Canción: Thinking out loud/ Ed Sheeran

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-*Capítulo 37: La familia*-

Kiba se quitó las botas militares tan rápido como pudo. Era una suerte que su madre se hubiera tomado vacaciones en la veterinaria y que se hubiera marchado a un fin de semana con amigas; Hana se había ido a su casa a seguir con los preparativos para la mudanza que le estaba llevando más tiempo del que cualquiera hubiera creído. Era plena tarde y entre mil pensamientos recordaba que se había ido del Refugio sin pagar, pero eso no era lo importante en ese momento; desde la escuela secundaria que no tenía sexo en mitad de la tarde pero ahora, Tamaki estaba enchufada a sus labios, dentro de su habitación, con las manos en sus mejillas apretándole la cara contra ella. Las manos de Kiba jugaban en la cintura de ella levantándole la ropa. Ambos sabían bien lo que estaba por suceder. Tal vez esa era una mejor distracción que el alcohol, además, ella parecía entenderlo.

—Me gustas, Kiba —susurró ella pegada a sus labios. Él sonrió orgulloso de sí mismo.

—¿En serio? —Sin despegarse el uno del otro, Kiba consiguió sentarse en la cama y ella, que ya no tenía puesta la camiseta y llevaba un brasier moteado se sentó a horcajadas sobe él.

—Sí, en serio —Otra vez se fundieron en un beso pasional, entre que Kiba buscaba, sin ver, el botón de su pantalón para quitárselo.

Naruto se pasó la mano por la frente y notó que estaba muy sudoroso. No era sólo el calor, ya casi estaban en otoño y empezaba a sentirse la diferencia climática, pero había estado nervioso desde que Shion se había aparecido por la empresa. Por suerte, Jiraiya lo había encontrado distraído y le había pedido que se retirase antes, y que aprovechara ese retiro para averiguar sobe las carreras universitarias que Hiashi le había propuesto estudiar.

Esa era una gran oportunidad académica y laboral, seguramente su madre se pondría feliz por eso y él tendría una excusa para distraerse sobre sus problemas sentimentales. En eso pensaba cuando se dispuso a abrir la puerta de su casa.

En la sala estaba Kushina cociendo unos calcetines viejos. Minato no se encontraba allí.

—Hola, má… ¿Y papá? —preguntó Naruto cerrando la puerta tras su espalda. Avanzó con paso decidido, aunque él se encontraba decaído anímicamente, y se sentó a un lado de su madre.

—Fue a una segunda entrevista sobre un puesto de trabajo, lo está haciendo muy bien.

—¿Una segunda entrevista en el mismo sitio? Eso es positivo.

—Así es —Kushina le sonrió encantada— ¿Y a ti cómo te fue? Te esperaba más tarde.

—Me han dado un respiro y… —Analizó la actitud de su madre porque no se quería perder detalle en los gestos que la mujer haría— me inscribiré en la universidad, así que después le pediré ayuda a Hina para que me asesore un poco…

—¿¡En serio?! —Kushina dejó lo que estaba haciendo y le dedicó a su hijo una azulada mirada llena de intriga— ¡Oh, amor me siento tan bien por ti! Me pones muy orgullosa —Se abalanzó sobre él para abrazarlo. Naruto le palmeó la espalda sonriendo.

—Ya, ya… No es para tanto, mamá.

—¡Claro que lo es! ¡Es tu futuro y tu vida! —Kushina se separó de él y Naruto comprobó que tenía los ojos humedecidos. No pensó que fuera tan importante para ella algo así— Si tu padre y yo nunca te obligamos a estudiar nada fue porque consideramos que ya eres adulto y sabes lo que haces; eso no quiere decir que nos sintiéramos a gusto viéndote trabajar con calores, casi sin días libres y en malas condiciones. Me alegro mucho de que hayas conseguido el trabajo en la radio que es, obviamente, un trabajo mucho más legal y agradable… Pero me pone mucho más contenta saber que, si el día de mañana, esa radio deja de funcionar, mi hijo tendrá un título universitario que lo ayudará a conseguir cualquier otra cosa —Ojalá las cosas siempre fueran como los padres lo desean. Naruto sabía bien que le costaría mucho estudiar y que, si la carrera duraba en sí cuatro o cinco años, él la acabaría en el doble de tiempo. Además, era sabido, con sólo observar la situación de su padre, que no siempre se podía conseguir un trabajo estable teniendo un título. Su padre había sido un político de fama nacional, todo Japón lo conocía y lo admiraba, y por la telebasura, la mala prensa y la desinformación que los canales televisivos y las redes sociales sembraron en las personas, su padre se hallaba sin poder conseguir nada. Obviamente alguien había obrado con malas intenciones en el caso de Minato Namikaze, pero era frustrante pensar que mucha gente perdía muchos años de su vida estudiando para algo de lo que no iba a poder trabajar—. Seguramente Hinata tiene algo que ver con tu decisión. Le agradeceré la próxima vez que la vea.

