Me apresuré y con este capítulo ya igualamos al fic en todas las páginas en las que lo tengo publcado. Así que, a partir de ahora, iré subiendo deun capítulo por vez :)

Canción: Pequeños sueños/ Árbol

-*La prueba*-

Un coche estacionó frente a la casa de la familia Ama. Neji iba postrado en el asiento del conductor, Tenten a su lado; ella miraba con sus ojos castaños por la ventanilla hacia su casa. Era la segunda vez que la llevaba en ese automóvil a esa residencia, y era la segunda vez que Neji veía a la madre de su acompañante asomarse por la ventana y luego desaparecer.

—Bueno… Aquí estamos —dijo él algo incómodo. Desde hacía algún tiempo se sentía nervioso en la presencia de ella. Hacía tiempo que sabía que la extranjera estaba enamorada de él y a él eso le divertía, ella le parecía agradable y tierna, además, por más que fuera sencilla, era muy bella; pero últimamente se estaba involucrando demasiado. Algo que no le parecía del todo mal, pero sí era extraño.

—Sí, gracias por traerme.

—No tienes que agradecer… —Ella clavó su mirada parda en la de él y le sonrió con gratitud.

—¿Sabes? Me gustaría que me visitaras alguno de estos días… a mi casa

—¿En serio? —Ella se mostró sorprendida pero todavía con los ojos brillosos de esperanza.

—Sí. Hablamos hace poco de que me gustaría contarte más de mi pasado y mi familia… —comenzó él de forma segura, inocente—. La casa en la que vivo pertenecía a mis padres… me gustaría que fueras conmigo algún día.

—Claro… me gustaría —Contestó ella poniéndose nerviosa. Él evitó una sonrisa al comprobar lo que generaba en esa chica.

—Espero que esta vez sí vayas tú a mi casa…

—¿Cómo dices? —Él rio simpático.

—Que, hoy, cuando vi la nota en la sala de mi casa creía que eras tú quien me invitaba a salir. Pero al llegar a la piscina me enteré de que fueron tus amigas ¿Por qué no eres tú quien me busca?

Tenten se ruborizó y apartó la vista. Él, esta vez, no pudo ocultar esa media sonrisa divertida.

—Lo siento, Neji. No es que no me caigas bien, es que no me siento con la confianza suficiente como para ir a buscarte… Yo…

—¿Te acobardas? Soy yo quien te invita a mi casa. No eres molestia, de hecho, esperaba que fueras… De lo contrario no te hubiera propuesto que me visitaras.

Tenten se avergonzó.

—Lo siento, Neji… Te prometo que iré.

—Perfecto. Me la pasé estupendamente contigo hoy.

Ella rio nerviosa.

—Yo también —Abrió la puerta del auto, se despidió con la mano y empezó a caminar hasta la puerta de su casa. Él alzó la mano para saludarla y ella le devolvió el saludo antes de entrar.

Neji encendió el motor del auto riendo por la expresión y la compostura de Tenten.

La mañana del domingo fue más fresca. Agosto estaba empezando y con ese mes, el otoño se acercaba. Ino se despertó en su cama, su habitación estaba desordenada y desprolija. Su madre golpeó la puerta de su habitación y le avisó que ya estaba listo el desayuno. Ino se desperezó, se sentía extraña. Un pecho le dolía y empezaron a darle palpitaciones.

Ya estaba cansada de estar en incertidumbre, Karin tenía razón, se tenía que hacer una prueba. Para su mala suerte, era domingo. Tomó su teléfono celular y buscó en Internet el listado de las farmacias de turno y después de haber anotado la dirección de la más cercana; se dirigió al apartado de contactos y llamó a Sakura.

¿Hola? —Habló su amiga del otro lado de la línea.

—Saku… Tengo que decirte algo y pedirte ayuda ¡urgente!

¿Estás bien, Ino?

—Estoy bien… Bueno ¡Muriendo de nervios! Ayer hablé con Karin pero me siento una traicionera, tú eres mi mejor amiga y mi confidente desde siempre; quiero contártelo —Ino se levantó de la cama y buscó unos jeans—. Mira, Saku… Tengo un atraso. Existe la posibilidad de que un… una criatura esté creciendo en mi vientre. Y con lo de Deidara, con mi situación actual… con mis padres, estoy que no doy más de la preocupación.

¿¡Qué!? Ino, mierda ¿Qué piensas?

