Hola a todos! ¿Qué tal? Perdón por haber tardado tanto este finde en publicar, pero este capítulo me ha costado bastante escribirlo. No sé por qué, aunque quizá sea que no me gustan demasiado algunas escenas. Sé que son necesarias pero algunas me aburrían y las he reescrito unas cuantas veces hasta que quedaran medio decentes. Quizá no estén perfectas, pero si me tiraba más tiempo ya sobrepasaría de las dos semanas y no podía ser jeje
Sin más demora, voy a contestar los reviews anónimos, ok?
Lili: Hola wapisima!!Q tal?? Me alegro que el fic te gustara como regalo!jeje espero que hayas celebrado muy bien tu cumple ;) veo que todos tenemos algo en común (L) Sirius (L), que tendrá este chico que nos gusta tanto??jejeje Tb veo que Grace se está convirtiendo en un personaje muy querido!!es muy de armas tomar jeje pero también me encanta Kate, tan dulce, tan manipulable... ambas se merecen a Sirius y Sirius a ellas!jeje me alegro que te gustara la escena de Sirius escapando de casa! intenté ponerle muy en mi punto de vista, aunque hubo inspiración en varios fics que leí tb!es una parte que me encanta! Ays lo de James! sabía yo que iba a causar impacto!!jejeje pero ahora solo la solicitó! no le concedieron nada, tranquis :P y sí, aer si Lily espabila no? Jeje me encantó la escena del te quiero de dormido, es tan tierno :D y en cuanto a la pelea, te pegué un buen susto con James jeje pero él está perfectamente! es lo que tiene ser el animal más grande no?:P y sobre el cuarteto restante (Sadie, Jeff, Rachel y Richard) hay muchos q decir de ellos, pero poco a poco :P lo de Snape estamos muchos de acuerdo! a mi no me gusta como personaje, pero tengo que hacerle justicia en su amor a Lily, pobre jeje la escena final, lo único que puedo decir es que ya ves lo que les podría haber pasado a los chicos si Jeff y Sadie no les avisan de que se vayan del bosque no?:S mis pobres :( Espero que te guste este capítulo y los siguientes jeje yo tb me alegro de coincidir contigo, me caes muy bien!!;) un besazo!!
Andy: Locaaaaaaaaaaa!!!ays q emoción que me alcanzaste por fin!!jejeje te has leído los 12 muy rápido, he de admitirlo :P me alegro que te haya gustado y vayas a seguirlo :D otra que cayó con lo de Sirius, si es que este hombreee jejeje pero James es James eh???:P ays Jeff y Sadie!!q orgullosa me siento de que sean tan misteriosos jejeje ya sé que no tenía excusa pero mi inspiración ha estado en horas bajas :( en fin pero aquí lo tengo asi que no tienes excusas tú tampoco jejeje un besazo loca!!mañana nos vemos!;)
Bueno, bueno, esto capitulo se lo dedico a fd-potter por ser también otra fiel lectora y haber si te animas a subir un nuevo capitulo de ligeramente embarazada que tus lectores esperamos!!jejeje
En fin os dejo que lo leáis :P Nada de esto es mío, excepto los personajes que salen de mi loca cabezaaaaaa
"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"
O-oOOo-O
Capítulo 13: Una iniciación en Hogsmeade.
Un sábado al mediodía en la sala común de Gryffindor siempre es un hervidero de gente. Un sábado con salida a Hogsmeade es la locura en el terreno de los leones. Las chicas corrían de un lado a otro, buscando sus bolsos o abrigos, y llamándose. Los chicos se reían de la imagen que daban sus compañeras, y los que esperaban a alguna compañera por alguna cita, comenzaba a resoplar impaciente. Un Gryffindor nunca se caracterizaba ni por su puntualidad ni por su paciencia.
Un chico de sexto estaba al límite de su paciencia, cuando su pareja bajó por las escaleras. Sarah, del equipo de quidditch, vio la cara de su acompañante cambiar de molesto a bobalicón en un segundo. Sonrió, satisfecha de haber elegido ese vestido de mangas largas, que aunque le daría algo de frío, desde luego parecía agradar al chico. Observó divertida como el mejor amigo de su cita se reía de él sin disimulo, y sonrió más ampliamente al ver que él estaba tan concentrado en ella que no se había percatado de ello. Se acercó a él, moviéndose con ligereza y le sonrió mientras él se levantaba, dándola tiempo a retocarse la horquilla que sujetaba uno de sus cortos cabellos.
En otro lado de la sala, los de primero y segundo miraban entre furiosos y envidiosos a sus compañeros, los que sí podían ir a Hogsmeade. Era algo duro ver vaciarse el castillo y no poder ir también a ese pueblo tan especial. Sobretodo, los más frustrados eran los hijos de familias magas que habían crecido escuchando todas las aventuras vividas por sus padres allí. Los de tercero, que irían por primera vez ese año, estaban ilusionados, y alguno aprovechaba a lanzar miradas divertidas a sus pequeños compañeros para hacerles más de rabiar.
Subiendo las escaleras a la derecha, en el cuarto más alto de la torre, se encontraban los alumnos de séptimo año. Esa habitación no era un jaleo como el resto, sino que estaba impregnada con una tranquilidad inusitada.
- Moony tío, te repites más que un disco rayado –suspiró Sirius tumbado en su cama y atándose un zapato-.
- Es cierto –coincidió James abrochándose la túnica-. Además, digas lo que digas vas a ir al pueblo. Aunque tengamos que obligarte.
- Me gustaría ver cómo lo intentáis –susurró Remus metido en su cama, con el pijama puesto y arropado hasta la cabeza-.
Peter se acercó y le destapó de un tirón.
- Creo que nos infravaloras, Remus –le contestó perdiendo la paciencia-.
Era irónico que Peter fuera el primero en reaccionar así, pero la verdad es que todos estaban hartos del comportamiento de Remus. Desde que el miércoles se enteró de todo, estaba muy taciturno. Había evitado a las chicas lo máximo posible y apenas había hablado con ellos. Incluso Jeff se había unido al plan de animarle, pero nada había servido. Y eso que intentaron quitarle importancia al asunto, si se hubiera enterado de todo...
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
28 de septiembre de 1977
Los tres chicos esperaban en la enfermería a que Remus despertara después de que Madame Pomfrey le fuera a buscar a la casa de los gritos. James y Peter no tenía ningún tipo de signo de la pelea de la noche anterior, mientras que Sirius solo contaba con un brazo en cabestrillo, que la enfermera ya le había curado.
Miraban a Remus con una pequeña lástima, al ver sus heridas. Había dos opciones: o bien, el lobo que tenía dentro aún seguía furioso cuando le dejaron por la noche, y al falta de otro rival se había auto inflingido esas heridas, o bien, la parte humana que quedaba en su mente durante la transformación, había decidido castigarse a sí mismo por haber atacado a sus amigos. Cualquiera de las dos opciones era peor que la anterior, y por lo tanto los chicos no podían dejar de sentirse culpables por ello.
De repente Remus se fue despertando poco a poco y sus tres amigos se levantaron corriendo para rodear la cama. El chico abrió lentamente los ojos y sonrió al ver a sus amigos, aunque no pudo evitar extrañarse por su expresión preocupada. No era la primera vez que le veían tras una transformación.
- ¿Qué pasa? –preguntó-.
- Nada, ¿Qué iba a pasar? –contestó James poniendo su cara de inocente que no ha roto un plato-.
Esto hizo sospechar más a Remus. En ese momento, vio el brazo de Sirius y se incorporó de golpe, lo que provocó una exclamación de los otros tres.
- ¡¿Qué ha pasado?! –exclamó algo alarmado-.
- Ya te hemos dicho –contestó Sirius algo incómodo porque su amigo no quitara la vista de su brazo-. No ha pasado nada.
- Ya. ¿Y tú brazo?
- Me caí de la cama –contestó el aludido deprisa-.
- Se golpeó con la puerta –dijo Peter al mismo tiempo-.
Los chicos se miraron entre ellos algo confundidos y James tuvo ganas de golpearse la frente por no haberse puesto de acuerdo antes con respecto a eso.
- Me caí de la cama y me golpeé contra la puerta –intentó arreglar Sirius-. He tenido un día algo torpe...
La mirada ceñuda de Remus indicó que no había picado. Sirius se encogió ligeramente de hombros. Al menos tenía que intentarlo.
- ¿Fui yo? –preguntó el chico con un hilo de voz-.
Los otros tres se quedaron en silencio un momento. James carraspeó y se decidió a contarle todo de golpe. Todo, claro está, se refería a una versión más cortada. No era necesario que Remus se enterara de que esa noche había estado a punto de matarlos, pero sí que supiera que todos se habían enterado de su condición. Intentó aclarar su mente, pues el medicamento que Lily le había dado la noche anterior, aún le tenía aturdido.
- Verás, hubo un pequeño problema.
- ¿Un pequeño problema? –preguntó el chico alarmado-.
- Verás, hubo un momento durante la noche –hizo una pequeña pausa en la que miró a sus dos amigos indicándoles que se callaran y asintieran a todo lo que él dijera-. Que te saliste un poco de bolos, y le rompiste a Padfoot el brazo. –le dio una colleja amistosa al aludido-. Pero vamos, que lo ocultamos bien y Madame Pomfrey se ha tragado la versión de la caída, o lo que sea que le haya contado. Pero, para poder ocultar esto toda la noche, necesitamos ayuda. –titubeó al ver la cara de pánico de su amigo, pero no había vuelta atrás-. En principio quisimos llamar solo a Lily y Kate, puesto que ellas ya lo sabían de antes. Pero por unas complicaciones, al final todos se enteraron.
Hubo un silencio prolongado en que Remus estaba asimilando todo. Los chicos esperaban la explosión en cualquier momento, pero cuando Remus volvió a hablar lo hizo con un hilo de voz.
- ¿Quiénes son "todos"?
- Pues Grace, Gis, Jeff y Sadie –contestó Peter-.
Remus se dejó caer con fuerza en la almohada. Suspiró y cerró los ojos con fuerza. Comenzó a negar con la cabeza con fiereza y unas lágrimas de rabia se le escaparon por los ojos. Sus tres amigos le miraron sin saber qué hacer ni qué decir. No era una reacción extraña, se imaginaban algo así. Pero, el haberlo esperado, no remitía la pena. Sabían que a Remus aún le costaba aceptar su condición y que rara vez conseguía abrirse a ello. Se lo había contado a Kate porque, como novia de su amigo, la tenía una mayor confianza. Y se lo había contado a Lily porque jamás había conocido a nadie más persistente, de igual forma que confiaba en ella más que en el resto de las chicas, sin contar a Rachel, por supuesto. Pero sabían lo difícil que le resultaba que los demás se enteraran y lo apartaran. Grace siempre fue una gran amiga para él, y Gis era la mejor amiga de su novia. No soportaría que alguna de ellas saldría corriendo de miedo. Y luego estaban los hermanos Williams... aún no estaba seguro de si se podía confiar en ellos...
