Canción: Must get out/ Maroon 5
-*¡Avanza!*-
El miércoles temprano, Shino, fue a casa de Kiba para tener una conversación con él. Kiba había estado pasándola en grande los últimos días con Ino pero admitía que no era suficiente. Él deseaba a Hinata y sólo a Hinata y no tenerla lo ponía nervioso. Kiba era guapo, era atractivo y era divertido, solía atraer chicas con facilidad, el problema era que él tenía todo aquello tan claro que se sentía frustrado cuando no le funcionaba.
Su amigo Shino solía ponerle los pies en la tierra cada vez que el ego se le subía un poco más de lo debido, pero Kiba pocas veces le hacía caso. Esta vez tenía que confiar en su amigo sí o sí, de otra forma... Acabaría perdiendo.
Shino tocó el timbre en casa de Kiba, Tsume Inuzuka, la madre de éste, lo dejó pasar a través de la veterinaria que tenía montada en la entrada. Kiba abrió la puerta y dejó entrar a su amigo. Era temprano, apenas daban las nueve de la mañana y Kiba estaba en calzoncillos y camiseta blanca. Al pasar, Shino, Akamaru meneó la cola y empezó a caminar alrededor de él para recibir un saludo. Shino no lo saludó y se sentó a la mesa del comedor, donde Kiba estaba desayunando un café con leche y un trozo de pastel.
—¿Tan temprano? —preguntó Inuzuka a modo de saludo.
—Sí, creo que nos hace falta una larga charla... —Explicó Shino con su inmutable rostro serio.
—¿Ah sí, y sobre qué?
—Sobre ti y tus mujeres.
La forma en la que lo dijo hizo reír a Kiba.
—¿Mis mujeres? Eso suena bien.
—Pero no está bien. Deja de ser un idiota y concéntrate en lo que realmente deseas. Quedan pocos días de vacaciones, agosto ya empezó y ya llegará a la mitad en pocos días; en septiembre regresaremos a la Universidad y no tendrás tiempo para planear nada. Si lo que quieres es hacer las cosas bien con Hinata esta es tu única oportunidad —Kiba torció el gesto enfadado por la verdad que su amigo profesaba—. No te sirvió lo de darle celos y tampoco lo de intentar hacerte su mejor amigo. Es obvio que ella está interesada en Naruto aunque ni ella lo sepa todavía.
Kiba se cruzó de brazos. No podía creer que un idiota como Naruto, a quien siempre había repudiado en la escuela debido al escándalo que provocaba, le hubiera quitado a una chica. A él que siempre había sido mejor que Naruto en todo... Era increíble.
Acarició a Akamaru que se había lanzado a sus pies y evitó el contacto visual con Shino, que llevaba esos lentes negros como siempre, haciendo imposible divisar cualquier expresión.
—Ya sabes que Hinata no quiere nada conmigo, ¿de qué me serviría decirle algo al respecto?
—Justamente te serviría para descartar que no exista la mínima posibilidad de que te quiera. Y para hacer las cosas bien por una vez. Para hacer lo correcto.
Kiba bajó la mirada nuevamente. Shino tenía razón, claro que sí, siempre la había tenido; pero ¿Y si Hinata no quería volver a acercarse a él después de aquello? ¿Qué sería de su amistad? Kiba suspiró cansado y bebió más café antes de mirar a la cara a su amigo.
—No quiero perderla. Lo sabes.
—Esto te ayudará a pasar página, Kiba. Ambos sabemos que no podrás tener una relación real hasta que no cierres este círculo.
Kiba rio pero sin diversión.
—¿Qué? ¿Eres psicólogo ahora?
—No seas tonto —Siguió Shino sin desvanecer su inexpresivo rostro—. No logras avanzar en tu vida por quedarte como un idiota con Hinata. Sabes que es un amor imposible pero no quieres que termine... Prefieres quedarte a su lado sufriendo que ser feliz de otra forma. Te piensas que eres inteligente y que sabes todo... No comprendes que puedes desenamorarte aunque no sea fácil, y eso sólo sucederá si le dices lo que sientes y aceptas la maldita realidad.
