Canción de hoy: Sweet childe of mine/ Guns and roses
-*Capítulo 33: Alguien a quién conocer*-
No supo en qué momento se durmió, solamente, a la mañana siguiente recordaba haberse dormido sola, en la cama de Suigetsu, con los ojos hinchados de tanto llorar. Karin se despertó con el sonido de la alarma de su teléfono celular, a las seis y media de la mañana, atolondrada, notó que no se encontraba en soledad. Suigetsu estaba dormido a su lado, babeaba por las comisuras de la boca, roncaba y su primera impresión al verlo, fue que era desagradable. Al apagar el despertador y notarlo más claramente, en lugar de parecerle asqueroso le pareció tierno. Estaba sin camiseta, vestido con sus pantalones de jean; no se había cambiado para dormir, también tenía puesto el calzado. Sus músculos eran fibrosos por el ejercicio, se veía como esculpido en mármol. Pálido y bello. Con la piel erizada por sus pensamientos, por el sueño, por su preocupación, se levantó de la cama, se pasó la mano por la cara y tomó de la mesita de noche sus anteojos.
La habitación no se veía como la recordaba, y tampoco como la imaginaba. La habitación de Suigetsu, cuando eran niños, la última vez que Karin había estado ahí, estaba pintada de celeste pastel y tenía posters de Hot Wheels. Recordaba que la cama estaba alejada de la ventana, porque el niño tenía miedo de que un monstruo entrara por ésta mientras dormía y, en lugar de una mesa de noche, tenía un baúl de juguetes cuadrado sobe el cual apoyaba un velador. Velador que tenía que depositar sobre el suelo cada vez que quisiera abrir el contenedor de juguetes. En la imaginación de Karin, la habitación de Suigetsu, en la actualidad, olía mal y estaba forrada de carteles con mujeres semidesnudas; pero, al parecer, su vecino no era tan inmaduro como ella creía.
La habitación, ahora, tenía la cama pegada a la ventana… La ventana que daba justo a su ventana, a la ventana de Karin. La mesita de noche estaba repleta de revistas de deportes, tenía una lámpara y un lapicero. Había una alfombra en el suelo, una que Karin estaba pisando en ese momento, había un ropero pequeño que tenía ropa saliendo para afuera de los cajones, también había zapatillas deportivas en el suelo, diferentes pares de diferentes calzados. También había un escritorio con libros, documentos, un ordenador y una agenda electrónica. Karin miró rápidamente en redondo y, sin despertar a su acompañante, salió al pasillo y caminó a grandes pasos, con cara de dormida, hasta el baño de la planta alta. El cuarto, pequeño, tenía la puerta abierta y unos alaridos divertidos salían de allí. Karin se asomó y dos pares de ojos la miraron, dejando las discusiones matutinas de lado.
—Epa… —Mangetsu sonrió de forma burlona— ¿Qué hace nuestra vecinita acá?
—¿Dormiste con Suigetsu? —Preguntó Kisame sonriente. Ambos estaban en calzoncillos, preparándose para sus respectivas responsabilidades. Kisame tenía crema de afeitar en toda la barbilla y Mangetsu sonreía con dentífrico en la boca.
—Sí —contestó Karin entrando al baño con los dos hermanos, se quitó los anteojos, los colgó en la camiseta de El Refugio, que llevaba puesta desde el día anterior, y se lavó en el lavabo, ignorando a los hermanos que se reían a sus espaldas.
—Vaya, vaya… Nuestra vecinita se anda revolcando con nuestro hermanito…
—Sí, fue muuuy divertido —Les siguió el juego Karin, poniendo los ojos en blanco.
—No te acostaste con él ¿verdad? —Preguntó Kisame afeitándose detrás de la pelirroja.
—No, sólo me permitió dormir en su cama… Por un problema familiar, no sean idiotas ¿Cuándo Suigetsu y yo nos llevamos bien? —Volteó a ver a los hermanos y se puso las manos en la cintura.
—Bueno, ustedes discuten mucho, pero Suigetsu se desvive por ti —La enfrentó Mangetsu escupiendo el dentífrico en el lavabo.
—Ya. Es que el pobre es idiota —Karin tomó un desodorante masculino de bolilla y lo utilizó antes de salir al pasillo, de nuevo, y bajar las escaleras, dispuesta a irse a trabajar.
Ino llegó a El Refugio algo confundida, Karin no había pasado por ella como era costumbre los últimos días y, al llegar a la cafetería, notó que ésta estaba cerrada. Era extraño que Sakura no se hubiera levantado a tiempo; no habían tenido ocasión de hablar sobre la pasional noche que la pelirrosada había pasado con Uchiha Sasuke, pero Ino suponía que no podría haber sido eso lo que le daba vueltas en la cabeza, a la joven, a tal punto de olvidarse de trabajar.
