-La historia es de mi completa autoria más esta ligeramente inspirada en la segunda temporada de la serie "Kösem La Sultana" o conocida como "Muhtesem Yuzyil Kösem" protagonizada por Nurgül Yeşilçay (Sultana Kösem) y Metin Akdülger (Sultan Murad IV), los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utilización es de mi completa responsabilidad para la dramatización de la historia.


Capitulo 2

El despertar sola era una rutina natural para una mujer en el palacio.

Las concubinas debían abandonar los aposentos del Sultan o de los Príncipes porque así dictaba el protocolo y solo se quedaban bajo una orden expresa de estos. Las Sultanas tenían un tanto más de independencia pero de igual modo se encontraban bajo la autoridad de estas figuras masculinas que tenían a bien imponer su voluntad. Por ello para Sakura no resultaba un inconveniente despertarse y desayunar sola, sabiendo que su esposo debía de encontrarse en una reunión con los Pashas o firmando decretos en sus aposentos. Ambos se encontraban sujetos a un deber mayor que, de una u otra forma, intercedía en sus vidas.

Por eso y sin expresar preocupación en su hermosas facciones, la Sultana Sakura se encontraba sentada frente a su escritorio recibiendo las peticiones e informes de parte de los Pashas que, como siempre, le debían igual lealtad que al propio Sultan. Se encontraba ataviada en un exquisito vestido de seda y satín Viridián ajustado a su figura, dividido en dos capas, una inferior de escote recto y cuadrado, concentrado en el frente del corpiño y la falda, con cinco botones de oro como decoración en el escote. La capa superior o predominante esta ribeteada con encaje cobrizo emulando hojas de otoño y bordada con hilo de oro y mangas ajustadas al brazo hasta las muñecas. Alrededor de su cuello se encontraba su firma personal, aquella cadena de plata y diamante engarzado con cristales para emular el emblema de los Uchiha a juego con un par de pendientes de cristal en forma de lágrima. Su largo cabello se encontraba recogido de lado para hacer caer sus rizos sobre su hombro izquierdo con una corona de oro adornándolo, emulando ramas con diamantes y cristales de múltiples colores como decoración.

-Veamos que dice Maito Gai Pasha- hablo Sakura para sí misma en voz alta, abriendo el informe en cuestión.

Pero apenas y hubo desenrollado la hoja, las puertas se abrieron con un ligero chirrido que capturo la atención de ella y sus doncellas. Solo había una persona en el palacio que podía entrar sin ser anunciada de aquella forma. Sin titubeo alguno, Sakura aparto la silla con cuidado y se levantó de manera inmediata al ver a Sasuke aparecer en el umbral de la puerta, plasmando una radiante sonrisa en su rostro, únicamente para él. Teniendo el debido respeto sus doncellas se retiraron sin darle la espalda a ninguno de los dos, cerrando las puertas tras de sí.

-Ángel—la saludo Sasuke sosteniéndole la mano antes de besar caballerosamente el dorso de esta, haciéndola reír.

Intentando parecer lo más seria posible, acción que resulto irrisoria para Sasuke, lo reverencio con falsa indiferencia, sintiendo las manos de él sobre sus hombros y su mirada calando sobre su persona como siempre.

-Te extrañe esta mañana—se sinceró Sakura aludiendo a la noche que habían pasado juntos.

Sasuke sonrió ante esto, evadiendo escasamente su mirada.

No había placer más egoísta y necesario para ambos que contemplarse por la mañana y pasar unos breves instantes juntos antes de sumirse hasta el cuello en asuntos de estado, pero para desgracia de ambos sus vidas no eran tan sencillas por más que lo desearan, pero estaban contentos con verse cuando la oportunidad lo permitía y no había impedimento que restringiera su tiempo.

-Deseaba quedarme para contemplarte, pero los asuntos de estado lo impiden—le recordó Sasuke de mala gana ya que tal diatriba le resultaba sinceramente innecesaria y hostigaste. -Sigo perdiéndome en tu belleza, incomparable con ninguna otra. —admitió cual vasallo que contempla a una diosa, acariciando sutilmente el rostro de ella haciendo que su sonrisa se ampliara todavía más. -Necesito tu beneplácito respecto a cierto tema.

La pelirosa frunció ligeramente el entrecejo ante aquellas palabras. Sasuke le consultaba todo asunto de estado que necesitara de su opinión pero jamás pedía su beneplácito porque Sakura daba tal cosa por hecho, ella siempre apoya sus decisiones porque ambos pensaban de igual modo y si existían diferencias no las conocían hasta la fecha. Pero, observando en los ojos de su esposo, Sakura sintió que algo andaba mal y que lo que sea que fuera a suceder ese día habría de repercutir enormemente.

