Canción: Me gusta/ Ciro y los Persas

-*Una prima problemática*-

—…Entonces le dije que sí y Jiraiya empezó a reírse muy fuerte… fue por eso el problema —Contaba Naruto mientras que su suegro y jefe se contraía de risa en su lugar y todos los demás reían también.

—¡Qué gracioso eres! —exclamó entre risas la chica sentada frente a él. Naruto la miró sonriéndole, pero ya no era una sonrisa de gracia. Esa chica había estado haciendo comentarios de ese estilo toda la velada. Al comienzo creía que era una chica muy simpática, después comprendió sus intenciones (específicamente cuando comenzó a acariciarle la pierna, descaradamente, bajo la mesa) Hinata, a un lado de Naruto, se mostraba incómoda y hacía varias horas que no hablaba ni subía la mirada de su plato, naturalmente afectada por el comportamiento de su querida prima hermana. Nadie más parecía notar aquella extraña actitud de la rubia… Nadie más a excepción de Neji.

—Bueno y.. Eeeh… Hina ¿Ya empezaste a prepararte para el siguiente año de Universidad? —cambió el tema el rubio mirando a su novia. Ella levantó la vista por primera vez en bastante tiempo.

—Sí, claro… Y ya estoy rematriculada… Estuve hablando con…

—¿Y tú Naruto no estudias nada? —preguntó Shion interrumpiendo a Hinata.

—No ¿Qué decías, cielo? —Volvió la vista a su novia, inquieto.

—…Yo… Este… Que estaba hablando con unas compañeras para… ya sabes, ir preparándonos para los primeros trabajos que se realizarán y por algunos materiales que necesitaremos… Empezaremos con las prácticas directamente sobre animales vivos y me pone un poco…

—¡Ay qué impresión! —dijo Shion como si estuviera muy afectada— La verdad es que me gustan mucho los animales, no podría verlos en esa situación.

—¡Es por eso que intento cuidarlos! Porque me gustan mucho y…

—Lo sé, Hina; pero yo soy tan sensible —La rubia se puso una mano sobre el pecho, indignada— que no podría soportar verlos sufrir… Es obvio que tienes mucho más estómago que yo, cariño… ¿Y tú Naruto? ¿Tienes alguna mascota?

El rubio la miró con nerviosismo. Hinata apretó la mano de su novio bajo la mesa.

—No. No tengo por el momento… Ángel —dijo viendo a Hinata a los ojos—… creo que es mejor que me largue ¿sí? Sabes cómo se pone mamá si tardo en llegar… La comida estuvo deliciosa —Él se levantó rápidamente de su sitio. Cruzó una veloz mirada con Neji en la que éste le hizo saber que estaba tomando una, muy acertada, decisión al retirarse.

—¿Tan pronto? Naruto, si es un problema podemos llamar a tu casa y avisar a tu madre que llegarás más tarde… Y avisarle que te alcanzo yo mismo —avisó Hiashi levantándose de su asiento para acompañar a su yerno.

—No es necesario… En serio, es que nunca salí mucho de casa y… —Notó la mirada de Shion clavada en sí como si sus ojos fueran dardos—. Va a estar molestando a mi padre… Mañana nos vemos en el trabajo.

—¡Claro que sí! —Hiashi extendió su brazo para estrecharle la mano a su yerno y él se la estrechó con la mano sudada.

Hinata se levantó con su novio para acompañarlo a la puerta y lo tomó del brazo con firmeza, de forma nerviosa. Naruto notaba toda la tensión que ella tenía encima. Quería abrazarla y besarla y explicarle que la amaba, pero no podía hacerlo delante de su padre por respeto.

—Nos vemos mañana, Neji— saludó. Luego se dirigió a los tíos y prima— fue un placer conocerlos— y se dirigió por último a Hanabi revolviéndole el cabello— a ti te veo después.

—¡Chau cuñado! —Le sonrió ella.

Naruto y Hinata se adentraron por el pasillo y, mientras se iban, escucharon como Shion gritaba:

—¡Fue un placer, Naruto!