Naruto torció el gesto al recordar que la idea inicial fue de Shion. Hinata era demasiado precavida, buena y tímida como para proponerle estudiar algo sabiendo lo mucho que a él le costaba hacerlo.

—No fue Hina… Fue su padre, en realidad… —No era mentira del todo—. Me dijo que si tenía un título me daría un ascenso.

—¡Pues igual agradezco mucho a esa familia! —Hubo un mínimo silencio y luego Kushina habló de nuevo— ¿Cómo te fue en la cena de anoche?

—Bien. Estuvieron presentes los tíos de Hinata y también una prima…

—¡Eso es genial, cariño! —Kushina había vuelto la mirada al calcetín y seguía cociendo— Si te presenta tan rápido a su familia quiere decir que le importas mucho. Así que es algo muy bueno.

—Sí… —Naruto sonó dudoso y Kushina volvió a depositar la vista sobre él. Esta vez de forma preocupada.

—¿Pasa algo? ¿Está todo bien con ella?

—Sí, ella es excelente…

—¿Entonces?

—No es nada mamá.

—Narutooo…

—Su prima… Shion… Está… Jodiéndome la existencia —Naruto se llevó una mano al rostro y la desplazó hacia abajo como si quisiera quitarse el malestar que sentía. Clavó la vista entre sus pies para no mirar a su madre a los ojos. Sentía la mirada de ésta clavada en él.

—¿Qué te hizo?

—¡No sé! Ni siquiera… Creo que le gusto… Y se está comportando como una perra con Hina, porque no deja de hablarme de forma coqueta… Se me acerca de más, me lanza indirectas… Tengo miedo de que joda todo.

Naruto sintió la mano cálida de su madre sobre el hombro.

—Bueno, cielo… Nada malo ocurrirá entre Hinata y tú; se ve en cómo se miran lo mucho que se aman. Aunque esa prima que tú dices quiera separarlos no lo logrará, ábrete a tu novia. Lo más importante es que seas honesto con ella y ella podrá entender.

Matsuri se sentó a merendar con su madre. Ésta había estado muy callada todo el día, pero lo más extraño era que también se había mostrado incómoda.

Desde que Gaara se había marchado de su casa, tras haberlo presentado a la familia de una forma abrupta y sin planearlo con anticipación, sus padres habían estado cuchicheando entre ellos por los rincones; Matsuri había decidido no darles importancia debido a que no hablaban con ella directamente ni se habían mostrado en desacuerdo con la relación que estaba sosteniendo con el pelirrojo, pero algo le daba mala sangre.

Disimulando sus pensamientos, bebió un sorbo de té mirando de reojo a su madre que se hacía la distraída. Pasaron varios minutos de miradas distraídas y silencio incómodo hasta que la mujer se dignó a hablar.

—Matsu… ¿Hace cuánto tiempo que te estás conociendo con tu reciente pareja? —la voz de la mujer era sospechosamente acaramelada. Matsuri le dirigió una mirada de sospecha.

—Poco tiempo… Aproximadamente desde la discusión que tuve con papá antes de marcharme de casa… Gaara fue uno de los chicos que me ayudó.

—Parece un buen muchacho…

—No creí que fuera a caerles bien.

—Bueno… Y yo no pensé que empezarías a salir con alguien después de una ruptura reciente —comentó la mujer como si bromeara.

De entre su padre y su madre, Matsuri prefería a su madre. Su padre era demasiado estricto, serio, reservado, frío y cerrado de mente como para entender las vivencias del siglo XXI; su madre, a menudo la apoyaba en sus decisiones y tenía conversaciones con su marido para calmarlo con respecto a temas que afectaban directamente a su hija; pero había ocasiones, como esa, en la que no parecía tener filtro. Decía y actuaba de maneras que no eran delicadas. A Matsuri le sonó su comentario, casi como un reproche. Como si considerara inmoral que su hija de dieciocho años comenzara una relación después de tres meses de haber roto otra.

