N/A: Hola, quiero pedir disculpas por haber estado este mes ausente, quienes me siguen un poquito, en redes sociales, o leyeron mis estados de Wattpad saben que se me juntaron varias cosas. Primero pensé que me atrasaría un poco debido a mis exámenes, pero acabé los parciales y aparecieron muchos problemas más. Mi hermano apareció a las tres de la madrugada de un lunes, golpeado. La ex pareja de su novia lo había ido a buscar y lo golpeó con un fierro -sólo para que quede claro -mi hermano nunca en su vida se había metido en ninguna situación violenta, con anterioridad- lo llevamos al hospital, también hizo la denuncia en la policía... Y al final las cosas se solucionaron, así que pensé que podría volver a publicar en poco tiempo; pero entonces, me pidieron, por favor, que cuide de mi prima unos días (ella tiene mi misma edad -22 años- pero sufre de depresión de tercer grado y no puede quedarse sola ya que le pueden agarrar ataques de pánico, considerados riesgosos, además, se tiene que acordar de tomar la medicación y hay que mantenerla distraída de pensar cosas malas) me ausenté un tiempo por eso también. Pero no todo fue triste, hace una semana, pude mudarme, de forma independiente, con mi pareja. La mudanza también nos llevó mucho tiempo y, recién ahora, nos estamos acomodando un poco mejor; sin embargo, se me juntó con los exámenes finales.

Decidí tomarme un tiempo para editar el capítulo y publicarlo de una vez por todas, porque siento que ya estoy en falta con ustedes. Y sé que ya llegamos a las cinco mil lecturas en Wattpad y las propasamos, pero todavía no tengo listo el especial, por estas mismas razones descritas anteriormente. Espero que sepan entender. Volveré a publicar cuando hayan pasado mis exámenes finales. Un saludo y disfruten el capítulo :)

La canción de hoy es "Perfect" de Ed Sheeran

—…Y sé que tu papá es dueño de esa radio tan linda… Lo vi en una o dos revistas, es un hombre moderno y carismático; me encantaría conocerlo —estaba diciendo Kushina mientras se llevaba parte de la ensalada a la boca. Hinata le sonreía desde la otra punta de la mesa, con timidez, pero mucho más cómoda que al comienzo. Naruto estaba a su lado apoyándola y acompañándola.

—Sí, es verdad que es agradable y muy compañero. Aunque también tiene su lado estricto… el lado que oculta de las revistas y la prensa… —Hinata se sonrió con timidez y Naruto le hizo una rápida caricia en la espalda para tranquilizarla—. Es estricto con el estudio y se pone algo terco porque quiere que vivamos muchas experiencias… Quiere que mi hermana y yo conozcamos gente y nos divirtamos. Aunque también tiene su lado tradicional. Él aspira a que nos casemos con grandes hombres, que nos hagan felices y nos den gustos; que tengamos una boda gigante y muchos hijos… —Ella volvió a reír bajito, como si fuera un chiste privado.

—Bueno, Naruto seguramente estará feliz de darte todo eso ¿No, cariño? —Kushina miró a su hijo, inmensamente feliz. Éste se había puesto rojo.

—Eeeh… ¿Sabes mamá? Hinata y yo no hace ni un mes que estamos juntos, es un poco apresurado…

—¡Oh, sí! —Interrumpió Hinata volviendo a su incomodidad—. No estamos pensando en eso aún. Es muy pronto.

—Claro, claro… Cuando estén preparados —La sonrisa de Kushina fue dulce y sincera.

—Y… ¿Cómo fue su boda señora?

—¡Por favor, Hina, con confianza! Llámame Kushina… —La mujer miró a su marido con un anhelo único—. Nuestra boda fue hermosa. Yo estaba disfrazada de la princesa Leia…

Naruto vio hacia abajo algo avergonzado. Hinata miraba atenta, aunque algo confundida.

