Canción: I hate you, don't leave me, Demi Lovato.

-*Capítulo 32: Papá*-

Sakura se había apresurado a cambiarse de atuendo, mientras que sus compañeras cerraban la cafetería. Sasuke debía pasarla a buscar en cualquier instante. Él la había invitado al cine, hacía mucho tiempo que ella no iba a un sitio así y menos con un muchacho. No sabía en qué podía terminar aquella salida, se sentía nerviosa e inquieta. Ni siquiera recordaba la última vez que había salido de noche con un chico. Se avergonzaba de sólo pensar qué pasaría con Sasuke esa noche. La última vez él la había besado; y el calor de esos labios aún era sentido por Sakura en su boca.

Bajó las escaleras con las piernas blandas, creía que se podía caer. Estaba nerviosa. Ino le sonrió de forma coqueta, como solía ser, dándole apoyo, pero al mismo tiempo burlándose de su aspecto. No pasó mucho tiempo hasta que Sasuke apareció por el Refugio, aunque en esos minutos Ino se encargó de darle muchos consejos a Sakura y Karin se metió también en la conversación. Tenten se mantuvo al margen, pero riendo, de vez en cuando, por comentarios de las otras.

Cuando Sasuke llegó, Sakura se fue con él con el corazón latiéndole rápido; y su corazón no dejó de sonar potentemente en toda la película.

Al salir de allí, la cara de Sakura estaba más rosada que su cabello.

—¿Vamos a cenar? —preguntó Sasuke con voz ronca. La verdad era que no habían hablado mucho durante todo ese tiempo, durante el camino de ida al cine sólo se habían dado las buenas noches, después, todo se había puesto un poco tenso. Sakura estaba demasiado nerviosa y Sasuke, para poder concretar su plan de una vez, la había dejado tranquila, para que se tranquilizase.

—¿A cenar? Sasuke… No quiero que gastes dinero en mí… Ya pagaste las entradas de la película.

—Sí, pero los pagué con descuento… Déjame invitarte a una hamburguesa, por lo menos.

—Bueno… está bien —Cedió Sakura sonriéndole con timidez.

Pidieron las hamburguesas, papas fritas y bebidas gaseosas en el patio de comidas y se sentaron a una mesa redonda después de que Sasuke las pagara.

—Me gustaría devolverte algo del dinero… —pidió Sakura en voz baja, mirándolo de forma vergonzosa. Estaban sentados uno frente al otro; Sasuke ya había comenzado a comer, pero Sakura seguía algo tensa. Hacía tiempo que no tenía una cita de esa forma… Por lo menos desde la escuela secundaria.

Él le dedicó una media sonrisa, medio bromista, medio pícara.

—Aceptaré que me devuelvas parte del dinero si, después de cenar, me dejas llevarte a otro sitio…

—¿A dónde? —Él se quedó en silencio, un buen rato, mirándola a los ojos, escudriñándola; parecía comprobar si era buena idea decirle a dónde la llevaría o si, por el contrario, debía esperarse más tiempo. Sakura empezó a ponerse nerviosa y, para evitar la mirada de su acompañante, bebió un largo sorbo de gaseosa.

—A un sitio más íntimo.

Sakura se puso tan roja como la sangre que fluía por su rostro. Estaba acalorada y había comenzado a sudar. La gaseosa que estaba bajando por su garganta en ese momento se atoró allí y ella empezó a toser.

—A… ¿A dónde?

—A un sitio en el que estemos solos, Saku… Pero no pasa nada si no te sientes lista —Su mirada oscura y penetrante no dejaba de perseguirla. Él estaba confiado, Sakura no estaba segura de nada, se sentía avergonzada, pero, para ser honesta con sí misma, se moría de ganas de concretar algo con ese chico tan perfecto.

Ino se lo había dicho… Karin se lo había dicho… Incluso Tenten se lo había dicho. Sakura era muy afortunada de tener detrás a un chico tan codiciado como Sasuke Uchiha. La joven rebuscó el su bolso y le tendió el dinero armándose de valor.

—Ten. Ya conoces mi respuesta —Bajó la mirada e intentó no volverlo a ver.

No pasó mucho tiempo hasta que Sasuke y Sakura acabaron de comer y salieron a la calle en dirección a un hotel. Sakura nunca había entrado a uno de esos lugares y, no sólo se moría de vergüenza, de que alguien la viera entrar a ese sitio, sino que se sentía ansiosa y nerviosa por estar con aquel hombre de una forma tan íntima.

