¡Hola a todos! ¿Qué tal? Siento haber tardado tanto tiempo en actualizar esta vez, pero con el veranito y que la semana que viene se casa mi prima, la verdad es que no he tenido mucho tiempo de terminar el capítulo. A parte, mi primera intención era acabarlo algo antes, pero no me pude contener a escribir algo más. Espero que os guste ;)

Samantha Black: Holaa!gracias por tu review de nuevo!aquí hay más Lily-James que es lo que me gusta jeje espero que también te guste a ti :p Bueno ¿Sadie es rara no? pero siempre está bien un personaje así ¿no crees?jeje un besazo wapa!;)

Cintiafr: hola neniii!jeje me encanta que te guste Jeff aunque aviso que aún no has visto nada de él :P pobre Sadie todos teneis algo en su contra jejeje y weno, como es tu favorito y me sigo a tu petición, aquí tienes algo de Sirius haber que te parece :P un besucooo!

Advertencia de derechos: No soy J.K. Rowling ni ningún personaje que os suene me pertenece. De ser así, por mucho que aprecie a Lily, James sería para mi y no de ella :P

"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"

Capítulo 3: Cambio inesperado

Estaba atardeciendo, el sol escondiéndose entre las montañas, Mientras todos los verdes existentes se mezclaban en ese paraíso montañoso, el cielo ofrecía pinceladas de mil colores que iban desde el rosa más claro al naranja más profundo. Apenas se oía un ruido, solo el del calamar gigante chapoteando en el lago. El sol ofrecía los últimos rayos de calor del verano.

Era un momento idílico. El agua mansa, los pájaros cantando, un perro volando... ¿Un perro volando? Sí, ahí estaba, llevaba una quaffle en la boca y gruñía amenazadoramente... De repente le comenzó a pegar en la cabeza con la quaffle y empezó a gritarle.

- ¡Cornamenta! ¡Cornamenta! –oía de lejos al tiempo que agitaba los brazos intentando parar tales embestidas.

- Canuto, déjale, creo que ya despertó.

Al notar que paraban los golpes, el chico se dio la vuelta dispuesto a tomarse la revancha con el perro, cuando notó otro golpe. Esto no era una quaffle, se parecía más a una almohada.

- ¡Oye Lunático! ¡Si Cornamenta no se despierta yo también me vuelvo a la cama a dormir! –oye gritar nuevamente, esta vez más cerca.

- ¡Ni hablar, Sirius! No voy a volver a luchar con vosotros como todos los años. Ya sois mayorcitos.

¿Esa era la voz de Remus?, pensó James parpadeando para quitarse el sueño. Así que todo era un sueño... Cualquiera de su edad soñaría con alguna chica, como él solía hacer con cierta pelirroja. Pero un perro que juegue al quidditch… Al final iba a ser verdad que lo suyo rozaba la obsesión.

- ¡Canuto levántate, joder! -gritó Remus de repente.

James se incorporó perezosamente y buscó a tientas sus gafas. Cuando las encontró lo primero que vio fue a dos de sus mejores amigos peleando. Sirius estaba tumbado en su cama agarrado fuertemente de la cabecera mientras Remus tiraba de sus tobillos intentando levantarlo.

No pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa al reconocer ese acto como la costumbre de cada mañana en Hogwarts. Ahora ya tenía muy claro que había vuelto a su segundo hogar y la perspectiva de que fuera el último curso le daba felicidad y tristeza a la vez.

Los gritos de sus amigos le sacaron de sus pensamientos. Ambos estaban ahora empapados y fulminando a Colagusano con la mirada, que continuaba apuntándolos con la varita con cara de arrepentimiento. Antes de que Sirius se abalanzara sobre el pequeño Peter, le lanzó su almohada, que dio de lleno en la cara de su mejor amigo.

Peter rió al ver la expresión de Sirius, pero no tardó en abandonar la risa para correr, pues el chico, pese al almohadazo, decidió que era más interesante perseguirle a él.

- ¿Por qué no vas a por James? ¡Él te ha tirado la almohada! -exclamó el más pequeño.

En un extremo de la habitación estaba un chico que no participaba de las risas mañaneras. Jeff les observaba algo desconcertado, con su habitual silencio, pero no pudo evitar reír en voz baja al ver a Peter colgado de los pies y a Sirius riendo socarronamente.


En la habitación de las chicas aún se podía percibir el incómodo silencio que había habitado en el cuarto desde la discusión entre Grace y Sadie. Este silencio se rompió cuando la extraña morena salió apresuradamente hacia la sala común, pero conservando un porte de altivez. Ni siquiera miró una vez a sus compañeras ni les dirigió la palabra.