—Minato iba de Han Solo… Estábamos en Estados Unidos, por la universidad, hacía un año que estábamos juntos, de hecho, era justo nuestro primer aniversario y estábamos en una fiesta de disfraces… Entonces él me pidió matrimonio con una sortija de dulce… —los ojos de Kushina demostraban puro amor— y le dije «¡Sí!» y nos fuimos a Las Vegas, nos casamos en ese mismo momento… Sólo estuvimos nosotros dos… Pero fue la mejor decisión ¿verdad, cielo?

—La mejor, sin duda —Asintió su marido.

Temari se visitó con rapidez a sabiendas de que su, ahora real, suegra, llegaría en cualquier instante. Yoshino no era tonta, les había dejado espacio para que arreglaran sus, muy notorias, diferencias, pero volvería en un minuto. Haberse acostado con su hijo, en su casa, era una completa falta de respeto, pero ¿Cómo evitarlo? Shikamaru había tenido razón en varias cosas y, de esa forma, en un enfrentamiento, habían formalizado. Nunca se hubiera imaginado que empezaría una relación formal, con un chico maravilloso, llorando, gritando y con histeria contenida.

Shikamaru se desperezó a su lado. Ya se había puesto los pantalones y bostezaba de forma perezosa. Él, definitivamente, no parecía la clase de persona que anda derrochando amor por el mundo; más bien, era desinteresado y vago. Temari sonrió para sí misma al verlo gatear para alcanzar su camisa, que había volado bajo la cama.

—Oye, Nara… ¿Crees que funcionará?

Él puso los ojos en blanco.

—Deja esos problemáticos pensamientos para luego, mujer. No estemos pensando en si funcionará, en si tendremos hijos o en si somos tal para cual… Sólo disfrutemos —Comenzó a caminar hacia el salón y Temari lo siguió acomodándose, rápidamente, el cabello.

—Tienes razón —asintió mientras avanzaba tras su pareja.

Sai entró a El Refugio, con aspecto cansado. Había estado toda la mañana repartiendo su hoja de vida en diferentes lugares, necesitaba un empleo lo antes posible o no podría sustentar sus gastos. Temari seguía encargándose de pagar las expensas del departamento, pero no podían, él y Shin, depender de su colaboración para siempre. Sai quería poder mantenerse por sus propios medios, y poder pagarle a Temari un alquiler, aunque fuera sólo de palabra -sin papeles de por medio- y aunque fuera barato, para agradecerle por su gentileza.

Por ahora, lo único que estaba en su mente, era que esa linda rubia le había invitado una malteada fresca, para poder subsistir a ese verano caluroso que lo había azotado toda la mañana. Ino lo saludó desde la otra punta de la hermosa cafetería. Estaba atendiendo una mesa en la que un hombre de piel morena le hablaba felizmente, mientras abrazaba con un solo brazo a su mujer -hermosa y refinada, de cabellos oscuros y ojos carmesí- que, a su vez, cargaba a un bebé recién nacido en brazos. Sai le sonrió a modo de devolverle el «hola» y se sentó a una mesa, alejada de donde ella estaba, individual.

Colocó los currículos que le habían sobrado sobre la superficie de madera que tenía delante y levantó la vista al ver que una sombra se había acercado a él. No era la rubia que él esperaba, se trataba de la pelirroja: Karin. Se veía algo distraída y cabizbaja.

—¿Qué deseas tomar? —preguntó forzando una sonrisa, típica de las personas que trabajan atendiendo al público.

—Eeeh… yo…

—Karin, deja, yo lo atiendo —dijo Ino, que había aparecido justo en ese instante, sonriendo, pero de forma genuina.

Karin se marchó sin decir ni una palabra.

—¿Viniste por la malteada que te prometí? —preguntó la rubia sonriéndole.

—Sí, la verdad es que necesito algo fresco. Estoy algo cansado… —Él le sonrió también, sinceramente, aunque sus ojos se veían exhaustos, casi sin brillo y con enormes ojeras en su blanca piel.

—Muy bien, en seguida te la traigo.

Sai vio como la chica se marchaba, preparaba, rápidamente, el batido con una máquina y regresaba caminando contoneando su figura con cada paso. Era como si fuera un ángel, uno bastante agresivo, malhablado y lujurioso, pero un ángel al fin. Cualquier vestimenta le quedaba bien. Llevaba el uniforme de su trabajo y, de todas formas, era como verla con ropas de lujo.

