Canción: The call/ Regina Spektor

Capítulo 40: El viaje decisivo

Tenten amaneció abrazada a un torso musculoso y desnudo. Miró a su alrededor, no estaba en su casa… Empezó a recordar de a poco, Neji y ella habían cenado juntos, luego él había intentado tocar el piano para ella pero no había ido muy bien, debido a que hacía años que no practicaba, luego se habían ido a dormir… Y de repente, habían hecho el amor para luego quedarse dormidos.

Se tapó con las sábanas dándose cuenta de que estaba desnuda. Ella no era tan atevida, no sabía cómo se había atrevido a aquello. Simplemente, se habían acostado juntos dispuestos a dormir juntos, y de un momento a otro, estaban sumergidos en una nube de pasión, besándose y abrazándose.

Neji se movió en su lugar y abrió sus ojos poco a poco. Miró a Tenten con dulzura que le devolvió la mirada.

—¿Desayunamos? —preguntó el chico incorporándose. Ella asintió de forma tímida.

—¡El mundo sigue andando allá afuera! ¡La gente sigue en movimiento, los minutos siguen pasando, las horas... los días! ¡Por el amor de dios, Sasuke, sal de aquí! Desde ayer que estás encerrado, deprimido como un niño al que le quitaron su juguete... ¡Luces patético! ¿Y todo por qué? ¡Por una mujer! Querías hacerla caer en la realidad y ¿qué pasó? Caíste tú en la realidad... No puedes hacer nada al respecto, Sasuke... Ya te enamoraste, y todo luce terrible porque no estás con ella. Pero eres un idiota si crees que eso no tiene remedio. Sasuke, no voy a tolerarte ni un segundo más aquí, en esta habitación con olor a muerto ¡Levántate y anda! ¡Ve a luchar por ella o te patearé el trasero! —le gritó Sasuke antes de azotar la puerta e irse a trabajar. Sasuke hizo un mohín enfurruñado. Estaba tirado en el suelo, a un lado de su cama; se había caído cuando Itachi había ido a zarandearlo.

Se incorporó y olió su axila. Apestaba. No sabía qué hacer, por primera vez se sentía perdido en la vida. Por una vez, quería estar con una chica que lo rechazaba, y en realida todo era su culpa.

Itachi tenía razón, debía levantarse e ir tras ella, pero antes tenía que darse un baño.

Karin estaba vestida con ropa suelta, aunque llevaba un abrigo delicado sobre los hombros debido a que, de vez en cuando, soplaba un viento fresco. Había salido de su casa acompañada por su madre, iban a ir al aeropuerto a despedir a Sakura; al salir, Karin vio a su vecino salir de su casa y ambos se miraron por un corto tiempo.

—Mamá… ¿Podrías darme un segundo? Quiero hablar con Suigetsu.

Kushijo miró a su hija con el entrecejo fruncido.

—No, Karin… No quiero pelas desde tan temprano.

—No pelearé… Sólo aguarda —La chica trotó hasta donde Suigetsu estaba cerrando su casa y éste la esperó curioso.

—Hola, Karin ¿qué hay?

—Tengo que… tengo que hablar contigo.

—Estoy yendo a trabajar ¿Tiene que ser ahora?

—Suigetsu… —Ella lo frenó tomándolo por la muñeca. Hablaba en voz baja y se veía nerviosa.

—¿Qué tienes?

—Me he dado cuenta de que… después de todo… tú… tú sí me gustas…

Suigetsu sonrió con amplitud.

—¿En serio? Pensé que lo de la otra vez no había sido nada para ti.

—Yo quería que no fuera nada para mí, pero… No puedo evitarlo, Suigetsu… Algo me ocurre desde que sé lo que sientes por mí; no puedo frentarlo… Me pareces tierno y atractivo… y… quiero estar contigo. Sólo déjame compensarte por todo lo que te hice sufrir… —pidió nerviosa, se veía linda en ese estado. Suigetsu no dejaba de sonreír.