Ino suspiró mientras se cambiaba el pantalón de su pijama por los jeans y buscaba una blusa cómoda.

—Mira. Sólo sé que, si estoy embarazada, hay más posibilidades de que sea de Kiba… no creo que sea de Itachi, con él estuve sólo una vez y…

¡Ino! Eso no me importa —la interrumpió su amiga— ¿Quieres un test? ¿Quieres que te acompañe a un hospital?

—Acompáñame a comprar una prueba, Saku…

—Pasaré por tu casa en un rato —Tras eso, Sakura colgó la llamada. E Ino siguió vistiéndose.

Sakura se levantó de su cama tras recibir la llamada de su amiga, buscó ropa rápidamente y se vistió con lo primero que encontró. Después de peinarse un poco y de lavarse los dientes, salió al comedor y abrió la nevera. No había nada que no requiriera de un procedimiento de cocina antes de ingerirlo, así que la cerró y, atolondrada, caminó hasta la puerta y empezó a bajar las escaleras. Era más importante Ino que el desayuno, así que, al encontrarse en la planta baja, en el local, sintiendo el aroma a café y a pastelillos, saludó a sus padres rápidamente y también a Tamaki que atendía mesas y salió.

Su teléfono celular vibró en su bolsillo y lo sacó rápidamente suponiendo que era Ino, pero no. Se trataba de un mensaje a la casilla de WhatsApp… Un mensaje de Sasuke.

«Sakura ¿qué tal amaneciste? Espero que bien. Desperté pensando en ti y se me ocurrió que podemos tener esa salida pendiente. Nosotros dos solos ¿Qué te parece mañana, cuando cierres El Refugio? ¡No te preocupes! No gastaré mucho dinero, tengo entradas de 2x1 al cine ¿Qué te parece?»

En medio de la desesperación desequilibrada que Sakura sentía por su amiga, una sonrisa le acaparó el rostro y se apresuró a responder un. «Encantada».

Ino y Sakura entraron en casa de la última con una bolsa de la farmacia aferrada al pecho, analizando bien el camino que tenían por delante, para no toparse con nadie, corrieron a la habitación de Ino, para ponerse cómodas, y de allí al cuarto de baño. Ambas se encerraron con el corazón latiéndoles rápido. Sakura se puso de espaldas al retrete, custodiando la puerta, y su amiga se sentó en váter para empezar con su análisis.

No estuvieron mucho tiempo, pero pareció eterno.

Fuera del cuarto de baño, se oía gente pasar de un lado a otro. Seguramente Deidara o los padres de Ino, se suponía que ellas dos estaban en el cuarto de Ino riendo y contándose chismes. De repente el silencio del otro lado fue perpetuo y, entonces, Ino habló.

—¡Vamos a mi habitación! Esperemos ahí el resultado —Sakura asintió y abrió la puerta sólo un poco. Al no ver a nadie del otro lado trotó por el pasillo y entró a la habitación de su amiga siendo perseguida por ésta.

Cerraron la puerta y se sentaron en la cama. Ino con la prueba en la mano.

—¿Hablaste con Kiba? —Preguntó Sakura.

—Sí… Estaba alterado. Muy alterado.

—Es comprensible, pero ¿qué? ¿va a hacerse cargo si…?

—No lo sé, Saku… Ahora eso no me importa. Primero quiero sacarme la duda. Me sentiría tan tonta si estoy embarazada, justo cuando Deidara también va a ser padre.

—Ino, no es tema para sentirse tonta. Al contrario, eso no tiene nada que ver. Eres cuidadosa con lo que haces, sé que te protegiste, pero, eso puede fallar. Y no es motivo para ser tonta o no ¿Qué tiene que ver Deidara?

Ino negó con la cabeza con el corazón en un puño.

—Sería tan ridículo. Los dos hermanos juntos… Cagándose la vida.

Sakura bufó en desacuerdo. No importaba si ella misma tenía que vender todas sus pertenencias para ayudar a Ino, Sakura opinaba que un bebé sería un milagro. Algo hermoso.

Ino miró la prueba entre sus manos y gritó. Sakura, nerviosa, miró a su amiga a la cara.

—¿¡Qué!?

—¡Dio negativo! —Chilló la rubia contenta. Sonrió. Sakura sonrió con ella.

—¡Llama a Kiba!

—Sí. Tienes razón.

