¡Hola a todos! ¿Qué tal? Aquí subo el segundo capítulo, espero que os guste. Sé que al principio no tiene mucha acción pero para hacerlo creíble creo que antes debe haber una introducción para conocer un poco los personajes. Os agradezco muchísimo a todos los que lo habéis leído, sobretodo a las cuatro personas que me han dejado reviews :D gracias de todo corazón!Haber si con este capítulo se anima más gente a dejar review jeje Ahora os constesto:
Cintiafr: niñaaa!muchísimas gracias por haber sido la primera en leerlo, por apoyarme desde el primer momento y mostrarte tan ilusionada como yo!gracias también por descubrirme fanfiction, algo que por fin me ha sacado inspiración. ¡Llevaba años sin tenerla! Jeje me has dicho que te gustan todos los personajes, ya me dirás que piensas de los nuevos ;)
Camila: Gracias por tu review!no me había dado cuenta del fallo hasta que me lo dijiste!son los problemas de escribir rápido y también lo repasé apresuradamente jeje he tardado poco en actualizar no?:P espero que sigas leyendo ;)
Denu Black: Hola!bueno aquí dejo ver algunas de las novedades aunque me he guardado un as en la manga para más adelante, no se puede enseñar el pastel de golpe no?jeje decidí poner a Lily ya como "amiga" de los merodeadores porque es lo que mejor me viene para la historia que tengo pensada. De todas formas se puede ver que. Aunque se llevan bien, no tienen mucha confianza todavía entre ellos. Sobre sí habrá problemas o no, no te lo puedo contestar porque se fastidia el argumento jeje espero resolverte alguna duda con este capítulo ;)
Samantha Black: Hola!tu ya me dejaste review en mi primer fic!:D gracias por pasarte!me alegro que te haya gustado!aquí están algunas novedades, espero que te guste y me dejes otro review!un besazo enorme!;)
Y por último, algo de lo que no me había acordado en el primer capítulo y pido perdón...la advertencia de derechos!
Si yo fuera J.K. Rowling y los personajes me pertenecieran ni Lly ni James habrían muerto, ni Sirius habría ido a Azkaban y ya habría encontrado una solución milagrosa para la licantropía de Remus...
Así que sin más os dejo con la historia!
"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"
Capítulo 2: La misteriosa muchacha y su hermano.
Acabado el discurso del director los alumnos aplaudieron y se dispusieron a engullir la comida en cuanto esta apareciera en los platos. Sin embargo, Dumbledore, que había ido por detrás de la mesa de los profesores, volvió al estrado y comenzó a hablar de nuevo:
- Por último, antes de cenar, quisiera informaros sobre una novedad en este curso. Hogwarts ha comenzado este verano unas negociaciones con diferentes escuelas europeas, para realizar intercambios durante el curso. Esta idea la hemos tomado de la educación muggle, y creemos beneficioso crearla también en nuestro mundo. Bien es sabido que dentro del mundo mágico hay diferentes culturas y quienes tengáis propósito de trabajar en el extranjero, será una experiencia muy a tener en cuenta.
Los murmullos comenzaron a sucederse en el Gran Comedor ante esta noticia. Era una novedad, un programa de intercambio que les posibilitaría estudiar en otro país durante el curso. Incluso los que despreciaban todo lo muggle estaban interesados.
- Mañana encontraréis en vuestras salas comunes, el listado de los colegios que están apuntados a esta iniciativa -prosiguió Dumbledore-. La "Beca Merlín", como la hemos bautizado, sólo se concederá a tres estudiantes de Hogwarts, uno por curso a partir de quinto año. Quienes estéis interesados en optar a ella podéis poneros en contacto con los jefes de vuestras casas, aunque advierto que se tendrá muy en cuenta las notas, por lo que si de verdad queréis optar, os recomiendo que estudiéis mucho.
- Tenéis de límite hasta el 31 de octubre para presentar la solicitud. Los elegidos marcharán a la escuela que prefieran a partir del 8 de enero hasta final de curso. En febrero se abrirán los plazos para el año siguiente, y los alumnos que ahora están en cuarto tendrán la información necesaria.
Los alumnos estaban perdiendo interés por las palabras de Dumbledore y comenzaron a preguntarles a sus compañeros de procedencia muggle sobre ese tipo de becas y cómo sería estudiar en otra escuela y otro país parte del curso.