—No tienes que compensarme por nada…

—Salgamos esta noche, después de tu trabajo… —pidió ella implorante— Tengamos una cita y… deja que te confiese todos mis sentimientos como corresponde… No así, no a las apuradas; esto no cuenta —habló ella—. Déjame compensarte…

Él llevó sus manos a las mejillas de Karin y la miró fijamente.

—Karin… No tienes que hacer nada… Yo quiero estar contigo, sólo… estemos juntos.

—Quiero hacer algo lindo por ti —insistió ella.

Él le sonrió y la besó en los labios. Ella correspondió, lo abrazó por el cuello y él le dejó varios besos cortos sobre los labios.

Kushijo, detrás de su hija, miraba boquiabierta la escena.

—No tienes que hacer nada por mí, Karin… Que me estés diciendo esto es más que suficiente —dijo él y ella le sonrió tontamente.

Kiba tocó la puerta en casa de Shino. Tamaki lo acompañaba para darle ánimos, el castaño se había decidido a pedirle disculpas a su amigo por haber sido tan egoísta. Es que, el pensar que perdería a la única persona que le había dado gratas compañías lo ponía muy mal anímicamente; tal vez, por eso, era que se había animado a darle una oportunidad a la flacucha chica que le sujetaba torpemente el brazo. Si él hubiera seguido teniendo a Shino de su lado, probablemente no habría podido dar tal paso. Para él, tener una pareja estable, era algo enorme. Era algo de adultos, de gente madura, de aburridos… Pero, por alguna razón, al no tener más a su mejor amigo, se había ablandado. Tal ver era temor a la soledad, o miedo al abandono, pero tener a Tamaki reconfortándolo, lo hacía sentir mejor… Aunque aún sentía un agujero en el lugar del corazón, y se sentía muy estúpido por estar en esa situación tan incómoda.

Nunca en toda su vida, le había pedido disculpas a nadie. Su orgullo y altanería a veces sobrepasaba los límites que él mismo intentaba ponerse.

Shino abrió la casa, era usual que estuviera solo, sus padres trabajaban todo el día. Miró a Kiba algo sorprendido.

—No creí que vinieras —comentó dejando de lado la sorpresa para volver a su inexpresivo rostro.

—No podía dejar las cosas así. Hoy te marchas… —susurró Kiba, apenado— Ella… ella es Tamaki… —presentó. Shino la miró algo impactado.

—Hola… ¿Quieren pasar?

Kiba asintió y ambos se adentraron por el marco de la puerta y Shino los invitó a sentarse a la mesa. Por un momento hubo silencio, luego Shino volvió a hablar, mirando a Tamaki.

—Así que… ¿Qué? ¿Están juntos?

—Sí, estamos intentándolo… —Sonrió Tamaki.

Shino miró a Kiba con una expresión de requerir explicaciones. El castaño le sonrió con timidez.

—Ella… Ha estado ahí después de que recibí la noticia. Vamos a ir despacio —explicó brevemente. Shino asintió aunque se mostraba estupefacto.

—Bien. Más te vale cuidarla y no metas la pata…

—Deja de tratarme como a un niño.

—Jamás me hiciste caso, y siempre te fue mal —reprendió el otro—. No te costaría nada madurar un poco.

Kiba miró un punto entre sus piernas pensativo.

—Bueno, bueno… Intentaré ser adulto. Déjame en paz… Ya sabes a qué vine.

—Sí —Shino asintió—… Y no es necesario que digas nada. Te perdono, porque eres mi amigo, y te pido disculpas por no haber podido encontrar otro medio, ni otro momento para decírtelo. Fue un tema delicado. Hemos estado unidos desde siempre, no tengo recuerdos de ninguna persona con la que haya compartido tanto como contigo… —La voz de Shino era firme e inquebrantable como siempre, y su porte igual de serio y desinteresado, pero sus palabras eran sinceras—. Eres mi mejor amigo… Mi hermano, diría… Y de alguna forma te he fallado. Teníamos un acuerdo, o iríamos los dos o no iría ninguno… pero al recibir mi beca y ver que tú no la recibiste, me eché para atrás.