Hinata abrió la puerta y Naruto se posó en el umbral mirándola. La escaneó con la vista, queriendo saber a ciencia cierta cómo se sentía. Él no podía creer lo que había sucedido, se sentiría horriblemente si Nagato quisiera meterse con su novia; no podía creer cómo se debía sentir Hinata en ese momento.

—Gracias por invitarme, hermosa —Él le sonrió tratando de calmarla. Aunque ella no parecía molesta, sino triste. No hablaba y apenas si se notaba cómo respiraba. Estaba más silenciosa que de costumbre y se la veía decaída. Ella lo miraba fijamente con ojos tristes.

—De nada, puedes venir cuando quieras —Le sonrió. Para Naruto, lo peor de toda la situación era que su tierna novia, no tenía intención de decirle nada sobre lo que sentía.

—Pequeña, está todo bien ¿cierto? —Le tomó las manos con fuerza— Lamento si se puso incómodo al final.

—¿Incómodo? No, claro que no —Hinata se hizo la indiferente—. Espero que nos veamos pronto.

Él se quedó en silencio unos segundos, quería que ella le dijera lo que le pasaba por esa atolondrada cabecita, pero no lo lograba.

—Bien. Nos vemos entonces, muñeca —Se inclinó y la besó con la mayor ternura de la que fue capaz, queriendo hacerle saber que todo iría bien.

El lunes, Sakura estaba limpiando la barra. Habían dado las diez de la mañana y todavía no había tenido tiempo de hablar con sus amigas de nada; no habían conversado en todo el fin de semana, excepto por algún que otro WhatsApp. El día anterior Sasuke, Suigetsu, Itachi, Naruto, Hinata y Karin la habían ayudado con la coreografía de su videoclip y luego Sasuke se había llevado el video en crudo para editarlo y enviarlo. Tenía miedo porque no había visto el trabajo realizado, al día siguiente se cerrarían las inscripciones y ella estaba con los nervios a full.

Sólo había podido hablar un poco con Karin el día anterior. Ella le había confesado que Suigetsu le estaba empezando a caer mejor, de repente ya no se insultaban cuando estaban juntos, después de todo el asunto con su padre; pero ella no había tenido oportunidad de hablarle sobre los besos que Sasuke le daba, ni sobre las caricias que le ofrecía, o sobre lo compañero que era.

Ino cruzó la mirada con Sakura desde la otra punta de la cafetería. La rubia alzó el brazo para hacerle saber que quería hablar con ella, mientras le sonreía con picardía. Sakura asintió devolviéndole la sonrisa y le hizo una seña para que se acercara en cuanto el cliente al que Ino trataba se marchó. Ino estaba acercándose cuando alguien entró por la puerta de El Refugio y se acercó a Sakura con una sonrisa orgullosa.

—Hola, Saku… —La pelirrosada llevó su mirada desde su amiga al portador de aquella voz. Sasuke se veía hermoso ante sus ojos.

—Hola… —Le sonrió. Unos pasos empezaron a escucharse en la escalera caracol que llevaba hasta la casa de los Haruno. Una mujer rubia bajó del todo y se acercó a su hija.

—Cariño ¿No viste mi blusa negra? La necesito urgente para una reunión en la oficina —Miró a Sasuke con una sonrisa. Reconociéndolo— Hola ¿cómo estás? —le palmeó un hombro, contenta.

—Bien, y estaré mejor en cuanto le dé una noticia muy importante a su hija —Le sonrió él, mirando a la chica tras la barra. Ella le lanzó una mirada para pedirle que cierre la boca.

—¿Qué noticia?

—Nada, nada… Conseguí reserva en un restaurante de lujo, para nosotros dos —se señaló a él mismo y a Sakura repetidas veces. Mebuki sonrió encantada.

—¡Que bueno! En fin… Cariño ¿La viste?

—Sí, mamá… Fíjate tendida en el tendedero pequeño del cuarto de baño. Vas a tener que plancharla.

—Gracias, cielito —La mujer pellizcó la nariz de su hija antes de correr escaleras arriba.

—Señorita bailarina… —Sasuke se aclaró la garganta carraspeando— tengo su video listo… Y ya lo envié a la Academia.