Mirando hacia los lados, a la expectativa, Ino empezó a creer que, tal vez, habían decidido no abrir por algo ese día y, ella, no se había enterado. Iba a empezar a caminar hacia su casa nuevamente cuando, al voltear, se llevó por delante un pecho flacucho, aunque bastante más alto que ella, que sostenía documentos entre los brazos, los cuales salieron a volar con el viento.
—Lo siento —se disculpó la rubia empezando a juntar, de a poco, los documentos esparcidos por el suelo. El muchacho, a su lado, se acuclilló también para ayudarla.
—No es nada —Ino sólo podía ver sus manos, rápidas y ágiles, juntando los papeles. Eran manos muy pálidas.
La rubia levantó la cabeza, el joven de oscuro cabello y oscuros ojos no la miraba. El corazón se le detuvo una milésima de segundo al comprobar que era Sai, pero tan rápida como siempre, como si eso no la afectara, siguió juntando. Eran hojas de vida.
Ino se levantó del suelo con varias de éstas entre sus brazos, apretados a su camiseta amarilla de trabajo y Sai, con otros tantos documentos en agarrados, tendió una mano para que la rubia le entregara los demás.
—Gracias —dijo el joven al tener, de nuevo, todos los documentos en sus manos.
—¿Estás buscando trabajo? —Preguntó ella interesada.
—Sí… —Hubo un silencio horrible, parecía que la conversación no iba a terminar así que, Ino, volvió a hablar.
—Escuché que… tienes problemas, en tu casa… familiares… —Su voz sonó queda y baja.
—Tenía… Me fui de allí —Corroboró él.
—Ah ¿Te independizaste?
—Amm… Algo así… Mi hermano y yo nos fuimos de casa…
—Entiendo… Suena más delicado de lo que creí… —Ino le palmeó torpemente el hombro. Se sentía nerviosa, no tenía su típica confianza, él seguía intimidándola, aunque no de la misma forma que al comienzo—. Espero que todo mejore…
—Gracias, Ino…
—Y la-lamento… haber… haberte ahuyentado en esa fiesta ¿sabes? Estaba un poco nerviosa, yo no soy así… —Ella miró hacia el suelo, pero pudo sentir cómo él se ponía rígido en su sitio.
—No, eso fue mi culpa… Yo era un desconocido y te besé… Es normal que reaccionaras así, lo lamento.
—¡No, no es normal! —Ella se animó a verlo a los ojos, nuevamente— Bueno… Quiero decir: Era una fiesta, todos hemos besado a muchas personas en fiestas y… no debería haberte alejado de esa forma, fue algo inocente, sólo que yo lo comprendí muy tarde… Lo lamento, Sai, te juzgué mal… Por alguna razón… me dabas miedo.
Él sonrió divertido y a Ino le dio un salto el estómago. No parecía ofendido, al contrario, parecía sentirse feliz.
—Me alegro de que ya no te dé miedo… —No desvaneció su sonrisa. Una sonrisa rara pero que, por primera vez, a la rubia le pareció sincera— Y siento haberte asustado.
—Bien, Sai ¿Qué te parece si vienes esta tarde a la cafetería y celebramos este nuevo modo de empezar, con un batido? ¡La casa invita!
—Me encantaría… —Cerraron el pacto con un apretón de manos y, luego, el muchacho siguió su camino por la ciudad.
En ese momento un sonido metálico provocó que Ino se sobresaltara y, al mirar atrás, notó que Sakura estaba abriendo la pequeña puertecita de la persiana de metal que tapaba las ventanas de la cafetería.
—¡Saku! —Ino entró rápidamente— ¿Te quedaste dormida o yo llegué demasiado temprano? —Sakura se encogió de hombros y empezó a hacer todo de forma muy rápida, con prisa, mientras Tenten entraba por la puerta detrás de la rubia— Hola, Tenten…
—Hola, estaba algo lejos Ino, no quería interrumpir tu charla con ese chico —Sakura giró a ver a su amiga.
—¿Chico? ¿Qué chico?
—Sai… Lo sé, te sonará raro, pero me he sentido mal después de lo de la fiesta… Lo prejuzgué y… me lo encontré, charlamos, parece decente y lo invité a tomar algo a modo de reconciliación. No les molesta ¿verdad?
—Claro que no, Ino —Sakura empezó a reponer el cambio en la caja registradora. Estaba seria y con aspecto perdido.
—¿Qué te pasa? —Fue Tenten quien preguntó, adelantándose a Ino, que quería formular la misma pregunta.
—Nada… Es… —La joven cerró la caja y caminó a grandes zancadas para limpiar las mesas— ¡Es Sasuke! ¿Saben? No tengo ni idea de lo que quiere… Parece tan bueno y agradable, interesado en mí. Me lleva a comer, a pasear… Y… Desaparece.
—¿Desaparece? ¿Cómo que desaparece? —Ino tomó un hombro de Sakura para obligarla a dejar de trabajar y a mirarla a ella y a Tenten a la cara.