Si a Sakura le hubiesen avisado que se encontraría en esa situación con alguien como Sasuke Uchiha, ella no lo habría creído.

En cambio, Sasuke, no estaba nervioso, se sentía en su terreo; pero había algo que lo inquietaba y era que, después de aquello, según las reglas que él mismo se había puesto, no podría volver a verla, debería eliminarla de las redes sociales, bloquearla de su teléfono celular y dejar de pasar por la cafetería. Al menos, Sakura, no sabía dónde quedaba su casa ni conocía a su hermano, pero… A diferencia de lo bien que se sentía al divertirse con una chica para, futuramente, descartarla, sentía que con Sakura se sentiría como un idiota.

Tendría que seguir viendo a Karin aunque no se lo propusiese, cuando fuera a visitar a Suigetsu y, eso, era un problema si dejaba de ver a Sakura, puesto a lo íntimas que eran ambas. Eso no era todo… De alguna extraña forma, disfrutaba estar con esa pelirrosada tímida y agradable. Además, frecuentar la cafetería era algo que le agradaba como pocas cosas.

Entraron al hotel, Sakura, prácticamente temblando, Sasuke se dirigió a la recepción y rápidamente consiguió una habitación. El lugar era hermoso y estaba bastante vacío, algo que tranquilizaba a Sakura; sin embargo, las grandes vidrieras que había en lugar de ventanas la preocupaba, que alguien conocido la viera dentro de un hotel de amor sería algo completamente vergonzoso. Hubiera preferido ir a casa de Sasuke, pero no quería invadirlo y sabía que él vivía con su hermano. Tal vez no quería que Itachi se metiera en su vida privada.

Sasuke tomó a la incómoda Sakura de la mano, guiándola con dulzura escaleras arriba para guiarla a la habitación. El corto transcurso fue en silencio, las manos de la jovencita sudaban, pero Sasuke no parecía notarlo, o más bien, era muy discreto como para hacer algún comentario.

Sasuke entró al cuarto y le cedió el paso a Sakura, que, con cada paso que daba sentía su estómago saltar. Él cerró la puerta con una vuelta de llave y se apresuró a poner música suave para relajarla. La miró a los ojos.

—Sabes que nos podemos ir si no quieres… —dijo él mirándola de arriba abajo, tampoco era el plan obligarla a algo que no quisiera.

—No, no —Ella levantó las palmas. Si Ino o Karin se enteraba de que se había acobardado ante una situación así, le echarían una reprimenda. Era verdad que tenía que desestresarse un poco y divertirse. También era verdad que Sasuke ya había pagado la habitación, era demasiado tarde para echarse hacia atrás—. Estoy bien. Es sólo que estoy algo nerviosa, nunca había estado en un lugar así.

—No pasa nada —Él volteó y dejó sobre la enorme cama que había en el centro de la habitación las llaves de su casa, su billetera y su teléfono celular, además de su chaqueta. Luego, volvió a verla.

—¿Frecuentas mucho estos lugares? —Sakura se miró los pies incómoda, no quería saber la respuesta, pero él se comportaba tan cómodo en esa situación que resultaba un poco raro.

Cuando Sakura levantó la mirada, lo tenía muy cerca. Sasuke tomó a Saku por las mejillas y le dio un corto y casto beso en los labios.

—No tienes que ponerte incómoda. He venido un par de veces… Nunca fue nada serio, no necesitas saber más.

—Lo entiendo… —Él volvió a besarla y Sakura correspondió al beso, dejándose llevar.

Los dedos de Sasuke escarbaron por debajo de la ropa de Sakura hasta quitarle la blusa suavemente, a pesar de la pasión que Uchiha emanaba de su cuerpo, sus movimientos eran delicados y tiernos, como si pensara que Sakura podía romperse ante la menor brusquedad. Sakura no habló, disfrutó de los besos de él y de las caricias que le daba. Sasuke también se quitó la camiseta, parecía muy a gusto con esa situación. Sakura no compartía la comodidad, pero sí las ganas.

Después de que otras tantas prendas de ropa cayeran por los suelos y se recostaran de espaldas en la cama, los aires ya se habían suavizado bastante, y, aunque Saku seguía nerviosa, ya se había entregado más a la situación.

Sakura se sentó a horcajadas sobre Sasuke, mientras éste seguía acostado de espaldas en la cama. Él acarició la cintura de ella con dedos ágiles y a Sakura le dio un escalofrío por todo el cuerpo.

