¡Hola a todos! ¿Qué tal todo? Aquí os dejo otro capítulo tan largo como el anterior para compensar que haya tardado dos semanas en subirle. Desgraciadamente creo que no podré hacerlo antes de ahora en adelante, pues con la Universidad paso poco tiempo en casa escribiendo. De todas formas intentaré tener los capítulos en el mínimo tiempo posible. Os aseguro que este le he ido escribiendo cada vez que tenía ratitos, pero quería asegurarme de que estaba bien y le he revisado varias veces hasta que ha quedado más o menos como quería. ¡Espero que os guste!:D GRACIASS!!por los reviews!!me encantó ver que hay nuevos lectores :D espero leeros también en este capitulo!!

A continuación contesto los reviews anónimos y con las misma os dejo con la historia:

Euson: Hola!¡Que alegría tener nuevos lectores! espero que continúes la historia y tenga un review tuyo en este capítulo diciéndome si hay algo que no te gusta!!un besazo y gracias por dejar tu huella!;)

Lili Hola wapisima!!q tal todo?? Ays, sí Lily a veces no se entera, pero tranqui que como ya sabemos cómo acaba jejeje me alegro que te haya gustado la escena del club, tenía ganas de poner a una Lily pasota y como ya sabemos que ella se metió ahí por Mark, pues me pareció un buen momento jejeje. Me alegro que te gustara la borrachera de Sirius y James! no me acababa de convencer del todo pero es que tenía que ser algo absurda! los chistes los saqué de una pagina de chistes malos, porque no me imagino a dos borrachos contando chistes elocuentes jeje lo de la escena Remus y Rachel, ahí dejé salir mi vena romántica que tengo que controlar siempre jejeje en este capitulo leerás más de Rachel y sabrá quien es, aunque algunas respuestas no saldrán de momento :P Ni eso, ni la misión... y sobre la cajita, mejor seguir leyendo jeje mejor quedarse con los nombres y detalles :P a muchos os ha pasado lo de Lord jajajaja es que busqué nombres de mascotas, lo vi y me hizo gracia :P lo de Regulus y Grace, algo se ve en este capitulo, pero se verá más aún, es una de las partes de Regulus q más me gustan jejeje hombre, Sadie y Grace no se llevan bien... pero ante un mal común hay que unirse no? Sadie es algo feminista en ese sentido jejeje todo el cuarteto de Sirius / Kate / Grace / Derek tendrá una parte importante en este capitulo, así que te animo a que después me cuentes qué te ha parecido! Veo que os he sorprendido a todas con lo de Sirius y Grace jejeje genial :P y me alegro de haber coincidido por el msn y haber podido hablar contigo!!espero coincidir más veces!!un besazo!!;)

Bueno, ya está. Siguiendo la costumbre adquirida en el capitulo anterior, hoy le dedico el capítulo a otra lectora habitual. Cintiafr, porque creo que este capítulo te gustará, ya me dirás ;) :p

Nada de esto es mío ya sabéis...

"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"

O-oOOo-O

Capítulo 11: Recuerdos del pasado

Eran más de las cuatro de la mañana cuando Jeff llegó a la habitación de los chicos de séptimo en la Torre Gryffindor. Los ojos se le cerraban y caminaba arrastrando los pies. ¿Cómo no iba a tener sueño tras pasar la noche vagando por el bosque prohibido, buscando a una viaje lechuza, y tras encontrarla, tener una larga e inútil conversación con su hermana? Cualquiera estaría tan agotado como él...

Entró con un traspiés a la habitación y esperó a acostumbrar su vista a la oscuridad para seguir avanzando. Se sentó en su cama, aún con la carta en la mano, y miró las camas de sus compañeros. Al fondo, Peter roncaba ruidosamente como siempre. A su lado, la cama de Sirius estaba cubierta con las cortinas, "Que raro" pensó. En el medio, la cama vacía de James dividía la habitación. Y la cama más próxima a la de él, la de Remus, estaba vacía a pesar de las intempestivas horas. Otra cosa rara en la habitación...

Sin embargo, Jeff estaba demasiado agotado para poner su mente a trabajar a esas horas, por lo que, quitándose las botas con los pies, se deslizó en la cama y se quedó dormido nada más su cabeza tocó la almohada. Era un momento de paz después de un día larguísimo, y el muchacho no dudó en entregarse a los brazos de Morfeo. Cuando giró, dando la media vuelta, una papel se deslizó de sus manos cayendo a un lado de la cama. Era la carta que Lord les había llevado a Sadie y a él.

OO—OO

Faltaban pocos minutos para las siete cuando el último de los merodeadores pisó la Torre Gryffindor. Remus abrió con cuidado la puerta de su habitación y se dirigió sigilosamente a su cama. No tenía sueño. ¿Cómo tenerlo? Ni siquiera sabía cómo debía sentirse. Feliz por haber pasado toda la noche con Rachel después de tanto tiempo, preocupado por la misión a la que ella había marchado, enfadado porque no le había hecho caso cuando la suplicó que se quedara... Estaba hecho un lío, y seguir pensando en eso no ayudaba.

Tuvo el impulso de dar un puntapié a la mochila que acababa de dejar tirada en el suelo, pero se contuvo para no hacer ruido a esas horas de un sábado. Se quitó la túnica con brusquedad y se pasó la camisa por la cabeza sin siquiera desabotonarla. Lo único que podía hacer para quitar su frustración era gruñir en voz baja, cosa que no le aliviaba en absoluto.

Se tumbó en la cama sin molestarse en quitarse los zapatos ni de ponerse el pijama, no pensaba dormir. Boca arriba, mirando el techo, intentó regular su respiración. Se puso una mano en el pecho desnudo para comprobar si los latidos se iban acompasando y respiró hondo. Una vez, dos, tres. Ya se sentía más tranquilo, más él. Entre la marabunta de sentimientos y la cercanía de la luna llena, su malhumor salía a la luz con mucha más facilidad que el resto de los días.

Cogió un libro de la mesilla y se dispuso a pasar un rato sumergido en la lectura. Sin embargo, sus pensamientos volvían a divagar hacia Rachel una y otra vez, sin dejarle concentrarse. En ningún momento en estos últimos meses la había tenido tan presente como esa noche en que había vuelto a oler su olor característico con aroma a rosas, ni ver sus preciosos rizos, que se había acostumbrado a enredar entre sus dedos... Ahora ella volvía a ser su único pensamiento como lo había sido los primeros días tras su partida.

Recordó la firmeza de sus palabras cuando le dijo que se iría. Lo intentó de todas las formas, pero no había podido hacerla desistir. Esa tímida e inocente niña que había conocido a sus once años se había acabado convirtiendo en una mujer valiente y firme. Y pensar en la Rachel de once años, le transportó de nuevo al primer viaje que hizo en el Expreso de Hogwarts.

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1 de septiembre de 1970

Remus, con once años debía empezar una nueva vida sin la protección de sus padres y la incertidumbre de cómo se lograría desenvolver en el colegio al que tantas veces había soñado asistir y que ya era una realidad. Paseaba por los pasillos del tren arrastrando un viejo carro, mirando por la ventanilla el interior de los compartimentos. Todos llenos. El único que no estaba completo era el aquel, donde dos niños de su edad conversaban alegremente. Estaba reticente a entrar en él, pues hacía unos minutos había visto a una niña pelirroja y un niño de pelo grasiento abandonar el vagón, huyendo de las burlas de esos chicos. Y él no quería ser motivo de burla el primer día. Sin embargo, tras comprobar que no tenía más opciones, llamó a la puerta temeroso y entró.

- Hola –dijo con voz tímida-. ¿Puedo pasar? Los demás vagones están llenos...

- Depende –dijo el niño de gafas sonriendo-. ¿Eres Slytherin?

- Soy de primer año –dijo Remus nervioso-.

- Pero alguna idea tendrás, ¿no? –dijo el otro chico riendo-.

- Anda pasa y cuéntanos –prosiguió el de gafas. Remus pasó con dificultad el carro y ambos chicos le ayudaron a colocarle. El niño de gafas se volvió hacia él ofreciéndole la mano-. Soy James Potter.

- Yo Remus Lupin –contestó él estrechándosela-.

- Y yo Sirius Black –dijo el tercer chico sentándose de nuevo-. ¿De verdad no tienes una idea de dónde puedes llegar a parar?

- No. Mi padre me ha dicho que cualquiera puede ir a cualquier casa –contestó Remus sentándose junto a la ventana y procurando poner una mínima distancia entre él y los otros dos, al menos de momento-.

- ¿A qué casa fue tu padre? –preguntó James-.

- A Hufflepuff.

- ¿Y tu madre? –preguntó Sirius-.

- Ella es muggle –respondió Remus algo apurado-.

¿Serían esos chicos de la clase que su padre le había hablado, que se metían con los hijos de muggles o mestizos? Sin embargo, los dos chicos profundizaron sus sonrisas y se miraron entre sí satisfechos.

- Entonces no serás de Slytherin –declaró James satisfecho-.

Remus iba a responderle que su padre le había hablado de casos de hijos de muggles en Slytherin, pero la puerta se abrió dejando paso a un niño más o menos de su edad, alto, muy delgado, con el pelo castaño muy corto salvo el flequillo que lo llevaba de punta. Se le veía muy tranquilo y no parecía tan nervioso como el resto de primero.

- ¡Hola! –les dijo sonriente, despreocupado y divertido-. ¿Podríamos quedarnos aquí? Los demás compartimentos están abarrotados.

- Claro –dijo Sirius-. Últimamente no hacemos más que acoger gente –añadió mirando a Remus con una sonrisa burlona que el chico no supo si era por él o para él-.

- Vale –dijo el nuevo chico sin preocuparse-. ¡Rach! –llamó a alguien al otro lado del pasillo-.

- ¡Eh espera! –interrumpió James. El chico le miró con cara interrogante-. ¡Chicas aquí no! La última resultó ser una borde de Slytherin...

Contra lo que Remus creyó, el chico rió con fuerza y dijo:

- Esta es mi prima y no es borde. Ni la notaréis, en serio. Y lo de Slytherin es poco probable –añadió volviendo a reír y contagiando a Sirius y James con él. Luego volvió la cabeza a un lado y sonrió divertido-. ¡Que lenta eres!

Hizo un gesto de invitación con la mano y una niña menuda entró en el compartimiento con la cabeza gacha. Se sentó frente a Remus y se puso a juguetear con un hilo de su túnica sin levantar la vista de su regazo. Remus no podía verla la cara pues esta la cubría un abundante cabello castaño muy rizoso.

Enseguida Remus perdió interés en ella y la fijó en el chico que ya había colocado los baúles y se sentó entre Sirius y él.

- Me llamo Richard Johnson y la muda de mi prima –dijo con burla mientras la chica escondía más la cabeza-, se llama Rachel Perkins.

- ¿A qué casa crees que irás Richard?-preguntó James de nuevo volviendo a su tema favorito-.

- Supongo que a Gryffindor –dijo Richard con solemnidad-. Mis padres estuvieron allí.

- ¿Y ella? –preguntó Sirius señalando a Rachel. Al ver que la chica no parecía querer participar en la conversación, el chico había optado por hablar de ella como si no estuviera presente-.

- Pues su madre también estuvo en Gryffindor, y su padre es muggle así que supongo que también.

Después de esto comenzaron a hablar un poco de todo, pero el tema principal era Hogwarts. Remus se animó a hablar poco a poco y al rato los cuatro se llevaban genial. Remus ya no se acordaba de la quinta ocupante del vagón, y casi le sorprendió verla cuando giró la cabeza al reírse. Rachel ya no miraba a su regazo, sino que había levantado un poco la cabeza para observarles, y Remus se pudo fijar en su cara por primera vez. Tenía la cara pequeña, muy parecida a la mayoría de las que había visto en el andén. No le llamó especialmente la atención, aunque pensó que tenía unos ojos muy bonitos. Ella se dio cuenta que la miraba y se sonrojó. Remus la sonrió tímidamente, y tras dudar un poco, ella le devolvió la sonrisa, para apartar su vista hacia la ventana. Después de eso Remus respiró más tranquilo al ser consciente de que no era el único tímido del grupo.

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El Remus de diecisiete años sonrió melancólico ante ese recuerdo. Definitivamente esa no esa no era la Rachel con la que había estado esa noche. Todos habían cambiado tanto en sus años en Hogwarts que, prácticamente, eran irreconocibles. Pero había algo que siempre unió todas las facetas que había conocido de Rachel, su prudencia. Pensar en eso le tranquilizó levemente, pues supo que ella no se arriesgaría en esa misión. No, podía cuidar de sí misma y volvería habiendo conseguido su objetivo, ahora estaba seguro.

Se acomodó algo más en su cama, doblando la almohada tras su espalda, y se sentó cómodamente, ahora más tranquilo, a leer el libro.

OO—OO

Notaba como poco a poco iba despertándose, siendo consciente muy lentamente de sí misma, de la cama en la que dormía, de la posición en la que lo que había hecho o de la ropa que llevaba. Ese fue el momento en que se dio cuenta que algo no era normal ahí. No notaba el roce de su pijama en las rodillas ni el tirante enredarse y dejarle marca en el hombro. De hecho, no notaba nada. Era como si estuviera desnuda. Con pereza, movió ligeramente su mano y la puso en su hombro, buscando el dichoso tirante que no apareció.

Abrió un poco los ojos, aún tenía la vista nublada del sueño, y solo podía distinguir con claridad la tela de la almohada donde posaba su cabeza. Bajó la mirada hacia sus hombros y vio que, efectivamente, ni su tirante ni la camiseta del pijama estaban allí. Observó el resto de su cuerpo y vio que estaba completamente desnuda. Frunció el ceño, pues aún estaba demasiado atontada para encontrarle la lógica a todo. Fue a darse la vuelta perezosa cuando topó con algo que no solía estar en su cama, otro cuerpo.

