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Canción de hoy: Como yo nadie te ha amado/ Bon Jovi

-*Capítulo 38: Aprobada*-

La noche se estaba volviendo fría, lo que anunciaba la pronta llegada del otoño y con éste, la rutina del curso escolar, el fin de las vacaciones laborales, y las ajetreadas multitudes en la ciudad. Hiashi Hyuga estaba sentado disfrutando del aire otoñal, en el césped de su patio trasero, mirando las estrellas y hablando con su sobrino sobre el futuro de la empresa, mientras bebían unas cervezas. A pesar de que no era tarde, sus hijas ya se habían encerrado en sus respectivas habitaciones, y sus invitados estaban también descansando. La cena había terminado poco tiempo atrás.

—Además le ofrecí a Naruto un buen puesto en la radio si comienza a estudiar… Antes de que se reciba ya tendrá el ascenso, lo único que quiero es que esté dispuesto a mejorar… Me preocupo por el futuro de Hinata, y ya que ella no quiere quedarse con la radio cuando yo me retire, tal vez a mi yerno le interese…

Neji se encogió de hombros, no quería meterse en temas pesados; para él, el manejo de una empresa era algo muy grande y traía muchísimas responsabilidades que él no querría afrontar, pero si a Naruto le interesaba, estaba bien. Eso, siempre y cuando, su relación con Hinata siguiera funcionando.

—Si tú lo crees correcto está bien —bebió un sorbo.

—¡Sí! Me pareció una idea maravillosa… Además es un chico con carisma y talento, en la Mega Fest cautivó a todos con ese rap que cantó, así que no dudo que un puesto como locutor le quedaría de maravilla.

—Vaya, ese será un ascenso grande… —se sorprendió el joven.

—Sí, creo que le queda bien. Y no creas que me olvido de ti. Hace poco cumpliste años y no te regalé nada… Te tengo preparada una sorpresa, estará lista en las próximas semanas. Necesito terminar unos trámites.

Neji miró a su tío frunciendo el ceño.

—No sé qué será, pero sabes bien que no es necesario. Me has dado más que suficiente.

—No es así, te esfuerzas mucho, trabajas de forma disciplinada y responsable. Te compré un auto, espero que lo disfrutes.

—¿¡Qué!? No puedo aceptar eso, es demasiado…

—Claro que no lo es Neji…

Neji negó con la cabeza, pero luego de que una idea se le cruzara por la mente sonrió.

—Bien, podré vender el que tengo y… Llevaré a pasear a Tenten a algún sitio durante las vacaciones de navidad.

Hiashi, contento, palmeó a su sobrino en el hombro.

—¡Así me gusta! No hay nada mejor para mí, que tenerlos, a ti y a mis niñas felices. Y cuando Hinata se entere de que Naruto será promovido y comenzará a estudiar, saltará de alegría. Si es que no lo sabe ya… —Hiashi tenía una sonrisa de oreja a oreja y eso animó a Neji.

—Es genial tío. Seguramente a Naruto le irá estupendamente…

—Sí… Es increíble que no se me haya ocurrido a mí la idea… Sino a Shion ¿Puedes creerlo? —El hombre sonrió ampliamente, pero a Neji no le gustó nada conocer aquella información. Sabía lo que Shion se traía entre manos, estaba feliz de que ya no fuera él el objeto de sus coqueteos y que no fuera a joderle las cosas con Tenten, pero no se alegraba nada por la relación de su prima. Siendo éstas parientes, uno pensaría que Shion no se atrevería a coquetear con el novio de Hinata, pero al parecer Neji pensaba demasiado bien de las personas. Shion quería salirse con la suya, incluso si así, arruinaba la felicidad de su prima hermana.

—¿Te la propuso frente a Naruto?

—Sí ¿Por qué? ¿Crees que obró mal? —Hiashi miró a su sobrino esperando una contestación, pero éste se tardó en responder. Mil cosas le pasaban por la cabeza.

—¿Cuánto tiempo se quedarán?

Hiashi se encogió de hombros. Neji sabía que a él no le molestaba tener a esos parientes en la casa, de alguna forma, le recordaban a su fallecida mujer, y no podía culparlo por querer recordarla.

—Tal vez hasta que Shion vuelva a la universidad en Okinawa.