—…Es tu futuro, Shino; es normal. Yo actué como un niño, es normal que me reprendas. No estuvo bien… Sólo pensé en mí, en que me quedaría solo y no podría compartir mis triunfos con nadie… Pero eso no es justo. Tengo que dejar que hagas ese viaje. Es tu oportunidad…

—Si me quieres, tienes que dejarme marchar.

—¡No seas idiota!

Los dos se miraron seriamente por pocos segundos y después se echaron a reír.

Tan simple como eso, las paces quedaron hechas.

Sakura miraba nerviosa la fila que tenía delante. Estaba parada dispuesta a viajar a Europa, a Francia, a la academia de danzas de París, pero… ¿Estaba preparada? Toda su vida había soñado con ser bailarina y siempre había sido un secreto, siempre se había sentido tonta, creyendo que eran sueños de niñas pequeñas que debían romperse con el tiempo, y, ahora, estaba dejando de lado sus estudios universitarios, a sus amigas, su empleo en la cafetería, a su familia… Todo para irse a Francia.

¿Sería lo correcto?

¿Estaría obrando bien?

Al hablar la noche anterior con sus padres, ambos se mostraron sorprendidos e intrigados, su madre se había echado a llorar al saber que Sakura se iría tan pronto; pero en ese momento ella lo tenía claro. Quería despejarse y cambiar de aires para dejar de pensar en Sasuke y en toda esa mierda que había pasado con él. Pero no era lo mismo tomarse unas vacaciones o relajarse un fin de semana en la casa de campo de Naruto, que ir a vivir a Francia, con una beca que no sabía en qué tanto la ayudaría; y la única referencia que tenía para llegar a la academia, desde el aeropuerto, era el mapa que le habían enviado al contactarse. Un solo mapa, un plano de las instalaciones con su habitación marcada, y la promesa de tener la primera etapa de estudios paga al cien por ciento. Se llevaba bajo el brazo su diccionario de francés-japonés, y había estado practicando toda la noche su inglés promedio, idioma con el que se comunicaría hasta aprenderse el regional.

Después de que sus padres le preguntaran, la noche anterior, por enésima vez si eso la haría feliz y que ella contestara con tanta seguridad (que ahora ya no portaba) que sí, estos habían sacado unos ahorros que tenían guardados para refacciones del local y habían sacado un pasaje de ida a Francia en el primer vuelo que hubiera. Esa hora había llegado.

A Sakura le temblaban las piernas. Llevaba un bolso de mano que su madre le había preparado entre sollozos, la mujer le había guardado bastante dinero, sus documentos personales, algunas fotografías, productos de higiene personal y alguna que otra cosa que Sakura no había revisado; también tenía colgado sobre el hombro un bolso grande y arrastraba una valija de viaje. A su lado, su madre y su padre le hacían compañía hasta el último segundo, al igual que Ino, que se las había ingeniado para traer a Sai, que no parecía incómodo pero no sabía bien qué estaba sucediendo.

Karin y Tenten habían estado allí desde temprano, la habían ayudado con los trámites que tenía que realizar para poder salir del país, ya que Sakura nunca antes había viajado en avión, la señora Uzumaki le había preparado una tarta pequeña para el camino y Tenten, que tenía las cosas claras después de haber viajado desde China, le había explicado algunas cosas.

Las dos tuvieron que retirarse antes de que Sakura emprendiera el vuelo; Tenten iba a salir con sus padres, el jefe del señor Ama, Lee y Neji a una reunión en celebración al ascenso que Tian había recibido, al fin. Karin y su madre se retiraron poco después que la extranjera, tenían varias compras que hacer y habían creído que todo sería más rápido. Sin embargo, hacía ya largas horas que Sakura estaba allí, sus padres e Ino habían sido inamovibles. Su tía Tsunade le había enviado un abrazo grande y un saludo cariñoso, y le había prometido que si no triunfaba en París, siempre podría regresar y conseguir un trabajo como auxiliar en el hospital en el que ella trabajaba; Tamaki había enviado un texto dándole las gracias por tan grato recibimiento en el trabajo, deseándole suerte y apremiándola para que siguiera sus sueños.

La fila comenzó a avanzar y Sakura sintió nervios en todo su cuerpo, como una corriente eléctrica, o un feo calambre.