- Remus –dijo Sirius agachándose para estar a su altura-. Ninguno ha reaccionado mal. Solo se han preocupado porque estuvieras bien. Nadie va a decir nada. Lo han jurado.
El licántropo no contestó. Solo después de un rato asintió con la cabeza y suspiró. No habló durante el resto del día.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
- ¡Te vas a levantar! –exclamó Peter volviendo a tirar de la manta cuando Remus se hubo tapado con ellas de nuevo-.
- ¿Por qué no me dejáis en paz? –preguntó Remus con amargura-.
- Porque te estás comportando como un idiota –lo más irónico fue que ninguno de los tres pronunció esta frase-.
Los cuatro se giraron y encontraron a Jeff en la puerta, mirando a Remus sonriendo con ironía cansada.
- Mira –continuó entrando en la habitación-. No sé si es que te gusta la autocompasión, o directamente no has asimilado lo que eres. Pero de un modo u otro, ya tienes edad para superar ambas cosas. Eres un licántropo, ¿Y qué? ¿Crees que es lo peor que le puede pasar a una persona? Tu infierno dura tres noches al mes. Hay gente que tiene que vivir en un infierno permanente. Y esos no caen en la autocompasión, sino que luchan para mejorar algo tu situación. Tú no puedes dejar de ser lo que eres, pero no quieres ver la parte buena del asunto. Si te hubieras fijado, habrías visto que tienes amigos dispuestos a cualquier cosa por ti. Que la gente que te conoce, poco le importa ese detalle de tu vida, pues se preocupan por ti y quieren darte su apoyo. Sino les dejas entrar, no te extrañe estar solo.
Les miró unos segundos a todos que se habían quedado sin habla. Las veces que Jeff había intervenido, había sido cauto y comprensivo. Oír esas palabras de boca del Williams tranquilo era sorprendente. Sin ganas de hablar más, Jeff se giró y volvió a salir de la habitación.
- Bueno –dijo Sirius rompiendo el silencio-. ¿Entonces vienes a Hogsmeade o no?
Remus retiró su vista de la puerta y miró a sus amigos desconcertado. Después, sin ser consciente aún de sí mismo, asintió despacio. Los otros tres no se lo pensaron dos veces y se apresuraron a obligarle a arreglarse antes de que cambiara de opinión.
OO—OO
- ¡En veinte minutos salen los carruajes! –exclamó Gis saltando por encima de la cama para coger su bolso-. ¡Kate! ¿Qué haces aún sin vestir?
Kate estaba aún en pijama, tumbada medio incorporada en su cama, que aún estaba sin hacer, únicamente tapada con la colcha. Estaba leyendo, o al menos, eso fingía.
- No voy a ir, Gis –dijo con voz cansada-.
- Pero, ¿Hablas en serio? –preguntó esta incrédula-.
Kate llevaba ausente desde el día siguiente a la luna llena. Les evitaba a todos más de lo normal, incluso más de lo que lo había hecho Remus, y había anulado sus planes de ir a Hosmeade con Gis. Esta no se lo había tomado en serio, sino que más bien lo había considerado una rabieta.
- Sí, es en serio –respondió Kate-. No tengo ganas de salir del castillo...
- ¡Pero es el único momento en que podemos comprar el vestido para el baile! –protestó Gis-.
- Por eso mismo, entre otras cosas... No voy a ir al baile.
- ¡¿Cómo?! –exclamó Gis unos decibelios más alto, y con todo el deseo de estrangular a su amiga. Esto provocó que Sadie, que estaba ordenando su baúl, la mirara mal-. Lo siento –se disculpó la latina para después volverse hacia Kate-. Kate, ¿Cuándo vas a dejar esta tontería?
La chica parecía dispuesta a contestarla, más que furiosa, pero Gis levantó el dedo índice haciéndola callar.
- Mira, te estás comportando de forma muy inmadura, y Sirius no tiene fama de tener mucha paciencia. Ni siquiera yo podría culparle si decidiera pasar de ti.
- ¡Pues felicidades porque creo que ya lo ha hecho! Desde el miércoles, ni me mira, ni intenta hablarme...
Antes de que Gis pudiera contestarla, la puerta se abrió y Grace y Lily entraron por ella.
- Tranquila Lils –decía la rubia-. No te preocupes por mi. Tampoco tenía muchas ganas de ir...
- No, escúchame –dijo Lily agarrándola del codo-. Sólo voy a comer con Mark. Pero después pasamos la tarde juntas. No voy a comprar el vestido con mi novio, no sería lógico... solo será un ratito...
Grace iba a contestarla cuando descubrió que las otras tres estaban pendientes de su conversación. Se rió ligeramente y se sentó en su cama buscando algo en su baúl. Gis agitó un momento la cabeza para concentrarse y volvió a retomar el tema con Kate.
- ¿A qué te refieres con que está pasando de ti? –la preguntó-.
Kate miró a su amiga y después a Grace, quien disimuladamente estaba pendiente de su contestación. Su relación se había vuelto a enfriar desde que Kate descubrió que Grace había dejado a Derek. Seguía convencida que la culpa había sido entera de la chica y la rubia tampoco hacía nada para sacarla de su error.
- No quiero hablar de esto aquí. Parece que hay demasiada gente interesada en el tema. –dijo mirando a Grace especialmente-. Y mi vida no es un circo para que nadie la mire, sobretodo aquellas cuya vida sí que está patas arriba...
Grace saltó lo que tenía en la mano con fuerza y se levantó para encararla.
- Ya vale Hagman –la escupió furiosa-. ¿Quieres decirme algo? Pues adelante. Pero si no quieres que me meta en tu vida, ni mires en dirección a la mía.
- ¡Lo mismo te digo Sandler! –exclamó Kate incorporándose. Gis la miró extrañada. Esta no era una reacción típica de Kate-. ¿Qué haces queriéndome dar consejos sobre mi vida? ¿Qué sacas con esto?
- ¿Cómo que qué saco? ¡Solo quería ayudarte, desagradecida!
- ¡¿Ayudarme?! ¿Desde cuándo ayudas tú a la gente Grace? Siempre has estado preocupada por ti y nadie más, ¿Desde cuándo te has vuelto Santa Teresa? ¡Le vas rompiendo el corazón a la gente y luego nos quieres dar lecciones de moralidad a los demás!
Grace se acercó hasta quedar a escasos centímetros su rostro del de Kate. La morena tuvo que erguirse, pues Grace la sacaba unos centímetros.
- Al menos, yo al final sé cuando me equivoco y en quien debo confiar. No eres nadie para juzgarme.
Por una razón u otra, esto para Kate fue un golpe bajo. La sostuvo la mirada unos segundos y después salió corriendo de la habitación dando un portazo. Nadie se atrevió a hablar durante un rato.
- Esto... Grace... –comenzó Lily algo incómoda-. Lo mejor será que yo anule lo de Mark y nos vamos juntas a comer algo, ¿vale?
- Te he dicho que no Lily –protestó esta con una voz más dura de lo que quería-. Tú vete con tu novio, que cuando la cosa era al revés, yo no tenía problemas para dejarte sola... Además, se me han quitado las ganas de ir al pueblo...
- Grace, ¿Por qué no me acompañas a mi? –propuso Gis. Al ver que Grace se disponía a decir algo, añadió-. Lo digo por mi. Quiero ir a comprar el vestido y no quiero ir sola...
Grace la miró unos segundos hasta qu suspiró con fuerza.
- Vale, te acompañaré... –aceptó-.
- Yo me reuniré con vosotras después de comer –dijo Lily-.
- De acuerdo. -dijo Gis-. ¿Sadie, te animas?
Las otras dos giraron la cara hacia la chica. Estaba tan silenciosa que habían olvidado que se encontraba allí.
- ¿Yo? ¿Comprar vestidos? Creo que no. Además ya he visto muchos pueblos mágicos para que este llame mi atención. –respondió la chica con pasotismo-.
Marchó de la habitación bajo la mirada sospechosa de las tres chicas. Aunque Gis siempre era la más conciliadora, tampoco ella se fiaba del todo de la alemana después de lo que hablaron hace unos días.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
28 de septiembre de 1977
Antes de ir a clases, Gis, Lily y Grace habían acorralado a sus compañeros para hacerles hablar.
- Aquí hay cosas que no encajan, ¿Sabéis? –dijo Lily cruzándose de brazos-.
- Supongo que muchos nos deberéis explicaciones... –continuó Gis-.
- Muchas –coincidió Grace-.
- Tío, estas tienen complejo de Ángeles de Charlie –le dijo Sirius a James al oído. El chico rió la broma hasta que Lily le miró mordazmente y le hizo tragar saliva ruidosamente-.
Cuando todos estuvieron en silencio y les escuchaban, unos con más interés que otros, James aprovechó para decir algo antes de que comenzara el interrogatorio.
- Una cosa, queremos pediros algo. No es necesario que Remus se entere de todo lo que ocurrió anoche. Es muy sensible en cuanto a lo que puede hacer cuando está transformado, así que hemos decidido decirle que jugando le rompió el brazo a Padfoot –dijo señalando el brazo de su mejor amigo-, ya que es al único que no podemos ocultarlo. Podemos decirle que por un error, el resto os enterasteis, pero nada más. Por favor.
El resto asintió y acordaron decirle esa pequeña versión al chico. Pero aún quedaban varias incógnitas y las chicas no tenían intención de esperar para resolverlas. Así pues, en un instante llovieron diferentes preguntas a la vez.
- ¿Qué es eso de que sois animagos? –preguntó Gis mirando a los tres amigos-.
- ¿Y lo de Remus? ¿Desde cuándo? ¿Cómo es posible? –preguntó Grace atropelladamente-.
- ¿Cómo sabías dónde estaban y qué hacían? –le preguntó Lily a Sadie directamente-.
Peter rió disimuladamente por la avalancha de preguntas y se acomodó para oír las respuestas.
- Vale –dijo Sirius con las manos en alto-. De uno en uno.
Las chicas se miraron entre sí, y luego miraron a los chicos para indicarles que comenzaran ellos.
- Somos animagos para poder estar con Remus en la luna llena –dijo James encogiéndose de hombros-. Como animales no pasa nada. Claro, a no ser que alguno se meta por medio... –dijo mirando a los hermanos Williams-.
- Pero de lo de Remus... –comenzó Grace-.
- De pequeño le mordió un hombre lobo. Lleva así desde antes de entrar en Hogwarts, y las enfermedades mensuales o las visitas a casa son solo excusas para faltar. El director le hizo un pasadizo para que entrara en la casa de los gritos y permaneciera allí mientras estuviera transformado. Era la única forma de que le dejaran estudiar aquí.