- ¿De qué circo ha salido esa? –exclamó Grace enfadada. Había aguantado a duras penas las ganas de gritarle, y solo las miradas de advertencia que le dirigió Lily habían logrado calmarla.

- Ni idea, es una tía rarísima. Anoche nos estuvo preguntando sobre nosotras, pero no nos dijo nada de ella –le contó Lily mientras colocaba su mochila.

- Preguntar es poco, ¡prácticamente nos interrogó! – añadió Kate con incredulidad-. Creo que nunca he conocido a nadie tan borde, y mira que he convivido con Grace en su época que parecía hija del diablo...

- ¡Eh!

- ¿Qué pasa rubia? ¡Aún lo negarás! –exclamó riendo Gisele. Desde luego que la situación le había incomodado pero había pocas cosas que le hacían perder del todo su buen humor.

- ¿Y por qué no le preguntasteis vosotras? –pregunto Grace haciéndose la desentendida con las burlas de sus amigas-. Si yo hubiera estado aquí le habría bombardeado a preguntas nada más entrar, y más con ese aire de misterio del que presume. ¡Ja! ¡Pija será ella!

- ¿Eso dolió, eh? –rio Lily-. Tú pasa de ella, no te conoce de nada para juzgarte de esa manera.

Tras esto le pasó el brazo sobre los hombros a su mejor amiga y ambas salieron camino del Gran Comedor.

Al llegar, encontraron a Remus desayunando un tazón de avena, quien al verlas les hizo signos para que se acercaran. Sin embargo, Grace le hizo un gesto de disculpa y le dejó solo con Lily para sentarse en la mesa de Ravenclaw con su novio.

Lily se sentó frente a Remus, al que saludó con un leve gesto en la mano y se apresuró a servirse un buen plato de huevos revueltos.

- Ya veo que empiezas el curso con apetito ¿eh? –le dijo Remus interrumpiendo un silencio solo roto por el ruido de los cubiertos.

- Hay veces que la comida quita penas, amigo...

- ¿Tantas penas tienes? –se burló Remus.

Lily iba a contarle su experiencia con la chica nueva pero fue silenciada por la llegada de un nuevo grupo de comensales. Sirius, Peter, James y el chico nuevo había llegado tras un rato de remolonear. Jeff le saludó con timidez y siguió su camino hacia un extremo de la mesa, donde Lily vio a Sadie.

- A ver qué clases tenemos hoy –dijo James sentándose a un lado de Lily y cogiendo lonchas de bacon.

- Sí, este año también habrá un montón de horas libres. –recordó Sirius sentándose al otro lado de la pelirroja.

- Se supone que son para estudiar -le recordó la pelirroja, ganándose una risa del trío y un suspiro de Remus. Cansada, decidió cambiar de tema-. ¿Qué tal con el nuevo?

- ¿Jeff? ¡Bien! Es buen chico pero se le ve algo reservado –contestó James.

- ¿Y vosotras con la chica? –le preguntó Remus.

- Vaya... teniendo en cuenta que la cosa casi acabó en batalla campal...

- ¿Y eso? –se interesó James-.

- Parece que no le cae bien Grace...

- ¿Y a quien le cae bien? –preguntó Sirius con naturalidad.

- Canuto -gruñó Remus al ver que volvía al mismo tema de siempre.

- ¡Es verdad, Lunático! A mí eso solo me demuestra que la chica es de fiar.

James se echó a reír, y Lily y Remus pusieron los ojos en blanco al mismo tiempo y rehusaron a hacer comentarios. Sería un milagro el día que Sirius y Grace llegaran a llevarse bien. No habían tenido mala relación cuando eran niños pero la adolescencia les había afectado a un punto en que era mejor que no estuvieran cerca si todos querían mantener la paz.

Kate y Gisele llegaron en aquel momento junto al grupo. Sirius hizo el amago de besar a su novia, pero esta, que cuchicheaba con su amiga sobre el mal ambiente que se había creado en su habitación, no le vio. Le saludó con una simple palmada en la espalda, apenas les hizo un gesto a los demás y siguió a su amiga a un asiento cercano, pues los de al lado del grupo ya estaban ocupados.

Sirius, extrañado por tan frío recibimiento por parte de su novia, miró a sus amigos desconcertado. Sin embargo, estos no estaban menos sorprendidos que él. Al fin y al cabo, Kate se caracterizaba por ser una chica atenta y cariñosa con su novio. A veces incluso más de lo que a él le gustaría.