Kiba volvió a suspirar, cansado y frustrado.
—Qué mierda...
Akamaru se levantó y le meneó la cola a su amo, como si quisiera darle ánimos.
—¿Y bien?
—Está bien... Tú ganas... Acompáñame, Shino, iremos a casa de Hinata.
Ya llegando el mediodía a Tokio, las chicas se dispusieron a cerrar El Refugio, Ino había llevado en un envase plástico un almuerzo para todas que su madre había preparado. Kumiko Yamanaka en un esfuerzo por reconquistar a su hija, se había estado portando amable y le había cocinado recetas especiales para ella y sus amigas. La mujer tenía la intención de persuadir a su hija desde un punto más amable y sin tanta confrontación. Quería que Ino se sintiera cómoda de contarle lo que le ocurría en su vida privada, de que le contara sobre su relación con Kiba y sobre otras privacidades más. Su madre estaba chapada a la antigua pero se esforzaba por comprender a sus hijos, y, ahora que Deidara también estaba raro, quería ir ganándoselos de a poco; Ino conocía a la perfección las artimañas de su madre.
Tenten barrió la entrada del local como todos los mediodías mientras Ino preparaba el almuerzo para las cuatro en diferentes cuencos y Sakura despachaba a los últimos clientes. Karin estaba limpiando incansablemente una mesa, con aspecto extraño, taciturno y distante. Sumida en sus propios pensamientos. Había estado actuando extraño toda la mañana.
Al salir los últimos clientes, Ino subió el volumen a la radio, donde pasaban Must get out de Maroon 5, canción que a Sakura le fascinaba, y, en consecuente, ésta empezó a menear las caderas mientras colocaba el cartel de «cerrado» en la puerta de vidrio y se sentaba con su rubia amiga.
—Oye, Karin... —Llamó Ino mientras Tenten volvía a entrar después de haber sido saludada por Neji de forma algo fría, a través de la acera— ¿Te ocurre algo? Has estado muy callada toda la mañana y no es natural.
Karin se acercó a ellas con un suspiro y se sentó en la barra frente a Ino y Sakura. Tenten estaba de pie a un lado de éstas.
—Sí, algo pasó... —Admitió la pelirroja con aire cansado. Sus ojos estaban ojerosos, como si no hubiera dormido, y se la veía pálida— no les dije nada porque apenas lo estoy asimilando.
Las tres compañeras se miraron entre sí nerviosas, preocupadas por su amiga.
—¿Todo está bien? —Se animó a preguntar Sakura con nerviosismo. Las otras dos la miraron con interés, esperando una respuesta.
—Sí, es que... Anoche, al salir de aquí me... me encontré con Suigetsu —no iba a entrar en detalles, el lugar y el motivo eran irrelevantes en esa historia, prefería que sus amigas creyeran que había sido casualidad—, tuvimos una charla... Una charla que, me temo, tendríamos que haber tenido hace muchos años... Eso hubiera facilitado las cosas.
—¿Pasó algo grave? ¿Discutieron? —Preguntó Tenten, dando la vuelta y sentándose junto a ella.
Karin sonrió amargamente.
—¿Cuándo no hemos discutido? Claro que discutimos, pero creo que esta discusión la tendríamos que haber tenido hace tiempo... Hablamos sobre la vez que me dejó caer del juego y salí lesionada. De cuando nos separamos y de cómo comenzamos a atacarnos pero... es que... —Karin suspiró y se apresuró a beber un poco de agua que Ino le había servido para calmar la ansiedad— él me besó.
—¿¡QUÉ?! —Exclamaron Ino y Sakura al unísono, Tenten se había quedado helada. Era lo que menos se hubieran esperado. Suigetsu y Karin se llevaban mal, eso no tenía sentido.
—Sí. Él me besó —Karin hablaba más decidida que antes—, al comienzo pensé que sólo quería joderme. Porque a él le gusta ponerme de malas pero... Él me confesó que... le he gustado desde siempre. Desde niños, desde que éramos amigos... ¡Yo le gusto, chicas! Le gusto a Suigetsu ¿Pueden creerlo?
