-La historia es de mi completa autoria más esta ligeramente basada en la serie "Kösem La Sultana" protagonizada por Nurgül Yeşilçay (Sultana Kösem) y Metin Akdülger (Sultan Murad IV), los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utilización son de mi entera responsabilidad para la dramantización de la historia.


Capitulo 3

-No pasara nada—aclaro Koyuki al ver a los marinos y grumetes preparar sus armas para atacar a quienes se encontraban en la nave vecina. –Bajen sus armas—ordeno la Princesa.

Naruto Uzumaki, frente en alto, contemplo indiferente el intercambio de palabras entre la mujer a cargo de la nave vecina y sus grumetes. Lo único que deseaba era evitar una batalla o enfrentamiento sin importar de la índole que se tratara. Pocas veces pasaba tanto tiempo lejos del palacio, siendo capitán del ejército y padre del Hasoda Basi del Sultan, Naruto tenía que encontrarse diariamente con el soberano Uchiha que no era sino un hombre sumamente agradable con el cual tratar y que se había tomado la molestia de darle a Boruto los mejores tutores había y por haber, llegando a verlo como si fuera su hijo y eso era algo que Naruto apreciaba de todo corazón.

-¡Ordene que bajen sus armas!—protesto Koyuki al ver que los oficiales presentes no la obedecían sino que parecían más que dispuestos a enfrentar a los ocupantes de la nave Imperial.

A regañadientes y cediendo ante las ordenes de la joven Princesa, todos depositaron cuidadosamente sus armas sobre el suelo, manos en alto, observando a los emisarios que estaban en la nave vecina y que parecían más que complacidos con su rendición.

-¿Quiénes son ustedes?, ¿Qué creen que hacen en los territorios del Imperio Uchiha?—demando saber Naruto con voz clara y fuerte que fue escuchada por la princesa. -¡Explíquense inmediatamente!

Cubriendo ligeramente su frente de la luz del sol que le estaba provocando jaqueca, así como la anterior deslealtad de sus hombres, Koyuki entrecerró su mirada al ver a quien parecía ser el capitán de la nave, ataviado con usares jenízaros que le daban un temple de autoridad y poder incuestionable. La Princesa húngara no pudo evitar tragar saliva nerviosamente ante aquellas preguntas, era el momento de definir su vida y comprobar si podía salvarse o si estaba condenada a morir en manos de sus propios enemigos.

-Yo soy la Princesa Koyuki Kasahana, heredera del trono húngaro—pronuncio la noble joven principesca que intento ser humilde en sus palabras y declaraciones, sintiendo la nerviosa mirada de Yugito sobre ella en espera de que pudiera cumplir su cometido y mantener a todos a salvo. -¿Quiénes son ustedes?—pidió saber Koyuki, desconociendo por completo a aquellos jenízaros.

Había escuchado muchas cosas del Imperio Uchiha, de su nobleza, de su seguridad, de su temible ejército y de las libertades que tenían y que otras culturas consideraban tabú, como el tema del Harem por ejemplo. Esperaba que su fe fuera suficiente para hacerla sobrevivir, su belleza e intelecto solo le serian útiles cuando estuviera dentro del Palacio Imperial y pudiera emplear sus artes de mujer con el Sultan o con los Príncipes, hasta el momento solo tenía que comportarse y pelear por su vida, si no lo hacia ella nadie más lo haría por su persona.

-Yo soy el comandante del ejército jenízaro, Naruto Uzumaki—se presentó el hombre con un tono de voz digno, sereno y uniforme que le inspiro respeto a la princesa húngara que asintió a modo de respuesta. -¿Por qué se encuentra aquí, alteza?—inquirió el Uzumaki.

Una sutil sonrisa se plasmó en el rostro de Koyuki que giro su rostro hacia Yugito que le sujeto a mano a modo de apoyo, cambiando su mirada a Sandayu que de igual modo dependía absolutamente de lo que ella pudiera lograr. Cada una de las vidas presentes en su nave dependía única y exclusivamente de ella y de lo que consiguiera con su diplomacia, con su voz y con sus modales. Era el momento de arriesgarlo absolutamente todo y olvidarse de quien había sido, era el momento de entregar su vida a todo lo que le fuera enviado. No iba a rendirse ni titubear, mucho menos decaer.

-Vine para pedir la ayuda del Sultan Sasuke—se pronunció la Princesa fingiendo una voz desesperada cual doncella de los cuentos de hada en espera de que alguien la salvara. -¿Puede llevarme con él?—pidió Koyuki.