-Siempre lo tienes—garantizo Sakura levantando una de sus manos para acariciar el rostro de su esposo a quien sintió relajarse bajo su tacto. -¿Por qué lo necesitas hoy en particular?

El Uchiha suspiro sonoramente, evadiendo momentáneamente la mirada de su esposa, cosa que inquieto internamente a Sakura más esta hizo acopio máxime por no demostrar ni un ápice de dicha preocupación.

-He tomado una decisión importante, para nosotros—puntualizo intentando que lo que planeaba realizar no fuera de su desagrado, o por lo menos no cuando supiera el porqué de las cosas, –para el Imperio y para el mundo.

Bajando la mirada y sopesando aquellas palabras, Sakura asintió mientras entrelazaba sus manos con las de su esposo. Si él consideraba que algo era pertinente para el Imperio, entonces ella también lo creía, pero si involucraba a su familia…eso la inquietaba y mucho, ¿Quién estaría involucrado? Sasuke sostuvo fuertemente las manos de ella entre las suyas a modo de apoyo y necesidad.

-Solo te pido que no me odies cuando sepas de que se trata—pidió el Uchiha.

Asintiendo, Sakura cerró los ojos en cuanto lo sintió besarle la frente y retirarse sin más.

Esas últimas palabras eran algo preocupante en exceso para su ser. Su hija Sarada llegaría en poco menos de una hora para permanecer en el palacio según Sasuke le había informado la noche anterior, Izumi almorzaría igualmente con ambas…sus hijas, sus hijos y sus nietos lo eran todo en su vida, justo como Sasuke, y si alguno de ellos sufría o era herido eso era como herirla a ella y no quería que eso pasara.

No quería más sufrimiento.


El patio del Palacio se encontraba repleto de personas, no solo los mismos rebeldes que el día anterior había protestado ante las puertas del Palacio sino que también los Pashas, los capitanes del ejército y los nuevos aspirantes del ejercito así como otras figuras medianamente relevantes en el Imperio, un joven soñador como lo llamarían algunos: Naka un hombre perteneciente a los círculos más frecuentados por el Príncipe Daisuke y que bien podía ser llamado como un erudito aunque demasiado excéntrico y meditativo.

-¿Por qué estás aquí Naka Celebi?—indago Kakashi Hatake Pasha, acercándose a él.

Muchos de los Pashas despreciaba a individuos como Naka por considerarlos estúpidamente frívolos, despilfarradores de los favores y dinero que el Príncipe le otorgaba a sus hombres de confianza, pero lo cierto es que el propio Sultan y su Gran Visir debían de admitir que no se trataba de hombres estúpidos ni ignorantes sino sabios, adelantados a su tiempo en múltiples áreas tecnológicas y de interés humano, solo que muchos de los miembros del Imperio estaban demasiado atrasados como para verlo.

-Lo de siempre Pasha—comento divertido el pelicastaño, con actuar infantil, -vi gente camino al palacio y me dije "iré a espiar"

Ambos hombres rieron ante la broma más los demás Pashas e mantuvieron silentes ante la conversación haciendo que ambos hombres fingieran seriedad y se distanciaran con mirada cómplice. De manera repentina un soldado jenízaro emergió desde el interior del palacio cargando entre sus manos una exquisita espada cuya empuñadura hecha de oro tenía gravado el emblema de los Uchiha, captando la atención de todos ya que el jenízaro se mantuvo de pie junto al trono con la cabeza baja.

Alguien iba a perder la cabeza, eso simbolizaba la espada.

El Sultan, portando la soberbia corona dinástica del Imperio, cruzaba los pasillos frente en alto lealmente acompañado por el Hasoda Basi y líder de los jenízaros del Palacio, Boruto, quien caminaba detrás de él con la bien merecida dignidad que tenía derecho de ostentar por sus años de leal servicio al Imperio. Ambos se detuvieron frente a las puertas por un breve instante permitiendo que los hijos del Sultan; los Príncipes Daisuke, Rai, Kagami y Shisui los alcanzaran y reverenciaran antes de que las puertas se abrieran.

-¡Atención!, ¡Su Majestad el Sultan Sasuke! ¡Y sus altezas los Príncipes Daisuke, Rai, Kagami y Shisui!

Bajo aquellos honoríficos el Sultan y su prole cruzaron las puertas, el soberbio gobernante ocupo su lugar en el trono sin sentarse, observando intimidante a los soldados presentes que bajaron la cabeza tal y como había sucedido el día anterior, más los ojos del Sultan no tardaron en desviarse hacia Inojin Pasha que parecía inusualmente nervioso. Cualquiera diría que sabe lo que pasara, pensó Sasuke para sí mismo, manteniéndose completamente estoico.

