Canción: La vuelta al mundo/Calle 13

-*Decisión*-

La noche estaba haciéndose cada vez más oscura, ya iban a ser las nueve de la noche y El Refugio estaba cerrando sus puertas. Los clientes ya se habían retirado y Tamaki estaba terminando su primer día laboral bajando las persianas para tapar las ventanas.

—Espero que te haya ido bien… —Le dijo Sakura palomeándole el hombro. Tamaki terminó de bajar las persianas y la miró sonriente.

—Sí.

Ino terminó de contar el dinero de la caja y se acercó a las tres, Tenten, también se acercó después de salir del baño con un escobillón. Karin estaba más lejos limpiando las mesas circulares del interior.

—Chicas, tengo que decirles algo —Comentó Sakura—. Sasuke me preguntó si podía venir con nosotras a la piscina ¿Le digo que sí?

—¡Claro! —La primera en contestar fue Tenten.

—Sí, Saku. No te pierdas a ese bombón —Siguió Karin.

—Tendrás mucha suerte si es igual de bueno que su hermano en la cama —La codeó Ino. Sakura enrojeció y le dio un empujoncito leve. La rubia rio.

—¿En serio no les molesta que venga con nosotras?

—Claro que no —Dijo la pelirroja dejando de una vez la limpieza para acercarse al grupo. Tamaki las miraba algo excluida.

—Ey… Tenten, ya que no vamos a ser sólo chicas ¿Por qué no invitas a tu chico de pelo largo? —Comentó Ino sonriéndole. A Tenten se le pusieron las mejillas rosadas.

—No sé, Ino… Es tarde y no tengo como comunicarme con él. No quisiera molestarlo… Además, es muy osado.

—¿Osado? —Karin rio— ¡Ay, chicas! Lo que les falta aprender.

La pelirroja tomó una servilleta con el logo de El Refugio de las que ponían en las mesas y un bolígrafo. No tardó ni un minuto en escribir «Neji: ¿Qué te parece la piscina mañana por la tarde? Allí también podrás entrenar. No te cortes. Tenten.» y se la guardó en el bolsillo a escondidas de la castaña.

—¿Qué vamos a hacer al respecto, Karin? Son unas mojigatas.

—Ey, Ino… ¿Qué pasó con Deidara? —Preguntó Sakura cambiando de tema.

—Hoy arrojaba la bomba —Ino se encogió de hombros algo preocupada pero intentando verse indiferente—. Ya veré qué sucedió cuando llegue a casa.

—Bueno ¿Vamos? —Preguntó Karin a Ino tomándola del brazo.

—Sí, vamos —Las chicas se despidieron rápidamente y salieron de la cafetería para irse a sus casas, no sin antes, cruzar la calle y meter la servilleta por debajo de la puerta de un castaño de ojos plateados, a escondidas de Tenten, que seguía en El Refugio.

Dentro, Sakura y Tenten explicaban a Tamaki, a grandes rasgos, quién era Deidara y por qué el problema que Ino iba a enfrentar cuando llegara a su casa. Finalmente, terminaron de hablar.

—Bien, Saku, nos vemos mañana —Se despidió Tenten—. Adiós Tamaki, me alegro de que te hayas unido a nosotras.

—Adiós —Se despidió la última.

Vieron a Tenten salir de la cafetería y perderse en la noche.

—La próxima vez que nos juntemos todas juntas, espero que puedas estar —Habló Sakura sintiéndose algo culpable por haber estado hablando sobre ir a la piscina sin ella.

—No te hagas ningún problema, Sakura. Ustedes son geniales.

—Lamento que no estés invitada. Es que arreglamos esta salida antes de que llegaras…

—No te preocupes, en serio —Tamaki le sonrió—. Volveré mañana.

Sakura asintió y vio cómo ella se largaba también. Acto seguido, cerró la puerta de la cafetería con llave y empezó a subir las escaleras mientras, lentamente, enviaba un mensaje de texto a Sasuke Uchiha: Confirmado. Mañana vienes con nosotras ¿O te echaste atrás?

Temari y Shikamaru seguían tendidos en la cama, de lado, aunque ya no se miraban porque ambos estaban con los ojos cerrados y se besaban con hambre. Él había llevado una mano a su cintura y ella, incómoda, había posicionado las suyas en el pecho de él. La otra mano de Shikamaru subió hasta la cabellera rubia de Temari y le quitó las colitas, haciendo que su pelo rubio cayera sobre las sábanas. Su lengua se aventuró en la boca de ella y la saboreó. Y la besó. Y no supo por qué.