Sin embargo, poco a poco volvieron a callarse al comprobar que el director no había acabado de hablar. Dumbledore muy amablemente esperó a que cesaran los murmullos y su voz amplificada volvió a sonar por todo el comedor.
- Aunque la mayoría de los alumnos intercambiados de otras escuelas vendrán en enero, dos compañeros procedentes de la escuela alemana Geisterhaus compartirán clases y dormitorio con vosotros a partir de esta noche. Y, como todos estamos hambrientos y nuestros invitados estarán, además, cansados, les presentaré sin más premura. Ellos son Jeffrey y Sadie Williams.
Al instante dos figuras salieron por la puerta que había detrás de la mesa de los profesores. El chico era alto, muy delgado, muy moreno y con el pelo tan desordenado que podría competir con el de James, pero más corto. Era muy pálido y miraba todo disimuladamente con sus ojos negros, pero manteniendo la cabeza gacha. Y la chica era...
- ¡Ey, mirad dónde está la rara del tren! –exclamó Gisele sin poder contenerse.
Remus y Lily le chistaron por hablar en voz demasiado alta, y el resto no dijo nada hasta que Grace preguntó:
- ¿Rara del tren? No entiendo. ¿Pasó algo cuando yo no estaba?
Lily se dispuso a relatarle el episodio del tren cuando Dumbledore volvió a hablar, tapando las palabras de la pelirroja.
- Como el tema es repentino y aún no hemos decidido cómo organizaremos a nuestros invitados en las casas, hemos pensando que los hermanos Williams ocupen las vacantes de Rachel Perkins y Richard Johnson en Gryffindor, en el último curso.
La mención a sus compañeros dejó helados a los componentes de la mesa de los leones, que miraron nerviosamente a sus compañeros de último curso. Estos miraban a Dumbledore con una máscara de frialdad ante la mención de ocupar las vacantes de sus compañeros.
- Creo que eso es todo. ¡A comer! -aseguró el director acabando con ese incómodo momento.
Tras esto dirigió a los dos nuevos estudiantes a la mesa de Gryffindor, donde ya había aparecido la comida. Todo el comedor estaba pendiente de ellos. Algunos, más discretos, los miraba a través de sus copas. Y otros se levantaban para poder observar mejor.
Mientras, los dispares hermanos se habían puesto a cenar. El chico no apartaba la vista del plato, al contrario que su hermana que lo miraba todo con apreciación y a todos por encima del hombro como retándoles a meterse con ellos por ser nuevos. Si no fuera por el parecido físico, nadie hubiera imaginado siquiera que eran familia. Sin duda eran una extraña pareja.
Pero, como suele pasar en Hogwarts, la atención no tardó en trasladarse a lo que acontecía en cada mesa. Los Slytherins comentaban en voz baja, unos admirados y otros recelosos, los últimos asesinatos cometidos por Lord Voldemort y sus mortífagos. Durante los últimos dos años los atentados habían aumentado y no había semana que no se sucediera un ataque. Y, aunque la mayoría de esa casa compartía su objetivo, no todos estaban de acuerdo con sus métodos. Algo que no podían compartir en voz alta con sus compañeros.
En la mesa de Ravenclaw, la celebración ya había comenzado. Presuntuosos como eran, estaban seguros de que ese año conseguirían la copa de quidditch gracias a su nuevo capitán, Derek Rumsfelt, quien ya había sido su jugador estrella durante la pasada temporada.
Los buenos de Hufflepuff, lejos de querer llevarse un mal rato con temas de guerra, o de alardear antes de tiempo, comentaban los resultados de la última liga de quidditch profesional, donde el Puddlemere United ganó por tercera vez consecutiva a los Chudley Cannons.
Y en la mesa de Gryffindor, como no podía ser de otra forma, la atención estaba puesta en los merodeadores. Concretamente en Sirius Black que relataba a todo aquel que quisiera oír las peripecias que había cometido junto a su "hermano" James ese verano.
- Luego estuvo ese día en la playa ¿te acuerdas James? –a lo que su amigo asintió entre risas-. Había dos gemelas rubias que...
- Me gustaría saber cómo acaba esa historia –le interrumpió su novia entre enojada y despreocupada.
