Hola a todo el mundo!!Qué tal? Yo ya tenía ganas de subir este capítulo que me ha costado escribirlo más de lo que creía jeje no acababan de convencerme ciertas partes, pero tras pulirlas bien creo que ha quedado un capítulo bastante aceptable, aunque la última palabra la tenéis vosotras!;) por supuesto, hay algunas escenas que no están tan bien como quería, pero tampoco podía retrasarme más, dos semanas es tiempo más que suficiente para publicar jeje Os agradezco la espera y de verdad, GRACIAS a los que seguís ahí después de 12 capitulo y no os habéis aburrido de mi no de mi historia jeje
Voy a contestar los reviews anónimos:
Lili: Hola guapa! qué tal todo?? Gracias por el comentario una vez más :P Me alegro que te gustara la pareja Remus-Rachel y como se conocieron! a mi me encanta esa pareja y adoro a Remus cuando se pone en plan responsable jeje Me alegra que también te gustara lo de Grace, fue una de mis partes favoritas :p y lo de Gis y su familia. Bueno, ella sabe lo justo porque como bien pone en este capítulo, sus padres no quieren involucrarla. Es la primera en conocer la Orden pues sus padres están integrados desde que ella es pequeña. Hasta ahora lo ha llevado en silencio, pero como ahora James lo sabe, puede compartir con él el temor de que suceda algo a los de fuera. Lo de Sadie y Jeff... bueno hoy doy más pistas, pero no lo puedo contar todo jejeje. Veo que odias a mucha gente jejeje los hay asquerosos desde luego pero ya se verá xDD De la fiesta no adelanto nada de nada! pero me alegro que te gustara la del año anterior jejeje. Aquí tienes la famosa conversación entre Sirius y Grace, aunque quizá no sea lo que esperáis jeje A mi tb me ha gustado mucho hablar contigo, eres una chica muy agradable!!Gracias por lo del concierto!!fue fantástico todo, me lo pasé como nunca jeje Un besazo enorme!!
Este capítulo se lo dedico a LILI por que el día 23 fue su cumpleaños!!FELICIDADES!;) Un besazo!
Ya sabéis que nada de esto es mío y blablabla...
"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"
O-oOOo-O
Capítulo 12: Luna rota
Estaba anocheciendo. En apenas una hora, el cielo estaría completamente oscuro. Era un día muy nublado, el sol apenas se había visto y posiblemente la luna también estaría oculta.
- Igual hoy no te transformas, Moony –dijo Sirius tumbado en su cama mirando cómo su amigo se ponía su ropa más andrajosa para ir a la Casa de los Gritos-. Con estas nubes puede que la luna no salga.
- De igual forma tengo que ir. Aunque solo haya un claro de dos segundos será suficiente para transformarme. –contestó Remus pasándose la túnica por la cabeza-.
Sirius sonrió, poniendo una pierna sobre otra y los brazos tras su cabeza.
- Entonces otra noche que nos toca ir de paseo por el bosque... –dijo con un tono de resignación falsa-.
- Veo que te da mucha pena –dijo Remus sin poder evitar una sonrisa-.
- No me fío con dejarla en la Casa de los Gritos. No sabemos si hay más gente que entra allí o también podemos romperla esta noche –dijo James mientras entraba en la habitación junto a Peter-.
- ¿De qué habláis? –preguntó Sirius incorporándose un poco-.
- De la caja de mi tío, de dónde podría esconderla. –respondió James sacando del bolsillo la pequeña caja verde de su bolsillo interior de la túnica-. Pet, ¿Seguro que Gis no miró qué contenía el paquete?
- Ya te he dicho que no Prongs... –respondió Peter cansado de la pregunta que James hacía constantemente desde hacía tres días-. Solo reconoció la lechuza y la llevó a vuestra sala común.
- Además –intervino Remus-. ¿Qué problema habría? Cuando nos has contado todo lo de la Orden nos has dicho que la familia de Gis está metida también ¿no? Entonces vosotros dos sabréis más o menos las mismas cosas.
- Bueno hay una diferencia –dijo James sentándose en la cama de Sirius-. A mí, mi tío me habló de la Orden por si quería entrar en ella. Los padres de Gis han estado metidos desde que llegaron a Inglaterra. Gis lleva más tiempo sabiendo de la Orden, pero sus padres no quieren que entre. Ella sólo está pendiente por si les ocurre algo a ellos, y yo porque cuando acabe Hogwarts, quiero ingresar.
- Dile a Adam que yo también quiero entrar –recordó Sirius-.
- Mirad chicos, tenéis que estar seguros de lo que...
- ¿Es para luchar contra Quien tú sabes? –preguntó Remus interrumpiéndole-.
- Sí.
- ¿Siendo parte de la Orden tendremos la oportunidad de ayudar a acabar con ese psicópata? –siguió Sirius-.
- Sí.
- ¿Hay posibilidades de que sí consigamos que todo esto termine? –continuó Peter-.
- Sí...
- Pues queremos ingresar nosotros también –le respondió Remus sonriente, mientras Peter asentía y Sirius le palmeaba la espalda a su amigo-.
- De acuerdo. Se lo consultaré a mi tío. Pero, en serio, me lo dejó muy claro. Esto tenemos que tomárnoslo muy en serio, no es un juego. Aquí muere gente. Y Gis cuanto menos sepa, mejor. Sus padres son inflexibles con ese tema...
- De acuerdo. –contestó Sirius volviendo a tumbarse-.
- Así que aún no sabes dónde guardar la caja ¿no? –preguntó Remus apoyándose en el poste de una de las camas y mirando el regazo de James donde reposaba protegida la caja verde-.
- Cualquier sitio parece que no es suficientemente seguro –le confió James mordiéndose el labio frustrado-. Wormtail y yo hemos estado pensando lugares pero cada cual parece peor...
Remus miró a James y luego a Peter, que estaba sentado en su baúl mirando de reojo a Sirius. Tenía el ceño ligeramente fruncido. Remus suspiró de forma imperceptible. Sabía que, aunque les habían obligado a hacer las paces, Peter seguía terriblemente molesto con Sirius por lo ocurrido el sábado. Sirius lo había olvidado enseguida y ya se comportaba como siempre, palmeándole la espalda al chico cuando se sentaba junto a él y sonriéndole cómplice cuando hablaban los cuatro en susurros. Peter también se comportaba como siempre, pero había algo oscuro en su mirada que sólo aparecía cuando miraba a Sirius. Remus lo había notado, y parecía ser el único. Confiaba en que Peter volviera a ser él mismo en pocos días. No se le caracterizaba por ser un chico rencoroso...
- Tenemos que encontrarle un escondite temporal –dijo Sirius sacándole de sus pensamientos-. No puedes cargar con ella esta noche Prongs.
- Oye –dijo Remus con tono de disculpa-. Si no puedes venir no pasa nada, James. Yo no quiero obligar a nadie...
- ¡No digas tonterías Moony! –exclamó James riéndose-. Nunca hemos faltado ninguno, no vamos a empezar a hacerlo ahora. Pad tiene razón. Hay que buscar un sitio donde guardarla esta noche.
- ¿Y si la metemos bajo una tabla del suelo? –sugirió Peter con aire distraído-. No creo que nadie vaya a buscarla allí por el momento...
Los otros tres amigos se miraron y sonrieron cómplices. Segundos después, Peter era derribado por todos en un abrazo colectivo.
- Cuando el enano piensa, lo hace de verdad –dijo Sirius riendo-.
OO—OO
Grace caminaba por los pasillos con parsimonia. Acababa de dejar a Lily con Mark en la Biblioteca. Ya no tenía ganas de continuar entre las miradas de esos dos. Solo la hacía sentirse peor. Además, prefería no estar mucho tiempo en la Biblioteca. Pese a todo, Derek, como un ravenclaw de pura cepa, parecía tener un imán con ese lugar. Sin embargo, por la hora dudaba que siguiera allí. Hace horas que habría acabado sus tareas. Aún así no quería encontrársele, y eso que ya no temía tanto ese momento. Desde que había hablado con Sirius, algo del peso que llevaba en el estómago se había aligerado. Ese chico tenía la capacidad tanto de ser el ser más molesto del mundo mágico, como de el más comprensivo. No la había echado nada en cara ni se había burlado. Se había comportado como un verdadero caballero, y eso no sabía si la tranquilizaba o la sacaba más de quicio.
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24 de septiembre de 1977
Grace llevaba rato fijándose en cosas absurdas como el polvo de las mesas, las esquinas de las ventanas y los rayones de su mesa. Todo parecía más interesante que mirar a Sirius. Golpeaba el suelo con el pie repetidamente, como un tick del que no se había percatado. Podía sentir la mirada del chico sobre ella, seguramente esperando que fuera ella la que diera el primer paso. Y si la intuición no la fallaba, el chico estaba llegando al límite de su paciencia. Sabía que Sirius no tenía la paciencia de Remus, y ya había comprobado en el pasado lo desagradable que se podía poner cuando se exasperaba.
Por fin se armó de valor para mirarle a la cara. El semblante de Sirius pareció relajarse cuando consiguió la atención de la rubia. Seguía mirándola inquisitoriamente, pero ya no tenía el ceño fruncido. Grace arqueó las cejas expectantes, ahora le tocaba a él.
- Creo que tenemos algo de que hablar...- comenzó a hablar él inclinándose hacia adelante-.
Grace se limitó a hacer un ruido indicándole que le había escuchado y estaba de acuerdo.
- ¿Qué pasó anoche? –preguntó Sirius. Grace arqueó más las cejas y le miró incrédula-. Bueno, eso ya lo sabemos –se corrigió-. Pero, ahora, ¿Cómo lo afrontamos?
- Como quieras Sirius –habló Grace por primera vez y pronunció bien su nombre para indicarle que iba en son de paz-. Lo único que te pido es que no me hagas discutir. No estoy de humor. Si quieres que la cosa siga como hasta ahora, tú por tu lado y yo por el mío, insultándonos cada vez que tenemos oportunidad, se hace y le decimos a estos que no piensen más en el tema. Si quieres podemos intentar llevarnos más civilizadamente como los adultos que ya somos, o incluso ignorarnos como si no nos conociéramos de nada. Pero, por favor, no me hagas discutir. Ya estoy cansada de todo eso...
Sirius la miró un rato en silencio.
- ¿Te ha pasado algo? Aparte de...
- No eres mi confidente –le espetó Grace secamente-.
- ¿No decías que no querías discutir? –la preguntó algo divertido mientras ella suspiraba ruidosamente-. Solo me interesaba...
- Pues si tanto te interesa, te diré que bastante tengo con ese gilipollas de Ravenclaw con el que salgo. –dijo algo triste Grace mirando hacia otro lado-.
Sirius no preguntó más. No le interesaba. No quería ni le apetecía saber qué había ocurrido entre esos dos.
- Me parece buena idea lo de intentar llevarnos medianamente bien. Ya va siendo hora... –la dijo-.
- De acuerdo. Pero no esperes que sea tu amiga –le contestó rápidamente-. Solo nos comportaremos como personas normales, como compañeros.
- Tampoco buscaba tu amistad –la respondió apretando los dientes. Esa chica siempre tenía que tener la última palabra. Era tan... como él-.
Y eso era mucho más de lo que ninguno podía llegar a esperar. Y es que todo lo ocurrido en el pasado no se podía olvidar de la noche a la mañana. Ninguno podía hacerlo. Respetarse el uno al otro y llevarse medianamente bien, ya era mucho pedir, al menos por el momento.
- Ahora que nos llevamos más o menos bien –comenzó Sirius-. Quería preguntarte algo.
- Tú dirás –le respondió Grace levantándose de la silla y sentándose en la mesa del profesor, quedando más cerca de él-.
- Es sobre Kate –Grace se tensó al oír el nombre de su compañera-. ¿Tú podrías decirme qué la pasa? Gis no sabe qué decirme...
- Kate... –susurró Grace pensándose las palabras. Ahí llegaba el momento de si de verdad creía que su amiga había caído en el juego de Derek o no. Si lo creía, debía decírselo al chico todo y que él solucionara. Si aún había posibilidad de que su amiga no hubiera caído, mejor callárselo por el momento-. Kate está rara... ¿La has engañado? –le preguntó para cambiar de tema, y ya de paso ese le interesaba-.
- ¡Por supuesto que no! Cuando yo estoy con alguien, estoy solo con esa persona, aunque algunos no lo crean...
- Quizá a veces no sea fácil de creer... –contestó ella alzando la barbilla con altivez-. Ella nos contó que...
- Ya lo sé –contestó Sirius agriamente-. Solo fue un malentendido. Solo quiero que me perdone...
Grace asintió firmemente con la cabeza, aunque sus pensamientos estaban lejos de alli.
- ¿Quieres que hable con ella? –le preguntó-.
- ¿Lo harías? –preguntó Sirius esperanzado-.
- Puedo intentarlo... No prometo nada, pero puedo intentarlo...
Sirius la sonrió por primera vez en mucho tiempo, y Grace recordó por un instante lo bonita que siempre la pareció esa sonrisa, sobre todo cuando la tenía a cinco centímetros y precedía a un beso robado. Agitó la cabeza un poco sacando esos pensamientos de su mente y le respondió con una media sonrisa sincera.