—O sea… Ustedes ya saben que yo… —Sakura echó un rápido vistazo a la escalera que daba hacia su casa— estuve con él. Después de eso me trajo a trabajar, desayunó conmigo en El Refugio y se fue, y… No contesta mis mensajes y tampoco ha intentado comunicarse él. Sé que sólo ha pasado un día y sé que, tal vez, me esté volviendo paranoica, pero ¿No se supone que después de algo tan especial como… bueno, como estar con alguien, se debe pasar a algo más?
—Bueno, según la relación y el chico en cuestión ¿no? Pero con Sasuke… Sí, yo creo que sí… —Ino abrazó rápidamente a su amiga, para hacerle entender que tenía su apoyo— Seguramente él esté algo ocupado y nada más… Ten paciencia y no lo apabulles.
—Está bien, Ino, no quiero molestarlo, tampoco le envié tantos mensajes, pero creí que esto iba a seguir, al menos un poco más…
—Mira, Saku —Interfirió Tenten—, Sasuke no parece la clase de chico que está con una chica la deshecha… Ya viste que vino hasta aquí varias veces, los acompañó a la casa de campo, fue agradable. Te trajo a trabajar después de esa noche. Saku… Tal vez sólo no pudo comunicarse contigo. Dale un poco más de tiempo.
—Sí, lo sé… Tienes razón… Es que me puse nerviosa y… —Karin entró tambaleándose por la puerta. Tenía un aspecto cansado y demacrado, la camiseta estaba arrugada— ¿Karin? ¿Estás bien?
—¿Qué te pasa? —Tenten se acercó a la pelirroja que parecía drogada. Ésta se sentó en uno de los taburetes y se puso las manos en la cabeza.
—¿Por qué no pasaste por mí? —Preguntó Ino preocupada— ¿Estás bien?
—No dormí en casa. Estoy algo… cansada.
—¿Por qué no dormiste en tu casa? —Tenten se apoyó en el hombro de la pelirroja mirándola con preocupación.
—Me escapé por una noche… Había mucho alboroto en casa… Ellos… Nagato y mamá discutían con… con… un tipo.
Sakura se adelantó hacia Karin.
—¿Quién?
—Un tipo que dice ser mi padre.
Temari despertó entre sus sábanas con ojeras y baba en la almohada. Había estado durmiendo mal por culpa de ese perezoso Shikamaru Nara. Después de esa linda noche, las cosas se habían vuelto un poco raras; él le había enviado mensajes de WhatsApp para seguir con el plan, pero en ningún momento había hablado de lo que había pasado entre ellos, ni de nada en relación con esa noche. Él esquivaba el tema y ella no sabía cómo sacarlo a flote, ni si quería hacerlo. Tal vez era mejor seguir como estaban, con el plan, la relación falsa y todo eso. Era notable que él no estaba interesado en ella y ella no estaba segura de estar interesada en él.
Aunque el corazón se le derritiera cada vez que recibía un mensaje de su parte y aunque, cada vez que sus ojos cansados la miraban, le traspasaban el alma; Temari no estaba segura de nada.
Se levantó de mal humor, se visitó rápidamente, con un vestido veraniego de color lila. No le quedaba de forma femenina pero tampoco le importaba. Nunca había estado muy interesada por la moda y, de hecho, era bastante agresiva y seria como para interesarse alguna vez por eso. Abrió la puerta de un tirón y salió con su típica máscara; esa de niña adorable y simpática que utilizaba todos los días al salir de su habitación. Esa que se había colocado el día de la muerte de su madre y que había utilizado durante años, cada vez que tenía a alguien cerca. Eso de ser ella misma no le parecía buena idea. Porque ella era terrible para socializar, era violenta para expresarse, era recta, estructurada y mandona; si ya le costaba acercar gente con su carácter ficticio, mucho más le costaría hacerlo con el verdadero.
Si Shikamaru no quería acercarse a ella, creyendo que era una chica agradable y divertida, menos querría hacerlo si se enteraba de que, en realidad, era una versión joven y moderna de su madre.
«Temari, mamá te invita a almorzar ¿Paso por ti?» Shikamaru le había dejado ese mensaje. Temari pasó saliva mientras bajaba las escaleras con las piernas temblorosas y el corazón amenazando con salírsele del pecho. Sus ojos se cruzaron con los de su hermano menor que estaba vestido de forma diferente y perfumado, y se estaba yendo de la casa.
—¿A dónde va? —Preguntó Temari viendo a su otro hermano. El castaño estaba tendido de espaldas sobre el sofá.
—Seva a ver con una chica.
—¿Con Matsu?
—Sí…
Temari sonrió de forma pícara mirando a la puerta. Tomó aire y coraje a la vez. No podía huir de quien se suponía era su novio.
—Bien, yo iré a almorzar a casa de Shikamaru.
Kankuro suspiró ofuscado, a sabiendas de que se quedaría solo con su padre.
La cafetería ya había cerrado después de su turno matutino cuando Gaara llegó a la puerta. Matsuri ya lo estaba esperando. Estaba hermosa, se había puesto algo de rímel y brillo en los labios y llevaba una falda corta que dejaba al descubierto sus escuálidas piernas.