—L-lo siento, estoy algo nerviosa… —susurró Sakura poniendo las manos sobre el pecho trabajado de Sasuke. Todo él era más perfecto de lo que se imaginaba, no era musculoso, pero se notaba el ejercicio físico. Él se incorporó apenas, sentándose, aún con ella sentada sobre él, y rodeó la cintura de ella con sus dos brazos.

—No tienes que preocuparte, Saku… —Depositó un beso en el cuello de ella, de forma tierna y a la vez pícara.

—Lo sé… Es que nunca había hecho el amor con un chico al que apenas conozco….

A Sasuke le dio un escalofrío y las manos empezaron a sudarle. Quiso acariciarle la espalda, pero esta vez, sus dedos estaban torpes. Sintió cómo le saltaba el estómago y el corazón le iba más rápido. La calma había huido de él.

—¿Qué dices, Saku?

—Bueno… eso… —Ella no parecía haberse enterado del efecto que esas palabras habían tenido sobre él. Ella había dicho «hacer el amor», Sasuke sabía que las mujeres con las que salía eran tiernas, dulces, románticas y del tipo chapado a la antigua, pero nunca habían mencionado algo como eso. Él lo sabía en el fondo, pero oírlo de la propia boca de una de sus «víctimas» era muy desestabilizador. Sakura era hermosa.

—Y-yo… Saku… —Sin saber qué decir, empezó a comprender que tal vez no era buena idea hacerlo con ella; sin embargo, Sakura depositó un beso hambriento en sus labios y él ya no pudo resistirse más.

Pasaron una noche increíble y, por primera vez en su vida, Sasuke se quedó a dormir con una chica.

—¡Lo siento! ¡Lo siento! —Al día siguiente, Sakura llegó al Refugio cerca de las ocho y diez de la mañana. Había despertado en un hotel abrazada por Sasuke Uchiha, completamente desnuda.

Ino, Karin y Tenten la esperaban en la puerta sin comprender el porqué del retraso de su amiga. Sin embargo, al verla llegar acompañada de Sasuke Uchiha, su enfado se transformó en sonrisa.

Todas entraron a trabajar y Sasuke se quedó a desayunar con ellas, completamente en silencio, algo incómodo.

Para el mediodía, Matsuri entró, acalorada en El Refugio y se dirigió a una mesa doble, vacía. Había quedado, el día anterior, en verse con Gaara en ese lugar. Después de que terminase con su novio, Matsuri, no se había sentido muy a gusto con nadie más. Es verdad que era una chica muy sociable, pero era la primera vez en meses que decidía vestirse de forma especial para un chico. Se había puesto un veraniego vestido de una pieza de color violeta intenso. Se lo había comprado para ir a la playa, el verano anterior con su familia y casi no lo había utilizado. No estaba muy segura de por qué se molestaba tanto en buscar ropa especial para un chico al que apenas conocía, pero Gaara no era tan malo como intentaba aparentar y, su compañía, le agradaba.

Gaara llegó a los pocos minutos y pidió unas limonadas para los dos y unos pastelitos. Pagó todo él.

—¿Cómo has estado? —saludo a su acompañante con una sonrisa. Sus ojos verde agua brillaban.

—Bien. Estoy pasando unas buenas vacaciones.

—Me alegro mucho, tuve que despistar a Kankuro para venir; estaba empecinado en salir conmigo.

Matsuri sonrió, algo avergonzada.

—No me hubiera molestado que viniera, fueron muy amables conmigo los tres —Contestó ella sin saber bien qué decir, Sai, Kankuro y Gaara se habían comportado como unos verdaderos caballeros.

—Pues a mí sí… Quería un rato para estar solo —Gaara bebió un sorbo de su limonada—, bueno, solo contigo.

Matsuri sintió la sangre subírsele a la cara y bebió, también, de su vaso para evitar mirarlo.

—¿Y cómo han ido las cosas con tu padre? —preguntó Gaara interesado mientras cortaba con una cucharilla, un trozo de su pastelito.

—Ah, mucho mejor. Nos hemos reconciliado a medias —explicó ella—; no puedo decir que las cosas vayan estupendamente, pero, al menos, nos estamos llevando bien. Está contento porque me he decidido por estudiar Ingeniería en la Universidad de Tokio, así que estaré cerca de casa y él dejará de preocuparse por mi futuro, al menos por un tiempo.

—Me alegro mucho —Él se llevó una porción de su refrigerio a la boca—. Ojalá mi padre dejara de molestarme, también.

Matsuri bebió otro sorbo, algo nerviosa.

—¿No piensas estudiar nada, Gaara?