- Y si ese ravenclaw te molesta y necesitas ayuda, ya sabes dónde estoy –se ofreció Sirius-. Conozco un hechizo con el que podría dejarlo calvo durante dos semanas.
Grace rió con ganas ante la imagen de Derek sin pelo, y se prometió mentalmente que si la molestaba le pediría a su ex ese hechizo.
- Haber si vuelven y nos sacan de aquí –susurró Grace mirando la puerta-.
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No pudo evitar sonreír al volver a acordarse de la imagen mental que se había hecho de su "novio". Esa palabra la hizo detenerse en seco. Tan preocupada había estado con evitarle que se había olvidado de romper con él. Bueno, ya habría tiempo. Ahora no quería verle.
Por eso cuando se cruzó con un grupo que llevaba un águila bordado al pecho miró alrededor buscando a Derek. Pero él no estaba por allí, solo eran chicas. Las saludó con la cabeza y fue a seguir su camino.
- ¡Sandler! –la llamó una de las chicas-.
Al acercarse vio que se trataba de Jane Green. Se extrañó de que la llamara, nunca habían intercambiado más de diez palabras.
- ¿Qué quieres Green? –la preguntó con amabilidad-.
- ¿Has visto a James? –preguntó Jane-. Le he buscado durante toda la tarde, pero no le he encontrado-.
Grace sonrió un poco más. Ahora lo entendía todo. Los últimos días parecía que se encontraba a la chica en todos los sitios, pero debía ser porque esta buscaba a James. Sí, la había visto esperar fuera de cada clase y en la salida de la Sala Común, donde Remus la había dicho que James este año vivía en otra torre. Por eso pensó que no estarían saliendo, porque de ser así, el chico de lo primero que se habría encargado, es que su novia supiera dónde dormía. No se podía ser amiga de James Potter durante seis años y no saber eso.
- Lo siento Green no le he visto. Supongo que estará con los demás por ahí.
- Bueno –contestó Jane. Parecía algo decepcionada, pero aún así sonrió-. Ya le veré en otro momento. Hasta luego Sandler.
Y con un movimiento en la mano la chica se marchó, siendo seguida por sus inseparables amigas. Grace rió en voz baja y negó la cabeza, divertida por la escena y se dio la vuelta. Lo que menos se esperaba era encontrarse cara a cara con Derek Rusmfelt.
- Hola cariño –la dijo y se inclinó para besarla. Grace le apartó de un empujón y se alejó de él unos pasos-.
- Pero que cínico eres... –susurró furiosa. Al parecer su encuentro se había adelantado, quisiera o no-.
- ¿Qué te pasa? –preguntó el chico acercándose a ella, lo que hizo retroceder a Grace que no quería cederle terreno-. Llevas tres días huyendo de mí y ahora no me das ni un beso...
- ¿Besarte? Me das demasiado asco. –le espetó sonriendo con un gesto que pareciera que iba a escupir algo-.
- ¿Qué...?
- Te oí el viernes cuando hablabas a tus amiguitos sobre mí. ¿Sabes? Ni siquiera quiero comenzar una discusión. No mereces que pierda ni un minuto más de mi tiempo contigo. No te vuelvas a acercar a mí, olvídate que existo. –se dio la vuelta pero se giró rápidamente, avanzó hacia Derek y le golpeó el pecho con el dedo-. Y no te acerques a mis amigas tampoco.
Dicho esto se dio la vuelta satisfecha de la cara que se le había quedado a su ahora ex novio. Sonrió y suspiró tranquila. Ya estaba libre de él. Sin embargo, por la pared distinguió una sombra que la alertó y se movió con rapidez sacando su varita del bolsillo. Se giró de nuevo al tiempo que dos hechizos le daban a Derek en el pecho tirándole al suelo y arrastrándole unos metros por el pasillo. La varita del chico salió disparada de su mano, con la cual había estado a punto de maldecirla a ella por la espalda.
Confusa, miró hacia donde habían venido los dos rayos para descubrir quién se la había adelantado, y vio a Sirius y a James con las varitas en alto. El primero no apartaba la vista en Derek que se levantaba del suelo apretándose el pecho. El segundo se dirigió a ella y se paró a unos pasos de distancia, analizando su reacción.
- ¿Estás bien? –preguntó James-.
- Habría podido con él –fue la respuesta que Grace le dio algo molesta porque no la creyeran capaz de defenderse-.
- Lo sabemos. Pero no podíamos desperdiciar la excusa de maldecir al idiota que se cree que puede ganarnos al quidditch –la contestó el capitán pasándola un brazo por los hombros y consiguiendo que la chica riera-.
- Que imagen tan tierna –murmuró Derek apretando los dientes mientras miraba a James y Grace-.
Grace se apartó al instante del merodeador, sabiendo a qué se refería su ex. Desde que había oído sus sospechas en los vestuarios no podía dejar de sentirse incómoda. Aun así, le sonrió con burla, mientras jugaba con su varita a modo de amenaza. Desde luego ese chico era idiota. ¿Ella y James? Era lo más gracioso que había oído en su vida. Sin duda, cuando le contó su relación con Sirius sin dar nombres, este se había puesto a buscar por todo Gryffindor entre los posibles chicos. Con los que más tiempo pasaba era con Remus, James, Josh y Allan. Merlín sabría por qué había pensado en James...
- ¿No te han dicho que no se ataca a una dama y menos por la espalda? –habló Sirius por primera vez con claro tono de burla-.
- No sabía que eras tan caballero Black –dijo Derek sarcásticamente-. Claro, con todas las que no sean tu novia ¿no?
Sirius subió más su varita y estaba a punto de mandarle otra maldición cuando James le bajó el brazo de un golpe. La profesora McGonagall se acercaba hacia ellos atraídas por las altas voces.
- ¿Ocurre algo señores? –preguntó severamente cuando llegó hacia ellos-.
- No, profesora –contestaron los cuatro al unísono-.
- Los corredores no son para estarse parados. Vayan a sus salas comunes o bien al Comedor, pronto será la hora de la cena.
La profesora marchó de allí con la misma rapidez y altivez con la que había llegado. Sin embargo, los cuatro sabían que estaba pendiente de lo que ocurría allí, por lo que cada uno marchó para un lado, no sin antes amenazarse mutuamente en susurros.
- Esto no se queda así –le prometió Derek a Grace cuando pasó por su lado, haciendo que la chica le sonriera con burla y adquiriera su pose aristocrática que tanto imponía al resto. Al pasar por al lado de James, Derek intentó golpearle en el hombro pero este se apartó riendo y asegurándole que no quería tener que mandar a lavar su túnica. Al llegar a Sirius, este se guardó la varita en el bolsillo haciendo que Derek soltara una carcajada-. ¿Tanto miedo tienes a que te castiguen? ¿O tienes miedo de enfrentarte a mí?
- Para eso no necesito ni siquiera varita, Rumsfelt. –le contestó Sirius sonriéndole con arrogancia-.
Cuando quedaron los tres gryffindors solos, Grace se encaró a los chicos y le riñó:
- Soy perfectamente capaz de cuidarme solita y podría haber arreglado la situación sin vuestra ayuda.
Se miraron y Sirius se encogió de hombros divertido y James negó con la cabeza mientras se reía.
- Nos hacía ilusión, déjanos. –la miró divertido por su reacción, pero ella recordó algo de pronto y le sonrió con falsa inocencia-.
- Jane Green te estaba buscando por este pasillo hace apenas unos minutos.
Efectivamente, la reacción no se hizo esperar. James no cambió su cara pero se volvió hacia su amigo y le dijo:
- ¿Y si vamos ya al Comedor? Hoy hay que acostarse temprano.
- Vamos –aceptó Sirius. Cuando pasó al lado de Grace, se inclinó un momento para susurrarla al oído-. Aún tengo en mente en hechizo para la calvicie.
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En la sala común de Slytherin, un grupo de alumnos estaba reunido en un rincón, murmurando eufóricos, apostados alrededor de un muchacho que estaba sentado en uno de los sillones más amplios. Regulus apenas escuchaba las animadas conversaciones de sus amigos. Llevaba en la mano la carta que le había enviado su prima Bellatrix y que había escrito el mismísimo Lord Voldemort.
Su mente estaba lejos de Hogwarts, en sus recuerdos. Sabía que era el orgullo de su familia, un mortífago bien considerado con solo 16 años. Pero sabía perfectamente que ese no era su destino, no tan temprano. Sólo la ironía de la vida le había llevado a ese puesto en tan temprana edad.
Recordaba en ese momento, como nueve meses antes, él ni siquiera tuvo tiempo de estar nervioso por su iniciación. Esas Navidades, sus padres le habían mandado una lechuza a Sirius ordenándole volver con él en vacaciones, cosa que no había hecho desde que empezó Hogwarts. Una vez les reunieron a ambos, le comunicaron a su hermano que ya habían encontrado el modo de sacar todo lo podrido de él.
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23 de diciembre de 1976
- ¿Me habéis hecho venir para decirme esto? –preguntó Sirius indignado-.
- No –contestó su madre en tono solemne-. Has venido para que te iniciemos. Entrarás al servicio del Señor Tenebroso. Así le darás a esta familia el honor que le has quitado entrando en esa casa y juntándote con esa gente. Ellos te enseñarán lo noble y ancestral que es nuestra familia.
- ¿Qué? ¿Creéis que podéis convertirme en un mortífago? –exclamó el chico incrédulo mientras su hermano pequeño miraba a sus padres pensando si habían pensado bien aquello-. ¡No pienso entrar en vuestra secta!
Regulus vio a Sirius levantarse y marchar hacia la salida con paso rápido. Sin embargo, su padre fue más rápido con la varita y cerró la puerta antes de que Sirius pudiera salir. Enfadado y sin querer mirarlos, Sirius sacó su varita e intentó quitar el hechizo de su padre. Al no conseguirlo dijo una palabra tan malsonante que provocó que su padre volviera a alzar la varita.
- ¡Crucio!
Regulus giró la cara al ver a su hermano caer al suelo y gritar de dolor. Cerró los ojos con fuerza cuando la operación se repitió dos veces más. Cuando acabaron, Sirius estaba en el suelo sujetándose el pecho, e hiperventilando, sin poder hablar. Su madre se levantó de la silla donde había presenciado todo sin alterarse, y le miró desde arriba.
- Esto va a pasar quieras o no. Bellatrix vendrá a buscarte la semana que viene para iniciarte y grabarte el tatuaje. Vas a cumplir la mayoría de edad en dos meses y ya va siendo hora que nos devuelvas todo lo que hemos hecho por ti en estos 17 años...
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Los siguientes días en su casa eran iguales al resto de los años. Ni siquiera se notaba que Sirius había vuelto ese año, pues este no había salido de su habitación de donde se curaba de los tres cruciatus. Solo se le nombraba cuando su madre ordenaba a Kreacher que le subiera comida.
Una tarde, sus padres decidieron acabar antes de que nadie tuviera tiempo de reacción, por lo que decidieron adelantar la iniciación a ese día. Solo salieron de casa durante una hora para buscar a Bella, cuando Regulus oyó ruidos en el cuarto de su hermano. En cuatro días era la primera vez que había indicios de que Sirius hubiera salido de la cama, por lo que fue a ver qué ocurría, guiado por la curiosidad.
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27 de diciembre de 1976
Al asomarse a la puerta, se encontró con su hermano tirando todo en su baúl de forma desordenada. Aún no andaba del todo recto y se seguía agarrando el pecho de vez en cuando.
- Veo que tienes prisa... –le dijo con frialdad y asco-.
Sirius se incorporó al instante apuntándole con la varita. Solo al comprobar que era él la bajó, solo un poco. Hizo un gesto de dolor y volvió a tocarse el pecho. Después le dio la espalda y continuó metiendo todo en el baúl con prisa.
- ¿Vas a alguna parte? –le preguntó Regulus apoyándose en el marco de la puerta y, así cerrándole el paso-.
- Lejos de vosotros –contestó Sirius cerrando con fuerza el baúl y mirándole con odio-.
- No creo que te hayan dado permiso para salir. Bella vendrá en unos minutos. –le dijo. Ante esto, Sirius se apresuró a ponerse una túnica sobre la ropa y a arrastrar el baúl hacia la puerta donde Regulus seguía cerrándole el paso. Pese a que su hermano mayor le amenazó con la varita, este no se movió-. Si se enteran que has salido estando yo en casa, lo pagaré yo. Y, sinceramente, prefiero que sigas siendo tú el saco de las maldiciones...
- Si tengo que matarte para salir de aquí, lo haré Regulus, no me tientes –amenazó Sirius-.
- Tanto presumir de Gryffindor pero luego sois los más cobardes –se burló Regulus disfrutando del temor que veía en los ojos de su hermano-.
Sirius se mordió un labio nervioso y miró hacia todas partes. Su mirada se posó en un lugar cerca de la cintura de Regulus.
- Estupendo –susurró amargamente-. No me basta con este imbécil sino que el elfo tiene que venir también...
Regulus giró la cara para mirar a Kreacher, pero este no estaba. Antes de que le diera tiempo a volver a mirar a su hermano, un desmaius le dio de lleno y no pudo recordar más hasta que despertó, una hora después, en un sofá del salón con su madre sentada a su lado.