Un silencio abrupto las separó a las cuatro durante un pequeño período de tiempo. Lo que les dio tiempo a pensar. Ninguna lo hubiera imaginado nunca, estaban desconcertadas.
—No me lo creo —Decidió admitir Tenten—, no los conozco hace tanto como ustedes pero... Es que... Suigetsu siempre te trató como si le importaras poco...
—¡Como si le importaras nada! —Acotó Ino impactada.
—Creí que realmente se llevaban mal... —Añadió Sakura en voz baja— ¿Y tú cómo lo llevas?
—Apenas si lo logro asimilar —Confesó Karin consternada—, no sé cómo lo miraré a la cara de ahora en adelante. Me dijo eso y me fui sin poder contestarle nada... Ahora, es como que todo encaja en su lugar... La razón por la cual espantaba a los chicos que se me acercaban... No era para fastidiarme, era por celos.
—Bueno, tú tranquila... —Aconsejó Ino intentando poner su mente clara— debes calmarte y de a poco las cosas irán fluyendo solas. No pienses en él...
—Creo que, al contrario, es cuando debes pensar en él —Contradijo Sakura—, ahora que sabes sus verdaderas intenciones ¿cambió la forma en la que lo miras? ¿No... sientes nada por él?
—¡Ay, Sakura, no seas tonta! —Saltó Ino—. Las cosas no pasan como en los cuentos de hadas o las películas. Pasan como en la vida real, porque estamos en la vida real. Por una confesión nadie se sentirá diferente... Suigetsu no ganó nada confesándose; hubiera ganado más comportándose adecuadamente con Karin en lugar de ser un estúpido con ella.
—Yo creo que ahora que Karin sabe las verdaderas intenciones de Suigetsu puede ponerse en su lugar y empatizar con él. De esa forma cambiará su visión sobre su persona y... ¿quién sabe? tal vez nuevos sentimientos se desarrollen...
—Karin odia a Suigetsu.. —Siguió Ino pero se vio interrumpida por la propia Karin.
—¡¿Chicas, podrían dejar de hablar de mi vida como si no estuviera presente?! Claro que ahora puedo entenderlo mejor y empatizo con él, me siento mal por él... Y estás equivocada Ino, yo no odio a Suigetsu, nunca lo odié... Era una batalla entre la rabia que sentía por haber sido traicionada, de niños, y el cariño que le profesaba por ser mi mejor amigo de la infancia.
—¿Lo ves? —Preguntó Sakura satisfecha, pero Karin volvió a hablar.
—No, pero eso no quiere decir que vaya a amarlo de ahora en adelante o algo así... No hay ningún sentimiento en mí que no haya habido antes, en relación a Suigetsu más que el miedo y... los nervios.
Tenten palmeó la espalda de Karin sin saber qué decir y todas quedaron en silencio. Un silencio que aprovecharon para comer y que rápidamente fue interrumpido por una vibración constante y rítmica.
—¿Es mi teléfono? —Preguntó Sakura mirando a su alrededor. No recordaba en dónde lo había dejado. Encima de la encimera detrás de su espalda el celular seguía vibrando. Sakura lo tomó y leyó el mensaje que le había llegado a su cuenta de Facebook.
El corazón se le detuvo al leer el nombre de su interlocutor: Sasuke Uchiha. Posó la yema de su dedo sobre el nombre de éste para entrar al mensaje y, al abrirse, leyó unas palabras que la pusieron más nerviosa que antes. Derepente, se había olvidado de cómo respirar.
«¿La salida sigue en pie? ¿te parece que pase por ti en un rato? ¿puedes hacerte un tiempo?»
Sakura se había quedado con la boca levemente abierta, lo que llamó la atención de las tres jovencitas que la acompañaban.
—¿Todo en orden?
—Sasuke Uchiha me está invitando a salir... Ahora... Ya... Quiere una respuesta.
—¡Dile que sí! —Chilló Ino emocionada.