A Matsuri también le parecía que se había adelantado mucho con Gaara, no era normal en ella entregarle tan rápido su corazón a una persona, pero con él había sido sencillo y no encontraba que eso fuera negativo.

—Resulta que Kumetsu me engañó en dos ocasiones, mamá. Sabes que sufrí mucho y que estuvimos seis meses intentando arreglar las cosas hasta que él se dignó a decirme que yo no representaba nada importante para su vida y se marchó. Gaara llegó para reponerme, así que no importa cuánto tiempo haya pasado desde que lo conocí, considero que es una buena persona y me parece honesto seguir a mi corazón y a mi conciencia y conocerlo más a fondo. No digo que esto sea algo serio, ni que vayamos a casarnos y a ser felices para siempre como en los cuentos, pero quiero darle, y darme, una oportunidad.

—Hablas de forma muy madura —se sorprendió la mujer mirando a su hija con intriga—Y no sé por qué pensaste que ocultar tu relación con este chico era algo correcto. Te tendrías que haber dado cuenta de que es un gran partido ¿Por qué no nos dijiste algo antes? Tu padre por fin se puso un poco más tranquilo con respecto a tu futuro.

Matsuri miró a su madre de forma fulminante.

—No sé cómo crees que mi relación con Gaara puede interceder de alguna forma en mi futuro. Yo estudiaré la carrera universitaria que me guste y me guiaré por mis propios medios a mi futuro —dijo de forma convincente, intentando dejarle en claro ese punto a su madre.

—Claro que sí, pero no puedes negar que tener un novio millonario te solucionará varias cosas. Tu padre y yo opinamos que debes sacar provecho… ¡No me mires así! No me refiero a que le robes o a que te aproveches de él, pero no seas tonta, cielo, acepta sus regalos, sus invitaciones… Sus propuestas. Casarte con alguien así sería estupendo para toda tu vida Matsuri. Aún no entiendo cómo es que las noticias no dicen nada de la pareja del hijo de un hombre tan famoso como Rasa Sabaku No. Ya pensaba que te vería en la televisión… hasta le dije a tu abuela…

Para su desgracia, justo en ese momento, cuando iba a replicar por el pésimo comentario de su madre, en la televisión que tenían andando de fondo, comenzaron a pasar rápidamente unas imágenes en las que se veían de forma borrosa las figuras de los novios. La madre de Matsuri empezó a interesarse, le subió el volumen y empezó a alagar a los periodistas amarillistas que estaban desesperados por saber quién era la novia del más descarriado de los hijos de Sabaku No, creando una polémica innecesaria. Matsuri se levantó de su silla con una ira que pocas veces antes había sentido. Se sentía mal por las cosas que hablaban de Gaara en televisión, y también porque su propia familia era parte del grupo de idiotas que consumían eso.

—¡Detesto cuando papá y tú se ponen así! —Gritó encolerizada antes de dar un portazo en su habitación y proceder a enviarle un mensaje de WhatsApp a su pareja, buscando consuelo.

A Gaara le había llegado un WhatsApp desesperado de Matsuri, pero o había llegado a entender, del todo a qué se refería su novia, hasta que entró a la cocina dispuesto a buscar algún aperitivo y se encontró con su padre y su hermana mirando televisión. Estaban las noticias, y en las noticias estaba él. Esos malditos fotógrafos. A eso se refería Matsuri, las miradas de su padre y de Temari cayeron sobre él inmediatamente después de notar su presencia.

—Gaara ¿Qué significa esto? —preguntó su padre mirándolo con el ceño fruncido, aunque no por enojo, sino porque estaba asombrado e intrigado.

—¿Que los paparazis me siguen a todas partes?

—¿Quién es ella?

En ese momento entró Kankuro, probablemente con la misma intención de su hermano menor. Gaara se había quedado con la vista fija en la televisión. Kankuro se percató de la reunión familiar que había en la cocina y los miró a todos esperando que algo delatara qué los tenía allí. Finalmente, las imágenes en la televisión comenzaron a desaparecer entre que un periodista pasaba a otra noticia, pero Kankuro llegó a ver el final de la nota.

—¿Otra vez esos imbéciles están detrás de ti?

—Por ahora estoy más interesado en saber quién es ella, Kankuro, deja que tu hermano responda —interrumpió Rasa sin dejar de mirar al menor de sus hijos.