Kiba atendió su teléfono, aunque apenas podía mantenerse en pie. No había dormido, acobardado por pensamientos sobre él siendo padre, se había mantenido toda la noche bebiendo y oyendo rock pesado. Sus vecinos y su madre se habían quejado varias veces, pero estaba en un estado de ebriedad tal, que estaba inconsciente y no había dado importancia a ninguno de los reproches de estas personas.

Su hermana Hana había llamado, a eso de las cinco de la madrugada, a Shino para que lo calmara y éste sólo había logrado hacerlo beber un poco menos y apagar la música.

A la hora que Ino llamaba, la una de la tarde, Kiba seguía en un estado tambaleante y en compañía de su amigo y su hermana.

—Hable… —Atendió la llamada, tomándose la cabeza con dificultad. Tenía un zumbido en el oído y un dolor punzante en ambas sienes.

Kiba… Dio negativo.

—¿En serio?... —Las palabras le salieron con una tonalidad aguda.

Sí. Eso no confirma del todo… Recuerda que hay un pequeño margen de error. Pero te mantendré al tanto.

—Bien.

La llamada se colgó y Kiba miró a sus acompañantes que estaban a la expectativa.

—Dijo que no… —dijo el moreno antes de eructar e irse dando traspiés a su habitación.

—¿Que no qué? ¿Qué le pasó? —Preguntó Hana a Shino.

—Que no va a ser padre.

—¿¡Qué?! ¿¡Por eso estaba así!? —Preguntó la chica asombrada.

—Sí.

—Pensé que porque ya le habías dicho sobre… el tema —refunfuñó la mujer joven algo enfadada— ¿En qué quedamos Shino? ¡Mierda! Dile las cosas claras a Kiba… Septiembre se acerca —Hubo un silencio extenso— ¿Con quién estaba, Kiba, creyendo un embarazo? ¿Con esa chica rubia?

—Sí. Ino…

—Ah, ella es muy hermosa. Habría salido un lindo bebé.

—Pero ellos no son pareja.

—Mejor que las cosas sigan así, entonces… —Hana suspiró y al expirar sus pechos se inflaron. Ella sonrió al notar que Shino la había mirado de forma indecorosa— ¡Oye! No me mires así, pervertido.

Él miró hacia otro lado y ella rio.

—Shino… hablando en serio —Volvió a ponerse seria—. Habla con Kiba. Por favor…

—Lo haré, Hana, lo haré —Interrumpió Shino exasperado. Por primera vez mostrando una emoción—. Dame tiempo.

Hana se levantó y se acercó a él, con el ceño fruncido, un poco molesta.

—No tienes tiempo, Shino. Agosto se va a terminar algún día, septiembre está a un paso de llegar… En septiembre te irás del país y eres el único amigo real que tiene mi hermano ¡No seas así! Debes decírselo, con tiempo… Para que Kiba tenga tiempo de pensar y de asimilarlo antes de que te vayas.

—No es tan simple, Hana…

—Sé que no. Por eso mismo —Hana tomó a Shino de la camisa y acercó más su cara a la de él—. Díselo, lo antes posible.

Shino pasó saliva, nervioso; de reojo, le miró los pechos nuevamente y pasó sus ojos a los de ella. Hana le sonrió de forma pícara y le lanzó un beso de forma divertida, burlándose de él, antes de alejarse diciéndole «te gustan mis pechos ¿eh?»

Al día siguiente, Tenten se levantó temprano, como era costumbre, para ir a trabajar. Se encaminó al cuarto de baño, se cepilló el largo cabello castaño y se lo amarró en dos rodetes, como era costumbre; después de ponerse su camiseta amarillo limón, con el cartelito con su nombre y de calzarse en los pantalones negros de jean, salió del baño, descalza, para terminar de alistarse para el trabajo.

—Cariño… —habló una voz a sus espaldas. Tenten volteó para encontrarse con su padre que estaba desayunando un té y unos bollos calientes antes de ir a trabajar.

—Ah, buen día, papá. No te había visto —Tenten se acomodó en la silla de al lado de su padre y procedió a ponerse el calzado.

—¿Ya te vas a trabajar?

—Como todos los días… —suspiró Tenten. Al terminar de amarrarse las agujetas miró a su padre a la cara.

—Entiendo. Mira… va a pasar a buscarme Rock Lee, ustedes se llevan bien ¿no? ¿No te gustaría que te acompañara al trabajo el día de hoy? Él trabaja mucho, sería bueno darle un tiempo para que descanse.

