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Canción: Disparo al corazón/ Ricky Martin
Capítulo 39: Chica problema
Shion tomó a Naruto por las mejillas y lo besó en los labios mientras éste luchaba por salir de allí. Hinata entró en la habitación en ese momento y ambos chicos se separaron.
—A-amor… —logró decir el rubio mirando a su novia a los ojos con un rostro impregnado de terror. Shion se había alejado un poco y miraba al piso con expresión turbada. Por primera vez desde que había llegado a esa casa parecía sentir de verdad su comportamiento.
—Hina… Entré porque quería ver la hermosa gargantilla que era de la tía y vi a tu novio… y…
No había nada que explicar. Hinata caminó hacia ellos dos con las mejillas completamente rojas y los ojos abiertos de forma enorme. La expresión que tenía hizo que los dos chicos se quedaran de piedra; cuando estuvo lo suficientemente cerca de Naruto, lo tomó por los hombros y lo acercó a su cuerpo, su rostro aún marcaba cierta frivolidad que era impropia en ella, pero esa característica se desmoronó cuando, con lágrimas cayéndole por los ojos empezó a susurrar.
—Te quiero fuera de mi casa en este instante.
—Cariño… No... Mira, yo…
Hinata comenzó a empujarlo con toda la fuerza que tenía hasta la puerta de su habitación. Naruto intentaba protestar, pero ninguna palabra le salía completa debido al nerviosismo.
—Vete. De aquí. Uzumaki —Siguió ella entre golpe y golpe. Naruto salió de la habitación haciendo fuerza para quedarse, pero ella seguía empujándolo y golpeándole los hombros con sus debiluchos puños y él no quería lastimarla. La cara de Naruto empezó a cambiar, parecía contenerse las ganas de echarse a llorar allí mismo, y esa fue la última imagen que tuvo Hinata de él cuando le cerró la puerta en la cara.
Volteó a ver a su prima.
—Hina… Como te decía… Vine a ver esa linda gargantilla y…
—¡No tienes ningún derecho! —Gritó la otra.
Naruto del otro lado de la puerta se quedó de piedra.
—Es que me gusta esa joya que tiene y…
—¡NO TIENES NINGÚN DERECHO A ESTAR EN MI HABITACIÓN, CON MI NOVIO, NI A TOCAR MIS COSAS, SHION! ¡No sé quién te crees que eres, ni sé por qué me haces esto si tan amigas éramos en el pasado, pero no quiero volver a verte! El tiempo que te vayas a quedar en mi casa: ¡Ni se te ocurra cruzarte conmigo!
—Pero, Hina… Nosotras somos como hermanas.
—¿¡AH SÍ?!
Desde fuera Naruto esperaba asustado; en primer lugar porque no quería irse y dejar a su novia en ese estado, y en segundo lugar porque aún estaba en calzoncillos, con sus pantalones dentro de la habitación. Hanabi subió las escaleras y lo vio allí parado, estático. Su primera reacción fue girar la cabeza hacia otro lado al comprobar que su cuñado estaba en ropa interior, pero rápidamente se sintió curiosa y avanzó hacia él. No llegó a decir nada. Los gritos de Hinata se oían a través de la puerta y el rostro de Naruto estaba tan dolido que podía largarse a llorar ante el mínimo contacto. Hanabi se quedó parada a su lado.
—¡AAAAAAAAAAAAAAH! —Se oyó del otro lado, seguido de algunos alaridos, ruidos extraños, golpes y llantos.
El corazón de Naruto fue cada vez más deprisa. Hanabi no esperó y abrió la puerta.
Hinata estaba tomando a Shion, con fuerza, del cabello, y la arrastraba hasta la puerta de su habitación. No era Shion la que lloraba, aunque sí gemía de dolor y refunfuñaba para librarse; era Hinata a quien le caían lágrimas y sorbía por la nariz.
Hinata tiró a Shion hacia afuera y ésta cayó en el pasillo, despatarrada, tomándose la cabeza.
—¡Hinata! —exclamó Hanabi fuera de sí.