El Uzumaki contemplo de arriba abajo a la joven, incierto con respecto a cómo debía proceder, por más que fuera una mujer era una extranjera con una fe indiscutiblemente diferente a la de ellos, criada de manera diferente…la Sultana Sakura había sido extranjera, pero había llegado a los dieciséis años al palacio y ahora con cuarenta años no era sino una nacionalista dedicada y desinteresada que velaba de manera absoluta con su pueblo. Que eso hubiera pasado con una sola mujer no significaba que otras fueran de confianza.

Naruto no sabía cómo responder ante la petición de la Princesa Koyuki.


Sakura cruzo elegante y velozmente los pasillos hacia los aposentos de su esposo siendo seguida por Tenten y Kin a su espalda y por Shikamaru que caminaba apenas un paso detrás suyo, casi a su lado.

Según el Nara le había notificado, Boruto había llegado a los aposentos de Sarada cargándola en sus brazos luego de que esta hubiera enfrentado al Sultan verbalmente. Ahora necesitaba sembrar la paz y brindar la amnistía que el palacio necesitaba desesperadamente luego de la ejecución del Pasha, quizá Sasuke no fuera a decirle sus razones, no las necesitaba, pero quería reconfortarlo al saber que con toda seguridad este habría de sentirse herido por lo que sea que Sarada hubiera dicho. Su único y obligatorio deber era velar porque su familia se mantuviera unida y a salvo, así como el sagrado Imperio que no eran sino ellos mismos.

-Puedes retirarte, Shikamaru—garantizo Sakura deteniéndose frente a las puertas y girando su rostro hacia el Nara, -encárgate de que no se quebrante el orden.

-Si, Majestad—pronuncio Shikamaru, reverenciando a la Sultana antes de retirarse debidamente.

Suspirando sonoramente y sabiéndose sola, de no ser por sus doncellas y los guardias jenízaros que flanqueaban las puertas, Sakura mantuvo la frente en alto y avanzo con parsimoniosa lentitud mientras los dos guardias le abrían las puertas sin dilación alguna. Sasuke, sentado tras su cama, leyó distraídamente los nuevos informes del ejército, sumido en sus propios pensamientos que fueron apartados de su mente en cuanto escucho las puertas abrirse de par en par para la única persona en el palacio que nunca necesitaba de permiso alguno para encontrarse en su presencia, su esposa.

-Ángel—pronuncio Sasuke sabiéndola en frente suyo al escuchar las puertas cerrarse.

Las palabras de Sarada permanecían clavadas en su mente y corazón cual veneno incontrolable que minaba sus fuerzas y voluntad, ¿Cómo considerarse un buen padre? Claro, no tenía a su progenitor como gran modelo a seguir siendo que este había ordenado la muerte de uno de sus propios hijos, su difunto hermano Itachi, pero esperaba haber podido ser mejor que eso, pero al parecer no era así, Sarada lo odiaba y eso era algo que ya no podía cambiarse. Ninguno de sus hijas e hijos emitía queja alguna de su voluntad, justo como Sakura, pero esta vez la situación escapaba de su propio control y lo forzaba a tomar decisiones que jamás hubiera creído posibles y no solo por el bien del Imperio y de sus propios hijos.

El Uchiha se mantuvo con la mirada baja y esquiva para tristeza de su esposa que, sujetándose la falda para no tropezar, se sentó a su lado cuidadosamente, acariciándole la mejilla y haciéndole levantar la vista de una u otra forma, ante ella jamás podía ocultar sus miedos, sus decisiones, sus temores. Ella sabía indiscutiblemente todo de él.

-Siempre te apoyare, siempre estaré de tu lado—prometió Sakura solemnemente, clavando su mirada en la de su esposo cuyos ojos se encontraban plenamente centrado en su rostro, -no necesito que me expliques el porqué de esta decisión, estoy aquí para asegurarte que nunca vas a perderme.

Cerrando los ojos ante las palabras y caricias de su esposa, Sasuke coloco su mano por sobre la de su esposa, estrechándola más hacia sí. No había mayor miedo para él que volverse un monstruo, cambiar y volverse tan cruel como su padre y dejar atrás quien era, lastimar los sentimientos de su amada esposa y herir a su propia familia. Ya había perdido a su madre en el pasado, a Fugaku que había sido como su padre, a dos de sus hijos, ¿Qué más podía perder? A Sakura. Ella era su todo, su razón de existir y respirar, sus motivos para seguir y aferrarse a la vida y viceversa. Si ella llegada a odiarlo, entonces se sentiría completamente perdido.