-Pashas y todos los presentes—inicio el Sultan con voz clara y concreta que cautivo la atención de todos. –Como todos ustedes saben, en este año ya han sucedido dos grandes rebeliones contra el Imperio—recordó Sasuke trasladando su mirada de extremo a extremo de los miembros de la rebelión y del ejército presente. –Irrumpen en mi palacio, insultan a mi familia y me acusan de ser un tirano—nombro el Sultan señalando con su mirada a los rebeldes presentes que se sintieron claramente ofendidos con aquellas palabras.

Naka Celebi, presente desde luego, tomaba nota de cada una de las palabras del Sultan como ansiado testimonio para la posteridad, viendo los escritos que iban registrando pero a su vez observando al Sultan que no daba señal alguna de ocultar emociones sino más bien de no tenerlas, no por nada era el mejor Sultan que había gobernado el Imperio hasta la fecha.

-Y ahora resulta que alguien confiable a mi entender, y miembro de este Imperio, está involucrado con estos ladrones y traidores—acuso Sasuke notando de sola sayo como Inojin bajaba la mirada ante cada una de sus palabras, intentando no parecer aludido. –Alguien de mi propio Consejo—completo la acusación el Sultan haciendo murmurar por lo bajo a sus Pashas más ignorando a estos y centrando su atención en Inojin que si bien levanto la cabeza evito mirarlo, pero él sí lo hizo. –Guardias, traigan a Inojin Pasha.

Sin titubeo, dos de los portentosos guardias jenízaros que flaqueaban el trono avanzaron hacia el Pasha, sujetándolo de los brazos y haciéndolo caer de rodilla en el suelo frente al Sultan a quien se le acerco otro jenízaro, aquel que cargaba la espada. Los ojos del Yamanaka iban y venían de la espada al Sultan que aun parecía ser capaz de darle otra oportunidad.

El Sultan no era un hombre cruel.


En los aposentos de la Sultana Sakura sin embargo reinaba la paz absoluta mientras almorzaba en compañía de dos de sus hermosas hijas, Sarada e Izumi, así como su nieto Izuna que se encontraba abrazado de ella.

Elegantemente hermosa y sencilla, Sarada relucía con un vestido azul oscuro de escote bajo y en V decorado por seis botones de diamante, mangas ajustadas hasta el codo y abiertas en forma de lienzos en el frente, por sobre el vestido una chaqueta ribeteada en encaje plateado bordado en cristales gris claro engarzados con diamantes para formar el emblema de los Uchiha en los bordes de la tela y en diferentes partes de la espalda y la falda. Su cabello caía libremente tras sus espalda adornado por una corona de plata decorada con diamantes y cristales plateados y dorados a juego con un par de pendientes en forma de lagrima como el dije de la cadena de plata que usaba alrededor del cuello.

Frente a ella en la mesa se encontraba su hermana Izumi de trece años que casi parecía de quince más bien, con su largo cabello castaño recogido tras la nuca y adornado por una diadema de plata en forma de flores de cerezo engarzadas con diamantes a modo de cintillo, unos largos pendientes de cuna de palta con un diamante en el centro hacían juego con la cadena de plata alrededor de su cuello que emulaba una flor de cerezo. Su figura se encontraba ataviada por un atuendo malva brillante de doble capa, una reluciente falda que estaba bordada en hilo amatista que emulaba el emblema de los Uchiha en la tela, ajustadas mangas divididas mediante muñequeras que hacían juego con unas marcadas hombreras y cuello ligeramente más oscuros que el resto de la tela como el fajín que ceñía el vestido a su cuerpo y el cual estaba decorado por cuatro botones de diamante.

-Me alegra volver a estar aquí, madre—admitió Sarada mientras observaba sonriente a su hijo Izuna abrazar a su madre quien le hacía cosquillas.

-El abuelo nos visitó anoche—declaro Izuna de forma inmediata para complementar lo dicho por su madre.

Izumi, que hasta entonces había dado un sorbo a su copa, observo extrañada a su hermana y a su sobrino por una razón en específico, y la cual no era ajena para nadie; el Sultan odiaba a Inojin Pasha porque no era un político leal sino que velaba por sus propios intereses e Izumi no conseguía entender porque su padre haría una visita de tal índole a su hermana siendo que debía encontrarse con Inojin.

-¿Por qué nuestro padre visitaría a Inojin?—cuestiono Izumi en voz alta, con cinismo, cosa que molesto a Sarada cuya alegría se desvaneció de manera inmediata mediante su ceño fruncido. –Todos saben que nuestro padre odia a tu esposo, es un traidor.