Esto la hizo despertarse de golpe y recordar todo lo ocurrido la noche anterior. A su lado, Sirius se movió un poco y atrapó la almohada para abrazarla. Sin darse cuenta, Grace sonrió ante ese gesto tan infantil, pero corrigió esa sonrisa al instante. Se mordió el labio con preocupación y se golpeó en silencio la cabeza para regañarse por lo ocurrido. ¡Era absurdo! ¿Cómo había podido dejar que pasara eso? Bueno, la noche anterior, cuando su moral estaba por los suelos, aquello le había parecido una idea maravillosa. ¡Maldita necesidad de cariño! Esto la había llevado a cometer una locura, la peor, ¡Se había acostado con Sirius Black! No podía continuar más tiempo allí, junto a ese chico ni en esa cama que la recordaba lo inconsciente que había sido.

Se levantó con cuidado y buscó su ropa repartida por toda la cama. Comenzó a vestirse, cuidándose de no despertar a su compañero. Abrió un poco las cortinas para mirar a los demás ocupantes de la habitación. A su lado, Peter dormía con escandalosos ronquidos que no había notado gracias al hechizo silenciador que la noche anterior le había puesto a la cama de Sirius. Al otro lado, la cama de Remus tenía las cortinas levemente echadas, de modo que solo se veían los pies del chico, aún con los zapatos puestos. Dondequiera que hubiese estado, había llegado de allí lo suficientemente cansado como para no molestarse ni en descalzarse. Jeff, en el lugar más alejado, dormía boca arriba y con la boca abierta, completamente inconsciente.

Al ver la zona libre se puso la camisa, comenzó a abotonarla, y cuando alargó hacia atrás la mano para alcanzar la túnica, notó como otra mano más fuerte y masculina que la suya la rodeaba la muñeca. Su cuerpo se tensionó y abrió los ojos desmesuradamente sin saber qué hacer. Al darse la vuelta, poco a poco algo temerosa, se encontró con la sorprendida cara de Sirius quien parecía haberse despertado de golpe solo con verla. Tenía los ojos tan abiertos como ella, que intentó mantenerle la mirada directamente. Sin embargo, el gesto en la mirada del chico la intimidaba. Tenía una expresión fría, dura y, definitivamente, muy sorprendida. Los labios entreabiertos, estaban rígidos, pues parecía no encontrar las palabras.

- Esto... yo... –murmuró Grace en voz baja mirando su muñeca que el chico mantenía sujeta-.

No supo cómo seguir, y de todas formas, Sirius parecía no escucharla, sino que se limitaba a seguir mirándola como si estuviera viendo un fantasma. Suavemente colocó sus dedos sobre los de él, que cedieron al instante, soltándola la muñeca. Tomó su túnica con rapidez y salió corriendo de allí, sin que el chico hiciera nada por detenerla.

No pudo ver como unos ojos dorados la observaron abandonar la habitación, tan sorprendidos como los de Sirius. Remus le pareció estar soñando, pues Grace Sandler nunca pasaría la noche en la habitación de los chicos, y menos aún en la cama de Sirius Black.

OO—OO

James notó un calor incómodo en la cara. Esto le despertó e le hizo moverse para apartarse de la trayectoria del rayo de sol que se colaba por las cortinas. Intentó en vano volver a dormirse, apartando molesto las sabanas con los pies mientras protestaba con gruñidos. Sin embargo, para su desgracia, se había despejado.

Se incorporó y al instante tuvo que volver a tumbarse del increíble dolor de cabeza que sentía. Tenía las sienes ardiendo, y parecía como si un molesto enano estuviera martilleándole la cabeza desde dentro. Se llevó ambas manos a la cabeza, e intentó levantarse. El resultado fue que tuvo que salir corriendo al baño a vomitar.

Cuando estaba con la cabeza metida en el inodoro, se prometió por vigésima vez que no volvería a probar ni una gota del alcohol. Tenía una resaca monumental, se sentía para el arrastre, estaba completamente desarreglado, y, encima, no recordaba absolutamente nada de lo que había ocurrido la noche anterior. El último recuerdo era que tanto Sirius como él le decían piropos a Rosmerta y esta reía algo colorada.

Cuando hubo echado la cena de la última Navidad, sacó la cabeza de allí y se levantó para mirarse al espejo. El reflejo era más patético de lo que había creído. Su pelo estaba más desordenado de lo habitual, sus ojos completamente rojos, la barba de dos días ya pinchaba al contacto con su mano, tenía los dientes sucios y mal sabor de boca. No se había puesto en pijama, y su ropa apestaba a alcohol.

Con pereza se quitó la ropa y se metió en la ducha. El contacto con el agua le terminó de despejar, y aunque le seguía doliendo la cabeza, se sentía mejor. Sin embargo, le entró la repentina sensación de que había algo que no estaba bien. La desechó encogiéndose de hombros y siguió enjabonándose el pelo.

Cuando se hubo duchado, afeitado, vestido e intentado peinar, bajó a la Sala Común, dispuesto a dirigirse a las cocinas a por una buena poción revitalizadora, que solía tomar en sus momentos resacosos.

Allí en los sillones estaba Lily ojeando unos papeles. Al estar de espaldas a él, solo la vio el pelo que lo llevaba suelto formando una cascada de fuego.

- Buenos días –la dijo antes de llegar a ella-.

Notó que Lily le había oído, pues pegó un bote, pero ni se giró ni le contestó. El único cambio en ella es que parecía mucho más rígida. Se extrañó y se encaminó hacia ella.

- ¿Lily? –la preguntó asomando la cabeza por un lado del sofá intentando mirarla a la cara-.

Ella giró la cara para no mirarle, lanzando un sonoro suspiro de exasperación. James creyó tener un déjà vu, lo cual le extrañó más aún.

- ¿Lily te ocurre algo? –la preguntó poniendo la cabeza en el otro lado obligándola a mirarle-.

La pelirroja le lanzó una mirada de profundo rencor y se levantó del sofá, irguiéndose altiva. Hacia mucho tiempo que James no la veía tan enfadada. Tenía el cuello tensionado, los labios fruncidos, un tic en la mejilla izquierda y los ojos centelleantes.

- ¿Que si me ocurre algo? –le gritó-. ¿Tienes la poca vergüenza de preguntarme si me ocurre algo, Potter?

- Lily por favor... –comenzó James llevándose las manos a los oídos, ya que la cabeza le dolía más que nunca tras ese grito-.

- ¡Oh! ¿Te duele la cabeza? –preguntó Lily con fingida pena-. ¡Pobrecito! ¡Al niño le duele la cabeza! ¡¡TAL VEZ PORQUE AYER TE COGISTE LA BORRACHERA DEL SIGLO!! –le espetó furiosa-.

- ¿Me viste? –preguntó James con un hilo de voz, algo temeroso y, de hecho, dando un paso hacia atrás-.

- Oh sí, tuviste el detalle de mostrarme tu humor en esas circunstancias, y ya de paso dejarme claro lo que realmente piensas de mi.

- ¿Qué quieres decir? –preguntó desconcertado-.

- Dicen que los borrachos nunca mienten... –le contestó con veneno mientras se le acercaba peligrosamente-. Y al parecer tú crees que yo uso esta torre como picadero. ¡Como si tú o tus amigos no hubierais utilizado la Torre Gryffindor para cosas peores!

- Yo –James no tenía ni idea de qué decir. No se acordaba de haber dicho nada y uno no se puede defender porque tu subconsciente hable sin tu permiso-.

Para alivio o desgracia de James, el retrato se abrió y Mark entró en la Sala Común algo confuso por los gritos.

- ¿Qué ocurre? –preguntó al ver a una furiosa Lily golpeando en el pecho de James que la miraba entre confundido y atemorizado-.

Lily no le contestó, sino que lanzó un gruñido y subió corriendo a su habitación, dejando a los dos chicos demasiado impresionados para hablar. Mark miró a James preguntándole en silencio, y este estaba demasiado perdido como para acordarse de que ese chico le caía mal.

- No te miento si te digo que no tengo ni idea de qué ha pasado –le dijo-.

- ¿Se ha cabreado porque sí? –le preguntó Mark incrédulo-.

- Al parecer ayer dije algo que no debía –dijo James sin pensar, pues aún miraba la escalera por la que se había perdido Lily-. Bueno –añadió incómodo cuando giró la cara y vio a Mark alzando las cejas-. La verdad es que no estaba muy consciente. Quizá me pasé un poco con la bebida...

- Ah –contestó Mark a falta de más palabras. Los dos chicos miraron a todos lados menos al otro hasta que Mark volvió a reaccionar-. Bueno, ya se le pasará el enfado y entonces puedes hablar con ella.

- Sí, mejor que esté un rato sola. Te aconsejo que no intentes subir ahora –le dijo señalando la habitación de Lily-.

- No, no. No quiero morir joven –bromeó Mark, aunque no estaba del todo convencido que no fuera a pasarle nada a quien osara molestar a Lily con ese humor-.

- Yo... –comenzó James incómodo moviendo los brazos de atrás hacia delante-. Creo que voy a ver si mis amigos han despertado.

Y marchó saludando al rubio con un movimiento de mano, que este le contestó mientras se sentaba pacientemente en el sofá.

OO—OO

Sirius había sido incapaz de moverse tras ver con toda la claridad del mundo, como Grace Sandler se terminaba de vestir en su cama. Eso, el hecho de que él estaba desnudo y la cara que había puesto la rubia al darse cuenta de que la había pillado, le parecía suficientemente sospechoso. Solo pensar en lo que eso podría suponer, en lo que él, en la inconsciencia de la borrachera, podría haber llegado a hacer, conseguía que la cabeza le doliese más intensamente que la primera vez que levantó la cabeza de la almohada, sintiendo que el mundo giraba a su alrededor.

No podía pensar con claridad, aún estaba medio dormido y la resaca no ayudaba. Antes de que tuviera tiempo de reaccionar, las cortinas de su cama se abrieron de golpe, dando paso a un Remus realmente enojado. Sirius había olvidado lo imponente y peligroso que podía parecer su amigo cuando se enfadaba, pero de golpe recordó todas las veces, que aunque escasas eran memorables, y no pudo evitar un escalofrío.

Ahí estaba Remus, de pie frente a él, sujetando con fuerza las cortinas con las manos, apretando mucho los puños, completamente erguido, pareciendo más alto de lo habitual, sacando pecho y mostrando una rara mirada fría. La última vez que Remus le miró así, fue cuando por un error suyo, Quejicus acabó averiguando que su amigo era un licántropo.

- Creo que tú y yo vamos a tener una pequeña charla –comenzó a hablar Remus con fría tranquilidad-.

- ¿Ah sí? ¿De qué? –Sirius intentó hacerse el distraído, pero comenzaba a averiguar la razón del enfado de su amigo-.

- Piensa un poco Padfoot, piensa un poco –continuó Remus mientras entraba y cerraba las cortinas con un hechizo, para que nadie a excepción de él pudiera abrirlas. Sirius tragó saliva ruidosamente-. ¿Recuerdas lo que te dije el día que comenzaste a salir con Kate?

- Bueno... ese día tú y Richard dijisteis muchas cosas Moony –contestó Sirius riendo nerviosamente. Al ver la seriedad de su amigo comprendió que no era buena idea reírse en ese momento-.

- Muy bien, te lo recordaré. Te dije que ni se te ocurriera jugar con mis amigas. Te lo dije con Kate, que a fin de cuentas no era tan íntima. Con Grace esto se duplica. No sé qué ha pasado esta noche, ni siquiera sé si quiero saberlo. Pero si me entero que has jugado con ella te arrepentirás cada día el resto de tu vida.

Sirius debía reconocer que Remus amenazando era el mejor. Él, siempre tan seguro y arrogante, no había podido evitar encogerse al ver la dura mirada del licántropo. Supuso que Remus no se conformaría con un par de palabras, y comenzó a acomodarse en la cama para una larga conversación.

- Yo tampoco sé que ha pasado esta noche... El último recuerdo que tengo es estar con Prongs bebiendo whisky de fuego en Las Tres Escobas...

- Pues es evidente que aquí ha pasado algo importante... –le contestó Remus aún con frialdad pero sentándose en la cama de su amigo, relajando la postura-.

- Hombre, hasta ahí he llegado . –contestó Sirius lanzando una risa nerviosa mientras se rascaba la nuca-. Pero, bueno, yo estaba borracho, ¿Pero ella? Si me odia...

- Es algo digno de averiguar –pensó Remus en voz alta. Luego olvidó su frialdad y miró a Sirius con una sonrisa divertida-. Pero supongo que muy molesto no estarás ¿no? Que tengo buena memoria y sé que Grace fue la primera chica que te gustó...

Sirius levantó la vista hacia su amigo sorprendido y negó con la cabeza contestándole la sonrisa.

- Sí estoy molesto, porque he hecho algo que no quería, cuando debería estar intentando que Kate me perdone. Y bueno, en cuanto a eso de que Sandler me gustaba...

- Tendrás la poca vergüenza de negarlo ahora. –comentó Remus divertido por la frustración de su amigo-.

- Nunca dije que me gustara. Solo que en aquella época, de nuestro curso era la que más llamaba la atención, por motivos evidentes...

Ambos amigos comenzaron a reír recordando aquella época.

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4 de octubre de 1973

Era jueves, y los alumnos de tercer curso de Gryffindor se encontraban en una aburrida clase de pociones que compartían con los Slytherin. Los cuatro amigos estaban sentados en mesas de dos, delante James y Sirius, y detrás Remus y Peter. Estos últimos intentaban no explotar la clase mientras preparaban la solución para encoger que el profesor Slughorn les había mandado hacer, pues ambos eran terriblemente malos en esa asignatura.

Remus intentaba cortar simétricamente sus raíces de margarita, ignorando las risas de sus dos amigos que estaban sentados delante. James y Sirius no parecían incómodos porque el profesor les hubiera colocado en la primera fila y seguían sin atender y riéndose en voz alta de sus propias ideas.