- No hace mucho que ha marchado, no puede estar muy lejos –decía su padre paseándose de un lado a otro-.
- Con el autobús noctámbulo puede estar en cualquier sitio –oyó la voz de su tío sentado en una de los sillones-.
- ¿A dónde puede haber ido? –preguntó Bella que vestía con el traje oficial de los mortífagos, a excepción de la máscara-.
- A la casa del traidor de su amigo, puede haber ido donde la mestiza o hasta puede haber vuelto a Hogwarts... –contestó su madre conteniendo las lágrimas-.
Regulus se extrañó de que su madre llorara por la partida de Sirius. Pero lo que dijo a continuación le aclaró todo:
- Vamos a ser el hazmerreír cuando se sepa que ese desgraciado se ha escapado de casa...
- Eso es lo que menos os debería preocupar –dijo Bella sombriamente-. Le prometisteis al Señor Oscuro una nueva incorporación, y él no aceptará excusas por haberla perdido. Debéis encontrar algo que darle a cambio.
- ¿Pero qué...?
- ¿Y si hacemos un cambio? –propuso su padre interrumpiendo a su madre. Después se giró hacia su hijo menor y se arrodilló a su lado-. Regulus...
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De esa forma, Regulus se convirtió en el mortífago más joven hasta el momento. Miró alrededor en la mazmorra, que con el anochecer se veía más verdosa que nunca. Allí él era admirado y envidiado. Allí se sentía bien.
- ¡Regulus! ¿Nos escuchas? –preguntó Zoe McGuilbert, una chica de séptimo, morena, con gafas y rostro blanquecino-.
- Disculpad, estaba distraído. –dijo él irguiéndose en el asiento-.
- Te preguntábamos si podías repetir lo que dice el Señor –dijo Avery impaciente-.
Regulus suspiró y miró al chico fríamente.
- Es muy sencillo. –comenzó a hablar en susurros, para que sólo los más cercanos pudieran oírle-. Sólo nos comunica que los iniciados debéis estar el próximo sábado a las cuatro de la tarde en una explanada del Bosque Prohibido.
- ¿Y cómo...?
- Dos mortífagos vendrán por nosotros a los límites de Hosmeade. Tranquilizaros, esto es rutinario. Es un proceso muy simple. Y por favor, sed discretos con el tema. Aunque los idiotas de las demás casas piensen lo contrario, nosotros sabemos que hay slytherins que tampoco son de nuestra misma creencia.
El grupo pareció satisfecho y se fue dispersando poco a poco. Regulus miró alrededor, por si alguien pudiera haber oído la conversación. Pero sólo estaban unos chicos de cursos inferiores y Marilyn Gibbon, una chica de séptimo con padres y hermanos mortífagos. La chica estaba abstraída leyendo un libro sobre encantamientos, y no parecía para nada interesada en la conversación que acababan de mantener. A Regulus siempre le había intrigado su carácter tan tímido y a la vez tan alegre, tan poco típico de una slytherin. Se acercó a ella y se sentó a su lado, sin que la muchacha pareciera darse cuenta. Sin embargo, si algo de slytherin tenía la chica, era la astucia.
- Buenas noches Regulus –le saludó con una media sonrisa sin levantar la vista del libro-. Últimamente no se te ve mucho sólo...
- Algunos insisten en acompañarme... –dejó caer Regulus sin entrar en profundidades-.
- Te has convertido en toda una institución aquí. –repuso la chica sin indicar una opinión propia al respecto-.
En cualquier otro momento, Regulus habría disfrutado de esa conversación a medias, de esa lucha por mantenerse frío, un juego en el que los slytherins eran campeones y que lo usaban incluso entre ellos. Sin embargo, en ese momento, lo único que se preguntaba era cómo esa chica no estaba en la lista de los iniciados. Siendo ya mayor de edad, y con una familia como la suya, lo lógico sería que su nombre estuviera entre los primeros.
- Me ha extrañado no ver tu nombre en la lista... –dejó caer-.
- He preferido esperar algo más de tiempo, y mis padres han respetado mi decisión. No es el momento para mí, sólo eso.
Regulus asintió con la cabeza, sin estar seguro de si aquello era verdad o una verdad a medias, como a las que estaba acostumbrado. Al no poder leer nada en la expresión de la chica desistió. Tampoco era alguien imprescindible para los mortífagos.
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- Bueno pelirroja, yo me voy -anunció James risueño cuando bajaba de su habitación-.
Lily, que estaba ordenando sus libros en las estanterías, se paró en seco al ver salir a su compañero. Le miró, y miró después por la ventana.
- ¿Ahora? -preguntó incrédula, al ver el cielo completamente oscurecido-.
- Claro -contestó James con evidencia-.
Lily se encogió de hombros y James se dirigió hacia el retrato de salida. Sin embargo, cuando este iba a atravesarlo, la pelirroja le preguntó curiosa:
- ¿Has quedado con Green tan tarde?
- ¿Qué? -preguntó James volviéndose-.
- Nada, nada... Sólo que has tenido todo el día. Creo que querer salir por la noche cuando has podido verla por la tarde, es quebrantar las normas porque sí y...
- Lily –la interrumpió James conteniendo la risa-. Hoy es luna llena. Voy con Remus y los demás a acompañarle, ¿No te acuerdas?
Lily se ruborizó ante su metedura de pata. Había olvidado completamente que la luna llena sería esa noche y que James podía convertirse en animal para acompañar a Remus. Miró hacia otro lado fingiendo alisarse la falda.
- Bien, pues entonces tened mucho cuidado –le dijo con demasiado orgullo como para hacer alusión a su error-.
- Vale. Pero no cambies la contraseña para que no pueda pasar –bromeó el chico haciendo alusión a lo ocurrido el viernes anterior-.
- Mientras no vengas borracho... –dijo Lily siguiendo la broma y sonriendo con la boca cerrada-. Cuidadme a Remus –añadió guiñándole un ojo-.
James sonrió prometiéndola que lo harían, y salió del retrato. Una vez fuera, Lily volvió a llamarle saliendo tras él.
- ¿Qué? –preguntó James volviéndose-.
- ¿A qué hora soléis volver? –James la miró interrogante, pero Lily se limitó a mirarle preocupada, todavía algo sonrojada-.
- Sobre las seis, cuando sale el alba –la informó-.
Sin que pudiera esperarlo, Lily le abrazó con fuerza aferrando sus brazos al cuello de él. El chico se tensó al contacto con la pelirroja y la respondió con torpes golpes en la espalda.
- Lily –la susurró apartándola para mirarla a los ojos, chocolate contra esmeralda-. Llevamos tres años acompañándole. Sabemos lo que hacemos. No pasará nada malo.
- Ya lo sé. Pero yo soy nueva en esto y no puedo evitar preocuparme.
James sonrió. Por esa razón no podía dejar de quererla aunque supiera que nunca sería para él. Lily Evans podía llegar a ser la chica más dulce del mundo.
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Grace estaba tumbada con un libro sobre su pecho. No quedaba casi nadie en la sala común, la mayoría de los alumnos se habían ido a la cama. Miró a sus amigos que estaban repartidos a su alrededor en silencio, y comprendió que Kate no tardaría en marcharse a dormir también, pues sus ojos se le cerraban involuntariamente. Gis estaba echada en un sillón del revés, con las piernas sobre el respaldo y la cabeza colgando, mirando toda la sala bocabajo.
Jeff había convencido a su hermana para echar una partida de ajedrez mágico, pero esta parecía estar hartándose. Al ver la expresión de hastío en la morena, Grace la calculó dos minutos más de paciencia. Sadie levantó la vista y la sorprendió mirándoles, por lo que Grace apartó su vista al instante. Aunque su relación con la alemana había mejorado, no se podían considerar amigas y no podía asegurar que hubieran enterrado definitivamente el hacha de guerra.
- ¡No puedo más! Juega tú solo –replicó Sadie levantándose. Grace miró el reloj: un minuto antes de lo previsto-. Jeff estás enganchado a esto...
- Me ayuda a aclarar la mente –repuso el chico tranquilo y mirando significativamente a su hermana-.
Sadie no replicó, pero se levantó de igual forma. Con un gesto hosco se despidió de las chicas y Grace la perdió de vista en las escaleras. Kate parecía dispuesta a seguirla, incluso hizo el amago de levantarse, pero volvió a sentarse rápidamente y más despierta que en toda la noche, cuando Sirius y Peter bajaron de la habitación y pasaron delante del sofá en el que ella estaba.
Grace vio que no apartaba la vista de Sirius, y el moreno también pareció notarlo, pues enfocó su mirada en la morena. Kate apartó la vista al instante y Grace pudo ver en el rostro de Sirius, la decepción. Se mordió el labio inferior cuando recordó su fallo: había prometido intentar hablar con Kate sobre todo eso, y se la había olvidado por completo.
Cuando los dos chicos salieron de la Sala, Kate se levantó y caminó hacia las ventanas, observando el cielo pensativamente. Grace compartió una mirada con Gis y ambas parecieron estar de acuerdo mudo en que algo tenía a Kate más dudosa y nerviosa que de costumbre. Gis se levantó y fue hacia ella.
- ¿A dónde irán a estas horas? –preguntó Jeff cortando el silencio-.
- Ya volverán... –le dijo Grace restándole importancia a lo que parecía ser una más de las travesuras de los chicos-.
- Hoy desaparecen todos... –murmuró el chico pensativamente-. Remus se encontraba mal y ha ido a pasar la noche a la enfermería, y ahora estos saliendo tan tarde...
- Habrán ido a visitarle –comentó Grace que no la extrañaba que su compañero hubiera enfermado de nuevo. Era bien sabido por todos que Remus tenía la salud muy delicada-. Ya vendrán.
Se levantó y fue hacia las dos chicas. Cuando estuvo delante de Kate, quien la daba la espalda, se aclaró la garganta ruidosamente. Cuando ambas se giraron, Grace habló:
- Kate, ¿Puedo hablar contigo un momento?
La chica se extrañó pero asintió en silencio apartándose un poco de Gisele. Estaba algo reticente a tener una conversación con Grace. Nunca habían sido las mejores amigas pero sí habían tenido una buena amistad. Sin embargo, se habían distanciado mucho últimamente, desde que Kate se había enterado de ciertas cosas de boca de Derek. Esa fue la razón por la que accedió a hablar con ella. Quizá quería hablar del chico y Kate podía animarla a comportarse mejor con su novio. Se había hecho muy amiga de él en poco tiempo al ver lo atento y cariñoso que era ese chico. La había escuchado durante horas y se había abierto a ella. Quería compensarle, haciendo que Grace entrara en razón y así Derek no estuviera tan triste.
- Es sobre Sirius –dijo Grace-.
La mención del chico la hizo tensionarse. ¿Qué podía hablar con Grace de él? No necesitaba a nadie más que la diría lo horrible que era él. Sabía que no era el chico perfecto y puede que tuviera más defectos que el resto, motivo de más para dejarle definitivamente. Pero no podía hacerlo. A fin de cuentas estaba enamorada de él, y aunque quería hacerse respetar tampoco quería alejarle para siempre.
- ¿Qué ocurre con él? –la preguntó dudosa. Imaginaba que fuera a decir todo tipo de improperios hacia él. No era un secreto el que Grace y Sirius no podían ni mirarse a la cara-.
- ¿Cuánto tiempo más vas a tenerle así al pobre? –la preguntó Grace sorprendiéndola-.
- ¿Cómo? –preguntó no estando muy segura de haberle oído-.
- Ya me has oído –la dijo Grace con una sonrisa sabiendo lo que estaría pensando su amiga en ese momento-. Comprendo perfectamente que te enfadaras, pero a fin de cuentas todos sabemos que en el fondo no hizo nada. Ya ha pasado tiempo suficiente y los dos lo estáis pasando mal...
- ¿No fuiste tú la que dijiste el otro día...?
- Sé lo que dije, pero no lo tengas en cuenta, no tenía un buen día y dije algo que no creía –dijo Grace mintiendo-. Solo sé que te veo mal y él no está mejor.
- ¿Cómo lo sabes?
- Hablé con él. La verdad es que hay veces en que casi se puede tener una conversación normal con él –bromeó Grace haciendo sonreír a Kate-.
- Me lo pensaré –la dijo Kate sonriendo aún, que Grace se tomó como una promesa de considerar muy en serio las palabras de ella-.
Ambas sonrieron y dieron por terminada la charla. Volvieron junto a Gis que miraba el cielo distraída.
- Hoy es luna llena –susurró cuando Grace iba a hablarla para llamar su atención. Esto no significó nada para ella, pero parecía que a Kate la había hecho recordar algo que la puso muy nerviosa-.
La morena corrió hacia la ventana buscando algo en los terrenos. Gisele seguía mirando el cielo absorta y ella miró alrededor dándose cuenta de que estaban solas.
- ¿Y Jeff? –le preguntó a Gis-.
- Dijo algo de ir a buscar a los chicos –la respondió esta-.
- ¡¿Qué?! –exclamó Kate mirándolas. Estaba más pálida de lo normal y su rostro denotaba terror-.
- ¿Qué...? –comenzó Grace cuando su amiga volvió a interrumpirla-.
- No, no, no. –Kate comenzó a pasearse por la sala agarrándose el pelo con las manos. Parecía un león enjaulado-. ¿Y si...?