—No soy bueno para esas cosas. Tal vez, me vaya mejor consiguiendo un empleo, directamente.

—Lo que te haga sentir cómodo…

—La sociedad está muy estresada últimamente… Todo mundo parece creer que una persona de veinte años tiene que tener su vida resuelta… Es verdad que hasta hace unos años, a esa edad, la gente tenía su propia casa, su trabajo estable y, algunos, hasta familia, pero las cosas han cambiado y los adultos no parecen entenderlo. Aún no sé qué hacer con mi vida.

Matsuri se encogió de hombros; estaba de acuerdo con Gaara, su padre también parecía pensar que, como ya era mayor de edad, tenía que saber todo sobe todo. Y ella no se sentía diferente a cuando tenía dieciséis o diecisiete años.

—¿Sabes? Tú me entiendes —dijo ella en voz baja—. Nunca he tenido amigos como tú.

—¿Como yo? Soy igual a cualquier persona.

—Claro que no, no sólo por los temas de conversación que tenemos. Nunca he hablado con nadie de temas como los que hablo contigo; pero no es el caso, eres diferente… Muy diferente a cualquier otra persona —Matsuri le sonrió divertida.

—Bueno, yo nunca he tenido una amiga como tú —Gaara le devolvió la sonrisa.

—Yo sí soy normal.

—Las chicas que se juntan conmigo visten de negro, escupen en público y se agreden físicamente si tienen algún conflicto; no eres como el resto de mis amigas.

—¿Y por qué te juntas con esa clase de gente? —Matsuri frunció el ceño; no era que le molestaran esas cosas por ser mujeres, era que le disgustaban de cualquier persona, independientemente de su sexo.

—Son las únicas personas que me toleran como soy —Gaara comió otro pedazo de su pastelillo, indiferentemente en porte.

—Yo también te tolero…

Se quedaron viendo a los ojos durante varios segundos, hasta que un niño en la cafetería, tiró una taza y el sonido los dispersó.

Ino salió del cuarto de baño con dolor de ovarios, los pechos hinchados y una sonrisa de oreja a oreja. Cruzó una mirada con Sakura para poder avisarle, sin palabras, que estaba cien por ciento confirmado que no sería madre. Finalmente, envió un mensaje de WhatsApp a Kiba para explicarle, sin detalles grotescos, la última buena noticia.

Kiba recibió el WhatsApp de Ino, estando en su casa recostado con Akamaru en la cama y, sin pensárselo dos veces, pegó un salto, se despidió de su perruno amigo y, sonriendo fieramente, se marchó a la cafetería para hablar con esa rubia sexy. No quería seguir manteniendo esa relación con ella, y estaba seguro de que ella no quería seguir manteniendo esa relación con él, pero, de todas formas, quería invitarla a un trago para celebrar.

Hizo el camino, en su enorme moto, tan rápido que ni recordó haberse subido al vehículo cuando ya había bajado.

Kiba estaba entrando a la cafetería cuando la chica nueva, de cabello castaño, empezó a buscar en el bolsillo de su oscuro pantalón, su teléfono celular que vibraba inquieto. La chica atendió el teléfono bajo la mirada inquisitiva del moreno; la cara de la nueva dependienta de El Refugio, se contorsionó al oír la voz del otro lado del celular, pasó de estar serena y agradable a tener una expresión de desagrado y casi de miedo.

La castaña miró sobre su hombro a Sakura que, sin comprender el gesto de la chica, le dijo con una sonrisa enorme que no había problema si quería hablar en privado.

Tamaki pasó apurada por un lado de Kiba, sonando la nariz hacia arriba y con aspecto compungido. Caminó a grandes zancadas por la acera hasta doblar en la esquina. Kiba, iba a dar un paso al frente para acercarse a Ino, cuando dudó, se dio la vuelta y salió tras esa jovencita de aspecto triste.

Kiba dobló a la esquina y divisó a la chica de pelo castaño, lloriqueando mientras sostenía el teléfono contra su oreja.

—¡No! —silencio— ¡No iré! —Otra vez hubo un silencio prolongado— …Por favor, déjame en paz. Eres horrible… —Silencio nuevamente—. La dejas en paz a ella, no te ha hecho nada.

La chica aspiró nuevamente por la nariz y se enjugó una lágrima con el dorso de la mano.

—Basta, por favor…

Kiba se acercó un paso, haciendo resonar su enorme bota militar sobre las baldosas y Tamaki lo miró, colgando el teléfono apresuradamente.

—Lo siento… —Susurró ella avergonzada quitándose las lágrimas saladas de las mejillas.