-Solo quiero que sepas…- se detuvo Sakura haciendo a Sasuke abrir los ojos, centrando toda su atención en ella, su voz sonaba quebrada y las lágrimas relucían en sus ojos como pocas veces sucedía. Ella, como digna Sultana y esposa del soberano del mundo ocultaba sus sentimientos del mundo a la perfección, verla quebrarse era lo más doloroso que existía para Sasuke, -que tu dolor es el mío y que, ese dolor se acrecienta cuando temo que nuestros hijos sigan a Itachi y Baru—pronuncio la pelirosa, bajando la mirada.

Sasuke no era ajeno de su dolor, de cuán difícil significaba para ella cargar con la muerte de sus dos hijos mayores en su memorias. La antigua Sakura se aferraba a la vida sin necesitar de nada y nadie, esa Sakura era fuerte y decidida, la mujer a la que había vuelto a ver tras el atentado causado por Obito se quebraba en sus brazos y tenía el corazón roto, era una mujer que dependía por completo de él y viceversa. Pese a todo aquello su físico y belleza indiscutible no habían aminorado ni un poco y eso lo asombraba, el control que tenía sobre sus emociones era abrumador, pero no tanto como los largos periodos de tristeza y reflexión que la asolaban durante el día y que lo preocupaban tanto.

Con el debido cuidado, Sasuke beso la frente de su esposa que se relajó en sus brazos y le permitió abrazarla. Si ella desaparecía de su vida, entonces el renunciaría a todo, al Sultanato, al poder, a su existencia y a todo lo que conocía, ella se lo había dado todo habiendo llegado como una esclava al Palacio sin que él lo hubiera consentido, puede que a cambio ambos no hubieran obtenido sino dolor y problemas hasta la fecha pero…ella era lo más valioso que tenía en la vida y perderla seria su ruina.

Ella era su todo.


De pie junto a la cama, Izumi vio retirarse al doctor C tras analizar exhaustivamente a Sarada, dándole a beber jarabe de amapola para que pudiera dormir tranquilamente y además pudiera serenar sus nervios que no habían sino provocado una crisis que la había hecho sucumbir ante semejante desmayo.

Apartándose la falda, la pelicastaña se sentó en la cama, velando el sueño de su hermana, acariciando sus cabellos y sintiéndose culpable por su anterior deseo de causarle una infelicidad que perturbara su paz anterior. Ciertamente Sarada era la favorita de todos pero ahora estaba sufriendo lo indeseable, era viuda sin tener siquiera treinta años y con un hijo pequeño que cuidar, claro, era indiscutiblemente rica y poderosa pero eso no cambiaba el hecho de que estuviera sola, seguramente habría de casarse nuevamente cuando las leyes y la jerarquía Imperial lo consideraran pertinente, un matrimonio que quizá la hiciera infeliz.

Un repentino repiqueteo la hizo levantar la cabeza y girarse hacia la puerta donde dos de las doncellas de su hermana esperaban atentas su orden para abrir las puertas, acción que Izumi correspondió, asintiendo inmediatamente. Las puertas fueron abiertas con un leve chirrido permitiendo el ingreso de Kagami y Shisui que clavaron sus preocupadas miradas en Sarada quien permanecía recostada en la cama con una expresión serena pero notablemente triste en su rostro, desprovista de corona y con la cabeza reposada sobre la almohada.

-¿Cómo está?—inquirió Kagami, preocupado por su hermana.

Besando la frente de su hermana, Izumi se levantó de la cama y avanzó hacia sus dos hermanos con las manos cruzadas sobre el vientre, impotente respecto a su propia repuesta, acabando por cruzarse de brazos. Shisui se encontraba con su mirada clavada en la de su melliza que ciertamente parecía afectada y abatida por lo sucedido, más no rendida, no, eso jamás.

-Agotada por los nervios—respondió Izumi sin saber que más decir, -el doctor dijo que era una reacción normal.

Kagami asintió a modo de respuesta más no emitió palabra alguna, viendo a Shisui abrazar a su melliza para reconfortarla. Para Kagami ver a su hermana así era algo insólito, ella siempre había sido igual de fuerte que su madre ante todos los problemas, siempre digna y manteniendo la calma, siendo la imagen del Imperio…¿Qué estaría sintiendo como para acabar así?


-Lady Ino, ¿Cómo está la Sultana Sarada?—pidió saber Boruto sin ser capaz de ocultar su interés.

Por más que hubiera crecido en el palacio, habiendo sido hijo de uno de los Khanes de Crimea, Boruto jamás había tratado con la Sultana Sarada puesto que esta había estado preparándose para su matrimonio cuando él hubo llegado a la capital para entrenar como jenízaro y su mayor aliada en dichos instantes no había sido otra que la Sultana Mikoto a quien visitaba con frecuencia, considerándola su mejor amiga en los tiempos de necesidad y desesperación. Ella, con veintiséis años y una vasta educación y formación política era su mayor mentora y ayuda emocional cuando se sentía perdido en el palacio, siendo la primogénita del Sultan era incuestionable que fuera la favorita de muchos a la hora de brindar información.