El caso es que en ese momento a Sirius no le gustó ser ignorado y se enfurruñó, divirtiendo secretamente a Lily. La pelirroja iba a decirle que no tomara importancia a la actitud de su novia cuando los merodeadores comenzaron a especular sobre qué le ocurría a Kate.

- Tal vez esté cabreada por la historia que contaste anoche de la playa –razonó James.

Lily se calló y esperó la reacción de Sirius. Nunca había oído a Kate quejarse de esas bromas de mal gusto de su novio pero ella, personalmente, las consideraba humillantes. Tampoco le vendría mal a Sirius pensar sobre ello.

- Siempre hago comentarios así y nunca se mosquea. Ella sabe que todo es broma -se excusó el chico frunciendo el ceño.

- Igual tienes problemas en el paraíso y se ha cansado de ti -propuso Peter, a lo que Sirius le dio un coscorrón.

- Eso es imposible -dijo con chulería.

- No te creas -intervino Remus seriamente, y Lily se preguntó si sus amigos captarían la diversión en su voz-. Ya sabes, Canuto, lleváis casi un año saliendo y a las chicas les gusta que les demos pruebas para ver que la relación lleva a alguna parte.

- ¿Y qué hago? ¿Me tatúo su nombre en el culo? -exclamó Sirius haciéndoles reír-. Bastante prueba es que tengamos una relación exclusiva, ¿no?

James rodó los ojos divertido.

- Eres un romántico, Canuto. Qué suerte tiene Kate de tenerte -le dijo irónicamente.

De repente Peter pegó un salto en su asiento

- ¡Ya lo tengo! ¿Por qué no le presentas a Canuto? –sugirió.

Sirius le miró como si tuviera que tener mucha paciencia con él.

- Colagusano, Kate ya sabe de nuestros apodos. De hecho, toda la escuela lo sabe, no hace falta que se los recuerde -le respondió hablando muy lentamente, como queriendo hacerse entender.

Peter suspiró.

- Me refiero a que le expliques el porqué de ese apodo, o mejor dicho, a que le "muestres" el por qué... Si eso no es una buena prueba…

- No es mala idea –aceptó James para sorpresa de Sirius-. Además, conseguirás impresionarla.

Un incómodo silencio se cernió en el grupo. James y Peter miraban a Sirius esperando su reacción, y este miró a Remus sin expresión alguna en el rostro, mientras que el rubio tenía la vista fija en su desayuno. Su semblante se había ensombrecido de repente.

Lily no entendía nada pero aguantó la respiración y no hizo el menor ruido. Los chicos parecían haber olvidado su presencia y ella sentía demasiada curiosidad.

- No puedo -sentenció Sirius-. Si le enseño, me preguntará el por qué lo hice y eso nos lleva a otra historia que no se toca.

Remus suspiró.

- Díselo.

- ¿Qué?

- Cuéntaselo. Te doy mi permiso.

- Pero...

- Mira Canuto, Kate prácticamente se ha vuelto la quinta merodeadora desde que sales con ella y, si tú confías en ella, yo también. Además, estoy seguro que le encantará conocer a Canuto.

- ¿Puedo preguntar de qué habláis? -intervino la pelirroja haciéndolos saltar de sus asientos, pues verdaderamente habían olvidado que estaba allí.

- ¡De nada! -exclamaron a la vez, haciéndole fruncir el ceño.

Iba a comenzar con un buen discurso intimidatorio en el momento en que McGonagall le interrumpió para repartirles los horarios.

- ¡Qué bien! –exclamó Peter con demasiado entusiasmo mientras leía el suyo- Tengo dos horas libres después de comer. ¡Siesta allá voy!

- ¡Vaya! Nosotros solo tenemos una –dijo Sirius con dramatismo –. ¿Aprovechamos y echamos un partido, Cornamenta?

El moreno le sonrió e iba a aceptar gustoso a su amigo, pero la pelirroja intervino.

- James y yo tenemos reunión con Dumbledore después de comer. Cosa que él parece haber olvidado –le reprendió a su compañero que le sonrió con inocencia, sintiéndose aliviado de que ella hubiera cambiado de tema.


La primera mañana de clases pasó más o menos como siempre. Hubo muchas quejas sobre que las dos primeras horas del lunes fueran de Historia de la Magia. Los únicos que no cursaban la materia eran James, Sirius y Peter. Los primeros se habían decidido mejor por Herbología y el último no logró el corte suficiente en los TIMO.

El estado de nervios de Lily fue creciendo a un ritmo vertiginoso a medida que iban avanzando las clases y los profesores les iban amenazando con las consecuencias de dejar todo para última hora.