- ¿Kate qué ocurre? –preguntó Gis asustándose también-.
- Tenemos que avisar... –comenzó Kate sin saber a quien nombrar-. Grace tienes que llamar a Lily.
- ¿Qué? –preguntó la aludida confusa-.
- Sí, sí. Ve a buscarla. Di que algo ha pasado con los chicos, ella lo entenderá.
- Pero...
- ¡Hazlo! –la gritó Kate al ver del histerismo-.
Al ver su nerviosismo, Grace decidió hacerla caso y salió corriendo de la Sala, ignorando el toque de queda y yendo a buscar a su mejor amiga.
- Gis, será mejor que avisemos a Sadie también... –alcanzó a oír mientras el retrato se cerraba-.
Corrió hacia la Torre de los Premios Anuales lo más que pudo. Cuando llegó, estaba sin aliento. Miró el cuadro y el único que parecía despierto era el hombre calvo de voz áspera. Le dijo la contraseña y tan pronto como el retrato cedió ella se coló por la rendija gritando el nombre de su amiga.
Lily salió corriendo de su cuarto. Estaba vestida con el camisón y despeinada, signo inequívoco de que la había sacado de la cama.
- Lily, Kate me mandó llamarte –la informó-.
- ¿Por qué? –preguntó la chica rascándose la cabeza y estirándose-.
- No lo sé. Me dijo que te dijera que ha pasado algo con los chicos, que tú lo entenderías-.
Al ver la reacción de Lily, Grace se convenció de que el tema era serio. La pelirroja había palidecido más de lo normal, en cuestión de dos segundos, su boca se abrió ligeramente de sorpresa mientras que los ojos, que parecían salírsele de las cuencas, denotaban el mismo terror que los de Kate.
Tomó una bata de la puerta de su cuarto y mientras se la ponía, echó a correr sin esperarla. Pese a ser ella la deportista, la costó seguirla el ritmo. Jamás habría pensado que Lily pudiera correr de esa forma.
OO—OO
Por las sombras de la noche, se podían distinguir tres figuras caminando por los oscuros jardines que descansaban a los pies del castillo. Uno de ellos reía a carcajada limpia mientras sus dos amigos le miraban enojados.
- Padfoot, deja de reírte. Nos van a oír –susurró James mirando hacia atrás para asegurarse de que nadie les seguía-.
- Lo siento, pero ver tu cara cuando ha aparecido Green, ha sido buenísimo. Y pensar que le tienes pánico a una chica –le respondió Sirius secándose las lágrimas que le habían salido de la risa-.
- La verdad que es raro –apoyó Peter-. Yo jamás le tendría miedo a una chica, y menos a una tan guapa.
James bufó molesto por la burla que se denotaban en las palabras de sus amigos.
- No tengo miedo de Jane, sino de que no entienda que no quiero nada serio con ella.
- ¿Y por qué no? Evans está Bennet después de todo... –dijo Peter ganándose una mirada dura de parte del chico de gafas-.
- No voy a liarme con Jane solo porque no pueda hacerlo con Lily –repuso James con razonamiento-.
- No entiendo por qué esa sea la única razón –intervino Sirius alzándose de hombros-. La chica es guapa, inteligente, simpática, y además le gustas tú, cosa que tiene a favor al contrario que Lily. A mí me parece estupenda. Algo niñata, egocéntrica y malcriada, claro.
- Ósea que es como tú ,en mujer, ¿no Padfoot? –se burló Peter-.
Sirius, que en un primer momento se había sentido alagado pensando en las cualidades de la chica, se sintió al momento enfadado al recordar sus defectos y que a estos se refería Peter. Fue a darle un colleja, pero este ya se había transformado en rata y corría hacia el sauce boxeador, donde sabía que Sirius no podría alcanzarle, de momento. Sirius le ignoró y se volvió hacia su mejor amigo.
- ¿No crees que tengo razón Prongs? Parece una buena chica.
- ¿Y por qué no te la quedas tú? –le propuso James pasando un brazo por los hombros del chico-.
- ¿Yo? Ya tengo el cupo cubierto, gracias –repuso Sirius haciendo una mueca-.
- Es verdad, no recordaba tu trío amoroso –dijo James riendo y ganándose una mirada de odio de su amigo-. ¿Al final te has decidido?
- ¿Decidido? ¿En qué? –preguntó Sirius algo perdido-.
- Grace o Kate...
- No hay nada que decidir tío. Cuando consiga que Kate me perdone, todo seguirá como antes y no nos acordaremos de nada.
- ¿Me estás diciendo que después de lo que tuviste con Grace y lo que ocurrió la otra noche, no te has planteado nada? –preguntó James parándose en seco-. ¿Olvidarás todo eso de golpe?
- Ya lo hice una vez –contestó Sirius encogiéndose de hombros-. Y te recuerdo que ninguno notó nada.
- Éramos más pequeños y algo imbéciles, pero debimos habernos preguntado por qué de un día para otro os tirabais los platos de comida a la cabeza. ¿Qué pasó?
- No tengo ganas de hablar de eso –contestó Sirius-. ¿Y qué me dices de la ravenclaw? ¿Por qué no lo tienes en cuenta? Puede que te lo pases bien. Invítala al baile –le propuso-.
- No pienso empezar nada serio con nadie para cortarlo de golpe y porrazo.
- Igual te acaba gustando de verdad y no lo cortas –sugirió Sirius, aunque veía poco probable que su amigo olvidara a la pelirroja tan fácilmente. Al fin y al cabo habían sido varios años de devoción-.
- Lo cortaría de igual forma. Ya tengo planes para los próximos meses...
- ¿Hablas de la Orden? –preguntó Sirius algo emocionado-.
- No, algo más cercano. ¿Te acuerdas de la beca Merlín? ¿Por la que han venido Sadie y Jeff?
- Sí.
- La he solicitado. Creo que siendo premio anual, no duden en dármela, pero aún no sé nada fijo. Por eso no quiero empezar nada con nadie. Me iré unos cuantos meses fuera...
- ¿Estás loco? –le preguntó Sirius dándole un golpe en el hombro por osarse a abandonarle-.
- No, no lo estoy. Sé que es algo que a mi abuelo le habría hecho mucha ilusión y me habría apoyado en ello. No veo la necesidad de estarme aquí mucho tiempo viendo a Lily y Bennet juntos –al ver que su amigo iba a decir algo, se le adelantó-. Y a vosotros os veré cuando vuelva. Ya hemos acordado que nos seguiremos viendo lo mismo que en el colegio, así que no temas que os abandone –le dijo casi leyendo sus pensamientos y riéndose-.
- Pero...
- Mira, Wormtail ya ha abierto el sauce –le cortó James adelantándose corriendo hacia el árbol sin dejar a su amigo protestar-.
Cuando los tres entraron, encontraron a Remus en forma de lobo tumbado aburrido, y parecía que dormitando. Aunque estaban ocultos, el lobo levantó de pronto la cabeza olfateando el lugar, llegando hacia él, el olor de su presa favorita. Había humanos cerca.
Los tres muchachos, al conocer la cara de avidez en el lobo, se transformar al instante en animales. Cuando el lobo encontró el lugar de dónde venía el olor que había buscado, algo saltó sobre él. Le tiró al suelo y le mordió levemente el cuello jugando. Era un enorme perro negro con los ojos grises brillantes. El lobo reconoció esos ojos como amigos y respondió a la broma del perro como el más manso de la manada. Algo le decía que ese perro significa diversión y desahogo.
Levantó la vista y vio frente a él a un ciervo imponente, elegante y orgulloso, que bien parecía el rey del bosque. Movió la cola, feliz, al verle. Ese ciervo también era de la manada. El majestuoso ciervo imponía confianza y seguridad por toda su piel, y el lobo parecía sentirse a salvo con su sola presencia.
Miró a su alrededor, notando una ausencia que no recordaba. Algo le golpeó en su pata delantera, y bajó la vista para encontrarse con una rata que intentaba golpearle con sus pequeñas patitas. La imagen se le antojó como a las crías que intentaban comparar sus pequeñas patitas con las fornidas de sus padres. Le pareció gracioso, y agachó la cabeza para golpear cariñosamente a la rata con el hocico, en un gesto de la protección, que aunque ahora no lo recordara, siempre mantenía con Peter.
Ahora todo estaba bien. El lobo se sentía tranquilo, feliz, libre y relajado. No sabía quienes eran esos animales ni podía recordar cuándo habían aparecido. Sólo que había algo que le decía, que para pasar sus noches en perfecta armonía, los necesitaba a los tres junto a él.
El ciervo se acercó a una puerta de un costado de la destartalada casa, y acercó su cornamenta a ella. Aunque el lobo no pudo ver qué hacía, sentía la ávida anticipación de algo bueno. Cuando la puerta se abrió, el ciervo salió a galope por ella en dirección al bosque prohibido. El lobo le siguió sin poder contener más la necesidad de correr y aullarle a la luna. Tras él corrían un perro con una rata sujeta a él, para que pudiera seguirles los pasos.
OO—OO
Severus caminaba por los pasillos sin saber muy bien qué quería ni por qué estaba fuera de la sala común de Slytherin. Lo único que tenía en la cabeza era esa citación del Señor Oscuro. Él sabía que si se unía a él, sería para siempre. Y un periodo tan largo le imponía y le daba qué pensar. Recordó cuando era pequeño y le había asegurado a una preciosa pelirroja de ojos verdes que le tenía cautivado, que tener la sangre muggle no tenía ningún tipo de importancia. Sin embargo, ahora estaba a un paso de unirse al mayor exterminador de sangres sucia de la historia. Sangre sucia. No le gustaba esa expresión. Nunca se había sentido cómodo con ella, solo la utilizaba muy de vez en cuando para que sus amigos estuvieran conformes. Bueno, y otra vez más. La utilizó en un momento de humillación y vergüenza, abochornado porque todos se reían de él, porque Lily le había visto en esa situación... y lo pagó con ella.
Debería haber sabido que al utilizar esa expresión contra ella, la iba a apartar definitivamente de su lado. Lily no había vuelto a ser su amiga, no le había vuelto a hablar, ni a sonreír, ni siquiera a mirar. Durante una temporada le había girado la cara molesta cada vez que se cruzaban, pero ahora directamente ni se daba cuenta de su presencia. Ella había olvidado todos aquellos años, pero él no. Jamás podría olvidar la primera vez que vio a esa pequeña Lily, la emoción en sus ojos verdes al hablarla de todo el mundo mágico, la alegría desbordada cuando fue a buscarle nada más le llegó su carta de Hogwarts... Él sabía que jamás podría olvidar a Lily, pues el primer amor nunca se olvida. Ni siquiera recordaba cuándo la comenzó a ver como algo más que una amiga, pero supuso que inconscientemente la amaba desde el principio.
Era por eso que estaba allí a esas horas. Necesitaba ir a buscarla, intentar hablar con ella. Necesitaba desesperadamente que Lily le diera una sola razón para no entrar en los mortífagos. Solo una. Si tan solo pudiera conseguir una mirada de ella...
De pronto sintió un golpe en el hombro izquierdo y se tambaleó, sin llegar a caerse, dándose cuenta que había chocado con algo, o mejor dicho, con alguien. Era Lily, su Lily. Inconscientemente sonrió, pensando que quizá el destino le estaba dando una señal para no dar el paso definitivo hacia el lado oscuro.
- Disculpa, no te vi –dijo Lily sin mirarle e incorporándose con rapidez para seguir su camino. Ni siquiera le había mirado a la cara-.
- ¡Lily! –exclamó una voz femenina más atrás. Severus vio venir a Grace, la amiga de Lily, tras ella. La chica sí le había visto y parecía tan sorprendida como él por la reacción de su amiga-.
- ¡Grace! ¿Quieres darte prisa? –exclamó Lily echando a correr sin mirar atrás-. ¡Necesito saber que James y los demás están bien!
Grace se encogió de hombros y siguió corriendo a su amiga, al parecer también curiosa por lo que hubiera pasado. Severus se quedó solo, mirando el lugar por el que acababa de desaparecer la pelirroja. ¿Desde cuándo era tan invisible para ella? Algo le oprimió en el estómago y tuvo que morderse el labio para mantener su expresión fría de siempre.
La señal que había esperado, no había llegado, sino más bien, parecía que el destino quería guardarle un sitio justo al lado contrario de dónde Lily se encontraba por naturaleza. Ya no tenía ningún motivo por no unirse al Señor Tenebroso. La única cosa que podría haberlo sacado del abismo, prefería correr hacia el estúpido de Potter y sus amigos, que mirarle a la cara un segundo.
Se acercó a una pared y la pateó, dejando escapar una parte de su frustración. Después miró con nostalgia la ventana hacia los jardines, en los cuales había pasado tantos momentos con Lily. Momentos ahora, perdidos en el tiempo. Un potente aullido llamó su atención. Provenía del bosque. Severus, algo confuso, miró hacia la arboleda intentando vislumbrar algo, pero los tupidos árboles ocultaban todos los secretos del Bosque Prohibido. Desvió su mirada hacia el cielo y pudo ver que una imponente luna llena se alzaba orgullosa en la oscuridad. Entonces lo comprendió. Una sonrisa sádica afloró en sus labios. Una sonrisa que el pequeño Severus, que Lily hubo conocido una vez, jamás habría podido tener. Era una sonrisa de quien disfruta del dolor del enemigo. No hacia falta que recurriera a su inteligencia para saber qué habría pasado. La luna llena, el doloroso aullido, la preocupación de Lily... quizá esa noche los merodeadores por fin habría pagado sus años de presunción, egocentrismo y humillaciones hacia su persona. Quizá habría sido uno de ellos quien, inconscientemente, les infringiría tal castigo...