—Se llama Matsuri.

—Es una buena persona —Interrumpió Kankuro.

—Realmente encantadora —Acotó Temari, en defensa de Gaara.

Rasa siempre había sido imparcial con sus hijos; aunque a los tres los trataba de forma bastante fría y despectiva, con Gaara se la ensañaba más. Desde que, cuando era un adolescente, había tenido problemas con una mala junta y había sido descubierto fumando un cigarro, Rasa no se lo había perdonado.

—¿Ustedes ya la conocían y no me lo dijeron? —preguntó anonadado a sus dos hijos mayores. Kankuro se encogió de hombros y Temari miró al suelo.

—Ellos la conocieron de casualidad, como yo en realidad… No hay nada que decir.

—¡Claro que hay algo que decir! Me perseguirán periodistas para saber detalles, ya no puedo quitar las imágenes, por mucho dinero que ponga, están en la televisión, y a estas alturas seguramente que también en Internet ¿Qué tengo que decir Gaara? ¿Eh? ¿Que es tu amiga? ¿Que la estabas ayudando a encontrar una dirección? ¿Qué dirán sus padres, su familia, sus amigos? ¿Te estás aprovechando de ella, muchacho? Porque te advierto que no quiero tener más problemas por tu culpa…

—¿Qué? ¿Aprovecharme? ¿Te estás oyendo? ¡Soy tu hijo, por qué mierda siempre piensas lo peor de mí! ¿Sabes qué? Cuando te rodeen cientos de cámaras preguntándote por la vida sentimental de tu hijo menor, que a nadie más que a dos viejitas que no tienen nada mejor que hacer le interesa, entonces diles que esa chica es mi pareja y que no tienen nada más que averiguar… ¡Y como me continúen siguiendo andaré por todos lados con guardaespaldas como cuando tenía quince años!

Un silencio se hizo en la sala, duró pocos segundos, pero fue intenso. Sin decir nada, Rasa, salió de la cocina con paso firme como si no quisiera volver a dirigirle la palabra a Gaara. Kankuro y Temari lo miraron sin saber muy bien qué decir.

—¿Ya son novios en serio? —preguntó Kankuro para romper el hielo. Era algo que se veía venir, pero aún así le sorprendió que Gaara concretara algo serio con alguien. La vida romántica, de los Sabaku No, no era muy grata.

—Sí, Matsu y yo estamos saliendo… —Gaara se encogió de hombros como si no le importara.

—¡Oh, eso es estupendo! —Temari fue a abrazarlo—Tú con Matsuri… y yo… —Hizo una especie de suspenso— ¡Con Shikamaru! —Su emoción fue enorme, como si se estuviera conteniendo desde hacía tiempo, como si aquello hubiera sido un secreto guardado. Kankuro y Gaara se miraron entre sí sin comprender el ánimo de Temari.

—Sí… Ya lo sabemos… —Dijo extrañamente Kankuro.

—Oh, sí, claro… Digo, ya sé que lo saben… —comentó ella yéndose de la cocina con una sonrisa de oreja a oreja.

Sasuke y Suigetsu llegaron a El Refugio. Sasuke iba mucho más segundo de lo usual y a su amigo no se le había pasado por alto el extraño comportamiento que estaba teniendo con Sakura. Aunque éste se empeñaba en decir que no estaban saliendo juntos, era obvio que la pelirrosada causaba algo más que una buena impresión en Uchiha Sasuke.

Al llegar al local, Sasuke pasó directamente a la parte de adentro, buscando a Sakura que estaba ubicada en la caja registradora y llevaba la cuenta del cambio, sin embargo, Suigetsu se quedó atrás, viendo de refilón la silueta perfecta de una pelirroja que estaba dejando un café sobre una mesa exterior. Karin terminó de dar la entrega y volteó justo para ver a los ojos violáceos, a su vecino. Éste le sonrió y ella le devolvió la sonrisa, aunque de forma tímida. Estar llevándose bien con él era algo muy extraño.

—Hola —saludó acercándose. Llevaba en las manos una bandeja redondeada, en donde segundos antes había tenido la taza de café, y del bolsillo posterior del pantalón le sobresalía una libreta.

—Hola —contestó él, quedando uno al lado del otro— ¿Cómo te trata el trabajo?

Karin puso los ojos en blanco, hastiada y bajó la voz antes de contestar.