Kate sabía perfectamente que todas esas insinuaciones eran faroles, pero no dejaba de disgustarle que tuviera esa necesidad de subir su ego frente a los demás, a costa de su dignidad. Sin embargo, al final siempre le acababa perdonando pues era consciente que no sabía que ese hecho le hacía daño. Sirius era como un niño pequeño en muchos aspectos.
- Pues verás nena, le dije a James: ¡a por ellas tigre que yo no puedo, estoy comprometido! –puso cara de niño bueno al tiempo que los demás le reían la ocurrencia. Incluso a Kate se le escapó una pequeña sonrisa y se dejó besar por él.
Al terminar el banquete, la comida desapareció al instante y los platos se limpiaron al momento. El director Dumbledore volvió a ponerse frente al estrado, y con su voz amplificada dijo:
- Como imagino que estaréis agotados, y ya os he dado todas las noticias antes de cenar, podéis retiraros a descansar a vuestros dormitorios. Los premios anuales acérquense un momento antes de marcharse, por favor. ¡Pero antes, cantemos el himno de Hogwarts! Cada uno elija la melodía que más le guste.
Y con un movimiento de varita la letra del himno apareció en el aire y comenzaron a oírse diferentes tipos de melodías. Gisele este año se decidió por la ópera y cantaba con tanto entusiasmo que, ni siquiera Nick-casi decapitado, el fantasma de Gryffindor, pudo mantener su porte y acabó cambiándose de lugar a falta de unas orejas que tapar.
Un poco más alejados, Sirius y James le dieron un tono rockero al himno. El problema fue que se metieron tanto en el papel que acabaron subidos a la mesa moviéndose el pelo a cabezazos ante la divertida mirada de sus compañeros.
Al acabar, Dumbledore les miró sonriente como siempre y McGonagall se tapaba el rostro con una mano, como símbolo de vergüenza ajena. Una vergüenza que los jóvenes Black y Potter no sentían, como todos ya sabían. Era una palabra que no existía en su vocabulario.
Hicieron una reverencia ante los aplausos de muchos de sus compañeros bajaron de la mesa y al instante Sirius fue agarrado del brazo por su novia, que le arrastró a la salida donde ya se agolpaban la mayoría de los estudiantes. Lily, que suspiraba con resignación ante el espectáculo, se unió a James para dirigirse hacia el director, como este les había pedido.
Al ver la expresión de Lily, James rió en voz baja y se aseguró de que no estaba enfadada. Con el tiempo, la pobre chica ya había desistido a que madurara más de lo que ya lo había hecho.
- Buenas noches, muchachos –los saludó Dumbledore con su permanente sonrisa cuando llegaron hasta él. Los dos nuevos estudiantes estaban esperando tras él-. Quería pediros un favor. Ya que, casualmente, los dos chicos nuevos son de vuestro curso y permanecerán en vuestras casas, me preguntaba si seríais tan amables de encargaros de enseñarles el castillo y de que se integren entre sus compañeros. Con integrarse quiero decir que os preocupéis de que los demás alumnos no se meterán con ellos, por supuesto –mirada significativa hacia James que sonrió con inocencia fingida.
Dumbledore miró a los dos muchachos que se habían mantenido en un segundo plano. Tras despedirse de él, James y Lily se giraron hacia los dos hermanos para indicarles el camino hacia los dormitorios cuando la voz de Dumbledore volvió a llamar su atención.
- Por cierto, pasaos por mi despacho mañana después del almuerzo, por favor. Hay algo muy importante de lo que me gustaría informaros. Que descanséis.
Dicho esto, fue el director quien se giró y desapareció. Lily fue la primera en reaccionar y dirigiéndose a los nuevos les comenzó a hablar:
- Hola, me llamo Lily Evans y soy prefecta y premio anual del colegio. Además, compartiré habitación contigo –añadió dirigiéndose a la chica que les estaba analizando a ella y a James con demasiada atención.
El chico, que en cualquier otra situación disfrutaba siendo el centro de atención, se sentía incómodo ante un estudio tan exhaustivo. Había algo raro y perturbador en esa chica. Lily continuó hablando como si no se diera cuenta de la situación.
- Hoy es algo tarde para enseñaros el castillo, por lo que esta noche os mostraremos sólo la torre de Gryffindor. Mañana visitaremos el resto y responderemos a cualquier duda que tengáis.