Estaba tan desquiciada que apenas le entraron un par de bocados y tampoco dejó a James comer. Apenas hacía diez minutos que se habían sentado en el comedor, pero al ver que Dumbledore no estaba allí pasó al lado de su compañero y, sin detenerse, le agarró del cuello de la camisa apremiándole a seguirle.

Con la túnica manchada de zumo de calabaza y acompañado por una pelirroja neurótica, James llegó a la entrada del despacho del director.

- Hidromiel –le dijo a la gárgola mientras empujaba levemente a una Lily que seguía hablando sola, recordándose los deberes que tenía para la tarde.

Cuando entraron, en el despacho, el director ya estaba esperándolos sonriente sentando en su escritorio. Inmediatamente Lily se sentó rígida y desvió toda su atención en lo que tuviera que decirles el director.

- ¿Ha habido algún problema con los nuevos alumnos? –les preguntó directamente.

Ante la negativa de los dos, les sonrió y cambió de tema:

- Bien chicos, hay algo de lo que tengo que informaros, una pequeña novedad para los Premios Anuales. La verdad es que ya lo consideramos el año pasado, pero no nos dio tiempo a llevarlo a cabo.

James y Lily seguían mirando al director, pero durante una milésima intercambiaron una mirada de desconcierto que hablaba sola: "¿Más novedades?".

- Veréis, junto con el resto de los profesores hubo una reunión en la que creímos que sería correcto apartar un poco a los Premios Anuales del resto de alumnos, para que estos no se distraigan de sus labores. ¡Pero no os alarméis! –dijo sonriendo al verles fruncir el ceño-. Durante el verano hemos terminado de acondicionar una torre, que, junto con el despacho del séptimo piso, será para uso exclusivo de los premios anuales. Esta torre constará de una sala común, como la que tenéis en vuestras casas, solo que más pequeña, una pequeña biblioteca, y dos habitaciones con sus respectivos aseos. Todo tendrá mucho parecido a lo que ya conocéis, solo que dispondrán del privilegio de unas habitaciones individuales.

James y Lily le miraron con la boca abierta.

- Creemos que, de este modo, podréis disponer de más tiempo juntos para planear vuestras tareas, que este año serán abundantes. No olvidéis que tenéis que coordinar a todos los prefectos y representar a todos los alumnos de la escuela -resolvió Dumbledore con alegría.

Hubo un gran silencio en el que los dos chicos asimilaron la buena nueva. Por las cabezas de cada uno, pasaban diferentes pensamientos que no se habrían atrevido a decir en voz alta.

Lily aún no había decidido si aquello era buena o mala idea. Bien es cierto que ya no peleaba con James. De hecho, se podían considerar amigos. Pero de ahí a compartir torre los dos solos... Seguramente con toda la gracia que había habido años atrás, cuando James fingía estar detrás de ella, mucha gente rumorearía que acabarían liándose entre ellos. Pensó que, si ya tenía pocas esperanzas de que Mark Bennet se fijara en ella, con tales habladurías sus probabilidades se reducirían a cero.

Por su parte, James sintió un golpe en el estómago, un vacío que no era debido a que Lily no le había dejado casi comer. ¿Quién lo iba a decir? Sentía verdadero terror ante esa perspectiva. Eso les haría pasar más tiempo juntos. Compartir torre. Con ella. Si se lo hubieran dicho hace un año no habría necesitado su escoba para volar y se habría pasado el resto del día metiéndose con Lily por tener que soportar su compañía durante tanto tiempo.

Sin embargo, ahora no sabía qué hacer. De todas las chicas con las que podría compartir cargo, tenía que ser ella. Y de todos los años en los que el director podría investigar nuevos métodos, justo tenía que ser ese. ¿Cómo escondería sus sentimientos si tenía que estar con ella más tiempo del estrictamente necesario? La última imagen que tendría antes de acostarse sería la de ella. Ella sería la primera persona que vería nada más despertar... Tendría la oportunidad de observarla estudiar de cerca, de ver cómo fruncía la nariz cada vez que no conseguía descifrar una runa. Cuando saliera de la ducha... Tuvo que apartar ese pensamiento de su mente. No era del tipo que quería tener delante del director del colegio.

- Veo que os ha entusiasmado la idea –ironizó el director cuando el silencio se tornó incómodo.

- Disculpe profesor, sólo ha sido el shock del momento –contestó Lily.

- Bien, ahora que habéis vuelto ¿Qué os parece?

- Esto... –empezó James, pero no pudo seguir. ¿Y si él decía que le parecía bien y luego Lily exigía tenerle a por lo menos 500 metros de distancia, con un auror protegiéndola y dos dementores vigilándole a él de cerca?

- Es buena idea profesor, seguro que nos facilita mucho el trabajo –concluyó Lily, viendo la indecisión de James.