—¿Y bien? ¿Te hice esperar? —preguntó, el pelirrojo a modo de saludo, llegando hasta donde estaba ella, que lo esperaba con una sonrisa.
—No mucho, la verdad…
—¿Vamos?
—¿A dónde? —Matsuri lo miró extrañada, pero él no contestó, sólo le sonrió de forma divertida antes de tomarla de la muñeca y arrastrarla por la calle.
—Ya verás…
—Gaara…
—Tranquila… Confía en mí.
—¡Vamos, Karin! Mira… sólo… no te digo que estés a solas con él, pero ese hombre… —Suigetsu miró a su vecina con intensidad. Ella estaba confundida, apoyada contra una pared. Él la había ido a buscar después de su trabajo por petición de varias personas. En la mañana sus hermanos habían ido a vacilarlo por haber dormido con Karin, después de que él les explicara lo ocurrido empezaron a molestarlo para que fuera a hablar con ella. Más tarde, Kushijo Uzumaki se había acercado a su casa para preguntar por Karin y había atendido Suigetsu, la mujer, desesperada, le había pedido al peliblanco que buscara a su hija y que le pidiera disculpas de su parte por haberle ocultado, todo ese tiempo, a su padre. Dos horas después, Nagato, había acudido a pedirle disculpas por el alboroto pasado; le había explicado algunas cositas más. Finalmente, su madre, Meiko Hozuki, se había acercado para decirle que todo el mundo tenía derecho a conocer su identidad.
—Tú no sabes nada, Suigetsu.
—¡Es que no te estoy pidiendo que lo quieras, Karin! Ese hombre es… Es una mierda y todo lo que quieras, pero ¿No crees que tiene derecho a réplica? Él te quiere conocer, tal vez esté arrepentido… ¿No tienes ganas de saber quién es tu padre?
—¡Claro que tengo ganas! Yo… yo no sé lo que quiero… No sé lo que necesito, no sé lo que es bueno y lo que es malo ¿Entiendes?
—No.
Karin revoleó los ojos y tomó a Suigetsu de su camiseta estampada.
—Mira, Suigetsu… Esto es más complicado de lo que crees… Yo no quiero ver a ese hombre, pero al mismo tiempo quiero conocer a mi padre.
Suigetsu tomó las manos de Karin con suavidad y las bajó, haciendo que ésta dejara de atrapar su camiseta. Acarició sus dedos con dulzura, acto que a Karin la puso muy nerviosa.
—Karin, tu madre me dio su número de teléfono… ¿Quieres llamarlo?
—Mamá no quiere que me comunique con él.
Suigetsu negó con la cabeza sin soltar las manos de su vecina.
—Ella, anoche estaba abatida y… preocupada, nerviosa, exaltada… Por la presencia de este hombre, Karin… Hoy hablé con ella. Tenía miedo de que volviera a meterse en su vida como lo hizo —Suigetsu hizo un gesto de hastío por tener que contar toda la historia—, según Nagato me contó después, dos veces antes… Y, ahora, ella quiere que le des una oportunidad, si es lo que deseas… Y sino… Bueno, es tu elección, Karin.
—Tengo miedo, Suigetsu —Karin apretó sus manos. Él asintió con la cabeza, penetrándola con sus ojos violetas, como si la mirara directamente al alma.
—Lo entiendo, pero no voy a dejarte sola.
—Llámalo tú… —Karin se alejó, cortando el contacto y empezando a caminar por la vereda abrazándose a sí misma. Las chicas le habían dado privacidad y se habían quedado dentro de la cafetería, mientras que Suigetsu y ella habían salido a hablar a la desierta y muy calurosa acera.
—Está bien… ¿Qué le digo?
—Que lo espero en media hora en el restaurante del centro… Que lo esperamos —Miró a Suigetsu a los ojos y se acercó a él, despacio. Él tomó su teléfono celular, buscó el contacto en su agenda y llamó. Karin se colocó a su lado, inquieta y nerviosa, esperando una respuesta.
—¿Hola? —Habló Hozuki. Karin se quedó petrificada como una estatua— ¿Con Ryu Kametsu? Sí, mi nombre es Suigetsu Hozuki… Nos vimos anoche —Esperó a que contestaran del otro lado— Sí, ese… Yo… —Otra pausa, Karin se aferró al brazo atlético de su vecino y se sonrojó—. Karin está conmigo y… vamos a… ¿Qué? —Suigetsu miró a Karin con una sonrisa en el rostro. Era una sonrisa estúpida y divertida, como si estuviera por jugarle una broma pesada de esas que solía jugarle—. Sí… Sí, soy su novio… —Karin lo golpeó despacio en el hombro y se alejó de él, unos centímetros—. Queremos encontrarnos contigo en el Restaurante del Viejo Loto en media hora ¿Puedes?... Bien. Ahí estaremos. Hasta ahora —El joven colgó la llamada y miró a la pelirroja con afecto— ¿Vamos? —Le tendió una mano.