Preocupada, Ino asintió a medias, pensando en la joven y desolada Sultana que con apenas veintitrés años entraba en el periodo de viudez. En una sociedad y mundo gobernado por lo hombres, ser viuda no era algo agradable a menos que se escogiera por voluntad un nuevo esposo mucho más destacable y poderoso, pero esas no eran las intenciones de la Sultana Sarada, ella era igual de inocente que la Sultana Sakura cuando esta era joven y recién había llegado al palacio, más las adversidades habrían de hacerla aprender del mundo para pelear como debía.

-Afortunadamente no se trató de nada grave—inicio Ino viendo como un peso invisible desaparecía de los hombros del Uzumaki, -el médico le dio un calmante y ahora se encuentra dormida.

Sin más que decir, y reverenciando al siempre respetuoso Hasoda Basi que inclino la cabeza a modo de despedida.

Suspirando sonoramente y dirigiéndose hacia sus aposentos, Boruto se sintió más contrariado que nunca consigo mismo, desconocía muchas cosas sobre la Sultana Sarada y encima de ello ella lo consideraba su enemigo por haber provocado el derrocamiento o caída de su esposo y sin embargo él no podía evitar sentirse más y más fascinado con ella a cada momento que recordaba las delicadas y angelicales facciones de su rostro serenamente triste cuando se hubo encontrado en sus brazos producto de aquel fugaz desmayo.

Esa hermosa mujer lo hacía sentirse completamente extraño.

El Hasoda Basi detuvo sus pasos en la entrada del pasillo que comunicaba sus aposentos con los soberbios apartamentos del Sultan, encontrando a una figura tremendamente familiar que lo saco de sus anteriores cavilaciones y que le saco una sonrisa inmediata. Boruto contemplo sonriente a su padre que, enfundado en los tradicionales usares jenízaros se detenía frente a las puertas de los aposentos del Sultan sin reparar en quien estuviera cerca ni en él mismo. Ese viejo no cambia, pensó Boruto con humor al ver a su distraído padre.

-Guardias, informen a su majestad—pidió Naruto, viendo asentir a los dos leales jenízaros que se encontraban atestados junto a las puertas, -se trata de un asunto importante.


Sasuke se mantuvo con los ojos cerrados, recostado sobre su cama con Sakura sobre su pecho, respirando acompasadamente, ambos en silencio absoluto, únicamente disfrutando de la presencia del otro y de lo que esto evocaba en sus vidas y existencia cotidiana.

Las puertas se abrieron con un ligero chirrido haciendo que tanto Sakura como él abrieran los ojos y se encontraran con uno de los siempre leales jenízaros que flanqueaban las puertas y que reverencio a la pareja imperial en cuanto se hubo detenido a un par de pasos de la cama, encontrando abrazados al Sultan y a su esposa.

-Majestades—reverencio el jenízaro sin levantar la mirada, -Naruto Uzumaki solicita audiencia, dice que es importante.

-Que pase—accedió Sasuke sabiendo que Sakura pensaba igual.

Acariciándole el rostro una última vez, con una sonrisa en el rostro, Sakura se levantó primero, alisándose la falda del vestido y viendo a Sasuke levantarse de igual modo, rodeando su lado de la cama y colocándose junto a ella en cuanto Naruto hubo ingresado realizando la debida reverencia sin titubeo alguno, evadiendo escasa e imperceptiblemente la mirada de la Sultana Sakura quien actuó igual. Por más que hubieran pasado diez años de aquella declaración y Sakura hubiera hecho todo lo posible por marcar las distancias, el Uzumaki aun viudo y con un nuevo rango jerárquico no conseguía dejar de verla con ojos de enamorado pese a ser la única mujer que estaba lejos de su alcance, ella que solo podía pertenecerle a un hombre y no cualquier hombre sino que al Sultan del mundo.

-Majestades—saludo el Uzumaki, bajando la cabeza ligeramente.

Sasuke inclino la cabeza a modo de saludo.

-¿Qué novedades nos traes del puerto, Naruto?—pidió saber el Uchiha.

Suspirando y encogiéndose de hombres sin saber si lo que iba a decir era malo o no, Naruto únicamente se aventuró a ser sincero y plantar cara al hecho de que una Princesa húngara se encontraba en las tierras Imperial, dentro de su nave en puerto en espera de una resolución que el Sultan tuviera a bien decidir dentro de poco por el bien de su propia vida, dependiendo de Naruto quien debía comunicar las circunstancias al soberano del Imperio Uchiha.