- Entonces está decidido. A lo largo de la tarde vuestros equipajes serán trasladados a la nueva torre y hoy ya dormiréis en vuestros nuevos dormitorios. Podréis hablar vosotros mismos con el responsable de proteger la entrada y acordar la contraseña. Espero que todo esté a vuestro gusto y si tenéis algún problema, no dudéis en decírmelo.

Después salieron del despacho con James aún silencioso y metido en sus pensamientos. Teniendo en cuenta que el chico no solía callar ni debajo del agua, a Lily le llamó la atención, por lo le preguntó lo que ya se sospechaba:

- ¿A ti te parece buena idea, no?

- Sí... va a ser raro. Pensé que tú estarías molesta.

- Hombre, al principio no me ha hecho gracia. Y reconozco que, si siguieras teniendo la misma actitud del año pasado, habría matado a Dumbledore por la idea. Pero luego he pensado que no tiene que haber ningún problema. Ahora somos amigos ¿no?

- Sí –sonrió- Somos amigos.

La pelirroja sonrió, convencida de que nadie que hubiera visto cómo se llevaban ahora diría nada que no fuera cierto, y por lo tanto Mark no tendría ideas equivocadas. Le dio un beso en la mejilla y se marchó a la Biblioteca, despidiéndose hasta la noche.

- Amigos, solo amigos –se repitió James para sí mismo tocándose la mejilla, mientras la veía alejarse.

Debía empezar a convencerse de que esa chica sólo sería su amiga. Tendría que desechar todos esos sentimientos, controlar cada impulso y asimilar la idea de que ella no era para él...Bastante suerte tenía con que fuera su amiga. Aún le sonaba raro referirse a Lily como tal. Hacía un año habría sido impensable. Recordaba su última pelea, la última vez que ocurrió el pasatiempo preferido en Hogwarts, peleas "Evans versus Potter"...


23 de febrero de 1977

Era un miércoles lluvioso en Hogwarts y los alumnos tenían prohibido salir al exterior durante el recreo. James jugaba con Sirius y Richard una partida de gobstones, mientras Peter les miraba. Remus, para su desgracia, tenía que controlar a los más pequeños que se inventaban todo tipo de tretas para escabullirse a la calle. Estaban pasando un rato agradable cuando...

- ¡Potter! –se escuchó acercarse a una furiosa prefecta por el camino.

- Dime preciosa, ¡Evans que bien te sienta el cambio de look!

- Es verdad Evans, te sugiero el cambio permanente. –añadió Sirius aguantándose la risa a duras penas.

La pelirroja ya no era tal. Unos globos llenos de pintura, estratégicamente colocados, le habían caído sobre la cabeza tiñéndola el pelo de amarillo con mechas negras.

- ¡No me vengas con tonterías, Potter! ¡Sé que has sido tú! ¡Se lo voy a decir a McGonagall!

- Verás Evans, tengo testigos de que no me he movido de esta clase en media hora. ¿Cómo he podido ser yo?

- ¡Solo alguien tan despreciable como tú encontraría gracioso esto! –le escupió la prefecta furiosa señalándose el cabello.

- Debo decir que es gracioso, pero mantengo mi inocencia –apenas podía contener ya la risa al ver un chorro de pintura amarilla caer por la frente de la chica-. Pero sinceramente Evans, no sé de qué te quejas. Vas acorde con los colores de Hufflepuff, más cerca de tu adorado Bennet ¿no?

- ¡Te odio! –gritó con toda la fuerza de la que fue capaz.

Vio marcharse a la chica furiosa y avergonzada porque hubiera dicho frente a todos lo que solo unos pocos sabían: que la pelirroja suspiraba por Mark Bennet, el tímido prefecto de Hufflepuff.

James intentó reírse con Sirius y Peter, pero sus ojos daban muestra que no lo estaba pasando nada bien. Fue Richard quien lo notó.

- No sé por qué lo haces, no te hace gracia que te diga frente a todos que te odia -le dijo de modo que sólo él pudiera oírlo.

- ¡Ey, tío! Que a mí me da igual. A un merodeador eso le resbala –contestó intentando parecer desentendido.

- Mira colega, yo mismo lo encontraría gracioso si supiera que a ti te hace gracia. Pero se ve que no. ¿Por qué lo haces?

James no le contestó sino que frunció el ceño. Richard se acercó más a él.

- Estoy seguro que a Lily le encantaría conocer al James que conozco yo. Créeme amigo, no es la única forma de hacerte notar -le aconsejó.