Sonrió amablemente. El chico, que con dificultad levantaba la vista, asintió con la cabeza pero no dijo nada. Tampoco habló su hermana que, aparentemente ajena al discurso de la pelirroja, siguió mirando a James con el ceño levemente fruncido, mientras este le esquivaba la mirada. Al ver que no reaccionaban Lily preguntó:
- No recuerdo vuestros nombres, ¿podéis repetírmelos?
- Yo soy Jeff... Williams, Jeff Williams –respondió el chico cabizbajo. Le dio un codazo a su hermana, que dio un respingo. Apartó la mirada de James para enfocarla en Lily, y la pelirroja sintió que había interrumpido un pensamiento muy importante.
- Sadie Williams –dijo después de unos segundos mirándole fijamente a los ojos.
- Bien pues...
- ¿Y tú eres? –preguntó Sadie a James ignorando el comentario de Lily-.
- James Potter. También soy premio anual –James por fin miró a Sadie a los ojos, luchando contra el escalofrío que le provocaba esa chica.
Sadie frunció el ceño, pero al menos le estrechó la mano a los dos Premios Anuales. Su hermano no hizo ademán de tocarles, y apenas levantó la vista del suelo para seguirles cuando Lily lideró la marcha fuera del Gran Comedor. Por el camino, ambos parecieron salir de su mutismo al ver las escaleras moviéndose a placer.
Jeff se acercó a James y comenzó a hacerle preguntas en voz baja, que este respondió agradecido de una excusa para escaparse del análisis de Sadie, y apreciando que el chico parecía perder algo de timidez mientras hablaba con él. Lily llegó a la conclusión de que le daba bastante vergüenza entablar conversaciones con chicas y, en parte, no dejaba de recordarle a Lupin durante el primer curso de Hogwarts.
Pese a ser consciente de que estaba siendo ignorada por el resto, su complejo de prefecta le empujaba a explicar todos los sucesos extraños que iban ocurriendo en su camino. La chica, Sadie, que les continuaba escrutando curiosamente, al menos parecía escucharla y de vez en cuando decía alguna frase en medio de su discurso.
Cuando llegaron a la entrada de la sala común, Lily también les explicó el proceso y les recordó que cada semana se cambiaban las contraseñas. Jeff escuchó atentamente aunque Sadie parecía haber encontrado en el cuadro algo más interesante.
Cuando cruzaban por el retraso, la chica se acercó a Lily y susurró en voz baja.
- Sé de una que necesita hacer régimen o se saldrá del cuadro.
James, que le había oído, rió la ocurrencia y Lily se volvió para asegurar de que la señora gorda no la hubiese oído y, enfadada, les dejara a dormir en el pasillo. No sería la primera vez que lo hacía cuando alguien se metía con su peso o sus dotes musicales.
- Jamás te metas con la señora Gorda -le advirtió a Sadie cuando estuvieron dentro de la sala común-. Es muy rencorosa e increíblemente pesada. Te guardaría rencor por todo el curso si te oye.
Cada uno tiró de un hermano, dándose las buenas noches y separándose, dirección a las habitaciones de chicos y chicas. Jeff envió una última mirada de temor a su hermana quien, como respuesta, le envió una que podría haberse interpretado de burla.
Así fue como cada uno tomó un camino. James empujó a Jeff al cuarto donde ya esperaban sus tres amigos. Al entrar estaban todos sus amigos esperándoles. Remus, como de costumbre, leyendo un libro; Peter rebuscando en su baúl; y Sirius tumbado en la cama con los pies en la pared lanzando hechizos al techo de su cama que cambiaba de color con cada toque de varita.
Al entrar James con el chico nuevo, Sirius dejó su varita y se sentó en la cama, Peter cerró el baúl y se sentó sobre él, y Remus continuó con su libro aunque se le podía ver observando la escena por encima.
- Jeff, te presento a mis amigos: Sirius –el aludido hizo un gesto con la cabeza al tiempo que James le señalaba-, Peter –señaló al bajito del grupo que saludó a Jeff con la mano efusivamente-. Y Remus –quien bajó un poco un libro y le miró como saludo, para luego volver a "enfrascarse" en la lectura-. Chicos este es Jeff.
Éste trató de sonreír, pero le salió una mueca nerviosa. Parecía temerles, algo que James encontraba muy divertido.