—Pero estoy trabajando... En un rato El Refugio debe volver a abrir y...
—¡Ay, Sakura! —Karin le sonrió más animada— ¿Crees que no podemos ocuparnos solas? ¿Tan poca confianza depositas en nosotras?
—No es eso pero...
Ino se levantó y con un ágil movimiento le quitó el celular y envió una respuesta afirmativa a Sasuke. Mientras Sakura intentaba recuperar su teléfono inútilmente, llegó una contestación nueva. Ino la abrió y leyó en voz alta:
—Pasaré por ti en sólo unos minutos, hermosa, espero que te pongas bien perra para mí.
Sakura se puso roja completamente.
—¡Basta, Ino! Dudo mucho que dijera eso —Las otras reían mientras Sakura lograba, al fin, arrebatarle el celular a Ino y leía realmente la contestación, que era, básicamente, la misma pero sin las groserías. «Pasaré por ti en sólo unos minutos, nos vemos, Saku». Sakura se volvió a sentar en su lugar e Ino aprovechó que se había puesto de pie para ir al sanitario.
Entró con una sonrisa pero al cerrar la puerta tras su espalda, la sonrisa se desvaneció. Se llevó una mano al vientre y se bajó los pantalones para sentarse, acto seguido, en el retrete. Estaba cansada, estaba exhausta y con la cabeza en cualquier parte... En Deidara, en Kurotsuchi, en su madre, en ese chico Sai y en Kiba. Estaba nerviosa era sólo eso: Eran nervios. No tenía que ponerse tan ansiosa por un retraso en su período de tan poco tiempo. Cualquier colegiala sabía que se podía tener un atraso por estrés.
Ino se levantó, lavó sus manos, refrescó su cara y tras decirse a sí misma unas palabras de aliento en voz baja, salió del sanitario y se sentó con sus amigas.
El timbre en la enorme casa Hyuga se hizo escuchar y la persona más cercana a la puerta abrió con total confianza. Una versión preadolescente de Hinata, de pelo largo y castaño y ojos color plata apareció frente a las caras de Kiba y Shino. Kiba ya conocía a Hanabi, sin embargo, era la primera vez que Shino veía a la hermanita de su amiga.
—¿Hola? —Saludó a modo de pregunta la chiquilla mirando a los dos muchachos altos y rudos que tenía frente a ella. Kiba estaba vestido como todo un delincuente juvenil, con abrigro de cuero y pantalones rasgados, llevaba un casco de motocicleta enganchado en su brazo; Shino llevaba una gorra de visera y sus típicos lentes de sol redonditos, al puro estilo John Lennon, un pañuelo gris en su cuello que le tapaba la boca y una camiseta sin mangas con una bermuda de jean.
—Hola, Hanabi ¿me recuerdas? Soy Kiba, amigo de Hinata ¿ella está?
La niña entornó los ojos y asintió dándose cuenta de quién era el chico que le hablaba.
—Ah, sí. Ya te recuerdo. Pasen... —Se hizo a un lado para dejarlos pasar y ambos entraron a la enorme sala mirando alrededor— Esperen aquí, buscaré a Hinata...
Pero eso no fue necesario, Hinata venía bajando las escaleras mirando directamente en dirección a las tres personas que estaban paradas en la sala mirándola, quietos. Hinata les sonrió con ese ángel que la caracterizaba y se acercó a ellos tiernamente. Iba vestida con una falda larga hasta las rodillas y una blusa suelta, veraniega.
—Kiba... Shino ¿Todo bien?
—Sí, Hina...
—Kiba tiene que hablar contigo —Interrumpió Shino para hacer las cosas lo más veloces posible. Kiba se puso rígido, agarrotado, y Hinata lo miró sorprendida, notando la seria conversación que se avecinaba.
—Sí... claro...
Hinata empezó a caminar hacia la cocina y Kiba la siguió avergonzado, sin saber cómo comenzar la conversación, cómo sacar el tema a flote.
Shino y Hanabi quedaron en la sala esperando. La jovencita se acercó a él mirándolo curiosa.