-Hay una visitante inesperada, majestades—Sakura frunció el ceño ante aquellas palabras, sabiendo lo que podía significar, -dice llamarse Koyuki Kasahana, Princesa de Hungría—el Uzumaki detuvo sus palabras notando que la Sultana Sakura no estaba de acuerdo con la presencia de dicha Princesa, -suplica que le brinde refugio.

-He oído de ella—acoto Sakura observando a Sasuke y arqueando una ceja con ligero disgusto, -su reputación de asesina la precede.

El Uchiha frunció el ceño ante aquello.

-No necesitamos meternos en problemas con nadie—sentenció el Uchiha, -¿Por qué deberíamos ayudarla? No tenemos nada que ver con el pueblo Húngaro.

El bien llamado Sultan Hashirama, "El Magnífico" había liderado y librado una soberbia campaña contra Hungría, tierra que posteriormente y por culpa del Sultan Madara habían perdido, no necesitaban inmiscuirse más en asunto extranjeros, ya tenían territorios y poder suficiente, eran envidiablemente poderosos y adinerados, ¿Para qué interesarse en cosas que no debían concernirles en lo absoluto? Aunque, y pensándolo mejor, quizá sería un acto justo y ecuánime escuchar las demandas de la Princesa para ver los motivos de su presencia en territorio Imperial.

-Infórmale a Daisuke—respondió Sasuke viendo asentir al Uzumaki, -él se encargara de esto.


Usando un vestido negro con bordados dorados por sobre las mallas y las largas botas de cuero, de hombros marcados, mangas holgadas y corsé ajustado con cordones en el frente y la espalda, espada enfundada en su cintura, Koyuki observaba con verdadera admiración el enorme Palacio Imperial que era visible desde el puerto donde se encontraba tomando aire nuevo y estirando sus adoloridos músculos luego de semanas a bordo de aquella nave.

Incluso Yugito, de pie a su lado como siempre, observaba boquiabierta aquel inmenso Palacio que parecía estar hecho de oro solido que relucía ante la luz del sol y cuya soberbia estructura se alzaba en la cima más alta del territorio. Sin duda alguna los Uchiha eran muy poderosos puesto que nadie tenía un Palacio ligeramente similar siquiera, ni los españoles ni los franceses, absolutamente nadie.

Muchos de los habitantes, en su camino por el habitual mercado se detenían a contemplar la nave extranjera, murmurando cosas sobre la Princesa que les parecía de mal gusto vestida de aquella forma, incapaz de ser comparada con la Sultana Sakura o las Sultanas Mikoto, Shina, Sarada o Izumi que vivían brindando caridad a los más pobres y necesitados, una extranjera les parecía algo innecesario y ordinario de contemplar, poca cosa.

El rostro anteriormente sereno de Koyuki se vio ensombrecido por la preocupación en cuanto una numerosa escolta jenízara de al menos veinte hombres rodeo su nave, manteniendo sus manos en la empuñadura de sus espadas, observándola a ella y a Yugito con simpleza y desconfianza palpable. Un hombre, que parecía ser el capitán se detuvo a tres pasos de ella, observándola con desinterés y falta de tacto, su apariencia estoica, rostro pálido y cabellos oscuros hicieron que Koyuki lo observaba desconfiada.

-Princesa Koyuki—saludo el jenízaro llamado Sai a la joven sin reverenciarla o bajar la cabeza siquiera, acción que Koyuki y Yugito vieron como un insulto. –su petición de ayuda ha sido denegada—informo el jenízaro viendo fruncir el ceño a la joven, -permanecerá retenida hasta que el Sultan lo estime conveniente.

Apretando los labios, descuidada pero hábilmente Koyuki reposo su mano en la empuñadura de la espalda que yacía colgada de su cadera, escuchando la voz de Yugito rogándole que no abandonara el barco y no pretendía hacerlo. Aun no veía al Sultan y este la ignoraba. Gran error, pensó Koyuki que no era sino la heredera del trono húngaro como única heredera, no solo femenina sino en todos los sentidos posibles.

-Yugito, regresa al camarote y quédate ahí—respondió Koyuki sin voltear a verla.

Intentando emitir protesta, la rubia noto que la Princesa no pretendía actuar sumisa o dignamente sino que pretendía pelear para ver al Sultan, por lo cual y sin titubeo alguno Yugito se retiró sin más, rogando porque los intentos de su amiga y Princesa resultaran en algo provechoso.