OO—OO
Al llegar Grace y Lily a la Torre Gryffindor, encontraron a Kate y Gis en la sala común. La primera paseándose nerviosa y la segunda con expresión desconcertada. Cuando entraron, Kate se echó encima de Lily con la cara desencajada.
- ¡Lily, Lily! ¡Tenemos que hacer algo! ¿Y si pasa...?
- Kate –la interrumpió la pelirroja tomándola por los hombros-. Tranquilízate y dime que ha ocurrido.
- ¡Pues que Jeff ha ido a buscar a los chicos! ¡Ha seguido a Sirius y Peter hasta...!
No terminó la frase pero no fue necesario. Lily comprendió el riesgo de la situación y puso la misma cara de pánico que Kate, que comenzó a asentir con la cabeza, más como un tick que otra cosa.
- Hay que decirle a Sadie...
- Ya se lo hemos dicho –interrumpió Gis-. En cuanto ha oído que Jeff iba detrás de ellos ha salido corriendo.
- Es como si ya supiera todo... –dijo Kate-.
- ¿Saber el qué? –preguntó Grace perdida-.
- Es que... hoy... ¿Y qué hacemos? ¿Cómo nos ponemos en contacto con los chicos? –pensó Lily en voz alta reanudando el paseo que Kate había comenzado-.
- Pero no sé dónde está lo malo. –siguió Gis confusa-. Ha ido tras Sirius y Peter. Estarán haciendo alguna travesura. Si hubiera ido tras Remus sería otro cantar...
- ¿Sabes lo de Remus? –preguntaron Lily y Kate a la voz quedándose blancas-.
- ¿Saber el qué? –preguntó Grace quien ya inconscientemente estaba excluida de la conversación-.
- Por favor chicas –exclamó Gis con ironía ignorando la pregunta de Grace-. Soy la mejor amiga de Rachel. ¿De verdad creías que Remus saldría con ella sin decirla que es un licántropo? Ella me lo contó. Sabía que yo no diría nada a nadie.
Kate y Lily se quedaron momentáneamente sin habla. Se oyó un ruido y cuando las tres giraron la cabeza vieron a Grace sentada en el suelo. Al parecer, la rubia había intentado alcanzar un sillón pero la impresión la había hecho flaquear las piernas. Las miraba a las tres con los ojos muy abiertos, y intermitentemente, como esperando que alguna de ellas la negara eso.
- Grace –Lily fue la primera en reaccionar. Se levantó y se pusó de cuclillas frente a su mejor amiga para mirarla fijamente-.
- Ostras –dijo Gis llevándose la mano a la boca, pues hasta ahora no parecía haber percibido que Grace no sabía nada del tema-.
- No puedes decirle nada a nadie –dijo Kate mirándola seriamente-.
Grace las seguía mirando incrédula. Posó los ojos en su mejor amiga y Lily la miró con seriedad y asintió con la cabeza. Grace no pudo evitar que las lágrimas empañaran sus ojos, pero consiguió retenerlas.
- ¿Es verdad? –preguntó con un hilo de voz-. ¿Remus es...? –ante el asentimiento de las tres, Grace se llevó la mano a la boca-. Merlín, pobre Remus...
Las cuatro se quedaron en silencio. La tensión del ambiente se podía cortar con un cuchillo. De repente, un potente aullido entró por la ventana abierta. Las chicas miraron asustadas hacia el exterior, pero nada se veía en la oscuridad.
- ¿Creéis que han salido al bosque? –preguntó Gis aún sin creerse cómo los chicos podían ser tan insensatos como para ponerse cerca de Remus en ese momento-.
Kate y Lily asintieron con la cabeza, intercambiaron una mirada y llegaron a un mudo acuerdo.
- Hay algo más. Algo que deberías saber –dijo Lily sin quitar la vista de la ventana por si podía percibir algún movimiento-.
OO—OO
Unos minutos antes, una pequeña figura se movía con rapidez, jugando con las sombras. Sadie andaba apresurada, sin atreverse a correr por si sus zapatos la delatarían haciendo ruido. Acababa de conseguir salir por la puerta de entrada, justo antes de que el conserje la cerrara con llave, como todas las noches. Miró un segundo hacia atrás preguntándose cómo lo harían para volver a entrar, pero solo fue un segundo. Ahora mismo lo único que la preocupaba era encontrar a su hermano y alejarse lo máximo posible de dónde andarían sus cuatro compañeros. Se volvió a maldecir por vigésima vez por no haberle contado nada a su hermano, y porque él habría elegido justo ese momento para hacer algo impulsivo. Estaba al borde del Bosque Prohibido, dos pasos más y se habría adentrado ya en la maleza.
- ¡Jeff! –susurró algo alto, pero inaudible para quien estuviera a más de veinte metros. Rogó por la suerte de que su hermano pasara por allí en ese momento. Pero como bien la había enseñado su padre, la suerte se la busca uno mismo-.
Se mordió el labio y miró con furia a los árboles, como si ellos tuvieran la culpa de que la temblaran las rodillas. Alzó la barbilla orgullosa, tragó ruidosamente y se adentró en el oscuro paraje.
Como la noche del otro día, extraños ruidos y movimientos misteriosos parecían rodearla. Sin embargo, esta vez era mucho más importante que encontrar a una lechuza perdida. Debía localizar cuanto antes a Jeff y advertirle. Ambos debían salir cuanto antes de ese bosque.
No supo cuanto tiempo estuvo andando antes de pararse resoplando frustrada. El bosque era inmenso, y cualquiera de ellos podía estar en cualquier lugar. De repente se acordó de algo. Sonrió, si su madre aseguraba que funcionaba era porque lo hacía. Cerró los ojos, concentrándose en su magia e intentando invocar la de su hermano, que estaba irrevocablemente unida a la de ella por sangre. Empezó a notar a Jeff aún lejano, mientras la unión se iba acercando más y más. Sonrió más tranquila y se dirigó hacia el lugar que su magia la decía que estaba su hermano, y recordando el día que su madre les obligó a aprender ese truco.
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2 de marzo de 1966
- Chicos –anunció una mujer entrando sonriente en la habitación, con una caja de zapatos en la mano-. Venid, quiero enseñaros algo.
Los dos niños que estaban en el salón levantaron la vista cuando oyeron la voz de su madre. Jeff, como era su costumbre, acudió a la primera llamada de su madre. Sadie siempre se hace más de rogar. Miró desde el suelo en el que estaba sentada, cómo su madre se sentaba en el sofá y abría la caja mostrándole su contenido a Jeff que lanzaba miradas tímidas. Vio la sonrisa que florecía en el rostro de la mujer al mirar a su hermano. Sadie no tenía dudas de que él era el preferido de su madre, aunque siempre había ansiado una niña.
Mientras su madre sacaba unas fotografías y se las pasaba a Jeff que las miraba con reverencia y una pequeña sonrisa en los labios, Sadie sabía que no podía culparla por preferir a su hermano. Su madre siempre soñó con tener una hija para vestirla con ropas finas o lazos en el pelo. Sin embargo, en cuanto Sadie comenzó a ser consciente, se negó por completo a dejar que su madre la vistiese de esa forma que aborrecía. Además, siempre tuvo un carácter agrio y frío, que contrarrestaba con la dulce forma de ser de su madre. Jeff podía tener algo de ella, pero también era sumamente tímido, por lo que sólo se mostraba cariñoso con su madre.
- Sadie cielo ven. Es importante –repitió su madre aún con la sonrisa en sus labios-.
La niña supo cuando llegaba el momento de ceder, así que lentamente se levantó y dirigió hacia el sofá donde la esperaban. Se sentó al otro lado de su madre, y esta la pasó las fotos que Jeff ya había visto. Todas eran de dos niños pequeños, prácticamente de la misma edad, que se movían con lentitud, como a cámara lenta. Por el estado de las fotografías y la lentitud de las figuras, Sadie dedujo que ya serían antiguas.
- Son papá y el tío de pequeños –explicó su madre señalando a una y otra figura-.
Sadie miró a la figura más pequeña y reconoció en ella a su padre. Jeff y ella habían heredado su nariz y su pelo. Miró de nuevo a su madre, que en ese momento acariciaba a Jeff del pelo. Definitivamente, su madre era la más guapa de la familia. Sadie y Jeff se parecían más a papá. Su madre era una mujer alta, de cabellos rubios que la llegaban hasta los hombros, generalmente lisos pero rizados en la nuca. Sus ojos eran claros, Sadie les veía un gran parecido con la miel, y su piel era muy pálida. Era lo único que habían heredado de ella.
- ¿Sabéis? Ellos se llevaban de maravilla, ya desde pequeños. Siempre estaban juntos. Un día, el abuelo les enseñó un pequeño truco para estar siempre en contacto –les confió como si fuera un secreto importantísimo. Sadie siguió mirando a su padre de niño, pero Jeff miraba a su madre con gran curiosidad-. Es un hechizo muy práctico, pero sólo sirve si se comparte la misma sangre con el otro. Me gustaría que vosotros lo aprendierais y estuvierais tan unidos como ellos.
Les miró a los dos intermitentemente. Jeff había bajado la cabeza algo azorado por la petición de su madre, y Sadie levantó la vista de la fotografía para fijarla en la mujer, mirándola fríamente como si la hubiera pedido un gran esfuerzo. La relación entre Sadie y Jeff nunca había sido muy estrecha. Ni siquiera el ser mellizos les había unido. Los dos eran muy diferentes, y luego estaba esa capacidad de Jeff que tanto aborrecía su hermana, más por no tenerla ella que porque la resultara rara...
- Por favor –insistió la mujer la verles reticentes-.
Jeff levantó la cabeza y sonrió tímidamente a su madre, dándola su consentimiento. Sadie bufó en voz baja consciente de que Jeff sería incapaz de negarla nada a su madre. Rodó los ojos pero al final miró a los otros dos y asintió la cabeza. La rubia sonrió ampliamente.
- Veréis, es muy fácil. El primer paso es que unáis vuestras manos y yo pronunciaré un hechizo que se mantendrá toda vuestra vida. Luego os enseñaré cómo activarlo, siempre que sea necesario. –los niños afirmaron con la cabeza una vez más-. Bien. Daos la mano. –al ver la duda en los niños que se miraban recelosos, la mujer soltó una suave risa-. Venga, ninguno de vosotros mordéis...
Jeff fue el primero en alzar la mano, ofreciéndosela a su hermana pos encima del vientre de su madre. Sadie le lanzó una nueva mirada fría, pero entrelazó su mano con la de su hermano. La mujer sacó la varita y la dejó a escasos milímetros de las manos entrelazadas.
- Sanguinis colligatio –susurró-.
Dos finas hebras de color rojo salieron de la varita, uniendo las manos de los niños, que se sobresaltaron por el repentino calor, y después cada una subió por el antebrazo de cada uno hasta envolverles completamente. A los pocos segundos la luz se extinguió y todo volvió a la normalidad. La mujer les miraba sonriente y emocionada.
- Ya está. Ahora, siempre que queráis localizaros el uno al otro, debéis vaciar vuestra mente de todo pensamiento y concentraros únicamente en la imagen del otro.- rió al ver la expresión de sus hijos-. Sé que ahora puede parecer difícil, pero os ayudaré.
Los niños asintieron con la cabeza al tiempo que volvían la vista a sus manos. No se habían percatado de que seguían con ellas entrelazadas y fuertemente apretadas.
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Cuando llegó al punto dónde notaba a su hermano, vio una casa en medio de los árboles. Estaba en un terreno elevado, y algo más lejos se veían algunas luces, como si un pueblo estuviera cerca. Parecía una cabaña abandonada, con las paredes resquebrajadas, las ventanas y puertas cegadas con tablones y toda la estructura que parecía a punto de desmoronarse. Cruzó el jardín, que tenía la maleza muy alta, y a la luz de la luna tenía un aspecto siniestro. Bordeó la casa buscando una entrada y, por fin, en una esquina encontró una puerta entreabierta, con grandes huecos como si un animal la hubiera embestido repetidas veces.
Entró dentro de la casa intentando no hacer ruido con los pies, intentando mantener el oído alerta. La puerta daba a un oscuro vestíbulo, las paredes estaban sucias y el papel despegado. En un rincón había unas cuantas sábanas amontonadas, sucias y llenas de pelos. Sadie pensó que parecía una cama improvisada para un perro, o algo parecido. El poco mobiliario que había en la habitación estaba destrozado, las patas de las sillas esparcidas por la estancia, un pequeño sofá hecho jirones.
Atravesó el vestíbulo y cruzó una puerta que estaba entreabierta. La puerta daba a otra habitación más pequeña, pero igual de desordenada que el vestíbulo. Y allí, de espaldas a ella, estaba su hermano. Jeff parecía inquieto, mirando en todas direcciones, confuso.