—Cariño… Déjame… —Naruto alzó una mano hacia ella pero ésta la rechazó. Caminó a grandes zancadas y buscó debajo de la cama los pantalones de su novio antes de tirárselos a la cara.
—¡No quiero hablar contigo!
La chica cerró la puerta ante los tres espectadores y todos la oyeron desmoronarse dentro de la habitación.
Gaara había ido a buscar a Matsuri a su casa, después de que ésta le llenara el WhatsApp de mensajes sobre lo que la estaban torturando sus padres debido a la situación económica, política y pública de la familia Sabaku No.
—Lo positivo es que no se oponen a nuestra relación, y eso ya es algo —estaba diciendo cuando Gaara metió en la cerradura la llave, en el porche de su casa—. Nunca les ha gustado ninguna amistad mía. Apenas toleran a Sari, que es mi mejor amiga desde el jardín de infantes… Para ellos todos son mala influencia, me merezco siempre a alguien mejor, o son demasiado irresponsables, o imprudentes… —La jovencita se encogió de hombros mientras Gaara la hacía entrar a la casa— Al menos, ahora que saben quién eres, te idolatran…
—No me gusta que me quieran por mi dinero —comentó el joven pelirrojo, dando un par de pasos para llegar a la sala—. Y mucho menos por mi padre.
Ambos se adentraron a la sala y oyeron risas y ruidos en la cocina.
—Creí que no había nadie en casa —se sorprendió Gaara comenzando a caminar hacia allá. Matsuri lo siguió. Al asomarse por el arco que daba a la cocina, ambos se quedaron estáticos y Matsuri se ruborizó.
De espaldas a ellos había un chico de estatura promedio, vestido con una camisa verde y unos pantalones de jeans. Su cabello atado en una cola de caballo alta, que le daba forma de piña a su cabeza. Entre sus brazos sujetaba a Temari que reía por los comentarios que el joven le hacía al oído. Los brazos de Temari estaban enredados en el cuello de su novio y una de sus piernas estaba algo elevada, entrelazada al pantalón de él.
Gaara carraspeó y los dos chicos miraron hacia él.
—Temari… Tienes público —habló el menor de los hermanos. Temari lo fulminó con la mirada, pero pasó su vista a Matsuri y ésta se suavizó.
Temari avanzó hacia los dos chicos con una sonrisa y Shikamaru la siguió con porte perezoso y un andar mucho más lento.
—¡Trajiste a Matsu! —Se alegró Temari parando frente a su hermano y su cuñada.
—Hola Gaara… —saludó Shikamaru sin pizca de vergüenza por la situación en la que lo habían encontrado.
—¿Qué hay Shikamaru?... —Gaara miró a Matsuri que estaba aún ruborizada mirando de Temari a Shikamaru y se apresuró a hacer las presentaciones— Matsuri él es mi cuñado, el novio de Temari: Shikamaru.
—Hola ¿Qué tal?
—Ella es mi novia: Matsuri.
Los dos se saludaron.
—¿Qué hacen aquí? Pensé que no habría nadie en casa.
Temari bufó ante la pregunta de Gaara.
—Ni lo menciones… Shikamaru y yo estábamos en una cita que se vio arruinada por la llamada de nuestro padre —La rubia puso los ojos en blanco, con fastidio—. Tendrá una conferencia de prensa y, ya sabes que no puede hacer nada solo… me pidió que me encargara de llamar a todos sus contactos, de elegir su traje… etcétera, etcétera… —Temari se encogió de hombros.
—Entonces… ¿Papá va a venir ahora?
—Sí, llegará en cualquier momento.
Gaara se llevó una mano a la frente con la misma expresión de hastío que su hermana había puesto segundos atrás. Matsuri se aferró a la camiseta de Gaara como si tuviera miedo. Y, de hecho, su rostro denotaba terror.
No quería conocer a su suegro, había oído muchas cosas de él y ninguna agradable. No dudaba de que fuera un buen hombre, pero era demasiado rígido y exigente con sus hijos, además de ser frío y de jamás demostrar sentimientos. Y el poder que tenía sólo la asustaba más.