Para sorpresa de los tres chicos, la que respondió eso fue Gisele.
- ¿Tú lo sabías? –preguntó Peter incrédulo mientras Sirius y James miraban con sospecha a Lily y Kate respectivamente-.
- Me lo dijo Rachel hace tiempo.
- Jamás pensé que Rachel lo contara –dijo Sirius más para sí mismo que otra cosa-.
- Solo a mí, y porque sabía que yo no diría nada. Me lo he callado durante dos años, no voy a empezar a hablar ahora –dijo la chica ofendida-.
- Vale, vale. No pasa nada. Todos somos amigos de Remus, esto no va a salir de aquí –intervino Lily-. Ahora, Sadie, ¿Por qué no me cuentas cómo sabías dónde estaban y todo lo de Remus?
La chica miró con frialdad a cada uno de ellos, deteniendo su mirada un instante sobre su hermano. Al final suspiró.
- De acuerdo. Quizá haya hecho trampa estos meses... –dijo encogiéndose de hombros-.
- ¿Qué quieres...?
- ¿Sabéis lo que es legeremancia? –preguntó despreocupada-. Pues digamos que he estado hurgando en la mente de todos. No hay nada en lo que hayáis pensado en el último mes que yo no haya sabido.
Esta declaración les dejó a todos helados en el sitio durante unos instantes. Luego hubo varias reacciones diferentes. Las chicas no estaban, digamos, muy contentas con el hecho de que alguien hubiera pedido oír sus pensamientos y conocer sus secretos. James se sintió especialmente herido porque él había sido quien más había aceptado a la chica. Sirius, raro en él, no habló ni mostró su opinión. La sensación de deja vú con su familia era tal, que le dejó sin palabras. Peter les miraba a todos sin saber aún cómo debía sentirse. Y Jeff lanzó a su hermana la típica mirada de "te lo dije"...
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Durante los siguientes dos días, todos le hicieron el vacío a la morena sin que esta lo notara especialmente, tan acostumbrada a la soledad. Después, y tras un profundo esfuerzo, ella se disculpó con todos ellos y la hicieron prometer que no volvería a hacerlo. Lo prometió en voz alta, jurándose interiormente que ella haría lo que quisiera, como siempre.
Ahora ya la relación con los demás se podía llamar cordial, pero evitaban mirarla muy de seguido a los ojos, solo por si acaso. A fin de cuentas, todos tenemos secretos que no queremos compartir...
OO—OO
En la sala común de Slytherin el ambiente estaba incluso más animado que en la de los leones. Los alumnos de tercero también estaban como loco de contentos y los de primero y segundo rabiaban por no poder ir a Hogsmeade. Por supuesto, también había chicos y chicas de cursos inferiores esperando a sus citas. Sin embargo, la gran diferencia estaba en el amplio grupo de alumnos de séptimo que estaba aún más eufórico que el resto de la semana. Hoy sería el día de su iniciación como mortífagos.
Acostado contra la pared con expresión aburrida estaba Regulus Black. Casi le asqueaba la emoción de los presentes. Ninguno se comportaba con la dignidad, elegancia y saber estar a la que estaba acostumbrado de ver en las grandes familia de la realeza como la suya propia. Caer tan bajo como para dejar ver sus emociones... Aquello parecía más propia de gryffindors que de futuros mortífagos.
- Muy bien –dijo una vez que todos los convocados estaban presentes. Todos se callaron al oir su voz. Regulus dejó escapar una pequeña sonrisa, al ver cómo alumnos del último año obedecían cada orden de un chico de sexto-. Ahora id bajando al pueblo en parejas o grupos pequeños. No quiero que nadie hable de esto fuera de aquí, ni siquiera cuando creáis que estáis a solas. No quiero el más mínimo fallo. Nadie debe sospechar nada. Quedamos en la pared este de Cabeza de Puerco a las tres y media.
Tras las palabras del ahora heredero de los Black, los demás obedecieron, saliendo poco a poco de la mazmorra. Por supuesto tuvieron cuidado de que no se les viera a todos juntos. Satisfecho, Regulus se acercó a su grupo más cercano.
- ¿Estamos todos? –les preguntó-.
- Falta Severus –contestó Mulciber señalando con la cabeza en dirección a los dormitorios-.
Efectivamente, Severus estaba en los dormitorios, con sus blancas manos apretadas con fuerza en su capa, que sostenía en sus brazos contra su cuerpo. Tenía la vista fija en una pared, y cualquiera pensaría que miraba al infinito. Pero Severus sabía muy bien qué había en esa dirección, y a falta de ventanas en esa mazmorra, vislumbraba en su mente el grandioso campo de quidditch, y casi podía oler la hierba y oír los vítores propios de todos los partidos. La mente de Severus estaba muy lejos en el tiempo, en una escena ocurrida en las gradas de ese mismo campo, poco tiempo antes de que perdiera la amistad de Lily para siempre.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
24 de enero de 1976
Severus llevaba rato buscando a Lily por el castillo. Habían quedado en la Biblioteca para estudiar pociones, pero la pelirroja no había aparecido. Rendido, decidió salir al exterior, pese a que su mente le decía que ni Lily ni nadie con lógica estaría fuera con ese tiempo. Los jardines estaban vacíos, cosa que ya se imaginaba. A lo lejos, y con dificultad por el viento, oyó exclamaciones y vítores. Según se iba acercando, pudo ver que el equipo de gryffindor estaba entrenando en el campo. Decidió retirarse antes de que le vieran y decidieran divertirse a su costa. Sin embargo, una mancha roja en las gradas le hizo dar media vuelta. Fijó bien la vista y confirmó que era Lily la que estaba viendo el entrenamiento.
Subió las gradas con cuidado de que Black, Pettigrew y Lupin, que estaban presenciándolo junto con otros, no le vieran. Llegó hasta la última grada, donde Lily estaba sola sentada en el frío asiento. No le había visto llegar. Su mirada estaba fija en uno de los integrantes del equipo, pero su mente parecía estar más lejos aún. Esto le dio la oportunidad de observarla con detalle y pensó que era imposible que existiera una chica más bonita en toda la escuela. No, en todo el mundo mágico. Llevaba un abrigo muy gordo, de borreguillo y la bufanda de gryffindor atada al cuello. Tenía su característico pelo rojo suelto, solo apartado de la cara por una diadema. El viento se lo enredaba y desenredaba con furia.
Se acercó a ella y la apartó un mechón de la cara. Ella le miró, y después le dedicó una leve sonrisa.
- Hola Sev –le saludó para volver a mirar el campo-.
- Hola Lis. ¿Por qué no has ido a la biblioteca? –preguntó, intentando esconder el resentimiento que le daba el pensar que Lily prefería ver a sus bravucones compañeros entrenar, antes que estudiar con él-.
La chica abrió los ojos como platos y apartó la vista del terreno para fijarla en su amigo.
- ¡Ay Sev! Lo olvide, lo siento –se disculpó mordiéndose un labio-. Hoy he tenido muchas cosas en la cabeza...
- ¿Estás bien? –la preguntó preocupado-.
- Yo sí –le respondió suspirando y mirando otra vez al equipo que les sobrevolaba-. Es Grace. Han amenazado a su familia –le contó mirándole de nuevo-. Los mortífagos –aclaró-. Ellos han declarado abiertamente que no apoyan ningún tipo de bando que infravalore a los hijos de muggles. Se lo han tomado peor aún porque ya contaban con ellos. Les han amenazado de muerte, Sev.
Severus se quedó en blanco unos instantes y después miró hacia el cielo, intentando enfocar el mismo punto que Lily. Cuando lo consiguió, solo pudo ver una coleta rubia moverse furiosamente, más de lo acostumbrado, habría sabido si la conociera bien.
- Seguro que no es nada –la susurró-. Seguro que no les pasa nada...
- Grace está muy preocupada. –le confió Lily-. Después de lo triste que ha estado estos meses, es lo que la faltaba... No quiero que les pase nada a ninguno de ellos, son muy buenas personas...
- Creo que habías dicho que eran unos pijos –dijo Severus alzando las cejas-.
Lily hizo un gesto con su mano enguantada.
- Una cosa no quita la otra... Han sido muy valientes al plantarles cara.
Severus asintió con la cabeza, y dejó que Lily apoyara la cabeza en su hombro.
- Sev –le llamó Lily tras unos minutos en silencio-. ¿Tú no estás de acuerdo con ellos, no?
- ¿Con quienes? –preguntó el chico-.
- Con los mortífagos. La mayoría son procedentes de Slytherin, ¿sabes?
- Ah.
- ¿Sev? ¿No estás de acuerdo con ellos, no? –repitió la chica al ser consciente de que su amigo no la había respondido-.
Severus la abrazó por los hombros mientras seguía mirando al cielo, esta vez a otro jugador del equipo.
- Jamás estaría a favor de nada que te hiriera a ti, Lis...
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Severus recordaba esa promesa hecha a su antigua amiga y a sí mismo. Sin embargo, hoy la iba a incumplir. La iba a incumplir porque era el único camino que había para él, porque no tenía nada que le atara a otro bando, y porque, Merlín le perdonara, había acabado creyendo las teorías de sus compañeros...
- Severus, ¿Estás listo?
Se giró para ver a Regulus Black, en la puerta de la habitación, recostado en el marco con una mano, con la elegancia que le caracteriza y de la que carecían la mayoría de los Slytherins.
Asintió con la cabeza, solo una vez. Recogió todo y caminó hacia su compañero con movimientos lentos, casi autómatas. Al girarse para cerrar la puerta dio un último suspiro.
OO—OO
Lily salió corriendo en dirección al vestíbulo, donde había quedado con Mark. Finalmente Grace y Gis irían juntas a Hogsmeade y después ella se les uniría en Las Tres Escobas, después de comer. De Kate no sabían nada, pero Gis insistía en que lo mejor en ese momento era dejarla sola. Por otro lado, Lily conocía de sobra a su mejor amiga para saber que ya se arrepentía de haber sido tan dura con ella.
Cuando llegó al vestíbulo tuvo que alzarse de puntillas para localizar a su novio. Mark la esperaba sentado en un banco de uno de los pórticos, con las manos en los bolsillos de la cazadora y silbando una canción. Se acercó a él sonriendo, y él la devolvió la sonrisa.
- Vamos –la dijo incorporándose, cogiendo su mano y tirando de ella hasta los carruajes-.
Cuando estaban a medio camino del pueblo, Lily comenzó a reírse.
- ¿Qué ocurre? –preguntó Mark confuso-.
- Nada, que acabo de recordar que hoy es nuestra primera cita. ¿Algo tarde, no? –le dijo divertida-.