Sakura se quedó en silencio unos segundos en los que sintió como su corazón bombeaba más rápido, el rostro le empezó a sudar y las piernas le temblaron.

Cuando quiso hablar, le costó encontrar su voz.

—¿Que qué?

—Sakura, tenías que animarte…

—¡No, no puede ser! No estaba lista, estoy segura de que me descartarán a la primera… No podré con esto Sasuke…

—Tranquila —Él tomó la mano de ella sobre la barra—. Estaré aquí para apoyarte. Si te aceptan, te ayudaré en el viaje… Si no lo hacen, te acompañaré en tu búsqueda por más academias.

Sakura negó como ida.

—No, no… No… No van a aceptarme y no podré buscar más academias ¿No entiendes? Esto no es lo mío, era sólo una afición y…

—Y debes convertirla en tu profesión, así estarás siempre descansada y nunca caerás en rutina —Hubo un silencio. Sasuke la miró rogándole— Vamos… Estás lista.

Shino había tocado el timbre en la enorme residencia Hyuga. Quería hablar con Hinata ya que era la única amiga en común que tenía con Kiba. Después de aquella horrible charla que había tenido con él, en la que el moreno se había retirado abruptamente de su propia casa dejándolo abandonado, necesitaba que alguien hiciera reaccionar a Kiba de una vez por todas.

Hinata era siempre el vínculo neutral de la relación. Quien apaciguaba las cosas, por más que nunca había sido tan unida con ellos como lo eran entre ellos. Shino sabía que ella podía aconsejar y poner de su suave personalidad para arreglar las cosas.

Una chica abrió la puerta con una sonrisa. Era hermosa, muy similar a Hinata, pero rubia. Por un micro segundo Shino pensó que ésta se había teñido, luego la vio con más detenimiento. El rostro era más redondeado, los ojos más pequeños y más oscuros, la ropa más ligera. Sus protuberantes pechos casi se le salían de la fina camisetita blanca y corta.

—¿Hola? ¿Está Hinata en casa? —La chica miró a Shino de arriba abajo, analizándolo. Se apartó para dejarlo pasar justo cuando Hanabi llegaba por el pasillo. Vestida mucho más recatada que la versión adulta y rubia de la misma.

—¡Pero si es mi futuro marido! —bromeó la jovencita acercándose por el corredor. Shion abrió los ojos muy grandes.

—Bueno, entonces los dejo solos —dijo ésta amarrándose el pelo largo en un improvisado rodete antes de salir por la puerta de entrada.

—¿Qué? ¿A dónde vas? —preguntó Hanabi.

—Voy a dar un simple paseo, hace tiempo que no vengo por la ciudad… —La joven chica saludó por sobre el hombro y se marchó por la acera caminando decidida.

—¿Está tu hermana? —preguntó Shino. La chica hizo un mohín divertido mientras cerraba la puerta tras el invitado.

—Nunca vienes por mí. Vas a lograr que me ponga celosa… —bromeó a medias Hanabi y luego gritó —¡HINATA! ¡Shino vino a verte!

Hinata posiblemente estuviera en el piso de arriba porque estaba tardando en aparecerse. Shino miró a la hermana de su amiga con ternura y aprecio y musitó en voz baja.

—Hanabi… Escúchame… Tú, eres una chica preciosa…

—¿Pero? —Hanabi sonrió amargamente.

—Pero hay mucha diferencia de edad entre nosotros. No creo que algo entre nosotros pueda prosperar. Eres hermosa, de verdad, y te he tomado cariño, pero entiéndeme. Por más que una relación entre nosotros no fuera ilegal… Aún te quedan muchas cosas por vivir. Tal vez en un futuro… Si te sigo gustando y yo aún estoy disponible… Podamos tener algo.

Hanabi se quedó en silencio hasta que Hinata llegó. Y cuando ésta lo hizo se marchó hacia el piso de arriba. Shino la vio subir sintiendo algo de culpa pero sabiendo que eso había sido lo mejor.

Hinata abrazó a Shino a modo de saludo.

—¡Shino! ¿Qué haces por aquí? ¿Quieres tomar algo?