—Matsuri… ¿Quieres que nos vayamos antes de que él llegue?
—¡Sí, por favor!
Temari les sonrió a ambos sabiendo muy bien sus motivos y entendiéndolos y tomó la mano de su novio que la apretó también.
Gaara y Matsuri se dieron la vuelta y estaban a punto de salir de la sala cuando Rasa Sabaku No los interceptó en la entrada.
El hombre miró de su hijo a la joven muchachita que tenía pegada a su brazo y su boca formó una 'o'.
—Itachi… —susurró Sasuke, como ido, a su hermano al llegar a la casa. El mayor estaba sentado a la mesa de la cocina, tomándose un café y leyendo el periódico como si fueran las seis de la mañana y se estuviera por ir al trabajo.
—Mmmm… —El moreno levantó la vista con aspecto cansado.
—Tengo que decirte algo… Dos cosas en realidad, y es una peor que la otra —Sasuke se sentó a un lado de su hermano, entrelazando los dedos sobre la mesa y mirando a ese punto en el que se unían.
—¿Mataste a alguien?
—No.
—¿Te agarraste SIDA?
—No, Itachi.
—¿Y entonces?
—Lo primero —El menor suspiró—, y ya es bastante terrible, es que… Hay una chica, que empieza a gustarme mucho…
Itachi sonrió de lado y puso expresión de «te lo dije» pero no habló. Su hermano menor estaba cabizbajo y no era usual en él. Solía tener una seguridad envidiable por casi cualquier ser humano.
—Sakura me ha vuelto loco y… es terrible… me estoy enamorando de ella.
Itachi se animó a soltar una risita. Sasuke lo miró fulminante.
—¡Uy, qué terrible, hermanito! —ironizó el mayor.
—E-eso no es lo peor… ¿Sabías que mamá tenía una prima?
Itachi lo miró frunciendo el ceño sin entender el cambio de tema.
—Pues… Sí, no me sorprendería. Tengo entendido que mamá no estaba muy unida a su familia, porque ellos se opusieron a que se casara con papá, ya que… Bueno, él era bastantes años mayor que ella… —Memorizó Itachi—. Así que cuando ella falleció ya estaba distanciada de su familia y ellos nunca volvieron a ponerse en contacto con nosotros… También hay que tener en cuenta que nosotros éramos muy chicos cuando eso pasó, no me sé todos los detalles, sólo lo que los tíos Uchiha me permitieron saber.
Sasuke asintió comprendiendo.
—Sakura… Ella es hija de una de sus primas.
Itachi se quedó en silencio varios segundos que se hicieron eternos. Intentando atar cabos en su mente, intentando comprender todo lo que le había dicho su hermano hasta el momento.
—Sakura es hija de… ¿De quién?
—De Mebuki Haruno, de soltera… Senju. Es nieta del tío Hashirama ¿entiendes? El hermano del abuelo Tobirama Senju… El papá de mamá —A Sasuke se le quebró la voz y se quedó igual de estático e inexpresivo que había entrado.
Itachi se llevó una mano al cabello y se lo revolvió. Suspiró algo impactado.
—Vaya, Sasuke… Qué coincidencia.
—¿Coincidencia? ¿Es eso lo que vas a decir? ¡Es asqueroso, Itachi! ¡Me acosté con nuestra prima!
Itachi levantó un índice para callarlo.
—Prima segunda, Sasuke.
—¡Mierda! ¿¡Qué tiene eso de relevante?!
—Sasuke, lo único que te impide seguir adelante con esa chica es el conocimiento que ahora tienes —razonó Itachi, aunque se veía bastante nervioso—. Debe haber muchas personas en el mundo que se casan, o que viven en pareja por años, siendo parientes sin saberlo… ¡Piénsalo! Nosotros estábamos distanciados de esa parte de la familia, tú y ella jamás podrían haberlo sabido, por eso se animaron a más. No tenían un lazo fraterno que los uniera… A diferencia de nuestra relación con otros primos, ustedes no jugaron juntos en el lodo, ni se bañaron desnudos en la piscina cuando niños… No se pelearon por juguetes o por «ser» un personaje de dibujos animados… No te voy a negar que es extraño y un poco perturbador, pero... ¿Por qué demonios no aprovechas que estás en uno de los pocos países del mundo en el que el incesto es legal?