Notando la ira aglomerarse en los ojos de Sarada, Sakura supo que tenía que intervenir. Sarada ciertamente se parecía mucho a ella pero no tenía su autocontrol en situaciones turbulentas y su carácter se desataba de forma más que agresiva algo que la asemejaba a Sasuke. Tenía que cortar esa discusión en ese preciso momento y no solo por su hija sino también por su nieto.

-Izumi—corto Sakura a modo de reproche.

Agradeciendo la atención de su madre con una sonrisa, Sarada dirigió su un moleta mirada hacia Izumi que la sostuvo osadamente, aunque tal cosa no la sorprendía en lo absoluto. Izumi se parecía demasiado a cierta tía suya que había muerto por culpa de sus propias ambiciones: Rin. Sentía lastima de la arrogancia y soberbia de su hermana que no sabía cuándo detenerse, pero ella si sabía cómo ningunearla y ofender y eso ya era algo positivo cuando menos.

-No se puede agradar a todo el mundo—comento Sarada antes de observar a su hermana, -¿estás de acuerdo Izumi?

La expresión molesta en el rostro de Izumi, al menos en ese momento, le fue suficiente.


-Son calumnias su majestad—intento excusarse Inojin sin atreverse a decir o declarar que era inocente. –Son mentiras—prometió el Pasha con la cabeza baja por causa de uno de sus verdugos que le impidió ver al Sultan a la cara. –Soy un yerno del Imperio, ¿Cómo podría traicionarlo?—cuestiono Inojin.

Aprovechando la circunstancia y harto de escuchar tamañas mentiras, Sasuke sostuvo la empuñadura de la espada firmemente entre sus mano, sosteniendo y sopesando el peso de esta antes de alzarla y con solo blandirla una vez, pese a las suplicas y ruegos del Pasha, la cabeza de Inojin cayó al suelo de un solo golpe. Los rebeldes presentes, así como muchos de los Pashas apartaron la mirad ante el charco de sangre que se formó a los pies del Sultan más este, rodeando el cadáver, mantuvo la espada alzada en su mano y observo severamente a los rebeldes presentes que parecían temblar del miedo.

Boruto, de pie tras el Sultan, siguiendo sus pasos, no se inmuto en lo absoluto porque no había sido otro que él quien había corroborado todos los crímenes cometidos por Inojin, en si él era su razón para haber muerto y no se arrepentía porque había ido un traidor en todo el sentido de la frase, de todas las formas posibles había y por haber.

-Sepan que nadie puede pasar sobre mi autoridad—declaro Sasuke a los rebeldes presentes que ya no parecían tener deseo o aspiración alguna por sublevarse como habían hecho anteriormente. –Si alguno duda de mi poder y de quien soy, que se atreva a enfrentarme—insto el Uchiha.

Naka Celebi se abstuvo de carcajear al ver temblar a los rebeldes y soldados que bajo ninguna circunstancia se atreverían a levantar su espada o voz contra el Sultan que jamás había perdido una sola batalla y a quien no le temblaba la mano a la hora de darle muerte a alguien. El silencio de todos los presentes fue más que suficiente para que Sasuke bajara la espalda y relajara el latir de su propio corazón.

Fingir ser cruel era más duro de lo que había imaginado pero había merecido la pena.


Dentro de su camarote y apaciblemente recostada sobre su cama, con una espada enfundada entre sus brazos, la princesa Koyuki dormía tranquilamente gracias al suave oleaje del mar que contribuía a relajarla así como a su fiel amiga y doncella Yugito que, sentada sobre una silla cerca de la ventana, dormitaba igual que su Princesa.

El viaje aun habría de durar cierto periodo de tiempo y lo único que Koyuki podía desear era una estadía tranquila en el Imperio de los Uchiha tras haber oído de los magníficos anfitriones que eran con visitantes extranjeros, aunque algunos daba testimonio de que eran excepcionalmente arrogantes.

Un repentino estruendo arremetió el barco e hizo a Koyuki desertarse de golpe, irguiéndose sobre el colchón y observando asustada a todos lados de su habitación. Yugito se levantó de la silla y asomo por la ventana, jadeando asustada. Sujetándose la falda de sus túnicas para no caer, Koyuki se levantó de la cama a toda prisa y corrió hacia la escalera para llegar a cubierta siguiendo seguida en todo momento por Yugito que se levantaba la falda hasta las rodillas para no caer producto del largo de su vestido. El estruendo sucedido se trataba del impacto de un bala de cañón contra la cubierta lanzado desde otro barco que estaba peligrosamente cerca y sobre cuya cubierta se encontraba un grupo de hombres vestidos de un modo que Koyuki desconoció, el líder parecía ser un gallardo y serio hombre de cabello rubio y ojos azules vestido con los característicos usares jenízaros como capitán del ejército que era y aliado indiscutible del Sultan Sasuke.