Sonrió de nuevo, e iluminó el lugar.

—Aquí tienes —Le dejó el batido sobre la mesa y esperó allí.

—Gracias, Ino.

—No tienes que pagar nada, invita la casa… ¿Quieres algo para comer?

—No, gracias, con esto estoy bien… ¿Quieres sentarte? —Ofreció. Aunque sólo había una silla y la estaba ocupando él, eso no quitaba el hecho de que pudiera traer otro asiento para quedarse un rato con él.

—Lo siento, estamos bastante atareadas hoy. Aunque podemos charlar un rato, entre cliente y cliente.

—Claro… Te vi hablando con la pareja de allí ¿Se conocen? —señaló el muchacho mientras agarraba el vaso de cristal para dar su primer sorbo a la bebida.

—Sí, es mi profesor de la universidad… Y acaba de ser padre hace algunas semanas. Tuvo una niña, se llama Mirai, es hermosa.

—Ya veo… ¿Y qué estudias, Ino?

—Diseño de indumentarias. Me gustaría ser diseñadora de modas algún día ¿Y qué hay de ti, Sai? Eres tan misterioso para mí… ¿Estudias algo?

—Sí, artes visuales. La rama del dibujo y la pintura… Seguramente compartimos bases en común, tuve diseño en el primer año de la carrera… —explicó sonriente.

—Vaya… Así que tenemos cosas en común, no puedo creerlo… ¿Y tuviste suerte con el empleo?

—Eso espero —Se dedicaron una sonrisa prolongada, mientras se miraban sin saber qué decir; pero, lejos de ser incómodo, fue agradable para ambos.

—Oye… Tengo que seguir trabajando, pero ¿Qué te parece si nos vemos uno de estos días?

—Sí, me encantaría.

Ella amplió su sonrisa.

—Déjame redimirme por mi comportamiento pasado ¿Te parece si vienes a la boda de mi hermano? Serías mi acompañante así que... No sé… Piénsalo.

—Claro —Él sonrió cerrando los ojos y ella se apresuró a anotar sobre una servilleta la dirección que necesitaría para llegar a la celebración.

La tarde estaba oscureciendo; un azul grisáceo invadía el cielo y las nubes se estaban acumulando. Ya eran visibles un par de estrellas y la luna, redonda y brillante, empezaba a notarse cada vez más con la ida del sol. Gaara y Matsuri caminaban por las calles de Tokio conversando con gracia. Ella la había pasado genial, Gaara no era la clase de chico «normal» pero era una clase de chico que a ella le agradaba. Sabía que su pronta llegada, a su casa, con alguien vestido de negro, de ojos delineados, cejas depiladas y cabello en picos, le traería problemas con su padre. Él desaprobaba a esa clase de gente, decía que eran mala influencia, que la llevarían por un mal camino. Tal vez, lo que ella necesitaba hacer, de una vez por todas, era hablar con él e imponerse. Ya estaba por cumplir los dieciocho años, no podía dejarse pisotear, ni siquiera por su padre. Ella era mayor de edad, sabía lo que hacía con su vida, sabía con quiénes se relacionaba.

Al llegar a la hermosa y hogareña casa de la familia de Matsuri, ambos se pararon ante la puerta.

—Bueno, aquí estamos… Finalmente no pude disuadirte, me acompañaste —avisó Matsuri mirando al pelirrojo con ojos divertidos. Él cargaba con su mochila al hombro, pero ésta ya venía casi vacía tras el almuerzo que habían disfrutado en la plaza.

—Así es. No falto jamás a mi palabra… A menos que le haya prometido algo a mi padre, él no cuenta —Matsuri rio al escuchar aquello y él la acompañó con otra risa.