- Jeff –dijo en un susurro, que en el silencio del lugar, provocó eco-.
El chico se sobresaltó y dio la vuelta con mucha rapidez. La miró con ojos muy abiertos y luego expulsó el aire que había retenido.
- Sadie –dijo con un hilo de voz. Estaba de verdad asustado-. ¿Qué haces aquí? Tienes que irte.
- He venido a buscarte. –le respondió acercándose, aún con el oído agudizado-.No sé que haces aquí, pero tenemos que irnos cuanto antes.
- No, antes tengo que encontrar a los chicos. –la dijo. Luego desvió la vista hacia una pequeña abertura que estaba en el suelo-. He seguido a Peter y Sirius hasta aquí. Han entrado por este pasadizo. Me costó mucho despistar al árbol –añadió señalándose una herida en el hombro. Su hermana le miraba sin comprender. Ella no sabía nada de ningún árbol-. Y cuando llegué, ellos ya se habían ido...
- Ya volverán. Pero nosotros tenemos que irnos antes de que... vuelvan.
- Pero tengo que avisarles –protestó él casi desesperado-.
- ¿Avisarles? –preguntó Sadie confusa. A los pocos segundos le miró con suspicacia y entendimiento-. Jeff, ¿Has tenido otra visión?
- Tengo que avisarles –repitió el chico-.
Sadie se quedó en silencio unos instantes, barajando las posibilidades. Al ver la mirada de desesperación de su hermano se rindió. No se iba a dar por vencido. Lo mejor sería intentar avisarles de alguna manera y salir de allí antes de que el licántropo se acercara lo suficiente para olerles. Esperaba contactar antes con James que con Remus.
- Vamos. Les dejamos el mensaje que quieras y salimos corriendo de aquí. Hoy el bosque no es seguro.
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Al mismo tiempo que Sadie entraba en la cabaña, cuatro animales corrían por el bosque. Un ciervo iba delante, corriendo con grandes zancadas y apartando las ramas con su cornamenta. Le seguían de cerca un lobo y un perro. Este último llevaba con la boca una pequeña rata, con cuidado de no morderla. El lobo de vez en cuando le daba cabezazos al perro, como retándolo, aunque este le ignoraba.
El ciervo disminuyó la velocidad a medida que iban llegando a un pequeño claro. Le rodeó una vez mirando hacia el exterior, y cuando estuvo conforme, fue a una esquina, y comenzó a frotar su cornamenta contra uno de los árboles. El perro llegó y posó a la rata con cuidado en el suelo, que comenzó a correr y saltar alegremente. El lobo pareció distraerse mirando la actividad del ciervo, cosa que el perro aprovechó para vengarse de los anteriores empujones. Se tiró sobre él y le mordió suavemente en la oreja al lobo, atacando y a la vez dejando claro que estaba jugando. El lobo pareció entenderlo y ambos comenzaron a jugar, mientras se empujaban.
Así estuvieron un tiempo indefinido. En un momento la luna quedó tapada por una nube y el lobo dejó de jugar con el perro. Olfateó el aire en todas direcciones, parándose en una especialmente. Los otros tres animales le miraron en silencio, y antes de que pudieran reaccionar, el lobo aulló potentemente y salió corriendo fuera del claro.
El primero en reaccionar fue el perro, que le siguió corriendo. El ciervo se apresuró a coger a la rata en sus astas y comenzar su carrera. Pronto, el ciervo adelantó al perro y siguió los rugidos del lobo que cada vez eran más violentos.
Al encontrar al lobo, lo primero que vio James fue que su amigo se acercaba con deliberada lentitud hacia un punto concreto. Lo distinguió al instante. Iba a cazar. Miró hacia la dirección que tomaba Remus y se distinguió dos figuras. Dos figuras humanas. En el instante que le llevó darse cuenta de todo, Sirius ya había llegado a su lado. Ambos se adelantaron, después de que James dejara a Peter en el suelo. El chico que habitualmente llevaba gafas, distinguió de inmediato a la primera figura. Era Sadie. Y al lado, un paso más adelante que ella, estaba Jeff.
Los dos parecían aterrados, pero no dejó de notar que la chica parecía buscar a alguien más con la mirada. Corrió hacia ellos y los apartó del camino mientras Sirius se tiraba sobre Remus intentando distraerle. Sin embargo, el lobo ya había olido a humano y no iba a dejar escapar su caza.
El ciervo movió su cornamenta ante los chicos, intentando parecer amenazador, pero la verdad es que estaba aterrado. Sadie le reconoció de inmediato y suspiró algo más aliviada. Ya había notado que el comportamiento del ciervo era más humano de lo normal, pero sus ojos la acabaron de convencer. No quiso perder más tiempo.
- James, escúchame –la dijo. El ciervo dejó de mover las astas para mirarla, con lo que parecía ser incredulidad-. Tenéis que iros del bosque. –miró a Jeff un momento y él afirmó con la cabeza-. Hoy este lugar no es seguro ni para vosotros. Llevad a Remus a cubierto y volved al castillo.
Antes de que James pudiera siquiera asimilar lo que la chica había dicho, se oyó un aullido adolorido y de repente, el lobo saltó hacia ellos con gracilidad. James consiguió ponerse en medio, aprovechando el gran tamaño de su cuerpo de ciervo.
- Jeff vámonos –susurró Sadie mientras veía al perro tirada en el suelo, consciente pero que parecía respirar con dificultad-.
- Pero... –empezó a protestar el chico-.
- Cuanto más tiempo estemos aquí, más les costará tranquilizarle. Aquí solo les estorbamos.
El chico comprendió y asintió con la cabeza. Cogió de la mano a su hermana y ambos salieron corriendo en dirección al colegio.
En el lugar dónde el perro estaba malherido, una rata se encaramó a su cuerpo intentando ver la herida sin éxito. La pelea entre el ciervo y el lobo era descarnada. Hubo un momento en que el rumiante perdió el equilibrio y cayó arrastrando con él al lobo. Este, furioso, le atacó directamente en el estómago, mordiéndole y arañándole, provocando grandes rugidos del dolor en el animal.
La rata comprendió que el lobo pretendían sacarle las tripas al ciervo, por lo que corrió hacia delante para enfrentarse al lobo, olvidando por unos momentos su pequeño tamaño y la escasa ayuda que podía ser. Le mordió una de las patas traseras y el lobo bajó la vista para encararlo. Olvidándose por un momento del ciervo que tenía el lomo cubierto de sangre. Intentó darla un mordisco, lo que habría matado sin ninguna duda al roedor de no ser porque esta saltó gracilmente hacia un lado. Un nuevo movimientos y la rata volvió a esquivarle. El lobo, molesto, se cansó de jugar con su presa y se lanzó hacia la rata la atrapó contra el suelo con una de sus patas. Bajó el hocico, disfrutando del terror que se había desatado en la rata, que se agitaba compulsivamente, pero no podía huir pues su cuello estaba firmemente atrapado. Abrió sus fauces dispuesto a darle un mordisco mortal a ese insignificante animal, cuando algo saltó sobre él y le obligó a soltar a la rata.
El perro había recuperado parte de sus fuerzas y luchaba para tener controlado al lobo. Este último se apartó de él, dispuesto a volver a saltar sobre el perro por sorpresa. sin embargo, el aire de la noche le dio de lleno en la cara y olisqueó el alrededor. Ya no había ningún olor tentador. Eso le aclaró la mente.
Miró al perro enfrente de él, que permanecía alerta. Respiraba con dificultad, y solo se apoyaba en tres patas, dejando la delantera izquierda sobre el aire. Parecía rota. Tenía arañazos y mordiscos por todo el rostro y el hocico y sangraba por una oreja. Después desvió la vista hacia el ciervo que le miraba tumbado desde el lugar donde le había atacado. Estaba consciente pero parecía que le costaba levantarse. Tenía una enorme herida en un costado del estómago, que emanaba sangra a borbotones. Por último, la mirada del lobo se centró en la pequeña ratita que se confundía con la hierba. No tenía indicios de heridas pero se apoyaba en la raíz de un árbol para mantenerse en pie.
La mente del lobo parecía más humana que en los últimos años. Algo parecido a la tristeza se apoderó de él cuando fue consciente de que había atacado a su propia manada. Aulló de dolor una vez más, para después tumbarse en el suelo con tristeza.
El ciervo consiguió levantarse y la sangre le resbaló por las patas, le hizo un gesto al perro, y cogió a la pequeña rata en sus astas, moviéndose con dificultad, mientras el perro conseguía que el perro se levantara y les siguiera. Lo mejor sería volver a la casa de los gritos.
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- No sonaba muy contento ese aullido –dijo Lily mordiéndose la uña del meñique mientras las cuatro miraban por la ventana-.
- Puede que no fuera Remus. En el bosque hay más lobos. –dijo Grace intentando sonar tranquila-.
- ¿Y si se han encontrado con una manda de lobos y están en problemas? –preguntó Kate-. Los perros no son tan feroces...
- ¿Perros? –preguntó Grace, ya que Gis y ella aún no sabían en qué animales se convertían los chicos-.
- Sirius se transforma en perro –explicó Lily sin mirarla-. James en un ciervo y Peter en una rata. Los lobos son muy veloces. Un animal más grande quizá no pueda esquivarlos a tiempo –murmuró en voz más baja-.
- Y un animal tan pequeño como una rata puede morir hasta que un pisotón de esos animales –terminó Gisele abrazándose a sí misma, pues sólo llevaba una túnica de manga corta y por la ventana el viento entraba muy frío-.
- ¿Y seguro que no hay forma de ir a ayudarlos? –preguntó Grace moviéndose incómoda-.
- No se me ocurre ninguna forma de ir y no ponerles en más apuros –le explicó la pelirroja-.
- Si el lobo huele a un humano se descontrolará –siguió Kate-. Esperemos que Sadie haya encontrado a Jeff sin hacer nada. ¡Merlín! –exclamó levantándose y comenzando a andar de nuevo-. No me dio tiempo a detenerla ni decirla nada.
Lily se levantó y abrazó a la chica, intentando confortarla.
- Pero si ellos ya están, ¿Qué hay de malo en que vayamos nosotras? –continuó Grace-. Total, ya hay dos humanos allí. Si el mal ya está hecho...
- Pues cuantos más seamos el lobo estará más hambriento y peligroso y ellos tendrán el doble de trabajo –la dijo Lily con paciencia-.
- Pero Remus...
- ¡Hoy Remus no existe! –exclamó Kate perdiendo la paciencia-. ¿No te das cuenta, Grace? Cuando es luna llena, pierden completamente la conciencia de sí mismos. ¡Podrían matar a su propia madre sin saberlo! Solo se calma en compañía de animales, y si el número de humanos supera al de animales, ¡TODOS estaremos en peligro! Deberías saberlo. Lo dimos en tercer curso, ¿No eres tú una de las mejores estudiantes?
Grace se quedó callada, sin saber qué podría responderle a la morena, pero enfadada por su tono de voz. Lily, que en un primer momento se impresionó por el grito, avanzó hacia su mejor amiga y la abrazó por el hombro intentando frenar una posible pelea. El silencio se impuso en la sala común, y las chicas parecían desesperarse más según avanzaban los segundos.
- ¡Mirad! –exclamó Gis señalando un punto en el bosque-.
Las otras tres chicas saltaron a su lado y se asomaron en la ventana. En el filo del bosque se vieron unos movimientos y salieron a la luz las figuras de Sadie y Jeff que corrían agarrados hacia el castillo. Las hizo falta solo un segundo para salir ellas por el retrato y correr hacia la puerta de entrada. No las importaba si alguien las pillaba.
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Los hermanos Williams atravesaron los jardines corriendo. Jeff tiró de su hermana para conducirla hacia la puerta principal pero esta se soltó, haciendo que la mirara.
- Está cerrada. No podemos entrar por ahí.
- Pero... –empezó el chico, pero se calló al comprender que era cierto. Se puso a buscar en silencio alguna entrada alternativa. Al fin y al cabo algo tendría que haber sacado después de un mes conviviendo con los más traviesos de la escuela-.
Estuvieron un rato mirando alrededor del castillo pero no encontraba forma de entrar.
- Chicos, ¡Chicos! –exclamó una voz femenina por algún lugar cerca de ellos. Miraron en todas direcciones. Jeff localizó a Gisele en una ventana del primer piso que acababan de abrir-.
Se acercaron con rapidez y las otras tres chicas se asomaron también a la ventana, algo enlatadas, pues el hueco era estrecho.
- ¿Y los chicos? –preguntó Kate al verles solos-.
- En el bosque –contestó Sadie-.
- ¿Están bien? –preguntó Grace-.
- Esperad que os subo -contestó Lily adelantándose a la respuesta mordaz de Sadie-. Wingardum leviosa –susurró-.
Sadie ascendió un par de metros, y Gis y Kate alargaron sus brazos para ayudarla a entrar. Lily se apresuró a realizar el mismo hechizo a Jeff.
- No espera –protestó él-. ¡Tenemos que ir a pedir ayuda!
- ¿Ha pasado algo? –preguntó Lily a Sadie sin darse cuenta que la estaba apuntando con la varita-.
- Digamos que sí –contestó la chica apartando la varita-. El lobo nos reconoció e intentó atacarnos. Los chicos nos defendieron y el lobo les atacó a ellos.