—¿Estás bien?

—Sí, sí… perdona.

—¿Cómo era tu nombre?

—Tamaki…

Kiba se adelantó un paso más.

—Soy Kiba.

—Lo sé, te llevas bien con Ino… —Tamaki, nerviosa, se guardó el teléfono en el bolsillo nuevamente.

—Sí ¿Puedo ayudarte en algo?

—No, no…

—Pero alguien te ha tratado mal.

Ella negó con la cabeza.

—No pasa nada… era mi padre.

Gaara salió de la cafetería sonriendo. Se la había pasado bien merendando y conversando con Matsuri, ella salió a su lado igual de contenta que él. Caminaron hasta la esquina de El Refugio y se detuvieron antes de cruzar la calle.

—¿Quieres que te acompañe hasta tu casa? —preguntó el pelirrojo con voz ronca. Sus ojos verdes se toparon con los oscuros de ella que brillaron esperanzados.

—Me gustaría mucho pero… viendo cómo están las cosas con mi padre, prefiero que no me vea llegar con un chico…

—Ya veo —Gaara, inquieto, guardó sus sudorosas manos en los bolsillos, sin quitarle la vista de encima.

—Lo siento…

—Sí, no es nada.

—¿Cómo están tus hermanos? —Preguntó ella queriendo quitarse de encima el peso de una conversación incómoda.

—Bien… Kankuro está como siempre y Temari… Bueno, creo que tuvo algún problema con su novio porque está poco habladora y se encierra mucho en su habitación.

Matsuri se miró los pies. Sabía bien cómo era el sentimiento de abandono al pelear con una pareja. Su exnovio la había lastimado, se había mofado de ella y la había dejado. Justo después terminaron la educación secundaria y Matsuri se vio cayendo en un abismo sin final. Sin saber hacia dónde dirigir su vida, sintiendo cómo poco a poco se alejaba de sus amigas y sin nadie que la comprendiera… Al menos, hasta ahora.

—Espero que todo mejore pronto para Tema…

—Sí, también yo.

—Bueno, gracias por todo Gaara. Fue muy amable de tu parte invitarme.

—Y te invitaré de nuevo ¿Qué te parece mañana? —Matsuri se tomó la propuesta por sorpresa, pero rápidamente ese aire sorpresivo fue transformado en euforia.

—Claro, me gustaría… —Matsuri se acercó y besó la mejilla de su acompañante que se puso tan rojo como la sangre, cosa que la chica pudo comprobar al alejarse de él—. Ya me voy.

—Sí… —Él se notaba avergonzado y nervioso—. Pero mañana no te libarás de mí, Matsu; te acompañaré hasta tu casa, así que puedes ir convenciendo a tu padre —Ella le sonrió resignada antes de irse hacia su casa. Gaara se quedó mirándola durante bastante tiempo, hasta que se perdió entre los edificios.

Shino llegó a la residencia Hyuga después de haber estado paseando por la plaza como un loco, dando vueltas en círculos y hablando solo, a los susurros, practicando qué decirle a Kiba. Sin embargo, no se sentía preparado para esa conversación con su mejor amigo a pesar de las insistencias de Hana. Después de haberlo pensado y repensado, mil veces, decidió que lo mejor era apoyarse en alguien de confianza que fuera amable con las palabras… Y sólo una persona estaba en su mente: Hinata.

Tocó el timbre y quien atendió a la puerta fue la hermana menor de su mejor amiga.

—¡Ey! El chico guapo —le dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja y las mejillas encendidas.

—¿Está tu hermana? —La seriedad de Shino era igual que siempre. Como si no sintiera emoción alguna.

—Sí… —Hanabi hizo una mueca de malestar y dejó entrar al chico a la sala para, después, ir a busca a su hermana mayor.

Hinata llegó a los pocos segundos en compañía de la pequeña de la familia.

—¡Shino! Qué sorpresa —Hinata se lanzó a los brazos de su amigo, a modo de saludo. Hanabi quedó más atrás mirando la escena— ¿Cómo estás?

—Bien ¿y tú? —Hinata se sentó en un sofá e invitó al visitante para que lo hiciera también.

Shino se sentó a su lado.

—Bien, me preocupa Kiba —Hinata lo miró inquisidora. La preocupación invadió sus aperlados ojos plateados.

—¿Qué le ocurre?

—Nada, aún… Pero tengo una noticia que darle y no sé cómo puede tomársela.

Hinata hizo silencio, esperando a que su amigo terminara de hablar, pero éste se movió inquieto en su sitio, cambiando de postura y de tema de conversación.