Koyuki, quien avanzo hasta el barandal que enmarcaba el límite de la cubierta, observo enfurecida a aquellos hombres que parecían estar más que felices por el triunfo que aseguraban intimidándola a ella y al resto de la tripulación de su nave. Sus ojos destilaban ira pura a causa de semejante intrusión que a su entender no tenía fundamento ni sentido alguno.

-Alcen la bandera blanca—ordeno Koyuki a Sandayu que se encontraba protectoramente a su lado

Tenían que declararles a los soldados presentes que ellos no eran enemigos sino refugiados que esperaban recibir ayuda. No estaban en posición de librar una batalla y no hablando de temas materiales sino porque aquello era innecesario en un momento como ese. Naruto observo sin expresión alguna a la nave que se encontraba a unas cuantas leguas de la suya, cualquier nave que cruzar la frontera marítima con la Capital Imperial resultaba una amenaza y ya que el Sultan tenía suficientes situaciones con las que lidiar era su absoluto deber garantizar la seguridad del pueblo y la familia Imperial. Kiba lo observo atento, de pie a su lado, en espera de sus órdenes para proceder.

-Prepárense para disparar—ordeno Naruto.

Asintiendo, el Inuzuka alzo su mano derecha como clara señal de que prepararan los cañones para disparar, pero la repentina aparición de una bandera blanca que ondeo en la cima de la nave vecina hizo a Naruto fruncir el ceño y sostenerle la muñeca a Kiba que había estado a punto de dar por cumplida su orden. El Inuzuka parpadeo confundido antes de llevar sus ojos a la nave, igual de extrañado que él.

¿De quién podía tratarse para cruzar pacíficamente la frontera?


-Tienes buen apetito, Shikamaru—elogio Karui al ver al Nara probar sus alimentos.

Había muchos servidores en el palacio pero solo dos podían destacar por su exquisito paladar y buen gusto, Shikamaru e Ino y la ayuda de ellos a la hora de librar su batalla por ser la mejor chef posible solo podía continuar por ellos que se paseaban por su lugar de trabajo sin ignorar los alimentos que ella les ofrecía y que degustaban con infinitos elogios. Shikamaru se encogió de hombros a modo de respuesta sin emitir mayores palabras, siempre tenía mucho trabajo que hacer, velando porque la voluntad de la Sultana se cumpliera al pie de la letra, al menos agradecía poder olvidar tanto trabajo por la noche y ver a su esposa Temari que afortunadamente no tenía que esforzarse tanto como él.

-Me estoy haciendo viejo—comento le Nara únicamente, riéndose de sí mismo.

Un repentino eco de tacones contra la puerta llamó la atención de Karui y Shikamaru que habían estado riendo hasta que ese sonido los hizo reaccionar. El Nara se giró hacia la puerta encontrándose con su esposa que, vestida en galas doradas con una chaqueta superior color citrino y su largo cabello rubio peinado en una coleta plagada de rizos parecía agitada y confundida al verlo en la cocina.

-¿Qué haces aquí? Acaba de estallar una tormenta—informo Temari deteniéndose frente a su esposo que la observo con una ceja arqueada ante su pregunta.

Terminando de comer, el Nara saboreo el último de los platillos de Karui que parecía igual de confundida que él ante las palabras de la rubia. El aire, anteriormente liviano y bromista había ido reemplazado por una presencia molesta y preocupante en el ambiente y no se trataba únicamente a causa de la llegada de Temari sino de algo que rondaba el palacio.

-El Sultan ejecuto a Inojin Pasha—declaro Temari, molesta por saber ignorante a su esposo.

Como si se hubiera tratado de una obra de magia, los colores desaparecieron del rostro de Shikamaru que incluso hubiera admitido que había dejado de respirar normalmente a causa de esas palabras y lo que significaban…por eso la Sultana Sarada había regresado al palacio, por eso se había realizado un diván abierto. Temblando por la noticia y el hecho de lo que debía comunicar, Shikamaru únicamente sostuvo momentáneamente las manos de su esposa entre las suyas antes de abandonar la cocina con rumbo hacia los aposentos de la Sultana Sakura a toda prisa.

La Sultana tenía que saberlo y rápido.


Sarada, con una deslumbrante sonrisa en su rostro, beso la frente de su hijo antes de que Chouchou lo llevara a sus aposentos para que repasara sus materias como siempre, no por no ser heredero al trono Imperial debía de ser menos que otros niños, era un Uchiha y como tal tenía un gran peso que llevar sobre sus hombros, un peso que solo él podía llevar y que, sin embargo, era mucho más pequeño del que ella, sus hermanas y su madre llevaban día tras día.