—¿Y tú eres?
—Aburame Shino...
—¿Cuántos años tienes, Shino?
—Veintiuno —La miró intrigado y ella le sonrió carismática.
—Yo tengo catorce... ¿Crees en eso de que para el amor no hay edad? Porque opino que eres lindo.
Shino volvió a mirar al frente ruborizado.
Hinata se sentó a la mesa de la cocina a un lado de Kiba y le ofreció con ternura algo para beber, a lo que él se negó. Kiba quería acabar con eso cuanto antes.
—¿Es algo importante lo que quieres decirme?
—Eeeeh... —Las mejillas de Kiba estaban sonrosadas. Se sentía un niño de prescolar pidiéndole permiso a la seño para ir al baño—No es nada grave, si eso te preocupa —La tranquilizó en primera instancia. Eso pareció aliviar a Hinata que le sonrió tímidamente.
—¿Y bien?
—Verás Hinata... En primer lugar quiero que sepas que... —Un nudo le impidió seguir hablando pero se obligó a continuar, quería ser franco de una vez por todas, si no lo lograba Shino lo mataría. Además, ya no se le ocurría ninguna instancia. La tenía frente a él, mirándolo con esos ojos hermosos y pulidos, y pasándose la lengua por sus labios rosados y carnosos— que no importa lo solitaria que seas, puedes contar conmigo, lo sabes ¿verdad? —Hinata sonrió agradecida—. Y, es sólo que quiero que sepas que... Te aprecio mucho, te considero una gran persona y... —Pasó saliva incómodo, sentía el corazón bombearle con fuerza y la sangre subirle rápido a la cara— eres fantástica. Sé que puedes lograr todo lo que te propongas, sé que eres... eres increíble y trabajas duro para alcanzar tus metas. Hinata tú eres la persona que más admiro...
—Vaya, Kiba, muchas gracias —Le sonrió ella. Él se quedó en silencio por unos segundos hasta que logró controlarse y seguir hablando.
—Hinata, vine hasta aquí porque quiero que sepas que... Que te quiero.
El corazón de Hinata empezó a latir velozmente, también se encontró con que le sudaban las manos. Nunca le habían dicho algo parecido, se sentía feliz y aterrada a la vez.
—Ki... Kiba... —Susurró con miedo— yo también siento un enorme aprecio por ti. Y también quiero que sepas que estaré para ti cuando más me necesites; es verdad que antes no te consideraba alguien cercano, pero después de escucharte, sé que puedo confiarte muchas cosas... Eres un gran amigo, al igual que Shino, y me alegro que haberlos conocido —Hinata se levantó de su asiento, sin haber comprendido la declaración de amor de su compañero y se acercó a él para abrazarlo con fuerza. Kiba sonrió para sí mismo correspondiendo al abrazo. Sintiendo el aroma que Hinata desprendía, ese aroma a vida... La apretó fuerte contra sí mismo y comprendió, que no interesaba que Hinata no hubiese comprendido, ese había sido el rechazo más dulce que cualquier persona le pudiera haber hecho. Hinata lo había rechazado. Hinata nunca lo querría como él a ella. Ahora, estaba listo para empezar de cero.
Sasuke llegó a El Refugio a recoger a Sakura, a quien sus amigas la habían vestido de mejor manera. Sakura había estado escuchando las excusas que le ponían Ino y Karin para que se vistiera de ropa (que no podía ir con el uniforme del trabajo, que tenía que colocarse algo de maquillaje, que tenía que verse lo más bonita posible) a Sakura no le importaba tanto, ella no creía que Sasuke la hubiera invitado de forma romántica. Ino y Karin la habían vestido con un vestido de una pieza, veraniego y corto, de color amarillo claro, la habían calzado con unas sandalias de plataforma bajas, y le habían recogido un poco, el pelo, con hebillas de colores.
Sus ojos verdes resaltaban con el delineador negro y fueron lo primero que los ojos de Sasuke divisaron.
—Hola... Hola, Sakura.