—¿Tú qué novedades tienes?

Las mejillas de Hina enrojecieron como basas calientes.

—Yo… y-yo he estado viendo mucho a Naruto últimamente. Sé que ustedes eran compañeros de clase en la escuela secundaria.

—Sí, así es. Naruto era un revoltoso problemático, a veces nos arrastraba a sus problemas, aunque nosotros no quisiéramos y nos sancionaban los profesores. Por eso Kiba es algo reacio al hecho de que te agrade estar con él; aunque Naruto no es una mala persona… Ni Kiba tampoco.

Hinata hizo silencio cuando Shino acabó su oración.

—Lo sé —contestó después de unos segundos de dubitativa espera—. Estoy saliendo con él ¿sabes? Me refiero a que, ahora, estamos juntos. Él es mi primer novio.

Shino se sorprendió por la noticia, aunque no por los sentimientos de Hinata, aunque, claro está, no lo demostró. Su rostro seguía con inexpresividad indiferente.

—Me alegro por ti, espero que les vaya bien.

—Gracias, Shino, yo también lo espero. Papá está contento —Hanabi, que había estado escuchando desde más lejos, se marchó de allí para darles intimidad. Aunque le habría gustado quedarse a ver a Aburame un rato más—, él siempre quiso que yo disfrutara más mi vida y creo que el tener una pareja es algo que aprueba enormemente… Pero, dime… ¿Qué es lo que te preocupa de Kiba? ¿En qué puedo ayudarte?

Shino volvió a mover sus piernas y acomodó sus lentes negros sobre el puente de su nariz.

—Me dieron media beca para estudiar en una universidad europea, una licenciatura en biología marina.

La boca de Hinata formó una perfecta 'o', al tiempo que sus ojos se abrían tan grandes como sus párpados lo permitían.

—¡Eso es genial, Shino! Me alegro mucho por ti, no le ofrecen esas cosas a cualquiera.

—Lo sé… Me estuve replanteando por algún tiempo si ir o no… —Hinata hizo ademán de querer interrumpirlo, pero él habló más fuerte para evitarlo— Finalmente comprendí que, si no aprovechaba esto, ahora, probablemente no se repetiría. Sin embargo, me preocupa Kiba… Y Hana se la pasa diciéndome que tengo que decírselo cuanto antes.

—Es comprensible, Shino… Kiba ha sido tu mejor amigo desde hace años, pero no tienes por qué preocuparte, él sabrá entenderlo.

—Sé que lo entenderá, pero él está pasando malos momentos… O, bueno, no es que sean terribles, pero sí está muy estresado. Y yo soy su único apoyo. Nunca tuvo tanta afinidad con nadie más que conmigo. Temo que se sienta perdido si me voy y lo dejo solo, ya sabes cómo es él, se lo tomará como algo personal… como una traición.

Otro silencio los separó durante unos instantes. Fue lo suficientemente largo como para incomodar, pero no tanto como para hartarlos.

—Shino… Sólo deberías comentárselo y ya… No será fácil para ninguno de los dos, pero cuanto más tiempo tengas para solucionar las cosas tras la noticia, más sencillo será para ambos. Si se lo dices justo cuando te vas a ir… no les alcanzarán las horas para asimilarlo.

—Hana me dijo lo mismo… Pero no sé cómo.

—Sólo confía en ti, amigo. Él sabrá entenderte.

Tamaki había vuelto a entrar a la cafetería, para seguir trabajando. Se había enjugado las lágrimas y había ingresado en compañía de Kiba, con el porte en alto, fingiendo que nada había pasado. Cuando Sakura se había acercado para preguntarle si todo iba bien, ella le había dicho que sí, que había llamado su familia desde otra ciudad y luego se había puesto manos a la obra, para seguir con sus labores.

Kiba se había sentado en una mesa, después de haber hablado con Ino brevemente; sus planes de festejo se habían visto desmoronados al oír parte de la conversación que Tamaki había tenido con su padre. Ésta lo había atendido en su mesa, le había llevado un batido frutal y unos bizcochos dulces y, ahora, él la estaba llamando con un brazo en alto para pedirle algo más. En realidad, lo que le ocurría era que quería sonsacarle alguna información extra, porque, a pesar de que era una desconocida, la preocupación iba en aumento al ver, de vez en cuando, entre trabajo y trabajo, como ella se llevaba las manos a la cara para limpiarse lágrimas que no soltaba. El resto de los, allí, presentes, no se enteraban del problema ya que no la habían visto discutir y llorar, pero no pasaba desapercibida para él.