Las mujeres soportaban la verdadera carga.

Sakura observo la partida de su nieto con una triste sonrisa, sentada en su diván antes de girar su rostro hacia su hija Izumi que se encontraba sentada a su lado, observando igual de interesada al pequeño Príncipe, más la mirada de su madre la hizo entornar los ojos con molestia. Ella siempre era quien recibía reprimendas, no Sarada, Sarada era perfecta a ojos de todo el mundo, del Imperio, de sus padres y sus hermanos, ella era la más hermosa, la más talentosa, la que más se parecía a su madre. Era tanta la envidia que Izumi sentía que, en un momento de debilidad, deseo que tal felicidad se obstaculizada.

-Cuida tus palabras, Izumi—recordó Sakura a su hija que evadió su mirada sin más, -harás que Sarada se sienta triste.

Ella jamás había preferido de sobremanera a ninguna de sus hijas e hijos, claro, Daisuke era excepcionalmente valioso por lo bien que congeniaban como madre e hijo pero eso no significaba que ignorara o valorizara menormente a sus otros hijos, en lo absoluto. Pero Sarada tenía un lugar especial por la lealtad absoluta que le brindaba al Imperio y a ella, Sarada veía lo que otros no veían, la importancia de un sacrificio y la situación que por ende lo ameritaba…hubiera deseado que Izumi lo entendiera pero desgraciadamente se parecía demasiado a Rin.

-¿Debo mentir, madre?—protesto Izumi en un susurro para que su hermana no la escuchara, -detesto a Inojin al igual que mi padre.

Izumi iba por mal camino y por más que Sakura intentara cambiar tal cosa o conseguía resultados fructíferos más no la preocupaba, su hija—sin importar que camino tomara—siempre seria su hija y velaría por el Imperio eso era más que suficiente para su preocupado corazón, sus hijos e hijas lo eran todo y mientras ellos estuvieran felices y a salvo ella también lo estaría. Las puertas se abrieron de manera repentina haciendo que tanto Sakura como Izumi levantaran la mirada encantándose con Shikamaru que parecía asustado como jamás ninguna de ellas recordaba haberlo visto.

-Sultana, ha sucedido una catástrofe—pronuncio el Nara reverenciado a la Sultana Sakura así como a sus dos hijas.

Sarada se giró hacia la puerta ante la llegada del Nara, intrigada por el motivo de su presencia más con una expresión serena en su rostro, tranquila y conforme con estar nuevamente junto a su familia.

-Inojin Pasha…fue ejecutado—informo Shikamaru viendo el pánico en los ojos de la Sultana Sakura.

Sintiendo su corazón detenerse por un breve instante, Sakura giro su rostro hacia su hija Sarada cuyo rostro perdió su inusual serenidad mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Izumi, sentada junto a su madre, bajo la mirada con culpabilidad sintiendo que era su responsabilidad lo que había pasado ya que ella había pedido que algo así sucediera. Sakura bajo la mirada con tristeza entendiendo lo que había intentado transmitirle Sasuke esa mañana, lo que había intentado decirle, pero…¿Por qué lo había hecho?

Cerrando los ojos con dolor por un segundo, Sarada se mordió el labio inferior para no llorar, abriendo sus ojos cargados de ira antes de sujetarse la falda y salir a toda prisa de los aposentos de su madre sin reverenciarla siquiera. Presta y veloz, Izumi reverencio a su madre y se sostuvo la falda, saliendo tras su hermana. Intentando seguirle el paso a su enfurecida hermana que caminaba aguerrida con los brazos a los costados de su cuerpo y con una expresión de absoluta ira en el rostro, Izumi consiguió sujetar uno de los brazo de su hermana para igualar su andar más no para detenerla en lo absoluto. La Uchiha intento zafarse inútilmente del agarre de su hermana menor quien no desistió de su esfuerzo sino que afianzo su agarre aún más firmemente sobre el brazo de su hermana.

-Suéltame, Izumi—desafío Sarada con la voz irreconocible a causa de la ira.

Todas las concubinas y sirvientes a su paso, cruzando el harem, las reverenciaron sin poder evitar sentirse intrigadas por la hermosa Sultana a quien muchas recordaban haber visto de niña y a quienes otras desconocían por completo y cuyo carácter se asemejaba enormemente con el de la Sultana Sakura. Sujeta del agarre de su hermana, Sarada no detuvo su andar bajo ninguna circunstancia, caminando dignamente y con la frente en alto en todo momento.