- La verdad que sí –coincidió Mark riendo-. Pero bueno, podemos tomarlo como la primera cita. A fin de cuentas, llevo toda la semana casi sin verte. –la recriminó-.
Lily sonrió algo culpable. Era cierto que esa semana apenas había prestado atención a Mark. Sobretodo, había estado pendiente de la reacción de Remus y acosando a James cada vez que le veía hacer alguna burrada. Aún no se la había quitado el miedo del cuerpo de cuando le vio caer al suelo inconsciente. Se estremeció un poco al recordarlo. Mark se dio cuenta y la miró suspicazmente. Lily le sonrió para indicarle que estaba bien y el chico volvió la mirada el paisaje por la ventanilla.
Cuando llegaron, Lily bajó del carruaje seguida de Mark y anduvieron hasta la plaza del pueblo.
- Bien, ¿Y qué hacemos? –preguntó Lily-.
- ¿Qué te parece si vamos a comer donde Madame Pudipié? –propuso Mark tirando de ella-.
Lily suspiró pero asintió. Hizo una pequeña mueca de disgusto, que Mark no vio. Esto comenzaba a convertirse en la típica cita, sin nada diferente, sin nada especial.
OO—OO
Sadie caminaba con parsimonia por los pasillos cercanos al vestíbulo. Aún se oían las risas apagadas de los pocos que aún no habían cogido los carruajes. Se abrochó la túnica al pasar por el pórtico, el viento venía frío ese día. De repente, como llamada por alguien, sintió el impulso de moverse hacia un pasillo a la derecha. Avanzó al mismo paso y poco a poco fue oyendo unas voces. Estas no eran acompañadas con risas y bromas, sino más bien con susurros serios y apremiantes.
Con cuidado, asomó la cabeza por la esquina y vio venir a un grupo de chicos. No se atrevió a mirarles más tiempo por si reconocía a alguno. Volvió a esconder la cabeza y dio la vuelta, dispuesta a tomar otro camino.
- ¿Pero hay algún protocolo? Me refiero, ¿debemos seguir alguna pauta delante de él, Regulus?
Sadie se paró en seco al oír ese nombre. Aguantó la respiración para que no la escucharan y se mantuvo atenta a la conversación.
- Es más fácil de lo que parece –susurró Regulus Black. Sadie sabía que si no hubiera sabido de inmediato quien era, no habría reconocido su voz en ese susurro ronco-. Sólo inclinaros cuando los demás lo hagamos y hablad solo cuando se dirija a vosotros. Y no hablemos del tema aquí.
Los demás rompieron en susurros inaudibles y a los pocos segundos se callaron. Pasaron junto a Sadie para coger uno de los últimos carruajes. Esta se tuvo que esconder tras una estatua para no ser vista. La conversación no había sido muy larga, ni siquiera fructífera. Pero había valido para que la picara el gusanito de la curiosidad. De repente, sí la pareció interesante visitar Hogsmeade.
OO—OO
Poco antes, Jeff bajaba de la sala común tras haber puesto en su sitio a Remus. No era típico de él salir a un enfrentamiento, pero la situación lo había requerido. Aunque los chicos le habían invitado a ir a Hogsmeade con ellos, Jeff había rehusado la invitación. Algo le decía que lo interesante ese día estaba dentro del colegio.
Iba a salir a los jardines, cuando vio en un pasillo a su hermana con toda la pose de detective. Se acercó sigilosamente a ella y cuando llegó a su altura, miró por encima de su hombro, qué miraba. Solo eran los alumnos que hacían cola para coger un carruaje.
- ¿Qué miras? –la preguntó desconcertado-.
Sadie se sobresaltó al oír la voz de su hermano. Se dio la vuelta, le dirigió una mala mirada, y con las mismas, volvió a mirar al grupo de Slytherins.
- Cosas mías –contestó lacónicamente-.
- Ah, vale –se encogió de hombros. Ese día no le apetecía seguir con los juegos de Sadie-. ¿Al final vas a ir al pueblo?
- Sí, creo que me pasaré por allí un rato –le respondió Sadie sin apartar la mirada el grupo-.
- Bueno, yo me quedo por aquí, ¿vale?
- Muy bien. Diviértete. –le deseó avanzando hacia los carruajes, que el grupo ya había tomado, y sin mirar ni un momento a su hermano-.
Jeff se volvió a encoger de hombros. Después de 17 años no podía asombrarse porque su hermana fuera rara. Eso ya encajaba dentro de su normalidad.
OO—OO
- ¿Qué te parece si reservamos mesa en las Tres Escobas? –propuso Gis en cuanto Grace y ella pusieron un pie en Hogsmeade-. Luego, hasta que llegue la hora, podemos mirar por encima las tiendas que vayamos a ver.
- Claro, vale. –aceptó Grace sin mucho animo-.
Gis miró un momento a Grace, dudosa de si hablar.
- Grace, tienes que perdonar a Kate. Sea por lo que sea, últimamente está rara y no sabe lo que dice.
La rubia suspiró mirando al infinito.
- ¿Sabes lo que más rabia me da? –la preguntó al cabo de unos segundos-. Que hay una cosa que tiene razón. No se qué pretendo yo ahora... ¿Qué hago precisamente yo dándola a ella lecciones de moralidad? Me he pasado toda la vida siendo egocéntrica, egoísta y caprichosa... Y no me he dado cuenta de cómo son las cosas de verdad hasta que me han dado un buen sopapo. ¡Merlín, si ni siquiera me afectó saber que habían amenazado a mis padres! Lo único que me preocupaba por esa época era...
Pero se calló a tiempo. Gis no sabía nada de su antigua relación con Sirius y del fracaso de esta, y no había necesidad de que lo supiera.
- Bueno –dijo la latina pasando un brazo por sus hombros-. Es cierto que a veces eras insufrible pero siempre tuviste tu parte buena. Tú siempre fuiste positiva y alegre. Tú le quitabas hierro a los asuntos que volvían loca a Lily como prefecta.
- Tú, ayudándote de lo pija que eres –bromeó-, ayudaste a Rachel a conseguir la atención de Remus. Tú completabas mis chistes. Y, aunque ahora parece que se os haya olvidado, tú le hiciste ver a Kate que ella no era una simple niña mestiza del montón... Creo que todas nos hemos complementado de una forma u otra. Ninguna de nosotras somos perfectas. Además, si quieres mi opinión, plantar a ese ravenclaw es lo mejor que has hecho en mucho tiempo...
- Ha hecho falta que tropiece dos veces con la misma piedra...
Grace se contagió de la sonrisa de su amiga y la devolvió el abrazo.
- Tú siempre consigues animar a todo el mundo –la felicitó-.
- También yo cumplo mi labor –bromeó-. Vámonos ya, antes de que no podamos comer en todo el día –la apremió-.
OO—OO
Mientras tanto, en el castillo, Kate estaba tumbada en el sillón de la sala común. Se sentía mal. Se estaba comportando de una forma irracional y lo sabía, pero últimamente estaba conociendo sentimientos muy nuevos y encontrados. Envidia, celos, furia, resentimiento, orgullo... Por un lado estaba el tema de Sirius. Quería volver con él y era consciente que había tenido cien mil oportunidades de hacerlo y las había desaprovechado todas. ¿Por qué? El orgullo claro... Ese era el sentimiento más conocido, como buena gryffindor que era. Sin embargo, jamás lo había percibido tan fuerte dentro de sí misma.
Gis tenía razón. Se estaba comportando de forma muy inmadura. De antes no se atrevía a dar el paso porque la impresionaba que Sirius la mirara insistentemente, y ahora acababa de montar el berrinche porque esos últimos días él casi no la había mirado. Por no decir, que además tenía mucho sentimientos contra Grace. Celos por un lado. Nunca se había llevado especialmente bien con Sirius, incluso hubo una época en que se odiaban. Sin embargo, parecía que ahora se llevaban los suficientemente bien como para que su amiga la pidiera que le aceptara de nuevo. No podía evitar sentirse celosa de ello. Si hubiera sido cualquier otra, no habría tenido tanto problema, pero era Grace. Grace a la que siempre admiró por su elegancia y saber estar. La misma Grace que comenzaba a envidiar cada vez de forma menos sana. La misma Grace con la que no podía evitar sentirse resentida por lo mal que se lo estaba haciendo pasar a Derek. Sino fuera ella, y no habría pasado todo eso, puede que no sintiera de repente tantos sentimientos malos hacia ella...
- Disculpa –una pequeña de primero la interrumpió sus pensamientos-. ¿Tú eres Kate Hagman?
- Sí –la contestó-. ¿Te conozco?
- No, pero un chico está fuera del retrato preguntando por ti. –dijo la pequeña señalando la puerta cerrada-.
Kate se levantó del sofá despacio, con total seguridad de quién era su visitante. Por eso no se sorprendió de ver a Derek esperándola con una sonrisa.
- Venía a invitarte a tomar algo a Hogsmeade –la dijo antes de que pudiera saludarlo-.
- ¿A Hogsmeade? –preguntó Kate perdida-. Derek, los carruajes ya se habrán ido...
- Pues vamos a pie –propuso Derek-.
Kate suspiró y se apoyó contra la pared.
- No me apetece ir Derek. Estarán todas como locas comprando el vestido para el baile, y no me apetece ver eso...
- ¿Y tú no vas a comprar vestido? –preguntó Derek-.
Kate sonrió por la aparente inocencia de su amigo.
- Si todo sigue a un ritmo tan lento, dudo que me haya reconciliado con Sirius para entonces. –suspiró-.
Derek dejó pasar unos segundos hasta que habló.
- ¿Y por qué no vienes conmigo?
- ¿Qué? –preguntó Kate incrédula-.
- Bueno, podemos ir como amigos. Dado que nuestra vida sentimental es un desastre, me encantaría compartir esa noche contigo...
Kate se quedó en blanco, mirándole con la boca abierta. Sacudió la cabeza para despejarse.
- Derek, no sé si...
- Aunque sea hazlo por mí –la interrumpió el chico. Al verla aún indecisa la hizo un puchero que hizo reír a la muchacha-.
- De acuerdo, ¿Por qué no?
- Entonces te llevaré a comprar el vestido más bonito –la dijo mientras agarraba su mano y la ponía en su brazo, y la arrastraba hacia la salida del castillo-.
OO—OO
- Vaya jaleo montan las chicas -se quejó Peter mientras esquivaba a un emocionado grupo de chicas que casi les arroya en el impulso de las compras-.
- Es que tienen que comprar vestiditos con volantes y lacitos rosas –exclamó Sirius imitando un tono de voz femenino en son de burla. James rió, pero el grupo que estaba más cerca le echó tal mirada a Sirius que este decidió cambiar de tema en el acto-. Esto... próxima parada, ¡Zonko!