Tamaki se acercó con andar veloz y se quedó parada a su lado. Él la miró desde debajo, sentado a su mesa, aferrando el alargado vaso vacío en el que antes había estado su batido.

—¿Quieres algo más, Kiba? —preguntó ella con voz seca y ronca por el disgusto, sin embargo, era confianzuda y agradable.

—Sí, quiero otro de estos —señaló su vaso y ella asintió. Llevó una mano hacia la mesa para tomarlo y Kiba la sujetó de la muñeca— ¿Estás bien?

—Sí, sí —Ella le sonrió para demostrarle que decía la verdad, aunque era una de las sonrisas más falsas que Inuzuka Kiba había visto en su vida—. Sólo era una discusión con mi padre, todos tenemos de esas ¿verdad? —La sonrisa hipócrita seguía en su rostro.

—No lo sé…

—¿No lo sabes?

—No, mi padre no… Él no está.

Ella desvaneció la sonrisa y toda la tristeza de su mirada invadió su rostro por completo. Kiba no dejó de sujetarla y, debido a eso, notó cómo la joven empezaba a temblar.

—Lo siento él... ¿Falleció?

—Sí, hace un año y medio —Contestó él poniéndose nervioso. Notó que su mano empezaba a sudar y que mojaba a la chica que lo atendía. La soltó, pero ella no se fue. Nunca había hablado del tema con nadie que no perteneciera a su familia, se sentía tonto de hacerlo—. Pero es verdad que los problemas de padres eran cotidianos en mi familia… Aunque no eran discusiones como tal.

—Las mías tampoco eran discusiones como tal —susurró la chica, haciéndose pequeña en su lugar. Kiba no sabía cómo podía seguir en pie, se veía débil y muy pálida, pero había adoptado esa forma en sólo unos segundos.

—¿A no?

—Eran más bien gritos de mi padre y… muchos problemas —Kiba asintió— ¿Por eso decidiste independizarte?

Ella asintió, aunque seguía con la vista castaña perdida en un punto fijo de la mesa, sin atreverse a mirarlo a él.

—Más bien me escapé —soltó una risa seca y sin gracia—. No quise soportar más, aquello.

—Eso suena a que era muy grave.

—Sí… —Lo miró por primera vez en un buen rato—. Él es alcohólico y no quiere hacer nada para mejorar. Al principio, los problemas eran debido a su salud: Mi madre y yo intentábamos convencerlo de que hiciera algún tratamiento o fuera a busca ayuda; después, esa problemática fue menor, empezó a violentarse y a agredirnos físicamente… Y todo se fue a la mierda —A pesar de su voz casi inaudible, Kiba entendió cada palabra—. Así que llamé a mi abuela y… me fui de allí, sin dinero, sin nada…

—Lo entiendo, incluso vivir en la nada era mejor para ti que seguir enfrentándote a esa realidad día a día.

—Sí… —Se miraron brevemente.

—A ambos nos tocaron malos padres —Él le sonrió. No era una sonrisa sincera, pero tampoco era triste, como la que ella había estado utilizando.

—¿También a ti?

—Casi no lo conocí… Mi padre murió en la cárcel.

Cuando el anochecer cayó sobre Tokio, las chicas se dispusieron a cerrar El Refugio. Tamaki y Tenten se fueron primeras que el resto, la china hablando sobre cómo se había adaptado al trabajo y a la ciudad. Ino decidió quedarse un rato más a acosar a Sakura con preguntas sobre Uchiha Sasuke; en una situación normal, Karin también se hubiera quedado, pero se encontraba cansada y prefirió retirarse para dormir temprano.

Karin caminó de forma aburrida, con aires perezosos, hasta llegar a la esquina de su casa, donde divisó, curiosamente, que salía luz por la puerta abierta de su casa y que un tumulto de gente estaba reunido, allí. Primero pensó que, tal vez, su madre había invitado a sus tíos y primo a cenar, hacía tiempo que Kushijo Uzumaki no organizaba una comida familiar, pero al ir adelantándose comprobó que las personas en la calle eran tres y que estaban haciendo mucho alboroto.

Avanzó un poco más, pero aún, tomando su distancia. Algunas vecinas curiosas estaban asomadas por las ventanas de sus casas, y otras, más desvergonzadas mantenían las puertas de sus residencias abiertas para contemplar mejor.