Hizo presión con su mano sobre la cabeza de ella para atraerla más cerca de sí, y ella no se hizo rogar, se acercó para pasar sus brazos en torno al cuello del joven.

La mano de él que estaba en su cintura la apretó con fuerza y el cuerpo de Temari quedó, a medias, encima de él. Hacía tiempo que Temari no tenía sexo, no sabía si quería seguir, pero no podía contenerse. Hacía poco tiempo que había notado lo bien que se veía su noviecito, lo agradable que era estar con él, lo bien que pasaban el tiempo juntos, se preguntó si él también pensaría así de ella o si, simplemente, estaba necesitado de un poco de acción.

Todos los pensamientos se esfumaron de su cabeza cuando Shikamaru la acomodó más cómodamente sobre él y ella quedó sentada a horcajadas sobre su… paquete. Se separaron un poco y él vio cómo ella enrojecía por completo; en una situación normal se habría reído de su expresión, pero se veía tan hermosa y tan tierna que no podía, sino, seguir mirándola. Él también sintió que se ponía colorado pero no apartó la mirada. Los pechos de Temari se veían increíbles desde ese ángulo y ésta pareció leerle la mente cuando, aún roja como el fuego, se quitó la camiseta y dejó al descubierto un brasier blanco con florcitas, y en su hombro un pequeño tatuaje con forma de pesa rectangular, el cual no había visto antes.

Shikamaru acarició esa zona de su brazo y a Temari un escalofrío la recorrió por completo. Ninguno habló; continuaron en silencio, con los corazones latiendo a la par, desnudándose de a poco, intercalando besos con caricias, apretándose, abrazándose. Se acomodaron en la cama y entraron en las sábanas; y con movimientos rítmicos y acompasados, se movieron en la noche.

En la mañana del sábado, Sasuke tironeaba de las piernas a Suigetsu que dormía en su cama, tapado con sábanas finas, en calzoncillos. La madre de Suigetsu había dejado entrar a Sasuke en la casa con la esperanza de que pudiera sacar a su hijo de la cama. El joven Hozuki no había dicho nada, pero Sasuke, suponía que la madre de su amigo sospechaba lo que le había pasado. Suigetsu estaba hecho una gelatina desde que Karin lo había rechazado. El muy idiota no sabía sobrellevar una negativa. Claro que Sasuke no lo entendía, a él nunca lo habían rechazado, y menos alguien a quien quisiera, pero no le parecía que fuera tan grave.

—¡Nooo! ¡Sasuke, déjame en paz!

—Suigetsu, quiero que salgamos ¡ahora! No voy a tolerarte ni un día más así como un idiota. Vamos a divertirnos a algún lado. Vamos a la piscina.

—¿Crees que no sé lo que estás intentando? —Suigetsu seguía aferrándose al respaldo de la cama mientras Sasuke tironeaba de su pie— Sé que Karin estará hoy en la piscina.

—Enfréntala, maldición. Eres un hombre.

—No, no quiero ser un hombre. Soy un niño.

—Suigetsu, maldición… —Sasuke dejó los pies de su amigo para sobarse las sienes cansado— Algún día se lo tenías que decir. Pasó lo que debía pasar, ahora tienes que enfrentarla.

Suigetsu negó con la cabeza, sin mirar a su amigo, con la cara contra la almohada.

—Suigetsu, acompáñame a la piscina —Sasuke abrió el armario de su amigo y buscó en él algún short de baño. Al encontrar una bermuda blanca con detalles celestes, cerró el ropero y se dirigió a Suigetsu de nuevo—. Vamos. No lo diré otra vez. Nos largamos.

—No quiero, Sasuke. No estoy de humor.

—Y no lo estarás nunca si no sales de una vez y te enfrentas a esto.

Suigetsu se sentó en la cama y se frotó la cara y los ojos para despertarse del todo.

—Dices eso porque nunca te pasó.

—Suigetsu, justamente ahora me pareces un idiota. Si te levantas y vuelves a ser el mismo de siempre sabré que eres más fuerte de lo que aparentas —Sasuke se cruzó de brazos, siendo completamente honesto—. Debes hacerle ver a Karin que no te importa su rechazo.