—Hola —El Refugio continuaba cerrado pero ya era hora de volver a abrir, Tenten y Karin se estaban dedicando a eso mientras Ino ponía cambio en la caja registradora. Sakura miró a Sasuke con nerviosismo y pena. Él se veía tan increíble como siempre, con su cabello levantado con gel y sus ropas impecables.
—¿Estás lista? —Le preguntó sonriéndole. Hasta su sonrisa era seria, como si no estuviera acostumbrado a sonreír. Pero a Sakura le gustaba mucho.
—Sí —Asintió y dio un paso al frente, Sasuke le extendió el brazo para que ella se tomara de allí y así lo hizo. Con los brazos entrelazados, como si caminaran hacia el altar, comenzaron a caminar y a Sakura se le empezó a dificultar respirar. Apenas sabía cómo se mantenía en pie, las piernas le temblaban como gelatinas.
—¿Quieres ir a algún lugar en especial? —Le preguntó él.
—No... Yo... Me conformo con caminar un rato.
—Está bien —Sasuke siguió avanzando y con él, la chica.
—Sasuke... —Ella no pudo evitar formular la siguiente pregunta, desde que había recibido la invitación se había sentido inquiera por ello— ¿Esta... esta es... una cita?
—Claro... —Sasuke la miró algo confundido— ¿O no quieres que lo sea?
Sakura sonrió nerviosa y evitó la oscura mirada de su acompañante.
—No es eso... Es que, no suelo tener chicos guapos disputándose mi amor o algo así —Sonrió y él rio bajito con ella.
—¿Y ahora estás disputada entre Sasori y yo? —Rio Sasuke. Sakura se avergonzó de su comentario y no contestó— no tienes que ponerte nerviosa —explicó él aún sonriendo, mirándola—. Es porque eres una gran mujer, Sakura. No me extraña que Sasori se haya interesado en ti, eres trabajadora y responsable, y también hermosa...
—Sasuke... —Quiso frenarlo ella.
—Eso es un problema para mí, Sasori es un rival formidable.
Sakura lo miró a la cara. Él le sonreía entre bromista y certero. Ella le devolvió la sonrisa, una nerviosa, antes de volver a fijar la vista en el camino.
Algunas horas después, cuando la tarde caía velozmente y el cielo se tornaba anaranjado y amarillo, Sakura regresó al local. Sasuke y ella la habían pasado de maravilla, sólo habían paseado y charlado de cosas al azar. Él se había mostrado incómodo al hablar de Sasori y había quedado claro que, efectivamente, tal y como le decían a Sakura sus amigas, él estaba interesado en ella.
Tal vez no lo hubiera dicho con palabras, pero su actitud lo había demostrado. Sakura se sentía un poco más confianzuda y al llegar a El Refugio les hizo una señal positiva a sus amigas, para aclararles que todo había ido bien. Elevó su pulgar y les sonrió, primero a Ino que atendía la barra y luego a Tenten y Karin que estaban, una muy cercana a la otra, atendiendo las mesas que estaban ocupadas.
No había muchos clientes, Sakura esperaba que hubiera sido así todo el día, porque se sentía algo culpable por haberlas dejado solas.
Sakura caminó hacia Ino y se colocó detrás de la barra, a un lado de su amiga.
—¿Cómo te fue? —Le preguntó ésta.
—Bien... Ha sido muy bueno. Sasuke es genial... —Sakura le sonrió e Ino le devolvió la sonrisa. Hacía tiempo que no veía a Sakura tan emocionada.
—Me alegro mucho por ti.
—¿Tuvieron mucho trabajo?
—No, lo normal —Negó Ino para alivio de su jefa y amiga.
Una clienta que nunca habían visto entró en ese instante. Una chica de cabello castaño, largo, con flequillo sobre la frente y ojos marrones. Era hermosa, muy bella. Iba vestida con una blusa blanca y una falda de jean con una mariposa bordada en la parte derecha. Se veía muy femenina y agradable; algo en ella les dijo a las chicas que la conocían de algún lado, pero no sabían de dónde. Ambas se miraron para comunicarse, con la vista, la perplejidad.
