sentir?
—¿En qué podía perjudicarte mi vida sentimental? —Ella miró hacia abajo advirtiendo lo que él podía responder, y apenada por no haberlo notado antes.
—¿Todavía no lo adivinas? sí que eres lenta, Karin —Hubo un silencio de algunos segundos que parecieron eternos para ambos— ¡Me has gustado toda la vida! Desde niños... Desde siempre...
—Sólo... —Ella se acercó a él para golpearlo débilmente en el pecho— cállate... —y tras eso, se marchó del lugar, dejando a Suigetsu solo y en silencio.
Suigetsu esperó varios minutos antes de retirarse hacia su casa, ambos vivían demasiado cerca y no se la quería cruzar por el camino. Avanzó por las calles lentamente esperando que, al menos, la comida que su madre preparara lo reconfortara. No esperaba confesarse a Karin, jamás había estado en sus planes, pero ahora que lo había hecho, por más que hubiera sido rechazado, era como haberse sacado un peso de encima.
Al llegar a su casa escuchó, incluso antes de entrar, que su madre estaba escuchando música mientras preparaba la cena. Abrió la puerta y la música empezó a entenderse mejor. Me pides mil consejos para protegerte. De tu proximo encuentro, sabes que te cuido. Lo que no sabes es que...
Suigetsu chasqueó la lengua, enfadado. Yo quisiera ser ese por quien tu te desvelas y te desesperas. Yo quisiera ser tu llanto ese que viene de tus sentimientos. Yo quisiera ser ese por quien tu despertaras ilusionada. Yo quisiera que vivieras de mi siempre enamorada.
—Ay mamá... Justo hoy tenías que poner el Himno a la Friend Zone —se quejó para sí mismo, en voz baja, y comenzó a subir las escaleras hacia su habitación.