—Aquí voy —susurró temblorosa. Su madre la miró con lágrimas en los ojos. Su padre también se veía bastante decaído, pero ambos le sonrieron.

—Ánimo cariño…

—Llama cuando puedas… Ni bien aterrice el avión.

Sakura asintió a ambas cosas. Sus padres la abrazaron, la besaron y se alejaron un poco para darle espacio, la fila seguía avanzando y Sakura con ella. Ino y Sai caminaban a su lado.

Sakura se quería mostrar segura, pero Ino se había percatado de que no lo estaba.

—No te preocupes, Saku… Cualquier cosa, siempre puedes regresar. Siempre contarás con nosotros. Videochatearemos todo el tiempo, sin importar la diferencia horaria. Cotillearemos todo el día de distintas cosas, y me hablarás de los lindos franceses con los que fraternizarás —Sai sonrió al oír aquello— ¡Cuéntame todo, hermosa! ¡Ya nos veremos! Te lo prometo… Viajaremos y estaremos en contacto —Ino estaba lloriqueando igual que la madre de Sakura. Saku se sintió bien al ver aquello, al oír a su amiga apollarla como lo había hecho tantas veces en el pasado— Sabes que te quiero.

—Y yo a ti. Te lo agradezco, necesitaba oírlo —Sakura abrazó cortamente a Ino, ya que era su turno de pasar por el detector de metales y de encaminarse hacia su avión. Ino y Sai se alejaron de la fila saludando a su amiga; Ino, con lágrimas en los ojos.

Cuando voltearon, los señores Haruno ya no estaban. Seguramente habrían querido irse cuanto antes para despejarse y no pensar en Sakura. Ino se sentó en un asiento libre, como si esperara a alguien que aterrizaría pronto. Sai se quedó sentado a su lado, en silencio, asimilando que la rubia necesitaría tranquilidad y calma. Ino lloraba, aunque también sonreía.

Ninguno de los dos supo con certeza cuánto tiempo se quedaron allí sentados; comprobaron que el avión de Sakura partiera sin problemas y continuaron en el mismo lugar por varios minutos más. Cuando Ino consideró que ya no tenía lágrimas que llorar, se levantó, y al encaminarse hacia la salida, vio a un loco y atolondrado Sasuke abrirse paso entre la gente.

Parecía desesperado, estaba deshecho, despeinado y su ropa estaba arrugada; aún así seguía siendo increíblemente atractivo. Tanto así que varias mujeres jóvenes se lo quedaron viendo mientras él les pasaba por al lado.

—¡Ino! —gritó al verla. Se acercó tan rápido como pudo, con el corazón latiéndole deprisa. Sai se posicionó detrás de Ino sin entender nada. Apenas si la rubia le había dicho que tenía que ir al aeropuerto cuando lo invitó a «salir», había sido arrastrado por esa osada chica a un mar de lágrimas en donde una de las empleadas de El Refugio se marchava por tiempo indefinido, y ahora venía corriendo un loco, gritando por ahí el nombre de su rubia.

—¿Sasuke? ¿Qué demonios haces aquí?

—Dime que no llegué tarde… ¿Ya se fue?

—¿Cómo supiste que se iba? —La rubia se cruzó de brazos y Sai advirtió que no se encontraba feliz de ver a aquel moreno en ese sitio. A modo protector, Sai, rodeó el hombro de Ino para hacerle entender a Sasuke que si, era necesario, haría cualquier cosa para defenderla. Sasuke lo miró brevemente y luego de nuevo a Ino.

—Fui a buscarla a El Refugio y vi todo cerrado, me pareció extraño pero… intenté comunicarme con ella, no levantó ninguna de mis llamadas, ni contestó mis mensajes… Busqué, por azar, la solicitud de su beca (yo le hice la cuenta así que conozco la contraseña), y me figuró que la había aceptado, que le asignaron habitación y que estaría en camino en este tiempo para empezar allí el año lectivo.

La respiración de Sasuke era jadeante y entrecortada, se notaba que había estado corriendo.

—Pues, lo siento, llegaste tarde Uchiha.