Karin miró hacia atrás, con angustia, con recelo, con desconfianza, con miedo. Echó una mirada hacia donde sus amigas almorzaban, tranquilas, en la intimidad de la cafetería; pensando que se estaba arriesgando, que ella no sabía nada de ese hombre. No sabía quién era, él nunca la había querido. Miró a Suigetsu, firme a su lado, dispuesto a ayudarla.
—Sí… Sí, vamos —Karin tendió su mano y entrelazó los dedos con los de Suigetsu, que se infló con orgullo y empezó a avanzar por la vereda, con Karin de la mano, sin soltarse.
Gaara y Matsu llegaron a un parque, en los suburbios de Tokio; seguían en un ámbito urbano, pero la vegetación era más notable. Matsuri había subido, guiada por su pelirrojo amigo, a un autobús que los había conducido kilómetros al sur. El parque era enorme, tenía una gran cantidad de césped y árboles, pero también había unas rampas de cemento, para bicicletas y tablas de skate.
—¿Qué es este lugar? Es hermoso… —Matsuri se sentó en la rampa que estaba desocupada. En ese sitio, la sombra daba perfectamente y el calor no se sentía tanto.
—Aquí nos juntábamos con unos amigos a… beber algo y fumar.
—Oh… —Matsuri miró a Gaara, con una expresión de decepción, éste sonrió burlón mientras se sentaba su lado— ¿Fumas?
—Hace tiempo que no…
Matsuri se agarró las piernitas y miró hacia los lados. El lugar era precioso.
—¿Y qué hacemos? Pensé que íbamos a comer…
—Sí, vamos a comer —Gaara sacó de su mochila un envase plástico con varios sándwiches dentro y se los tendió a su compañera, antes de levantarse y caminar hacia una máquina expendedora para sacar dos bebidas gaseosas en lata. Al acercarse, le tendió una a Matsuri que se lo había quedado viendo embelesada. Gaara tenía algo diferente, sus pantalones eran anchos y oscuros, su camisa de botones, de mangas cortas, era gris topo con cuadros blancos, su cabello pelirrojo estaba despeinado, sus botas militares eran oscuras y sus ojos verdes eran lo más hipnotizante que había visto en su corta vida. Gaara volvió a sentarse a su lado mientras abría su lata y se dedicaba a beber el contenido.
—¿Cómo vas con tu padre? —Preguntó Gaara.
—Bien. Él no es un ogro… sólo, a veces le cuesta comprenderme. Mamá lo tiene controlado —rio Matsu con humor.
—Me alegro, entonces… Porque, no sé si recuerdas, pero… ayer te prometí que hoy te acompañaría a tu casa.
—Gaara… yo no sé si… sea buena idea.
—No importa si es buena idea o no… Te lo dije y soy un hombre de palabra.
—Tranquila, cariño, todo estará bien —Naruto le dedicó una amplia y enorme sonrisa a su novia que estaba aferrada a su mano, con los dedos entrelazados. Hinata estaba vestida con una blusa lila y una falda de jean hasta las rodillas, se había puesto algo de rímel y rubor en las mejillas. Estaban parados frente a la casa de Naruto, donde, por insistencia de Kushina, de forma muy precipitada, iban a formalizar. Naruto apretó más fuerte la mano de la dulce chica que tenía frente a él, ella estaba muy nerviosa, aunque decidida. Él estaba consciente de que era su primer novio.
—Lo sé… lo sé…
—Mi familia es muy informal y divertida, no te preocupes… El problema va a estar cuando tenga que ir formalmente a tu casa… —El rubio disminuyó un poco su sonrisa—. Eso sí asusta.
—Pero, Naruto, si papá ya te conoce y… le caes muy bien… La cena que está organizando es a modo de celebración…
—Ya lo sé, hermosa. Pero quiere invitar a tus tíos y primos y… Me parece un poco… —Naruto miró hacia el suelo incómodo— apresurado.
—Ellos también van a caerte bien —Hinata, con su mano libre, acarició la mejilla de Naruto con dulzura, para darle ánimos. Ánimos que ella no tenía—. Mi prima, Shion, es como una hermana para mí. Mi primo Neji es aún más cercano, y tú lo conoces… Y mis tíos, son muy buenas personas. La hermana de mi mamá y su marido siempre fueron muy unidos… Perdimos algo de contacto cuando mamá murió, pero, reuniones así de importantes son una excusa perfecta para vernos, así que… Me agrada la idea de que los conozcas —Ella le sonrió y él supo que era importante para Hinata esa parte de su familia. Él asintió devolviéndole la sonrisa y dándole un corto beso en los labios.
Se separaron y entraron a la casa pequeña, a comparación de la de Hinata. Era una casa acogedora bajo la mirada aperlada de la jovencita. No había nadie en la sala, aunque eso duró poco. Al escuchar la puerta abrirse y cerrarse, Kushina, salió de la cocina hecha un torbellino de energías.