- Chicos –les llamó-. ¡Chicos! –por fin consiguió que ambos le prestaran atención y se giraran a mirarle-. ¿No podéis reír más bajo? Sabéis que esta clase me cuesta mucho y si me desconcentráis, soy capaz de hacer explotar el caldero...

- La última vez te quedó un naranja muy bonito en la piel Moony –bromeó James volviendo a mirar hacia delante riéndose-.

Sin embargo, Sirius se apoyó más cómodamente en la mesa de Remus y Peter, mirando algo que estaba detrás de ellos con una amplia sonrisa. Remus le imitó y vio que Sirius miraba hacia la mesa en que estaban sentadas Grace y Lily haciendo cada una su poción en silencio. Remus rodó los ojos y Sirius se rió en voz baja, para luego alzar la voz.

- ¡Sandler! ¡Se te han caído las raíces de margarita!

La chica levantó la vista hacia su compañero y le miró interrogante. Él le señaló la parte delantera de la mesa, y ella se inclinó comprobando que tenía razón y sus raíces habían ido a parar allí. Al apoyarse, dejó entrever, a través de la túnica, un estrecho escote, en el que Sirius puso toda su atención. Para un chico de diecisiete años no había nada en qué fijarse, pero teniendo en cuenta que a sus trece años las chicas aún no estaban desarrolladas, y que Grace era la primera que había empezado a llevar sujetador, se había ganado toda la atención de sus compañeros desde el inicio de curso.

Remus le dio un codazo a Sirius que se había inclinado para ver mejor, y estaba aplastando sus ingredientes.

- Deja de hacer el idiota –le recriminó empujándole hacia su mesa-.

- Tenía que hacerlo –se disculpó Sirius con una sonrisa-. Era una oportunidad única.

- Y que todos te agradecemos Padfoot –le dijo James que también había observado la escena con una sonrisa, al igual que varios compañeros. Peter asintió con la cabeza, dándole la razón al moreno de gafas-. La verdad es que Sandler me caería mejor sino fuera a todas partes con la insufrible de Evans. –añadió James mirando con rencor a la pelirroja de trenzas que trabajaba en silencio, solo parando para mandar discretas sonrisas a su amigo Severus que parecía haberla dado un truco que había funcionado-.

- No sé qué os ha dado últimamente con Grace –susurró Remus divertido mientras tomaba sus raíces-.

Los otros tres comenzaron a reír por lo absurdo de la pregunta. Sirius parecía dispuesto a contarle punto por punto todas las razones de peso, y Remus rió imaginándose lo que vendría. Tenía las raíces cogidas en un puño, y lo habría echado de lleno en el caldero si una delicada mano no habría tomado la suya.

Se giró a tiempo para ver los ojos claros de Rachel mirándole con timidez, a la vez que le soltaba la mano.

- Ibas a echar las raíces antes que el bazo de rata. Se habría estropeado la poción –le dijo en voz baja mientras sus mejillas se teñían de rojo-.

Remus, que se había impresionado cuando una descarga eléctrica le había recorrido el cuerpo al entrar en contacto con Rachel, solo atinó a sonreírla.

- Ay Rachel –dijo Sirius pasando un brazo por los hombros de la castaña que se sonrojó más pero sonrió a los demás tímidamente-. Si tú no habrías estado aquí a saber qué barbaridad habría hecho nuestro Moony...

La chica rió en voz baja, sin saber qué más decir. Les hizo un gesto con la mano a los cuatro y corrió a sentarse de nuevo con Gisele que miraba la escena divertida.

- ¿Por qué disfrutas tanto poniendo nerviosa a mi prima, Sirius? –preguntó Richard riendo mientras aparecía junto a Peter-. La mi pobre, cada vez que se siente el centro de atención, se bloquea.

Sirius se encogió de hombros con una sonrisa divertida.

- Es divertido verla así –dijo-.

Remus apenas oyó la conversación que comenzaron los otros, pues miraba su mano y a Rachel de forma intermitente. Esta no parecía darse cuenta, pero sí Gisele que le miraba divertida. Era un nuevo descubrimiento para él, el hecho de que le gustara el tacto que tenía la mano de Rachel. Sonrió imperceptiblemente, maquinando cómo podría volver a tocarla disimuladamente.

De pronto el profesor Slughorn llegó a la mesa y les regañó a todos.

- ¿Por qué no están haciendo su poción señores?

- Disculpe profesor –dijeron a coro volviendo todos a su trabajo-.

El profesor sonrió a James, Sirius y Richard, ignorando a Peter y Remus como si no estuvieran. Cogió por los hombros a Richard y lo acompañó a su pupitre donde Kate continuaba haciendo su poción mordiéndose la lengua en señal de concentración.

- ¿Qué tal se encuentra su padre, señor Johnson?

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Volviendo al presente, Remus puso su mano sobre el hombro de Sirius apretándolo con fuerza.

- Habla con ella a ver qué ha pasado esta noche. Y si me entero que la has tratado mal, te acuerdas.

- ¡Padfoot! –se oyó gritar a James en la habitación-. ¿Por qué no puedo abrir las malditas cortinas?

Remus suspiró, hizo una floritura con la varita y las cortinas se abrieron de par en par, al mismo tiempo que James intentaba abrirlas, tirando al suelo al jugador de quidditch. Sin embargo, este se levantó corriendo con mucha energía y se apoyó en unos de los postes de la cama.

- ¿Qué te pasa Prongs? –preguntó Sirius algo alarmado por la entrada de su amigo, y porque en ese momento se estaba poniendo verde-.

- Lo primero, ¿Tenéis por ahí la poción anti resaca? –preguntó el chico sentándose al borde de la cama y sujetándose el estómago.

Remus bufó exasperado y se dirigió a su baúl del que sacó un frasco.

- Debería dejarte así por irresponsable –le dijo a James dándole el frasco-.

- Tengo derecho sobre él –le contestó el chico señalando el frasco-. Yo preparé la poción –y bebió un gran trago-.

- Ahora dinos qué ha pasado –le urgió Sirius impaciente, mientras James le pasaba la poción como si de un cigarro se tratara-.

- Pues –comenzó James que se interrumpió de golpe a mirar a su mejor amigo-. ¡Pad tío vístete! ¿No ves que hoy tengo el estómago delicado? ¡Para que encima me hagas vomitar!

Remus rió mientras Sirius tomaba su ropa y se vestía, al principio algo ofendido y después contagiándose de la risa.

- Si el señor ya está cómodo –le hizo a James una reverencia en broma, instándole a hablar-.

- ¿Qué pasó anoche? –preguntó James-.

- Buena pregunta –dijo Remus con sarcasmo-.

- ¿A mí me preguntas? –preguntó Sirius incrédulo-.

- Es que esta mañana me he despertado y Lily está enfadada conmigo por algo que supuestamente dije, pero estaba demasiado trompa para recordarlo –confesó James-.

- ¿No te ha dado ninguna pista? –preguntó Remus con ojo crítico-.

- Bueno –comenzó James avergonzado-. Tal vez mencionara que yo la acuse de utilizar nuestra Torre como picadero...

- ¡James! –reclamó Remus dándole un empujón mientras Sirius se reía-.

- ¡Si es que no me acuerdo! ¿Cómo puedo disculparme por algo que no recuerdo haber dicho?

- Normalmente se empieza por "lo siento", "perdóname", "soy gilipollas"... –iba sugiriendo Remus algo cabreado-.

- No te agobies Prongs –dijo Sirius más serio y palmeándole la espalda a su amigo-. Al parecer yo en mi inconsciente borrachera me he tirado a Sandler...

- ¿Qué? –se oyó la voz de Peter saliendo de su cama, con el pelo revuelto y la cara más sorprendida del mundo-.

OO—OO

Hora y media antes, Grace entraba corriendo al cuarto de las chicas como alma que lleva el diablo. Todas sus compañeras estaban durmiendo, menos Sadie que se volvió al ver a la chica tirarse a su cama y correr las cortinas con furia. Se encogió de hombros, imaginándose que por fin la rubia se había librado de ese novio tan estúpido que tenía, aunque eso la habría costado dada su reacción.

Sin embargo, Grace tenía su mente muy alejada de Derek. Tras correr las cortinas se tiró a su cama y procedió a golpearse la cabeza con la almohada repetidamente. ¿Cómo había permitido que esa ocurriera? ¿Por qué le había parecido tan buena idea? Si en esos momentos encontrara la parte de su subconsciente que la animó a tomar esa decisión, la pegaría una paliza sin dudarlo. Estaba rabiosa, enfadada consigo misma, pues solo ella tenía la culpa, y triste.

Apartó la vista de la almohada intentando aclarar su mente, y, sin querer, esta fue a parar a uno de los cabeceros de su cama donde descansaban dos de sus tesoros. Eran dos rosas, una de cristal tallada cuidadosamente, y la otra real, arrancada de un rosal, y posteriormente disecada para que permaneciera siempre tan roja como el primer día. Esos regalos habían significado mucho para ella, y en ningún momento, ni en los peores, había sido capaz de tirarlos. Recordaba el día que los había recibido...

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13 de julio de 1975

Grace estaba radiante el día de su quince cumpleaños. Ese día cumplía una edad muy importante en el mundo mágico, sobretodo para una señorita de su categoría. Por tradición, los padres de la cumpleañera realizaban una fiesta por todo lo alto, invitando a las familias más distinguidas de magos, con el fin de que su hija eligiera a uno de los herederos de alguna familia, y firmasen un contrato de compromiso que se llevaría a cabo al cumplir ambos la mayoría de edad.Por supuesto, era una tradición perdida y ya no se hacían matrimonios acordados, exceptuando casos aislados. Pero aún así sus padres habían insistido en realizar la fiesta para que todo el mundo mágico supiera que su única hija ya tenía quince años. No la habían dejado invitar a sus amigas, pues esta fiesta era más para ellos que para su hija, pero la semana siguiente celebraría el cumpleaños con una fiesta de pijama a la que acudirían todas ellas.

Acababa de posar para la foto que saldría en El Profeta anunciando la celebración. No quería ver las caras de sus amigas cuando la vieran con su vestido blanco inmaculado, el cabello con muchas extensiones (que su madre había hecho que la llegara hasta la cintura) y peinado hacia un lado, recogido con una gran rosa blanca y los zapatos, por supuesto blancos, de tacón de aguja que la estaban volviendo loca. Bastante se habían reído cuando las había hablado de la fiesta una de la últimas noches del curso. Lily lo había comparado con el baile de una tal cenicenta o algo así, Kate lo había encontrado muy romántico, por mucho que Grace insistió en que a ella no la iban a buscar marido. Gisele estaba atónita, pues aunque era sangre limpia, en su país no se hacía dicho baile, y Rachel era la única que había oído hablar de ello, pero agradecía no tener que hacer ninguno, pues la chica odiaba ser el centro de atención.

Caminó torpemente hacia una silla y se sentó suspirando. Si su madre quería que se rompiera una pierna iba por buen camino. Se quitó disimuladamente un tacón y se masajeó el pie, teniendo cuidado de que nadie la viera en esa postura. Alguien se puso delante de ella y Grace dejó caer el pie rápidamente, antes de comprobar que se trataba de Regulus Black. Le sonrió. Adoraba a ese chico, aunque tenía un comportamiento algo frío para su pasional forma de ser Gryffindor, era un chico muy dulce, que siempre estaba pendiente de ella y la trataba con mucho cariño. El chico, un año menor que ella, llevaba una caja cuidadosamente empaquetada en sus manos.

- Toma, feliz cumpleaños –la dijo mirándola directamente a los ojos. Fue como si la hubiera leído lo primero que pensó cuando vio la caja, pues se apresuró a aclarar-. Mi madre lo ha empaquetado.

Desde luego era un gesto muy propio de Walburga Black, que no perdía ocasión de dejar claro la diferencia entre su familia y el resto. El regalo de Regulus estaba empaquetado con un papel verde con destellos plateados, y el cordón que lo unía imitaba a una serpiente. Grace lo tomó como si fuera una bomba de relojería, y lo abrió con cuidado una vez instalado en su regazo. Al desatar el nudo del cordón, tuvo la desagradable impresión que esa serpiente se movía.

Al abrirlo, se encontró con una caja de madera rectangular, que tenía en uno de los laterales un cristal que dejaba ver lo que había en su interior.

- La hice yo mismo –dijo Regulus orgulloso-. Empecé a hacerla cuando el profesor Flitwick nos enseñó el encantamiento cortante. Probé si con el cristal funcionaba, y la fui diseñando poco a poco...

Grace no tenía palabras. Frente a ella y protegida por la caja, estaba la rosa de cristal más hermosa que había visto en su vida. No le faltaba nada, Regulus incluso había tallado las espinas. Era un trabajo digno de un profesional, y el hecho de que el pequeño de los Black hubiera estado tantos meses confeccionando su regalo, la dejaba sin palabras. Le miró sonriente y con la emoción escrita en los ojos.

- Regulus, yo... no sé cómo agradecerte esto... es lo más bonito que jamás me han regalado...

El muchacho sonrió satisfecho y la tendió la mano.

- Si bailas conmigo me doy por agradecido.

Y así salieron ambos a la pista. Grace aún tenía un dolor de pies increíble, pero Regulus la llevaba tan bien que apenas lo notaba. El chico era alto para tener catorce años, incluso había superado en altura a su hermano. Tenía la fría y completa seguridad digna de un heredero de una familia de renombre, aunque no fuera él el heredero. Eso la hizo acordarse de su compañero de clase.

- ¿Dónde has dejado a tu hermano? –preguntó buscando a Sirius con la mirada extrañada. Ese estando sólo era capaz incluso de llegar a quemar la casa-.

Regulus frunció levemente el ceño, pero la contestó con una sonrisa encantadora:

- A saber dónde se ha metido... No disfruta con este tipo de reuniones...

Se contuvo justo a tiempo de añadir algo más, pues acababa de recordar que la mejor amiga de Grace era una sangre sucia. Era algo en lo que no estaba de acuerdo, pero no sería él quien fuera a su casa a insultar sus principios el mismo día de su cumpleaños.