—¡Maldición! Necesito hablarle… ¡Envíale un mensaje de mi parte, dile que quiero hablar con ella! ¡Dile que necesito comunicarme!

—Ya es tarde… Sasuke, ella no regresará. Y yo no seré cómplice de tus inmundicias de ser humano deplorable… —refunfuñó algo molesta, aunque empezaba a compadecerse por aquel chico—. No le diré nada de tu parte; si ella quiere hablar contigo contestará alguno de tus mensajes.

—¡Ino! ¡¿No te das cuenta que necesito aclarar las cosas?! ¡Estoy enamorado de ella! ¡Quiero que lo sepa!

Los ojos azules de Ino se abrieron y se iluminaron por igual, y la sorpresa se dejó asomar en su lindo rostro de finas facciones.

—¿Estás seguro de lo que dices, Uchiha?

—Jamás estuve tan seguro de algo en mi vida… —contestó el otro.

Ino lo meditó por unos segundos, todo el aeropuerto pareció quedarse en silencio. Todos alrededor parecían haber perdido la prisa, el habla, todo… pero sólo era la idea de Sasuke, que estaba tan atento en aquella chica que no podía pensar en nada más, ni sentir, ni percibir nada…

—Mira, Sasuke… En serio lo siento pero… Aunque yo le hable… Ella no regresará. Esta es la oportunidad de su vida y, aunque quisiera volver, no podría… No tiene el dinero suficiente para pagar otro pasaje.

Esta vez fue Sasuke quien se quedó en silencio meditando. Entonces, repentinamente… Sacó de su bolsillo su billetera y comenzó a revolver en su interior. Ino lo miró extrañada, dentro de la cartera no tenía más que unos cuantos yenes y sus documentos.

—Bien… —susurró para sí mismo tras estar un momento pensando en silencio— bien…

—¿Qué te ocurre?

—¿Aquí aceptan tarjetas de crédito?

—¡Claro, es un aeropuerto! —obvió Ino.

—Bien…

Sai e Ino vieron a Sasuke alejarse entre la multitud para ir a comprar un pasaje de avión. Ambos lo miraron en silencio, sabiendo a la perfección lo que hacía, entendiendo que quería ir tras ella a buscarla.

Ino se quedó boquiabierta por unos segundos y rápidamente envió un WhatsApp a su amiga, que no lo leería hasta aterrizar:

«¡No sabes qué pasó! Pregúntame, te quedarás con la boca abierta.» y luego le susurró a Sai con un suspiro de amor.

—¡De verdad me quiero enamorar!

Sai sonriéndole, le contestó:

—¿Y por qué no lo haces? —Ino tomó al pálido muchacho por las tiras de la camiseta sin mangas que llevaba y lo besó cortamente en los labios. Él correspondió algo sorprendido, pero de forma muy grata.

—¿Esto qué quiere decir? —preguntó al alejarse Ino, un poco. Aunque él aún la tenía sujetada firmemente por la cintura.

—Que quiero ser tu pareja… ¿No es evidente?

Sai le sonrió con más amplitud y le devolvió el beso.

Naruto caminaba nerviosamente fuera de la universidad a la que Hinata había ido para rellenar los últimos informes y quedar inscripta; el edificio, quedaba bastante alejado de su casa pero al rubio no le había importado nada, quería aclarar todo con su tierna novia, ella no había querido hablar con él por nada en el mundo… Y él la había visto a ella como nunca antes, se había puesto tan loca como una fiera y había arrastrado a su prima de los pelos (aunque, en opinión de Naruto, ésta se lo merecía); lo último que el rubio se había enterado, gracias a Hanabi, era que Shion, llorando, les había pedido a sus padres que terminaran antes sus vacaciones y volvieran a su hogar, y, ante las miradas de incredulidad de todos los adultos –Hiashi, incluido-, había confesado todo lo que le había hecho a Hinata, alegando que estaba celosa de que su prima tuviera una vida tan lujosa y hermosa, con bellos objetos, brillantes halajas y un novio atento. Tras oír aquello, Hiashi les había pedido que se retiraran de su casa cuanto antes, siempre en tono cordial (o lo más que se podía) y sin elevar la voz.