—¡Aaaaaaay, al fin! ¡Mi nuera! —Minato salió detrás de su esposa con una sonrisa graciosa en el rostro, caminando mucho más despacio que su mujer, que se lanzó a los brazos de Hinata como si la conociera de toda la vida. Su larga cabellera roja se fundió, por breve tiempo, con la larga negra azulada de Hinata— La famosa Hinata, estoy tan contenta de conocerte, cariño. Naruto dijo que eras un ángel, ahora lo entiendo… ¡Eres tan linda! —La mujer se alejó un poco de ella para verla a la cara y analizarla. La jovencita estaba completamente roja.
—H-hola… —Los ojos blancuzcos de Hinata fueron del rostro risueño de Kushina, que la seguía apresando entre sus brazos, hasta el rostro alegre de Minato que era tan hermoso como su hijo, pero más maduro— E-es un gusto conocerlos.
—No estés nerviosa, linda —Le sonrió Kushina de forma maternal apretándola contra sí de nuevo, aunque por menos tiempo, para luego alejarse y situarse a un lado de su marido. Naruto caminó y abrazó a su novia con un solo brazo.
—Tranquila, cielo —Le susurró amorosamente, conduciéndola despacio hasta la cocina.
—S-sí, tranquila… Estoy tranquila.
Karin y Suigetsu estaban sentados en una mesa para cuatro, esperando a una tercera persona. El restaurante estaba casi vacío, Suigetsu había pedido una pizza napolitana para que su vecina y él almorzaran, pero ella no había probado bocado. A su lado, Karin, se movía inquieta, retorcía sus manos con nerviosismo y pateaba el piso, de vez en cuando. Suigetsu engullía la tercera porción de pizza mirándola ansioso, aunque no tanto como ella.
—Ey, Kari… Tranquila —Suigetsu estiró una aceitosa mano hasta la de su vecina para darle apoyo, pero ella, al notar la cantidad de residuos que tenía, debido a la comida, la alejó bruscamente para limpiarse con una servilleta. Él, nervioso, miró en derredor para asegurarse de que ese tipo iría. La gente del restaurante había puesto algo de música de fondo, Sweet Child of Mine, empezó a sonar de fondo—. Ahí viene.
Karin dio vuelta la cabeza como una lechuza y, lejos de ponerse más tranquila, empezó a sudar y a preocuparse más. Miró rápidamente la mesa y no levantó la vista. El hombre de grueso cabello oscuro y ojos escarlata se sentó frente a ella. Sus ojos estaban cristalizados, como si tuviera ganas de largarse a llorar. Karin se quitó los anteojos para fregarse los ojos, los sentía hinchados e inútiles.
—Hola… —Saludó el hombre, notablemente afectado—. Lamento mucho que nos hayamos conocido en esas circunstancias… Anoche…
Karin se puso los lentes nuevamente y lo miró con sentimiento. Con todo el que sentía.
—Y yo lamento que te hayas ausentado los últimos veinte años de mi vida.
—Tranquila, Karin… —Calmó Suigetsu dejando el tronquito de su porción de pizza sobre la mesa— Oye, ve despacio —Le dijo al hombre que tenía frente a él, mirándolo fieramente.
—Tranquilo, campeón —rio el hombre, secamente, sin gracia—. Me alegra que tengas gente que te quiera, Karin… Me alegra que Nagato te cuide tanto, que tu madre te adore, que tu novio te apoye…
—¡No, no! Él no es mi…
—¡Bueno, vamos al grano! —Interrumpió Suigetsu.
—Quería conocerte, Karin… Soy tu papá —Avisó el hombre mirando fijamente a su hija, con esos ojos escarlata, iguales a los de la chica—. Lamento mucho haberme alejado. Yo… No estaba preparado para formar una familia, para tener responsabilidades… Era muy joven y…
—¡Y un cobarde!
—Sí… Un cobarde —Aceptó él lo que su hija le dijo—. Lo admito. Hui porque era joven y no me sentía listo… Y, cometí el mismo error dos veces, primero cuando tu mamá tuvo a Nagato; yo… era joven, me sentí intimidado. Tu mamá era una adolescente y bueno, yo también. Mis padres me hubieran matado. Hice lo posible para mantener esa familia que me había surgido de la nada, pero… No pude. Fue más fuera que yo, así que hui.
Karin frunció el ceño y se cruzó de bazos. Sus pechos se notaron mucho debajo de su camiseta del trabajo, Suigetsu quitó la vista de allí. No era el momento para eso.
—No por mucho, imbécil…
—Es verdad. Me arrepentí de haberme marchado, volví cuando Nagato ya era un pequeñito y… tu mamá volvió a quedar embarazada. Yo estaba terminando mi carrera universitaria, no tenía un trabajo estable y, con dos niños, las cosas se me complicarían más. Pensé que no podría mantenerlos, no podría hacerme caso, no estaba listo… Y volví a irme.
—¡Eres un…! —Suigetsu la retuvo poniéndole una mano sobre el hombro. Ella lo miró brevemente y luego volvió la vista a su padre.