Trotó con entusiasmo pegándole un pequeño codazo a Peter con el brazo bueno.
- Padfoot, ten cuidado con ese brazo... –le recordó Remus-.
Sirius bufó. Remus parecía tardar en olvidarse del dichoso brazo. Hasta él lo habría olvidado de no ser por lo molesto que era dormir boca arriba.
- Relájate Moony... –le dijo pasándole el brazo bueno por los hombros-.
- ¡Quejicus el último! –exclamó James de pronto, echando a correr. Peter lo siguió casi al instante-.
- ¡Mierda! –exclamó Sirius echando a correr tras ellos-.
Remus sonrió ante el gesto de sus tres amigos, pero enseguida se dispuso a seguirles. Por supuesto, llegó el último, y tuvo que soportar las bromas de los chicos.
- Vale vale –aceptó levantando los brazos en son de paz-. Supongo que con la que lié el otro día me merezco ser quejicus...
- Te dejamos ser quejicus hoy, siempre que dejes ya el tema tío –le dijo Peter, a lo que los otros dos asintieron-.
Remus se encogió de hombros, y después sonrió de medio lado, frotándose el cuello. Ese era su lado merodeador en estado puro.
- Genial –dijo James pasándole el brazo por el hombro-. ¿Qué necesitamos de aquí?
- Galletas explosivas, varitas trucadas... –comenzó Peter que parecía haberlo memorizado-.
- ¿Y esto? ¡Es nuevo! –exclamó Sirius desde el estante del fondo. Todos corrieron hacia allí para verle señalar maravillado un escaparate-.
- ¿Gafas espía? –leyó Remus algo inseguro. Viniendo de Zonko, podía esperarse ya cualquier cosa-.
- ¡Genial! –exclamó James-. Me compro unas, yo no llamaré la atención por llevarlas puestas –rió y alegrándose por primera vez de su miopía-.
OO—OO
Grace y Gisele paseaban por la calle principal de Hogsmeade a la espera de que diera la hora de su reserva para comer. Miraban distraídas los escaparates, echándole el ojo a algún que otro vestido.
- ¿Has pensado en algún color en especial? –preguntó Grace-.
- No. –contestó Gis mirando otro escaparate-. No tengo ninguna idea preconcebida... ¿Y tú?
- ¿Yo? Yo no voy a comprar nada Gis. No voy a ir al baile.
- ¿Por qué? –preguntó entonces Gis volviéndose hacia ella-. Sinceramente, dudo que tengas problemas para encontrar una cita ¿Sabes?
- Pues por eso. No quiero estarme con citas ahora, ni con nada parecido... Mejor aireémonos un poco –rió-.
Gis rió y apartó la mirada, mirando un vestido turquesa de un escaparate con la sonrisa aún fijado en el rostro.
- ¿Y tú? –preguntó Grace-. ¿Ya tienes cita? ¿Con quién vas?
Gis sonrió más, lanzándole una mirada enigmática a su amiga, pero se calló la respuesta.
OO—OO
Lily se quitó la pequeña chaqueta que llevaba encima del vestido agobiada. Para ser octubre, el día era bastante frío. Sin embargo, dentro del salón de té, el calor era insoportable. Miró a Mark que estaba sentado al otro lado de la redonda mesa decorada con un mantel rosa. Él miraba hacia las otras mesas, donde las demás parejas estaban en el estado más empalagoso del momento. Parecía tan incómodo como ella, pero cuando se giró, la dedicó la más radiante de las sonrisas.
- Hola queridos –saludó madame Pudipié llegando hasta ellos con su imponente figura y su siempre impecable moño negro-. ¿Qué os pongo?
- Esto... –comenzó Mark indeciso-.
- Dos cafés –dijo Lily sacando a su novio del atolladero-.
La mujer se marchó a por el pedido y volvieron a quedarse en silencio. Lily pensé que quizá el ambiente era demasiado recargado para estar cómoda. Nunca había tenido problemas para hablar con Mark.
- ¿Hiciste la redacción de Pociones? –preguntó Mark para sacar un tema-.
- Sí, la acabé el miércoles –contestó Lily-.
- Ah –y otra vez el silencio-.
- Aquí tenéis –dijo madame Pudipié cuando llegó con los cafés-.
Lily bebió el suyo en silencio y muy deprisa. Casi tenía urgencia para salir de allí. Bebió tan de prisa que el líquido ardiente la quemó la garganta. Tosió en voz baja repetidamente para pasar desapercibida.
- Que raro –murmuró Mark-.
- ¿Umh?
- No sé de qué hablar –contestó Mark algo sonrojado-. Contigo nunca he tenido ese problema, solo que aquí estoy algo...
- Incómodo –terminó Lily contenta de que Mark se sintiera igual que ella-. Si a ti tampoco te gusta este sitio, ¿Por qué me has traído aquí?
- Bueno, es lo que se suele hacer ¿no? Nunca he tenido novia, y el tiempo que he estado contigo hasta ahora, no era nada parecido a una cita. Y como no sé qué hacer en una, creí que lo mejor sería imitar a los demás. Roger me dijo que este era un sitio muy popular y...
Hizo un gesto con las manos como señalando lo evidente. Lily soltó una risita.
- ¿Y a ti por qué no te gusta este lugar? –quiso saber Mark-.
- Bueno, demasiadas experiencias aquí. Demasiadas citas –rió-.
- Tú ganas...
- Bueno, en la salida de San Valentín ya sabemos dónde no ir –dijo Lily con voz solemne-.
Mark no contestó, solo que hizo un ruido raro, como un gruñido, al tiempo que el rostro se le contraía.
- ¿Qué pasa?- quiso saber Lily-.
- Es que... –se removió en su silla-. Vale, veras: Si todos mis planes salen bien, en San Valentín no estaré en Hogwarts. Pedí la beca Merlín. Mis padres le hacía ilusión que fuera a Beauxbatons.
- ¿Te vas a ir? ¿Por medio año? –preguntó Lily con un enfado que iba aumentando cuando Mark asintió con la cabeza-. ¿Y puedo saber cuándo pediste la beca? –exigió. Llevaban saliendo suficiente tiempo como para que el tema saliera a relucir-.
- El jueves.
- ¿Este jueves? –dijo Lily con voz chillona. ¡La había pedido cuando ya estaba saliendo con ella!-. ¿Y por qué? ¿Tan aburrido es Hogwarts? Y lo peor, ¿Cuándo pensabas contármelo?
Mark pareció sorprendido y luego ofendido.
- Me parece que estás haciendo una playa de un grano de arena.
- ¿Disculpa?
- Pues eso. Lo hice el jueves y te lo cuento hoy, que es sábado. Solo ha pasado dos días y me pareció mejor que lo habláramos hoy que tenemos tiempo de sobra.
- ¿Y por qué la has pedido?
- Porque es una oportunidad única que tengo que aprovechar. Mis padres no habrían podido costearse jamás algo así y sería fantástico poder estudiar otra cultura. Pensé que tú lo entenderías.
- Ya ves que no puedo entender el egoísmo... –espetó Lily furiosa-.
- ¿Egoísmo? –preguntó Mark atónito-. ¿Dónde está el egoísmo?
- ¡En que pretendes dejarme sola medio año y que te esté esperando cuando vuelvas! –estalló Lily. Se había levantado del sitio y le miraba profundamente enojada-.
Mark miró alrededor y vio que todo el mundo les estaba mirando. Tragó saliva y se sonrojó violentamente por ser el centro de atención, pero no dijo nada.
- He quedado con las chicas. –anunció Lily poniéndose el abrigo-. En mi ausencia puedes apuntarte a otra estúpida beca.
Y se marchó con toda la elegancia de la que fue capaz, pues se había golpeado la rodilla con la mesa al girar. Eso sí, el orgullo gryffindor por encima de todo.
OO—OO
Jeff dejó caer la pluma contra la mesa. Ya había terminado los deberes y había estado garabateando en un pergamino distraído. Bufó en voz baja. Se aburría y, lo peor, no encontraba su tablero de ajedrez. Pensó que quizá debería haber aceptado la invitación de los chicos de ir con ellos a Hogsmeade. Sin embargo, seguía persiguiéndole la sensación de que es allí dónde debía estar, que ahí estaba lo interesante... Pero, ¿Qué podía ser interesante rodeado de niños de 11 y 12 años?
Se levantó decidido a dar una vuelta, cruzó el retrato y paseó con parsimonia por todo el castillo. Estaba desierto, sólo se cruzó con dos fantasmas por el camino. Se abrochó el cuello de la túnica y salió al exterior. El cielo estaba poniéndose negro, como si amenazara tormenta, y el viento, aunque era flojo, estaba cada vez más helado. Suspiró aburrido y paseó sin rumbo por el exterior. Algo le llevó hasta el campo de quidditch, que estaba vacío ese día. Se sentó en una de las gradas inferiores y miró al cielo esperando ver caer las primeras gotas de lluvia.
De pronto un siseo llamó su atención. Miró en la dirección de la que provenía, como si alguien estuviera en el tejado del castillo. No, no había nadie en el tejado. Era una escoba que estaba sobrevolándolo. Pronto, la escoba y la persona que la conducía se acercaron al campo de quidditch. Jeff solo podía ver una figura montando con maestría, sin poder distinguir a nadie.
Al cabo de unos minutos, la escoba descendió y aterrizó en el centro del campo de quidditch, y Jeff pudo ver a la ocupante. Era una chica bajita, de buen cuerpo, pelo castaño con mechas rojas y unos grandes ojos marrones. La conocía de haberla visto en repetidas ocasiones en la sala común, en el comedor y con los demás componentes del equipo de gryffindor. No conocía su nombre, pero sintió que las otras veces no se había fijado en ella, pues había obviado muchos detalles. No detalles físicos, sino los que le ponían más nervioso. Esa chica desprendía algo, y no sabía el qué.
La miró en la distancia mientras ella metía su escoba con cuidado en una larga funda. No se había percatado de la presencia de él. Sintió el impulso de acercarse, no para hablar con ella, sino para poder descifrar que era lo que desprendía esa chica. Cuando estuvo a unos cinco metros escasos de su espalda lo vio. Le vino de nuevo, otra visión, otro destello de un posible futuro, algo que se iba dibujando en su mente poco a poco...
Era una imagen agradable y pacífica. La misma chica que estaba frente a él, aunque más adulta, más serena y más madura. Estaba en una especie de cama, pero no parecía enferma o cansada en absoluto. Sonreía abiertamente a algo que no abarcaba a ver su mente. De pronto apareció otra figura con algo en brazos, un pequeño bulto que puso en los brazos de la chica y que lo miró como si fuese la cosa más bonita que podría existir en el mundo. La imagen le hizo sonreír y deseó ser partícipe de una felicidad semejante.