Richard. Un buen amigo. Algo independiente, demasiado solitario para convertirse en un merodeador más, pero muy soñador y a la vez el más maduro de todos. Quizá fuera porque vivía la guerra de una forma más cercana al resto, ya que su familia estaba amenazada desde hacía años por los mortífagos.

De todas formas, había sido una parte importante de la vida de James y sus amigos. Era casi irónico que, tras ese pequeño consejo, contribuyó, sin saberlo, a la amistad que ahora tenía con Lily.

Aunque era de celebrar que esa reconciliación llegara tras años de enemistad, a James no le gustaba recordar ese día. No fue un día feliz.


13 de marzo de 1977

James estaba sentado bajo la sombra de un haya en los jardines de Hogwarts. El sol apenas brillaba entre la manta de nubes que invadían el cielo gris. Hacía rato que había parado de llover, pero el suelo aún estaba mojado.

James no parecía notar que sus ropas estaban caladas, ni que las gotas de lluvia aún caían por su cara. De hecho, lo prefería porque le despejaban la mente. Aunque, ¿qué importancia tenía todo eso ahora? Se sentía miserable, culpable hasta por respirar. Le invadía la rabia por la injusticia de que él estuviera disfrutando de esa pésima vista y otros no pudieran.

Eran más de las cuatro de la tarde y llevaba todo el día escondido. Desde que recibieron la noticia. Sin hablar, cada uno se fue por un lado, y sin saber cómo, él había acabado allí. Casi no acababa de creérselo, le sonaba tan irreal...

Tan absorto estaba en sus pensamientos que no vio llegar a dos chicas que se sentaron una a cada lado de él.

- ¿Estás bien, Potter?

Esa voz. Cualquier otra cosa podría haberle pasado desapercibida pero no esa voz. Dulce, bondadosa, con tacto. Al levantar la vista, allí estaba ella. Mirándole fijamente, le sonreía con tristeza, intentando arrancarle una mueca que le hiciera parecer el mismo de siempre.

Cuantas veces había soñado que utilizaba ese dulce tono para él y le sonreía, en vez de gritarle su odio a la cara con los ojos llenos de furia. Esos ojos que ahora le miraban con tristeza. Llevaba un tiempo hipnotizado por ellos. Grandes, ligeramente rasgados, con tupidas pestañas largas y rizadas. Ese tono verde esmeralda, con reflejos amarillos, que solo se podrían apreciar si se hubiera estado horas observándolos, como lo hacía él a escondidas. Esos ojos estaban ahora rojos y con restos de lágrimas, ya apartadas.

- Os habéis desperdigado. Es difícil dar con vosotros. –oyó decir a Grace.

- ¿No estáis con Rachel? –preguntó James al caer en su otra compañera.

- Sus padres han venido a buscarla -informó la rubia.

- Y hemos pensado que quizá vosotros también necesitéis hablar –concluyó Lily.

- No creo tener nada que decir ahora, chicas –suspiró James.

Lily suspiró

- No lo retengas -le aconsejó-. Ya sabemos cómo sois la mayoría de los chicos y con esa actitud solo conseguiréis que duela más.

- Yo sólo sé llevarlo así. Y, como yo, el resto, supongo...

- Bien podrías ser como Pettigrew... –dijo Grace.

James la miró extrañado por esa afirmación. No se podría decir que Peter fuera precisamente un libro abierto, solía reservarse muchas cosas. Demasiadas, para opinión suya. La chica pareció captar la interrogativa en su mirada pues le explicó.

- Le hemos encontrado en un aula llorando a lágrima viva.

- Pensamos que estaríais todos juntos y nos extrañó verle solo.

- No había razón para estar juntos...

- Te equivocas James –Lily le tomó la barbilla con la mano y le obligó a mirarla-. Ahora más que nunca hay razones para estar unidos.

Al mirarla, James sintió un impulso contra el que había luchado todo el día. Quería llorar, necesitaba llorar y necesitaba que Lily estuviera ahí para consolarle. Ella al ver su expresión, le abrazó con fuerza. James apretó más el abrazo y apoyó su cabeza en el hombro de la pelirroja, pero aún aguantaba las lágrimas. Grace pareció notar que allí sobraba y se apresuró a inventar una excusa para dejar a la pareja a solas.

- Bueno pues... Gisele está con Pettigrew, creo que Kate estaba buscando a Black, así que me toca el escurridizo. Voy a ver cómo se encuentra Remus, seguro que también está intentando hacerse el duro.

Y sin más se marchó, aunque ninguno pareció notarlo. James y Lily se mantuvieron abrazados, dándose apoyo él uno al otro, y súbitamente, James Potter rompió a llorar delante de una persona, por primera vez en siete años. Lily no tardó en seguirle, pues aún necesitaba desahogarse.