- Bueno Jeff está es tu cama, la que está al lado de la de Remus –continuó, mostrándole la más próxima a la puerta del baño-. Veo que ya tienes aquí tus cosas. En este cuarto cada uno hace más o menos lo que quiere, pero lo que sí que nos hemos puesto de acuerdo es en los turnos del baño por la mañana porque algunos se eternizaban.
Sirius se echó a reír, y Jeff supuso que él ocupaba el último lugar por buenos motivos.
- Richard siempre se duchaba en tercer lugar, después de mí, así que supongo que lo podremos continuar contigo en ese orden -dijo el Premio Anual, tirándose a su cama y dejando al chico de pie en mitad de la habitación.
- ¿Quién es Richard? –preguntó Jeff desconcertado, y buscó con la mirada a un quinto chico.
- Era el antiguo ocupante de esta habitación. Dumbledore le nombró en el banquete, dijo que tú sustituirías su vacante –le dijo Sirius como si se lo explicara a un niño de cuatro años.
Jeff volvió a bajar su mirada, sonrojándose. James rodó los ojos, apuntándose pedirle a Sirius que aflojara un poco con el nuevo.
- Son muchos nombres en una sola noche, también es normal que el chaval se pierda –dijo Remus defendiéndole y dejando por fin de fingir que leía el libro.
- Bueno, me alegra saber que, al menos, no soy el primero que cambia de colegio en el último año –se animó a hablar Jeff cuando Lupin le defendió.
- Sí, eh... bueno... ¿Por dónde iba? –continuó James intentando superar el momento incómodo que se había creado con el tema de Richard.
- Espera, Cornamenta –le interrumpió Sirius con una sonrisa maliciosa-. Aún no le hemos hecho a nuestro amigo Jeff la prueba.
- ¡Es verdad! –se emocionó Peter-.
- Canuto... –comenzó James, quien fue interrumpido por un temeroso Jeff.
- ¿Qué es la prueba?
- Si vas a compartir habitación con los merodeadores tenemos que hacerte una prueba para ver si eres de fiar –contestó Sirius quien no había quitado la sonrisa de su rostro.
Jeff dio un paso hacia atrás. Definitivamente no le hacía gracia ese grupo. Ese chico moreno tenía una sonrisa sádica muy parecida a la de su hermana cuando no planeaba nada bueno. El bajito parecía emocionado con todo lo que éste decía y los pelotas tampoco le daban buena espina.
¿Y por qué el chico que le había acompañado se había echado a un lado? Le había parecido simpático, pero ahora parecía que estaba cambiando de opinión e iba a ayudar a los otros dos. Luego estaba el cuarto, tan callado como él.
- ¿No somos un poco mayores para esto? -preguntó Remus para alivio de Jeff.
Los demás sonrieron.
- No -dijeron a coro los tres.
Jeff tragó en seco. Fueron unos momentos de expectación y temor por parte de Jeff que no auguraba un curso tranquilo para él. Sin embargo, la voz de Sirius Black rompió ese silencio.
- Disculpa, pero es algo que tenemos que comentar entre todos antes de decidir cuál será tu prueba –intercambió una mirada con su mejor amigo que disipó todas las dudas de James. Su semblante cambió de indeciso a divertido.
James, Sirius y Peter juntaron sus cabezas para hablar en voz de baja. Remus lanzó una última mirada a Jeff y también se unió al grupo, preocupando más al muchacho. A los pocos minutos, los cuatro se separaron sonriendo y James habló.
- Tu prueba será la siguiente... –hizo una pausa para mirar divertido a sus amigos- Tienes que saltar desde la torre de Gryffindor.
Jeff se quedó perplejo.
- ¡No! –exclamó asustado. ¿Queréis que me mate?
- Qué trágico –murmuró Peter-.
- Vamos, a estas alturas de tu vida tienes que saber hacer un hechizo para ralentizar tu caída –aseguró Sirius divertido.
El chico le miró inseguro y se asustó cuando Peter abrió la ventana y le indicó que saltara. Se giró, dispuesto a salir corriendo y vio que Remus le cortaba el paso.
- Vamos, Jeff. A esta no le llaman la casa de los valientes por nada –le dijo, guiñándole un ojo.
El joven sintió que le sudaban las manos, pero no parecía tener escapatoria. Incluso el compañero que había parecido más maduro estaba ahora presionándole para que saltara desde una ventana. ¡Era de locos!