- Es lo mejor que me ha pasado en la vida –dijo la chica sin apartar la mirada del bulto. Posó su mano en ella y rió, con una risa algo escandalosa y chillona, cuando levantó la mano y otra manita mucho más pequeña sujetaba la suya-. ¿Ves cómo me reconoce?
- No puedo creerlo –dijo otra voz, esta vez masculina, emocionada-. Parece irreal...
- Nuestro milagro –apuntó la chica orgullosa y sonrió a su acompañante que Jeff no consiguió ver hasta que estuvo con ella y se sentó a su lado, ambos contemplando al pequeño bebé con la sonrisa tonta impresa en la cara-.
Le dio un vuelvo enorme al corazón, cuando vio al hombre. Sabía quien era, había visto cien mil veces sus ojos, su nariz, su pelo, incluso la postura. Le veía todos los días, al mirarse al espejo. Era él... él en el futuro...
No se dio cuenta de que se había quedado paralizado, hasta que la chica dio media vuelta y le encontró allí, plantado delante de ella. Le miró algo ceñuda pero él era incapaz de cambiar la expresión. Estaba completamente paralizado.
- Yo a ti te conozco. ¿No eres el hermano de Williams? –preguntó la chica confusa y algo molesta por la actitud de él. Su voz era más chillona que en la visión-.
- Eh, sí –consiguió decir Jeff cuando salió del aturdimiento-. Sí. Soy Jeff. –se presentó alzando la mano para estrechar la suya-.
Ella sonrió ante el gesto amable. Lo único que pensó Jeff en ese momento es que le resultaba evidentemente atractiva.
- Yo soy Nicole –se presentó ella estrechándole la mano-. Juego con tu hermana en el equipo.
OO—OO
- Una gran comida –dijo Sirius saliendo de las Tres Escobas y frotándose el estómago-.
- Estoy de acuerdo –coincidió Peter haciendo el mismo gesto-.
- Como para que no penséis eso –intervino Remus con voz divertida-. Prongs y yo hemos tenido que pelear duro para lograr comer algo.
- Aquí el que no corre, vuela –se disculpó Peter encogiéndose de hombros-.
- La próxima vez nos ponemos en una mesa aparte, Moony –dijo James riéndose-.
- Pues mira, quizá deberíais –coincidió Sirius sonriendo-. Así comeréis y dejaréis de parecer tan enclenques.
Esquivó por poco una colleja por parte de Remus pero no le dio tiempo a apartarse cuando James le golpeó ligeramente el brazo haciéndole pegar un bote.
- ¡Maldito alce! –masculló entre dientes y corriendo tras su amigo que se alejaba riéndose-.
Era algo propio de ellos dos comportarse a veces como niños pequeños, y jugar a atraparse. Entraba dentro de su inmadurez y alegría, y a nadie le sorprendía ya. Eran James Potter y Sirius Black, y ese tipo de cosas estaban a la orden del día. Por eso nadie se volteó a mirarlos cuando les adelantaban corriendo y riéndose.
De repente James se paró de golpe, haciendo frenar a Sirius que le miró. James tenía en su rostro la misma sonrisa traviesa de cuando planeaba algo. Algo que generalmente solía incluir la humillación del algún Slytherin. Hablando de Slytherins, ese barrio parecía estar plagado.
- ¿Hay reunión de serpientes y no nos hemos enterado? –preguntó James sonriendo de medio lado-.
Sirius también sonrió cuando su amigo pronunció en voz alta lo que él estaba pensando.
- Que descorteses no invitarnos –dijo riendo-.
- ¿Y si nos hacemos notar? –sugirió James con mirada maliciosa-.
Sirius le devolvió la mirada y sonrió, pensando en alguna travesura que hacerles a sus "enemigos" naturales. Pasó la mirada por las caras de las serpientes y pudo ver que estaban allí prácticamente todos los del último curso. Parecían inquietos y miraban a todas partes nerviosos, ¿Acaso les esperaban? Se preguntó aumentando la sonrisa.
Paseó su mirada por el que parecía ser el grupo central y se detuvo en una figura en concreto. Gruñó, sin darse cuenta que lo hacía en voz alta, cuando vio a su hermano, tan parecido y a la vez tan diferente a él, entre ellos. James le miró al oír su gruñido y siguió su mirada, encontrando también a Regulus y perdiendo la sonrisa. Toda diversión contra los Slytherin quedaba suspendida cuando Regulus estaba por medio. Era una regla no escrita y no hablada, que simplemente había estado ahí siempre. Porque para hacerle partícipe de una broma pesada, ellos saben que Sirius debería fijarse en su hermano en concreto, y eso era algo que aún dolía al chico.
- Vámonos –le dijo James a su mejor amigo pasándole el brazo por los hombros y haciéndole girar-.
Sirius asintió con la cabeza y se dejó llevar de vuelta a la otra calle, donde los esperaban Remus y Peter con una sonrisa en los labios.
- ¿Qué habéis hecho? –preguntó Peter esperando oír otra gran historia-.
James se encogió de hombros y rió.
- Solo conocer un nuevo barrio de nuestro querido pueblo.
- La verdad es que hoy estamos siendo buenos, ¿Deberíamos preocuparnos? –preguntó Sirius habiendo olvidad ya la escena del callejón anterior-.
- Dejad descansar a la gente un día –sugirió Remus sonriendo-. Teniendo en cuenta lo nerviosas que están las chicas hoy, puede que no salgamos vivos si hacemos la más mínima broma.
Iban caminando sin rumbo, mezclados entre sus compañeros, y sin ningún tema en concreto, solo bromeando y riendo. En un momento, Remus pasó el brazo por el hombro de Sirius y le empujó a cambiar de dirección a la derecha.
- ¿A dónde vais? –preguntó James más adelante que ellos, pues Peter y él tardaron unos segundos en percatarse del cambio de dirección-.
- Quiero mandar una lechuza, vamos a correos –dijo Remus mirándoles significativamente-.
La imprudencia y el despiste les hizo girarse a ambos para saber qué era lo que Remus quería evitar. Lo vieron, pero demasiado tarde para que Sirius no lo descubriera también. Por esa calle iban paseando, con algo de prisa, Kate con Rumsfelt. Iban de la mano y parecía que Kate sonreía, aunque tímidamente. Los tres chicos volvieron a mirar a Sirius rápidamente. El chico tenía la cara de pocker, que le duró unos segundos hasta que, para sorpresa del resto, soltó una risotada.
- Eh –empezó Peter mirando a James que estaba a su lado-.
- ¿Con Rumsfelt? –preguntó Sirius en voz alta, aunque con un tono divertido. Los demás le miraron alzando las cejas. El chico agitó un brazo como quien espanta una mosca-. Vamos, va a necesitar algo mejor que eso para darme celos... ¡Las chicas son patéticas! –y volvió a reírse. En el fondo no se sentía tan despreocupado. Confiaba que dejando de atosigarla a miradas, lograría un acercamiento por fin, pero no parecía haber funcionado-.
- Acabo de recordar que yo también quiero mandar una carta –dijo James comprendiendo que lo único que Sirius buscaba, era que dejaran el tema aparte. Su amigo era demasiado orgulloso como para dejar a ver sus verdaderos sentimientos en medio de la calle-.
OO—OO
- Hola chicas –saludó Lily con voz enfadada cuando llegó hasta donde la esperaban Grace y Gis-.
- ¿Te pasa algo Lils? –preguntó Grace acercándose más a ella-.
- ¿A mí? No veo que me puede pasar –contestó sarcásticamente para después bufar-.
Grace alzó las cejas algo divertida y a la vez interesada por el estado de Lily. Le cogió del brazo y empezó a andar con Gis a su lado.
- Nos lo cuentas mientras empezamos a mirar.
- ¡Es que es un egoísta! –explotó Lily haciendo un puchero. Gis no pudo evitar soltar una risita, Lily de verdad se ponía muy graciosa cuando se enrabietaba-.
- ¿Por? –preguntó Grace aguantándose todo hasta que oyera la respuesta completa-.
- ¿Sabéis la Beca Merlín? –preguntó la pelirroja. Las otras dos asintieron-. ¡Pues la ha solicitado! ¡Sin preguntarme!
- No sabía que eras su dueña –contestó Gis en voz baja aún riéndose-.
- Es verdad Lily. No le veo el problema, solo es hasta junio, si se la conceden. Y le vendría muy bien si quiere optar a un puesto en el ministerio.
- ¿Pero qué hay de mi? –insistió Lily-.
- Lily –dijo Grace con un suspiro y armada de paciencia-. Míralo por este lado. La familia de Mark no es como la tuya o como la de Gis, y no digamos como la mía. Para él hablar de estudiar en otro país debe ser irreal, algo que no está dentro de sus posibilidades. Y ahora tiene una posibilidad, así que...
Lily se quedó pensando en eso. No lo había visto de esa manera, sino que se había empeñado en verse a sí misma como la mártir. Se mordió el labio al darse cuenta de lo exagerada que había sido. Había tenido un ataque de histeria de los que tanto se reía, que patético.
- Ya te disculparás luego –la dijo Grace adivinando sus pensamientos-. Ahora vamos a ver qué os compráis.
- ¿Os? –preguntó Lily-. ¿Y tú qué?
- Dice que no quiere comprar nada, ¿Qué te parece? –intervino Gis-.
- Una idiotez.
- Gracias por vuestra opinión –dijo Grace-. Pero yo estoy aquí como mera consejera y para pasar el rato, así que empecemos antes de que las slytherins arrasen con todo. Serán unas asquerosas serpientes, pero la verdad es que todas ellas tienen un gusto exquisito.
- Tanto a ellas como a ti la pijería os viene de nacimiento –dijo Gis riendo-.
Grace se encogió de hombros riendo. Negar eso era absurdo.
- Mi querida Lily, ¿Tienes algún color preferente? –comenzó en tono profesional-.
Lily se rió.
- Me fío completamente de ti, ya lo sabes.
- Genial –dijo Grace sonriendo con algo de maldad-. Sois mis conejillos de indias, ya no vale arrepentirse.
Y antes de que pudieran detenerla comenzó a andar por la tienda de Tiros Largos Moda, la más selecta tienda de moda de Hogsmeade. Si iban a empezar una larga caminata, mejor empezar por el mejor sitio.
La rubia iba de un estante a otro cogiendo vestidos, y desechando algunos a su paso. Gis y Lily apenas podían seguirla el ritmo y se miraron asustadas cuando vieron el desorden que había creado Grace en un momento. La aludida volvió con el pelo algo revuelto y jadeando, pero sonriente.
- Ha costado, pero la he quitado a una Hufflepuff un vestido que creo que te quedaría de maravilla Lily. Por si acaso no te gusta, tengo tres más aquí para que te los pruebes. Y estos cinco son para ti, Gis.