Sin embargo Grace pareció notar algo raro, pues ya no se sintió igual de cómoda el resto del baile, ni volvió a hablarle. Cuando la pieza terminó, la rubia hizo una elegante reverencia mientras se disculpaba con su amigo.

- Voy a guardar tu regalo que no quiero que nadie lo rompa en un descuido.

Tomó la caja y salió elegantemente del lugar hacia la terraza donde estaban acumulando los regalos. Cuando se encontró lejos de la vista de los demás, lanzó un pequeño gritito y, sin agacharse, sacudió las piernas haciendo volar los zapatos, para caminar descalza el espacio que la separaba de la mesa.

- Esto podría matar a cualquiera... –dijo una voz conocida a sus espaldas-.

- Buenas tardes Sirius –le saludó Grace tranquilamente dejando el regalo de Regulus en la mesa y dándose la vuelta-.

Sirius estaba tras ella apoyado en la barandilla del balcón de forma despreocupada, con la túnica cuidadosamente desarreglada, y con una de sus zapatos en la mano.

- Que sepas que has estado a punto de darme con esto en la cabeza. –la recordó intentando imitar a la profesora Mcgonagall cuando se enfadaba, pero sin dar resultado pues sonreía abiertamente-.

- Lo lamento mucho –se disculpó Grace poniendo una mano en su pecho de manera solemne-.

- Bah, no te culpo –la respondió el muchacho con un gesto de mano-. Si a mi me obligaran a calzarme esto también querría tirarlo lejos.

- Estarías muy mono con ellos puestos –dijo Grace riendo-.

- Siempre podemos probar, ¿Qué talla usas? –bromeó mientras fingía intentar medir su pie por si entraba en el tacón-.

Grace se echó a reír y le arrebató el zapato por si acaso se le ocurría algo que provocara un desastre. El chico la sonrió y después dirigió su mirada hacia la mesa de regalos, concretamente hacia la rosa de cristal.

- El regalo de Regulusin ¿eh? –la dijo con sorna señalando la rosa con la cabeza-.

Grace frunció el ceño, aunque solo fue un segundo. Se acercó a su compañero y se apoyó en el marco de la puerta con los brazos cruzados.

- Al menos él me ha regalado algo. No se puede decir lo mismo de ti... –le contestó hirientemente mientras sonreía-.

- Eso no es verdad. Solamente que yo prefiero improvisar los regalos en el momento.

- ¿Entonces aún puedo esperar algo de tu parte?

- Claro... –respondió moviéndose-. Déjame pensar.

Grace estuvo tentada a preguntarle si para pensar era necesario que la mirara tan fijamente, pero el chico parecía de verdad concentrado y no pensaba perderse ese momento.

- En algo tengo que darle la razón a Regulus –dijo Sirius tras unos minutos-.

- ¿En qué?

- Lo que más te pega es una flor. Y parece que la rosa sea la que mejor te sienta –dijo mirando la flor que adornaba su pelo, haciendo que Grace sonriera agradecida por el halago-. Pero siempre he pensado que mi hermano es demasiado frío, como el cristal...

Grace le miró enarcando una ceja interrogante y con una sonrisa divertida. No habló, sino que siguió observando como Sirius se dirigía a una de las esquinas del balcón donde había un rosal con rosas de todos los colores. El chico se acercó y arrancó una rosa roja. La apuntó con la varita, y el rojo se hizo más intenso, y el capullo se volvió dorado. Susurró otro hechizo y la rosa parecía brillar. Se la ofreció con una sonrisa, que no pudo evitar corresponder al ver la belleza de la rosa.

- Cuando dijiste que me sentaban bien las rosas señalaste a la de mi cabeza, y déjame decirte que es blanca –le recordó solo para hacerle algo de rabiar, aunque sabía que él no era fácil de enojar-.

- Sí, pero esta es rojo Gryffindor, rojo pasión...

En ese momento Grace fue consciente que Sirius se había acercado mucho a ella, consciente o inconscientemente. Abrumada por la cercanía, Grace bajó la mirada hacia su rosa y buscó una excusa para apartarle un poco.

- No has contado con algo Black –como imaginaba, esto le hizo alejarse. No solo había puesto en duda su eficacia, sino que había bromeado llamándole por el apellido-.

- ¿Con qué?

- La rosa de tu hermano es eterna, y la tuya se secará en pocos días y sus pétalos se caerán.

Sirius sonrió confiado y tomó delicadamente la rosa entre sus manos otra vez.

- Aún no he terminado. –pronunció en voz baja un hechizo que envolvió a la rosa en una luz violeta, y después la dejó igual-. Ya está. No se secará nunca y se mantendrá igual de fresca que hoy. Además, en ventaja con esa flor- dijo mirando con desprecio el regalo de Regulus-. Es que el tacto de esta siempre será como si la acabaras de cortar. Compruébalo.

Grace volvió a coger la rosa y comprobó que era cierto. Le sonrió en señal de agradecimiento, y él le devolvió la sonrisa quitándola la rosa de las manos.

- ¿Qué...? –iba a protestar Grace cuando Sirius dejó la flor sobre la mesa y la tomó de la mano-.

- Ven conmigo –dijo solamente el chico, y no hizo falta más para que Grace le hiciera caso-.

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Al recordar eso, no puedo evitar que dos lágrimas rebeldes escaparan de sus ojos y rodaran por sus mejillas hasta perderse en su cuello. Tomó con cuidado la flor que Sirius le había regalado y la acercó a su cara. Tenía los ojos empañados de las lágrimas contenidas, pero pudo ver que la rosa seguía tan roja y brillante como siempre, con el capullo dorado que brillaba como el oro. Su tacto seguía siendo como si la acabaran de cortar, el olor permanecía, entrando con dulzura por su nariz, y embriagando sus sentidos.

OO—OO

Kate acababa de despertar cuando oyó un leve sollozo en la cama de su derecha. Pudo ver que Grace acababa de echar las cortinas, y que si estaba llorando, cosa que dudaba, acababa de comenzar. Grace tampoco era una chica que llorara mucho, solo en determinadas ocasiones. Se acercó algo más a la cama de la rubia, oyéndola suspirar, signo inequívoco de que Grace intentaba controlar su llanto poco a poco.

Se preguntó cómo había ido su reunión con Derek la noche anterior. Al no verla aparecer en toda la noche, pensó que Derek la habría perdonado y las cosas se habrían arreglado entre ellos. Pero sin duda, si Grace estaba al borde de las lágrimas, no quería ni imaginar cómo estaría el pobre Derek. La tarde anterior él estaba aterrorizado por su cita con su novia, por todo lo que ella podía confirmarle o desmentirle. Sin embargo, al fijarse en Grace en clase pudo ver cómo ella coqueteaba descaradamente con James, sin mostrarse en absoluto preocupada. ¿Sospecharía que Derek sabía lo de ellos? ¿Sería por eso por lo que de repente se había sentido tan mal como para ir a cenar? Desde luego si ella le estuviera poniendo los cuernos a su novio... ¡Ella jamás le pondría los cuernos a su novio! Este pensamiento la hizo acordarse de Sirius. Negó con la cabeza apartando ese pensamiento de su mente.

La carcomía la incertidumbre sobre qué habría pasado. Dio unos pasos dispuesta a preguntarle a Grace, pero se arrepintió pues seguramente esta sólo le daría su versión de los hechos. No, ella tenía que hablar con Derek, y asegurarse que su amigo estaba bien. Con esa idea en la cabeza, se vistió con la primera ropa que encontró en su baúl, pues al ser sábado no necesitaba el uniforme, se fue al baño, y tras mojarse un poco el corto pelo rizado, lo peinó con sus dedos. Después, a grandes zancadas cruzó la habitación despertando a Gisele sin querer.

OO—OO

Cora Mendes acababa de terminar su taza de café matutino. La dejó encima de la mesa, y con un vago movimiento de varita, la taza quedó reluciente y voló hacia el armario. La mujer comenzó a recoger la correspondencia que la lechuza había traído hacía apenas diez minutos. Caminó elegantemente hacia la silla y se sentó despreocupadamente. Era bastante parecida a su hija Gisele, pequeñita, risueña, amable y con el característico pelo rizado, que llevaba recogido en una coleta baja. Vestía una túnica de color verde muy cómoda, que ya estaba algo desgastada y aprovechaba para ponérsela por casa.

Acababa de abrir una carta del Ministerio de Magia, cuando el timbre sonó. La mujer dejó la carta sobre la mesa, cogió su varita y se acercó sigilosamente hacia un lado de la puerta, cuidándose de no estar enfrente por si esta era derribada y la dejaba al descubierto.

- ¿Quién es? –preguntó-.

- Cora soy yo –oyó la voz de su marido, aunque eso no hizo que bajara la guardia por supuesto-.

- ¿Cuál fue la primera escoba que montaste, Tomás? –le preguntó siguiendo el reglamento-.

- Una estrella fugaz –escuchó decir a su marido tras la puerta-. ¿Cuál es tu postre preferido?

- Tarta de queso –le respondió sonriendo mientras abría la puerta con la varita-.

- Tenemos que inventar un método más rápido para los días de lluvia –dijo Tomás entrando empapado-.

- Con él iba un muchacho de 19 años, de baja estatura, buena constitución, de pelo castaño claro y sonrisa tímida.

- Hola Cora –saludó el chico después de que esta besara a su marido-.

- Hola Anthony cielo –le saludó ella con una sonrisa-. ¿Qué tal el trabajo?

- Bien, gracias por preguntar.

Cora sonrió al chico al que apreciaba mucho y se dirigió a su marido que se veía cansado.

- ¿Qué tal la guardia en la Orden? –le preguntó mientras le hacía sentarse y se dirigía a calentar una taza de café para él-.

- Agotadora... –señaló el hombro apoyando la cabeza en el brazo de su esposa-. Pero gracias a Merlín tranquila.

- ¿Se sabe algo de Matthew?

Tomás suspiró mientras se pasaba los dedos por los ojos con aire derrotado.

- No, no han averiguado nada aún. ¿Dónde se habrá metido ese muchacho? –preguntó con aire de desesperación-.

- No quiero ser negativo –interrumpió Anthony-. Pero Matt nunca ha sido descuidado. La mandaron a una misión y lleva dos semanas sin dar señales de vida. Quizá deberíamos poner a Dorcas sobre aviso, por lo que pueda ocurrir...

- Odio decirlo, pero tienes razón, a estas alturas hay que prepararse para lo peor –coincidió Tomás-.

- No vais a convencerla de que pierda la esperanza de encontrarle con vida, es su hermano al fin y al cabo –añadió Cora pensativa-.

Hubo un momento de silencio, y Tomás dio un fuerte golpe en la mesa frustrado. Matthew apenas era un muchacho de veinticuatro años, y el modo en que había desaparecido no daba mucho espacio a la esperanza.

- Ya tengo preparada la carta para Gisele –dijo Cora apresurándose a cambiar de tema de conversación-.

La mención de la chica hizo brillar los ojos de Anthony, que olvidó de repente todos los problemas de la Orden del Fénix y sonrió.

- Yo también escribí la mía –dijo sacando un pergamino cuidadosamente doblado-. ¿Seguro que no te importa mandárselas juntas?

- Insisto –confirmó Cora quitándole el pergamino de las mano y uniéndole a los pergaminos que ella había escrito-. Prefiero enviarla todo el correo a la vez y por vía segura. No quiero dar motivos a nadie para que piensen que mi hija anda metida en esto. Y pueden pensarlo si ven las mismas lechuzas ir día sí y día también a Hogwarts.

Anthony asintió con la cabeza, dándose cuenta que la mujer tenía razón. Tomás, que había ocultado su cabeza tras la edición matutina de El Profeta, carraspeó con la garganta para llamar la atención del joven.

- Escucha Bones, si quieres que te permita salir con mi hija, más te vale ser más listo y pensar más en su seguridad.

Anthony volvió a asentir con la cabeza, sin ganas de contestarle nada a su suegro, pero una pregunta rondó por su cabeza sin que se atreviese a realizarla en voz alta. Si Tomás insinuaba que aún no le había permitido salir con Gisele, ¿Qué había hecho los últimos tres meses?

OO—OO

James había dejado la habitación de los chicos arrastrando a Peter fuera de ella, con la ayuda de Jeff. Pobre Padfoot. No bastaba con que Remus ejerciera su papel de amigo protector y le amenazara de todas las formas que sabía por lo ocurrido con Grace. Ahora resultaba que Peter también había adquirido un instinto sobre protector con su compañera de equipo y se había enfadado. Él no apoyaba la idea de Remus de que Grace y Sirius deberían hablar. Peter directamente parecía querer matar a Sirius. Lo había visto claro cuando el pequeño de los cuatro había saltado literalmente de su cama y se había abalanzado sobre su mejor amigo, con una agresividad que ríete tú de la transformación de Remus. Antes de que él y Remus hubieran reaccionado, Sirius ya se había llevado un buen puñetazo y luchaba para quitar a Peter de encima suyo.

Cuando el bueno de Jeff salió del baño se encontró con una escena algo inédita. Sirius intentaba apartar a Peter con una mano mientras con la otra se agarraba al cabecero de su cama. Peter agarraba y tiraba de su "amigo" de donde podía, haciendo rasgar la camiseta del moreno. Y Remus y James tiraban del pequeño, que había demostrado tener más fuerza y destreza de la que imaginaban. Su instinto le llevó a correr a ayudar al que más lo necesitaba, que parecía ser Sirius.

Tras un rato de absurda pelea, consiguieron separarles, teniendo que calmar entonces a Sirius que exigía una revancha. Remus y James acordaron que el primero se quedara con Sirius, y el segundo, junto con Jeff, intentara calmar a Peter. No sabían qué había pasado por la mente de su amigo, pero si que si tenían que tranquilizarle, lo mejor sería empezar por llevarle a desayunar, pues Peter con el estómago lleno era más receptivo.

- ¿Por qué te has puesto así Wormtail? –preguntó James cuando estuvo seguro que este no iba a saltarle a la yugular-.