—No digas esa mierda de palabra —Dijo Sasuke viéndose afectado. Itachi le sonrió.
—Sasuke, para serte honesto dudo mucho que esto cuente como incesto. Ha habido, por años, familias que han buscado herederos casándose entre primos hermanos, sólo porque consideraban que de esa forma la sangre de su linaje iba a ser más pura… Y no te hablo de muchos años atrás, sólo hace ochenta o cien años aún había gente que hacía eso.
—No vivimos en el siglo pasado, Itachi…
—Yo sólo digo que… Es la primera vez que te enamoras, Sakura es una chica estupenda, se la ve tierna y agradable… Deberías seguir para adelante.
El mayor se fue, dejándole espacio. A sabiendas de que su hermano tenía mucho en qué pensar.
Sai y Shin entraron a El Refugio hablando en voz baja, ese día era el cumpleaños de su madre y seguramente tendría muchas ganas de verlos a ambos; pero con su padre cerca todo era problemático. Se sentaron a una mesa, sin hacer contacto visual con ninguna de las camareras, estaban muy absortos en su conversación. Ino se acecó a ambos con una sonrisa. Sakura aún no había llegado y era una suerte no tener tantos clientes, porque las demás ya estaban bastante ocupadas con los pocos que había.
—Hola ¿Qué van a pedir? —Ambos la miraron sin saber qué responder e Ino desvaneció su sonrisa, pensando que, tal vez, había interrumpido algo importante. Pero entonces Sai le sonrió.
—Algo fresco, unas bebidas gaseosas y… —Miró a su hermano para terminar de decidir.
—Unos sándwiches —pidió el otro. Ino asintió y se fue rápidamente a buscar el pedido.
Volvió de inmediato y se quedó allí estancada.
—¿Interrumpí algo importante?
—No, no te preocupes… Estábamos hablando sobre nuestra madre, hoy es su cumpleaños —Le informó Sai con su típica sonrisa, extendiendo un brazo como invitación. Ino, sonriente, se sentó a la mesa.
—¡Pues, que bello! ¿Y van a regalarle algo?
—Esa es la idea… —susurró Shin con la misma sonrisa que caracterizaba a su hermano—. Pero es difícil.
—¿No saben qué darle?
—No es eso… —dijo Sai—. Es que… Hay una pésima situación entre medio, con mi padre.
—Oh… —Ino se quedó en silencio.
—¿Y tú qué le regalarías? —preguntó Shin a Ino para desvíar eltema.
—¿Yo? ¡Oh, pues yo estoy estudiando diseño, y seré una estupenda diseñadora de modas! —dijo sin ninguna humildad—. Así que si por mí fuera, le compraría un hermoso bolso con una chaqueta a juego y un par de zapatos ¡Cualquier mujer moriría por eso! —Tenten, que pasaba por allí detrás y escuchó ese fragmento de la conversación, puso los ojos en blanco negando con la cabeza y siguió su camino.
Shin sonrió ante la declaración de la rubia.
—¿Y cómo está tu hermano? —preguntó Sai tras beber un sorbo de su gaseosa.
—Está muy bien; ayer fueron a hacerse la primera exografía y resulta que… aún no se sabe bien, pero creen que puede ser un niño ¡Así que ya estoy baboseando con él! ¡He estado pasando por muchas tiendas para ver qué puedo comprarle!... Aún no le dicen a mis padres, claro.
—Es genial… ¿Se está adaptando bien a la vida en convivencia?
—Oh, sí… Deidara y Kurotsuchi fueron hechos el uno para el otro. Eso se sabía desde siempre. Son amigos desde niños.
—Awn, eso es muy dulce —Comentó Shin que entendía a medias la conversación.