Tenten se pasó una mano por la cara, molesta.

—Papá… no creo que a Lee le guste la idea de faltar al trabajo.

—Pero ustedes se llevan bien.

—Eso no tiene nada que ver. Lee es una gran persona, pero apenas lo conozco.

—Es una gran oportunidad para que se conozcan más… —hubo un silencio, Tenten no quiso decir nada al respecto, pero en cuanto la ocasión se le presentara, tendría una seria charla con su padre—. Por cierto ¿Quién es la persona que te trajo anoche a casa?

—Un amigo, papá. Un cliente habitual.

—Bueno… —El hombre se levantó de su asiento y acarició la mejilla de su hija con dulzura—. Me alegro de que te estés adaptando a este nuevo hogar.

Tenten evitó la mirada de su padre y el timbre sonó, lo que provocó que el hombre fuera a abrir la puerta de entrada y recibiera a quien tocaba: Seguramente Lee.

Las sospechas de la única hija de la familia se convirtieron en verdad cuando su padre regresó acompañado del joven con corte de casco. Entraron a la cocina hablando. Lee iba vestido para el trabajo, con un traje gris y corbata verde.

—…Así que pensé que hoy podías descansar; acompañar a mi hija a su trabajo y pueden hablar y ponerse al día, allí.

—Ah… Bueno… Claro —Lee parecía haber aprendido mejor el idioma, por más que sólo había dicho tres palabras su acento japonés estaba notablemente mejor hablado. Lee miró, incómodo, a Tenten que le dedicó la misma mirada.

—Perfecto. Entonces, yo, ya me voy al trabajo. Lee, tú y Tenten pueden salir al Refugio cuando quieran.

El hombre tomó un saco que había sobre el respaldar de una silla y se marchó saludando respetuosamente a los dos jóvenes. Tenten y Lee se quedaron en silencio unos segundos, hasta que Tenten tomó las llaves de su casa y se encaminó a la salida con el muchacho pisándole los talones.

Salieron a la acera caminando con tranquilidad y se adentraron en la jungla de cemento entre los madrugadores que iban a trabajar.

—¿Tenten? ¿Todo en orden?

—Sí. Lo siento, Lee… No tienes nada que ver. Es sólo que las cosas con mi padre me están sobrepasando. No sé qué idea tiene en la cabeza con respecto a nosotros. Quiere que seamos pareja o algo así.

Lee rio, algo que a Tenten le llamó la atención, puesto que ella estaba muy enfadada.

—Lo sé. Mi padre también me ha estado preguntando por la relación que tengo contigo. Tienen ideas similares…

Tenten frenó sus pasos y Lee que iba caminando un poco por detrás de ella, chocó contra el cuerpo menudo de la castaña. Tenten volteó a verlo y se miraron a los ojos.

—Lee: eres estupendo. Un gran chico… Pero supongo que entiendes que no estoy interesada en ti de esa forma.

Lee levantó las palmas atajándose.

—Ni yo. Tú no… Tenten, eres hermosa, pero tú no me gustas de esa forma —Él le sonrió.

—Me siento mucho mejor oyéndolo.

—Es evidente que estás interesada en ese chico de pelo largo ¿me equivoco? —Tenten le sonrió negando con la cabeza— Y, disculpa, pero me interesa más Sakura…

Tenten le sonrió más ampliamente.

—Sakura es preciosa —Le dijo ella a él que asintió.

—Sigamos, Tenten… Después hablaremos con nuestros padres.

Ella volvió a hacer un gesto afirmativo con la cabeza y siguieron caminando. En pocos minutos llegaron a la cafetería y entraron, ambos, aunque aún el local no estaba abierto al público. Ino y Karin aún no habían llegado. Sólo estaba Sakura acomodando los carteles de oferta.

—Hola, Saku… —Saludó Tenten entrando al local seguida de Lee. La de cabello rosa los miró a ambos.

—Hola, chicos, buen día. Qué raro verte tan temprano, Lee.

—Sí… Bueno… —Lee se puso algo nervioso y metió sus manos en los bolsillos del pantalón de vestir—. Hola ¿Qué tal el trabajo?