Peter bufó molesto, mirando a James como si fuera evidente.

- Tú más que nadie deberías haberlo notado –le acusó enfadado, haciendo que James se perdiera-. Grace lleva días que no acaba de estar bien.

- ¿Cómo...? –empezó a preguntar James, que no había notado cambios en la chica, aunque bien pensado tampoco se había fijado-.

- Hace unos días me la encontré llorando. Grace nunca fue de llorar, pero este curso parece más propensa que nunca...

Jeff y James se miraron sin hablar. El primero porque se había perdido en algún momento de la conversación, como siempre le pasaba cuando hablaban de cosas que ocurrieran antes de ese curso. El segundo ya se estaba empezando a mosquear. Resultaba que tenía a una cazadora con la moral baja y no se había dado cuenta. Quizá no sería tan buen capitán... Él debería haberle dicho algo a Sirius, pero el amigo siempre estaba antes del capitán. Además, tenía que reconocer egoístamente que tenía miedo por si Grace se tan sentía culpable por ponerle los cuernos a su novio, que le dejara ganar en el partido... No, Grace era más competitiva que él, si cabe, y no era bueno para el espíritu del equipo desconfiar unos de otros.

Al dar la vuelta a la esquina, los tres se encontraron con una preciosa rubia de ojos negros apoyada en la pared, mirando a James fijamente y sonriéndole coquetamente. Los tres chicos se miraron entre ellos, y Peter pareció olvidar su mal humor para sonreír a su amigo con picardía. James por su parte no se mostró muy entusiasmado, pero él sabía exactamente que, cuando Jane quería hablar con él, nada de lo que la dijera la haría cambiar a opinión. Les hizo un gesto a los chicos para que les dejaran solos y se acercó a la rubia que sonreía más ampliamente por haber conseguido quedarse a solas con el merodeador.

- Buenos días Jane –la saludó el chico con educación-.

- Buenos días –le contestó con voz sugerente y mirada brillante-. ¿Qué tal va todo?

James hizo un gesto con los hombros y la sonrió después, preguntándola sin palabras qué tal estaba ella. Jane continuó con su silenciosa conversación, soltando una breve risa musical.

Jane no era tonta. Sabía a lo que iba, y probablemente también James se habría percatado de ello. Pero no tenía intención de coquetear descaradamente con él, ni de insinuarle nada, hasta que notara que el chico había bajado las barreras. Por eso había estado más de una semana sin apenas hablarle, dejándole tiempo para asimilar que la pelirroja definitivamente no era para él, y que en el fondo, el hecho de que esta se hubiera enamorado del prefecto de Hufflepuff, era lo mejor que le podría haber pasado.

- Quería preguntarte, si es posible que en algún momento de hoy me hagas un hueco para explicarme una duda de Transformaciones –dijo recitando la excusa que se había aprendido de memoria-. Últimamente he tenido problemas con la asignatura, y como a ti se te da tan bien..

Había utilizado el tono exacto, el balbuceo debido e incluso había apartado la vista con nerviosismo, imitando perfectamente los sonrojos que había dejado olvidados años atrás, pero que tan convincentes eran para todo el mundo. Cuando él la sonrió con confianza y un poco de disculpa en la mirada, Jane supo que su reacción había hecho su trabajo aunque los resultados no se vieran instantáneamente.

- Verás Jane... Intentaré sacar un rato –la confesó-. Pero hoy es un día extraño, espero que entiendas que le de prioridad a otras cosas...

James no estaba de humor para darle clases particulares a Jane y repasar los apuntes entre cotilleos. No era que no quisiera ayudar a su amiga, pero la discusión entre sus amigos y el enfado de Lily ocupaban toda su mente en ese momento.

- No te preocupes –le sonrió con dulzura-. Si encuentras ese ratito, pasaré la mayor parte del día en la biblioteca.

Y allí estaría esperándole, y ya de paso adelantando tarea. Pues sabía que en cinco minutos, dos horas o siete, él acabaría sacando tiempo para ella. Siempre lo sacaba, sino, no tanto como chica, y más como amiga. Pero se había ganado ese privilegio. Se dio la vuelta con elegancia y caminó con decisión y sensualidad hacia el otro lado del pasillo, sabiendo que aunque sólo fuera un segundo, él la habría visto.

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- Bueno, ¿Qué te parece? –le preguntó Lily a Mark una vez le hubo contado todo lo ocurrido con James la noche anterior-.

Mark tuvo que pensar qué decir, pues Lily aún estaría furiosa y él no quería convertirse en el blanco de su novia. La miró algo desconcertado pero con una sonrisa en los labios.

- Eres un poco exagerada –la dijo cuando encontró las palabras más finas para expresarse-.

- ¿Te parezco exagerada? ¿Has oído lo que me dijo? –protestó la pelirroja. Mark suspiró, quizá no había elegido bien las palabras después de todo-.

- Sí lo he oído. Pero teniendo en cuenta la cara que tenía el chabal esta mañana, no parece acordarse de habértelo dicho.

- Pero lo dijo. Y eso significa que lo piensa. –refunfuñó Lily cruzándose de brazos-.

- Quizá fueron unas palabras desafortunadas –defendió Mark-. Pero pienso que tiene razón. Yo no me siento cómodo comportándome sí en un sitio oficial...

- No es un sitio oficial. Es una torre privada, pero tanto de él como mía. –protestó Lily-.

- Entonces está en su derecho de sentirse incómodo en un lugar que debería ser como otro hogar. El director os dio la torre para que estuvierais más cómodos, no para que tú y yo nos comportáramos indebidamente.

Lily bufó pero rehusó contestar. Si lo hiciera, seguramente acabaría discutiendo con su novio. El hecho de que él fuera tan regio y respetara escrupulosamente las normas, no significaba que James también lo hiciera. Por esa razón sabía que el razonamiento de Mark no valía para el merodeador, que la había dicho todo aquello para fastidiarla. Aunque, bueno, tampoco es que la hubiera insultado ni se hubiera pasado, y a estas alturas no se acordaba de nada. Quizá debería solucionar ese embrollo...

- ¿Por qué no vas y hacéis las paces? –la propuso Mark al verla en silencio. Lily rió pues pareció leerla el pensamiento-.

Antes de que pudiera contestar, una lechuza marrón claro se había posado en el alfeizar de la ventana y la miraba fijamente. La reconoció como una de las lechuzas del colegio y se apresuró a correr hacia ella. Esta levantó una de las patas y Lily sacó un pequeño pergamino donde habían escritas dos líneas con la pulida letra del profesor Dumbledore.

- Me parece que quiera o no, tendré que hablar con James –informó a Mark tras haber leído la carta-. Tenemos reunión con Dumbledore en media hora.

OO—OO

Remus se sentó en la cama vacía de James suspirando ruidosamente y mirando molesto a Sirius, que aunque se había calmado aún despotricaba contra Peter.

- Maldito idiota... –murmuraba Sirius en voz baja-.

- ¿Has terminado? –le preguntó Remus con tranquilidad. El animago lanzó un gruñido que Remus interpretó como una afirmación-. Bien, pues alégrate que lo ha hecho Peter y no yo. Cuando he visto a Grace salir de aquí esta mañana, he tenido el impulso.

- Tú jamás perderías los nervios de esa forma Moony –dijo Sirius burlándose de la paciencia de su amigo-. ¿Pero, qué mosca le ha picado? Me ha hecho daño el muy imbecil...

- No nos gusta verla mal. Y después de lo que acaba de pasar, no creo que vaya a estar pegando botes de alegría, sino más bien al contrario.

- ¡Ey! ¡No soy tan malo! –rió Sirius intentando librarse de la tensión que reinaba de la habitación, y también dentro de él-.

- Sirius, ¿Qué es lo que te preocupa? –preguntó Remus. Sirius rodó los ojos molesto, había olvidado la especial sensibilidad que tenía su amigo-. Y no me digas que es por Kate, porque algo me dice que esta vez no tiene nada que ver con ella.

Sirius comenzó a caminar por la habitación nervioso. Se sentía como un león enjaulado, y muy desencaminado no estaba, pues sabía que Remus no le dejaría salir de allí sin una buena explicación. Bufó otra vez y se sentó en su cama, poniendo la cabeza entre sus manos y los codos apoyados en las rodillas. Después de un rato que Remus esperó pacientemente en silencio, Sirius habló.

- Temo que, después de todo, no lo tengo tan superado como creía...

OO—OO

Kate estaba desayunando tranquilamente en su mesa de Gryffindor mirando alrededor. Todavía no había bajado ningún conocido, puede que algún Slytherin pero esos no contaban para ella. Además, ella solo quería ver a Derek y preguntarle qué había ocurrido para que Grace llegara a la habitación llorando de esa manera.

A los veinte minutos, cuando ya se la había enfriado lo que la quedaba de desayuno y se había dado por vencida, salió del Gran Comedor sin rumbo fijo. Iba a subir las escaleras hacia la lechucería cuando una mano la tocó la espalda llamándola. Al darse la vuelta se encontró con el rostro sonriente de Derek Rumsfelt.

- Estás muy guapa esta mañana, Kate –la dijo-.

- ¡Derek! –exclamó Kate aliviada y abrazando al chico, contenta de verle tan entero-. ¿Qué tal todo? ¿Qué pasó con Grace?

Ante la mención de la rubia, el rostro de Derek se contrajo y se puso serio de repente. Kate lo notó y se asustó pensando lo peor.

- Supongo que encontró algo mejor que hacer, que el venir a hablar conmigo... –la dijo Derek sin poder ocultar su tono furioso-.

- ¿Qué? -preguntó Kate desconcertada-. ¿No fue? Pero... pero si Grace no ha pasado la noche en el cuarto. Ha llegado de mañana y llorando, pensé que habíais cortado o algo así...

Derek se sorprendió con la noticia y su semblante se ensombreció más aún.

- ¿Cómo que no ha dormido allí? ¿Y dónde ha estado? –preguntó con un tono que Kate no le conocía-.

- No lo sé. Cuando la vi así bajé corriendo haber si te veía y me contabas por qué estaba así. Se la notaba completamente devastada... Derek, ¿de verdad estás seguro de todo lo que me dijiste? Es que aún me cuesta creerlo...

- Estoy seguro –la contestó él con voz dura-.

Kate dio un respingo y Derek la miró, dándose cuenta de su tono. Sonrió a modo de disculpa y la pasó un brazo por los hombros.

- Perdona, ¿Vamos a dar una vuelta?

OO—OO

Unas molestas y ruidosas pisadas la habían despertado. Levantó un poco la cabeza de la almohada y vio a Kate atravesar la habitación corriendo. Intentó alzar una ceja de incredulidad, pero el sueño no la dejó. Comprobó la hora que era y se quejó por haberse despertado tan pronto un sábado. Dio media vuelta intentando volver a dormirse, pero pronto comprobó que ya era imposible. Estaba demasiado despierta y todo a su alrededor parecía haberse puesto de acuerdo para hace ruido. Sadie se removía a su lado, haciendo ruido con las sábanas, le pareció oír que alguien reía en la Sala Común (¡a esas horas!) y en algún punto de la habitación, alguien parecía estar llorando.

Al pensar en lo último por segunda vez, se sintió más despierta y levantó la cabeza para escuchar mejor. Quizá llorar no era la palabra, pero había oído un sollozo reprimido. Miró a su alrededor, Sadie durmiendo tranquilamente, la cama de Lily vacía y sin deshacer desde hace varias semanas, la camal de Grace que estaba cerrada por las cortinas, y la cama de Kate aún desecha, como prueba de que acababa de ser abandonada. No tuvo que pensar mucho para saber de dónde procedía ese ruido.

Se acercó a la cama de Grace, pero no se atrevió a descorrer las cortinas.

- ¡Grace! –la susurró desde fuera con cuidado de no despertar a Sadie-.

- ¿Gis? –preguntó la rubia desde dentro-.

- Sí, soy yo. ¿Estás bien?

- Perfectamente, ¿Por qué lo dices? –preguntó Grace a la defensiva, mientras volvía a colocar sus regalos en su sitio antes de que a su amiga la diera por abrir las cortinas y verla con ellos en la mano-.

- He oído ruidos –comentó Gisele entrecerrando los ojos-.

- Ah ya... –empezó Grace buscando tiempo para inventarse una buena excusa-. Es que estoy haciendo estiramientos... augh, mmm... –intentó imitar pobremente los gemidos típicos del esfuerzo físico-.

- Vale –comentó Gisele sorprendida. Grace estaba cada día más loca, no había dudas-.

Se encogió de hombros y se dirigió hacia el baño. Necesitaba una buena ducha para ser ella con toda su energía habitual.

Una vez ya duchada y vestida, bajó a la Sala Común, dirección hacia el Gran Comedor. En la amplia habitación solo estaban unos chicos de segundo curso, ninguno de sus amigos. Sabía que al ser sábado, o estarían desayunando o continuarían durmiendo. No les podía culpar, ella también lo haría si Kate no la hubiera despertado.

Mencionando a Kate, la encontró cuando caminaba hacia el vestíbulo. La chica no la vio, pues estaba a sus espaldas, pero ella sí lo vio todo. No la gustaba que Kate hubiera echo tanta amistad de repente con Rumsfelt, no la gustaba nada. Quizá su amiga tenía razón y a ella la caía mal el chico sin razón, pero había algo en la mirada que no la gustaba nada.

Caminó en dirección contraria donde Kate y Derek andaban cogidos, y entró en el Gran Comedor. Una mirada general a la mesa de los leones la bastó para ver a Peter y Jeff desayunando juntos.

- ¡Buenos días chicos! –les saludó cuando llegó hasta ellos, sentándose frente a Jeff-.

- Hola Gis –la saludaron los chicos casi a al vez-.

Nadie dijo nada más, continuaron con su desayuno en un silencio cómodo y cansado, propio de las mañanas de los sábados. Pocos minutos después, el silencio se acabó cuando James llegó a desayunar, sentándose junto a Gisele. Este comenzó a hablar un poco de todo: el tiempo, el quidditch, los Slytherin, el quidditch, McGonagall, el quidditch... Estuviera del humor que estuviera, James siempre hablaba de quidditch.