—Bueno, Ino… —Comenzó Sai mirando a su hermano que asintió con la cabeza, entendiéndose con una mirada— Ya tenemos que irnos, ¿cuánto te debemos?
Ino hizo rápidamente una cuenta mental y los hermanos pagaron en ese mismo momento, sin siquiera pasar por la caja registradora. Los tres se levantaron de su asiento y empezaron a caminar hacia la salida—. Si el tiempo me lo permite, pasaré más tarde ¿te parece bien?
—¡Claro que sí! Puedes venir cuando quieras y seguimos nuestra charla —Le sonrió ella. Sai e Ino compartieron una mirada de sólo unos segundos, aunque bastante intensa. Shin sonrió para sí mismo; los tres estaban saliendo por la puerta, ya que Ino se había decidido a acompañarlos hasta la salida. Estaban pisando la acera cuando el de pelo plateado dijo:
—Ustedes dos también son muy dulces juntos… —Sai se ruborizó pero Ino le sonrió con ánimos y se colgó del brazo del de piel pálida que la miró a los ojos, con las mejillas encendidas.
—¿Eso crees? —preguntó Ino a Shin, con la vista clavada en Sai.
Los tres avanzaron unos pasos más y de repente Shin se quedó de piedra. Los otros dos se obligaron a detenerse para mirar por qué el joven se había parado. Frente a ellos había un grupo de mujeres de mediana edad, que notablemente habían salido de compras; una de ellas miraba a Shin y a Sai con aspecto acongojado. La mujer, de pelo claro, comenzó a llorar al verlos. Ino se quedó de piedra, sin saber cómo reaccionar, y apretó más fuerte el brazo de Sai contra sí misma, buscando alguna especie de protección. Las mujeres que acompañaban a la que lloraba, siguieron camino y dejaron a su amiga en soledad, para darle intimidad.
—Mamá… —susurró Shin mirando a la mujer— ¡Feliz cumpleaños! —Forzó una sonrisa y dio un tímido paso hacia adelante. La mujer se lanzó a sus brazos, apretándolo con fuerza y lloriqueando en su pecho. El muchacho la abrazó también y la mujer extendió uno de sus brazos para atraer a Sai contra sí, y fundirlo en un abrazo triple.
Ino quedó atascada en medio del abrazo, apretada contra el costado de Sai, sin saber qué hacer.
La mujer se separó de ellos tras unos segundos de intenso lloriqueo.
—¿Cómo están? ¿En dónde están viviendo?
—Mamá… Todo está en orden —dijo Sai, Ino intentaba hacerse pequeñita a su lado, pero la mujer la vio de igual forma.
—¿Quién es esta adorable chica? —Le sonrió, con los ojos humedecidos, pero de forma tierna.
—Hola, señora Shimura, muy feliz cumpleaños —comenzó Ino avanzando un poco, fingiendo seguridad, para saludarla con un beso en la mejilla—. Me llamo Ino Yamanaka.
—Es un placer, pero no me llames «señora Shimura», estoy pensando dejar ese apellido.
Sus dos hijos la miraron impactados.
—¿Qué dices, mamá?
La mujer suspiró. Aún parecía algo triste pero a la vez, sonreía, intentando ser fuerte.
—Cuando se fueron, le pedí a su padre, que los buscara inmediatamente… pero no lo hizo, de hecho, no pareció importarle nada más que lo que los vecinos pensarían de nosotros al enterarse que nuestros dos hijos se marcharon… Así que… Le pedí el divorcio —Se hizo un silencio. Ino, nuevamente, intentó hacerse pequeñita, sin intención de presenciar algo tan íntimo—. Obviamente no quiso dármelo, ya que eso sería aún más deshonrante que haber discutido con sus dos hijos; pero llamé abogados y… no tuvo otra alternativa. Los trámites están haciéndose, la idea era vender la casa pero… decidí que la quiero conservar, así que saqué un préstamo y le pagué a su padre lo que le correspodía, y empecé a trabajar como antes de que ustedes nacieran… Y me siento bastante bien… Estoy renovada —Admitió la mujer como si hubiera querido hacer eso toda la vida y se hubiera estado conteniendo—. Sólo me quedaba encontrarlos a ustedes, pero no sabía cómo… —Empezó a sollozar de nuevo pero se calmó—. Quiero que regresen a la casa…
Sai y Shin se miraron algo turbados.