Según Hanabi, tanto ella, como Hiashi y como Neji, habían hablado con Hinata para explicarle que Naruto no había tenido nada que ver con nada, pero ella no había querido escuchar… Y él la entendía. Se sentía dolida, triste, traicionada… Y lo que más necesitaba era aire y espacio, pero él no podía permitirse dárselo; temía que, si tardaba más en luchar por ella, ella ya no lo quisiera aceptar.

Naruto vio salir a su novia, caminando lentamente y de forma distraída. Parecía sumida en sus pensamientos, estaba a otro nivel, no oía lo que un grupo de malhablados universitarios le gritaban al verle el trasero, ni escuchaba los ruidos de la ciudad, ni veía a ninguna de las chicas que corrían, jugando, a su alrededor… Ni se daba cuenta de que su novio la esperaba con una cara de preocupación que parecía auguriar la muerte.

Ella se acercó a él con mala cara, después de percatarse de que allí estaba. Él la miró avanzar con tímida expectación.

—Hola, cariño…

—Hola.

—Qui-quisiera hablar contigo…

—Es evidente, de otra forma no estarías aquí… —Hinata no parecía enfadada al hablar, más bien dolida. Parecía querer sonar fría, pero todo en ella era cálido.

Naruto estiró un brazo para acariciarle la mejilla y ella no lo apartó. Eso fue una señal positiva hacia él que se sintió más aliviado. Retiró su mano del contacto con ella y suspiró intranquilo.

—Quiero que sepas que no tuve que ver con lo que viste aquella vez… De verdad te amo… Te amo como jamás amé a nadie… Y me parece pésimo que justo, tu prima, me haya abordado después de… —Bajó la voz nervioso—… de que vivieramos algo tan íntimo y tan lindo, porque debes estar pensando de mí cualquier cosa. Pero no soy un cerdo, ni un degenerado… De verdad te amo, eres muy importante, Hina… No me puedo permitir perderte, he crecido gracias a ti… Me has dado alas, me has animado, me has apoyado, me has ayudado y me has querido… Te pido que reconcideres las cosas, te pido que sigas a mi lado… No importa si necesitas unos meses para pensar, no me importa incluso si quieres tomarte un año… Pero te pido que vuelvas conmigo, porque ya conocí cómo son las cosas a tu lado y no quiero volver a estar sin ti nunca más… —Ella se iba ablandando ante cada palabra y él, a pesar de comprobar que sus palabras tenían una reacción positiva, se iba acobardando más, iba temblando, se iba empequeñeciendo. Se sentía frágil junto a ella, débil y endeble. Se sentía un niño queriendo crecer. Tomó aire junto con valor, y prosiguió:—. Quiero que sepas que estaré esperándote… Esperando que vuelvas conmigo, porque… porque sí, Hina. Porque te amo y porque no quiero vivir sin ti.

»Te pido que me mires a los ojos y que recuerdes todo lo que te pasa cuando estás conmigo, sé que es lo mismo que a mí me ocurre… Y sé que hace muy poco tiempo que estamos juntos pero quiero tener una vida a tu lado. No quiero perderte…

—Naruto… —susurró ella cortándolo, su mirada pálida estaba bastante humedecida— No estoy enfadada contigo… Sé lo que Shion hizo y sé que no tuviste que ver… Es sólo que me sentía muy mal y quería estar sola… Lamento que…

—¡Espera, espera! —interrumpió él tomándola de la mano, con su izquierda, mientras la derecha se la guardaba en el bolsillo— No terminé aún.

Ella lo miró algo extrañada. Esperó. Él se tardó unos segundos para continuar y cuando lo hizo, su cara estaba completamente roja y su voz cortada, susurraba.

—He estado buscando el momento de… de decirte algo. Algo importante… —Se aclaró la garganta con nerviosismo y quitó su mano derecha, hecha un puño, del bolsillo de su pantalón—. Quiero pedirte… un favor importante… —Ella lo miró asintiendo, esperando a que él siguiera— quiero que… Hinata, quiero que seas mi esposa.