—Pero sí me importa —Lloriqueó el otro levantándose de una vez y tomando unos jeans que estaban tirados en el suelo. Metió una pierna por este y luego la otra.

—No tienes que demostrárselo. Vamos, a las mujeres les gustan los tipos fuertes. No andes llorando por ahí.

—No lloro.

—Pero casi.

Suigetsu frunció el entrecejo y tomó violentamente las bermudas que Sasuke tenía en las manos.

—Bien. Nos vamos. Pero me deberás una grande…

Suigetsu se puso una camiseta violeta que tenía sobre un mueble y abrió la puerta de la habitación para salir al pasillo. Se topó de cara con su madre que estaba, de forma nada disimulada, escuchando detrás de la puerta. Suigetsu negó con la cabeza y avanzó, sin decirle nada, hacia el baño de la primera planta.

Sasuke salió y le posó una mano en el hombro a Meiko Hozuki, que rechoncha y bondadosa, era dos cabezas más baja que él.

—Gracias por cuidarlo, Sasuke —Le dijo la mujer algo avergonzada por su comportamiento.

—No se preocupe.

Naruto estaba desayunando sentado a la mesa de la cocina. Su madre le había preparado un desayuno completo, basto y delicioso. Kushina estaba limpiando unos platos y Minato se había ido a una entrevista de trabajo. Lamentablemente ya había ido a muchas y nadie lo había contratado debido a la mala prensa que le habían hecho en el pasado. Naruto ya estaba cansado de esa situación, pero, al menos, ahora se sentía un poco mejor por estar trayendo dinero a la casa.

Kushina y Minato habían estado hablando, la noche anterior, con él sobre remodelar la casa de campo para seguir con el plan de Naruto de alquilarla. Si eso funcionaba, tendrían unos ingresos más y las cosas mejorarían para ellos. Pero él no estaba pendiente de la casa de campo ahora, sólo pensaba en Karui y en su tonta cancioncita.

Le había estado dando vueltas a eso toda la noche, a su mala interpretación de la canción y a lo que Karui había dicho. Ella estaba loca, como si a él le pudiera gustar Hinata. Hinata podía ser hermosa, dulce, tierna, buena, generosa, amable, brillante, sexy… pero de ahí a gustarle había un largo camino.

Kushina lo estaba mirando cuando él volvió a la realidad.

—¿Naruto? Estás muy pensativo esta mañana ¿Te pasa algo?

—No, mamá. No es nada.

Shikamaru se despertó en una cama mucho más cómoda de lo usual. No recordaba mucho y eso que no había bebido, rápidamente, mientras el sueño de desvanecía, los recuerdos llegaron. Con el corazón latiéndole rápido y la sangre subiéndole a la cara, abrió los ojos. Su mirada se topó con una rubia bonita dormida a su lado. Temari, boca abajo y con la boca levemente abierta, respiraba de forma acompasada entre sueños; sus pechos estaban aplastados contra el colchón, su espalda desnuda estaba al descubierto y las sábanas le tapaban parte de los glúteos. Su extraño tatuaje estaba al descubierto, era pequeño y sin sentido pero le quedaba bien. Shikamaru se preguntó qué significaría pero no lo hizo en voz alta. Bastante nervioso se levantó y se metió dentro de los calzoncillos. Tomó su celular del bolsillo trasero de su pantalón y revisó los WhatsApp. Su madre, como la típica metida y sobreprotectora, le había enviado unos mensajes.

«Shikamaru ¿Pasarás la noche con Temari o vendrás a cenar? Ya se hace tarde»

«Shikamaru, contesta, es casi media noche…»

«¡Nara Shikamaru! ¡No me interesa que seas mayor de edad, aún eres mi hijo y vives en mi casa! ¡Que sea la última vez que te desapareces así! Soy tu madre, mínimo me merezco un mensaje avisándome que no vendrás. Me tienes preocupada, hasta que no te mudes y mientras vivas en mi casa, sigues bajo mis reglas. Tendremos una charla cuando llegues»

Shikamaru se pasó una mano por la cara cansado y miró sobre su hombro a su compañera, estaba dormida, aún. No se podía ir mientras durmiera. Eso no sería ético, además, a él no le gustaría dormir con una mujer y despertar sin ella. Se puso los pantalones, la camiseta y las zapatillas. Y luego zamarreó levemente a Temari.