Cual declaración de guerra y en cuanto su amiga hubo desaparecido, Koyuki desenfundo su espada y se lanzó contra el jenízaro que sin dudarlo choco su espada contra la de ella en un chirrido metálico estremecedor que los hizo observare entre sí de manera conflictiva. Nuevamente el choque de espadas se repitió permitiéndole a sus espectadores burlarse o apostar, intuyendo lo que pasaría o como habría de acabar todo. Viendo su oportunidad servida en bandeja de plata, Koyuki predijo los movimientos del jenízaro frente a ella, colocando su tierna en la trayectoria del movimiento de él, haciéndolo caer al chocar la empuñadura de su espada en el pecho de este.

Sintiéndose victoriosa y girando el filo de la espada sobre su eje, Koyuki levanto su mirada hacia los demás jenízaros que extrañamente se encontraban estoicos y con la cabeza baja, aparentemente su victoria era total, o eso pensó hasta sentir el filo de una espada en su nuca. ¿De quién podía tratarse? No tenía ni la más remota idea, pero ella no era presa ni juguete de nadie como para dejarse intimidar. Con la mirada baja y frunciendo el ceño de manera uniforme, sosteniendo firmemente su espada, Koyuki se giró dispuesta a liquidar a quien estuviera tras suyo encontrándose con un hombre gallardo y guapo no más de uno o dos años mayor que ella cuyos orbes ónix, cabello azabache y apariencia intimidante la hicieron quedarse sin aliento.

Vestía diferente a los demás presentes, por ello y de manera indiscutible no era un jenízaro, ¿Acaso era el Sultan?, ¿O uno de los Príncipes? Además tras él se encontraba Naruto Uzumaki, el mismo hombre que la había escoltado hasta el puerto de la forma más caballerosa posible, y junto al Uzumaki se encontraba un joven que claramente parecía ser su hijo, igualmente vestido de jenízaro solo que portando usares de cuero negro con una especie de cofia alta sobre la cabeza, casi idéntica a la que portaba su progenitor.

Teniendo el filo de su espalda sobre la yugular de aquella y conflictiva Princesa, Daisuke no pudo evitar sentirse intrigado por ella y por su extrañamente magnética personalidad, era hermosa claro pero eso no la hacía sino una de muchas mujeres como las que había en el harem, pero ese carácter lo había dejado atónito por más que se enfrascara en mantenerse frio y estoico. Su padre le había dado aquella misión con un propósito, un propósito que no conseguía entender aun, pero que debía cumplir, no tenía muy claro quién era esta Koyuki Kasahana, pero deseaba saberlo.

Reconociéndolo o aludiendo quien era de manera lenta y tardía pero correcta, la Princesa dejo caer su espalda sin más y cayo de rodillas en frente suyo, levantando parcialmente su mirada y clavando su mirada en la de él con un brillo que Daisuke no recordaba haber visto en los ojos de ninguna de las mujeres que lo habían mirado antes, ni siquiera Midoriko. No sabía que tenía esta mujer pero le estaba agradando más y más a cada momento que la veía.

El Uchiha vio la sorpresa en el rostro de la Princesa en cuanto le ofreció su mano para levantarse, ayuda que la Princesa húngara acepto de buena gana, manteniendo su mirada calada en la de él, su igual, aun sin saber de qué se trataba exactamente pero teniendo una confianza insólitamente especial y entrañable con él que fue percibida por todos los presentes, sobre todo por Boruto que observo desconfiadamente a la joven.

-Daisuke Uchiha—se presentó el hombre frente a ella haciendo que por fin tuviera en claro quién era.

Se trataba del máxime heredero al trono, el mayor de los hijos del Sultan y que ciertamente gozaba del fuerte temblé que un gobernante habría de tener y que hacía que le temblaran las piernas producto de los nervios y la impresión ante el que, sin duda, era el hombre más atractivo que recordaba haber visto jamás.

-Koyuki Kasahana—se presentó ella sin más.

Como silentes testigos, Naruto y su hijo se observaron de sola sayo sin pronunciar oración alguna, ninguno de los dos confiaba en la Princesa, justo como todos los jenízaros presentes. Ella no era de confianza.


Dentro del camarote de la joven Princesa, Daisuke se encontró cuestionando minuto a minuto todo lo que ella tuviera que decir, sentado confortablemente frente al escritorio de esta con Boruto de pie a su derecha que no cesaba de contemplar desconfiando a aquella inusual joven.

Koyuki se encontraba comentando como había tenido que sacar a su madre de Hungría para salvarla cuando había sido la regente del país ras la muerte de su padre, en espera de que ella fuera capaz de gobernar y ser coronado a los veinticinco años, la edad legitima para reinar, pero los intereses católicos habían chocado con su sucesión y por ello había acabado cometiendo un crimen, para algunos, luego de haber enviado a s madre a un seguro palacio en la frontera transilvana bajo la vigilancia de aquellos que le eran plenamente leales a ella y a la memoria de su difunto padre.