—Bien ¿Quieres sentarte? ¿Algo para beber? —Tenten se puso a revisar si la caja registradora tenía el cambio suficiente. Sakura se paró frente a Lee para atenderlo—. Invita la casa, Lee —Tenten encendió la radio y una canción empezó a resonar en el lugar. Me gustaría decirte tantas cosas... ¡Oh! Dreams. Little dreams. Pequeños sueños. Dreams. Little dreams. Pequeños sueños. Siempre mi abuela me pidió, que yo vaya a visitarla. Nunca cerré bien los ojos, cuando estaba bajo el agua. Quise esta tarde encontrarte, caminando hacia mi casa. Me gustaría decirte tantas cosas...

—No, gracias, Saku… Estoy bien ¿Recuerdas que me propusiste, hace algún tiempo, ir a caminar? ¿Qué te parece si vamos hoy? Cuando salgas al mediodía…

—Lee… —Lo frenó ella poniéndole una mano en el pecho. Sakura sintió que el corazón de él iba rapidísimo—. Lo siento mucho, pero… Creo que estoy empezando algo importante con alguien más y…

—No te preocupes, Sakura —Lee le sonrió. Aunque su sonrisa no era verdadera—. Lo entiendo. Espero que te vaya muy bien con eso.

—Gracias, Lee… Y lo siento, de verdad.

—No es problema —Lee se dirigió a Tenten hablando en chino—. Lo siento, Tenten, pero creo que iré a trabajar. Tú estás ocupada así que prefiero volver con tu padre…

Tras eso, se marchó.

Sakura se volvió hacia su amiga.

—¿Qué te dijo?

¡Oh! Dreams. Little dreams. Pequeños sueños. Dreams. Little dreams. Pequeños sueños.

Matsuri esperaba a Sari en la puerta de El Refugio, había quedado con ella en encontrarse allí. El sol la estaba matando, estaba muy ardiente y peligroso; pero su amiga no aparecía. Ya eran alrededor de las tres de la tarde y Matsuri estaba esperando desde hacía media hora. Sari no atendía el teléfono ni contestaba mensajes de texto y la castaña se estaba empezando a impacientar.

Doblando la esquina, aparecieron tres muchachos, todos de diferentes estaturas y de diferentes colores de cabello. El más alto era de pelo oscuro y piel pálida, el mediano de pelo plateado y el más bajo de pelo rojo y ojos aguamarina muy claros. Los tres la vieron y, el más alto y el más bajo, la saludaron alegremente.

Sai, Shin y Gaara llegaron frente a Matsuri.

—Hola, Matsu —Saludó Sai—. Él es mi hermano Shin, ella es una amiga: Matsuri —Presentó rápidamente.

—Hola, chicos.

—Un placer —Saludó Shin.

—¿Qué haces aquí, sola, en la puerta? —Preguntó Gaara intrigado, sonriéndole.

—Esperando a Sari —Contestó—. Pero no sé si va a poder venir. No logro comunicarme.

—Te vas a asar acá afuera —Le dijo el más jovencito de los tres—. Ven a esperarla adentro, con nosotros.

—¿En serio? ¿No voy a molestarlos? —Le preguntó ella al pelirrojo, mirándolo fijamente a los ojos.

—De ninguna manera, Matsu… Ven —Sai le tendió el brazo y Matsuri lo aceptó riendo.

Entraron los tres entre sonrisas, y al hacerlo, Ino los miró. Matsuri la saludó alegremente y Sai miró hacia donde la castaña saludaba. Su mirada se cruzó con la azul de Ino, y la desvió rápidamente.

Los cuatro se sentaron a una mesa y le pidieron a Tenten, que los había ido a atender, lo que querían beber.

—Kankuro está retrasado —Corroboró Gaara mirando su reloj de pulsera.

—Sí ¿Le habrá pasado algo?

—No lo creo —dijo Gaara poniendo los ojos en blanco—. Seguramente se habrá encontrado con alguna chica.

Matsuri rio.

—Ustedes los hombres son muy influenciables, cuando ven una mujer.

—No todos… —Se defendió Shin. Ella le sonrió.

—A ti porque te gustan los hombres —lo codeó su hermano.

—También las mujeres —volvió a defenderse. Matsuri se carcajeó y los contagió a los demás.

—Matsuri… —Susurró Gaara mientras Shin y Sai discutían de forma divertida en sus sitios— ¿Te parece si mañana nos volvemos a reunir aquí a la misma hora?

Ella le sonrió asintiendo, en el mismo instante que Sari y Kankuro entraban juntos, charlando, a la cafetería.