-¿Qué harás?, ¿Discutir con nuestro padre? Lo hecho, hecho esta y no puede cambiarse—intento hacerla razonar Izumi.

Escuchando aquellas palabras de labios de su hermana menor, Sarada detuvo su andar permitiéndole a Izumi recuperar el aliento parcialmente. La Uchiha giro su rostro hacia su hermana menor con una expresión de carácter y rabia unidos entre sí que le inspiraron temor por asemejarse al actuar siempre digno de su madre. Nunca recordaba haber visto a Sarada tan molesta y decidida con respecto a algo y no sabía si sentirse preocupada por ello o no.

-Ese hombre no es mi padre—pronuncio Sarada, sorprendiendo a su hermana Izumi.

Ante la sorpresa de Izumi, Sarada por fin pudo liberarse de su agarre de su hermana y seguir libremente con su camino. No iba a guardar silencio, no iba a bajar la mirada y actuar como una ignorante, si su padre había ordenado la muerte de su esposo al menos debía darle una razón o de lo contrario sería capaz de odiarlo para siempre. ¿Por qué su padre había hecho eso?, ¿Por qué le había hecho eso a ella?

-Sarada…- intento llamarla Izumi luego de haber salido de su sorpresa, dándose cuenta de que ya era tarde.

Resignada y con la cabeza baja, la Sultana se sujetó la falda y regreso a los aposentos de su madre para informarle la decisión que Sarada había tomado ante la noticia de que ahora era viuda. No podía cambiar lo que sea que Sarada estuviera sintiendo, pero solo Kami sabia cuan preocupada estaba por como su hermana pudiera estallar emocionalmente frente a su padre.

Kami no lo quiera, pidió Izumi silenciosamente.


Ya sin la estorbosa corona Imperial y solo siendo acompañado por Boruto, Sasuke recorrió los pasillos hacia sus aposentos donde deseaba permanecer hasta que llegara la noche y pudiera hablar con su esposa cara a cara.

Sarada seguramente ya debía saber de la noticia y lo que menos quería era enfrentarla y escuchar de su boca que lo odiaba. Inojin había sido un traidor al Imperio, sacando beneficio de las provincias que estaban a su cargo sin reparar en las personas que allí residían y eso ya era un acto de crueldad. Esperaba que, tal y como le había pedido a Sakura aquella mañana, ella tampoco fuese a odiarlo luego de saber la decisión que había tomado que lo afectaba más de lo que era capaz de expresar. Ser cruel no iba con él en lo absoluto, no era una parte de su vida que le gustara fingir pero que era necesaria ya que de otro modo nadie le daría el respeto que como Sultan merecía y debía tener de parte de sus súbditos.

Boruto caminaba tras el Sultan con parsimonioso silencioso, presto a sus órdenes y sumido en sus propios pensamientos con respecto a la ahora Sultana viuda, la Sultana Sarada a quien en efecto jamás había visto. Grandes rumores circulaban de ella y su avasalladora belleza, su perfecto comportamiento y su actuar recatado y absolutamente dingo, más él jamás había tenido el placer de conocerla y quizá nunca lo tuviera, cuando ella supiera que el había sido el informante del fallecido Pasha seguramente lo odiaría para siempre. Pero eso era estimable.

Sasuke suspiro tranquilo al encontrarse a cinco pasos de las puertas de sus aposentos, casi ajeno a cualquier cosa que pudiera surgir sobre su persona cuando una voz clara, melodiosa e iracunda llego a sus oídos, una voz que hubiera deseado no escuchar en lo absoluto y que lo hizo detenerse por completo, obligándolo a ocultar sus propios sentimientos para que su hija no se hiciera una idea equivocaba del porqué de su decisión.

-¡Sultan Sasuke!

A toda prisa y con el largo velo azul que cubría su cabello arremolinado sobre sus hombros para cubrir su escote, Sarada de detuvo tras su padre sin notar la sorprendida mirada del Hasoda Basi, Boruto, que pareció sentirse abrumado como un humano que contemplaba a la mismísima diosa de la belleza, y ese rostro triste y enfurecido no conseguía aminorar en lo absoluto su belleza. Sarada observo tristemente la espalda de su padre, deteniéndose tras él absolutamente decepcionada de él y de la razón cualquier que hubiera tenido para herirla de aquella forma, ella no conseguía dar con el porqué de su actuar, no conseguía entender sus razones.