-Solo pude venir aquí con mi doncella y amiga con quien crecí, lady Yugito—la nombrada se inclinó en una reverencia al sentir la mirada del Príncipe sobre ella.

El Uchiha asintió a sus declaraciones, creyendo en sus palabras por el tono sincero que usaba y en lo afectada que estaba internamente por todo lo sucedido, era una mujer con mucho carácter y vigor, fuerza y actuar determinado, le gustaba esa mujer y mucho. Merecía la ayuda del Imperio, era diferente a cualquiera y tenía visión, algo sumamente importante.

-¿Dónde aprendiste a usar así la espada?—inquirió Daisuke, recordando el encuentro que la joven había tenido con Sai, uno de los mejores jenízaros que podían existir en el Imperio.

Daisuke debía de admitir que admiraba el manejo de la joven con la espada, toda ella lo intrigaba y mucho a él le había tomado años aprender a usar la espada en base a las tácticas de guerra propias del Imperio y las ya empleadas por los soldados de manera universal, practicando desde los ocho años para poder llegar a sostener una espada real a los catorce y participar en las campañas militares de su padre a los dieciocho, cuando su madre se lo había permitido. Koyuki se encogió de hombros ante su pregunta, como si fuera lo más trivial del mundo.

-Cuando se vive rodeado de traidores, se debe aprender—admitió Koyuki siendo sincera en sus declaraciones más usando todos sus encantos a la hora de hablar para cautivar al Príncipe, cosa que aparentemente estaba logrando eficientemente. –Mi padre quiso que aprendiera—añadió, bajando la mirada con una sonrisa ligeramente coqueta.

Asintiendo con una sonrisa ladina en sus labios, Daisuke levanto del asiento de manera lenta y pausada hasta situarse frente a Koyuki que nuevamente le sostuvo la mirada sin problema alguno.

-Descansa, Princesa—pidió el Uchiha sosteniendo una de las manos de ella entre las suyas y, caballerosamente, besando el dorso de esta, notando como se aceleraba la respiración de ella.

Con el alma en vilo, Koyuki lo sintió retirarse y marcharse sin voltear a verla ni una sola vez, sintiendo que iba a desplomarse en cualquier momento. ¿Qué no tenía ese hombre? Caballeroso, atractivo, culto, fuerte, honesto e infinitamente espectacular. Si, sentí que él podría ayudarla y más, Koyuki ya estaba dando por hecho que se estaba enamorando de él que con sus buenos modales la había hecho sucumbir, erotizándola con aquel beso tan caballeresco, digno de ser mencionado en un cuento que retratara a un Príncipe Azul.

Daisuke…pronuncio el nombre en su mente, estremeciéndose a sí misma sin poder evitarlo.


La noche había llegado al Palacio y luego de la visita realizada por el Príncipe Daisuke, todo el mundo no paraba de hablar sobre esta "Princesa Koyuki", más la Sultana Sakura tenía otras coas de las que preocuparse.

Dejándose agasajar por sus doncellas, bañándose en sus estancias privadas para prepararse y pasar la noche con su esposo, la hermosa Sultana era acompañada además por Midoriko, la favorita de su hijo y madre de un Príncipe y una Sultana, por ende, -y valga la redundancia—una Sultana. La pelimorada se encontraba envuelta por una toalla, con el cabello totalmente húmedo cayendo sobres sus hombros, permitiendo que sus doncellas la bañaran, contemplando el poderío de la Sultana Sakura que a sus cuarenta años tenía más poder que cualquier otra mujer en la historia del Imperio, un poder que ella míseramente deseaba poder emular o alcanzar algún día.

-¿Quién es esa mujer, Sultana?—pidió saber Midoriko arruinando el buen humor de la Sultana que no pretendía dejarse perturbar, -el Harem entero habla de ella.

Igualmente con el cabello húmedo tras haberse bañado y envuelta en una tolla, Tenten se encontraba de pie tras la Sultana, masajeando las cienes de esta para relajarla por completo mientras la hermosa Sultana terminaba de bañarse, irguiéndose y siendo cubierta por una toalla de manera inmediata por obra de sus doncellas. Colocándose sus zapatos mientras una de sus doncellas le secaba el cabello, Sakura se colocó una bata por sobre la toalla que cubría su figura.