—Pésimo. Estoy bastante cansada y el calor me está matando… —Mientras lo decía, se secó la frente con la mano. El sudor se le notaba en el rostro. Era verdad que había comenzado a hacer mucho más calor después del mediodía, pero había sido un día templado en su mayor parte.

—Que raro tú quejándote… —Se rio el otro mirándola. Karin lo fulminó con la mirada.

—¡Ya te querría ver a ti trabajando aquí todo el día!

—Estoy seguro de que este trabajo es menos pesado que el mío…

—¡Sí, claro! Tú estás en una piscina, refrescándote y pasándola en grande mientras yo muero de calor atendiendo a cien personas a la vez...

Suigetsu frunció el ceño.

—¡Karin, yo no vacaciono en mi trabajo! ¿Sabes lo que es tener que estar ayudando viejecitos y niños enfermos, y obesos… a hacer rehabilitaciones? Lo que tú haces no es nada a comparación con lo que yo hago…

—¡Ay, por dios, Suigetsu! Ni que fueras médico, apenas si tienes que vigilarlos entre que hacen su rutina en el agua… —La chica se puso una mano en la cintura y habló como si él fuera tonto y no entendiera. Suigetsu juntó aún más sus cejas.

—¡Karin, maldita sea! ¿Por qué siempre tenemos que discutir?

—¿¡Por qué tú no sabes cerrar tu puta boca?! ¡Siempre vienes a molestarme, nunca es para algo bueno! —Sin intención de hacer daño, levantó la bandeja que llevaba en la mano y golpeó la cabeza de Suigetsu, intentando frenar la discusión y salir victoriosa.

—¡Mierda, Karin!… Eres jodidamente caótica, maldición… Violenta e impredecible… —Se sobó la cabeza allí donde había sido el golpe— Ni sé cómo te amo…

Su comentario fue tan natural que Karin se quedó de piedra. Algo se le revolucionó por dentro, similar a la primera vez que él se había confesado, pero a la vez algo era distinto. Esta vez, por más que ya conocía los sentimientos de su vecino, se aventuró a sentir algo de cariño y no sólo de temor. Dio un paso al frente y, mientras que éste seguía distraído sobando su cabeza, lo tomó de la camiseta y lo besó en los labios.

Suigetsu no tardó en responder, al principio sin comprender bien qué sucedía, pero después de forma más intensa. Correspondió al beso y rodeó la delgada cintura de Karin con sus bazos.

En cuanto se separaron, Suigetsu despegó los labios para decir algo pero el sonido de una señora pidiendo por una camarera lo interrumpió. Karin se vio obligada a ir a atender a la mujer y el joven de cabello blanco la miró unos segundos más antes de largarse por donde había venido, de vuelta hacia su casa, de todas formas, sabía que Sasuke no lo necesitaría.

—Hola, bonita… —Sakura sintió un escalofrío al reconocer aquella voz. Sasuke la estaba mirando con una sonrisa, apoyado con los codos sobre la barra mostrador que dividía el espacio de la caja registradora, de la sala común para clientes.

—Oh, eh… Ho-hola Sasuke… —Sakura huyó a la mirada intensa del joven de ojos negros.

—¿Por qué tan nerviosa? —Él amplió su sonrisa atribuyendo esa inquietud al video enviado para la academia de danza.

—No es nada… —Ella le dedicó una sonrisa fingida. No podía sacarse de la cabeza lo que le había dicho su madre sobre el posible parentesco entre ella y el chico que la volvía loca. Ahora que tenía a Sasuke enfrente había olvidado por completo como desenvolverse con naturalidad.

—Sé que estás inquieta y ansiosa por la coreografía que envié, pero a eso vengo: A traerte noticias y calmar esas desesperadas ansias que tienes. Para enviar tu solicitud a la academia, tuve que crearte un usuario en su página oficial —extendió un papelito sobre la barra que Sakura tomó tontamente sin entender—. Allí está tu nombre y contraseña para que puedas ingresar, afortunadamente no pidieron muchos datos más que lugar de nacimiento, edad, nombre completo y una dirección para contactarte, así que no fue difícil para mí hacerlo por ti… En fin —Sasuke tomó aliento antes de continuar—. En esa página podrás encontrar el estado de tu solicitud, aún aparece como «por confirmar» pero lo positivo es que, según la lista que detallaron hace poco tiempo, tu video será reproducido y juzgado hoy mismo, y esta noche o, a más tardar, mañana, tendrás la respuesta.