Ella abrió sus ojos aguamarina y el lugar pareció más iluminado. Shikamaru se quitó de la cabeza esos pensamientos, nervioso. Ella lo miró como si no entendiera nada. Shikamaru quiso apartar la vista de su cuerpo escultural y escribió un rápido texto a su madre «Lo siento, mamá, me quedé dormido. Estoy con Temari pero ya voy a casa». Volvió a mirarla a ella. Se frotaba los ojos y sus pechos redondos y voluminosos rebotaban contra su piel. Shikamaru volvió a apartar la mirada.

—Tengo que irme… —Susurró él, incómodo. Ella, por su parte, se estiró para tomar sus prendas de ropa y empezar a vestirse.

—¿Ya? —Preguntó con la voz tomada. Como si no le saliera correctamente. Shikamaru lo atribuyó al sueño.

—Sí

Temari se metió dentro de unos jeans y se atrevió a ver a Shikamaru a los ojos.

—Está bien… Voy a abrirte la puerta.

—Sí… —Repitió él sin saber qué decir.

—Sí… —Susurró ella viendo al piso.

Sakura, Tenten, Karin e Ino entraron a la piscina sonriendo y hablando entre ellas. Sasuke le había enviado un mensaje de texto a Sakura diciéndole que llegaría en poco tiempo. Mientras tanto, las chicas se ubicaron en un lugar desocupado. Ino estaba maquillada, preciosa, con una blusa lila y una falda de jean; Karin llevaba su cabello dispar amarrado en una cola de caballo y llevaba un short y una camiseta sin mangas de color blanco; Sakura era la que más se había preocupado por lucir bien, ya que Sasuke iría a verla expresamente a ella, con una falda blanca y una blusa celeste, y algo de maquillaje en el rostro; Tenten, por su parte, iba con un vestido celeste oscuro y unas sandalias de plataforma, no se había preocupado mucho en arreglarse, ya que sólo estaría con sus amigas; por eso se sorprendió cuando Hyuga Neji entró por entre la multitud y caminó con paso decidido hacia ella. Llevaba su cabello atado en un rodete bajo, una camiseta sin mangas negra, que le quedaba muy al cuerpo, y marcaba sus músculos, llevaba unas bermudas de jean gastada que le quedaba impecable. Tenten se ruborizó y miró a sus amigas sorprendida, mientras éstas también la miraban a ella, Sakura impactada, Ino y Karin sonrientes.

—¿Qué hace aquí? ¿Qué hace aquí? —Preguntó cohibida, la castaña, en voz baja, sin saber cómo reaccionar.

Las tres amigas levantaron los hombros como si no lo supieran.

Neji llegó hasta ellas sonriendo ampliamente.

—Hola, chicas —Saludó alegre.

—Hola, Neji —Saludó Sakura primera que todas—, qué sorpresa.

—¿Sorpresa? ¿Tenten no te dijo que me invitaría?

Tenten se señaló a sí misma, impactada. Ino y Karin rieron por lo bajo.

—¿Yo?

Neji la vio con el ceño fruncido sin entender nada.

—¿Sí? Me dejaste una nota en la puerta de casa, anoche…

—Yo no fui… ¡Oh! —Miró a Karin y a Ino que, ocultas tras Sakura, intentaban contener una risa—… Fueron mis amigas —Tenten le sonrió a Neji a modo de disculpas, pero él se mostró preocupado.

—Entonces… ¿Tal vez prefieras que me vaya?

—¡No, no! Por favor… estaría muy bien que te quedaras.

Neji sonrió y avanzó hacia la mesa que las chicas tenían detrás. Dejó sobre ésta un morral gris que había llevado cruzado en el pecho.

—Qué bien. Porque traje algo de comida, para almorzar. Espero que les guste…

—Muchas gracias —Se acercó Tenten. Ambos se sentaron juntos a la mesa y Sakura los secundó mientras esperaba la llegada de Sasuke. Ino tomó del brazo a Karin y se la llevó más lejos.

Karin, sorprendida, se dejó guiar por su amiga hasta algún punto, cercano a la piscina, Ino fingió que calculaba la temperatura del agua mientras encontraba las palabras para hablar.

—¿Pasa algo, Ino?