No sabría decir cuánto tiempo estuvieron así, pero al separarse ambos se encontraban mucho mejor. La miró una vez más a los ojos, y se dio cuenta de lo mucho que la necesitaba, aunque solo fuera como amiga. Pero necesitaba tenerla a su lado.

- Me encantaría ser tu amigo, Lily. No sabes la falta que me haces ahora.

Pese a la reticencia que temía, ella le sonrió y le dijo.

- A mí también me gustaría ser tu amiga, James. Creo que ahora todos deberíamos estar unidos.

Una mueca de incredulidad se asomó en el rostro de James, lo que hizo que Lily volviera a ver al mismo chico de siempre. Inexplicablemente para ella, esto la alivió.

- Prometo no ser tan pesada y mandona si tú te controlas con las bromas. Y nada de tomarme más el pelo. Si cumples con esto, seré tu amiga incondicional -prometió.

- ¿Tomarte el pelo? -preguntó él sin comprenderlo.

- Cuando me pides salir y dices a voz en grito lo mucho que te gusto. A ti te puede parecer gracioso pero no lo es. Me siento humillada y no me hace la más mínima gracia la bromita. ¿Me prometes que dejarás de hacerlo?

- Pero...

Quería decirle que eso para él no era ninguna broma. Que todas las veces que le había pedido salir hablaba muy en serio. Quería decirle que todo lo hacía para llamar su atención. Mas, viendo la determinación en esos llorosos ojos verdes, pensó que si la única forma de tenerla era como amiga y era mintiéndole sobre sus propios sentimientos lo haría.

- Está bien, te prometo que jamás te volveré a tomar el pelo -prometió sellando su destino.


En realidad, mantener la farsa no le había costado mucho hasta ahora. Bien podía considerar a Lily Evans su amiga, pero lo único que habían compartido eran buenos ratos en grupo y pocas veces se habían quedado a solas.

Apenas habían compartido unas pocas cartas en verano al saber que ambos serían Premios Anuales, pero nada más. Era fácil ocultar esos sentimientos de esa forma, pero tener delante a esa persona durante tantas horas seguidas, con tantos ratos a solas... no sabría si podría contenerse y no gritarle de repente todo lo que sentía por ella.

- No puedo entender que alguien tan naturalmente alegre esté siempre tan triste.

Dio un brinco al oír la voz, y se dio la vuelta para ver quién le hablaba a sus espaldas. Allí, recostada en la pared, estaba Sadie Williams.

- ¿Disculpa?

- Dije que estás triste.

- ¿Ah sí? -preguntó, indiferente.

Claro que lo estaba. Su abuelo acababa de morir y estaba pensando en su pobre amigo.

- Ayer conseguiste impresionarme. Me recordaste mucho a alguien pero creo que estás demasiado melancólico. Me pregunto si es tu estado natural, porque no es lo que me pareció.

- ¿A quién te refieres? -preguntó James teniendo la sensación de que se estaba perdiendo la mitad de la conversación.

Sadie sonrió de esa manera suya tan rara, tan distante.

- Alguien que tampoco tenía miedo de ser como es y de que los demás le conocieran completamente. Eso es lo que vi ayer en ti. O creí ver.

- Pero...

Lo mismo le dio, la chica ya se había ido dejándole con la sensación de que era la persona más rara que había conocido en su vida. Cruzó el vestíbulo y caminó hacia su Sala Común para darles la noticia a sus amigos. Iba a echarles de menos. Sin embargo, antes de que llegara alguien le abordó de golpe. Era Sirius y tenía pinta de haber corrido una maratón.

- ¡Cornamenta! ¿Has visto a Kate? –preguntó entrecortadamente, mientras recobraba el aliento.

- No, ¿ya le has hablado de la existencia de Pluto?

- ¡Que va! -exclamó este-. Llevo un rato buscándola por todas partes. Me estoy empezando a preocupar. Sé que por voluntad propia es imposible pero, ¿y si le han lanzado un imperius y me está poniendo los cuernos en algún armario abandonado?

James se echó a reír ante su dramatismo exagerado. Sirius no podía tomarse nada en serio, ni siquiera cuando iba a decirle a su novia que era un animago ilegal.

- ¿Te ha dado por buscarle en ese sitio que tú y yo no pisamos a no ser que haya urgencia extrema? ¿Ese sitio que yo afirmo tiene encantamientos para agilipollar a todo el que entra allí? -sugirió.

- ¿En la biblioteca? -preguntó Sirius sin comprender-. No, no he mirado. ¿Pero qué iba a hacer allí? Es el primer día del curso, casi no tenemos deberes.