Nagato estaba discutiendo acaloradamente con un hombre desconocido y su madre, lloriqueaba refugiándose detrás de su hijo varón. El hombre allí parado, le estaba dando la espalda a Karin, pero de todas formas se lo notaba acalorado. No tanto como Nagato, pero sí estaba nervioso y enfadado.

—¡Déjanos en paz! No tienes ningún derecho —Escuchó Karin a su madre, la voz de la pelirroja mayor era temblorosa. Karin no había visto así a su mamá nunca en la vida, por esa misma razón Nagato se veía tan enfurecido. Él tampoco se sentía bien viendo a su madre en ese estado.

—¡Al contrario, Kushijo! Sí tengo derecho —La voz de ese hombre, de pelo oscuro, era grave y autoritaria.

—Vete de aquí o llamaré a la policía —Nagato habló fuerte y claro—. Mi madre ya te dijo que no quiere verte ¿lo entiendes?

Karin dio otro paso, casi en automático, sin pensarlo absorta en lo que ocurría con sus familiares. El hombre desconocido miró sobre su hombro al sentir el sonido de las pisadas tras su espalda. Dos ojos carmesíes, se fundieron con su mirada.

—¡Karin, entra a la casa! —Tras el alarido acuoso de su madre, Karin se quedó petrificada en su lugar. No entendía qué tan atemorizada podía estar para ordenarle aquello en ese tono.

—¿Karin? —El hombre la miró aún más intrigado que antes. Su semblante duro se desvaneció al decir aquel nombre. La joven Uzumaki lo miró sin comprender— Karin… Soy…

—¡Ya cállate imbécil! Tú no eres nadie, vete de aquí —Volvió a gritar Nagato. Kushijo soltó un quejido adolorido. Un dolor meramente emocional.

El hombre hizo oídos sordos nuevamente.

—Karin, me llamo Ryu Kametsu… ¿Oíste de mí? —No, Karin no había oído de él, pero le bastaba ver la expresión de su familia para saber que no era nada bueno. Queriendo hacer caso a su madre dio un paso más, pero en seguida notó que no quería pasar por al lado de ese hombre. Era probable que no la dejara meterse en su habitación debido a la forma en la que estaba plantado en la puerta de su casa; así que Karin dio media vuelta, aunque el hombre fue rápido y la tomó de un brazo.

—¡Suéltame! —Habló por vez primera ella.

—Déjame decirte quien soy.

—No necesito saberlo, me basta con ver cómo están ellos… —Ella no quería saberlo, porque su corazón ya se lo había dicho y no se sentía agradable.

—¡Suéltala, ahora mismo! —Escuchó Karin a su hermano, como si hubiera hablado a kilómetros de distancia, lejano.

Una música pop empezó a oírse a lo lejos, Karin no sabía de dónde salía, pero le resultaba cercana y lejana a la vez.

—Déjame…

—Karin, soy tu padre.

—¡DÉJAME! —Con lágrimas en los ojos, cayendo silenciosas por sus mejillas, logró soltarse del agarre de aquel desconocido y avanzó, corriendo, con piernas temblorosas hacia la casa de los Hozuki. Meiko Hozuki tenía la puerta abierta, la había abierto pocos segundos antes al percatarse de los gritos que se oían en su vereda. La música salía de ahí, I hate you, don't leave me de Demi Lovato— ¡Meiko! —Exclamó Karin pidiéndole ayuda, la rechoncha mujer de cabellos albinos la abrazó como si se tratara de una hija perdida y Karin lloró en su hombro durante algunos segundos.

Cuando Ryu Kametsu empezó a caminar hacia la pelirroja, Meiko se desprendió de ella y le hizo una seña para que entrara a su casa. Karin se apresuró a adentrarse en la residencia de sus vecinos mientras escuchaba cómo la señora Hozuki detenía al hombre en la puerta.

Karin subió dos escalones sintiendo que sus piernas eran de plomo, se sentía mareada y perdida. No tenía noción de en qué sitio se encontraba y sólo volvió en sí cuando escuchó la voz de Suigetsu a su lado.

—¿Estás bien? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué lloras? —El muchacho miró a su madre, terminó de bajar las escaleras y volvió la cabeza hacia Karin nuevamente— ¡Ve a mi habitación! Quédate ahí todo el tiempo que haga falta.

Karin siguió subiendo las escaleras, hacía años que no se adentraba tanto en esa casa, sabía dónde estaba la habitación de Suigetsu, pero la última vez que había entrado en ella tenía unos siete u ocho años. Mientras terminaba de subir la escalera escuchó cómo su vecino echaba a los gritos a ese hombre que decía ser su padre.