—Bueno, me gustaría… Vine a hablarte de Kiba…

Ambos empezaron a caminar hacia la cocina, mientras Hinata prestaba atención a lo que su amigo le decía.

Naruto había llevado el papeleo pertinente a una de las múltiples oficinas que tenía la empresa cuando la vio ingresar con una sonrisa de oreja a oreja. No iba nada arreglada pero, al pasar por al lado de cualquier hombre, lo dejaba babeando. Llevaba un short excesivamente corto, una camiseta blanca de andar por casa y unas sandalias sin plataforma. Su cabello rubio iba amarrado en un rodete e iba acompañada de Hiashi, con quien reía.

Ambos lo vieron y lo saludaron, Hiashi, se apresuró a acercarse a su yerno y éste se puso muy incómodo. Necesitaba encontrar la forma de huir de esa mujer antes de que le causara problemas con Hinata.

—¡Ey! ¿Cómo estás? —saludó el suegro palmeando el hombro del muchacho que le sonrió inquieto.

—Bien, trabajando… —atinó a contestar el rubio guardando sus manos en los bolsillos.

—De seguro tienes mucho trabajo aquí, se nota que eres eficiente —dijo Shion con voz potente, no dejaba de mirarlo con fijeza a los ojos. Naruto pasó saliva y miró al suelo, pero antes de que pudiera contestar cualquier cosa, su suegro lo había hecho por él.

—Sí, Naruto es un gran ayudante aquí en la empresa. Trabaja muy duro y tiene buena relación con sus compañeros… Es una joya ¿Verdad, muchacho?

—Bueno... yo no lo diría así… Apenas si comencé hace poco tiempo, todavía no pueden juzgarme yo… —El muchacho se interrumpió buscando las palabras adecuadas y Shion aprovechó para hablar nuevamente.

—Tío ¿No te parece que está capacitado para un mejor puesto? A mí me daría algo de ver a mi yerno sirviendo café y llevando papeles de una punta a la otra…

—Shion… —Hiashi la miró sonriéndole con gracia— Eres un ángel y claro que tienes razón pero considero que Naruto debe conocer bien cuál es el trabajo que hacen los novatos antes de ascenderlo un poco…

—¡No te preocupes por mí, Hiashi! —El muchacho levantó las manos como si se defendiera. No estaba en sus planes semejante charla— No estoy interesado en ascender, ya es bastante que me hayas dado un trabajo… Es un trabajo mucho mejor a cualquiera que aspirara…

—Naruto, tienes las aptitudes necesarias para lograr cualquier cosa —informó el hombre con rostro pensativo. Hubo un silencio de sólo unos segundos en los que Hiashi parecía debatirse algo internamente. Shion le sonreía a Naruto y éste sólo se ponía cada vez más nervioso— Creo, Naruto, que si te capacitaras un poco más, realmente podrías llegar lejos… Tengo una idea… Estudia alguna carrera que creas que puede tener relación con esta radio… Ya sea la de medios, la de periodismo, la de música, la de locución… Y yo te ascenderé directamente, sin papeleo. Pero tienes que prometerme que tendrás un título… Es muy importante hoy en día…

Naruto se quedó de piedra.

—Hiashi, lo agradezco, pero en serio que no es necesario… Yo estoy bien y…

—Sí, pero estás bien ahora que eres joven. Debes pensar más en tu futuro. Si no lo haces por ti, hazlo por Hinata…

Otra vez hubo un silencio, él miraba a su suegro a los ojos pero sentía la vista de Shion sobre su cuerpo.

—Sí, claro… Todavía estoy a tiempo de anotarme en alguna universidad… Gracias, te lo agradezco.

Hiashi le sonrió conmovido por la decisión y se marchó caminando. Shion se quedó atrás, sólo unos segundos. Posó una mano sobre el pecho de Naruto de forma coqueta, y pestañeando como si su vida dependiera de ello, le susurró.

—Es una gran oportunidad, guapo… Seguro sabrás aprovecharla —Luego se marchó con el exmarido de su tía, para continuar con el recorrido por Konoha's Rock.