Las chicas la miraban asombradas y quizá algo asombradas por esa reacción. Claro esta, que ninguna había ido de rebajas con Grace. Las dos sintieron un fuerte empujón que las obligó a avanzar un paso hacia Grace. Se dieron la vuelta para ver a un grupo de chicas de Ravenclaw mirando frenéticas un montón de vestidos.
- Aquí hay una 40 –dijo una de ellas levantando un trozo de tela roja-.
- ¿Tengo pinta de usar una 40? –contestó una voz molesta, oculta tras el montón-. Una 38 chicas, no es tan difícil de encontrar.
La segunda chica se movió buscando, y cuando vio a las tres amigas se paró en seco. Las dedicó una amplia y forzada sonrisa.
- ¡Hola chicas! –las saludó Jane-.
- Hola.
- ¿Qué tal, Green?
- Igual que vosotras –dijo moviendo su larga melena rubia hacia atrás-. He encontrado un vestido precioso, pero no acabo de encontrar mi talla. –dijo haciendo un puchero fingido-.
Grace miró el vestido que sujetaba la chica, solo un momento.
- ¿Es el vestido rojo de tirantes ladeados de la colección de Bruja Pasión de Brigitte Lambert? –preguntó con seguridad-.
- Sí –la contestó Jane sorprendida-.
- Los tirantes tienen un hechizo para ajustarlos, llévalos a la dependienta y con un solo conjuro el vestido quedará a tu medida.
- Vaya. Gracias Sandler –dijo Jane mirándola algo extrañada-.
Grace se dio la vuelta para empujar a Lily y Gis hacia los probadores. Entraron las tres en un mismo probador.
- ¡Venga, venga! –apuró Grace-.
- ¡Oye Grace, pisa el freno! –protestó Gis cuando la rubia la quiso quitar ella misma la camiseta-. Hemos venido a buscar unos vestidos y a pasar un buen rato, pero si llegamos a saber que te ibas a convertir en una pija compradora compulsiva, te habríamos dejado en el castillo.
- Perdón, es la emoción de una tienda llena –dijo Grace. Luego puso cara de pánico y se llevó las manos a la cabeza-. ¡Merlín! ¡Me estoy convirtiendo en mi madre! Si sabría que al final ocurriría, me he dejado meter en la secta y he cruzado la línea... –ante semejante discurso, Lily la dio un buen pisotón-. ¡Ay! ¡La madre que te...!
- ¡Eh! –exclamó Lily con un dedo levantado-. No te pases. Además lo he hecho por ti. Ahora ya no eres como tu madre, ella jamás diría una expresión tan malsonante.
Las tres rieron y comenzaron a probarse ropa, mucho más relajadas y divertidas. Se probaban unos vestidos, luego otros, y luego volvían al vestido anterior. Vamos, una tarde de compras como cualquier otra.
- Vaya –dijo Lily mirándose al espejo-. Que pena...
Llevaba un precioso vestido azul claro con finos tirantes y falda de vuelo de pico a la altura de la rodilla. Pero aquello sobraba por todos lados...
- Ya te dije que tenías que engordar, Lily –dijo Gis riéndose y dando vueltas con un vestido violeta oscuro con toques azulones, de cuello de barco, falda por debajo de la rodilla y con un gran agujero a la espalda-. Pues a mí este me encanta. A Anthony le gustará...
- ¿Anthony? –preguntaron Grace y Lily a la vez con una sonrisita en los labios. Rieron cuando Gis se tapó la boca con las manos-. ¿Hay algo que no nos has contado? –preguntó Lily riéndose también-.
- ¿Cómo por ejemplo, quién es Anthony y por qué la va a gustar el vestidito? –continuó Grace-.
- Bueno vale –se rindió Gis algo sonrojada-. Como lancéis sonrisas tontas, la tenemos... Anthony es un chico con el que estoy saliendo...
- ¿A qué curso va?
- ¿Y a qué casa? ¿Le conocemos?
- Ya salió de Hogwarts, es dos años mayor que nosotras. Es el hijo de unos amigos de mis padres... –Lily y Grace rieron tontamente con eso de "mayor"-. ¿Qué os he dicho? –exclamó más sonrojada aún-.
- ¿Pero va a venir entonces? –preguntó Grace casi saltando-.
- Sí, bueno, no sabíamos si podía, pero el director le dijo que no había ningún problema en que él asistiera. Nos hacía ilusión y... –se aclaró la garganta y miró hacia otro lado-. ¿Qué os parece el vestido?
- Quizá haya que recortarle la falda y aumentarle el escote –sugirió Lily divertida-.
- Tonterías aparte... –contestó Gis ceñuda pero divertida-.
- Yo también creo que le va a encantar –dijo Grace mirando el vestido desde todos los puntos-. ¡Venga Lily que aún te queda por probarte el negro!
- Me da pena del azul –exclamó la pelirroja-. Es muy bonito, pero es para alguien con más curva que yo...
- ¡Eh, Grace! ¡Pruébatelo tú haber qué tal te queda! –dijo Gis-.
- He dicho que...
- ¡Ya sabemos lo que has dicho! –la interrumpió Lily-. Pero eso no incluía el que no puedas probarte este vestido, solo por curiosidad –se quitó el vestidos y se lo tendió a su mejor amiga poniendo morritos-.
- ¡Está bien! –se rindió Grace con una sonrisa-.
Se lo puso con cuidado y se miró al espejo. Suspiró y sonrió. La quedaba como un guante, pero no tenía ninguna intención de comprárselo. Ya tenía muchos vestidos.
- ¡Estás guapísima! –exclamó Gis-.
- Te queda que ni hecho a medida. –dijo Lily sonriendo-.
- Es precioso –coincidió Grace dando una vuelta para mirarse de nuevo. Se encogió de hombros y comenzó a quitárselo-. Dejémoslo a la vista. Puede que alguna lo aproveche aún.
Miró a Lily que ya se había probado el vestido negro y que saltaba contenta. Este sí la quedaba bien y la gustaba. Las tres sonrieron divertidas. La búsqueda de vestidos había terminado.
OO—OO
Kate entraba a la tienda de moda más visitada de Hogsmeade arrastrada por Derek. El chico con sus chistes, la había hecho olvidar todo lo ocurrido esa mañana y sonreía divertida al verle mirando tan concentrado la ropa.
- ¿Ves algo que quieras ponerte? –le preguntó ella-.
- No, a mi no me quedaría tan bien como a ti –dijo Derek sonriéndola-.
- Nunca me ha gustado mucho ir de compras –confesó Kate algo avergonzada. Derek la miró y se rió. Al ver la mirada molesta de la chica, alzó las manos en son de paz-.
- Tú siempre eres diferente al resto en todo –la dijo acercándose peligrosamente a ella-.
Kate se apartó, molesta por la cercanía. Derek se mostraba amable y comprensivo con ella la mayor parte del tiempo. Eso era razón de sobra para darle su amistad incondicional, la única amistad que ella era capaz de dar cuando la daban cariño. Sin embargo, esa semana, tras haber terminado con Grace, le había notado algo diferente, más pegajoso, más interesado en verla a solas, demasiado cercano para su comodidad...
- Me siento mal en ir contigo como amiga. No quiero que Sirius lo malinterprete –le dijo por dos razones. Una era dejar claro sus límites, y otra porque de verdad le preocupaba este hecho-.
Derek movió la cabeza negativamente, con una sonrisa tranquilizadora.
- Nadie creería que hay nada entre nosotros que no sea una gran amistad, cuando yo acabo de romper con mi novia y tú estás en mi momento de pausa de tu relación ¿No crees? –Kate asintió sonriendo levemente-.
Kate siempre tan ingenua. Ella, por supuesto, no lo habría creído nunca. Pero eso no quitaba que el resto de la gente, más malpensados e inclinados siempre a creer lo peor de las situaciones, sí pensara que entre ellos había mucho más.
- Venga –dijo Derek volviendo a cogerla de la mano para arrastrarla por la tienda-.
No estuvieron mucho rato hasta que Kate encontró el vestido que la gustaba, además de que tampoco quería complicarse más. Se dirigieron hacia la caja a pagar, donde se encontraron con una sorpresa. Delante de ellos, en la cola, se encontraban tres chicas hablando risueñas hasta que les vieron.
Las facciones de Grace, Lily y Gis no tardaron en volverse más sombrías, sobretodo Grace que fulminó a Derek con la mirada. Él no se sintió incómodo en absoluto, sino que alzó la barbilla y la sonrió con coquetería cuando supo que Kate no le veía. Por su lado, la morena estaba sonrojada e incómoda. Gis no la miraba, Lily parecía molesta con ella, y aún no había hecho las paces con Grace, lo que la reconcomía enormemente. Tendría que hablar con ella, pero no en ese momento ni allí.
- Vamos –susurró Lily, en cuanto hubieron pagado, y cogiendo a cada una de sus amigas por un brazo y apartándolas deprisa de la vista de la pareja. Ninguna tenía ganas de estar cerca de ese sujeto-.
OO—OO
Estaban a punto de dar las cuatro y allí no aparecía nadie. Regulus se movió incómodo de un pie a otro. Ese era el único signo exterior de su nerviosismo. Aparte de eso, él tenía la apariencia serena y tranquila de siempre. Los que le miraban, preguntándole en silencio dónde estaban los dos mortífagos que debían conducirlos hasta el claro, solo se encontraban con su rostro imperturbable y su expresión serena.
- ¿No tardan mucho? –preguntó Mulciber nervioso-.
- No vendrán hasta que el Señor Tenebroso no esté listo. Él no llega nunca tarde, somos los demás los que llegamos antes –zanjó Regulus alzando la barbilla-.
Por la esquina proveniente del Bosque Prohibido aparecieron dos oscuras figuras. Le hicieron un gesto a Regulus sin acercarse, y este avanzó, con los demás siguiéndole.
- ¿Ha habido algún problema? –le preguntó el más cercano. Pese a que no mostraba su rostro, reconoció la voz dura y fría de Evan Rosier-.
- No. Están aquí todos y nadie ha sospechado nada –informó Regulus-.
Como respuesta, Rosier alzó más la barbilla y continuó andando a paso enérgico. A su lado, Antonin Dolohov, rió en voz baja, que sonó como un carraspeo seco.
- Hoy son bastantes –dijo orgulloso-. El Señor estará satisfecho.
- Están todos muy ilusionados –coincidió Regulus sin el mismo entusiasmo-.
Cruzaron el Bosque Prohibido a paso ligero, lo que provocaba que los demás alumnos tuvieran que correr más de lo común para seguirles el paso. Regulus había atravesado aquel lugar más de una vez en el último curso, por petición del Señor para recibir órdenes, y podía seguirles el paso sin problemas a sus compañeros mortífagos. Los demás alumnos, aunque les costaba algo más, no hablaron en todo el trayecto ni para hacer un ruido de queja cuando tropezaban con las raíces y los árboles caídos.