Las cuatro gryffindor ahogaron un grito y miraron a Jeff para confirmar la historia. Él asintió con la cabeza aún confuso.
- No puedo creer que sean animagos –confesó-.
- ¿Dónde están? –preguntó Gis-. Tenemos que ayudarles. ¿Están malheridos?
- Al menos el perro –contestó Jeff-.
Kate rompió a llorar, cogiéndose el pelo con las manos. Gis corrió a abrazarla, susurrándola que seguramente no sería nada. De repente, se oyó un ruido y Grace había saltado por la ventana. Hizo un gesto de dolor tocándose la pierna, pero sólo estaba adolorida. La caída sólo era de dos metros. Jeff le ayudó a incorporarse.
- Vamos –le dijo ella-.
- Pero... –protestó Gisele intentando hacerlas ver lo difícil que sería llegar hasta ellos-.
Sin embargo ninguna de sus amigas parecía escuchar pues Kate saltó por la ventana y Lily la siguió al segundo. La latina miró a Sadie y ambas se encogieron de hombros resignadas, saltando también por la ventana.
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- ¿Estará bien? –preguntó Peter mirando preocupado hacia el pasadizo que acababan de atravesar-.
- Sí. –contestó Sirius-. Hemos tapiado todo. No podrá salir. Es lo mejor.
El moreno hizo un gesto de dolor al moverse. Su brazo izquierdo estaba roto por lo menos por dos sitios, y le colgaba en una postura antinatural. Con el brazo derecho cargaba de James que estaba semiinconsciente. Peter miró preocupado a su amigo, sin poder moverse mucho. El muchacho tenía una lesión en el cuello y solo moverlo le producía un dolor terrible. Había intentado ayudar a Sirius a cargar con James, pero su cuello no había podido soportar el peso. James, por su parte, había perdido mucha sangre. Sólo tenía la herida del costado, pero esta era muy grande y sólo hacía unos minutos que había dejado de sangrar. Sirius y Peter se miraron un momento preguntándose cómo explicarían eso a la señora Pomfrey. Una cosa era un brazo roto, que podía deberse a cualquier caída, pero una herida de ese tamaño y con tantas dentelladas...
- Tenemos que llevarle dentro lo antes posible –dijo Sirius reanudando el paso y tirando de un James que cada vez estaba más inconsciente-.
- Sirius –dijo Peter-. Allí hay gente.
- ¿Qué? –preguntó Sirius creyendo que su amigo estaba loco-.
Pero era cierto. Corriendo por los jardines había un grupo de seis personas. Peter reconoció a Jeff liderando la marcha y el pelo rubio de Grace siguiéndole de cerca.
- ¡Eh, aquí! –gritó sin importarle de que le oyera alguien más que ellos. Tenían que detenerlos, parecían ir derechos al Bosque Prohibido-.
Les oyeron y fueron corriendo a su lado. Según se iban acercando, reconocieron a todas sus compañeras acompañando a los hermanos Williams. Ellas les vieron, y parecieron suspirar de alivio. Sin embargo, justo en ese momento, James perdió el conocimiento del todo y Sirius no pudo sujetarle bien, por lo que cayó al suelo mientras Sirius se llevaba la mano al brazo roto instintivamente.
- ¡James! –exclamó Lily alarmada-.
Adelantó a sus amigos y se arrodilló junto al chico a la vez que lo hacía Sirius, que había tardado algo más en reaccionar.
- Tenemos que llevarle a la enfermería –comunicó Peter con un mano en el cuello-. Ha perdido mucha sangre...
- No sé qué decirla a la señora Pomfrey. –dijo Sirius-. Si se entera de que somos...
Pero no terminó la frase al ver que Grace, Gisele, Sadie y Jeff estaban presentes. Lily seguía examinando a James y parecía que no le había oído, pero le sorprendió cuando le contestó:
- Tengo medicinas en nuestra torre. Quizá pueda hacer algo.
- Tenemos que encontrar la forma de entrar. –dijo Gisele-. Después veremos cómo podemos hacer para que nadie se entere.
- La puerta de entrada está sellada y cerrada. –dijo Grace-. Y, puesto que todos hemos saltado, ya no podemos entrar por la ventana.
- Por un pasadizo –murmuró Sirius-.
- ¿Qué? –se atrevió a hablar Kate, que hasta entonces sólo era capaz de mirar el brazo inerte del chico-.
Sirius la miró seriamente, pero no la dijo nada. Kate fue incapaz de sostenerle la mirada, por lo que desvió la vista hacia Peter.
- Digamos que tenemos algunos trucos –contestó este algo incómodo, sin saber si debía haber intervenido o no-.
- Vamos –dijo Grace pasando entre Sirius y Kate para romper el contacto visual de este y dar un respiro a la chica-.
Sirius desvió la mirada hacia Grace algo molesto, sabiendo que lo había hecho a posta e intentando recordarla que no había cumplido lo que le dijo. Pegó un bote cuando Sadie le tocó ligeramente el brazo roto para hacerle andar. Jeff hizo el encantamiento de mobilicorpus para llevar a James, y Lily se apresuró a andar al mismo ritmo del que flotaba el cuerpo, pendiente de si este despertaba. Gisele convocó un collarín para Peter y le ayudó a caminar, pues con él puesto el chico no veía bien por dónde iba.
Sirius les condujo hasta un terreno irregular tras de los invernaderos. Se paró justo detrás del invernadero tres, delante de una pared rocosa.
- Que alguien me ayude a sacar la varita –pidió-.
Sadie la sacó del bolsillo y se la tendió al brazo sano. El chico la cogió y apuntó directamente a una pequeña piedra de apenas diez centímetros de largo, que estaba incrustada entre las piedras mayores. Sólo la distinguía el ser negra, contrastando con el color calizo de la pared.
- ¡Dissendio! -dijo en voz baja-.
De la piedra salió una potente luz, parecida al rayo de una linterna, creando un pequeño agujero. Conforme la luz iba ampliándose, también lo iba haciendo el agujero, hasta llegar a una abertura circular de unos dos metros de alto y dos de ancho. Sirius hizo un gesto para que las chicas pasaran primero, después pasó Jeff llevando a James, y después Peter y él.
- Seguid el pasadizo –las dijo a las que iban delante-. Y cuando lleguéis al tope esperar. Tenemos que comprobarlo, no sea que Filch nos pille.
Avanzaron alrededor de diez minutos, la mayor parte en una especie de escalera que les llevaba hacia arriba. Cuando llegaron al tope, Peter sacó un pergamino algo desgastado y lo desplegó. Los demás se miraron entre sí algo escépticos al ver que estaba en blanco. Sirius acercó su varita y murmuró unas palabras que el resto no llegó a escuchar. Del pergamino comenzó a salir tinta, creándose líneas y dibujos. En unos segundos, el mapa más fiable de Hogwarts estaba ante sus ojos.
- ¿Qué...? –comenzó Lily-.
- Ya lo explicaremos en otro momento pelirroja –la interrumpió Sirius mirando el mapa concentrado-. Bien, Filch está en el segundo piso, la señora Norris cerca de la sala de trofeos, y ningún profesor está cerca. Empujad por el lado derecho y salid.
Gisele empujó por dónde Sirius había dicho y la pared cedió hacia delante. Miró un momento el sitio y comprobó que era un pasillo más de Hogwarts. Había que saltar un escalón de unos cincuenta centímetros, por lo que se cuidó de no tropezar. La siguieron el resto, y después cerraron el pasadizo. Era un espejo colocado en una esquina de un pasillo del cuarto piso.
Quien iba a pensar que era un pasadizo –murmuró Grace mirándolo con curiosidad-. Siempre lo utilizábamos para darnos un último retoque antes de ir a clase.
- ¡Vamos! –apuró Lily viendo que James estaba cada vez más pálido-. Vayamos primero a la torre de premios anuales.
Todos corrieron en silencio hasta el sexto piso, parándose en las esquinas para comprobar el mapa. Afortunadamente no se encontraron a nadie. Lily le dijo la contraseña a los jugadores de pocker, que abrieron el retrato entre confundidos y algo asustados. Subieron a James a su habitación y la pelirroja subió corriendo a su cuarto por las medicinas. Volvió con un botiquín de primeros auxilios y varias pociones de su propia cosecha. Se sentó junto a James en la cama y empezó a mirar el contenido del maletín, murmurando cosas en voz muy baja y muy rápida.
- Bien –dijo por fin-. Aquí tengo de todo. Creo que al final es menos de lo que parece. De todas formas le puedo dar una poción de regeneración de sangre no hay problema. –miró a los demás analizándolos-. Peter, esta poción te quitará la contractura del cuello –le dijo tendiéndola una botellita morada-. Y llevaos un poco de esta para los arañazos. Lo que sí que no se qué hacer es con tu brazo Sirius. Tendrás que ir a la enfermería. Pero puedo darte algo para el dolor y que puedas aguantar la noche, e ir mañana. Así nadie sospechará nada.
- Genial –dijo Sirius más animado, aunque seguía mirando a James preocupado. Lily le tendió una fina botella de color verde claro-. Gracias Lily.
- Será mejor que nos vayamos ya –dijo Sadie-. ¿Te las podrás arreglar sola? –la preguntó a Lily-.
- Perfectamente –respondió esta sonriendo levemente-. Iros tranquilos. Estará bien.
Los siete se dirigieron a la salida camino de la torre Gryffindor.
- Chicos –les llamó Lily justo cuando atravesaban el retrato. Todos se giraron a mirarla (Peter con más dificultad)-. Después de lo de hoy, creo que nos vendría bien una reunión mañana, para explicar algunas cosas.
- Estoy de acuerdo –dijo Grace-.
- Pues sí –corroboró Gisele-.
Los demás no respondieron sino que se apresuraron a salir corriendo del retrato. Las tres amigas se miraron entre sí y se sonrieron. No se iban a escapar del interrogatorio. Ninguno de ellos.
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Poco después, entraban todos en la torre de los leones. Tampoco esa vez, habían encontrado a nadie en el camino. Tal vez el porcentaje diario de peligro ya lo habían agotado en el bosque. Sirius y Peter se dirigieron cada uno a un sofá y se sentaron con cuidado. Sadie y Jeff subieron a las habitaciones y quitarse las túnicas manchadas y llenas de maleza. Hasta más explicaciones, les habían prometido a los chicos que no dirían nada de Remus ni de ellos a nadie. Mientras tanto, Grace separó a Kate a una esquina.
- Este es el momento –la susurró-.
- ¿Qué? –preguntó Kate perdida-.
- Vete a ayudar a Sirius y aprovechas para hablar con él –la dijo como si estuviese explicando a un niño cuánto son dos más dos-.
Kate abrió mucho los ojos. No se había preparado para enfrentarle esa misma noche. No después de lo que había pasado. Aún no recuperaba el ritmo normal de los latidos de su corazón. Grace la empujó levemente, haciéndola avanzar un paso. Miró a Sirius. Incluso con un aspecto tan desastroso estaba guapo. Bebió en ese momento la poción para el dolor, e hizo un gesto de repugnancia. Se la escapó una pequeña risita al verle hacer eso. Él levantó la vista hacia ella y se la quedó mirando fijamente, esperando que terminara de acercarse.
Su mirada penetró de lleno en sus azules ojos haciéndola temblar las piernas. Como siempre la ocurría, no sabía descifrar cómo estaba. Cuando eran novios, eso la parecía un misterio maravilloso que estaba dispuesta a resolver todos los días. Pero, esa noche y en esas circunstancias, esa mirada la acobardó. Volvió la vista hacia Grace que les miraba a ella y a Sirius con un gesto insondable. Le había llamado la atención la poca preocupación que la chica había mostrado por James. La misma que habían mostrado ella o Gisele, justa para un amigo pero insuficiente para un novio. Eso no hacía más que confirmar su teoría de que entre ellos era imposible que hubiera nada. Miró de nuevo a Sirius, que la miraba expectante, y se rindió. Avanzó unos pasos hasta el sofá donde estaba Sirius... y pasó de largo.
- Peter, ¿te ayudo con las heridas? –se ofreció-.
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Lily había conseguido quitarle la camisa a James con cuidado de no hacerle daño. Tenía en el costado una amplia herida que le iba desde el pecho hasta la cintura, llena de costras y sangre seca. Como había supuesto, al final había resultado menos serio de lo que les había parecido en un primer momento. Podía ocuparse perfectamente de esa herida, y el resto eran arañazos sin importancia. Internamente la invadían las preguntas. ¿Qué habría pasado? ¿Les habría hecho eso Remus? Jeff y Sadie debían haberse acercado mucho para excitarle tanto y que atacara a los chicos. ¿Por qué habría ido Jeff al bosque? ¿Y cómo era posible que pareciera que Sadie ya lo sabía todo? Esas, entre otras preguntas, deberían contestarlas todos, más adelante.
Mientras pasaba un algodón por un moratón del pecho del chico que desapareció al instante, Lily también pensó en lo desgraciado que se sentiría el pobre Remus cuando volviera a ser él mismo y se enterara de todo. Afortunadamente, estaba segura que nadie sospecharía nada. Con la poción que le había dado a Peter, este estaría perfectamente antes de dormir. Su ambición de ser sanadora la había llevado a leer algunos libros de medicina mágica, por lo que estaba segura de poder curarle esa herida a James sin ayuda de nadie. Al día siguiente él estaría como nuevo. El único que tendría que acudir a la enfermería sería Sirius, pero lo de este podría pasar como un accidente fortuito. Nadie sospecharía nada.