Sasuke amplió la sonrisa, pero Sakura no había comprendido ni una palabra. Más tarde, probablemente revisaría el usuario para comprender a qué se refería el muchacho; ella, ahora mismo, sólo pensaba en que eran primos… Se había acostado con su primo. Sasuke era su maldito primo segundo. Al notar que Sakura no contestaba y estaba con sus hermosos ojos verdes clavados en el papel que él le había dado, Sasuke pensó que necesitaba tiempo para estar sola y asimilar la información. Extendió una mano, sin poder evitar ser amable y afectuoso con ella. Ella le parecía un ángel. Era bella, talentosa, divertida y buena ¿Cómo podía haber vivido tanto tiempo sin conocerla? ¿Sin saber de ella? ¿Siendo tan libertino habiendo en el planeta una mujer como Sakura?

—Saku… Todo va a estar bien —animó tomándola de la mano. Notó que ella se tensaba bajo su agarre, no era ese el efecto que quería conseguir. Él creía que ella se sentiría mejor bajo su tacto, se apresuró a quitar la mano y le sonrió intentando robar una sonrisa de esos hermosos labios rosados—. Si entras a la academia, te llevaré a cenar a un lugar genial; así que estate atenta a ese usuario porque reservaré un lugar —Él le guiñó un ojo antes de salir del sitio caminando con rapidez.

Ino se acercó a su amiga rápidamente.

—¿Qué te dijo? —preguntó sin siquiera esperar a que Sasuke estuviera lo suficientemente lejos. Pero éste siguió marchándose, así que no hubo problemas con continuar la charla.

—¿Honestamente? No le entendí ni una palabra —Sakura miró a los ojos a Ino con actitud desesperada— ¡Dime qué hacer Ino! ¡Esto no puede seguir así! Me estoy… Me estoy enamorando de él, no hay retorno y… ¿Y si en serio es mi primo?

Ino iba a contestar que no sabía qué decirle cuando una mano pálida la distrajo tocándole el hombro. Sakura se quedó en silencio y se marchó, intentando distraerse con otras cosas; Ino volteó y vio la sonrisa de Sai dedicada sólo a ella. La rubia no pudo más que sonreírle también.

—Lo siento —se disculpó él— ¿Estabas hablando con tu amiga? No lo noté hasta que llamé tu atención.

—No, no te preocupes. Tendremos tiempo de hablar luego, y de todas formas no sabía qué decirle.

—¿Tiene algún problema?

—¿Quién no? —Sai sonrió ante la pregunta de Ino.

—Buen punto…

—¿Qué querías? —Ambos caminaron hacia una mesa vacía y él se sentó sin despegar su mirada de la de ella, ni por un segundo.

—Mi primera razón para venir fue que quería verte —Ino le sonrió más ampliamente, halagada—. Además quería comentarte que encontré un trabajo, aunque no es la gran cosa… Ahora estaré preparando hamburguesas para McDonald's hasta encontrar algo mejor —Ambos rieron por lo bajo— y, ya que tengo a una hermosa camarera preguntándome qué quiero, creo que pediré un licuado frutal… Sorpréndeme con los sabores.

—¡A la orden, capitán! —Bromeó ella antes de marcharse a preparar lo que pidió. Antes de que pasaran dos minutos ya había vuelto y le servía su bebida— Que la disfrutes.

—Gracias. Lo haré… ¿Quieres sentarte un rato conmigo?

Ino no pudo evitar volver a sonreír y asintió. No tenía tanto trabajo como otras veces así que aprovechó aquello para tomar asiento brevemente, aunque fuera solo por unos segundos quería disfrutar esa oportunidad. Sai cada vez le resultaba más intrigante.

—Así que… Tu amiga tiene problemas y no sabes cómo contestar —Tanteó Sai, no era que le interesasen los problemas de Sakura pero no sabía de qué más podía hablar con Ino.

—Sí, son problemas complicados ¿sabes? Del tipo romántico.

—Ah, entiendo…

—Pero considero que ella se hace mucha mala sangre por cosas que no lo merecen… A veces hay que pensar menos y disfrutar más ¿verdad? —Sai asintió convencido.

—Tienes toda la razón.