—Te agradezco esta salida. Fue relajante, creo que la necesitaba…

—No fue una molestia. A mí también me gustó… —Matsuri le sonrió con timidez, viendo directamente a esos ojos verde agua que le traspasaban el alma. Se preguntó cómo era que había sufrido tanto por su exnovio cuando rompieron; aquél era sólo un niño de mami, caprichoso y egocéntrico; el mundo estaba lleno de gente mejor, uno de ellos era el joven que tenía delante.

Su padre estaba equivocado, Matsu, no necesitaba a un abogado multimillonario que la llevar a los lugares más caros o a los restaurantes más excéntricos; necesitaba a alguien que la hiciera sentir plena, contenta y llena… Alguien como Gaara. Sus mejillas se ruborizaron y, cuando creyó que ya era el momento de la despedida, él se acercó más a ella.

—¿Cuándo nos volveremos a ver? —preguntó él roncamente.

—No lo sé… Cuando quieras…

—Mañana entonces.

—Está bien…

—Pasaré por ti al mediodía, te llevaré a comer a un lugar genial.

Ella rio.

—¿Más genial que el de hoy?

—Un poco menos natural… —explicó él brevemente. Luego, dio otro paso cerca de ella.

—Está bien para mí —Matsuri se encogió de hombros bajando la vista a sus pies. Cuando la subió, Gaara estaba más cerca de ella, aún. Sus mejillas se calentaron y sintió su sangre hervir bajo su piel. El pelirrojo dio un último paso, antes de pegar sus labios sobre los de ella. Matsuri no se inhibió, rodeó el cuello de Gaara con sus brazos y sintió como éste la sujetaba por la cintura.

Al día siguiente, el mediodía quemaba y las chicas, en El Refugio, limpiaban las mesas bajo el leve aire de los ventiladores. Sakura se había estado quejando de no poder adquirir un aire acondicionado, con la economía como la llevaban. Tenían uno solo en la parte trasera de la cafetería que enfriaba bastante en los días templados; pero con esos calores no se conseguía mucho.

Karin había estado algo distraída después de la charla que había tenido con su padre, aunque eso no la desconcentraba del trabajo; Tenten la mantenía distraída de su situación familiar, charlando de diversos asuntos mientras limpiaban el suelo con diversos artículos de perfumería.

Ino contaba el cambio en la caja registradora mientras estaba al pendiente de la llegada de Tamaki. La joven castaña tenía que llegar en cualquier instante, pero, debido a que la cafetería había cerrado tras su turno matutino, las empleadas debían estar atentas para abrirle la puerta.

Sakura acabó de limpiar la mesa con la que estaba ocupada y se lanzó en la silla más cercana a descansar. Sentía que el calor le había dormido los brazos, si eso era posible. Una vibración molestó en su muslo y tomó el celular que tenía en el bolsillo. Era un mensaje de Sasuke Uchiha, prestó atención y cambió su postura en la silla, invadida por una extraña emoción.

Después de aquella salida, que había terminado en sexo (y uno bueno, a decir verdad) no había sabido más de él, y eso la tenía inquieta.

«Saku, lamento haberte descuidado. He estado ocupado con trabajo ¿Qué te parece si nos vemos este fin de semana para conversar? Envíame tu respuesta

Una sonrisa se dibujó en sus labios y se apresuró a enviar una afirmativa; feliz de que ella no fuera un problema para él… Simplemente había estado ocupado.

Sasuke estaba tendido de espaldas en el sofá de su casa. Itachi no estaba y la soledad lo estaba poniendo nervioso, lo hacía pensar en muchas cosas. Con Sakura, él, había pasado una estupenda noche… En realidad, una sucesión de estupendos momentos. Desde el día en que Suigetsu lo había arrastrado hasta esa cafetería tenía a esa chica en la mira. Era todo lo que él buscaba en esas chicas con las que salía. Linda, dulce, tierna, inocente… Pero, con el tiempo, había notado que también era trabajadora, independiente, responsable, seria… Ella no era como él creía, tenía algo más.

Y, por eso, lo más sensato sería… Huir.