Temblando, agarró con fuerza su varita esperando que su magia no le fallara en esa ocasión y subió al borde de la ventana. Miró al vacío de la noche, con los terrenos, el campo de quidditch y el Bosque Prohibido bajo él y se sentía más cobarde que nunca.
Estaba temblando, sentía que moriría en cualquier momento, y que podría mearse encima. Sin embargo, las risas a sus espaldas le impulsaron a callarlas a cualquier precio. No volvería a pasar por lo mismo. Conteniéndose las lágrimas, inspiró hondo, cerró los ojos y saltó.
Apenas había caído un metro cuando algo le recogió y, con asombrosa suavidad, tiró de él de vuelta a la ventana. Cuando abrió los ojos, vio a James riéndose a carcajadas, montado en una escoba y devolviéndole a la habitación donde sus otros tres amigos le esperaban riéndose y apuntándole con la varita.
Cuando Jeff se vio de nuevo a salvo y James hubo entrado por la ventana y dejado la escoba sobre su cama, les encaró de golpe.
- ¿De qué narices vais? –gritó nervioso, blandiendo la varita, que no se había dado cuenta de que había mantenido fuertemente agarrada.
- Ey, colega, no te sulfures. Era la prueba del novato –le dijo Sirius despreocupadamente.
- Ya eres de los nuestros –exclamó James risueño, dándole una palmada en el hombro y limpiándose unas lágrimas de risa bajo las gafas.
- Perdona, Jeff –intervino Remus con una sonrisa culpable, aunque divertida-. He intentado mitigar la crueldad de estos zoquetes, pero no me dejan muchas opciones.
- ¡Pero si ha sido idea tuya! –exclamó Peter, ganándose una mala mirada de su amigo.
James les dejó discutir y se giró hacia Jeff, sonriente.
- En el fondo, has demostrado tener un par al aceptar el reto. Eso ya te hace digno de dormir en nuestro cuarto.
Jeff los siguió mirando como si estuvieran locos pero finalmente sonrió. Al fin y al cabo, lo que acababa de ocurrir parecía asegurarle una convivencia tranquila con sus compañeros de cuarto. Confiaba en que fuera así con el resto. Ya no quería más problemas.
Al mismo tiempo, en el cuarto de las chicas Lily acababa de entrar con Sadie. Dentro se encontraban Kate y Gisele sentadas en la cama de la primera y hablando en voz baja. Se separaron cuando oyeron la puerta y miraron a la recién llegada con una sonrisa en el rostro.
- Sadie, estas son Gisele y Kate. Chicas, ella es Sadie. –y volviendo a mirar a la nueva continuó-. En el cuarto dormimos cinco, pero no te preocupes, siempre nos las arreglamos para que no haya problemas entre nosotras. Cualquier cosa que necesites pídenosla, compartimos casi todo y podemos ser grandes amigas –dijo de carrerilla Lily mostrando su mejor sonrisa de anfitriona perfecta.
- ¿Cuál es mi cama? –preguntó Sadie directamente-.
- Ésta, la de mi lado derecho –dijo Gisele señalando una cama situada en el centro de la habitación-.
- Ya están aquí tus cosas. Si quieres te podemos ayudar a colocarlo todo –se ofreció Kate.
- Vale –respondió lacónicamente Sadie pasándole un bulto que había sacado de su baúl que resultó ser el neceser del baño.
Le ayudaron a colocar bien la ropa, a poner los libros en la estantería y le hablaron de los horarios y las costumbres. La morena apenas se inmutó y respondía a todo con monosílabos. Cuando terminaron de explicarle lo esencial, pararon y fue entonces cuando Sadie se dirigió a Lily.
- Mmm… ¿Lily?
- ¿Si? –contestó la pelirroja solícita.
- Antes, en el comedor, dijiste que podía preguntarte cualquier duda. ¿Lo que sea?
- Sí claro. –contestó desconcertada.
- ¿Y a vosotras? –las otras dos chicas asintieron y la miraron sin comprender-. El caso es que me gustaría saber algo de vosotras.
Las chicas se miraron entre ellas, pero al no encontrar problema en la pregunta, le hicieron un gesto de cabeza imitándola a continuar.
- Lo primero, esa chica, Rachel Perkins, de la que habló el director en el banquete. ¿Por qué se fue? Por lo que he podido deducir, hasta ahora este colegio no ha hecho intercambios con otros centros.
Las caras de las tres chicas enmudecieron.