—Creo que su presencia podría incomodar a Hinata…

—¿Qué? —El hombre miró a su sobrino con extrañeza— ¡Tonterías! ¿Por qué la incomodaría? Siempre se llevaron estupendamente bien.

—Sí, pero ha pasado un largo tiempo desde que ellas eran pequeñas y jugaban juntas a las muñecas. Ahora tienen intereses iguales, y eso causará una rivalidad fría…

—No sé a qué te refieres, pero no creo que tengas razón. Un poco de rivalidad y competencia siempre viene bien para forjar el carácter y ser determinado. Además, ellas se quieren mucho, nunca se harían mal.

Neji esperaba que su tío tuviera razón. Bebió otro sorbo de cerveza y se quedó en silencio.

Ojalá estuviera en lo cierto… Ojalá.

Karin llegaba cabizbaja a la cuadra de su casa, revolviendo en su bolso en busca de sus llaves. No sabía dónde las había metido, ni siquiera estaba segura de haberlas tomado esa mañana antes de salir. Comenzaba a pensar que las había dejado olvidadas en casa de su padre, la noche anterior que había ido a cenar con Nagato.

Estaba tan centrada en eso que no notó que Suigetsu estaba sentado en la vereda, junto a su casa, hasta que éste le habló.

—Ey, pelirroja… ¿Qué haces?

Karin buscó de dónde provenía la voz y vio a su vecino sentado a sus pies, con los brazos reposando cómodamente sobe sus rodillas.

—Buscando mis llaves, cabeza de lata… —ironizó ésta poniendo los ojos en blanco. Él sonrió de lado.

—¿No te cansas de atacarme?

—Lo siento, es la costumbre —Ella dejó de buscar y lo miró a los ojos— ¿Qué haces ahí?

—Tomando el aire, llegué de trabajar hace unos minutos y me encontré la casa vacía. Mis padres se fueron a un viaje romántico anteanoche, y mis hermanos están de fiesta. Los muy cabrones se fueron sin invitarme.

Ella se sentó a su lado y él se movió algo incómodo. Después de ese pasional beso que le había dado en la tarde, no sabía cómo reaccionar. Ella lo estaba tratando como de costumbre, incluso era hostil como solía serlo.

—¿Estás cansada?

—¿Disculpa?

—Acabas de llegar de trabajar… ¿Estás cansada?

Karin se sorprendió un poco por la pregunta y Suigetsu supo que no se lo preguntaban seguido, eso le molestó un poco. Sabía que Nagato y Kushijo eran buenas personas, pero, a veces, no le ponían a su hija la atención que se merecía.

—Un poco, a decir verdad… No lo había notado hasta que lo preguntaste.

—¿Quieres comer algo?

—¿Contigo? —preguntó Karin sorprendida. Él rio.

—¡Claro! Sino no te lo preguntaría… Estoy solo, podemos comer algo… Creo que hay hamburguesas hechas, que sobraron de ayer.

Karin miró de reojo su casa pero luego volvió la vista a su vecino.

—Está bien…

Ambos entraron a la casa de Suigetsu y Karin se apresuró a enviar un mensaje a su madre, diciendo que comería en casa de un amigo; le daba vergüenza admitir que estaba con Suigetsu, después de todo lo mal que había hablado de él a sus parientes y amigos.

Suigetsu sirvió la comida que le había ofrecido, sobre la mesa y se sentó. Karin también tomó asiento dejando su bolso a un lado.

—¿Cómo está el trabajo? ¿Sigue siendo pesado? —sacó conversación el chico mientras empezaba a comer.

—Sí, esta época del año es complicada. Pero ya vendrá el otoño y las cosas serán más tranquilas.

—Me alegro por ti. Se nota que trabajas duro. Siempre has sido responsable… Nunca salías a jugar si no tenías los deberes acabados —El joven rio y luego mordió otro trozo de hamburguesa.

—Es verdad ¿recuerdas eso? —Karin se sonrió con nostalgia— Eran buenas épocas… Éramos muy unidos…

—Podemos volver a serlo… —Ambos se miraron en silencio. Suigetsu analizó su mirada carmesí tras esos cristales. Sus ojos relampagueaban pero no parecía segura. Karin estaba nerviosa, no hablaba. Ella también miró sus ojos con la intención de conocer sus pensamientos. Esos ojos violáceos le parecían mucho más atractivos que meses atrás, y los músculos tensados de sus brazos le producían un deseo incontrolable. Se agitó nerviosa en su asiento pensando en aquello.