No era que le tuviera miedo a algo serio o estable. Se tenía miedo a sí mismo. Sabía bien todo lo que había hecho sufrir a otras personas y no podía evitar pensar que lastimaría también a Sakura. Si, de verdad se estaba enamorando de ella (y creía que así era), tenía que alejarse de ella, para protegerla. Para cuidarla.

Sakura había accedido a tener una última salida con él (aunque ella no sabía que sería la última) y en esa charla, él cortaría con ella de una vez por todas. Quedaría como un cretino, como todo lo que había sido… Ella pensaría que la dejaría porque ya había obtenido lo que quería de ella; pero no importaba. Porque ella estaría más segura lejos de él.

En cuanto la cafetería fue abierta nuevamente, Tamaki e Ino se amucharon en un rincón a esperar a la clientela. Ambas habían estado charlando desde que la primera había llegado, sobre diferentes cosas cotidianas.

Kiba entró y saludó a ambas chicas, con la mano, desde lejos, antes de dirigirse a Sakura que atendía la barra.

—Has estado charlando con él, ¿verdad? Es un gran chico… —comentó Ino al azar mientras observaba cómo entraba una viejecita y se sentaba en una mesa que era atendida por Karin.

—Sí, me pareció agradable… Además es muy apuesto —Tamaki le habló sin inconvenientes del tema e Ino asintió.

—¡Oh, sí! ¡Y es estupendo en la cama! —Tamaki miró a Ino con los ojos como platos.

—¿En serio?

—Sí… Hace unas cosas con su lengua que…

—¡Ino! —Tenten que estaba pasando por allí la reprendió— ¡De verdad opino que no es necesario que Tamaki sepa eso!

Tamaki miró a ambas impactada.

—No, no… Ahora me gusta aún más… —confesó en voz baja.

Tenten roció una mesa recién vaciada con un elemento de limpieza y pasó un trapo. En su trabajo le iba cada vez mejor; con la llegada de Tamaki, tenían menos labores que hacer y la paga seguía siendo la misma. Lo cual era estupendo, porque podía seguir colaborando en su casa y tenía algo de tiempo libre para descansar y charlar con sus amigas. Desde que había llegado a Japón, se había encontrado con muchas situaciones positivas que la habían sorprendido gratamente. Había viajado con un nudo en el estómago, con el pensamiento de que llegaría a un país desconocido, no sabría escribir ni leer, apenas sabía hablar el idioma; no tendría trabajo, no tendría amistades, no tendría idea de las celebridades aclamadas por la sociedad, ni de lo que pasaría en la Universidad, con nuevos profesores, con nuevos compañeros, con nuevo programa… Pero todo había sido extrañamente placentero. Había conseguido un trabajo de forma muy rápida, había conseguido unas estupendas amigas en la cafetería, no había tenido problemas con sus estudios o con sus profesores y, como si fuera poco, sentía que cada vez tenía más cerca el amor.

Con ese hermoso joven que la había cautivado desde el primer día y que, conociéndolo un poco más, había descubierto que era una estupenda persona. Ese chico la estaba volviendo loca y, justamente, en ese momento estaba entrando por la puerta y se estaba dirigiendo a ella con una sonrisa en los labios.

—Hola, Tenten —saludó sin desvanecer su sonrisa, mostrando sus increíbles y relucientes dientes blancos.

—Hola —Ella se ruborizó levemente; si no fuera porque sentía el calor de su cara no se habría enterado.

—Vine explícitamente para proponerte algo

—¿A mí?

—Sí, a ti… Hace poco hablamos sobre mi familia y me dijiste que irías a mi casa, un día de estos, para que te siguiera contando mi historia. Cenemos juntos; preparé algo para dos… ¿Qué dices?

Era como ponerla entre la espada y la pared. No era una invitación como tal; era una orden camuflada en proposición. Si él ya había preparado todo ¿cómo negarse? Ella estaba feliz de recibir esa invitación, aunque, para su mala suerte, no podía simplemente ausentarse de su casa. Sus padres eran algo estrictos con ciertas cosas, aunque no porque no desearan que ella fuera feliz y tuviera sus libertades sino porque se preocupaban demasiado.