Los ojos color perla de la chica casi saltan de sus cuencas al oírlo decir aquello, Naruto se posicionó sobre una rodilla, frente a toda la gente que salía de una universidad, y extendió su mano derecha ante ella abriendo el puño. Sobre la palma de Naruto reposaba un anillo plástico de color naranja intenso, de esos que se dan en las fiestas infantiles o que se venden en cotillones.

—No… No tiene que ser ahora… Estaba pensando en un compromiso largo y… y cuando estemos preparados… A-además una boda como la que tú quieres lleva mucho tiempo… Y mucho dinero… Y no pienso aceptar ayuda de tu padre… Y… Y además…

—Naruto… —Ella susurró con expresión aterrada— ¿E-es en serio?

—Sí, Hina… Es en serio. E-este anillo es el que mi padre le dio a mi madre cuando se comprometieron y… pensé que…

Naruto vio cómo los ojos de Hinata comenzaban a gotear lentamente y en silencio. La chica tomó el anillo de juguete entre sus manitos y se lo colocó en el dedo anular de la mano izquierda. Naruto se levantó para quedar, nuevamente, de su estatura original.

—Claro… ¡Claro que quiero! —Hinata se lanzó a los brazos de su novio que la recibió aliviado y contento. Se quedaron abrazados durante varios segundos, o tal vez, durante un minuto entero, mientras varias personas a su alrededor aplaudían y vitoreaban.

Tanto el corazón de Naruto como el de Hinata iban muy aprisa, pero se unieron en ese abrazo, formando un solo latido.

Eran pasadas las dos de la madrugada en Francia; la habitación de Sakura era compartida con otras dos chicas, una era japonesa igual que ella, venía de Kioto y se llamaba Mikami; la otra, era hindú, tenía una hermosa piel color aceituna que Sakura envidió de inmediato y se llamaba Rohana. Las dos se habían instalado un par de días antes y rápidamente, al recibir a Sakura, la habían ayudado a acomodar sus cosas de forma segura y le habían hecho un lugar en el armario.

Sakura no se sentía incómoda en presencia de esas dos chicas, pero sentía algo de nostalgia al dejar su hogar, sentía una presión encima del vientre que acrecentaba cada vez que releía el mensaje que Ino le había dejado horas atrás. Le había dicho que se había encontrado con Sasuke y que él había dicho cosas hermosísimas sobre ella, sobre Sakura, pero que no quería decir nada más porque él mismo se pondría en contacto con Sakura cuanto antes. Desde que había recibido ese mensaje al bajar del avión, hacía ya como unas cuatro horas, o más, había estado a la expectativa de recibir una nueva llamada de Sasuke o, al menos, un mensaje. Desesperada, también había buscand en su casilla de Facebook y de Gmail. Se sentía algo tonta pero estaba intranquila.

De nuevo preguntas rondaban su mente.

¿Estaría obrando bien?

¿Se habría equivocado con respecto a Sasuke?

¿Y si no tendría que haber viajado?

¿Y si se tendría que haber quedado a su lado?

Qué cobarde había sido al huir así…

Ya era tarde en Francia, pero sus amigas estaban viendo Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian, en la televisión, comiendo galletas, bromeando y riéndose de los doblajes en francés a los que ninguna estaba acostumbrada.

Los créditos finales de la película aparecieron, comenzando a sonar la canción The call, de Regina Spektor. El timbre sonó en la pequeña habitación, que constaba de una mini encimera con un horno microondas y una nevera portátil, una mesa pequeña con cuatro sillas alrededor, una televisión vieja, de tubo, con un sofá para dos y tres puertas: Una que daba al balcón, otra que daba al pequeño cuarto de baño y la última que conducía a la habitación compartida, que tenía dos literas y un armario. Sin contar la puerta de entrada, que daba al pasillo, donde, al lado de cada puerta, había un pequeño timbre.