—No sé… —se limitó a decir al fin, bajando la mirada. Sentía que si seguía viéndolo por un segundo más se le tiraría encima, tal y como había hecho esa tarde. Qué estupidez de su parte besarlo de esa forma y darle alas cuando ella sabía bien que no sentía nada por él y que jamás podría corresponderle… ¿Verdad?

—Karin… —Lo oyó susurrar. Cuando levantó la vista para mirarlo nuevamente, él estaba completamente volteado hacia ella en su asiento, la miraba con una dulzura indescriptible. Tenía ganas de ella, lo podía notar. Estaba tenso, estaba nervioso; y ella se sentía extrañamente igual. Pasó saliva con dificultad, teniendo miedo. No sabía qué rayos le estaba pasando, había odiado casi toda su vida a ese chico, pero desde que él le había confesado sus sentimientos no podía evitar mirarlo con otros ojos— Sólo depende de nosotros…

Su voz era baja, como si le diera vergüenza hablar de eso. Karin no se resistió, tal vez no entendía del todo lo que le ocurría, pero se parecía bastante al amor. Se inclinó hacia él y volvió a besar sus labios tiernos. Suigetsu correspondió enseguida, adentrándose en su boca, abrazándola por la cintura.

Apenas un segundo después, él la había alzado en sus brazos, y como si fuera una princesa, la subió por las escaleras con una delicadeza sinigual. Al entrar a su cuarto, la tendió de espaldas en la cama. Karin sólo podía pensar en que no se había depilado pero no le salían las palabras para decir nada. Suigetsu encendió la radio y, al ritmo de Como yo nadie te ha amado, cantada por Bon Jovi, se subió sobre ella depositando tiernos y cortos besos en sus labios. Con delicadeza le quitó las gafas y las dejó sobre la mesita de noche y, con rapidez, su boca buscó un hueco en su cuello para seguir besándola, provocándole cosquillas.

Lloré y lloré y juré que no iba a perderte. Traté y traté de negar este amor tantas veces, baby. Si mis lagrimas fueron en vano, si al final yo te amé demasiado… Como yo, como yo, nadie te ha amado.

Sasuke estaba en la puerta de El Refugio, éste estaba cerrado y las luces estaban apagadas, excepto la que daba a la calle. No sabía por qué pero había decidido declarársele a esa chica, Sakura le estaba volando la cabeza. Esperaba que ella saliera, le había enviado cinco WhatsApp, un mensaje de texto y estaba marcándole para llamarla, pero ella no contestaba. En su celular, por detrás del típico tono de llamada, estaba oyendo la radio. Era día de baladas románticas y por eso había decidido escucharla; le ayudaría a encontrar las palabras adecuadas para decirle a Sakura lo que sentía. Nunca lo había hecho anteriormente pero se sentía dispuesto a probar esa primera vez. Sakura no atendía el teléfono y comenzaba a preocuparse.

Su camisa estaba dentro de sus pantalones formales, su saco abierto -si bien no hacía calor, Sasuke ya estaba comenzando a sudar-, en su mano izquierda llevaba un ramo de flores; le hubiera gustado conseguir sakuras para hacer honor al nombre de su chica, pero las flores de cerezo no habían florecido aún… Las rosas rojas estaban aguardando el momento de ser entregadas a la hermosa chica… Si bajaba alguna vez.

Con el celular en la mano, mirando hacia el primer piso, escuchaba de fondo la música que, se supone, le daría valor.

Cada hora, una eternidad, cada amanecer un comenzar. Ilusiones nada más, qué fácil fue soñar. Tantas noches de intimidad, parecían no acabar. Nos dejamos desafiar y hoy nada es igual. Sé que en verdad el amor, al final siempre duele. No lo pude sanar y hoy voy a pagarlo con creces, baby. Si mis lagrimas fueron en vano, si al final yo te amé demasiado. Como yo, como yo, nadie te ha amado.