Notó un movimiento bajó su mano y un leve murmullo. Desvió la mirada hacia la cara de James y vio que este había abierto un poco los ojos y la miraba fijamente.
- Li... ly... –dijo el chico arrastrando las palabras. Aún estaba débil por la pérdida de sangre-.
- Sshh –dijo ella poniendo su dedo índice en los labios de él para impedirle hablar. Luego le sonrió-. Veo que has decidido volver al mundo de los conscientes.
James rió levemente, pero se detuvo e intentó llevarse una mano a la herida. Lily le cogió de la mano para detenerle. Seguramente le dolería al reírse.
- Te voy a dar algo para el dolor ¿De acuerdo? –le susurró en voz baja aunque en la habitación sólo estaban ellos-.
Sacó del maletín un pequeño frasco de color ocre con una pequeña etiqueta identificatoria.
- Tienes que beber un sorbo y actuará como una anestesia ¿Vale? Lo único que mañana seguramente no puedas ir a clase por el cansancio. Esta poción da mucho sueño. Pero tranquilo, te excusaré con la profesora McGonagall.
Le incorporó poniendo un brazo tras su cuello. James no había vuelto a hablar, solo la miraba fijamente, aún atontado. Consiguió que bebiera un sorbo, y después le volvió a posar con cuidado entre las almohadas. El chico suspiró.
- ¿Ahora duele? –le preguntó tocando con cuidado la herida. James negó con la cabeza despacio y apoyó la cabeza en su lado izquierdo mientras Lily comenzaba a extender pociones y ungüentos sobre su piel-.
A los pocos minutos, la herida estaba cerrada por completo y solo quedaba una pequeña mancha roja en el lugar dónde había estado. Le rodeó de vendas la cintura para protegerle de las rozaduras. Entonces la chica sacó una botellita muy delgada, parecida a una probeta con un líquido algo espeso de color rojo pasión. James la miró algo alarmado y Lily rió al ver su cara.
- Es una poción de trasfusión de sangre –le explicó. Esto no pareció calmar al chico precisamente, que miraba la botella como si esta fuese a saltar a su cuello de un momento a otro-. James, no es sangre. Pero la textura y el color ayuda a distinguirla para emergencias. ¿Crees que en San Mungo cuando un herido entra desangrado se entretienen en mirar etiquetas -rió-. Pero no te voy a dar de beber sangre y dicen que el sabor es agradable.
El chico al parecer decidió hacerla caso y se dejó guiar, cuando de nuevo ella le incorporó y le llevó la botella a la boca. Cuando bebió todo el contenido, el color fue volviendo rápidamente a su piel. Ahora se le caían los párpados, parecía más cansado. Lily le curó con cuidado todos los arañazos, hasta que no quedó en él ningún recuerdo de lo ocurrido en el bosque, aparte del evidente cansancio.
Movió todas las almohadas con cuidado, y le arropó con una manta cuando estuvo segura de que tenía la posición óptima para dormir. James estaba más inconsciente que consciente, pero esta vez tenía mucho color en las mejillas y reflejaba paz. Lily le quitó las gafas con cuidado y las puso en la mesita. Le apartó un mechón de la cara y se aseguró por última vez de que todo estuviera bien.
Cuando ya había revisado todo tres veces, se la acabaron los motivos para seguir allí, y decidió dejarle descansar. Hizo un sencillo hechizo para poder estar alerta desde su cuarto, por si algo sucedía y apagó la luz. Cruzó el umbral e iba a cerrar la puerta.
- Li... ly... –dijo James con voz dormida-.
La pelirroja le miró pero él no parecía verla a ella. Probablemente ya estaría soñando.
- T-te... qu...ero...
Le miró de nuevo algo confusa, sin entender nada de lo que había dicho. Pero James cambió de postura y soltó un suave ronquido, aviso de que ya había caído en brazos de Morfeo. Con una última mirada, cerró la puerta tras ella y suspirando de alivio. El susto ya había pasado.
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Grace suspiró cuando vio a Kate sentarse junto a un confundido Peter. Otra vez se había acobardado. Fue ella la que se dirigió hacia Sirius que miraba la escena con la boca abierta, desde luego no había esperado la reacción de Kate.
- Lo siento –le dijo sentándose a su lado-. Antes hablé con ella y parecía dispuesta a hablar contigo. Pero creo que la has asustado.
- ¿Cómo? –preguntó Sirius apartando la vista de Kate y mirándola a ella-.
- Pues eso –le respondió Grace cogiendo un ungüento y acercándolo a la cara de Sirius, dónde tenía un rasguño en una ceja. El chico se apartó bruscamente -. ¿Me vas a dejar que te ayude? –le preguntó con voz más brusca de lo que pretendía-.
Sirius suspiró resignado y acabó acercándose de nuevo. Entre lo mosqueado que estaba y lo poco que se fiaba de las actitudes sanitarias de Grace, no estaba muy convencido.
- Explícate mejor –la pidió tras unos momentos en silencio-.
- Tú sabes tan bien como yo que Kate es fácilmente impresionable. Con todas las dudas que tiene, lo último que necesita es que la mires como si ella fuera la culpable de todo. No la ayudas a decidirse.
- No pretendía asustarla. Sólo que no quería perder terreno, que no se notara que estaba deseando que se acercara. Por orgullo... –reconoció algo avergonzado-.
Grace rió un poco y asintió con la cabeza.
- Te entiendo, yo soy igual. Pero Kate no lo es y lo último que necesita es rudeza. Tenlo en cuenta la próxima vez.
Hubo unos minutos de silencio. Los rasguños y arañazos iban curándose uno a uno. Grace ponía especial atención en que no la temblara la mano, pues con su pulso era capaz de meterle el algodón en el ojo. Sirius miraba como Kate intentaba ayudar a Peter, y como Gis se interponía diciendo que ya lo hacía ella, seguramente para empujar a la morena a acercarse a él. El pobre Peter estaba completamente sonrojado, pues nunca antes había tenido a dos chicas peleándose por ayudarle.
- ¿Por qué crees que esta vez la cuesta tanto perdonarme? –preguntó Sirius rompiendo el silencio-. Hemos tenido más peleas pero nunca ha durado mucho enfadada. Ya sabes, no es capaz de estar enojada mucho tiempo con nadie. Pero esta vez...
Grace suspiró.
- Creo que hay alguien malmetiendo.
- ¿Qué? –preguntó Sirius incrédulo-. ¿Quién?
- No lo sé –confesó Grace encogiéndose de hombros-. Pero conmigo tampoco se comporta como siempre. Hay días en que se pone a hablarme con indirectas todo el rato, y días que no me dirige la palabra. Ella no es así. Puede que nunca hayamos sido íntimas pero siempre hemos tenido una buena relación. Desde que discutisteis no se comporta con normalidad. Y no, no creo que se haya enterado de lo que pasó el otro día. –añadió al ver que él iba a decir algo-. Créeme que yo lo habría sabido cuando me tirara al lago. Kate es muy manipulable. Con buenas palabras la puedes llevar hacia dónde quieras. Ella no ve la maldad en nadie. Y temo que alguien se esté aprovechando de eso...
- ¿Crees que esté saliendo con alguien? –preguntó Sirius temiendo la respuesta-.
- Lo dudo. Sino, no estaría tan dudosa ni tan nerviosa. Pero lo mejor será que intentes averiguar algo. –le miró directamente a los ojos-. Si aún te interesa claro.
- Claro que me interesa –respondió él apartando la mirada-.
- Vale.
Grace dejó los algodones y la botella que había estado usando encima de la mesa y se levantó.
- Ya está. Ten cuidado con el brazo y procura inventarte una buena excusa para cuando vayas mañana a la enfermería. –le dijo muy rápido y mirando al suelo y todo momento-. Hasta mañana.
- Adiós –respondió el chico recostándose en el sofá-.
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- Lo de esta noche daría para escribir un libro sino fuera porque no se puede contar –dijo Jeff sentándose en su cama dónde ya se había sentado su hermana-.
- Agradece estar vivo. Eso ya es mucho –le respondió ella con reproche-.
- ¿Crees que Remus estará bien? –preguntó Jeff mirando la luna que se vislumbraba por la ventana-.
- Ya les oíste. Le han dejado encerrado de modo que no pueda salir. No pasará nada...
- ¿Cuánto hace que lo sabías? –preguntó Jeff mirándola con algo de reproche-.
Sadie miró a su hermano un momento y se levantó, paseándose por la habitación y mirando la leonera que era el cuarto de los chicos. Se volvió a su hermano con una sonrisa traviesa.
- Te dije hace tiempo que era interesante aprender legeremancia –le dijo. Jeff la miró con enfadado y Sadie resopló-. Casi desde el principio Jeff. Lo de Lupin la primera vez que le miré a los ojos. Supongo que el chico no acaba de aceptar su condición porque es algo que tiene en mente constantemente. Debería aprender oclumancia, nunca sabes quién puede estar mirando.
- ¿Y lo de los demás? –preguntó Jeff-.
- Bueno, eso algo más adelante pero tampoco mucho. Con James es fácil y difícil. Depende del día. Tiene una mente compleja, por eso me llama tanto la atención. Me recuerda mucho a papá en ciertos temas. Pettigrew es un libro abierto, no hay que buscar fondo para saber su más oculto secreto. Y Black, bueno, al principio costó sacarle ese pensamiento porque ese piensa en un millón de cosas a la vez. Pero al final conseguí saberlo todo. Se hacía raro que tuvieran recuerdos de animales, hasta que até cabos. Tienes que reconocer que soy elocuente.
- A veces das miedo –reconoció Jeff, se quedó unos segundos callado y luego añadió-. Deberías enseñarme un día.
- Sabía que al final esto te gustaría. Es como tener acceso a los diarios de los demás. –respondió Sadie riendo. Luego pareció recordar algo, y su rostro volvió a ser serio-. ¿Qué viste? –preguntó mirando fijamente a su hermano-. Tuviste una visión de ellos y el bosque y por eso fuiste a buscarlos, ¿cierto? ¿No salían un licántropo y unos animales en la visión?
- No. –respondió Jeff poniéndose serio y estremeciéndose al recordar eso-. Sólo tuve dos imágenes sueltas. Primero un encapuchado danzando por el bosque y lanzando rayos con la varita. No alcancé a oír el hechizo. La siguiente visión era ellos cuatro, en forma humana, tirados en el suelo. Inmóviles, llenos de sangre, muertos. –miró a su hermana como implorándola-. Sé que no debo interferir, pero esa imagen me dio pavor.
Sadie sólo atinó a asentir con la cabeza, mientras miraba a su hermano con algo parecido a la compasión. Al instante cambió su mirada por la habitual, fría y despreocupada.
- Procura dormir y no pensar más en todo eso. –le aconsejó mientras salía de la habitación-.
OO—OO
En esos momentos, por el bosque prohibido, avanzaba una figura encapuchada, sigilosamente, tan silenciosas que ni sus pisadas se oían. Llevaba dos varitas, una en casa mano. La de la mano derecha apuntaba al cielo, más concretamente, unos dos metros encima de él, dónde flotaban mediante magia varios animales muertos.
Con la varita de la mano izquierda, se iluminaba el camino y estaba pendiente del más mínimo ruido. Se detuvo un momento y miró hacia donde se imponía el grandioso castillo de Hogwarts. Desde allí solo se podía vislumbrar la torre más alta. Sabía cuál era el riesgo de acercarse tanto, por lo que dio media vuelta, cambiando el rumbo.
Más adelante, un pequeño zorro salía de su madriguera y se apoyaba en un pequeño árbol, rascándose la espalda. El encapuchado al verle sonrió y dirigió su mirada hacia el zorro.
- ¡Avada kedavra! –exclamó-.
El zorro apenas se había dado cuenta de la presencia de su cazador cuando un rayo verde le golpeó de lleno. Cayó como una losa, muerto.
El cazador se acercó y con un movimiento de varita lo unió al resto de animales. Miró al grupo y considero que eran suficientes. No se explicaba por qué el Señor buscaba la sangre de todos esos animales, y por qué había insistido que sólo valdría si pertenecían al bosque de Hogwarts. Sin embargo, él sólo acataba ordenes. Se alejó gustoso de los terrenos del castillo, más apresurado de lo que había llegado. No había sido fácil entrar y tampoco se sentía a gusto estando dentro del territorio de Albus Dumbledore. Ningún mortífago se sentiría cómodo allí.
O-oOOo-O
¿Qué os ha parecido? :P ha sido un capítulo movidito pero ya tenía ganas de algo así jeje en un principio el capítulo iba a incluir la salida a Hosmeade, pero se me hacía increíblemente largo y quería explicar bien este, así que ya sabéis de qué irá el siguiente capítulo jeje Veis q aqui explico ya por fin que entre James y Grace nohay nada no?:P Es solo que Derek se lo cree... ya veremos jeje
Espero de verdad que os haya gustado!!cualquier cosa que tengáis que decirme, al GO!!;)
"TRAVESURA REALIZADA".
Eva.