Naruto se sentía mareado y extraño. Nunca le había pasado algo así. Era verdad que gracias a Shion había conseguido la oportunidad laboral de su vida, pero no podía permitir esos acercamientos tan descarados. La chica estaba loca, era una coqueta, se le veía a lo lejos. Tenía que alejarse de ella lo más posible. No podía ir a casa de Hinata hasta que la familia Dorei volviera a su ciudad natal, mientras se quedaran en la residencia Hyuga, todo era peligroso.

El muchacho suspiró y se acercó a Jiraiya con las piernas como gelatina y las manos mojadas en sudor.

—Creo que a ese bombón le gustas, Naruto —Jiraiya le guiñó un ojo.

—Basta, viejo. Es la prima de mi novia ¿Sabes la cantidad de problemas que puede traerme? —Naruto suspiró y se frotó las sienes con los índices.

—Ya, ya… —El hombre le palmeó el hombro para consolarlo, aunque siguió viendo cómo la figura de Shion se contorneaba al caminar.

Ya era hora de cerrar El Refugio por el turno del mediodía cuando Sasuke decidió irse del lugar, saludando a Sakura con un tierno beso en la mejilla. La chica estaba en un vórtice de emociones, se sentía nerviosa por el video de la beca, asustada por la idea de fracasar, feliz por el apoyo incondicional de Sasuke y emocionada por contarles todo a sus amigas.

Ino había empezado a despachar clientes. Karin limpiaba el piso efusivamente. Tenten se estaba dedicando a cambiar el cartel de «abierto» por el de «cerrado». Todavía no había tenido tiempo de hablar con ellas sobre nada y sabía que ellas también querían contar sus cosas.

Mebuki bajó las escaleras vestida de forma elegante para la reunión que tenía en su trabajo. Su marido iba igualmente elegante pero con porte mucho más aburrido que el de la mujer. Mebuki, extrañamente a ojos de Sakura, se veía feliz. Como si hubiera descubierto un tesoro y venía con un álbum de fotos viejo bajo el brazo, entre sus carpetas del trabajo.

—Quiero enseñarte algo —le dijo al llegar a ella—. Es que no puedo creer lo pequeño que es el mundo… —Parecía inmensamente feliz. Sakura entornó los ojos pensando en qué podría decirle su madre— Ya me había parecido similar, antes, la primera vez que lo vi… Pero ahora estoy casi segura… ¡Creo que tu novio es un pariente lejano!

—Él no es mi novio mamá —Sakura se había puesto roja, pero rápidamente apartó ese sentimiento de pudor por el de interés— ¿Pariente lejano de quién?

La mujer abrió, sobre la barra, el álbum de fotos que llevaba, en una página en específico que ya había buscado con anterioridad. En la foto había una familia. Todos con el cabello muy oscuro y los ojos iguales de negros. El hombre tendría unos cuarenta y cinco años y el rostro muy serio, la mujer era notablemente más joven, tal vez unos treinta y el rostro de un ángel cansado. El hombre tenía en brazos un niño de unos tres años y la mujer un bebé recién nacido, regordete y sonrosado.

—Ella es mi prima: Mikoto Senju, de casada… Uchiha —Sakura sintió en su garganta un obstáculo. Como si se estuviera ahogando con un hueso de pollo. Tenía que ser una broma—, tú no la conociste… Murió de cáncer a los treinta y dos años, antes de que tú nacieras y justo después de dar a luz a su segundo hijo. Su marido se quitó la vida tras haberla perdido, fue una conmoción muy grande para todos… Quienes criaron a sus hijos fueron unos tíos de Fugaku, muy amables por cierto, siempre les dijeron a los niños que sus padres habían muerto en un accidente de autos. Me parece lo más sensato, la otra historia es más trágica —Sakura retenía un mínimo de información, no daba crédito a todo lo que su madre le estaba soltando—. No estaba segura, pero ahora creo que sí… Me parece que tu novio es el hijo menor de ella… ¡Me alegro tanto de que la familia se reúna de nuevo! Qué pequeño es el mundo. —La mujer le sonrió a su hija antes de marcharse, feliz. Sakura estaba acalorada y se sentía diminuta ¿Sasuke y ella eran parientes? ¡Eso era horrible! No podía comprender cómo su madre estaba tan contenta, era inmoral e inmundo, era horrible… Sasuke no podía ser su primo lejano, era intolerable.