—Eeeh… Sí, sí, mamá… Ya hablaremos de eso —dijo Shin avanzando y abrazando a su madre con cariño. Sai le dedicó una última mirada a Ino.
—Ya nos veremos después… —le susurró. Ino asintió sonriéndole con afecto.
—Mucha suerte.
Él le devolvió la sonrisa y ella se apartó del agarre que aún ejercía contra el muchacho, antes de entrar, de nuevo, a la cafetería.
—Te dije que el sujeto es imbécil… —Estaba diciendo Gaara entrando a su habitación. Matsuri, Shikamaru, Temari y él, habían estado charlando con su padre brevemente antes de que a conferencia de prensa empezara. El hombre les había hecho varias preguntas y había insistido en que Matsuri se quedara a cenar, así que la chica, sin tener otra opción, había llamado a su casa y sus padres le habían dicho que estaban de acuerdo, bastante eufóricos.
Ahora, Rasa, había invitado a entrar a la sala a varios periodistas para que la reunión fuera en un ambiente más familiar; lo que al hombre le convenía políticamente por alguna razón, y Shikamaru y Temari habían aprovechado el ajetreo de la multitud para salir de la casa rápidamente; mientras que Gaara y Matsuri, se habían tenido que ocultar rápidamete en la habitación de él, ya que si algún periodista los veía, se someterían a varias preguntas debido a las fotos que habían circulado por los medios en los últimos días.
—No me pareció tan malo… —Susurró ella cerrando la puerta tras su cuerpo, haciendo el menor ruido posible.
—Es que está en plan «amable» porque cree que me asentaré estando contigo.
—Te tiene como a un demonio —dijo Matsuri riendo—. Cree que eres un criminal, o algo así…
—No soy el hijo que hubiera querido tener… —Gaara se sentó en la cama y se encogió de hombros—. Creo que ninguno de los tres somos los perfectos niños con los que había soñado. Desaprueba casi todo de nosotros… No le gusta cómo me visto, ni la música que escucho… Ni las amistades que frecuento… Y entonces te vio a ti, que eres una chica linda y decente, y pensó «Esta chica lo enderezará» —Gaara sonrió de lado.
Matsuri se sentó a su lado y le puso una mano en el hombro.
—Cree que podrás domarme… —Le dijo Gaara viéndola a los ojos con una sonrisa. Ella le sonrió también. Gaara se levantó y puso la radio de Konoha desde su ordenador, sintió unos brazos envolviendo su cuello desde atrás y volteó para quedar cara a cara con Matsuri que le sonreía con ojos brillantes, mientras comenzaba a sonar a sus espaldas, una valada de Ricky Martin, que en cualquier otra ocación, Gaara habría quitado con rapidez.
—¿Y podré? —preguntó ella, juguetona.
Él amplió la sonrisa.
—Creo que sí —dijo abrazándola por la cintura y fundiéndola en un beso. Matsuri se dejó llevar y de un segundo al otro, él la había tendido de espaldas en la cama y estaba depositándole besos por el cuello.
—Gaa-Gaara… —Aquí va mi confesión: antes de ti no fui un santo, he pecado ¿cómo no? Pero eso es cosa del pasado. Desde que llegaste tú, lanzaste al aire la moneda; fuera cara o fuera cruz, ganabas como quieras… Matsuri hablaba con voz temblorosa mientras veía cómo él se quitaba la camiseta y sentía un escalofrío placentero en toda la espalda—… Yo… Ésta será… mi primera vez… —informó nerviosa.
Gaara le sonrió y volvió a besarla con ternura. Conocerte fue un disparo al corazón, me atacaste con un beso a sangre fría, y yo sabía, que era tan letal la herida que causó, que éste loco aventurero se moría. Y ese día comenzó tanto, con un disparo al corazón.