—Ahora soy un hombre, tengo un trabajo en el que no me va mal, tengo dinero, tengo una casa… Tengo mis prioridades organizadas y tengo ganas de acercarme a ti y a tu hermano. Sé que Nagato no quiere nada conmigo, él está más enfadado conmigo de lo que lo estás tú… Y me gustaría… que, al menos, uno de los dos me diera una oportunidad.
—Ya tuviste oportunidades en mi familia. Te das cuenta de que no perteneces y nunca pertenecerás a la familia Uzumaki ¿verdad?
—Lo sé. Al menos quiero tener una oportunidad… como amigo o… como conocido… o…
—Ya… Necesito tiempo ¿sí? —Interrumpió Karin nuevamente.
—Te daré todo el que requieras, linda… —Ryu estiró su brazo para tocar el de Karin, pero ésta lo espantó moviéndose un poco. Un silencio se formó en la mesa, que era interrumpido solamente con el sonido de la canción que seguía sonando de fondo.
Temari estaba terminando de almorzar, a un lado de Shikamaru. Éste estaba medio dormido, tenía ojeras bajo los ojos y se quedaba pensativo, de vez en cuando, entre conversación y conversación. Yoshino había estado hablando, de forma muy amable, toda la comida sobre diferentes temas. Se sentía mucho más cómoda con su nuera. Shikaku, había almorzado rápidamente y se había ido a trabajar.
—… Y porque, además, Shikamaru ahora retomará sus estudios y, tal vez, les parezca más difícil seguir con su relación, pero no se desanimen. Cuando Shikaku y yo empezamos a salir también tuvimos algunos impedimentos, pero, la vida es así, lo importante es no dejarse aplastar por… —La mujer paró de hablar y miró a los jóvenes a la cara. Shikamaru estaba con la mirada perdida en la mesa mientras comía de forma distraída; Temari estaba mirando a Shika como si esperara una señal, una palabra, una mueca, o cualquier cosa de su parte. Yoshino se aclaró la garganta— ¿Chicos? ¿Todo bien?
—Sí, claro —Temari le sonrió mirándola—. Está todo en orden.
—¿Están teniendo algún problema?
—No, mamá —Respondió Shikamaru de forma cortante. Era lo primero que decía en todo el almuerzo.
—Bueno, entonces… ¿A qué te dedicas, Tema? Porque cuando Shika retome sus estudios seguramente tú también lo harás y eso podrá ser un problema… Mira, no te preocupes, cariño, todas las parejas pasan por altibajos, pero yo puedo ayudarlos si necesitan y… —Temari se llevó otro bocado a la boca. Shikamaru miró a su madre terminando de tragar su último trozo de carne.
—Mamá, por favor, deja de atormentarnos un poco ¿sí? No hay ningún problema entre nosotros y no habrá ningún problema, a futuro, tampoco…
—Está bien, cariño. Está bien… —La mujer se levantó y dejó su plato en el lavabo—. Creo que me voy a tomar un poco de aire. Creo que mi hijo no está de buen humor hoy —habló dirigiéndose a su nuera—, creo que necesitan hablar… Tema ¿después recoges la mesa, por favor?
—Sí, claro.
—Gracias, eres un encanto —La mujer salió con paso firme.
Shikamaru bebió un trago de gaseosa en silencio, aún, mirando hacia otro lado. Temari terminó de comer, igual de silenciosa que su compañero, y recogió la mesa como Yoshino se lo había pedido. Abrió el grifo y comenzó a lavar lentamente, nerviosa. Preocupada por la situación. Tensa.
—Temari… Deja eso, ya lavaré yo. Si quieres puedes irte a tu casa —Oyó a sus espaldas, el vaso que estaba lavando se resbaló de sus manos y se estrelló contra el fondo del lavabo, rompiéndose. Unas lágrimas comenzaron a surgir de sus oscuros ojos verde marino. Eran lágrimas de impotencia, se sentía tonta por todo lo último que había vivido. Se había acostado con él y, se suponía, que no tenía que significar nada.
Sin dejar de dar espasmos de un dolor extraño, sintió una mano posarse en su hombro y volteó a ver. Los oscuros ojos de Shikamaru se mezclaron con los suyos.
—Tema… —Shikamaru alzó el índice para limpiar una lágrima, ella, ante la cercanía, se alejó golpeándose la espalda contra la encimera— ¿Qué te pasa?
—¿Qué pasa?... Yo… ¿¡Estás loco!? ¡Eres un cretino, Nara! Me voy a mi casa… Yo… Este plan… Se fue al carajo. Lo dejo.
—¡No, espera! —Shikamaru la detuvo por un brazo.
—¡Basta, Nara! El plan es una mierda. Fue una mierda desde el comienzo… No debimos haberlo hecho. Sólo dile a tu mamá que no pudimos continuar, que todo lo que ella dijo se volvió realidad y… listo. Tu mamá es una gran persona, Nara. Lo entenderá… —Temari se limpió las lágrimas con la mano libre, la otra seguía aprisionada entre los largos dedos de Shikamaru.