Poco después llegó Lily muy apresurada. Miró a James fijamente, y se quedó con la boca abierta como si fuese a decir algo. James la miró enarcando una ceja, sin atreverse a decir algo antes por miedo a que la pelirroja tuviera un ataque de nervios como esa mañana. Sin embargo, Lily estaba más ocupada mirando alrededor de la mesa de Gryffindor.

- ¿Y Grace? –le preguntó a Gis cuando no localizó a su mejor amiga-. ¿Aún no se encuentra bien?

- Creo que está mejor pero aún no ha bajado. Cuando me he levantado, creo que estaba haciendo estiramientos... –dijo la chica consciente de lo raro que sonaba aquello-.

James tuvo que reprimirse de soltar una carcajada, y Peter frunció el ceño, mirando molesto a su amigo.

- Luego voy a ver qué la pasa... –decidió Lily girándose hacia James de nuevo-. Tenemos reunión con Dumbledore en un cuarto de hora, así que ya estás terminando de desayunar.

- Voy a mi ritmo –contestó James desafiante al notar el tono frío que había empleado Lily-.

Sin embargo, al ver la dura mirada de la chica, decidió que desayunar rápido por una vez no le sentaría mal. Engulló lo que le quedaba de tostada, y tomó un vaso de zumo, antes de levantarse.

Cuando James y Lily se hubieron marchado, Gis vio a Mark sentarse en la mesa de Hufflepuff junto a sus amigos. Se le hacía raro ver a la parejita separada, en la última semana solo lo habían hecho para dormir y cuando las clases les obligaban.

- ¡Cuidado!

El grito de Peter la hizo dar un respingo, al tiempo que una carta cayendo en un tazón les salpicó a todos. Molesta miró hacia arriba y vio que acababa de llegar el correo. Entre las lechuzas distinguió la de su madre y sonrió inconscientemente mientras alzaba las manos para coger sus cartas. Había dos. Eso era nuevo.

Abrió la más grande y lo primero que vio fue la letra de su madre. Era una carta bastante larga, donde su madre la contaba lo bueno, lo malo, lo regular... todo lo ocurrido desde que ella había vuelto al colegio. El otro sobre era más pequeño. Curiosa lo abrió y se topó con una letra que, pese a que la sonaba, no reconocía. Al leerla su sonrisa se ensanchó divertida. No esperaba que Anthony la escribiera, siempre estaba con la Orden, con sus padres, su trabajo... En un acto de madurez había decidido no darle demasiada importancia a las citas que había tenido ese verano con él, pero al releer lo que la ponía, podía comprobar que había hecho mal al no darlo importancia.

- Mucho sonríes tú –bromeó Peter viéndola tan feliz-.

Gisele sonrió más aún como respuesta y le mostró las dos cartas.

- Mi madre ha escrito –contestó con simpleza-.

- ¿Y esta qué hace? –habló Jeff de pronto sorprendiendo a Gis que había olvidado que estaba allí. El chico señalaba a una pequeña lechuza blanca que se había posado en el respaldo que minutos antes había ocupado James-.

Gis reconoció a Bennu enseguida, la lechuza del tío de James y se preguntó si algo malo habría pasado. Miró las cartas que esa misma mañana la había enviado su madre y se sintió aliviada. No había dado tiempo a que ocurriera nada malo.

Al ver de nuevo la lechuza, vio que esta cargaba con un pequeño paquete, casi tan grande como ella. La cogió con cuidado, y esta solo se dejó cuando reconoció a Gisele. Se despidió de los chicos y decidió que lo mejor era dejar a Bennu en la sala de los Premios Anuales, pues estaba segura que la lechuza no la permitiría coger el paquete. Llegó a la torre y la abrió con la contraseña que Lily había cambiado la noche anterior.

OO—OO

Lily y James estaban casi llegando al despacho del director. No habían hablado en todo el trayecto, y James seguía incómodo con la situación que se había dado al levantarse.

- Escucha Lily –comenzó-. Sobre lo de esta mañana...

- Eso mejor lo hablamos luego, James. Primero el trabajo.

James suspiró y se resignó a hacer lo que la pelirroja le pedía. Al menos esta vez le había llamado por el nombre. Llegaron a la gárgola que custodiaba la entrada al despacho de Dumbledore.

- Cucurucho de cucarachas –dijo Lily y la gárgola les dio paso hacia unas escaleras espirales-.

Ambos ascendieron por las escaleras en silencio. A James se le escapó un bostezo y el estómago le rugió indicándole que no había desayunado suficiente.

- Muy bien que nos mande trabajo, pero ¿Tiene que ser un sábado por la mañana?

Lily no le contestó pero no pudo reprimir una risa que disimuló con una tos. Se adelantó al chico y llamó a la puerta.

- Pasen –dijo desde dentro la voz de Albus Dumbledore. Ambos entraron en el despacho iluminado por el sol, que hacía brillar todos los cachivaches que el director tenía sobre la mesa-. Siéntense por favor. Sólo quería comunicarles un par de cosas, seré rápido. Y lamento que esta reunión haya tenido que ser un sábado por la mañana, señor Potter.

James abrió la boca pero no dijo nada. El viejo director tenía esa costumbre de dejarlo sin palabras. Lily le dio un codazo y él se enderezó en la silla escuchando al profesor.

- Si fueran tan amables –reanudó Dumbledore-. Les agradecería que colgaran en todas las Salas Comunes estos carteles –dijo señalando un montón de pergaminos a su izquierda-. Comunica a los alumnos que la primera salida a Hosmeade será el sábado que viene.

Los chicos asintieron en silencio, y Lily cogió los carteles que le tendía el director.

- Y lo otro es referente a la cena de Halloween...

- ¿Cena? –interrumpió James llevándose una mirada de reproche de la pelirroja-. ¿Por qué cena? ¿Este año no habrá baile?

Dumbledore le miró algo sorprendido y después le sonrió.

- No creo que sea lo más responsable señor Potter –le contestó con tranquilidad-. Creo que es algo que les altera los nervios. No queremos que vuelvan a ocurrir cosas como las del año pasado ¿verdad?

Ambos miraron a James que asintió tragando saliva. Parecía que le hubieran llevado allí para echarle la bronca, para una vez que él no hizo nada. Y no mentía. Todo el mundo sabía que los responsables de semejante alboroto fueron los modositos de su curso: Remus y Richard. Al parecer, como les explicaron después, un Slytherin intentó propasarse con Rachel, y ellos dos, como el novio y el primo ofendidos, habían considerado que la mejor solución era tirar al susodicho por la ventana. Esto provocó que los amigos del otro chico iniciaran una pelea con los dos muchachos, a la que después se unieron gustosos Sirius, Peter y James. El resultado final fue una batalla a lo grande de todos contra todos, saturación de la enfermería y uno de los pocos enfados que habían presenciado del profesor Dumbledore.

- Profesor –intervino Lily por primera vez poniendo cara de no haber roto un plato-. ¿No podría darnos una última oportunidad para demostrarle que podemos tener un baile sin destrozar el Gran Comedor? Fue algo imperdonable, estoy de acuerdo. Pero los alumnos más pequeños no tienen la culpa de los actos de algunos –en este momento le dedicó a James una gélida mirada que indicó al chico que había un obstáculo más para que ella le perdonase-.

El director miró a Lily, luego a James y luego a un punto entre ellos mientras sus dedos jugaban con su larga y plateada barba.

- De acuerdo -dijo finalmente-. Les daré esa oportunidad señorita Evans, permítame –añadió tendiéndole la mano para que Lily le devolviera los carteles-.

Pronunció un pequeño hechizo sobre cada uno y se los devolvió a la Premio Anual.

- Ya está realizado el cambio. Aquí termina nuestra reunión chicos. –los dos se levantaron-. James espera un momento.

El muchacho se volvió hacia él. El director le tendía un pequeño plato con caramelos de limón. Cogió uno y Dumbledore le dijo:

- No hagas tonterías, hijo –y le guiñó un ojo como si fuese un secreto entre los dos-.

James salió del despacho y descendió las escaleras de dos en dos. Cuando llegó abajo vio que Lily apenas se había alejado unos pasos. Corrió hacia ella y la dio alcance enseguida.

- Lily, sobre lo de anoche... –insistió-.

- Te perdono –dijo Lily-.

- ¿Me perdonas? –preguntó James confuso-.

Lily le miró seria y afirmó con la cabeza.

- Cuando se está borracho se dicen muchas tonterías y no voy a juzgarte por eso. –James sonrió-. Pero quiero dejar algo claro: me parece lógico que puedas sentirte incómodo por vernos a Mark y a mi en ciertas situaciones, pero la torre es de los dos y podemos hacer uso libre de ella. No pienso desperdiciar el hecho de tener una habitación solitaria. Eso sí, intentaré no hacer muchas escenitas si eso te incomoda.

James la miró algo extrañado. No estaba muy conforme con eso, y menos desde que había dicho habitación solitaria. Sin embargo, también sería injusto para Lily que él fuera tan egoísta. Ignoró el nudo en la garganta y la asintió sonriendo. Lily también le sonrió, y le dio un beso en la mejilla para enterrar el hacha de guerra.

- Vamos a colgar estos carteles –dijo Lily-. Tú Ravenclaw, yo Hufflepuff y a Slyherin mejor vamos juntos, por si acaso.

OO—OO

- Vaya... –dijo Remus sorprendido al terminar de escuchar el relato de Sirius-.

Miró a su amigo, sentado en su cama, con el pelo enmarañado y la mirada asuente. Ni en sus sueños más extraños se habría imaginado eso...

- ¿Por qué nunca nos contaste nada? –le preguntó, casi reprochándoselo-.

- Bueno... –contestó Sirius tras unos segundos de pausa-. Al principio, no sabíamos cómo. James y Lily llevaban tan mal que parecía imposible que lo aceptaran. Y después... bueno, después ya no tenía sentido. Simplemente hicimos como si nada hubiera ocurrido...

- ¿Por eso os lleváis tan mal ahora?

Sirius rió tristemente recordando todo aquello. Lo que dijo a continuación, dejó a Remus sin palabras.

- Es que cuando acabó, llegué a odiarla tanto como la había querido...

¿Le estaba hablando en serio su amigo? Remus no daba crédito a sus ojos. No tenía imaginación suficiente para soñar algo tan enrevesado. ¿De verdad eso había ocurrido? ¿Habría habido otra chica para Sirius Black, antes que Kate? Bueno, eso explicaba muchas cosas pero también liaba más otras. Negó con la cabeza pensando que no era el mejor momento para plantearse todo eso. Miró a su amigo, se levantó de la cama de James y se sentó junto a Sirius pasándole una mano por el hombro.

- Vamos a buscar a Prongs –le dijo sonriendo-. Acabo de recordar que aún no nos ha dicho nada de la Orden del Fénix esa...

Sirius le miró y sonrió divertido. Se levantó, se atusó el pelo un poco frente al espejo y se encaminó hacia la puerta. Remus siempre sabía cuándo quería y cuándo no quería hablar. Se alegraba profundamente de la intuición de su amigo, y que este le diera espacio justo cuando lo necesitaba.

Remus miró divertido como Sirius había saltado de golpe. Pasase lo que pasase, Sirius Black siempre tendría su batería de energía llena. Se dispuso a seguir a su amigo cuando este abandonó la habitación. Al ir a cerrar la puerta del baño, vio un pergamino en el suelo, junto a la cama de Jeff. Se le de debía haber caído al chico. Era una carta, que Remus no pudo evitar leer debido a la intriga que le daban los dos hermanos.

Hola mis niños,

¿Qué tal el curso? Espero que esté yendo muy bien. Sadie, me alegró saber que habías entrado en el equipo de quidditch de tu casa. Creo que es una oportunidad única para integrarte definitivamente, por favor pon un poco de tu parte. Jeff tesoro, ¿Has vuelto a tener visiones? Confío en que puedas ir controlándolas, y ya sabes mi opinión de intervenir, nunca trae nada bueno. Esto va para los dos, da igual lo que veáis o sepáis, vosotros oíd, ved y callad.

Sobre lo demás, aún no tenemos nuevas noticias, por lo que desgraciadamente on puedo informaros de nada. El tío Gerard os envía recuerdos, y dice que en cuanto sepamos el siguiente paso, os avisaremos. Hasta entonces, seguid haciendo vuestra vida normal y disfrutad al máximo estos años que pasan volando.

Con cariño,

Mamá.

Remus miró extrañado la carta. Había cosas que no acababa de comprender. Esos dos cada día eran más extraños, y esta carta no tenía ni pies, ni cabeza. ¿De qué visiones habla? ¿Y eso de intervenir? ¿Intervenir en qué? ¿Nuevas noticias, el siguiente paso? Esto cada vez le intrigaba más...

- ¡Moony, estoy plantando raíces!

Y con Sirius cerca no podía esperar mucho silencio para pensar. Sonrió resignado, y metió la carta en el baúl de Jeff, para después salir de la habitación. Tenía cosas que aclarar con sus amigos antes que investigar a dos compañeros. Eso podía esperar.

OO—OO

Kate miraba a Derek fijamente, como si quisiera leerle la mente. No es que desconfiase de su amigo, pero había cosas que eran realmente difíciles de creer.

- Pero Derek, es que... ¿De verdad estás seguro? Quiero decir... ¿Grace y James?

El chico se encogió de hombros, y siguió caminando con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos.

- Desde luego algo pasa, con alguien está... –respondió el chico mirando al frente-. Y creo que es con Potter. Es lo único que tiene sentido... se pasan el día juntos con la excusa del equipo, siempre que pueden están hablando a solas, y tú misma has dicho que anoche no fue a dormir, y tampoco vino a la cita. Así que eso significa que estuvo con él... Todo encaja.