—Oh, eso... es… es… Yo…

—Sólo… Te estaré esperando a las ocho —Tras eso, rozó la mejilla de Tenten con el índice, a modo de saludo, como ya había hecho en una ocasión, y se marchó por la puerta por la que había entrado. Tenten se quedó de piedra, estática, mirando el sitio porque el cual había desaparecido Neji. Sakura se acercó a ella curiosa.

—¿Qué ocurre?

—Me invitó a cenar esta noche —La joven ensanchó su sonrisa tras oír a su amiga decir aquello.

—¡Es genial! ¿Necesitas que te preste algo de ropa?

—No… Es que… yo… debo avisar a mi familia y…

—¡Hazlo! Mira, Tenten, yo no tengo tanta experiencia como Ino o como Karin, pero sí te puedo decir algo… Nunca me animaba a nada, por miedo a defraudar a mis padres, a preocupar a mi madre, a no sentirme bien con mis decisiones… Y, ahora, me animé. Y pasé una… —Miró alrededor para cerciorarse de que nadie oía y bajó la voz— estupenda velada con Sasuke Uchiha, que es un muchacho excepcional. Es apuesto y es divertido, y me atrae mucho ¡Y no me arrepiento! Tal vez estuve algo nerviosa, pero es parte de la adrenalina de vivir… ¡Tenemos que animarnos! Él me contactó y tendremos otra cita dentro de poco… Así que ¿Por qué no lo intentas tú ahora?

—Supongo que… tienes razón. Es que no quiero que mis padres… —Tenten suspiró pensativa, dejando la oración a medias.

—¿Quieres usar el teléfono de la cafetería?

—Eso estaría bien.

Sakura acompañó a Tenten al teléfono de línea que tenían bajo el mostrador de la entrada y la apoyó cuando habló con su madre.

Tras varias horas de trabajo, Tamaki se marchó a su casa, Karin e Ino a las propias y Tenten saludó a Sakura antes de salir de la cafetería para encontrarse con el joven de cabellos largos.

Neji le sonrió ampliamente y extendió su brazo en dirección a la china para que ésta lo tomara. Tomados del brazo, como una pareja de ancianitos o de recién casados, cruzaron la calle y se adentraron a la casa de techo plano, celeste pastel, que estaba siempre con las cortinas cerradas.

—Bienvenida a mi hogar… —susurró Neji cerrando la puerta tras su espalda.

El espacio en el que habían entrado era pequeño, las paredes estaban pintadas del mismo celeste del exterior, la única ventana que había en el reducido espacio, estaba cerrada por una persiana de madera blanca y las cortinas espesas que siempre se veían desde afuera. Había algunos cuadros en las paredes: con fotografías familiares y diplomas. Una mesa rectangular familiar, con cuatro sillas alrededor estaba posicionada en mitad del lugar; al frente de ésta había un pequeño sofá verde con estampado de flores -viejo- y un televisor antiguo, con una enorme caja detrás. Del lado trasero de la mesa sólo había un mueble antiguo con varios libros, portarretratos y otros adornos, y con cajones repletos (supuso Tenten) de utensilios cotidianos. A pesar de ser un ambiente hermoso y hogareño, se notaba que estaba algo descuidado, casi abandonado… Sin lugar a dudas, en el momento en el que sus padres estaban, aún, con vida, la casa se vería mucho más alegre y bonita.

—Es hermosa… —susurró Tenten tímida.

—Gracias, aunque sé bien que ha estado mejor… Pasa, siéntate —De forma suave, una de las manos de Neji se posicionó en la cintura de Tenten y la empujó, con levedad, hacia delante.

Tenten se encaminó hacia la mesa y reparó, por vez primera, en las cosas que había encima. Dos platos, cubiertos con tapas de cristal para mantener el calor de la comida que reposaba dentro, una fuente en el centro con ensalada de vista apetitosa, dos vasos de vidrio, un vino tinto y un jugo de frutas natural.

—Vaya… Te esmeraste —Sonrió Tenten, simpática, sentándose frente a uno de los dos platos.