- Cierta pelirroja neurótica ha ido. Y temo que Remus se haya escabullido ahora que no le hemos podido vigilar.

- Quizá tengas razón...

Y con esta idea ambos marcharon a la biblioteca. Cuando llegaron, se vieron envueltos en ese silencio sepulcral que siempre invadía el lugar. Apenas habría quince personas dentro, la mayoría de séptimo.

Dos chicos de Slytherin de quinto a los que Sirius había visto a menudo hablar con su hermano, una chica de su curso de Ravenclaw con la que Sirius se había escondido en algún armario antes de salir con Kate, unas chicas de Hufflepuff con las que compartían herbología... y allí, en la segunda mesa al lado de la ventana, como siempre, estaban una Lily que resoplaba mientras buscaba frenética en un libro, un Remus que intentaba concentrarse y miraba con reproche a la pelirroja y una Kate que escribía ausente.

Sirius entró corriendo y llamó a Kate a gritos, cosa que enfureció a Madame Pince por romper sus dos normas principales. Kate se sorprendió enormemente al ver a su novio en un lugar tan atípico para él y le miró desconcertada.

- ¿Qué pasa? ¿Estás bien? –le preguntó preocupada.

- No... digo sí... –el chico se quedó mirando a sus amigos quienes le hicieron un gesto de impaciencia.

En el fondo, no se sentía a gusto revelando un secreto que no le correspondía por mucho que tuviera el permiso de Remus. Sin embargo, los chicos tenían razón, debía de mostrarle más confianza a su novia o ella se acabaría cansando de él. Y no podía consentirlo ahora que le gustaba de verdad una chica y podía confiar en ella. Mirándola más serio de lo habitual, decidió arriesgarse.

- Kate, tengo que hablar contigo a solas.

Aunque la petición no era extraña, sí lo era el momento y el semblante serio del chico. Esto fue lo que preocupó a Kate, que miró a Lily. La pelirroja le guiñó un ojo y sacudió la cabeza para decirle que no tenía de qué preocuparse.

Entonces recogió sus cosas con premura, y se dispuso a seguir a su novio. Antes de marchar lanzó una mirada de desconcierto a sus amigos, por si podían darle alguna pista de lo que podría ocurrir. Remus, como siempre, fingía no escuchar nada y tenía su rostro oculto en los libros. James estaba más concentrado en mirar furtivamente a su amiga pelirroja, lo cual le dejaba con dos opciones. O rehuía su mirada porque Sirius le iba a dar una noticia que no le gustaría mucho o es que algo le había pasado con su amiga. Lily no parecía enfadada, así que no temió que la guerra hubiese vuelto a estallar entre ellos.

Desconfiada, en cuanto salieron de la biblioteca entrelazó su mano con la de su novio y fue un alivio que él no le apartara sino que le apretó con más fuerza. Eso sí, aceleró el paso. Parecía tener prisa por conducirle hasta la torre Gryffindor y llevarle hasta la habitación que compartía con sus amigos.

Subió las escaleras de dos en dos, tirando de ella y, al llegar, comprobó que allí estaba Jeff, sentado sobre su deshecha cama y con el libro de encantamientos posado en sus cruzadas piernas. El chico levantó la vista y vio a sus dos compañeros.

Sirius le miró con un semblante serio muy distinto al que había visto hasta ahora. Estaba impaciente y le hubiera echado de malos modos, pero le había prometido a James que sería amable, así que aprovechó para presentarle a Kate.

- Jeff, te presento a mi novia Kate, ¿Te importaría hacer eso en otro lado? –dijo intentando dejar claro el verdadero mensaje: "Pírate".

- ¡Sirius! -susurró Kate frunciendo el ceño.

- No hay problema –respondió al tiempo que se levantaba-. Encantado –le dijo al pasar a su lado a lo que ella respondió con una sonrisa y un movimiento de cabeza.

Al cerrar la puerta, la sonrisa de Kate se desvaneció y desvió la mirada a su novio que le daba la espalda en ese momento. Le miró preocupada al notar cierta inseguridad y se preguntó si no tendría que esperar lo peor.

- ¿Sirius?

Él suspiró, y durante un segundo que se le hizo eterno, reinó el silencio en la habitación. Después él se dio la vuelta, la miró a los ojos.

- Tienes que escuchar todo antes de enfadarte -le avisó, y eso solo la puso en guardia.


Continuará...

Bueno, ¿Qué os pareció? ¿Me merezco un review? Solo dadle al go pleaseeee! Hasta el proximo capitulo ;)

"TRAVESURA REALIZADA".

Eva