- Sus padres la sacaron del colegio a finales del curso pasado –contestó Lily brevemente.
- ¿Pero por qué?
- ¿Tienes dudas sobre algún tema más? –contestó Kate, más borde de lo que pretendía, pero no iban a extenderse en ese tema con una desconocida.
- Bien... tú –Sadie supo que había tocado un tema tabú y se dirigió a Gisele-. Cuéntame algo de ti.
Gisele, que estaba contenta de cambiar de tema, se apresuró a contestar.
- Bueno, nací en Santo Domingo pero mis padres vinieron a vivir a Londres cuando yo tenía dos años. Mi padre trabaja en el Ministerio de Magia y mi madre en Gringotts.
Sadie desvió la mirada de la chica latina para mirar a Kate, cuya sonrisa había desaparecido, pero no la amabilidad en sus ojos.
- ¿Y qué me puedes contar de ti? A grandes rasgos –matizó.
- Pues mi familia es de York, mi madre tiene una tienda sobre hierbas medicinales en el callejón Diagon y mi padre es cristalero. Él es muggle pero ya conocía el mundo de la magia porque una prima suya fue a Beauxbatons, y a través de ella conoció a mi madre...
- ¡Alto, ato! –dijo sin perder el semblante serio-. Sólo quería información general no "la mejor historia de amor jamás contada" –ironizó volteando los ojos.
Kate se la quedó mirando con la boca abierta pero a Sadie no le importó. La primera impresión que le dio de esa chica fue de una romántica empedernida. No tenía por qué tener nada en su contra, bastantes palos tendría cuando saliera de su mundo color de rosa. Lo poco que había podido observar de esa chica en la cena, supo que era la novia de quien debía ser el casanova del colegio. El chico insinuando estar con otras y ella riéndole la gracia, si es que eso era broma claro. Cada una se engañaba como quería.
Entonces, dirigió su mirada a Lily. La pelirroja se veía buena chica, responsable, madura... pero había percibido algo en ella, sin duda era una mujer de armas tomar. Se lo confirmó el ver cómo guiaba ella la situación y la facilidad de palabra que tenía.
- Yo soy de Manchester –se adelantó la pelirroja-. Soy hija de muggles. Mi padre es abogado, y mi madre ama de casa.
Sadie asintió pensativamente.
- ¿Y el resto del grupo? James tiene pinta de ser el empollón…
Las risas de las chicas la interrumpieron.
- Que no te engañen sus gafas, James es el gamberro oficial del curso –le avisó Gis-.
- Sí, y que no te engañe la coleta de Remus. Él es el verdadero cerebro de ese grupo –añadió Lily.
- Todos son listos –matizó Kate-. Pero es verdad que Remus es el único estudioso. Los demás aprueban por picardía, y supongo que tienen demasiada suerte de ser tan inteligentes.
- ¿Y qué me podéis contar de ellos?
Kate era la que probablemente mejor conocía a ese grupo por su relación con Sirius, así que se dispuso a complacerla.
- Pues James… Su familia está considerada entre lo que podríamos llamar "realeza mágica". Ya sabes, sangre pura. Su padre hace colaboraciones con el Ministerio regularmente, sobretodo económicas. Es un gran jugador de quidditch, el capitán del equipo de nuestra casa. Y este año es premio anual junto con Lily. Y, como ha dicho Gis, es el gamberro oficial.
- Así que un chico travieso –supuso Sadie al recordar un brillo conocido en la mirada del moreno, entre la inteligencia y el humor. Eso explicaba que le recordara tanto a él.
- Bueno, él y los otros tres locos forman un grupo que se llama "Los merodeadores". Hacen bastantes bromas y travesuras, sí. –le respondió Gisele alegremente. Ella nunca pudo evitar sentir un poco de envidia por la capacidad ocurrencia de ese grupo y casi siempre reía sus bromas, exceptuando las que ya eran demasiado crueles.
Sadie iba a seguir preguntando por el resto del grupo cuando la entrada a la habitación de una quinta persona le interrumpió. Una atractiva chica rubia entró como una exhalación.