—Si esto sigue así todas las empleadas del refugio terminaremos en pareja antes de comience el año lectivo ¿No es genial? —Ino le sonrió ampliamente, pero Sai no correspondió a esa sonrisa, se la quedó mirando intrigado, con el ceño a medio fruncir. Ino entendió su gesto de forma errónea y empezó a detallar algunas cosas—. Mira Tenten y Neji (un vecino de aquí en frente) empezaron una relación hace poco tiempo… Creo que Karin está muy cerca de comenzar algo con su vecino de al lado y Sakura está en un lío raro con Sasuke, un joven apuesto que es cliente habitual, creo que las cosas entre ellos se resolverán porque es inevitable cuando dos personas se comen con la mirada como ellos lo hacen ¿verdad? ¡Ah! Y Tamaki, la chica nueva, hoy se fue de forma muy sospechosa con un amigo mío. Creo que algo pasó entre ellos.

—¿Y qué hay de ti, Ino? Dijiste que todas terminarán en pareja… ¿Acaso hay alguien que te guste?... O…

—Digamos que estoy abierta a sugerencias —Ino posó su cara sobre sus manos, a la vez que sus codos se apoyaban en la mesa. No cortó el contacto visual. Sai estaba interesado en saber sobre su vida romántica y no era para menos—… últimamente tengo muchas ganas de enamorarme…

Él le dedicó una sonrisa tierna.

Tras cerrar el local y recibir palabras de aliento por parte de Ino, Sakura subió a su casa y se dispuso a cocinar algo. Dejó el papel que le había dado Sasuke, y que había estado sosteniendo todo el rato, sobre la barra que dividía la cocina del pequeño comedor. Abrió la nevera y sacó unos huevos y un poco de queso. Se haría un simple omelette y se iría a dormir… Eso si podía conciliar el sueño.

No había acabado de cocinar cuando llegaron sus padres. Como de costumbre, ninguno la saludó, apenas si se miraron como para dar a entender un distante «hola» y luego, su padre, con aspecto cansado, se encaminó al cuarto de baño dispuesto a ponerse cómodo para dormir. Su madre se tomó unos segundos de silencio para quitarse los zapatos y desabotonarse la blusa en la entrada de la casa mientras que Sakura comenzaba a comer su omelette en el desayunador de la cocina. Ésta, no pudo evitar el silencio por mucho más.

—Mamá… Entonces…

La mujer la miró sin adivinar de qué quería hablar su hija.

—¿Sí?

—¿Sasuke es…? ¿Estás segura de que él es…?

—Estoy bastante segura —Mebuki se sentó a un lado de Sakura. Por una vez parecía preocupada por su hija—. No te dejes llevar por estupideces, Saku…

—¿Estupideces? ¿Que el chico que me gusta sea mi primo es una estupidez? —Sakura bajó la mirada y jugó con su tenedor. La mano de su madre se posó en su hombro.

—Ni siquiera es tu primo directo, Saku… ¿Tienes idea de las cantidades de familias que deben unirse por el matrimonio sin siquiera saberlo? No le estás haciendo daño a nadie, Saku… No es como que hubieras forjado un lazo parental con él, o que fuera tu primo hermano, o un pariente más cercano… Es el hijo de una difunta prima mía. Si quieres saber lo que opino es que no debes inhibirte con estas cosas, tú disfruta de tus sentimientos; yo estoy feliz de volver a saber de la familia Uchiha después de tanto tiempo y tragedias. Sabes bien que en mi familia hubo mucho dolor… Me encanta la idea de que la pequeña parte que queda se una.

Sakura suspiró sin saber qué contestar. Realmente estaba confundida con todo lo que ocurría… Justo cuando creía que las cosas con Sasuke iban avanzando, justo cuando comenzaba a sentir tanto cariño que le era inevitable no expresarlo, justo cuando él estaba ayudándola en proyectos tan importantes para ella que no podía evitar sentir amor. Justo cuando él se mostraba más interesado que nadie…

Sakura revolvió un poco más su omelette, pero decidió que no quería seguir comiendo.

—Gracias mamá, creo que lo consultaré con la almohada —Sakura tomó su teléfono celular, sus auriculares y comenzó a escuchar Thinking out loud de Ed Sheeran, mientras caminaba a su habitación. Con la suave melodía y la cómoda posición en la que se acostó, dejando por fin de lado tanta adrenalina, tanto estrés, tantos pensamientos negativos… Se quedó dormida.

Se durmió justo antes de recibir un mensaje de Sasuke Uchiha que decía «Paso a buscarte enseguida, así que prepárate Sakura ¡Quedaste!»