—No es que…

—¿Es por Deidara? ¿Cómo acabó el tema?

—Bueno… —Ino se limpió la transpiración que tenía en la frente— No les dijo a mamá y a papá que va a ser padre, pero ya les contó que va a casarse. Fue… Intenso. Mamá no supo cómo reaccionar, primero los felicitó. Después, cuando Kurotsuchi se fue empezó a gritarle a Deidara que estaba loco… Pero, de a poco, se calmó. Se puso algo nerviosa, pero al final está contenta.

Karin asintió.

—Bueno. Me alegro que todo haya salido bien para él ¿Estás preocupada?

—¿Por Deidara? No… Supongo que las cosas para él están yendo, dentro de todo, bien.

—¿Entonces?

Ino dudó, pero al final tomó valor para hablar.

—Soy yo… ¿Cómo lo manejas tú, Karin?

—¿El qué, Ino? Vamos… me estás poniendo nerviosa.

—Tengo un retraso en mi periodo.

—¿Qué? ¿De cuánto tiempo?

Ino suspiró.

—De unos días… Estoy algo preocupada.

—¿Y… qué tantas posibilidades hay de que estés embarazada?

—No sé… ¿Bastantes?

Hubo un silencio.

—¿Quién sería… el padre?

—Kiba Inuzuka… O, tal vez, Itachi Uchiha, aunque no lo creo… Siempre me protegí, Karin, ¿quieres explicarme por qué me pasan estas cosas a mí?

Karin suspiró y negó con la cabeza preocupada.

—No sé, Ino… Es improbable que estés embarazada, si te cuidaste…

—Sí, siempre tomo la píldora, y con Itachi también utilizamos condón… Y con Kiba también, al menos una de las dos veces… —Ino miró sobre su hombro, Sakura las estaba mirando, pero estaba distraída hablando con Neji y Tenten en la mesa— ¿Crees que la píldora pudo fallar?

—Es improbable, Ino. La píldora es muy efectiva.

—¿Cómo aguantas tú estas cosas?

Karin rio por lo bajo.

—Conmigo es diferente. Soy muy irregular, estoy acostumbrada a llevarme sustos de esos. De todas formas hace rato que no me los llevo… No me vendría mal un buen polvo para desestresarme… Me siento muy tensa después de lo de Suigetsu… —Su comentario se vio interrumpido. Justo había llevado la mirada hacia la gente que entraba y salía de la piscina comunitaria, y el mencionado había aparecido como Bloody Mary al ser nombrada. Suigetsu iba con un jean y una camiseta violeta, bastante desalineado, acompañando a Sasuke Uchiha que llevaba su cabello peinado perfectamente y sus ropas impecables poseídas con gracia—. No jodas ¿Qué hace aquí?

Ino miró hacia donde su amiga miraba.

—Lo habrá traído Sasuke.

—Qué mierda… —Ambas empezaron a caminar hacia donde estaban las chicas con Neji, hacia donde también, iban avanzando los recién llegados— Ino. Prométeme que te harás una prueba mañana sin falta.

Ino refunfuñó.

—Hecho.

La puesta de sol estaba decorando el cielo. Naruto estaba sentado en el sofá de su casa, frente al pequeño televisor que tenían en la sala. No le había dejado de dar vueltas a la canción que Karui le había cantado y tampoco dejaba de darle vueltas, entre sus dedos, a la tarjeta que Hiashi Hyuga le había entregado.

No sabía qué hacer. Jiraiya lo había notado cansado y le había dado el día libre; Kushina se acercó a él y le puso una mano en el hombro.

Naruto salió de su ensueño y la miró.

—¿Qué pasa mamá?

—¿Que qué pasa? ¡Hijo! Estás ensimismado desde hoy… ¿A ti qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Te tratan bien en el trabajo?

—Sí, sí, mamá… No es nada, en serio.

Kushina se sentó a su lado, en silencio, pensando las palabras adecuadas para que su hijo entrara en confianza.

—¿Qué es eso, cariño? —Preguntó señalando la tarjeta que tenía, en las manos, su hijo.

—¿Esto? —Naruto dejó de hacerla girar y se la enseñó a su madre— Es la tarjeta de mi jefe. Número de teléfono, mail, dirección…

—¿Y por qué la tienes en las manos?

Naruto alzó los hombros, incomprendido. Incomprendido por sí mismo.