—Sí, quería que fuera especial —Sonrió también él. Se sentó frente a ella, donde estaba el segundo plato—. No estaba seguro de que te gustara el alcohol así que… Conseguí otra opción.

—Gracias… De todas formas, ese vino tiene una pinta exquisita, tal vez lo pruebe.

—No te decepcionará —Aseguró él abriéndolo y llenando el vaso de ella.

—Gracias —Tenten olió el delicioso aroma antes de beber un pequeño sorbo. Él llenó su vaso y bebió también.

—Espero que te guste la comida…

—Seguramente sí —Destaparon sus platos; en éstos reposaba un delicioso y jugoso trozo de carne con acompañamiento de papas y vegetales. Además, estaba la ensalada por si se quería otra guarnición—. Luce estupendo —Se sorprendió Tenten, encantada. El aroma era delicioso.

—Gracias… Aunque no lo hice yo. Lamento decir que no soy tan buen cocinero como quisiera... Es comida comprada.

—De todas formas es genial; te agradezco la invitación.

—Espero no haberte causado problemas ¿Tenías algún plan?

—No. No estuve haciendo planes en el último tiempo —Tenten tomó un trozo de comida con el tenedor y se lo llevó a la boca—. Desde que vine de China, mi vida sólo es el trabajo y los estudios. Adaptarme no me costó mucho, pero mis únicas amistades son las chicas de la cafetería y, aunque ya pasaron unos meses, aún tenemos cosas que arreglar tras la mudanza.

—Lo entiendo… No debe ser sencillo un cambio tan brusco. Entonces… ¿Sueles cenar con tus padres?

—Exacto. Supongo que ellos todavía no se adaptan del todo. Les da algo de miedo que yo salga por ahí sola… Estando en un lugar tan distinto.

Neji torció el gesto antes de tragar un bocado.

—Pero no estás sola. Estás conmigo.

—Sí, pero… Ellos no te conocen… Sé que lo que digo puede hacerte creer que son unos sobreprotectores; no es así en realidad, es sólo que… Están adaptándose de a poco… Muy de a poco. Prefieren que yo me junte con alguien de su confianza ¿entiendes? —Comió un poco más.

—Claro que sí… —Él también comió otro trozo— Como con Lee.

Tenten se ruborizó y bajó la mirada.

—Bueno… sí.

—¿No hablaste con tu padre al respecto?

—Él es algo… —Tenten suspiró algo avergonzada— Él cree que hace lo correcto. Cree que me protege, que me pondrá en una posición privilegiada si amisto con él. Lee es un buen chico pero ni yo le intereso como a mi padre quisiera ni él me interesa a mí —Comió un poco más.

—Entonces… ¿Cómo se tomaron que te ausentes hoy?

—Ellos… Bueno, hablé con mi madre y ella es… algo más fácil de convencer.

—Entiendo —Neji se llevó el último trozo de comida a la boca—. Me gustaría enseñarte algo.

Tenten asintió, terminando de comer, también. Ambos se levantaron y Neji la guio por una puerta avejentada, de madera.

La sala en la que entraron estaba pintada de color salmón y tenía claves de sol dibujadas en las paredes. Había una ventana cerrada y, por el olor que se sentía, hacía años que no se abría. Había muebles y estantes en las paredes con libros de música y partituras. También había un ordenador moderno, probablemente lo más nuevo que Tenten había visto en esa casa, y un enorme y reluciente piano de cola, de segunda mano, aunque en perfecto estado, en el centro de la sala.

—¡Guau! ¡Qué hermoso! —Tenten se apresuró a avanzar y lo acarició con una mano como si fuera enormemente especial. Probablemente lo era.

—Era de mi madre, pero más que nada Hiki era quien lo usaba —Oyó decir a su espalda. Neji se había quedado en la puerta y observaba toda la habitación completa. Tenten le estaba dando vueltas al piano, observándolo de todos los ángulos, concentrada en las teclas y en la majestuosidad que aparentaba por más de los años y el deterioro.