Se quedó tan sumida en sus pensamientos, que no tuvo ocasión de hablar con sus amigas en todo el almuerzo y apenas si escuchaba lo que ellas decían.

Cerca de las tres de la tarde, un atontado Kiba llegó al refugio en busca de un café fuerte que curara su borrachera. Sakura, en la barra, estaba bastante distraída y las demás estaban ocupadas con otros clientes así que el moreno se dispuso a esperar un poco a que pudieran atenderlo. Se sentía iracundo, lo invadía la rabia. Le habría gustado apalizar a Shino allí mismo, en el momento en el que le confesó que se iría sin él. Kiba había dado por sentado que si uno no ingresaba a la universidad a través de esa increíble beca, ninguno de los dos iría. La decisión de Shino era casi una traición para él. Se sentía dolido.

Hana le había estado hablando toda la mañana. Lo había tratado de egoísta y de ingrato por no comprender la decisión de su amigo, pero ¿Por qué nadie podía comprenderlo a él?

Tamaki se acercó a Kiba con una sonrisa. No estaba vestida con el uniforme de la cafetería por lo que el moreno dedujo rápidamente que ese día no le tocaba trabajar, probablemente había ido en calidad de cliente. La chica se sentó a un lado de él, en un taburete, frente a la barra.

—Hola —saludó con una sonrisa tímida.

—Hola —Él devolvió el saludo y, al hacerlo, se dio cuenta de que debía apestar más de lo que creía, porque ella hizo una cara muy rara.

—Estuviste bebiendo un poco, ¿verdad? —Él sonrió culposo.

—Sólo un poco.

—¿Y viniste a beber más?

Sakura salió de su transe y los vio a ambos allí sentados. Le sonrió con su típica sonrisa de dependienta atendiendo al público, dejando sus problemas tras una máscara.

—Hola, chicos, lo siento… ¿Quieren algo en específico?

—Sólo un jugo —pidió la chica.

—Yo quiero café, uno fuerte.

—Sólo tenemos de máquina por el momento, Kiba. Estamos esperando a los proveedores.

—No hay problema —Él se encogió de hombros.

Sakura en un segundo tuvo todo preparado y se los sirvió en la barra. Luego, se alejó un poco para limpiar cosas que ya estaban limpias, teniendo la mirada perdida.

—Quiero distraerme un poco —le dijo Kiba a Tamaki que lo escuchó atenta—. Mi mejor amigo se irá del país por varios años… Es casi la única persona que me ha apoyado en toda mi vida —susurró antes de beber el primer sorbo a su café. No estaba inconsciente, como en borracheras anteriores, parecía que el alcohol no había podido borrar el dolor que sentía.

—Lo siento. Siempre es duro dejar ir… —Suspiró Tamaki. Kiba la miró comprendiendo por qué lo decía. Ella había abandonado a su familia.

—Tienes razón…

—Lo bueno es que, hoy en día, con la tecnología y otras cosas siempre podrán estar en contacto…

—Sí… —Él volvió a ahogar un suspiro—. Es que me siento defraudado. Creí que no aceptaría irse si yo no podía ir con él…

—Lo siento, debe ser muy feo. No sé bien cuál sea la situación, pero tampoco puedes obligarlo a que siga con su vida. Tú eres su amigo, debes apoyarlo. Seguramente te sentirás muy feliz al verlo lograr sus metas.

Kiba se quedó en silencio, pensativo.

—Supongo que tienes razón.

Sakura puso algo de música y le subió el volumen. Ino se acercó a ella, terminando con un cliente. Me gustan tus ojos, tu intensidad. Me gusta que vengas por un trago más. Me gusta tocarte, sin intención. Me gusta tu historia de resurrección.

—Saku… ¡A que no sabes! —Ino le sonrió con ánimo. Había querido conversar con su amiga todo el día, tenía varios chismes que contarle— Tenten empezó una relación formal con Neji Hyuga y… ¡No sólo eso! También conoció a su familia —Sakura la miró estupefacta. No podía creer que fueran tan rápido, aunque se sintió muy bien por Tenten, que durante meses había estado enamorada en secreto de ese extraño muchacho de enfrente.