En poco menos de diez minutos llegaron al claro indicado. Allí había un pequeño grupo de figuras con capaz negras y máscaras blancas, que rodeaban a Lord Voldemort en persona. Algunos alumnos tuvieron que reprimir un suspiro de asombro ante el rostro de su futuro Señor. Tenía la piel blanca como el mármol, pero no estaba liso como ese material. A simple vista, daba la sensación de que si le tocaras la piel, tendría el mismo tacto que una serpiente. Su nariz humana no estaba, sino que la sustituían dos profundos agujeros, imitando también a la de una serpiente. Sus ojos, rojos e inyectados en sangre pasaban de uno a otro con prudencia, vigilancia, y, en último lugar, satisfacción. Esbozó una sonrisa que era todo lo contrario a algo cálido o alegre. Sus dientes puntiagudos y brillantes, eran más una amenaza que un recibimiento.
Severus, que estaba colocado entre Mulciber y Avery, consideró que Voldemort tenía más parecido con la serpiente que se arrastraba a su lado que con un ser humano. Reprimió un estremecimiento y se concentró en mantener su mente en blanco y las barreras alzadas.
Voldemort avanzó hacia ellos y se paseó frente a cada uno, analizándolos. No habló. Había ocasiones en que se paraba más de lo normal, pero después continuaba la marcha sin comentar nada. Paró frente a Severus y le miró directo a los ojos. Este tuvo que concentrarse mucho para mantener las barreras alzadas mientras le devolvía la mirada. Voldemort le miró un segundo más con curiosidad y después concentró su atención en Mulciber.
Cuando acabó, se separó algo más de ellos y se colocó en el centro.
- Acercaos, amigos –les animó con voz rasgada-. Comencemos con vuestra iniciación.
Tres mortífagos que estaban tras él, se adelantaron hasta un lugar donde había varios utensilios preparados. Antes de que ningún alumno pudiera reaccionar, estos habían colocado un gran caldero, prendiéndole fuego y creado una poción que no conseguían ver desde allí. Pronto el claro se lleno de humo y de un olor nauseabundo. Regulus giró un poco la cara por el olor, pero se mantuvo sereno e inmóvil en el lugar que le correspondía.
Voldemort se acercó al caldero, y con su varita extrajo algo negro de su muñeca izquierda y lo depósito en la poción que hizo un ruido tan fuerte, que algunos chicos se taparon los oídos. El Señor levantó la vista para mirarlos divertido e infravalorándolos.
- Será sencillo –dijo con voz aburrida-. Albert Avery.
El chico avanzó hacia él algo cauteloso pero seguro de sus pasos. Se detuvo a dos metros de Voldemort, quien en un gesto, le indicó que se arrodillara. Este lo hizo e inclinó la cabeza con respeto.
- Tiende el brazo izquierdo –exigió Voldemort extendiendo su mano izquierda en forma de garra-.
El muchacho lo hizo sin dudarlo, y el mortífago a la derecha de Voldemort, que Regulus distinguió como Rodolphus Lestrange, el marido de su prima Bellatrix, arrojó parte de la poción sobre el antebrazo de Avery, que se mordió los labios para no gritar. Voldemort posó su varita sobre la muñeca empapada y quemada del chico y pronunció un conjuro en un siseo que ninguno comprendió. El rostro de Avery se contrajo más del dolor y cerró los ojos y los labios con fuerza, para no gritar. Al cabo de un minuto, se relajó, y todos pudieron ver que en su brazo había aparecido la marca tenebrosa, de un color rojo hirviente, en vez del negro, debido a la quemazón de la piel.
Después de Avery, les tocó el turno a los hermanos Alecto y Amycus Carrow, que sufrieron el dolor como si este fuera una bendición. Regulus torció un poco el gesto ante la mirada loca de Amycus. Esos dos siempre habían sido raros, incluso para ser Slytherins. El masoquismo era su forma de vida.
- Samantha Hinkes. –llamó Voldemort-.
Un hombre que se había situado cerca de él, se removió incómodo y gruñó casi imperceptiblemente. Le distinguió como Oswald Gibbon.
- ¿Ocurre algo? –preguntó Regulus con voz queda-.
- En realidad nada. –contestó el aludido-. Solo que en este lugar debería haber estado mi hermana, pero la han permitido atrasar su iniciación. Que vergüenza para mi familia...
- Una sierva que no aporte nada, no sirve de nada –le dijo Regulus para tranquilizarle-. Cuando Marilyn esté lista, será una gran incorporación.
Gibbon asintió pero mantuvo el gesto de repudio. Regulus le ignoró y miró hacia donde Samantha volvía a su lugar en la fila y cómo Walden Macnair era llamado.
OO—OO
Sadie se apoyó en un árbol para poder atravesar ese basto suelo. Estaba en medio del Bosque Prohibido, hacia donde había seguido a Regulus Black y los demás. Sin embargo, estos habían aumentado el paso y les había perdido toda pista. Estaba a punto de rendirse, cuando un olor captó su atención. Era un olor rancio a quemado. Intentó rastrearlo, pero nunca había sido muy buena en ello. Tuvo la suerte de distinguir un humo intenso que venía del interior del bosque. Pensó que era suficientemente espeso para atraer la atención, pero luego se contradijo. Solo llamaría la atención desde su posición, y nadie en su sano juicio se habría adentrado tanto en el bosque.
Quizá Jeff tenía razón en que su curiosidad e intromisión algún día le costarían la vida. Sin embargo, no era algo que en ese momento la importara. Por una razón que desconocía, Regulus Black la intrigaba profundamente. Solía sentir curiosidad por la mayoría de las personas, sobretodo aquellos que demostraban tener algo diferente en sus vidas, o algo que esconder. Por eso la interesaban tanto James, Remus, Sirius o Snape. Pero el caso de Regulus Black era distinto. La intriga y el misterio que ese muchacho emanaba era superior a todo lo que había conocido, y por ello se veía incapaz de pensar con claridad y objetividad cuando tenía la oportunidad de averiguar algo sobre él.
Llegó hasta el lugar de donde procedía el humo, y vio una gran explanada, donde había alrededor de una veintena de personas, la mitad de ellas adultos con capas negras y máscaras blancas. Por fin supo a quien se referían cuando decían "Señor" en cuanto vio a la figura central. Era imposible no recordarle. Su aspecto, la magia que emanaba, el peligro que significaba solo estar cerca de él. Con que eso era. Todos estos chicos eran seguidores de Lord Voldemort. Vio a Regulus en un aparte, con las figuras adultas. Él no tenía pinta de estar esperando algo, como los demás compañeros de Hogwarts. "No, por supuesto" pensó, "Él ya estará bien introducido. Aquí el por qué, Sirius no quiere ni pensar en él".
Un muchacho que conocía de vista como Marcus Mulciber, volvió a la fila mirándose con devoción el interior de su muñeca izquierda.
- Severus Snape –llamó Voldemort-.
Sadie dio un respingo y buscó a su compañero con la mirada. Le vio avanzar con paso seguro y rostro concentrado. Se paró frente a Voldemort y se arrodilló, tendiendo su brazo izquierdo vuelto hacia arriba. Le mantuvo la mirada en todo momento al Señor Tenebroso, y no hizo ningún gesto de dolor o contención lo que duró el proceso. Sadie pudo distinguir algo diferente en la mirada de Voldemort, cuando este miró a Snape que volvía a la fila. Era algo parecido a la admiración y el orgullo.
OO—OO
Regulus vio a Amanda Tyler dirigirse hacia su destino. Ya solo quedaban ella y Dulcy Yexter para completar la iniciación. Aburrido, paseó su mirada por los demás mortífagos. Había algunos que estaban en su lado, a los que no podía reconocer. Al lado del Señor, se encontraban Rodolphus y Rabastan Lestrange y Thorfinn Rowle, ayudándole en la iniciación. Travers y Wilkes se encontraban uno a cada lado del claro, vigilándolos desde arriba. Miró a su derecha, y entre los árboles vio una figura. Enfocó la mirada y reconoció vagamente a su prima Bellatrix, con el pelo negro, la piel blanca y la mirada oscura. Le sorprendió verla tan lejos, como si estuviera escondiéndose. Normalmente, su prima estaba orgullosa de mostrar ante todos que ella y su marido eran la mano derecha de Voldemort.
Giró la cabeza cuando oyó un largo suspiro. Dulcy se sujetaba el antebrazo con un gesto de dolor y cerraba fuertemente los ojos para impedir las lágrimas salir. Inclinó su cabeza, de modo que sus rizos rubios la taparan la cara y comenzó a soplarse la muñeca. Regulus hizo una mueca. Esa había sido su reacción en cuanto se quedó solo tras su iniciación. Pero él había mantenido la entereza hasta estar a solas en su habitación.
Miró de nuevo hacia los árboles, pero su prima ya no estaba. Pestañeó perplejo y miró por el claro. No había visto ninguna figura avanzar ni moverse.
- ¿Malos recuerdos primo? –dijo la voz de Bellatrix a sus espaldas-.
Regulus se giró con rapidez y la vio. Le daba la sensación de que nadie se había movido detrás suyo.
- ¿Cuándo has llegado? –la preguntó con sospecha-.
- Llevo aquí todo el rato, Regulus –le dijo Bella algo perpleja-. Estoy tan aburrida con estas iniciaciones que ya no tenía ganas de ponerme junto al Señor a mirar –dijo para dejar claro a los de alrededor, que si ella no estaba junto a su esposo y su cuñado, era por decisión propia-.
- Pero... –dijo Regulus, aunque se calló a mitad de frase-.
Giró de nuevo la cabeza hacia los árboles. No se había imaginado nada. Allí había estado alguien, alguien que, si no era su prima, se parecía asombrosamente a ella. Lo suficiente como para confundirlas a simple vista. Una luz se encendió en su mente y entrecerró los ojos furioso.
- Williams... –gruñó con furia en voz baja, tan baja que nadie pudo oírle-.
O-oOOo-O
¿Qué os ha parecido? Espero que no os hayáis dormido jeje este capitulo ha sido algo mas pijo pero también era necesario jeje me he inventado algunos nombres, porque había mortífagos que solo eran conocidos por el apellido y necesitaba los nombres de una vez!! Espero que os haya gustado, yo me reí imaginándome a Grace en plan rebajas y Jane alucinada por ser más experta en moda que ella jeje y qué me decís de la visión de Jeff? Y la parte del claro? Qué pasará con Sadie, qué hará Regulus? Jeje espero haberlo dejado con suficiente tensión :p
Porfi reviews, q me hacen feliz :(
"TRAVESURA REALIZADA"
Eva.