—Parece que ya llegó la pizza —anunció Sakura. Tras el viaje no había podido comer nada, se había dedicado a organizar sus pertenencias, con la ayuda de sus nuevas compañeras. Ambas le asintieron con la cabeza, y Sakura se dirigió a abrir la puerta de un tirón, buscando en su billetera algo de dinero para pagar al delivery. Pero a quien vio cuando abrió la puerta, fue a Sasuke, parado allí como una estatua, estático; tenía sudor corriéndole la frente, el pelo pegado a la cabeza y la ropa sin planchar. Pero era extraño… Estaba en París. No era una alucinación.

—¿Sasuke? ¿Qué haces aquí?

Mikami y Rohana miraron instintivamente a la puerta de entrada, al oír a Sakura hablando en japonés; desde su llegada sólo había hablado inglés y unas pocas cosas en francés.

—Sakura… —jadeó el muchacho cansado.

—¿Cómo me encontraste?

—Tomé el vuelo detrás de ti… Nunca cambiaste la contraseña de tu cuenta de la Academia —explicó de forma cansada.

—¿P-por qué estás aquí?

Él parecía algo desconcertado. Sakura escuchó cómo Mikami comenzaba a traducirle todo al inglés, entre susurros, a Rohana.

—Pensé que a estas alturas ya habrías hablado con Ino… ¡No podía dejarte ir así! Tal vez fui un idiota y, tal vez, me apresuré pero… Conseguiré un trabajo aquí y un lugar donde quedarme, hace un rato le pedí a Itachi que enviara mis pertenencias y mi certificado de trabajo para poder entrar a las fuerzas de París… espero —susurró esto último como una petición. Sakura se quedó perpleja, la había perseguido desde Tokio, sin nada, sólo para poder hablar con ella.

Si ella creía estar perdida, todas esas ideas se desvanecieron de su mente al verlo a él; él estaba mucho más perdido que ella. En un país extranjero, sin dinero, ni trabajo, ni un techo donde dormir; había abandonado a su familia, a sus amigos, sin avisarle nada a nadie, sólo por ella.

—¿Estás loco?

—Sí, estoy algo loco. Pero te juro, Sakura, que no descansaré hasta que me perdones por lo que sea que haya hecho… Karin me contó un poco la situación y… Tal vez en un comienzo era verdad pero… No pude… Me encamoré de ti, y quiero estar contigo, no me importa si tengo que dejar toda mi vida de lado en Japón… No me importa si tengo que insistir a diario durante años, si tengo que esperarte a las seis de la mañana, en la puerta de tu apartamento, antes de que vayas a clases, y no me importa si tengo que interceptarte todos los mediodías en tu horario de almuerzo… Tampoco me interesa si tengo que buscarte, tras tu trabajo, por la noche… porque ya no soy la persona que fui en el pasado; cambié… Tú me hiciste cambiar. No sé qué magia usaste en mí, pero ya no puedo volver atrás. Te amo… Te amo y quiero estar a tu lado, aunque eso me cueste la vida que tenía en Tokio. Quiero la oportunidad de demostrarte que no soy el hombre que era antes, que, apenas te conocí, todo se revolucionó en mí… Me enamoré.

Ambos se quedaron en silencio, mirándose intensamente. La canción de los créditos de la película seguía sonando y, tontamente, parecía ideal para esa situación. Mikami y Rohana estaban en silencio, Sakura se animó a verlas por sobre el hombro, sintiendo algo de vergüenza, ya que no quería protagonizar algo así frente a dos desconcidas, pero cuando las vio, ambas lloraban a lágrima viva. Algo en esa actitud la hizo acordarse de sus amigas y sonrió. Miró a Sasuke y recordó los mensajes de Ino, los tan alarmantes y exhuberantes comentarios que había hecho y ese cambio drástico de humor, que pasó de estar enfadada con Sasuke Uchiha a adorarlo con toda su alma.

Sakura suspiró sin dejar de mirar esos brillantes y temerosos ojos negros, pero ella ya no podía borrar la sonrisa que embargaba su rostro.

Sasuke estaba allí, parado frente a ella, esperando…

Esperando una respuesta…

¿Y qué le diría?

Sakura cerró los ojos y dejó que su corazón contestara por ella. Su mente se desactivó, ya no tuvo pensamientos. Dio un paso al frente y lo abrazó, al momento que sellaba ese amor con un tierno beso.