Sasuke guardó su teléfono celular en el bolsillo y comprobó la hora en su reloj de pulsera. Aún no era tarde, pero Sakura no parecía tener intención en salir con él.

Comenzó a caminar hacia la parada del bus, nuevamente, mientras volvía a sacar su teléfono para cancelar la reserva del restaurante.

El sonido del despertador de Sakura la despertó y ésta se desperezó. Se había quedado completamente dormida la noche anterior después de la charla que había tenido con su madre. A ella no le importaba que Sasuke y ella fueran primos… Aunque eran primos lejanos, igual a Sakura no le gustaba la idea de estar con él. Había muchas cosas que hablar, no se sentía capaz de llegar a una respuesta en ese momento. Sólo necesitaba pensar, pensar mucho… Pero no podía conseguir una solución ella sola, tenía que poner a Sasuke al tanto de todo.

Se levantó de la cama y comenzó a buscar qué ponerse. Su uniforme del trabajo estaba algo alejado de su cama, pero se apresuró a alcanzarlo y a vestirse, tenía que limpiar un poco la cafetería antes de que las chicas comenzaran a llegar. Algo de música la despejaría.

Pensar eso hizo que recordara que se había quedado dormida con el teléfono celular reproduciendo música, se apresuró a buscar su teléfono entre los pliegues de las sábanas y se hizo con él en un minuto. Lo desbloqueó, quitó la lista de reproducción que había dejado de sonar varias horas antes de despertar y comprobó que le quedaba poca batería; pero antes de ir a buscar el cargador, revisó sus WhatsApp, tenía uno en la casilla de entrada; le sorprendía que alguien hubiese querido comunicarse con ella tan tarde por la noche, o tan temprano por la mañana; tal vez alguna de las chicas estaba indispuesta y no podía presentarse a trabajar. Lo abrió y el pecho se le encogió. Sasuke la había estado esperando…

—¿Qué estás haciendo? —Hanabi estaba apoyada en el marco de la puerta de la habitación, viendo a Shion hurgar en un alhajero amarillo brillante. La habitación no era de huéspedes y tampoco la de Hanabi; era la habitación de Hinata que había salido a reinscribirse en su universidad, temprano por la mañana. Hanabi acababa de levantarse y, al lanzarse al corredor, había visto a su prima hurgar en las cosas de Hinata— Eso es de mi hermana, y tiene un valor muy especial para ella —Shion estaba dándole la espalda. La joven rubia se dio la vuelta despacio, sonriéndole a la Hyuga menor.

—Sólo miraba ¿Qué creías que hacía, pequeña? —Shion se acercó y colocó su palma en la cabeza de Hanabi, que no era mucho más baja que ella, pero ese gesto la hizo sentir inferior y de esa forma, más enojada.

—No sé qué mierda te traes entre manos, pero esa gargantilla que estabas mirando es el único recuerdo que Hinata tiene de mi madre, así que no vuelvas a tocar sus cosas.

—También es el único recuerdo de la tía que me queda…

—No tienes derecho a hurgar en las pertenencias de Hinata cuando ella no está en casa…

—Tranquila, pirañita… —Shion le sonrió y Hanabi apretó los dientes con ira—. No le haría nada malo a Hina, ya sabes que es mi mejor amiga —Tras eso, se marchó, y Hanabi, antes de seguirla por las escaleras, se aseguró de que la puerta de la habitación de su hermana quedara cerrada.

Ya se habían hecho cerca de las diez de la mañana cuando Sasuke entró a El Refugio, con aspecto nervioso y bastante enfadado. Se había pasado tres cuartos de hora dándole vueltas a la manzana, pensando en cómo confrontar a Sakura. Ella no le había contestado las llamadas, ni los mensajes, simplemente lo había ignorado. No sabía cómo sentirse al respecto y esperaba que ella tuviera una explicación. Necesitaba una explicación y se sentía muy tonto por eso. Nunca antes le había importado si una mujer comenzaba a ignorarlo de un segundo al otro, y mucho menos había necesitado que éstas se excusasen tras algún imprevisto… También era cierto que no le había ocurrido muchas veces, pero esa vez era distinto.