—Me la dio ayer… Por si acaso necesito algo.

—Parece un buen hombre… —Susurró Kushina con voz calmada, intentando comprender la mente de su único hijo.

—Sí, lo es.

—¿Te sientes cómodo en ese trabajo? ¿Pasa algo con tu jefe?

—No… Está todo bien ¿Por qué tanta pregunta?

—Porque estás raro, mi amor… —Kushina le pasó una mano por el alborotado pelo rubio— ya te hace falta un corte.

Naruto sonrió.

—Lo sé… Después te dejo que me cortes el pelo, pero no te preocupes por mí. Está todo bien. No pasa nada con mi trabajo, ni con mi jefe —Se levantó—, ni con Hinata…

—¿Hinata? ¿Quién es Hinata? —Kushina se levantó con su hijo.

—¿Quién?

—Hinata… Dijiste Hinata.

—¿Yo?

Kushina sonrió.

—Sí, tú —Se acercó a su hijo sonriéndole con dulzura— ¿Quién es?

—Nadie… Es… La hija de mi jefe, ella me consiguió el empleo. Es una buena amiga, una buena persona.

Kushina amplió la sonrisa.

—¿Y cuándo vas a decirle que estás enamorado de ella?

Naruto frunció el entrecejo.

—¿Qué dices mamá?

Kushina rio.

—Vamos, cariño ¿Crees que soy ciega? Has estado todo el día pensativo, no es normal en ti… Y entonces me sales con una Hinata, sin siquiera saber que la nombraste. Sólo… estás pensando en ella todo el día ¿no? Ni siquiera te percataste de que la estabas mencionando.

Naruto se quedó en silencio. Miró la tarjeta que tenía en la mano. Pensó en Karui y pensó en su madre… Y pensó en Hinata ¿Por qué todos estaban diciéndole que estaba enamorado de ella? Ni siquiera hacía tanto tiempo que la conocía. Era como si todo el mundo se empeñara en decirle que estaba enamorado cuando él ni siquiera se notaba así.

Que Hinata le pareciera bonita y agradable, o que le sudaran las manos cuando la tenía cerca, o que se pusiera nervioso en su presencia, o que el corazón le latiera a ritmos acelerados… Eso no tenía nada que ver con estar enamorado.

Naruto chasqueó la lengua, inquieto, nervioso.

—Mamá… —Kushina lo miró expectante— Soy un idiota.

Ella rio.

—Como todos los hombres enamorados.

Naruto guardó la tarjeta en el bolsillo y se apresuró a subir las escaleras de dos en dos, directo a su habitación.

Neji y Tenten jugaban como niños tirándose agua en la parte más baja de la piscina, se salpicaban e intentaban tirarse entre sí al agua profunda, empujándose y golpeándose sutilmente.

La noche ya estaba cayendo, el cielo se estaba ennegreciendo, aunque la piscina estaba tan iluminada como si fuera mediodía. Sasuke y Sakura charlaban animados, sentados en uno de los bordes de la piscina. Ya no había tanta gente como antes, e Ino disfrutaba más estando así. Se estaba divirtiendo nadando de un lado a otro con Suigetsu. Karin, por su parte, estaba sentada, aislada de los demás, mirando a todos algo aburrida.

Había estado toda la jornada evitando cruzar mirada con Suigetsu, pero él parecía tan animado como siempre, como si no hubiera pasado nada ¿Tan rápido se habría olvidado de ella o era que, en realidad, Karin no era tan importante como él le había hecho creer? Pateó el agua enfurecida, y salpicó a algunas personas que estaban cerca.

—Sakura… —Escuchó que Sasuke le decía a Sakura, ellos estaban bastante alejados pero Karin los podía oír— No te dejaré irte sola después de esto. Déjame acompañarte —Parecía que insistía, seguramente, y conociendo a Sakura, ésta se habría negado a la primera propuesta.

—No es necesario, en serio…

—Sé que no, pero quiero hacerlo.

Dejó de escucharlos debido a que alguien se había sentado a su lado impidiendo que el sonido de sus voces llegase a ella. Miró a su costado y vio a Suigetsu. Volvió a mirar a la piscina, Ino se estaba envolviendo en una toalla y acomodaba su pelo largo y blondo en un rodete.

—Al final… Tanto miedo que le tenías al agua y ni siquiera te metiste a la parte profunda —Le dijo Suigetsu. Ella no lo miró. Siguió viendo al frente.