—También la mía… —confesó él tímidamente tras desprenderse de ese beso.
Sakura llegó a la cafetería con aspecto cansado, estaba algo despeinada y sus ojos verdes estaban apagados. Ino corrió hacia ella en cuanto la vio llegar, mientras el resto de las chicas la miraban desde lejos atendiendo distintas mesas.
—¿Cómo te fue? —preguntó Ino, subiéndole el volumen a la radio para que los clientes no pudieran escuchar la conversación.
—Estoy bien… Le conté todo… —confesó, se veía algo nerviosa, pero parecía haber llegado a una resolución.
Cuantas noches de pasión, cuantas mañanas tan vacías; y un error tras otro error, con estas sábanas tan frías. Desde que llegaste tú, lanzaste al aire la moneda, fuera cara o fuera cruz, ganabas como quieras.
—¿Y qué te dijo?
—Como era lógico me pidió tiempo para pensar… Y me tomé la libertad de yo también tomarme un tiempo para lo mismo —Ino asintió, Sakura la miraba como pidiéndole perdón por haberla dejado tanto tiempo a cargo de la cafetería—. Estuve dando vueltas y tomando aire… Y… Creo que… Voy a hacerle caso a mamá… ¿Tú qué opinas?
—¿Quieres seguir adelante?
Sakura suspiró nerviosa.
—Es que… Tengo que vivir el presente ¿no? Sasuke es un gran chico… Es bueno y es atento… Y es muy apuesto, no puedo dejarlo ir… ¿verdad?
Ino estaba a punto de hablar cuando alguien más, una chica bajita, de suave tez clara, cabello castaño y hermosos ojos azules, las interrumpió. Probablemente se había acercado a pedir algo para beber.
—¿Hablan de Uchiha Sasuke? —preguntó más interesada de lo que debería.
—¿Sí? —Asintió dudosamente Ino mirándola incrédula.
—¡Puff! No te recomiendo que te acerques a él… Es un inmaduro y un imbécil —Susurró la chica joven que tenían delante. Probablemente tendría unos veintidós años y parecía modelo.
—¿Y tú qué sabes? —Espetó Ino queriendo defender a su amiga.
—Pues sé más que ustedes, al parecer… Se dedica a utilizar chicas y dejarlas tiradas… —Empezó a contar con los dedos, enumerando las cosas que hacía—. Una salida a algún restaurante, al cine o al teatro… A tomar un helado… Palabras dulces sobre lo impactante que eres para él en su vida, a pesar del poco tiempo que hace que se conocen; entonces te sientes segura… te lleva a la cama y promete llamarte al día siguiente… Y nunca pasa. Y te das cuenta de que has sido una idiota y has caído en su jueguito…
—¿Pero qué dices?... Es obvio que Sasuke es popular con las mujeres y, seguramente ha tenido alguna aventura por ahí, pero eso no quiere decir que no sea loable. Lo conocemos bien y es un buen chico —Defendió Ino con el entrecejo fruncido.
La chica sonrió con sorna.
—¿Lo conocen? Lo que acabo de narrarles es cosa de todos los días en la vida de Uchiha Sasuke… Me lo ha hecho a mí y a otras tantas chicas que conozco… Nos hemos conocido de casualidad y hasta nos hemos hecho amigas después de las estafas sufridas por ese trúhan. Lo siento chicas… —Les sonrió—. Sasuke Uchiha jamás formalizará una relación.
Tras decir eso, miró por unos segundos el menú que colgaba tras la barra y, tras decidir que era mejor no quedarse, se marchó.
Sasuke entró a la cafetería sólo unos minutos después de que la misteriosa chica se marchara. Estaba dispuesto, tras la conversación con Itachi, a confesarle a Sakura que quería estar con ella, y a decirle todo lo que sentía, a decirle que quería seguir adelante con la relación que estaban formando. Al entrar a la cafetería, le pareció extraño que nada se oyera, había un silencio sepulcral. No había clientes, y todas las empleadas estaban agazapadas en un rincón, silenciosas. Sasuke caminó despacio hacia ellas, llevaba aferrada en su mano, con muchísima fuerza, una única flor blanca, inmaculada, como ella… como Sakura; a cada paso el nerviosismo era peor, pero todo pareció oscurecerse cuando Ino y Tenten miraron sobre su hombro a Sasuke y a la vista de éste quedó el rostro lleno de lágrimas de Sakura.