-Es una Princesa, mi Sultana—informo Tenten para no distraer a la Sultana que por fin conseguía algo de paz, -la Princesa Koyuki Kasahana. El Príncipe Daisuke cuida de ella

De la forma más disimulada posible, Midoriko frunció el ceño y apretó los labios sintiendo la daga de los celos clavarse en su pecho. ¿Por qué su Príncipe se encontraba pendiente de aquella mujer?, ¿Por qué debía interesarse por ella? Le enfermaba y enfurecía imaginarlo con otra mujer y por ello, pese a su ingenuidad y falta de habilidades amatorias no consentía que nadie le robara su lugar. Era la madre de un Príncipe y una Sultana, la mujer del hijo mayor del Sultan, no permitiría que nadie le robara su lugar como la primera mujer del Príncipe heredero.

-¿Y que hace ella aquí?, ¿Por qué ha venido?—inquirió Midoriko sin ser capaz de ocultar la ira y los celos en su voz.

Terminando de peinar sus largos rizos rosados con sus manos para aprovechar de cerrar por completo la bata, Sakura le dirigió una mirada molesta a Midoriko. Cuando la pelimorada había sido más joven tal inocencia e ingenuidad le había recordado su pasado pero con el tiempo Sakura no hacía sino aburrirse de la estupidez de Midoriko que no ganaba influencia en la cama de su hijo como le correspondía, solo se dejaba agasajar con palabras románicas, conformándose con nada y creyendo ser demasiado siendo que apenas y tenía influencia con la que contar ya que no se inmiscuía en política. Midoriko era un fracaso y por ello le enviaba concubinas a su hijo ya que notaba que ella le era insuficiente pero hasta la fecha Daisuke evitaba cometer dicha infidelidad pero no le convenía evitarlo o de lo contrario su propio futuro estaría arruinado.

-Puedo decir lo mismo de ti, Midoriko—hablo Sakura venenosamente haciendo a la pelimorada bajar la mirada, -siempre estas pegada a mi hijo pero nunca sabes nada—ironizo recordando a Naoko que ya no estaba en el palacio, todo por su influencia y por como la había desterrado.

Quizá tuviera que meter sus manos en el asunto y encontrar a una joven que ocupara el lugar de Midoriko, alguien hermosa e inteligente a la vez, seductora y leal. Y, de hecho, había cierta joven que tenía en mente ahora que lo pensaba, una joven de origen ateniense que había llegado al palacio con apenas doce años y que ahora estaba al servicio de su hija Shina en la frontera de la capital. Era el momento de velar por la seguridad de sus hijos o de lo contrario nadie lo haría.

-Lo siento, Sultana—inclino la cabeza Midoriko con voz calmada, -no sabía nada de esto. Si supiera algo usted lo sabría inmediatamente—justifico

Sakura arqueo una ceja ante tan insignificante justificación, bueno, tampoco podía esperar más de alguien como Midoriko que tenía un cerebro diminuto y que, sin ánimo de ofender porque era cierto, apenas usaba. Muchas veces se arrepentía de haberla destinado para ser la primera mujer de su hijo Daisuke.

-Deberías saber, Midoriko—protesto Sakura, cruzando los brazos sobre su pecho con molestia. -¿De qué sirves si te metes a su cama por nada?—inquirió Sakura dando a entender que la labor de una mujer en la intimidad no era solo por amor, y con justa razón ya que los hombres no se atrevían a tomar decisiones que las mujeres si, -cualquiera te reemplazara.

Ya sin más que acotar, Sakura se retiró siendo seguida por Tenten y Kin, ignorando a Midoriko que aparto la mirada dolida, no por las palabras de la Sultana Sakura que le daba consejos disfrazados de insultos, sino porque ella no conseguía ser lo que otras eran, ella no conseguía ser osada ni abierta en la intimidad por temor a decepcionar a Daisuke, pero tendría que hacerlo o de lo contrario su hijo nunca vería a su padre ser Sultan y luego sucederlo.

Tenía que pelear.


PD: capitulo dedicado nuevamente a DULCECITO311 (cuyas palabras adoro :3), también a Adrit126 que tenias ciertas dudas que espero haber aclarado en este cap (excepto la traición a Sarada) y a Miara Makisan (a quien pido ser paciente respecto a la noticia de la traición). Quiero empezar otro fic basado en el dorama "Empress Ki" en su versión aleatoria teniendo como protagonistas a Sasuke y a Sakura (siendo esta emperatriz y Sasuke quien asciende de esclavo a Emperador) quiero su opinión ya sean que hayan visto la serie o no. Aun no lo inicio que ya me estoy decidiendo lo más crucial en mi mente :3 mañana actualizare mi otro fic "El Sentir de un Uchiha" que retratara la boda de Sasuke y Sakura :3 gracias y hasta la próxima.