—Bueno… No fue necesario.

—¿Sabes? No eres tan divertida como cuando éramos niños. Ino es más agradable que tú.

—No me interesan tus ataques, Suigetsu. Déjame en paz.

Lo escuchó reír a su lado, aunque no supo si era una risa verdadera o forzada.

—No estoy tratando de atacarte, Karin… Sólo quería saber cómo estás.

—Estoy bien, Suigetsu —La pelirroja se animó a mirarlo—. Y al parecer tú también, así que ya está. Déjame en paz.

Suigetsu se levantó algo ofendido y se dirigió a Sasuke.

—Ya me voy, Sasuke. Mamá debe estar esperándome para que la ayude con la cena —Se excusó y se marchó rápidamente sin esperar respuesta.

Karin bufó ofuscada y se levantó. No sabía qué rayos le pasaba pero le molestaba que Suigetsu de un segundo al otro hubiera dejado de estar interesado en ella. No hacía ni una semana que se le había confesado y, ahora, parecía que había perdido todo el interés. Se puso la blusa sobre el bikini y se le enganchó en el aro del ombligo. Chilló enfurecida, se lo desatoró y se terminó de vestir.

—¡Ino! ¿Nos vamos?

—Sí… Voy —Ino corrió hasta donde estaba su amiga y tomó su bolso. Ya estaba vestida y su toalla guardada— ¿Saku? ¿Vienes con nosotras?

—No. No… —Interrumpió Karin antes de que Sakura pudiera contestar—. A ella la acompaña Sasuke —El aludido sonrió victorioso— ¿Tenten?

—La llevo yo —Se ofreció Neji.

Las dos amigas emprendieron su camino a la salida.

—Bueno… ¿Nos vamos nosotros también? —Preguntó Sakura a Sasuke. Él se levantó y le tendió la mano para ayudarla, como toda respuesta. Ella aceptó su mano y le sonrió.

Se despidieron, con la mano, de Neji y Tenten, que estaban saliendo de la piscina, y se marcharon caminando.

La casa de Sakura no quedaba lejos, por lo que no tardaron en llegar. El camino fue silencioso pero agradable, disfrutando sólo de la compañía del otro y del paisaje veraniego.

Se pararon en la puerta de El Refugio, que estaba cerrado con las típicas cortinas de metal.

—Bueno… Estuvo muy bien esta salida —Dijo Sasuke. Sakura asintió—. Aunque me gustaría que la próxima vez, saliéramos solos.

—¿De nuevo? Vaya Uchiha… —Le sonrió ella, bromista— no sabía que eras del tipo de los que van a citas.

Él le devolvió la sonrisa.

—No voy a citas con cualquiera —Su sonrisa se ensanchó. Sólo iba a citas con quienes quería seducir, era diferente—. Me gustas, Sakura. Y lo sabes…

—Lo sé —Contestó ella ruborizándose y mirando hacia abajo—. Ya me lo habías dicho.

—¿Y yo te gusto? —Ella no contestó con palabras, pero movió la cabeza en un gesto afirmativo. Nerviosa, tímida— ¿Te gusto más que Sasori?

Ella rio.

—Claro que sí.

—Estupendo —Él le sonrió y ella volvió a verlo a los ojos. Esos ojos tan negros y tan llenos de vida. Sakura notó cómo el rostro de él se acercaba al de ella sin recato, cómo sus narices chocaban y cómo se fundían en un beso tierno. No dio un paso atrás, no lo frenó. Tener los labios de Sasuke Uchiha sobre los suyos era lo más emocionante que le había pasado en la vida.

Naruto bajó del taxi después de pagarlo y trotó hasta la puerta de la casa Hyuga. Era enorme. Una casa como la de las películas estadounidenses, o las historias de época. Era una casa diseñada con arquitectura de la época antigua, una casa tradicional japonesa con el tejado amplio y angular.

No quería tocar el timbre, estaba nervioso. Era un idiota. Todos se habían dado cuenta de su enamoramiento hacia Hinata menos él ¿Qué tan imbécil podía ser? Miró la tarjeta para corroborar que estaba en la dirección correcta y se la guardó en el bolsillo. Caminó en círculos pensando en las palabras adecuadas, sabía que a Hinata le gustaban las películas de amor ochenteras, ella se lo había dicho; y se había llevado sus parlantes portátiles para el celular para recrear la escena de Say Anything, pero en su cabeza todo era más sencillo. Ni siquiera sabía cuál era la ventana de Hinata, lo único a favor que tenía, era que sus parlantes tenían un muy buen sonido. Seguramente la atraerían.