Al entrar al Refugio divisó a Ino haciéndose cargo de la caja registradora, el lugar donde solía estar Sakura… La rubia conversaba en voz baja, riéndose, con Karin, que sostenía una bandeja redonda bajo el brazo y esperaba que algún cliente la llamara; más alejada estaba Tenten tomando una orden y, a su lado, Tamaki limpiaba una mesa vacía. Sasuke buscó con la mirada varias veces pero no encontró a Sakura, así que, dispuesto a salir se dio la vuelta y chocó de cara con la joven hermosa a la que estaba buscando.

—Sasuke… —Ella susurró, parecía conmocionada y algo avergonzada. Sasuke no se dejó intimidar por esos ojitos verdes y esas mejillas rosadas, se aclaró la garganta y con aires enfadados espetó:

—¿Por qué no respondiste anoche? Estuve esperándote, Sakura…

—Lo sé y lo siento muchísimo… —Sakura bajo la mirada nerviosa— En serio discúlpame, Sasuke; tenía muchas cosas en la cabeza y olvidé por completo que me habías dicho que pasarías a buscarme en caso de ser aceptada… Además, me dormí muy temprano y pude leer tus mensajes recién esta mañana. Me siento tan tonta… Te pido disculpas.

Debido al tono que Sakura había implementado a Sasuke se le estrujó el estómago. Sintió la necesidad de tomarla de la mano y de decirle que no pasaba nada, pero quería saber más, así que se contuvo.

—¿Qué tantas cosas tenías en la cabeza como para olvidarte de tu cita conmigo? ¿Y como para, ni siquiera, escuchar el teléfono celular? —Con el ceño fruncido, él, se obligó a mirarla a los ojos. Sakura no desvió su mirada esmeralda de nuevo, pero se notaba su incomodidad.

—Sasuke… No es algo que podamos hablar ahora… Te pido por favor que esperes hasta mi horario de almuerzo…

—¿Es grave?

Sakura suspiró. Si él supiera lo grave que era… Era tan grave que ella ni siquiera había pensado, de nuevo, en que la habían aceptado en una prestigiosa academia de danza.

—Por favor… —Llevó sus manos al pecho del moreno que la miró algo asustado, su enojo se había desvanecido por completo y en su lugar, quedaba la preocupación— Al mediodía pasa a buscarme, vayamos a almorzar a algún sitio; si no tienes dinero yo pago… Tengo algo muy importante que decirte.

Sasuke sólo atinó a asentir.

Eran casi las once de la mañana cuando Naruto llegó agitado y sudado a casa de su novia. Le habían dado unas horas en el trabajo para que fuera a matricularse en la universidad, pero él no tenía ni idea de cómo hacerlo. Se sentía algo nervioso y Hinata se había ofrecido a acompañarlo. Ella misma se había rematriculado pocas horas antes y ya estaba libre para viajar hacia el otro lado de Tokio, a ayudar a su novio con su inscripción.

Sus universidades quedaban muy lejos la una de la otra, pero eso no sería un impedimento en su relación. Por suerte, el hecho de que Naruto trabajara para su padre era algo que los mantenía unidos y, además, el muchacho no estaba dispuesto a asistir a todas las materias; quería empezar de a poco.

Naruto tocó el timbre y, Hinata, que había estado esperándolo en el salón abrió la puerta.

—Hola, Naruto —Saludó ella con su típica gentileza. Él le sonrió con dulzura.

—Hola, niñita —La besó en la mejilla con ternura a modo de saludo.

—¿Estás listo?

—Estoy bastante nervioso… —Confesó el rubio. Sentía sus tripas retorcerse. Hinata le sonrió para darle ánimos.

—Ya verás que no es nada grave… Vamos.

—Sí —Él le tendió una mano y ella la aceptó, para luego salir de la casa y dirigirse a la parada de autobús.

Al mediodía, Sakura salió pitando de la cafetería después de avisarles a sus amigas que tenía que encontrarse con Sasuke; todas lo tomaron como algo romántico a excepción de Ino, que sabía bien de qué se trataba el asunto y temía por la felicidad de su amiga. Ino se encargó de cerrar la cafetería por su cuenta, algo que siempre solía hacer Sakura; las demás la ayudaron con buen humor.

Al terminar de cerrar el local, Ino, queriendo distraerse del nerviosismo que sentía, golpeó las palmas llamando la atención del resto de las chicas.