—No te vayas, Temari.
—¡Tú me pediste que me fuera!
—¡No me refería a eso, mujer! ¿¡Por qué eres tan terca?! —Shikamaru elevó el volumen de su voz apretando con más intensidad el agarre.
—¿¡Y tú por qué eres un insensible, chiquilín?! ¡Inmaduro!
—¿¡Yo inmaduro!? ¿¡Y tú?! Te la pasas saltando como una niñita de aquí para allá, molestando a tus hermanos porque es la única forma que encuentras de meterte en sus vidas. Eres atolondrada y ridícula ¿¡Y yo soy el inmaduro?!
—Déjame en paz, Shikamaru ¡No sólo eres un inmaduro, eres un idiota! —El grito de ella se elevó por sobre la voz de él— ¡Tú eres un perezoso, todo el día estás durmiendo! ¡No tienes ambición y no tienes sentimientos! Me dices a mí que intento meterme en la vida de mis hermanos… ¡Al menos me preocupo por la gente, tú eres un completo insensible! ¡NO TE PREOCUPAS POR NADA!
—¿¡Por qué dices eso, Temari?!
De una vez por todas, Temari se salió del amarre que él ejercía sobre ella.
—¡No tienes compasión! ¡No tienes empatía! ¡Careces de emociones, Nara! ¿¡Para qué carajos te metiste conmigo?! ¿¡Qué era, eh?! ¿¡Querías divertirte conmigo, Nara?! ¡Pues bien! Lo hiciste… Ahora déjame en paz ¿sí? Porque tal vez yo sea chiquilina, mandona, ridícula, tal vez me quiera meter en la vida de los demás, pero a mí sí me afectan las cosas, Nara —Temari volteó dispuesta a salir a la sala. Shikamaru la persiguió, adelantándose y poniéndose contra la puerta de entrada para impedir una salida.
—No es así. No me quería divertir, Temari… Simplemente así se dieron las cosas. Esa noche me pudiste haber detenido ¡Yo no te obligué a nada, no te pongas histérica!
—¡No me pongo histérica! Te pude haber detenido si no lo hice fue por una razón, Nara… Pero tú te escapaste ¡Cobarde! Y no sólo te escapaste, me evitaste durante días… ¿Y ahora? Me invitaste a comer y no me dirigiste la palabra en todo el día ¿Qué se supone que significa eso?
—¡Significa que no sé qué hacer, Temari!
—¡Yo sí: déjame! Me quiero ir a mi casa.
—No seas terca, mujer —Shikamaru se acercó a ella nuevamente para romper distancias— ¿¡Por qué, en vez de gritarme, no me ayudas a saber qué hacer?!
—¿¡Y yo cómo voy a saber qué tienes que hacer tú?!
Shikamaru la tomó por la cintura y la besó fuertemente en los labios. Ella lo empujó hacia atrás echando chispas por los ojos.
—¿¡Qué te pasa, idiota?!
—Me pasa que necesitaba una señal, Temari… ¿O te piensas que las relaciones son de a uno? Sí, nos acostamos… Sí, me fui… Pero tú no me detuviste. Yo no contacte contigo, pero tú tampoco conmigo… ¿Por qué es sólo mi culpa? Dices que yo no tengo sentimientos, pero tú no tienes ni idea, Temari. Estás loca. Todas las mujeres están locas ¿Por qué creen que el hombre es quien tiene que hacer todo? ¿Por qué no se enteran de que nosotros también tenemos miedos, tenemos tristeza, tenemos desolación, ansiedad? ¿Por qué nunca son claras? —Volvió a acercarse a ella— Si no fuera porque te pusiste a llorar, tal vez, jamás hubiera conocido tus sentimientos, Temari.
Ella estaba con la cara ruborizada al completo. El corazón le pegaba en el pecho con fuerza, su respiración se había agitado, su sangre estaba hirviendo.
—Yo… yo… Pensé que…
—Tú creíste que yo, porque sí, porque eso piensan las mujeres… Tenía que acercarme a ti y decirte que estoy locamente enamorado ¿verdad? Aún si tú no hiciste nada para que me sintiera seguro ¿Verdad? Y, aún así, te atreves a llamarme culpable.
—Lo siento… Pensé que no necesitabas una señal.
—Todos necesitamos señales, Temari… —Se acercó, un paso, más a ella, hablando bajo, suave, dejando la ira de lado—. Nadie tiene seguridad ante estas cosas.
—E-entonces qué… ¿Qué significa esto? —Él sonrió de forma tonta.
—Significa que estoy locamente enamorado de ti, mujer ¿No te quedó claro? —Otra lágrima cayó por la mejilla de Temari, pero ya no era de impotencia, de rabia o de dolor. Era distinto. Era extraño. Era la primera vez que le decían algo así.
—Y… y yo también me he enamorado de ti.
Él volvió a sonreírle, antes de tomar las mejillas de ella entre sus manos y fundir sus labios sobre los de Temari.