Se pasó las manos por el cabello, preocupado y nervioso, inquieto. Se quitó el sudor de la frente y escupió en el suelo antes de sacar de sus bolsillos los parlantes y el teléfono celular.

Todo iría bien, sólo tenía que mentalizarse.

Los conectó, le dio play a la canción que había elegido y, tomando un parlante en cada mano, los elevó sobre su cabeza; tomando la misma expresión que el actor de la película. Todavía nervioso, sintiendo cómo le temblaban las piernas.

No me regalen más libros, porque no los leo. Lo que he aprendido, es porque lo veo. Mientras más pasan los años, me contradigo cuando pienso. El tiempo no me mueve, yo me muevo con el tiempo. Soy, las ganas de vivir. Las ganas de cruzar. Las ganas de conocer, lo que hay después del mar. Yo espero que mi boca, nunca se calle. También espero que las turbinas de este avión nunca me fallen. No tengo todo calculado, ni mi vida resuelta. Sólo tengo una sonrisa y espero una de vuelta.

Una cortina se abrió y Naruto se puso nervioso, pero no fue Hinata quien se asomó, sino una versión pequeña de ella. Hanabi abrió los ojos muy grandes y terminó de abrir la ventana para escucharlo mejor. Le sonrió enternecida y miró sobre su hombro gritando «¡Hinataaaaaa!» Hinata apareció al cabo de unos segundos detrás de su hermana; y en la ventana de abajo, también se asomó Hiashi. Las piernas de Naruto se tambalearon un poco más.

Yo confío en el destino y en la marejada. Yo no creo en la iglesia, pero creo en tu mirada. Tú eres el sol en mi cara, cuando me levanta. Yo soy la vida que ya tengo, tú eres la vida que me falta. Así que agarra tu maleta. El bulto, los motetes, el equipaje, tu valija. La mochila con todos tus juguetes.

A Hinata los ojos se le humedecieron, Hanabi la codeó, aún, sonriendo con ojos luminosos y divertidos. Naruto intentó dedicarle una sonrisa, aunque le salió torcida debido al nerviosismo. Entre la oscuridad de la noche y el nerviosismo que llevaba encima, no podía distinguir qué expresión tenía ella en el rostro.

Y, dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo. Darle la vuelta al mundo. Darle la vuelta al mundo. Dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo. Darle la vuelta al mundo. Darle la vuelta al mundo.

Hinata desapareció de la vista del rubio que se inquietó aún más.

Ella bajó las escaleras corriendo, con las manos en el pecho y los ojos lagrimosos. Hiashi la vio pasar a su lado y salir por la puerta, el hombre siguió el recorrido de su hija viéndola por la ventana.

Hinata salió, trotó hasta donde estaba Naruto, y sin que éste pudiera decir nada, se abalanzó a su cuello y lo abrazó apretándose contra él. Naruto trastabilló un poco, pero recobró el equilibrio y enredó sus manos en la cintura de ella, sin dejar caer los parlantes que siguieron reproduciendo la canción.

Él la miró a los ojos y la vio sonreírle, con las mejillas rosadas y lágrimas que no soltaba.

—Hina… —Él quería decirle todo lo que sentía por ella, pero antes de terminar de pronunciar su nombre, ésta clavó sus labios contra los de él, imposibilitándolo de hablar.

Hiashi, dentro de la casa, sonrió y cerró las cortinas para dejarles intimidad, al momento que escuchaba que su hija menor profería un alarido de alegría en la segunda planta.

Hinata se separó de Naruto con vergüenza, y él notó que tenía la cara completamente roja. Le sonrió, se apresuró a guardar los parlantes en los bolsillos, y sin decirle nada, la tomó de las mejillas para volver a besarla.

Se dieron besos cortos el uno al otro durante varios segundos, hasta que el rubio se animó a hablar.

—¿Y, ahora, qué? ¿somos novios?

Ella se rio, aún, notablemente avergonzada.

—Si así lo deseas, Naruto…

Él le contestó con otro beso.