-¡Lily! –exclamó dirigiéndose a su amiga y tirando de ella para animarle a sentarse a su lado en una cama, lejos de las demás-. Esto tienes que saberlo. Me he ido a despedir de Derek a la sala común de Ravenclaw y madre mía ¡qué grande es esa sala! Y tiene las estrellas pintadas en el techo ¡se ve tan romántico! Bueno a lo que iba, camino de vuelta me crucé con Bennet. Le saludé y cuando le di recuerdos de tu parte, ¡se puso colorado!. Eso sí Lily, ese chico es un despiste, pero ¡antes de que termine el curso juro que te acabo liando con él! ¡Como que me llamo Grace Sandler! –exclamó feliz como quien tiene un as bajo la manga.
- ¿Y tú eres...? –preguntó Sadie escrutando a la recién llegada como si de una especie desconocida se tratara-.
Grace se calló, mirándole con el ceño fruncido por haberla interrumpido. Lily se olió los problemas, conocía a su mejor amiga.
- ¿Quién eres tú? –preguntó molesta por la interrupción.
- Grace, Sadie es la chica nueva –dijo Kate tratando de poner paz.
La rubia miró a la recién llegada despectivamente al apreciar que la estaba analizando.
- Mis amigas ya te habrán ya habrán hablado de mi –dijo, recalcando el posesivo.
Normalmente era amable, pero hubo algo en el tono de esa chica morena que no le gustó. Lily lo sabía. Desde que Sadie había empezado a ser tan borde y exigente supo que iba a chocar con Grace. Ella tenía demasiado carácter y no toleraba esa actitud, estaba demasiado acostumbrada a ser ella la que dirigía. Realmente tampoco lo soportaba la propia Lily, pero la alumna nueva estaba a su cargo y debía tener paciencia.
Sadie la miró con las aletas de la nariz bien abiertas de indignación.
- Ya veo que además de niña pija, eres egocéntrica. Hemos tenido mejores temas que el de tu persona –Sadie pareció perder la paciencia.
No hizo nada por contener la animadversión instantánea que había sentido por esa chica. Le recordaba demasiado a algunas chicas de su antigua escuela. Ni siquiera conocía su nombre, y de hecho, no recordaba haberla visto en su paseo por el tren. Pero daba el pego de ser del tipo que abandonaba a sus amigas con tal de que un chico popular la mirara dos veces seguidas; cosa que parecía haber conseguido ya.
- ¿Niña pija? ¿Egocéntrica? –repitió Grace, ya enfadada de verdad. Lily apoyó la cabeza en las manos y Kate y Gisele aguantaron la respiración- ¿No crees que antes de catalogarme así deberías conocerme mejor?
- No lo necesito, ya he visto los temas que más te preocupan. Que tu novio te lleve a meterte mano a cualquier lugar, y en emparejar a ésta –señaló a Lily- con quien sea.
- Disculpa–respondió Grace en un tono complemente irónico mientras se ponía de pie-. Ya veo que los temas que a ti te interesan son mucho más serios. Cuando subía por las escaleras me pareció oír cómo preguntabas por Potter. Irónico que me acuses de pija y egocéntrica sólo porque tengo novio, cuando has dejado ver claramente que a ti te interesa otro.
Sadie hubiera querido responder con algo mordaz pero no podía decir el verdadero motivo por el que había tenido tanto interés en James Potter. Apretó los labios con fuerza y la fulminó con la mirada.
- Bueno, mejor vamos a dormir –intercedió Lily, pues conocía el carácter de su amiga, y por lo poco que había conocido a Sadie, comprendía que no era la que se echaba atrás en un duelo-. Estamos todas un poco nerviosas, es el inicio de curso y estamos cansadas por el viaje. Ya veréis como mañana todo va bien –añadió intentando sonreír, pues algo le decía que tenía ante sí una guerra muy larga.
- ¡Exacto, a dormir! -exclamó Gisele con fingido entusiasmo mientras empujaba levemente a Sadie hacia su cama, haciendo que esta rompiera el duelo de miradas que mantenía con Grace.
Lily le dirigió una mirada a su mejor amiga, advirtiéndole que no fuera ella la que buscara problemas y Grace bufó, encerrándose en el baño para ponerse el pijama.
Al cabo de unos minutos, todas las luces estaban apagadas y todas las chicas intentaban dormir en sus camas. Cada una tenía diferentes pensamientos en la cabeza, pero algo tenían las cinco en común: este curso sería movidito.
¿Qué os parece? ¿Merezco un review o una maldición? Espero vuestra opinión :D
"TRAVESURA REALIZADA"
Eva.