—Es fantástico —dijo, al fin, volteando para ver a Neji y se encontró con que éste estaba muy cerca de ella— Oh…

—Me gustas, Tenten… —dijo él sereno. Estaba tan calmado que, casi, no parecía real… Casi— Y sé que te gusto…así que… ¿Qué sigue?

Ella se puso tan roja que parecía una brasa ardiendo.

—No lo sé…

—Bien, entonces improvisemos —Neji se acercó a ella con la misma calma que profesaba antes, la besó en los labios por primera vez, y ella correspondió con ánimo.

Durante la mañana siguiente, Ino estuvo muy ansiosa, gente llegaba de todo sitio, vestida de forma elegante. Varias personas habían entrado con comida y bebida. La ceremonia en el registro civil había sido muy corta e íntima; después de eso se habían dirigido a la pequeña capilla de los suburbios de Tokio, donde algunos amigos se unieron para presenciar la unión de Deidara y Kurotsuchi. No había durado más de diez minutos.

Finalmente, la gente seguía llegando a la pequeña reunión que, entre los señores Yamanaka y el padre de Kurotsuchi, habían organizado. Había música, mesas, mucha comida y todo estaba decorado de blanco y celeste en un extenso jardín lleno de flores rosadas y lilas. Ino daba pequeños saltitos en la puerta de la residencia, esperaba ansiosa la llegada de alguien en particular. Aunque esa persona no había confirmado su presencia.

Iba vestida con un escotado vestido fucsia, al cuerpo, de corte sirena, que terminaba bajo sus rodillas, y tenía unos tacones altos de color rojo vino que combinaban con su bolso y con los adornos de su cabello.

—Ino… —Una voz suave, aunque algo rasposa, la distrajo. Miró en la dirección de la que provenía la voz y vio a su cuñada. Vestida con un simple vestido blanco, algo holgado, que no dejaba ver su, reciente y oculto, embarazo. Su cabello negro y corto apenas tenía algo de brillo debido a una tiara plateada que le habían obsequiado especialmente para la boda— ¿No entras? Ya van a abrir la primera ronda de baile, y sé que te gusta.

—Sí, sí… Ya voy… Es sólo que…

—¿Estás esperando a alguien?

—Sí. Invité a alguien.

—Bien. Entonces quédate, si quieres, pero no deberías perderte la fiesta ¿Estás segura de que vendrá?

—Eso espero… Le debo una.

—Oye… ¿No será aquel?

Ino miró hacia donde su cuñada señalaba. Sai venía caminando deprisa, con una camisa que le quedaba grande, unos pantalones con bordes embarrados y unos zapatos que habían pasado por diferentes montones de tierra.

—¡Sí! —Ino caminó hacia él los últimos pasos y él le sonrió.

—Hola… Lamento la tardanza. Me costó encontrar el lugar —Estaba algo sudado y el pelo oscuro se le pegaba en la pálida piel.

—¿Me concedes la pieza que no te permití aquella vez? —Saludó Ino, tendiéndole una mano.

Él sólo atinó a asentir y avanzaron mientras de fondo se oía el coro de Perfect de Ed Sheeran.

Tenten despertó entre los musculosos brazos de Neji. No podía creer que se había quedado dormida entre besos y caricias. No habían hecho nada más que besarse, pero había sido una noche estupenda. Tenía suerte de haberle dicho a su madre que tras la cita con Neji se quedaría en casa de Sakura, así no haría preguntas.

Neji despertó con ella y la miró con ojos soñolientos, de esa forma se veía aún más guapo. Su cabello largo estaba despeinado y se veía precioso, aún así.

—¿Dormiste bien? —preguntó él, su voz ronca debido al cansancio era estimulante. Tenten se ruborizó.

—Sí ¿Qué tal tú?

—Muy bien ¿Quieres desayunar?

Ella suspiró levantándose despacio.

—Lo siento. Me gustaría mucho pero ya debo regresar. Quiero… encontrar el momento para hablar de mi padre. Hay un par de charlas que ya no puedo aplazar.

Él le sonrió.

—Cualquier cosa que necesites me llamas… Sabes que te estaré apoyando.

Ella sonrió y él volvió a besarla.