Él empezó a avanzar más rápido, con temple preocupado, pero Karin se levantó de su lugar en el suelo, a un lado de Sakura, y avanzó hacia él empujándolo hacia la puerta. La flor que Sasuke traía se resbaló entre sus dedos debido al sudor de pánico que tenía en las manos.
—¿Qué le pasa? ¿Qué pasó?... ¡Tengo que hablar con ella, Karin!
—Ahora no —dijo ella echándolo a los empujones de El Refugio—. Ahora no, Sasuke —Ella parecía enojada, igual que Ino que se acercaba a grandes zancadas como un torbellino.
—¿Qué pasó?
—¡Vete de aquí, Sasuke! Sakura necesita estar sola…
—¿Qué le pasó?
—Digamos que se enteró de tu jueguito… —respondió Ino poniéndose una mano en la cintura.
—¿Qué jueguito?
—No te hagas, Sasuke… Ya se enteró de que has andado con muchas mujeres, a base de engaños y mentiras —acotó Karin.
—¿Qué? —Sasuke se quedó en silencio unos segundos— No, no… Pero yo quiero estar con ella.
—No es el momento, Uchiha, déjala respirar —pidió Karin con gesto de enfado. Ino parecía encolerizada.
—¡Mejor vete de aquí y no regreses! —Ino se dio la vuelta y volvió con su amiga.
—Karin… —Suplicó el chico.
—Sasuke… —Suspiró ella resignada—. Sólo vete… Cuando su mente se aclare, hablaré con ella.
—Karin, aguarda —dijo él cuando ella ya se había dado la vuelta— ¡Yo quiero estar con ella!
—Ya lo sé… Sino no estarías aquí con una flor… buscándola… Pero ella necesita pensar, y razonarlo por sí sola…
Tenten aferró la mano de su novio que la había pasado a buscar por su trabajo, y estaban cruzando la calle para ir a cenar a casa de Neji. Él la miraba con preocupación.
—Pareces algo cansada…
—He tenido un fin de día duro… —explicó ella—. Sakura no está muy bien anímicamente.
—Lo entiendo…
—La verdad es que no me vendrían mal unas vacaciones del trabajo —admitió Tenten y sintió que Neji le apretaba la mano con fuerza antes de retirarla y buscar las llaves de su casa. Ambos entraron.
—Bueno… Estamos en septiembre, no falta tanto para navidad… Imagino que podrás tomarte unos días.
—Es cierto, sólo faltan unos meses.
—Podríamos hacer algo juntos ¿no?
Tenten le sonrió contenta mientras veía cómo su novio cerraba la puerta tras ellos.
—Sí, claro…
Neji la abrazó con afecto.
Sakura subió las escaleras de su casa después de cerrar el local, había estado mirando desde su móvil la carta de aceptación de la Academia de Danza; con todo el estrés que había tenido esos días, ni siquiera la había visto antes. Allí le adjuntaban la dirección en la que iba a hospedarse y hasta el número de habitación al que debía ir, le proporcionarían habitación y desayuno gratis durante toda su estadía, siempre y cuando mantuviera buenas calificaciones. Sakura estaba lista para retirarse a París; necesitaba nuevos aires después del descubrimiento que había sufrido horas atrás. El enterarse de que la persona a la cual amaba sólo la había utilizado, y justo después de decidir que le daría una oportunidad a pesar de los problemas que habían tenido…
Sakura miró a sus padres que estaban sentados a la mesa cenando, habían llegado antes del trabajo, y se sentó con ellos para hablarles claramente de que abordaría un avión cuanto antes. No sabía cómo y sentía una presión en el pecho… pero quería hacerlo.