—Bueno… ¿Quién tiene chismes para contar?

Las demás rieron. Todas se sentaron alrededor de una mesa, después de preparar lo que almorzarían y Tamaki fue la primera en hablar.

—Bueno… Ustedes me preguntaron hoy, qué pasó con Kiba ayer, ya que me fui con él.

Todas asintieron esperando respuesta. Tamaki se ruborizó y miró hacia abajo.

—Bueno… Él y yo fuimos a su casa y… algo pasó, yo le dije que me gusta, y creí que todo quedaría ahí… pero… extrañamente él me propuso una relación estable.

—¡Ay! ¡Qué emoción no lo puedo creer! —Estalló Ino.

—¡Vaya qué fantástico! —Dijo al mismo tiempo Tenten.

—¡Genial! —Acotó Karin.

—Me pidió ir despacio… Dijo que no estaba listo para presentarme a su familia o para determinadas cosas… pero admitió que quiere conocerme mejor y ver cómo evolucionan las cosas —Tamaki les sonrió a todas ampliamente, con sincera felicidad.

—Te felicito, Tama… —Tenten palmeó el hombro de su amiga para darle apoyo.

—¡Oh, Ino, tenías razón! —Continuó hablando Tamaki— ¡Es una bestia en la cama! Es realmente alucinante lo que sabe hacer…

—¡Te lo dije! —Ino y Tamaki chocaron las palmas de forma triunfante y Tenten las interrumpió.

—Realmente me pone incómoda el hecho de que Tamaki esté saliendo con un excompañero sexual de Ino… Por favor cambiemos de tema…

Las demás rieron.

—Pues… Yo… —Karin hablaba muy bajito— Anoche también pasó algo… Entre Suigetsu y yo.

—¿¡Qué?!

—¿Alguna había notado que Suigetsu está… bueno? —Preguntó Karin disimulando su timidez con un sorbo a su bebida.

—Pues sí, la verdad… —Admitió Ino— pero como ustedes dos se odiaban nadie iba a estar diciéndotelo.

—La verdad es que Suigetsu no es mi tipo —Dijo Tenten de forma sincera—. Sí es guapo, pero no puedo verlo de forma romántica.

—Yo ni sé quién es Suigetsu —admitió Tamaki.

Ino le explicó rápidamente quién era para que estuviera al tanto y Tamaki lo recordó. Aún le costaba asimilar caras con nombres, pero sí que conocía al chico del que hablaban.

—No sé… —continuó Karin—, de repente me doy cuenta de lo lindo que es y de lo agradable que es cuando no discutimos… Y tiene unos brazos tan musculosos… Y es tan dulce… No sé qué mierda me pasa pero… anoche nos acostamos y fue increíble.

—Disfrútalo Karin —habló Ino—. Él está locamente enamorado de ti.

Sakura estaba sentada en la mesa de un restaurante informal, frente a Sasuke. Desde que había llegado estaba callada y sus pensamientos volaban por todo sitio. No sabía cómo iniciar la charla y Sasuke no ayudaba, ya que estaba serio, cabizbajo y en silencio, esperando que ella comience.

Sasuke había pedido pastas y estaba jugando con la comida de su plato; Sakura había pedido un filete pequeño con ensalada y aún no había comenzado ni a probarlo.

—Sasuke… —Se animó a pronunciar la primera palabra. El joven la miró directamente a los ojos, impaciente. Dejó caer su tenedor a un lado del plato para prestarle mayor atención— Lo que tengo que decirte es algo muy importante. No sabía cómo comenzar pero creo que ahora ya lo sé, comenzaré por contarte algo que desconoces y que… es tu derecho saber.

Él se quedó en silencio mirándola y ella se tardó varios segundos en volver a hablar.

—Tu mamá estaba muy enferma… Tenía cáncer. Falleció de esa cruel enfermedad y… tu papá no lo soportó… Se quitó la vida. Tus tíos te dijeron que murieron en un accidente porque pensaron que la verdad era demasiado intensa para que un niño la soportara.

Sasuke entornó los ojos. Hubiera esperado cualquier cosa menos eso.

—¿Qué?

—Lo siento mucho, creí que debías saberlo.