—¿En serio? ¡Genial!

—¡Sí! Y por lo que me voy enterando, Karin está muy interesada en hacer las paces con su vecino el molesto.

Esta vez, la pelirrosada sonrió pícaramente.

—Y tú que decías que ella no se enamoraría de él.

—Bueno, lo admito, tal vez me equivoqué ¿¡Te imaginas si todas terminamos las vacaciones de novias?! ¿No sería estupendo?

Sakura puso los ojos en blanco. Me gusta la curva de tu nariz. Me gusta escucharte, ser tu aprendiz. Como no haberte visto mientras bailas. La música es aire cuando te vas. Tú para mí, yo para ti. Puedo sentir una energía tan intensa entre los dos.

—Ino, hay varias de nosotras que no estamos ni cerca de tener una pareja…

—¿Qué dices? Tú y Sasuke están cada día más juntos, Karin y Suigetsu a punto de empezar algo, Tenten ya está formalizada, Tamaki muy cerca de Kiba y yo… Bueno… Yo tengo mis propios planes.

Sakura levantó una ceja incrédula.

—¿Con quién? ¿Tú, en una relación formal? La última fue con Shikamaru cuando eras una niña ¿Qué planes tienes?

Hinata llegó a El Refugio buscando a Kiba. Había ido a su casa y su madre le había dicho que se había ido a pasear; la joven tenía la esperanza de encontrarlo allí, ya que Shino había insistido mucho en que Kiba necesitaría apoyo tras la noticia que se le había dado. Hinata estaba preocupada por él. Él había sido un buen amigo todo ese tiempo. Me gusta tu sed si tu barman soy. Se va la tristeza en tu vaso en flor. Traigo mi guitarra de atardeceres. Bebidas, canciones, viejos placeres. Tú para mí, yo para ti. Hinata entró y vio a su amigo reír a carcajadas acompañado de una castaña muy hermosa. La chica que había empezado a trabajar como ayudanta hacía poco tiempo.

La muchacha tenía una mano apoyada en el hombro de Kiba y reía mientras le contaba algo, él también se carcajeaba, divertido con lo que aquella chica hablaba.

Hinata comprendió que no necesitaba su ayuda. Con una sonrisa, dio media vuelta y se marchó.

Puedo sentir una energía tan intensa entre los dos. Si pudiera herir tu cuerpo de amor.

—¿Recuerdas a Sai? Él es un amor de persona, me acompañó a la boda de Deidara y me contó varias cosas. Nos estamos haciendo íntimos… Creo que una relación con él no sería mala idea. Siento que es la clase de chico que me cuidaría, no como el vago de Shikamaru —admitió Ino con las mejillas algo rosadas. Sakura estaba cada vez más impactada con lo que oía.

—Vaya, me alegro por ti.

Lo estoy meditando, no habría nada mejor.

—De todas formas, Ino… —continuó Sakura—. Yo no estoy ni cerca de conseguir algo con Sasuke. Cada vez que creo gustarle, que pienso que nada puede ir mejor… Algo se interpone.

Ino puso los ojos en blanco, sabía que su amiga era algo drástica cuando se trataba de chicos.

—¿Y ahora qué es?

—Mi mamá cree que Sasuke puede ser parte de la familia… Quiero decir, que Sasuke es hijo de la prima de mi madre…

Yo no quiero dejarte ir por ahí, sin que en algún instante pienses en mí. En un momento, entre risa y risa, tal vez valiente por el alcohol Kiba se acercó a Tamaki y la besó en los labios. Ella correspondió envolviendo su cuello con sus brazos. Es justa razón, yo no tengo un instante. Tú para mí. Yo para ti.

—¿Quieres irte por ahí? —preguntó él.

—Sí, claro —Ambos se subieron a la moto de él, que estaba estacionada en la entrada y se marcharon a toda velocidad por la calle. Mientras Ino y Sakura, en silencio, cada una pensando individualmente en lo mismo, los veían desaparecer.