-Lo sabía, ¿cierto?—cuestiono Sarada tratando de usted a su padre ya que el protocolo así lo exigía además del hecho de que, en ese momento, ella no conseguía verlo como su padre en lo absoluto. –Anoche ya había tomado una decisión—aludió la Uchiha con la voz cargada de ira, todo respeto que hubiera sentido por él había desaparecido. –Tenía pensado matarlo, hacerme viuda y dejar a mi hijo sin su padre—acuso Sarada con su voz quebrada con las lágrimas que estaba conteniendo, sintiendo el agitado latir de su corazón contra sus oídos. –Se burló de mí y guardo silencio, ¿Por qué tanta crueldad?—pidió saber Sarada intentando contener un sollozo que apenas y pudo escapar de sus labios.

Tragando saliva de manera inaudible, Sasuke se giró hacia su hija sin poder ocultar sus emociones como hubiera deseado hacer, contemplando emocionalmente herido la rabia de su hija hacia su persona, sabiéndose culpable por no poder decirle la razón exacta por la que había ejecutado a Inojin, no solo porque fuera un traidor al Imperio sino porque también la había traicionado a ella de la peor forma existente, pero no podía confesarle eso, sentía que ella debía saberlo por su cuenta. Viéndola contener los sollozos contra sus labios, Sasuke acaricio cuidadosamente el rostro de su hija que pese a su ira pareció serenarse bajo el tacto y preocupación de parte de su padre. Sin apartar su mirada de la de su padre, Sarada lo sintió limpiar las lágrimas que intentaban deslizarse por sus mejillas, no sabiendo si sentirse herida por su cinismo o agradecida por su compasión.

-Inojin no solo era un traidor al Imperio, sino también a ti, Sarada—admitió Sasuke a modo de respuesta sin desear rebelar más que esto. Su hija frunció el ceño ante esto sin dejar de mantener el contacto con los ojos de su padre. –Su muerte era bien merecida.

Sintiendo su propio corazón no aguantar ante la ira reflejada en los ojos y facciones de su hija, Sasuke se alejó de ella y le dio la espalda para dirigirse hacia sus aposento sin más, viendo a los dos guardias jenízaros que flanqueaban la entrada abrirle las puertas y alejarlo del cuadro triste que representaba su hija y el eco de las puertas cerrándose lo hizo respirar tranquilo mientras se desabrochaba el cuello de la chaqueta en un intento por respirar tranquilo.

Su hija lo odiaba.


-Mis condolencias, Sultana—pronuncio el Uzumaki al ver el dolor ante el cual la Sultana intentaba resistirse.

Boruto vio partir al resto de la escolta jenízara, encontrándose a solas con la Sultana Sarada que contemplaba enfurecida las puertas que la separaban de su padre el Sultan, el Uzumaki no sabía como reaccionaria ni lo que haría, esa era la razón por la que permanecía presente, más su instinto de conservación le gritaba que se marchara en ese momento y la dejara a solas, acción que pretendió realizar, girándose para marcharse.

-¿Tienes la vergüenza de darme tus condolencias, Boruto?—acuso Sarada.

Temeroso e intrigado porque ella supiera quien era, el Uzumaki no pudo evitar girarse hacia la Sultana que lo observaba enfurecida, sabiéndolo responsable de la caída de su esposo quien muchas veces le había hablando pestes del Hasoda Basi del Sultan y de su intriga pese a no ser nada más que un simple jenízaro favorecido por haberse criado en el palacio.

-Al fin tienes lo que querías—continuo Sarada aludiendo a su esposo en el tono de sus palabras, -siempre viste a mi esposo como un obstáculo en tu camino. Lo volviste tu enemigo y levantaste calumnias sobre él y engañaste a su majestad—sentencio la Uchiha acercándose peligrosamente a Boruto que tena sus ojos clavados en ella y en su hermoso rostro que no reflejaba nada salvo ira a causa de su propio dolor que intentaba formar un escudo sobre su destrozado corazón. –Todo es tu culpa—acuso Sarada empujando al Uzumaki que la sintió desvanecerse, sosteniéndola entre sus brazos.

Evitándole una caída segura a la Sultana que se desplomo inconsciente en su brazos, sobrepasada por su propio dolor, Boruto tuvo la oportunidad de contemplar sin restricciones aquella avasalladora belleza de rostro angelical, cejas suaves, orbes ónix cerrados adornados por pestañas sumamente halagadoras así como una larga melena de rizos azabache que al igual que su piel alabastro despedía un exquisito aroma a jazmines y lilas.

Era más hermosa de lo que había imaginado.


PD: capitulo dedicado a , DULCECITO311 (especialmente por sus comentarios que adoro :3), Adrit126 (a quien extrañaba :3) y Miara Makisan (a quien le doy las gracias por esperar a continuación :3) intentare actualizar nuevamente el fin de semana :3 plis comenten que les parecio el captulo y si tienen alguna idea :3 gracias y hasta la próxima.