—Sakura… —Él se apretó el puente de la nariz con los índices entre que pensaba qué contestar y luego volvió a dejar reposada su mano sobe la mesa mirándola a ella fijamente—. Puede parecerte cruel, pero… La verdad es que no me interesa como murieron, yo sé que eran buenas personas y que me amaron muchísimo, pero yo era demasiado pequeño para recordarlos e Itachi igual… Lo que a mí me interesa saber de momento es por qué tú… Es decir ¿Cómo lo sabes? ¿De qué conoces a mis padres?

—Yo no los conocí, mi madre sí… Y aquí voy al segundo punto, que es el que más me afecta y que, por tanto, no sé cómo reaccionar… —Sakura se abrazó los brazos y bajó la mirada. No podía verlo a la cara mientras decía aquello— Mi madre era prima de tu madre. Mi mamá, Mebuki Senju, era prima de la tuya: Mikoto Senju, de casada, Uchiha… Nosotros somos… Somos primos segundos.

Un silencio se apoderó del ambiente. Era como si nadie en el lugar hablara, era eso o Sasuke se había quedado sordo tras recibir la noticia. Una vez que una chica realmente le importaba y venía a enterarse de tal parentesco.

—¿Qué has dicho?

—Lo siento… —Sasuke escuchó a Sakura lloriquear y la miró detenidamente. Ella seguía teniendo la cabeza gacha y él pudo distinguir unas cuantas gotas caer de sus ojos—. Yo me enteré hace poco y sé que puede parecerte repulsivo pero… Mi madre y mi amiga, ellas… Me han dado ánimos para que sigamos con esto… —Sakura sorbió hacia arriba—. Yo no sé qué hacer y pensé que tú también debías saberlo y ser partícipe en la decisión.

—Saku, por favor no llores —La voz de Sasuke sonó como si no fuera suya. Estaba ronca y triste. Afuera, el cielo se estaba nublando—… Te… te pido que me dejes solo. Prometo comunicarme contigo, sólo… necesito pensar.

Sakura no pudo contestar. Él la vio levantarse de su lugar sin siquiera haber probado bocado y marcharse con paso rápido hacia el grisáceo día.

Naruto y Hinata entraron a la habitación de ésta empapados. Los había agarrado un chaparrón que pasaba, parecía que sólo había llovido para mojarlos y luego se había detenido. Sin embargo, entraron riéndose de comentarios que habían estado haciéndose. Naruto le había enviado un mensaje a su madre para avisarle que ya estaba inscripto y ésta lo había llenado de emoticonos de corazones y caritas sonrientes. Hinata cerró la puerta tras ella y miró a su novio que se secaba el cabello rubio con una toalla que habían tomado del cuarto de baño. Hinata abrió su armario, despojándose de su abrigo. Naruto la miró de reojo, le daba vergüenza mirarla de esa forma, pero su novia se veía tan hermosa que no podía evitarlo; un pensamiento que ya había tenido se le cruzó por la cabeza, y es que no podía dejar de pensar en lo hermoso que sería estar con ella de una forma más íntima. Con las mejillas en rojo fuego apartó la mirada.

Ya había pensado en eso mismo el día de la fiesta de Konoha's Rock, mientras bailaban. Sólo que en ese entonces ella no era su novia. Naruto volvió a verla. Estaba seleccionando ropa seca mientras la blusa que llevaba puesta, mojada, se había transparentado y su sostén blanco con florecitas rosas se le veía a través de la tela. Naruto pasó saliva y caminó con seguridad hasta donde estaba ella. La abrazó con fuerza por la espalda, rodeándola por la cintura y dejó descansar su cabeza en el hombro de ella. Su cabello olía a fresas. Cerró los ojos.

—Hina… Me tienes muy loco —Sintió que ella se tensaba bajo su agarre.

—G-gracias… Naruto —Él se apartó de ella y ella dio la vuelta. Naruto volvió a sujetarla por la cintura, pero esta vez mirándola a los ojos y la besó en los labios con suavidad. Su mano empezó a jugar con la tela húmeda de la blusa de Hinata y pasó por debajo de ésta tocando su piel. Hinata volvió a tensarse, pero a su vez, lo abrazó con más fuerza por el cuello. Naruto empezó a levantar la blusa de su novia y ésta dejó que se la quitara. Cuando los ojos azules de Naruto se posaron en sus pechos, Hinata se abrazó con timidez y él buscó sus ojos.