La chica las miró y les sonrió feliz. Como si hubiera estado buscándolas especialmente a ellas. Y, al parecer, así había sido... La joven avanzó hasta la barra y se sentó delante de Ino y Sakura.
—Hola —Saludó. Sakura e Ino se apresuraron a atenderla como a cualquier otro cliente.
—Hola ¿vas a tomar algo?
—No —Contestó ella, para sorpresa de las otras dos—, estaba buscándote, Sakura.
Sakura miró a Ino precavida. No sabía de dónde la conocía esa muchacha, ¿la habría enviado alguien? Sasori había dicho que Sauske era bastante mujeriego ¿sería una novia de él? el pecho se le estrujó.
—Soy yo... —Aclaró la joven notando que no era reconocida— Tamaki. Nos conocimos de camino aquí. En la carretera.
Ino abrió la boca en una 'o' y Sakura la secundó pero abriendo muy grandes sus ojos. No se esperaba volver a verla y, menos, en un estado tan diferente a como la habían conocido. Tamaki había estado sucia, despeinada y oculta tras una caperuza, mientras ahora se veía femenina, linda y agradable.
—¿Cómo has estado? —Preguntó Ino sacando conversación, intrigada por esa chica.
—Bien, pude reunirme con mi abuela y estoy viviendo con ella.
—Me alegro mucho que tus problemas se estén solucionando —Contestó Sakura sinceramente. La vez que la habían levantado en la carretera, se veía aterrada, escapando de su propia familia. Sakura había quedado preocupada.
—Gracias por haberme ayudado... Me creerán una entrometida y una descarada, pero... vine a pedirles ayuda una vez más.
Sakura e Ino la miraron fijamente.
—Verán: con el sueldo de jubilación de mi abuela apenas si le alcanza para sus gastos y... No conozco Tokio ni a nadie aquí; me preguntaba si ustedes pueden... darme un trabajo, al menos algo pequeño, o... si conocen a alguien que pudiera ayudarme con eso. Recordé que me dijeron que trabajaban en una cafetería y... busqué en Intenet las cafeterías de la zona. Me tomó algo de tiempo pero por fin di con ustedes... —Sakura se quedó en silencio, asimilando lo que la joven desconocida le había dicho— Si no pueden está bien. Después de todo no las conozco. Pero si me ayudan, les prometo que nunca más les pediré nada más. En serio, es que necesito...
—Déjame tu número de teléfono —Interrumpió Sakura— o algún contacto. Veré qué puedo hacer —Tamaki se apresuró a hacer lo que se le ordenaba.
—Trabajé en una cafetería allí en Osaka —Explicó la joven mientras le tendía una hoja de papel con algo de información de contacto—, sólo que ahí me obligaban a vestirme de rosa y a servir las mesas en patines. Tengo algo de experiencia...
Ino echó un vistazo al papel que Sakura tenía en la mano.
—Mira, te tendré en cuenta pero no puedo prometerte nada. La cafetería es humilde, pertenece a mi familia y, apenas si podemos con estos tres sueldos ¿entiendes? —Comentó Sakura sin contar su propio sueldo, ya que, de una manera u otra, era dinero que volvía a entrar a su casa— Hace poco contratamos a Tenten —explicó con la verdad. Hacía sólo algunos meses que Tenten trabajaba allí— y será algo difícil contratarte también, pero veré qué hacer.
Tamaki parecía desanimada pero asintió con la cabeza y se despidió con una sonrisa forzada en el rostro.
—Lo entiendo. Muchas gracias por su tiempo —Alzando una mano, a modo de saludo, salió de la cafetería con paso rápido.
Sakura se la quedó mirando, entre impactada por la sorpresiva presencia de la joven y preocupada por la situación que aquella extraña vivía. Si ella estuviera en su lugar, seguramente, también buscaría ayuda en cualquier persona.
Con la vista fija en el vidrio de la puerta, Sakura pensó en los tormentos que aquella joven estaría viviendo.