- Pero, mira... es que... –comenzó Kate dubitativa. Quiso contenerse de decirlo, como lo había hecho toda la semana que Derek llevaba hablando de esos dos, pero al final explotó-. ¡A James quien le gusta es Lily!

Derek se quedó sin habla. Eso no lo sabía. Está bien, recordaba que durante un tiempo Potter se metía mucho con Evans, pero de ahí a que sintiera algo de verdad por ella... Tuvo que contener el impulso de reír, pues sabía que a Kate no le haría gracia, pero es que de verdad la situación se le antojaba muy graciosa. Uno de los compañeros que peor le caía, podría llegar a convertirse en su ídolo. No solo había conseguido estar con Grace antes él, ¡sino que además ahora iba a por la otra amiga! Su parte de casanova no podía más que aplaudir tal hazaña.

Sin embargo, cuando respondió a Kate lo hizo de forma frustrada. Se encargó de parecer confuso, desorientado y profundamente triste, que es lo que descolocaba a la morena.

- Pues no lo sé, pero en su momento eso no le importó mucho... ¿Qué te hace pensar que ahora el que le guste Evans valdrá para impedirle volver con Grace? Total, Evans está con Bennet ¿no?

Kate se quedó en silencio pensando en la respuesta. La verdad es que habría esperado ver peor a su amigo después de que Lily comenzara a salir con Bennet, pero el mayor cambio era que casi no hablaba con ella y estaba más atento en clase. Y ella también había visto como abrazaba a Grace por los hombros y... No, negó con la cabeza, ignorando esos pensamientos y contraatacó por otro lado.

- Es que no creo que Grace sea de esa forma... Mira, un día hablando con las chicas de lo de Sirius, ella habló de las infidelidades con un asco... Es como si no lo aprobara. Me cuesta tanto creer que sea capaz de hacerlo y luego de censurarlo...

Derek no la contestó sino que siguió andando, mirando al frente con el ceño fruncido. Sin embargo, algo se encendió en la cabeza de Kate.

- ¿Y si...? Bueno, quizá sea mejor que le perdone ahora –Derek se paró y la miró aún con el ceño fruncido-. Quiero decir, sólo quería dejarle un tiempo para pensar, pero quizá si le dejo más...

No pudo seguir hablando solo de pensar en lo que podía ocurrir. Esa última semana sin hablar a su novio había sido un tormento para ella. En el momento en que sugirió lo de darse un tiempo, estaba enfadada y exaltada. Acababa de tener una conversación muy rara con Derek, había visto al chico mal por ello y había agradecido tener un novio que la valoraba y quería. Sin embargo, cuando fue a buscarle se le encontró en la habitación con otra chica... Desde luego tenía sus motivos para enfadarse. Pero después se le había pasado el enfado y no supo cómo arreglar la situación.

- Kate creo que aún es pronto –dijo Derek con voz suave-. No creo que él haya comprendido lo que hizo todavía...

- Pero, bueno, después de pensarlo, a mi no me importa tanto. No creo que estuviera haciendo nada la verdad. Remus estaba allí con ellos...

- ¿Y cómo sabes que Lupin ha estado presente todas las veces?

Kate se quedó sin respuesta. Miró hacia el pasillo con ojos llorosos y se llevó las manos a la cabeza, confundida. Derek aprovechó a abrazarla y susurrarla al oído:

- Déjale un poco más de tiempo. Confía en mí, sé lo que hago...

OO—OO

Lily entró por el retrato de la Sala Común de Gryffindor buscando a Grace. No vio a la rubia por ningún lado, por lo que supuso que seguía en la habitación. Subió corriendo las escaleras hasta llegar a la habitación de las chicas de séptimo. El cuarto a primera vista parecía vacío, pero Lily cayó en que las cortinas de la cama de su mejor amiga estaban cerradas.

Se acercó con cuidado de no hacer ruido y descorrió con lentitud las cortinas. Grace estaba dormida, con la ropa puesta y abrazada a la almohada. Vio su nariz roja, signo inequívoco de que había llorado. Lily suspiró mientras se sentaba en el borde de la cama y alargaba la mano para acariciar el pelo de su amiga. Algo llevaba atormentándola desde el día anterior. Algo que la había quitado el hambre, la sonrisa, y lo más insólito: la había hecho llorar. Grace no era una persona con la lágrima fácil, Lily sólo podía recordar dos veces que la hubiera visto llorar, por lo que, lo que había ocurrido, debía haber sido algo que la había sobrepasado.

Decidida a averiguar qué era y, ya de paso, arrancar a su amiga de ese estado, la acarició el hombro con cuidado pero determinación. Después de varios golpes, Grace abrió sus ojos y se topó con los ojos verdes de su mejor amiga. Sonrió levemente como saludo y se medio incorporó al tiempo que se frotaba los ojos.

- ¿Me vas a contar qué te pasa? –preguntó Lily-.

- ¿mmm? –fue la respuesta de Grace-.

- Grace, ¿Qué te pasa? –su tono era más triste. Si Grace intentaba rehuir el tema, era porque además se avergonzaba de aquello que fuera-. Siempre hemos podido hablar ¿No?

Grace la miró fijamente y sonrió de nuevo, esta vez más ampliamente. Era cierto, siempre había podido hablar con Lily, contar con ella. Miró alrededor, hacia las camas de sus compañeras y se incorporó.

- Está bien –dijo-. Pero vamos a otro sitio. Aquí nos pueden interrumpir en cualquier momento.

Lily la siguió cuando bajó por las escaleras, atravesaba la Sala Común y salía por el retrato de entrada. Grace la guió hasta un aula vacía del segundo piso, la hizo entrar delante de ella y después cerró la puerta tras asegurarse de que no había nadie alrededor.

- ¿Vas a confesarme un asesinato? –bromeó Lily al ver todas las precauciones de su amiga-.

La broma consiguió relajar la tensión y Grace rió. Se sentó en una mesa frente a Lily y la miró entre divertida y cohibida.

- Al menos ahora estás mejor –la dijo Lily sonriente-.

- Si es que no estoy mal... Solo que han pasado muchas cosas en un solo día –respondió Grace encogiéndose de hombros-.

- Anoche estabas mal...

- Ya, bueno, suele pasar cuando te llevas un pequeño desengaño –dijo Grace sin perder la sonrisa aunque esta se convirtió en algo amarga-.

Tras esto procedió a contarla lo que había ocurrido durante el entrenamiento del día anterior, todo lo que le había oído decir a Derek y a sus amigos, y lo que pretendía haber hecho esa noche. Sólo se ahorró el dato de que la otra chica era Kate. Como se esperó, Lily estaba indignada y tuvo que agarrarla de un brazo cuando esta quiso salir del aula con claras intenciones homicidas.

- ¿Qué se cree ese gilipollas? –casi gritó la pelirroja-. ¡Ohh! ¡Ese no sabe con quien se ha metido! ¡Lo convertiré en jalea, como que me llamo Lilian Evans! Créeme todo lo que me has visto hacer hasta ahora, solo ha sido un juego comparado con lo que le espera a ese imbécil!

Grace, mientras tanto, sujetaba a Lily para que no fuera a buscar a Derek y se ganara un castigo. Suspiró rodando los ojos y consiguió volver a sentar a Lily en su sitio. La pelirroja estaba fuera de sí y la señaló con un dedo acusadoramente.

- ¡Y tú! ¿No puedes juntarte con tíos más normales? –la gritó fulminándola con la mirada-.

Grace hizo un gesto resignado, indicándola a su amiga que ella misma se había regañado por eso.

- Supongo que estoy destinada a que me atraigan sólo los que me hacen daño... –la dijo sonriendo para quitarle dramatismo-.

- ¡Espero que anoche se la devolvieras! ¿Qué le hiciste? –en los ojos de Lily vio un brillo que más parecía cualquier merodeador preparando una broma, que la impoluta e inocente prefecta y premio anual que era-.

- La verdad es que no fui al final... –la confesó-. Cuando iba a ir, bueno, pasó otra cosa...

Se mordió el labio y después bajó su mirada al suelo para relatarla, en rasgos generales, todo lo que había ocurrido cuando Sirius llegó a la Sala Común, cuando le ayudó a subir a su habitación, y, bueno, lo que pasó después...

La cara de Lily era un poema. Grace tuvo que aguantarse la risa al ver que Lily abría y cerraba la boca incapaz de decir nada. Al menos ahora no quería matar a nadie...

- ¿Tú estás mal de la cabeza? –consiguió decir Lily a media voz-. Quiero decir, ¿No tienes bastante con un gilipollas que ahora quieres dos? Y con todo el respeto a Sirius que no tiene nada que ver con Rumsfelt.

Grace rodó los ojos dudando de eso último, pero no hizo ningún comentario. Lily la miró extrañada una vez más.

- Grace... Te conozco suficiente para saber cuando me ocultas algo. Y también para saber cuando has llorado. Y sé que antes lo has hecho porque tenías la nariz roja. ¿Pasó algo más anoche que...?

- No. –se apresuró a aclarar Grace-. Sólo que cuando llegué al cuarto, me puse a pensar y a recordar cosas... Supongo que me dejé llevar por la emoción.

- ¿Recordar qué cosas? –preguntó Lily con suspicacia-.

- Bueno... quizá, no sea la primera vez que me he visto en una escena parecida. Vamos así no, de otra forma pero...

- ¿Con Sirius? –preguntó Lily atónita. Al ver que su amiga apartaba la mirada incómoda sonrió como una niña pequeña y se acercó a Grace-. Cuéntamelo.

Grace la relató todo lo ocurrido en su fiesta de quince cumpleaños. Esta vez no escatimó en detalles y la contó todo hasta que Sirius la invitó a seguirle cuando ambos estaban en la terraza. Ahí dudó un momento y Lily le dio en un brazo sonriendo.

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13 de julio de 1975

Sirius tiraba de Grace conduciéndola en el pequeño camino que habían construido hasta la playa. Cuando llegaron, la soltó y se adelantó respirando el aroma salado del mar. Grace miró hacia la casa y una vez más y luego hacia su compañero.

- ¿Por qué me has traído aquí? –le preguntó con una pequeña sonrisa cuando caminó los pocos pasos que les separaban-.

Sirius se encogió de hombros con una sonrisa traviesa.

- Me apetecía salir de allí y como en la playa no necesitas ponerte los zapatos asesinos, pensé que te gustaría acompañarme...

Grace rió y se recogió un poco el vestido para poder caminar cómodamente por la arena. Sirius miró de nuevo a la casa y comenzó a reírse.

- ¿Qué? –preguntó Grace-.

El chico solo señaló a un grupo de cisnes blancos que su madre había traído para adornar el jardín. Lo comprendió. El ambiente estaba recargado a más no poder, lo suficiente para causar la risa a un chico de quince años.

- ¿Esta es vuestra casa de verano? –la preguntó-.

- Sí –contestó Grace, aunque no estaba del todo segura de que aquella mansión podría denominarse "casa"-.

- Para dos meses me parece algo excesiva. –dijo Sirius mirándola-.

Grace no pudo más que darle la razón con un gesto.

- Díselo a mis padres que son los dueños. Yo solo soy una mantenida –le dijo-.

Sirius la sonrió y después se dio la vuelta mirando al mar. Unos segundos después, comenzó a quitarse la túnica ante una indignada Grace.

- ¿Se puede saber qué haces? –exclamó apartándose de él-.

- Voy a bañarme –dijo él como si fuera lo más simple del mundo-.

Grace se sonrojó ante su metedura de pata y el chico estalló en carcajadas.

- ¿Qué te pensabas? –la dijo mientras se recogía las mangas de la camisa-.

Esa burla la sentó fatal a la rubia que se encaró con el chico.

- ¿Pues qué voy a creer de ti con la fama que tienes?

- ¿Y qué fama tengo? –la preguntó él con tranquilidad-.

- Oh, vamos... –dijo Grace buscando las palabras adecuadas-. El año pasado te dedicaste a espiar a Alisson Taylor cuando se duchaba tras los entrenamientos de quidditch.

El chico se rió sin sonrojarse y dijo divertido.

- En mi defensa, diré que eso solo ocurrió una vez y por accidente. Yo iba buscando a James.

- Pues no te vi marcharte al darte cuenta de tu error... –le dijo ella picada-.

- Ya que estaba allí me quedé por si había algo interesante, pero no conseguí ver nada... –esto último la dijo con un poco de amargura, que hizo reír a la chica-. Bueno, yo voy a bañarme. ¿Vienes?

- No puedo –dijo cogiéndose la falda del vestido como excusa-.

- ¿No eres bruja? –le preguntó y ella le miró extrañada-. Métete así en el agua y luego te secas con la varita. ¿Qué crees que voy a hacer yo? ¡Cualquier aguanta mi madre si se entera lo que he hecho con la digna ropa de los Black! –terminó divertido-.

- No... –murmuró Grace-. Mejor yo espero aquí –dijo sentándose en la arena-.

- Si tienes miedo... –murmuró Sirius lo suficientemente fuerte para que llegara a los oídos de la chica-.

Eso fue demasiado para ella. ¿Miedo? ¿Ella? Había cosas que no se podían tolerar, y el llamar cobarde a un Gryffindor es una de ellas. El chico que se iba metiendo poco a poco en el mar, sintió que un peso extra se le cargaba en la espalda, haciéndole caer de cara al agua, llevándose a Grace con él.

- ¡Te vas a enterar! –la dijo, e intentó atraparla para obligarla a meter la cabeza en el agua-.

La chica se reía e intentaba apartarse, pero el agua enredado en su vestido no ayudaba en su movimiento. Sirius la acabó cogiendo por la cintura y la hizo una aguadilla. Grace consiguió volver a la superficie y respiró fuerte para recuperar el aire perdido.

- ¡Idiota! –la recriminó molesta tirándole agua. Se dio la vuelta e intentó salir del agua lo más dignamente posible-.

- ¡Espera! Vale, perdona... –Grace se dio la vuelta y le miró enarcando una ceja. ¿Sirius Black pidiendo perdón? Eso era insólito-. Ya está, no lo haré más –levantó los brazos en señal de paz y siguió poniendo caras hasta arrancarle una carcajada a la chica-. Eso está mejor –la dijo sonriendo-.