—Cariño, no es necesario que sigamos adelante.

—Quiero hacerlo —dijo ella convencida—. Es sólo que estoy algo nerviosa…

—Tranquila, amor, yo también lo estoy… Pero voy a cuidarte y seremos responsables…

—No, no. Es que… Yo…

Naruto dio un paso al frente para quedar lo más cerca a ella que se podía estar.

—¿Qué pasa, cielo? —Delicadamente, le corrió un mojado mechón de cabello hacia detrás de la oreja.

—Yo jamás he hecho esto.

Naruto se quedó en silencio varios segundos. No le sorprendía en absoluto, incluso, más de una vez lo había sospechado; pero en ese momento no se lo esperaba.

—Entiendo…

—Pero, por favor, no te eches atrás —suplicó ella con su vocecita angelical—. Quiero que esto ocurra, quiero que sea contigo… Y quiero que te sientas a gusto conmigo.

—Ya me siento muy a gusto contigo Hinata, no tenemos que apurarnos…

—Sí quiero hacerlo… Te amo.

Él le sonrió y la besó nuevamente con ternura, abrazándola lo más fuerte que se lo permitían los brazos.

—Yo te amo a ti…

Media hora después, Naruto estaba acostado de espaldas en la cama de su novia, con ella abrazada a su cintura. Estaban desnudos y ella era fantástica. Con ella se había sentido cerca del paraíso. Había tocado el cielo. Ella era su mundo y su madre tenía razón: no tenía nada que temer. Hinata lo amaba y él a ella, eso era todo lo que importaba. Nadie iba a poder interponerse. Hinata se movió a su lado y sus enormes pechos se balancearon cuando se sentó. Naruto no pudo despegar su vista de ellos. No podía creer que tuviera tanta suerte de tener a su lado a una mujer como Hinata.

Ella se estiró y tomó una bata de baño que tenía cerca. Se envolvió en ella y se volvió a su novio, que seguía tendido en la cama, tapado con una sábana fina.

—Iré al baño un momento.

—Claro, amor… —Él le sonrió y Hinata salió de la habitación cerrando la puerta.

Naruto se sentó en la cama y buscó su ropa. Alcanzó sus calzoncillos, se metió en estos y se desperezó. Se podía decir que ese había sido un día fantástico, y todavía era temprano. Aún podía mejorar.

Tomó su camiseta que ya se había secado bastante y se la puso. Le resultaba algo incómoda pero no podía andar por la casa de su novia… y de su jefe… semidesnudo. Sintió la puerta abrirse detrás de él y sonrió.

—Cariño… ¿Te sueno muy irrespetuoso si te pido una merienda? Me gustaría que merendáramos juntos aquí y habláramos de… —Al voltear para darle la cara a su novia se quedó en silencio. No era Hinata quien había entrado, era Shion. Ésta lo miraba de forma pícara, de arriba abajo. Naruto se apresuró a taparse la entrepierna, aunque estaba en calzoncillos. Buscó su pantalón con la mirada, pero no sabía en dónde había quedado.

—Vaya, Naruto…

—Shion, por favor vete de aquí.

Ella avanzó con su sonrisa incrustada en su rostro.

—¿Qué pasa, lindo, me tienes miedo?

—Shion, maldita sea…

—¿Quién hubiera pensado que Hinata sería tan zorra? —Dijo la rubia agachándose y tomando del suelo un sostén.

—Deja eso ahí y no te permito que hables así de ella.

Shion seguía sonriendo y acercándose. Naruto miró la puerta, quería escapar de alguna forma. No sabía cómo actuar. Alguna parte de él quería golpear a Shion, pero una más fuerte se resistía, recordándole que ésta era una chica.

—¿Qué pasa, cuñado? ¿Tanto prefieres a mi primita?

—¡Claro que sí y como me traigas problemas con ella…!

—¿Como te traiga problemas qué? —Shion puso ambos brazos en el pecho de Naruto y acercó su cara. Sus labios se rozaron y Naruto corrió la cabeza hacia atrás.