Ambos se quedaron un poco más en el agua bromeando y nadando. A los pocos minutos, Grace se aburrió por lo que decidió comenzar de nuevo con la guerra. Le tiró agua al chico, que lo tomó como el fin del periodo de paz. Se abalanzó sobre ella y le volvió a coger de la cintura para volver a hacerla lo mismo que la ves anterior.

- ¡No, espera! –gritó Grace conteniendo la risa y agarrándose la flor que había resbalado de su pelo-.

El chico pareció dudar unos segundos. Tiempo suficiente para que Grace se percatara de lo cerca que estaban, a apenas unos centímetros su rostro de el del chico. Le observó la cara por la que resbalaban las gotas, el mentón, la barbilla, los labios entreabiertos que respiraban más fuerte por la risa, la larga nariz, los ojos grises, y el pelo empapada que le caía por la frente. Guapo. Si había una definición para ese chico, era evidente que se trataba de guapo. Todas lo consideraban así. Incluso las mayores, pensó, recordando que Allison Taylor no parecía especialmente disgustada cuando supo que había captado la atención del chico. También era algo en lo que tanto ella como sus amigas estaban de acuerdo. Recordó el día en que Lily, Kate, Gis, Rachel y ella hicieron una pequeña votación sobre los chicos. Sirius fue votado como el más guapo sin duda. James como el más carismático, ni siquiera Lily podía negarlo. Peter era el más dulce, todas estaban de acuerdo que había algo en ese chico que animaba a protegerle. Remus era el más simpático. Todas estaban encantadas con ese chico que era encantador, paciente, agradable y buen amigo. Y Richard era el más intuitivo. No había nada que pasara que Richard no lo hubiera previsto antes. Parecía un radar. Sonrió un poco mientras miraba de nuevo los labios de Sirius y pensó si Richard habría intuido lo que ella iba a hacer en ese momento.

Y entonces le besó. Él se quedó algo sorprendido al principio, pero la respondió al beso con entusiasmo. Grace solo podía pensar en la locura que estaba haciendo, en que ella jamás había sido así de lanzada y en bien que la sabía ese beso. Cuando quiso darse cuenta, Sirius la había sacado del agua y la había tumbado con delicadeza sobre la arena, sin dejar de besarla. Grace pasó su mano por el pelo del chico y notó como él se apoyaba algo más en ella, haciendo rozar su pecho con el suyo. Ese acto la sorprendió un poco, haciendo que se separara levemente de él. El chico la dio un tierno beso en la comisura de los labios, y luego se separó de ella unos centímetros para mirarla a los ojos sonriente.

- Vaya, no sabía que eras así... –la dijo-.

- Hay muchas cosas que no sabes de mí –le respondió la chica con coquetería y bajando sus manos del pelo al cuello del chico para después posarlas en la arena, una cada lado de su cuerpo-.

El chico la miró entre sorprendido y divertido. Y después se acercó para robarla un pequeño beso.

- Ya las iré averiguando –dijo cuando se separó de ella-. Pero ahora solo quiero saber una cosa.

- ¿Cuál? –le preguntó ella-.

- ¿Te apetece ir un día a tomar un helado al callejón Diagon? –al ver la mirada sorprendida de la chica se apresuró a añadir-. O a dar una vuelta, o jugar al quidditch, o...

- ¿El martes te viene bien? –le contestó ella-.

Sirius sonrió como asentimiento, al tiempo que Grace se mordía un labio y le devolvía la sonrisa.

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Cuando la contó todo eso, Grace vio que Lily tenía una sonrisa tonta en los labios y la miraba sorprendida. La molestó. Era precisamente la misma sonrisa que ponía ella siempre y que tantos palos la había dado.

- Es increíble –consiguió decir Lily-. Increíble...

- Lily, baja de las nubes –la dijo Grace-.

- Pero... Espera, ¿Qué pasó ahí? Si tan bonito pintaba y todo eso... ¿Por qué no me dijiste nada? ¿Por qué terminasteis?

- Quería decírtelo, pero decidimos esperar un poco haber si James y tú os llevabais mejor. Pero veo que nos habrían dado las uvas –bromeó refiriéndose al tiempo que les costó a esos dos llevarse civilizadamente-. No quería que me dieras mucho la lata con el tema. No te lo habrías tomado como ahora y lo sabes...

Lily la miró algo avergonzada, reconociendo que quizá fuera cierto y habría puesto el grito en el cielo entonces.

- Vale... –pero dejó la frase sin terminar al oír unas voces conocidas por el pasillo-.

Se acercó a la puerta con cuidado y abrió la puerta para ver a las dos personas que se acercaban por el pasillo.

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Sirius y Remus llevaban rato buscando tanto a James como a Peter. El único que podía saberlo era Jeff, pero en cuanto su hermana apareció dejó a los chicos con la palabra en la boca y se marchó con ella.

Así pues, decidieron buscar a sus dos amigos por el pasillo. Parecía que les estuvieran gastando una broma, porque cada vez que le preguntaban a alguien, este aseguraba haber visto a alguno de ellos pasar por un sitio, y cuando llegaban ya no había rastro de sus amigos. Ahora caminaban por un pasillo del segundo piso, donde la mayoría de las aulas estaban vacías al ser sábado.

- Pues este va a tener que explicarme porque no me ha contado nada de esa famosa Orden a la que piensa ingresar... –decía Sirius cada vez más molesto por no encontrar a su mejor amigo-.

- Por lo menos podía haberlo comentado –coincidió Remus con tranquilidad-.

De pronto la mirada del licántropo se topó con unos ojos verde esmeralda y el cabello rojo como el fuego. Lily les miraba a través de un puerta con una sonrisa traviesa. Remus enarcó una ceja y estiró el cuello, viendo a Grace también en el aula, mirando a Lily extrañada.

Bastó una mirada entre los dos prefectos para que se entendieran.

- ¿Sabes Grace? –dijo Lily dentro del aula-. Creo que voy a buscar algo para comer, ¿Por qué no me esperas aquí?

Antes de que la rubia pudiera decir nada ya había salido del aula. En ese mismo momento, Remus se volvía hacia Sirius, controlando que este no viera a la figura pelirroja que se había deslizado de ese aula.

- Oye Padfoot, creo que Prongs está ahí dentro –dijo señalando la puerta entreabierta-.

Como suponía, Sirius se le adelantó y entró corriendo a la clase. Ni a él ni a Grace les dio tiempo a reaccionar cuando Remus y Lily ya les habían encerrado dentro a los dos solos.

- Listo –dijo Remus guardando la varita-. Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.

- Exacto –coincidió Lily sonriéndole-.

Se miraron un momento planteándose quedarse a escuchar la posible conversación que ocurriría ahí dentro. Pero desecharon la idea con una sonrisa.

- Yo me voy a buscar a James –anunció Remus-.

- Y yo a ver dónde está Mark –le respondió Lily-.

En el interior de la clase dos chicos intentaban abrir la puerta a golpes, con varita, y hasta hubo la tentación de tirar una mesa contra ella. Sin embargo, pronto desistieron.

- Maldito Moony –murmuró Sirius-. Utilizar nuestros hechizos de protección en contra mío...

- ¡Alohomora! –repitió Grace por décima vez-.

- Déjalo. Ha utilizado un hechizo que hace que sólo se pueda abrir desde fuera... –dijo Sirius sentándose con desparpajo en la mesa del profesor-.

- Lily yo te mato... –susurró Grace mirando la puerta con rencor-.

Después volvió la vista hacia donde Sirius estaba sentado y descubrió que la miraba muy serio y concentrado. Suspiró y se adelantó para sentarse en una de las mesas. Seguramente les tocaría estar unas horas ahí encerrados, y no hacía falta pensar mucho que sus amigos pretendían que hablaran...

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James iba caminando cerca de uno de los vestíbulos, cargado de pequeños bocadillos y con bollos en los bolsillos. Había pasado por las cocinas, ya que se había saltado la comida por ir a volar. Había bastante gente por el lugar, hablando en grupos, pasando por allí, riendo. Era una imagen típica de los sábados. Detrás de un grupo de Slytherins vio una coleta rubia entre unos cuantos libros que se tambaleaban. Sonrió y se acercó a tiempo para coger al aire dos libros que habían caído.

- Gracias –dijo Jane-. ¡James! –exclamó más contenta. Sabía que tarde o temprano se iba a cruzar con él ese día-.

- Vas muy cargada, déjame que te ayude –se ofreció James cogiendo algunos libros más liberándola de parte del peso-. ¿A dónde vas?

- A la biblioteca. A estudiar Transformaciones ¿No te acuerdas? –sonrió pese a que por dentro había rugido de rabia-.

- ¡Es verdad! –James con todo, había olvidado que la chica le había pedido ayuda esa misma mañana-. Perdona. He tenido un día algo movido y lo olvidé. –la sonrió pícaramente, pues sabía que con ese gesto Jane le perdonaría todo-.

Así fue. Una sonrisa bobalicona surgió de los labios de la Ravenclaw y le hizo un gesto quitándole importancia a aquello.

- Si quieres te puedo ayudar ahora –propuso James, quien tampoco tenía nada mejor que hacer-.

- Claro –respondió la chica queriendo darle poca importancia-.

Los dos se encaminaron a la Biblioteca, y se sentaron en una de las mesas junto a la ventana. James, que no estaba acostumbrado a ir al lugar, se sentó incómodo. Jane estaba en su ambiente, así que se sentó con mucha comodidad. Abrieron un libro de Transformaciones y estuvieron un rato mirando los hechizos que más la costaban a la Ravenclaw, y que James dominaba sin problemas, bien por ser un año mayor que la chica o porque esa era su asignatura favorita.

Cuando la chica consiguió transformar un trozo de madera en un cuco James rió, contento de que por fin lo hubiera conseguido. Era irónico como una Ravenclaw tan inteligente, tuviera problemas con esa asignatura, pero así había sido siempre. Jane le miró sonriente, tras haber vuelto a trasformar el cuco en el trozo de madera de nuevo.

- Gracias James. Eres mejor profesor que McGonagall.

- Que no te oiga decir eso –contestó James riéndose-.

Jane se encogió de hombros sonriéndole coquetamente. Por un instante su mirada se centró en la puerta de la Biblioteca, y después le volvió a mirar sonriente.

- Me gustaría agradecértelo. –susurró-.

James iba a responderla que no era necesario, cuando Jane ya le había besado. Por un momento estuvo a punto de apartar a la chica, pero le vinieron a la mente las palabras que Lily le había dicho a la salida del despacho del director: "Me parece lógico que puedas sentirte incómodo por vernos a Mark y a mi en ciertas situaciones, pero la torre es de los dos y podemos hacer uso libre de ella. No pienso desperdiciar el hecho de tener una habitación solitaria". Si Lily no iba a desperdiciar ninguna posibilidad, no veía por qué él debía hacerlo. Así que respondió con suavidad al beso de la chica antes de apartarla. Mejor dejar las cosas claras desde el principio.

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- Por fin te encuentro –dijo Lily al ver a Mark en un pasillo-.

- Te estuve buscando antes –respondió él-. Me han dicho que estuviste en mi sala común.

- Era para colgar los carteles de aviso de la próxima salida a Hosmeade.

- ¿Vas a ir con alguien? –preguntó Mark como quien no quiere la cosa-.

- Estoy esperando que algún rubio me invite –contestó ella sonriendo-. Aunque también espero que me invite al baile de Halloween...

- ¿Van a hacer baile este año? –el chico se sorprendió, pues la pelea que se montó el año anterior no había sido poca cosa, ni tampoco el enfado del director-.

- El profesor Dumbledore no tenía intención de hacerlo. Pero James y yo conseguimos convencerle que nos pusiera este año como prueba. Me invitarás ¿no? –preguntó bromeando-.

- Sólo si me acompañas a la Biblioteca a mirar una cosa –respondió Mark sonriendo-.

No hizo falta que se lo dijera dos veces. Lily no tenía ningún reparo en ir a parar a la Biblioteca, siempre encontraba algo que hacer allí incluso cuando había acabado los deberes. Entraron por la puerta, saludaron a Madame Pince por el camino y se fueron a sentar en su mesa de siempre. Pero esta, estaba ocupada por dos chicos que parecían más interesados en sí mismos que en los libros. Lily sintió algo extraño en el estómago cuando descubrió que la pareja eran James y Green, la Ravenclaw que iba tras él. Aunque siguió a Mark a otra mesa, intentando no darle más importancia, no pudo evitar echar un vistazo más hacia la mesa, donde James y Jane se estaban besando ajenos a la presencia de ella.

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Bueno, ¿Qué os ha parecido? Tengo que decir que me reí mucho escribiendo la escena de la clase de pociones de tercero, porque me recordó a cuando yo tenía más o menos esas edad, y siempre triunfaba la que antes se desarrollaba. Esto va como homenaje a mi principio de adolescencia jejeje Espero que os haya gustado también la escena de los padres de Gisele. Me apetecía hablar de ellos, pues también son importantes. Y además me gustaría sacar de vez en cuando alguna escena de las familias de los chicos para que se vea su entorno y todo eso. Como veis los padres de Gis también pertenecen a la Orden. En cuanto al nombre del desaparecido, me lo inventé. He hecho que parezca el hermano de Dorcas Meadows que sale como una integrante de la Orden del Fénix de los setenta. Y Anthony, es un chico con el que sale Gisele, y si no le he nombrado antes es porque tampoco es algo muy importante ahora, ni siquiera se puede considerar una relación estrecha aún. Si veis que le he puesto el apellido Bones es porque quiero hacer ver como si fuera hijo de Edgar Bones, que también pertenecía a la Orden. Espero que me perdonéis este cambio en el reparto, pero me pareció bueno juntarlos con personajes reales para darles más realismo.

Tras decir esto me despido... ¿Reviews? Por favorrrrr!!

"TRAVESURA REALIZADA"

Eva.